E Iban Mayo volvió a Alpe d´ Huez

Iban Mayo Alpe d´ Huez JoanSeguidor

La victoria de Iban Mayo en Alpe d´ Huez es una de esas que no se olvidan por la pasión de aquel Tour

La sobremesa de ciclismo vintage nos recupera aquella tarde de Alpe d´ Huez, Joseba Beloki atacando el amarillo que nunca tuvo lugar y la victoria de Ibán mAYO

Eran los días más naranjas del ciclismo… 

Alpe d´ Huez, cima de las cimas.

Si el otro día hablábamos de la grandeza del Mont Ventoux, Alpe d´ Huez es imaginario ciclista universal.

España, curiosamente, con la cantidad de grandes escaladores que ha tenido, sólo ha ganado tres veces en Alpe d´Huez.

Carlos Sastre coronó primero, y medio sentenció el Tour que acabaría ganando, dos vascos, dos vizcaínos, tienen su nombre también en las curvas.

En 1987 Fede Etxabe abrió el melón, aquel Tour que Perico perdió ante Roche.

Y en 2003, Iban Mayo repitió machada…

«2003 fue un gran año. Se consiguió ganar en País Vasco, además bien con Samuel haciendo podio. Las cosas empezaron a salir bien ya en casa, para Orbea fue importantísimo. Luego vino Lieja donde hice segundo. En el Dauphiné se sumaron etapas y otro segundo puesto y la guinda llegó en el Tour, en Alpe d´ Huez

Las camisetas naranjas fue un acierto increíble porque se veían desde el puerto abajo por toda la carretera. Mi victoria fue en los Alpes, pero lo de los Pirineos era una locura. Recuerdo que la etapa de Saint Lary que Pereiro perdió con Hincapie en la que a veces era complicado poder pasar por el pasillo. La marea naranja era una locura y llamaba la atención»

Esto nos contó el de Igorre, cuando hablamos para el libro de Orbea, tener un ganador de Alpe d´ Huez delante no es sencillo.

Aquel Tour fue posiblemente el último gran Tour, en términos de espectáculo, que hemos visto.

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Sí, ya sabemos cómo acabó todo y que el ganador, dieciséis años después, ya no figura.

Pero aquella carrera fue legendaria, desde el azul Bianchi de Ullrich, al descontrol de Luz Ardiden, el paso de Zubeldia y Mayo en cabeza del Tourmalet y la «curva Beloki».

Leímos en el muro de Iban Mayo que había vuelto a Alpe d´ Huez en plan cicloturista, y nos cuenta esto.

Hoy atiendo a varios negocios que tengo y luego paso todo el tiempo que puedo con mi hijo. 

De aquella época tengo buenos recuerdos de amistades, de vivencias, de lugares que conocí… fue bonito, pero ya pasó.

En cuanto a victorias, la de Alpe d´Huez es la que más ilusión me hizo, incluso con otras como País Vasco o en el Giro, que también fueron importantes.

Recuerdo que ese día hizo mucho calor, que nada más empezar Alpe d´ Huez, Triki Beltrán se puso a tope y se hizo una gran selección.

Luego ataco Beloki, salió Armstrong a por él y cuando le cogió salte yo.

Fue una subía llena de gente, muy emocionante.

No guardo ningún dato de la subida, sólo sé que se subió rápido desde abajo. 

Siempre tuve ganas de volver, y me ha costado dieciséis años volver, sin embargo subiendo la subía recordaba bien la ascensión y recordaba de aquel 2003.

La experiencia de volver fue muy bonita, la subida estaba llena de ciclistas pese a que el tiempo no acompañaba.

La verdad es que todos los Alpes son preciosos.

Es bonito ver tu nombre en una de las curvas, es historia de Alpe d´Huez. Me gustó verla.

Iban Mayo Alpe Huez JoanSeguidor

Alpe d´ Huez es un puerto con mucho nombre, no es el más duro de Alpes, pero sí de los más bonitos y de más tradición. 

 

#Moments2018 Cuando Alpe d´ Huez fue la vergüenza del ciclismo

Tour Alpe d´ Huez JoanSeguidor

Mov_Gore

En Alpe d´ Huez el Tour demostró que el espectáculo se le va de las manos

Decir Alpe d´ Huez es decir ciclismo.

Desde el momento que alguien, en el gobierno francés, pensó que la mejor promoción para el esquí francés era llevar el Tour en verano a una estación de referencia.

Y fue Alpe d´Huez el lugar privilegiado.

Aquello ocurrió por los setenta, cuando habían pasado casi 25 años desde la cabalgada pionera de Fausto Coppi por el lugar.

La vergüenza de Alpe d´ Huez

Y llegó el 2018, una edición marcada, para variar por el rodillo del Team Sky.

Volvía la cima más icónica a la carrera más icónica.

Y los sinvergüenzas se vieron sin recua ni límite.

La subida a Alpe d´Huez del Tour de 2018 fue la del ciclismo que pierde el norte, que no maneja su éxito, que es incapaz de ser ese deporte que en esencia respeta, admira, idolatra al deportista.

La vergüenza cundió al ver las cunetas, gente golpeando corredores, subnormales chillándoles al oído…

Empujones, palmadas, pero si tocar al ciclista en esas circunstancias tendría que estar penado.

En esta sociedad hipersensible e hiperventilada que nos ha tocado en suerte, tendría que cundir más ese concepto de empatía y ponerse en el lugar del otro.

Pensar si al ciclista en el límite de todo le apetece ser tocado, gritado y casi magreado por un estrecho pasillo de gente.

El ambiente en Alpe d´Huez fue irreal, como el filtro de luz que atravesaba la cortina de humo de las bengalas que los corredores tuvieron a bien respirar.

Eso no es querer el ciclismo, eso es maltratarlo y ponerlo fuera del alcance de la gente, de aquellos que con su pasión hilvanan su verano y su tiempo libre.

Si el ciclismo, en 2018, tuvo un monumento a la vergüenza, éste fue de alto como la montaña más icónica de este deporte.

El Tour es de los valientes

Tour- Geraint Thomas JoanSeguidor

Kruijswijk, Geraint, Dumoulin, Bardet… por suerte el ciclismo a veces es justo

 

Hay Tour, ya lo creo que lo hay.

Entenderme, el Team Sky está ahí, sigue a lo suyo, a su trenecito, a su ritmo, pero no son tan fieros, no como a veces nos imaginamos cayendo en la depresión.

El díptico alpino ha sido extraordinario, de lo mejor visto en muchos años en el Tour.

No han habido machadas, no han habido grandes diferencias, todo está ahí, y posiblemente lo mejor es que el Tour premia a los valientes.

 

Premia a Geraint Thomas, quien gana las dos etapas y se va de amarillo.

Minuto y medio largo además de margen sobre Chris Froome.

No es que no dudemos sobre el rendimiento de Geraint, que es en cierto modo una incógnita, pero su presencia inquieta al menos a Froome.

Por un momento, cuando Egan Bernal había al mundo la fama que le precede, pensamos que se ponía a disposición del dorsal uno, pero fue un espejismo.

Lo peor que pudo hacer Froome es no aprovechar un poco más la rueda de su compañero de amarillo.

Porque al irse provocó la reacción de Tom Dumoulin, y eso es mucho provocar.

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Dumoulin, culpable de que el Tour siga vivo

Sobre Tom Dumoulin ¿qué vamos a decir?

Es un gato panza arriba en una concatenación de subidas, defendiéndose rodeado de rivales más Froome-Thomas a su alrededor.

Otro en su lugar se iría a una esquina a llorar porque no hay kilómetros contrarreloj.

Dumoulin honra su profesión, dignifica su maillot, engrandece la carrera.

Creo de hecho que la mantiene viva.

Tanto ayer como hoy, sin Dumoulin posiblemente el escenario sería diferente, no sé si con Froome aposentado, pero sí todo más decantado para el Team Sky.

Dumoulin es el eslabón al que se agarra la carrera cuando todo amenaza en romperse.

Tira, no pide ayuda, no saca el puto codo a pasear y lo deja todo en la carretera.

Es admirable, como Romain Bardet, el flaco francés que tampoco escatima un ataque, o un cambio de ritmo para ver al menos cómo va la gente.

No puede más, pero es que da la sensación de darlo todo.

 

Dicen que Alpe d´ Huez es la montaña de los holandeses, aunque en esta ocasión haya ganado un galés.

Theunisse, el controvertido melenas del PDM, fue el último en ganar aquí.

Casi treinta años después los orange se salen en su cima.

Porque a lo de Dumoulin se le añade el movimiento de Stven Kruijswijk, posiblemente el principal culpable que la etapa haya causado estragos.

Estragos entre muchos ilustres pero sobre todo entre gente de la velocidad, que vio imposible entrar en el corte y ha dejado el Tour en huérfano de velocistas.

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¿Y Movistar?

Y el Movistar, siempre el Movistar, el quiero y no puedo

Si a algo se pueden agarrar es a Mikel Landa y la casta que le ha puesto en Alpe d´Huez.

No está super, sabrá él si es por la caída de Roubaix, pero está, y debería ir a más.

Los Pirineos, cordillera amiga, aparecen en el horizonte.

De Nairo, hablaremos en otro momento.

 

Habrá tiempo de reposar lo vivido, ver las posiciones, estudiar las opciones –qué pena lo de Nibali-, pero el Tour puede marcharse satisfecho de lo visto y vivido en los Alpes.

Y no es sencillo, por primera vez en muchos años tenemos la sensación de que la mejor carrera está dando el espectáculo que se le supone.

 

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Llevarse la bicicleta sin necesidad de cargar con ella… 

En Alpe d´ Huez el ciclismo se gusta

Tour Alpe d´ Huez JoanSeguidor

No hay montaña más icónica que Alpe d´ Huez

 

Hay puertos más duros, más altos, más largos pero el valor y cariño que se ha ganado Alpe d´ Huez entre la familia ciclista está fuera de toda duda.

Es la montaña, la cima del ciclismo, la franquicia pionera del esquí en los Alpes cuya grandeza descubrió un día Fausto Coppi.

 

Coppi en Alpe d´ Huez

Nosotros en el 52 no habíamos nacido, pero el imperecedero atractivo de Coppi, reflejada en las letras del momento, en los relatos posteriores, iluminó una ruta por encima de Le Bourg d´ Oisans.

Allí veintiuna curvas más arriba.

Aunque tardó el volver a la ruta del Tour, y los encajes económicos no fueron sencillos de salvar, l´ Alpe d´Huez volvió al Tour para ser la montaña de los holandeses.

Moradores de esa tierra ganada al mas, lisa como un encefalograma plano, conquistando la montaña más celebrada del mundo.

Subidas de todos los tipos, llegadas de todos los colores.

Aquel chaval que se cruzó en el camino de Guiseppe Guerini, tirándole al suelo…

El día que Perico se vistió de amarillo por primera vez, esa prenda no conseguiría llevarla hasta París. Ese día ganó uno de Kortezubi, Fede Etxabe.

La memorable ascensión de Iban Mayo, la jornada que Beloki tuvo más cerca que nunca al corredor que nunca existió.

El ataque, sólo uno de Carlos Sastre, el que le dio un Tour de Francia.

Todo eso es Alpe d´ Huez…

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Es un reguero de caravanas días, alguna semana antes

Es la fiesta en el estadio más grande del mundo, cuyo aforo da para mil cifras, todas rimbombantes, no sé si alguna científicamente demostrable.

En Alpe d´ Huez el ciclismo camina por su teatro de los sueños.

 

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Y vemos a Miguel Indurain subir con Claudio Chiapucci en lunares, con el fino americano Andrew Hampsten por delante…

Y recordamos los vuelos rasos de Marco Pantani, e incluso la locura de Pierre Rolland, sacando punta a la «ayudita» de Samuel Sánchez.

 

Tened por seguro que Alpe d´ Huez merecerá la pena

Al menos por la fotografía que nos deje, por la estampa que nos regale.

 

Alpe d´ Huez es también Zoetemelk, y Kuiper, incluso Laurent Fignon humillando a Hinault en la base.

Pero también es Pollentier haciendo trampas en el antidopaje.

Esto es Alpe d´ Huez, la cima del Tour Bkool

 

Y si queréis saber más, os invitamos a pasar… 

Sólo Porte quiere ganar el Dauphiné

Qué bonito es el Col de La Sarenne, y cuánto tiempo hemos visto y presenciado las 21 revueltas de Alpe d´ Huez con esa maravilla al otro lado del monte. Es un vergel, un duro e inhóspito camino, de curvas que hacen daño y paisajes que anestesian, una fina serpiente de asfalto por un valle glaciar en su cornisa, que se pierde por entre los mundos de nunca jamás.

La etapa reina del Dauphiné no ha dado más de sí que lo que quiso el hombre ahora mismo más en formas el pelotón, Richie Porte, el ciclista que si mañana empezara el Tour sería favorito principal, que no único, porque en Porte confluyen muchas cosas, pero sobre todo una que le lastra, le deja seco cuando el reto es comandar él las operaciones en teatros grandes y ojo, porque nunca lo tuvo como este año.

El Dauphiné es una carrera prestigiosísima que en ocasiones palidece ante la grandeza del Tour de Francia, la prueba que además le posee a nivel accionarial y de facto. Altos como la Toussuire se probaron aquí primero, lo mismo que se descubrió la propia Sarenne o se presentó el Mont du Chat, un monte que si por su subida enamora, no digamos por su descenso.

Sin embargo ese influjo Tour a veces se hace más acusado, y este año es terrible lo que pesa la “Grande Boucle” en el ánimo y las piernas. El Dauphiné se ha convertido en un juego de ajedrez de teatro y representación, una suerte de “quiero y no puedo” porque en definitiva nadie quiere desvelar su momento y mucho menos sus intenciones.

Es legítimo, qué duda cabe, que cada estrella guarde y mida, porque el Tour le quite el sueño, pero también es legítimo que como amantes de este deporte, y el Dauphiné es patrimonio ciclista, lamentemos este escenario.

Porque sólo Richie Porte parece haber tomado en serio el envite, y cuando digo tomarse en serio, me refiero a competir con todas las de la ley, convencido de que su palmarés lucirá mejor cuando un día diga: “Yo gané un Dauphiné”.

Y quedará mejor cuando añada que se lo ganó a Froome, a Valverde, a Contador y a Bardet, entre otros muchos, porque estos un día iban bien, andaban y entraban la trapo y al siguiente, mostraban fragilidad se quedaban en la ruta y acababan con la sensación de que su mente y su espíritu estaban en otro sitio y no por los valles de Saboya.

Este domingo, cuando el Dauphiné de 2017 sea historia, sacaremos conclusiones, por de pronto, la primera que nos ronda la cabeza es una de esas ediciones que varios grandes vinieron a correr, pero sólo uno quiso ganarla.

Imagen tomada del FB de BMC Racing Team

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Con la app de Bkool sube a tu rodillo donde quieras sin necesitar nada más

Conviene diferenciar entre La Sarenne y Alpe d´ Huez

La vida es puro contraste. Cada cara tiene su cruz, el más pelea con el menos y el blanco contrasta con el negro. La historia de estos dos puertos es un claro ejemplo. Uno lo tiene todo y el otro, casi nada. Tan cerca geográficamente pero tan lejos… La historia ha sido complaciente con uno mientras que ha ignorado al otro pero, quién sabe, los tiempos cambian.

Érase una vez un bonito valle de los Alpes franceses situado en la región de Rhône- Alpes. La naturaleza era desbordante, sus valles profundos y sus montañas afiladas y desafiantes. Allí nacieron los dos protagonistas de nuestra historia: Alpe d´ Huez y La Sarenne, dos cimas a las que el tiempo ha tratado de muy diferente manera.

No se si será por el azar, por el dinero, o por el trazado de su carretera con esas 21 herraduras mágicas, pero el caso es que Alpe d’Huez tiene renombre mundial. La Sarenne por su parte es una gran desconocida que no ha tenido suerte en la “vida”. Empezó mal y nació con 1.999 metros a tan solo uno del dígito mágico. Nadie se fijo en ella, nadie quiso hacerle una amplia carretera ni edificar allí… y pensar que si la suerte le hubiera dado un guiño podríamos hablar de que Alpe d’Huez es sólo una escala camino de La Sarenne…

Pero así es la vida, el dinero y los intereses mandan. Resulta difícil imaginarse una etapa del Tour que acabe en Alpe d’Huez pero subiendo por La Sarenne, o que acabara en La Sarenne después de pasar por Alpe d`Huez. ¡Por Dios!, sería un crimen contra la tradición y la fama de esas herraduras diabólicas. Alpe d’Huez es parte de la historia del ciclismo y del Tour, un lugar nacido para ser el gran protagonista, un final de etapa que engrandece al ganador. La Sarenne no es nada y apenas tiene historia, aunque en cuanto a pendientes, rampas y kilómetros esté a la altura del mito. De Alpe d’Huez se han escrito páginas, páginas y más páginas, de La Sarenne apenas unas líneas.

Dicen que el tiempo abre posibilidades y la Sarenne podría tener su oportunidad. Un ejemplo lo tenemos en el mundo del esquí donde hoy en día cuenta con una de las pistas negras de esquí más larga de Europa, nada menos que 16 kilómetros desde el Pic Blanc. ¿Quién nos dice que en el ciclismo no vaya a ocurrir algo parecido?

El Tour sería el mejor escaparate, pero su estructura hoy por hoy puede ser demasiado clásica como para hacer ese feo al Rey.

Para todo aquel que va por primera vez a los Alpes la llamada de las curvas e historia de Huez es irresistible. Es más, sería un sacrilegio no ascenderlo. No voy a ser yo el que desmitifique al Rey, ya que también la primera vez que fui sólo tenía ojos para el Alpe d’Huez y Galibier y los demás puertos me importaban menos. De todas formas, os recomiendo que si tenéis oportunidad probéis el encanto de ese desconocido al que el destino se ha empeñado en mantener en un segundo plano.

Las siete diferencias

Alpe d´Huez tiene 1.804 metros y su ascensión son 14,2 kilómetros. La Sarenne está a 1.999 metros, y su subida desde Freney d’Oisans son cerca de 20 kilómetros. Desde Bourg d’Oisans, tras pasar Alpe d’Huez nos quedarían 7 kilómetros, de los que los primeros 4 son prácticamente en bajada y los 3 últimos vuelven a ser duros.

Uno acaba en una enorme estación donde se palpa el lujo por todos los costados. El otro por no tener no tiene casi ni cartel.

Uno tiene carretera amplia, doble carril. El otro es de subida estrecha, mucho más salvaje.

En uno siempre encontrarás algún fotógrafo dispuesto a hacerte una foto que luego podrás conseguir por unos eurillos y con la que quedará inmortalizada tu ascensión. En el otro o llevas cámara o no hay recuerdo.

Uno es una de las subidas casi oficiales del Tour, desde que se ascendiera por primera vez en 1952, pero sobre todo a partir de 1976. El otro sólo se utiliza como carretera de acceso a la llegada y así poder cerrar la subida oficial y no crear grandes atascos.

En uno cada curva está dedicada a alguno de los ciclistas que se han impuesto en su cima en el Tour. En la otra cada curva es una oda al anonimato.

Ascender uno te dará reputación como cicloturista entre cualquier tipo de gente. El mérito de ascender el otro sólo te lo reconocerán unos pocos.

Por Jon Beunza, desde Ziklo

Imágenes tomadas de Podium Café y Hotel Le Panoramique

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Si quieres visitar el lugar con tu bici, mira estos remolques…

El ejemplo de Carlos Sastre

De entre todos los ganadores españoles del Tour de Francia, el más discreto ha sido Carlos Sastre. Su timidez espontánea, su forma de hablar y la manera de hacer las cosas –expresarse con hechos- le han conferido un cariño inversamente proporcional a las veces que le gusta prodigarse.

Varios años después de su triunfo en el Tour, muchas veces me pregunto, como se hace con Indurain o Perico, si debió ganar algun Tour más. Desde luego, hace diez años, por esas fechas, pocos habríamos apostado por un solo triunfo y sin embargo, su tesón y constancia, valores heredados de la cultura que pregona su padre en la escuela de ciclistas de la zona, le han hecho llegar altísimo.

Y en esas pajas mentales, que a veces nos hacemos, entendemos que Sastre, con un poco de suerte debía haber ganado al menos otro Tour, el de 2006, que lo perdió porque en la famosa etapa de Morzine, esa en la que Landis le tomó el pelo a todo el mundo, la cortedad táctica de Riis le privó de estar más arriba.

Como en Contador, Riis ha sido clave en la trayectoria de Sastre, y al menos cabe agradecerle al técnico danés que dejara carta blanca a  sus líderes en el Saxo cuando los Schleck y el mentado Carlos estaban en disposición de ganar el Tour de dos años después. Ese día de Alpe d´ Huez fue muy de Carlos, discreto, apoyado en la confianza en su trabajo, arrancó desde abajo y en dos zarpazos logró desprenderse de uno de sus rivales de generación, Denis Menchov, un ciclista que meses antes fue inabordable en la Vuelta.
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Sastre ganó el Tour en Alpe d´ Huez, solo, ajeno a los tejemanejes y el aparente nerviosismo de sus compañeros luxemburgueses por detrás. Ese día Sastre impidió un tropelía histórica mayúscula: que Frank Schleck, uno de los ciclistas más sobrevalorados de la historia moderna, hubiera ganado el Tour.

Retirado hace unos años, viendo ahora su trayectoria, sus años mozos en la ONCE, el periplo con Riis, aquel chupete cuando ganó en Ax 3 Domaines, las Vueltas que disputó, su ímprobo trabajo en los Juegos de Pequín, los que coronaran a Samuel Sánchez, sus últimos Giros y el hecho de que nunca estuviera vinculado a ninguna trama ni investigación de dopaje, todo, nos invita a pensar que estamos ante un ciclista modélico y al que siempre tendremos en gran estima.

Dibujo de @Zapa9MFS 

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El gran Marino Lejarreta será la estrella invitada en la Pedals de Clip, la marcha de ciclismo clásico que abrirá inscripciones el próximo 15 de enero y que se celebrará el fin de semana 21 y 22 de mayo con llegada en el bellísimo complejo de castillo e iglesia románica de Sant Martí Sarroca (Alt Penedès) ​ con actos y exposiciones de ciclismo clásico más la  marcha en sus dos versiones: una de 75 y la corta de 45 kilómetros.

Alpe d´Huez, el gran teatro del ciclismo

Otro sueño de oro que no debería faltar en las vitrinas de los amantes de los rincones inclinados con más historia del ciclismo mundial.

Sus 14 kilómetros de pendiente y sus 21 curvas fueron todo un descubrimiento para la Grand Boucle, que en el año 1952 apostó por él como final de etapa, algo inédito hasta aquel momento, convirtiéndose además en la primera ascensión mediática de la televisión: una cámara grabó los 45 minutos y 22 segundos que tardó Il Campionissimo en derrotar “la subida al Alpe”, a una media de 18,66 km/h.

Hay que decir que en L’Équipe quedaron un tanto decepcionados porque una etapa de 266 kilómetros se había decidido en tan solo 14.

Goddet argumentó su entusiasmo dando a entender que Coppi estaba muy por encima del resto, demasiado fuerte.

De todas maneras hasta 1976 el Tour no volvió por el Alpe, año en el que cerró el debate por completo de su inclusión o no en la carrera, enamorando definitivamente a la afición, organización y corredores: la subida tenía magia, los espectadores podían ver a sus ídolos muy de cerca, en cada curva, en cada rampa, en una ascensión que se transformó en toda una liturgia para cientos de miles y miles de seguidores que abarrotaban completamente sus cunetas.

¿Qué teatro tiene semejante capacidad?

¿Cuántos espectadores caben en la subida al Alpe? ¿500 mil? ¿Más?

No lo sabemos, pero por todo esto, la que un día llamaron “la montaña de los holandeses”, es única: no es la más dura, ni la más bella, pero es un juez de paz que decide siempre el ganador final del Tour -“quien sale vestido de amarillo del Alpe d’Huez lo conserva hasta París”- dice la tradición popular.

Mi primera toma de contacto con el mítico alto y sus famosos 21 lacets fue casi una experiencia religiosa: antes de llegar a Le Bourg-d’Oisans y, desde el punto de la carretera donde yo estaba, se contemplaba con total nitidez toda la escalada completa a la muralla d’Oisans.

Estuve un buen rato deleitándome con la visión de las 21 curvas de felicidad que serpenteaban en la montaña, sin engañar la dureza que escondían sus repechos.

El Alpe se mostraba ante mí como un gran teatro al aire libre, a cielo abierto, donde el espectáculo no se escondía, estaba ahí mismo, delante de mí, como la Gran Catedral del Ciclismo.

Me fui por fin para arriba con decisión a enfrentarme al mito, a cuerpo descubierto, solos él y yo.

Eché mano de todo lo que llevaba pensando que igual no sería suficiente, porque atacando la primera rampa me impresionó su dureza y pensé que como todo el puerto fuera igual con seguridad me quedaría en el intento.

Llegué justo hasta la curva 21 y allí sentí un pequeño alivio.

Continué con la escalada, regulando y yendo tranquilo, y pude coronarlo sin excesivos agobios, recuperando en cada una de sus curvas.

Una entretenida subida porque el puerto es muy divertido.

Además, cuando lo ascendí, aún se podía contemplar la hermosura del paisaje nevado de los Alpes.

Una vez arriba pensé que quizás no había sido para tanto y me desmitifiqué algo a mí mismo este mito.

Pero no nos engañemos, el Alpe es duro, muy duro, pero cualquier cicloturista medianamente entrenado puede subirlo sin problemas.