La suerte de Amets, Igor y Omar

No han sido pocas las veces que, durante estos dos años, desde que despareciera el Euskaltel, se haya hecho inventario de los ciclistas surgidos de la entraña de la Fundacion Euskadi y de la suerte de los mismos. Cuando el equipo naranja dejó de existir ya había desperdigado talento por todo el World Tour y con cese de actividad acabó de liquidar sus activos con auténticos corredorazos a precio de de ganga.

Mirad sin ir más lejos los dos mejores equipos del mundo, el Movistar Team y el Team Sky, dos conjuntos bien surtidos de corredores que en su día fueron naranjas y que actualmente se debaten en el umbral de las mejores carreras.

A pesar de los nombres que nos vienen a la mente, en esta historia son tres los que queremos tener como protagonistas y ahora veréis los motivos de esta elección porque éste es un relato que arranca desde la Vuelta al País Vasco de 2013 y nos lleva hasta este otoño de 2015, que llama a nuestra puerta mientras sacude el felpudo y nos invade de frío y episodios de lluvia.

En la Vuelta al País Vasco de 2013 Euskaltel estaba inmerso en el pozo de los “no resultados” siendo un equipo que había perdido la frescura que le había hecho “diferente”. O no querían o no sabían, pero lo cierto es que la otrora seña del equipo de Igor González de Galdeano estaba languideciendo tenuemente ante la mirada atónita de la afición. Nunca cazaban la fuga buena, siempre tirando, siempre a la contra, nunca delante y con la cuenta de resultados a cero.

Ocurrió que en esa carrera destacaron dos nombres: Amets Txurruka y Omar Fraile. El primero había sido omitido en la nueva estructura naranja en cuya fría gestión, ajena al calor de la Fundación, Igor Gonzalez de Galdeano premió puntos venidos de otros continentes despojando de alma al equipo. Txurruka cogió el macuto y se fue al Caja Rural siendo omnipresente en esa carrera y ganando poco después la Vuelta a Asturias.

En esa Vuelta al País Vasco, que como recordareis ganó Nairo Quintana, emergió otro nombre, Omar Fraile, también en el Caja Rural, como Amets, y no en el Euskaltel, al que le dijo que esperara al año siguiente para sumarse a su causa. Como sabéis no hubo «año siguiente» pues Euskatel dejó de existir. Fraile dio otro recital de coraje, entrega y corazón, esos valores que las credenciales de los naranjas ya no tenían en repertorio.

Pasaron los años y Fraile siguió creciendo, y no sólo cogiendo escapadas, también entrando a ganar carreras, algunas prestigiosas, otras preciosas, como Dunkerque. En la Vuelta ganó la montaña al borde de la extenuación y todo ello le ha valido un contrato en el Dimension Data, el celebrado equipo sudafricano de Cavendish. Omar ya tiene su cielo, como Amets lo tendrá en el Orica, el fenomenal proyecto australiano que se lleva un corredor que es una perla.

Y el tercer protagonista de este cuento es Igor Antón, un ciclista que sufrió sendas caídas cuando más y mejor andaba, pero que a diferencia de los otros dos no se ha reinventado. Su temporada en el Movistar ha sido tediosa, gris, alejada de lo que un día prometieron sus piernas. Dice que se queda con la victoria en Asturias, cuando cualquier carrera en este bendito país es una lotería entre los corredores de Unzue. En el Giro deambuló, siendo protagonista el día que ayudó a Alberto Contador….

Así las cosas, con 32 años y un espíritu “cuasi” funcionarial, Anton espera que alguien le abra las puertas, a ser posible en el WT. No sabemos si encontrará o no acomodo, más cuando no sabe lo que es correr si no está en casa, sin embargo de lo que sí estamos seguros de que el ciclismo, como la vida, a veces es justo, y con Omar y Amets lo ha sido.

Imagen tomada del FB de Caja Rural 

10 x 13. La demolición no controlada del Euskaltel

A raíz del anuncio de Fernando Alonso sobre las negociaciones con la estructura del Euskaltel, la ETB realizó un reportaje sobre el equipo de bandera vasco en el que Igor González de Galdeano hace un breve repaso de lo mucho e intenso que la ha dado para vivir la vida en este último año. El fallecimiento de miembros del equipo, el cambio de las bases sociales del mismo, la enorme discusión que el mismo originó, las complicaciones en la gestión diario, el progresivo desarraigo de las instituciones, la no aparición de un segundo patrocinador, la ausencia total de resultados,…

No fue, desde luego, sencillo el último año para el vitoriano que en las páginas de El Diario Vasco repasa con medida dosis de sinceridad los muchos avatares que la vida le ha deparado estos doce meses. Muchos e interesantes datos de una realidad que en este cuaderno ya describimos y acertamos a revelar como caótica. El ciclismo vasco se ha convertido en un sumidero de desunión y desconfianza. Igor habla de actores que no dudan en fastidiarle un patrocinio al de al lado por el mero gusto de hacerlo. Situaciones dantescas que en la región donde el ciclismo es cuestión de estado suenan a susto.

No cabe duda que la verdad verdadera de la desaparición del Euskaltel dista mucho de ser sabidas con exactitud. Los movimientos propios del mercado, la propiedad de la institución, muy lejos de las fronteras de Euskadi jugaron su influencia. A la gente que firmó la titularidad de la empresa poco menos que les importaba un rábano la marea naranja y los pasillos que armara en las cunetas del Tour. Aquí se supo de resultados, no de arraigo, aquí se quisieron dividendo y buen precio, y si para ellos iba el coste del equipo, fuera equipo. Sencillo y abrumador, tanto como las leyes del mercado.

Si en algo nos atrevemos a opinar en este tinglado es la gestión deportiva, muy tangible a nuestros ojos. Euskaltel estos últimos tiempos no guardó nada del ese fragor naranja que siempre marcó el desenlace de las grandes carreras. En la carretera hemos apreciado ciclistas inapetentes, en muchos casos. Pocas ganas y menor presencia en esos momentos en los que el naranja era parte del paisaje.

Igor González de Galdeano no tiene palabras amables para Amets Txurruka en la entrevista referenciada, sin embargo el carismático ciclista del Caja Rural es el vivo ejemplo del carácter almohadillado que se había instalado en el cuadro naranja. Amets se pasó la Vuelta a España de 2012 tirando de carro, encabezando las persecuciones, trabajando para otros que, rara vez, cogían el corte bueno. Fuera de Euskaltel, Amets ha inaugurado su palmarés en Caja Rural, en la Vuelta a Asturias, y se ganó el calor y cariño en la Itzulia, esa carrera en la que él se escapaba y Euskaltel tiraba para que luego ganaran otros.

Sobre el desmonte del equipo, la opacidad ha sido una máxima. Desde que se supo que el equipo estaba en barrena poco o nada de claro se sondeó en los medios. Todo eran manos negras y sombras. Había hechos consumados, como la desaparición del equipo, pero ningún culpable confeso, todo se achacó a la crisis y las circunstancias, esas que no trascendieron cuando Fernando Alonso se interesó y desinteresó por la estructura. Luego historias para no dormir. Historias como la de Jon Odriozola y Ner Group, historias como las de la Federacion Vasca. Historias que no culminaron más allá de la supervivencia de la flor de Madariaga, el hombre que lo arrancó todo, el hombre que con su peculiar estilo sigue ahí, en el tajo, salvando los mínimos, con la esperanza de que el vaticinio de Igor no se cumpla y que Euskadi recuerde lo que es, una tierra de ciclismo fecunda y grande y que en ello se entierren las diferencias y surja algo tan bello como lo que fue Euskaltel estos veinte años.

#13×13 es el relato de perfiles, paisajes y momentos que describen el año que se nos escapa.

Foto tomada de www.euskalteleuskadi.com

El feliz cambio de Amets Txurruka

En el descenso que iba de Fiesole a Flonrecia, un par de ciclistas de Euskaltel asomó en la vanguardia del gran grupo. Uno era Samuel Sánchez, a quien alguno ya le atribuía uno de sus legendarios descensos, el otro creo que era Egoi Martínez. Su permanencia en la parte noble del grupo fue efímera pero sintomática. Estaban persiguiendo, cómo no. La carrera estaba decidida a favor de los adelante. Tarde, mal,…

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Al mismo tiempo, a miles de kilómetros, en otro lugar tan bello como Florencia, las laderas del Monte Naranco, Amets Txurruka lograba suceder a Beñat Intxausti en el palmarés de la Vuelta a Asturias en su versión 2.0, es decir disputada  en dos etapas. Amets ganó la inaugural y mantuvo el liderato en la segunda. Ocho años para conseguir inaugurar el casillero en un fin de semana y por partida doble.

Es el sino de Txurruka en Caja Rural. De cola de elefante a cabeza de ratón. No quisimos hacer leña del árbol caído con Igor González de Galdeano cuando no le pudo garantizar su permanencia en Euskaltel. El técnico alavés bastante tuvo con salvar el caché en la máxima categoría para el equipo naranja, pero sí que apreciamos que Amets en Caja Rural iba a ejercer labores muy diferentes, a la par de gratificantes.

Y miren por donde, ahora Amets Txurruka ya tiene puntos. Quizá más que aquellos foráneos que rompieron el tabú de fichar fuera de casa en el equipo vasco. No conozco al vizcaíno personalmente, pero puedo apostar que posiblemente no se alegre de vez las estrecheces que invaden a su antiguo equipo pues no me parece una persona rencorosa. Sin embargo, la satisfacción por el cambio tiene que ser enorme a la vista de los resultados que le ha supuesto. Amets es una mina de puntos en el ranking emocional y eso aunque no calibre en los sofisticados baremos de la UCI sí que le da a la marca que pone el dinero el feeling que precisamente busca del seguidor.

Estos años atrás Amets Txurruka ha sido un ciclista abnegado y ciego en la labor de equipo. Cuando no estaba en fuga, siempre trabajando para otro. Estando en Euskaltel casi siempre persiguiendo por que el tren se marchó. Ahora descubre la carrera desde adelante, como en sus principios, como en ese Tour donde le colgaron el título de ciclista más combativo. Nos alegramos que entre tanto sinsabor este deporte haga justicia.

Amets Txurruka y el laberinto del Euskaltel

Menuda Vuelta al País Vasco le está dando Amets Txurruka a Igor González de Galdeano. Si bien al que fuera ciclista y ahora técnico no conviene depositarle gran parte del descrédito que los aficionados le profieren, al parecer, por las cunetas, sí que es cierto que el peor de los escenarios posibles está dándose para el equipo naranja y por ende para su director, como responsable del mismo.

Veamos. Amets Txurruka es un ciclista desprovisto de palmarés pero admirado por la parroquia. En su persona convergen ambos baremos, pero a la inversa. A menos triunfos, más cariño de la gente. Esa estima se la granjeó hace años cuando culminó un Tour en el podio de los Campos Elíseos por ser el ciclista más combativo. Esa clasificación no daba puntos UCI pero sí calor emocional. Desde entonces lo cultivó celosamente en cada carrera que tomó parte.

Euskaltel ha tenido mala suerte de existir en el momento más frío y estandarizado de la historia del ciclismo siendo, como es, un proyecto de territorio que proyecta las emociones de una zona, Euskadi, en la que el ciclismo es religión. Claro hacer convivir ambas realidades es complicado y ese marrón le ha tocado solventar a Igor.

Obviamente, las reglas del World Tour y los complicados Excels que le dan forma no son cosa de Igor González de Galdeano. La fría lógica se impuso cuando el técnico tuvo que prescindir de Amets por que con cariño no podía garantizar los puntos que el equipo necesitaba. Sin embargo, a Igor se le denotan lagunas en el discurso y dirección del equipo. Lagunas que a mi entender prueban que el tema de Amets le puede superar.

 

Recortamos un par de impresiones que el vitoriano expresa en una entrevista publicada en www.biciclismo.com:

 

“Si hubiese estado en Euskaltel-Euskadi –por Amets- hubiese sido imposible que hubiese hecho estas escapadas porque tenemos un número uno, que es Samuel, tenemos un candidato a ganar y nunca le hubiesen dejado. Tenía que aprovechar su oportunidad y lo ha hecho muy bien y es para felicitarle”

 

“Creo que hay que seguir buscando la victoria. No lo vamos a tener fácil, porque tenemos un ganador nato que es Samuel Sánchez y Samuel va bien en su camino y está haciendo un esfuerzo aquí en la Vuelta al País Vasco, delante de la afición, por estar bien, pero va camino hacia el Giro”

 

Vaya, curioso, contradictorio. ¿Está o no Samuel capacitado para buscar la victoria? En un primer momento, sí. Eso se desprende al afirmar que si Txurruka hubiera estado con ellos le habría tocado trabajar para el asturiano. Luego se desdice, quizá involuntariamente, y admite que Samu está corto de forma, que está para cumplir con la afición –y entiendo también con la carrera y sponsors—. Lo que no es de recibo es que el equipo de la casa no fomente los cortes, busque la escapada e incordie a los grandes como sí hace el Caja Rural de Amets. Si éste hubiera seguido en Euskaltel estaría supurando escapadas.

Quizá lo que no quiere reconocer Igor es que de un tiempo a esta parte el aficionado que sigue el largo y ancho de la temporada detecta que en el equipo vasco las cosas no se hacen lo bien que la situación requiere. Que me corrijan si me equivoco, pero desde que Jon Izaguirre ganara en el Giro, el conjunto no suma nada importante y lo que es peor da la sensación de correr siempre a contrapié, siempre persiguiendo, siempre desde atrás y en eso Igor, creo que los responsables son quienes dirigen el equipo, no el World Tour, ni Amets, ni Samu.

Foto tomada de Zikliamatore

Los sapos de Igor González de Galdeano

Estos días San Sebastián hierve en caldo cinematográfico. Su festival de cine es objeto de comentarios y tertulias radiofónicas. En una de ellas, barruntaban sobre esas películas de ciencia ficción que describían un futuro sombrío, lluvioso y grandes países/confederaciones centralizados y homogéneos. Ese futuro en borrador ya está aquí. Nos permite ver cuán equivocadas estaban esas agoreras cintas. Aunque no en todo. Las cosas, los países, las regiones tienden a agruparse, a centralizarse.

Y en estas que Euskaltel, esa nota exótica y naranja de nuestro ciclismo contemporáneo, sufre una terrible crisis de identidad ante la amenaza que esa homogeneización dibujada en Blade Runner se lo lleve por adelante. El proyecto romántico, artesanal, íntimo y vasco que justo cumple 18 años está mutando de piel, virando en su filosofía y causando un estruendo entre la afición que ya busca firmas para recaudar complicidad frente a lo que consideran una afrenta.

En esa campaña vasca ya hay hechos tangibles. Aunque sean comentarios en un diario, ya he leído que más de uno quiere darse de baja en la telefónica euskera. Buf, eso es tocar la cartera, y a los directivos no sé si la sinergia que de ello se derive les va a complacer.

En la labor sucia está Igor González de Galdeano. El alavés es “el hombre de negro” en el corazón del equipo más arraigado a un territorio. Llama a Amets Txurruka y le dice que no cuenta con él pues no aporta puntos. Hace lo propio con Iván Velasco. Menuda papeleta. Se le critican las formas, pero la situación no está para perder el tiempo, Euskaltel necesita puntos. Los quiere ya.

con esa espada de Damocles sobre tu sien emerge la cuestión: morir de pie o sancionando tus ideales. A mí personalmente el equipo naranja no tiene nada nuevo que demostrar. Si su supervivencia está en manos de extranjeros o no vascos, adelante con el plan. Ahora bien, que mire y perfile quiénes currarán desinteresadamente por sus líderes, por que el sistema de puntos que acogen para justificar sus drásticas decisiones es el peor enemigo de la clase media del equipo, esa sin la que los grandes no rematan.  Sea como fuere el rodillo está en marcha, y mucho me temo que a pesar del clamor popular, este cuento tiene el final escrito.