La resaca de «morir» sobre la bicicleta

Qué levanten la mano los que nunca se hayan sentido así el día después de una «exigente» salida en bicicleta junto a su grupeta

 

¡Buf, qué mal me he despertado hoy!

Me tomo el pulso y aún lo tengo algo acelerado.

Menos mal que es domingo, porque la “marcha” de ayer me ha sentado fatal.

Tengo un terrible dolor de cabeza, producido sin duda por el tremendo esfuerzo que me supuso ayer estar a un nivel muy alto para acabar con un buen tiempo la prueba, pero sobre todo para salir a todos los palos que me dieron mis colegas.

Ya les vale.

 

Claro que la culpa es mía, a mí quién me manda meterme en esos fregaos. 

Y es que siempre me digo lo mismo, que la próxima vez pasaré de ellos y que me lo tomaré con más calma, rodando con otros amigos digamos más tranquilos.

Pero es que, cuando luego me veo en faena, no lo puedo remediar y al final me veo respondiendo a todos los hachazos.

Qué le voy a hacer.

No me tendría que picar tanto. 

La Girona Gravel Ride ofrece «slow cycling»

Por eso estoy hoy así, por mi mala cabeza.

Aún tengo un cierto regusto, con sabor a sangre, en la boca.

Y no paro de beber agua.

¡Vaya tralla que dimos ayer!

Y me duele todo.

 

Estoy cansadísimo, sobre todo las piernas. Cómo duelen cuando bajo las escaleras… 

 Me parece que me voy a pasar el día en la horizontal.

Además tampoco he pasado buena noche.

De lo cansado que estaba me costó mucho coger el sueño y no he dormido bien.

No sabía qué postura coger. 

Creo que sólo me levantaré a comer, aunque tampoco tengo mucha hambre.

Si ingiero algo será para poder tomarme algún antiinflamatorio, a ver si recupero algo, que mañana hay que ir a trabajar. 

 

 Y es que… ¡vaya desastre!

No es el primer domingo que me arrastro por casa.

Esto no puede ser.

Ni debe ser sano, para nada.

Aún me siguen dando pinchazos en la cabeza.

Encima ayer pasamos un calor de la leche y me parece que estoy algo deshidratado.

He orinado y es un poco oscura.

SQR – GORE

 

Hay que beber más. 

 Me miro en el espejo y me veo negro, con ojeras y negro.

Me dio fuerte el sol ayer.

Tengo marcas por todos lados, en los brazos, en las piernas, hasta la cinta del casco se me ha quedado marcada en el cuello.

Parezco un cromo. 

 Me vuelvo a la cama.

Me gustaría seguir la carrera que dan hoy por la tele, aunque me parece que como vea más bicis me voy a encontrar peor.

Es como esa sensación que te produce, después de un empacho, ver una pastelería.

Enciendo la televisión de todas formas.

La etapa es llana.

Creo que me voy a dormir.

 

Si al menos hoy hubiera montaña… 

Miro el reloj… ¡he dormido 2 horas de siesta!

¿Sabéis que os digo?

Pues que como aún hay bastante luz me voy a dar una vueltecita con la bici.

¡Hala! Para combatir la resaca, lo mejor un paseíto para estirar piernas y eliminar toxinas… ¡qué bien me sienta la bici! 

Foto: www.merkabici.es

Cicloturismo: cosas que hacen que valga la pena

En el cicloturismo hay amistad, verde, paisaje, sudor, dureza, superación…

Verdes praderas. Peregrinos en Roncesvalles, Ibañeta o Arnostegui. Duras montañas entre baserris. Puertos amables. Risas, amigos y familia. Vacas, ovejas y caballos… Rampas imposibles. Tremendos descensos. Belleza y dureza. Cicloturismo, ocio y cultura. Cinco días de julio en Navarra.

Parece que haya vivido un sueño, pero mis piernas me lo recuerdan una y otra vez y me devuelven a la realidad.

Aún tengo en ellas las marcas de los zarpazos de bestias como Artaburu, Munhoa o Arnostegui. Unas bestias muy bellas.

Pero aquí estamos, llegamos, pedaleamos y se acabó. Ya ha pasado, tan rápido como intenso, tan placentero como doloroso.

Hemos sufrido, hemos disfrutado, hemos reído, nos lo hemos pasado bien.

 

Cosas que hacer en Navarra

Abrir la ventana y respirar, sentir el fresco en la cara mientras a lo lejos vemos las montañas que nos esperan.

Desayunar con los compañeros, compartir ese café recién hecho mientras planificamos la jornada, entre risas y buen humor.

Pedalear los primeros kilómetros con tranquilidad, charlar con los amigos sobre las primeras sensaciones del día, mientras avanzamos por el boscoso Valle de Arce y rodeados de montañas.

Llegar a Orbara, después de un duro repecho, un pueblecito encantador de casas entrañables.

Participar en la cronoescalada a Aitza, un bello alto que domina todo el Pirineo. Intentar darlo todo en sus duras rampas. Disfrutar del ambiente. Machacarnos un poco. Repartos de premios, txapelas, risas, fotos y buen ambiente.

Comer. Una parrillada, un jamón cortado por Albert, todo regado con una buena sidra. Momento cumbre del stage, se intensifican las relaciones, se estrechan los lazos. Actuaciones musicales. El hilarante humor de Carlitos.

Volver al hotel. Efecto sidra. No se corre, se vuela. Sprint a la llegada de Burguete.

Cenar, recuperar fuerzas. Más risas, más chistes. Escuchar el briefing de Jon para el día siguiente. Miedo escénico.

Pasear a estirar piernas. Unas cervezas en el bar del pueblo junto a Josep-Ramon, Javi y los demás, antes de retirarnos a velar armas. Silencio. Descanso.

Unos minutos de relax recopilando lo que ha dado de sí el día. Rescatar sensaciones, hasta caer rendidos por el sueño.

Una nueva jornada. Disfrutar de una pista rural asfaltada preciosa, pasada la fábrica de armas de Orbazeita, camino del Alto de Azpegi, después de afrontar los duros últimos dos kilómetros.

Coronar uno de los paisajes más bellos que puedas recordar. Verdes praderas.

Extasiarnos con la presencia de caballos sueltos, galopando en libertad, o de hermosas vacas pastando, mientras descendemos intentando evitar los buenos recuerdos que han dejado en la carretera.

Parar en una curva, en la cuneta, mientras Néstor nos invita a contemplar el valle que se abre ante nosotros, adonde descenderemos y volveremos a subir por la dura carretera que observamos a nuestra derecha.

Errozate nos espera.

 

Girar 180 grados. Meter todo para escalar Artaburu-Errozate junto a Jon, Koro y Josep, un puerto increíble, tan duro como bello, jalonado de rampas imposibles.

Echar la vista atrás y disfrutar del entorno, lo que vas dejando abajo. Belleza infinita. Darlo todo en la rampa del 20%. Tirar fuerte de riñones. Llegar arriba, reunirnos con los demás y comentar lo duro que ha sido.

Descender, llanear, pedalear pasando por preciosos pueblos como Donibane Garazi (Saint-Jean-Pied-de-Port), capital de la Baixa Navarra, Arnegi o Valcarlos en pleno Camino de Santiago, cruzarnos con peregrinos, a pie o en bici, desearles Buen Camino.

Afrontar a bloque, subir a buen ritmo con Miguel Ángel, Albert y Joserra un puerto como Ibañeta, largo y tendido, muy agradecido. Bosques frondosos. El abrazo de sus árboles. Disfrutar de la grupeta, coronar la larga y recta final, parar y reagrupar en el alto junto a la bella ermita de El Salvador.

Compartir pedales con los pros, aunque sólo sean unos minutos, con David López, Txente, Iriarte y Aramendia. Ver cómo te sobrepasan con facilidad y cómo se van perdiendo en la lejanía.

Merendar en el jardín del hotel junto a los amigos, después de una reconfortable ducha. Compartir unas cervezas, un plato de pasta, unas risas, ver el final de etapa del Tour.

Dar un paseo por el pueblo, contemplar sus casas con continuas referencias al Camino, como la famosa Concha de Santiago. Sus restaurantes, degustar el menú del peregrino.

Estudiar la salida del día siguiente. Puertos, rampas y porcentajes. Preocupación. Ilusión. Pensamientos positivos. “Los superaremos”.

Epic gran canaria

Una relajante lectura antes del merecido descanso.

Despertar con nuevos bríos. Optimismo y energía ilimitada. Vestir con tú maillot y culotte preferidos para afrontar la etapa reina del stage. Unos buenos días para acompañar unas tostadas con mermelada. Un chiste fácil. Alguna cara de preocupación. Una sonrisa cómplice.

Ascender el primer puerto del día: Sorogain, junto a Iñaki, Gorka, Ander, Jorge y Joxe Mari. Suave y muy bonito. De nuevo entre caballos, ovejas y vacas. Prados verdes. Pista estrecha. Montones de leña apiladas esperando ser quemadas este próximo invierno. Boñigas en la calzada. Algunos ciclistas que se pierden en la lejanía entre la niebla.

Frío en el descenso. Bajada peligrosa. Gravilla, baches. Brazos fuertes, manos firmes en los frenos. Ya está, ya pasó el peligro. Intenso pero bello descenso.

Pedalear entre valles. Todos agrupados. Charlando. Ambiente distendido ante lo que se avecina. Buenos relevos. Llegada a Baigorri. Olor a chocolate fundido.

Rampa dura, pista estrecha para encarar el muro de Munhoa. Duros desniveles. Rampas con descansos. Escalones de mucho peldaño. Muy bonito. Echar el resto en 3 kilómetros increíbles que no bajan del 14% de media. Muy duros. Laberinto de caminos entre baserris. Disfrutar sufriendo. Un pequeño descenso y de nuevo para arriba. Contemplar las vistas desde la cima. Aquí está despejado. Avituallar de la mano de Ángel Mari. Gracias Ángel por ser como eres. Reagrupar.

SQR – GORE

 

Descender de nuevo. Igualmente peligroso. Vigilando la grava suelta y los canales metálicos para el agua. Alzar la vista y contemplar el hermoso valle. Abajo esperamos todos.

Afrontar la última dificultad seria del dia: Arnostegui por Arnegi. Pedazo puerto. 16 km, casi 300 de coeficiente. Numerosas rampas por encima del 12, 14 y 16%. Aquí hay que darlo todo.

Antes de iniciar la escalada, alucinar con el inicio de Beillurti y su rampa sostenida al 20%. Increíble. Asusta sólo verla. Seguir ¿suavemente? hasta Ondarolle. Esto se empina. Nos dirigimos dirección Urkulu. Máxima dureza. Los piñones echan chispas. Cada uno sube como puede. Sufrir disfrutando. Muros increíbles. Fascinante belleza. Esto es Navarra.

Ascender entre la niebla. Coronar entre las nubes. Satisfacción contenida. Mística y épica. Un paseo en la ladera de la montaña. Abrigarse para el descenso. Frío, viento, niebla. No podremos disfrutar de las bellas vistas pero las intuimos. No vemos la torre de Urkulu. Peregrinos recortados en el horizonte. Estamos en el Camino.

De vuelta a Azpegi. El día se despeja. Últimas rampas, todos juntos. De nuevo en Orbazeita, camino del hotel. Llegada. Se acabó. Alegría y tristeza. Pena y gloria.

Treinta minutos de siesta y a merendar. Cena especial de despedida. Brindis. Risas contagiosas, más buen humor. Anécdotas, chistes. También proyectos de futuro. Más actuaciones. Hasta que el cuerpo aguante. Algunos más que otros.

Último día. Despedidas. Abrazos. Algunos correos electrónicos apuntados en servilletas. Gracias por todo amigos, ¡hasta el año que viene!

¿Te gusta perderte entre mis curvas?

La carretera pone a prueba la fidelidad del ciclista

 

Una conversación entre una carretera y un ciclista cualquiera…

Soy tu amiga.

O al menos intento serlo.

Tuya y de todos tus amigos que a veces te acompañan.

Y es que ya hace mucho que nos conocemos ¿verdad?

Son muchos años de intensa relación, con sus lógicos altibajos y sé que aún me quieres.

Hemos reído.

Hemos llorado juntos.

También ha habido espacio para la sangre y el sudor.

Hemos tenido momentos buenos, como la primera vez que nos conocimos.

Nuestros primeros años juntos.

¿Los recuerdas?

Yo creo que te llegaste a enamorar de mí, aunque no lo quieras reconocer.

También hemos tenido ratos no tan buenos, o realmente malos.

No te los quiero recordar, pero pienso que tuviste días en los que me llegaste a odiar.

Tú lo estabas pasando mal y me culpabas a mí.

 

No querías darte cuenta que era culpa exclusiva tuya.

Sin embargo, te empeñabas en que yo me sintiera culpable, renegando de mí, insultándome.

Llegaste incluso a escupirme.

Yo lo único que hacía era acompañarte, como siempre he hecho desde que nos conocemos.

Otras veces has preferido simplemente ignorarme.

Tú y tus amigos.

Pero yo te perdono.

Como te digo, sé que en el fondo me quieres y te quedas con todos los ratos buenos que hemos pasado juntos.

Sé que disfrutas de mis curvas, de mis repechos.

Te encantan, lo sé.

No te gusta que me ponga recta contigo.

No me soportas.

Cuando lo hago, prefieres esconderte detrás de tus amigos.

No quieres que te vea.

No quieres que te diga lo que pienso a veces a la cara.

Pero también sé que en el fondo te gusta que sea exigente contigo.

SQR – GORE

 

A veces eres un poco masoquista y prefieres que me ponga dura contigo.

Necesitas que te ponga a prueba y superarme, vencerme y decirme “aquí me tienes”. Necesitas poseerme, hacerme tuya y prefieres que no te lo ponga fácil.

Te gusta perderte entre mis curvas.

Tú y tus amigos.

Me compartes.

Aunque yo prefiero que vengas tú solo.

Me encanta verte pasar y que me acompañes durante horas y horas en largos paseos.

Me gusta que me acaricies.

Aunque no siempre te puedo dar lo que me pides, no me acuses de estrecha.

Yo soy como soy.

No me gusta cuando todos tus amigos y tú os vais de marcha.

Me hacéis sufrir.

A veces también me dices que puedo ser muy peligrosa.

Si ves que sí, que me vuelvo agresiva, por favor, ¡huye de mí!

Deja que me calme y búscame en otro momento.

Yo también tengo mis ratos malos.

Compréndelo.

No quiero que mis enfados te hagan mal, que algún desliz mío te suponga una caída de la que luego no puedas recuperarte.

O que pagues mi enojo, con algunos hombres más poderosos que tus amigos y tú, con algún revolcón.

No quiero hacerte daño.

A veces, también me exiges tanto que me quedo cortada y no sé qué responderte.

Tú te das la vuelta y te vas, desilusionado.

Pero yo me quedo allí, esperando a que vuelvas.

Y es que, a pesar del tiempo que llevamos juntos, no me conoces del todo.

No sabes hasta dónde soy capaz de llegar.

Ni tú ni tus amigos.

Pero siempre me tienes ahí.

Siempre procuro complacerte y mostrarte mis encantos.

Puede que a veces me encuentres fría y distante, pero otras, seré tan fogosa contigo que te haré sudar de lo lindo.

Dices que soy muy larga, que aprendes mucho conmigo.

Será la experiencia.

También muchas veces me dices cosas muy bonitas, como que soy muy bella y entretenida, que soy “guapa”, que te encanta que te lleve al límite, que te haga disfrutar tanto que subas hasta el cielo.

Yo soy así.

Luego te gusta relajarte en mi regazo, después del esfuerzo, y te dejas caer en mis brazos.

Sé que a veces no me eres fiel.

Cuando me encuentras fría prefieres buscarte a otras.

Tú crees que no me entero, pero te veo, siempre te veo, aunque tú no lo sepas.

Cambias mi fina piel por otras más rugosas.

Será que te empiezan a gustar las maduras.

Tú sabrás lo que haces.

Pero al final siempre vuelves a mí.

¿Mi nombre?

Yo soy la carretera.

Cicloturistas ¿cuántos tipos hay?

cicloturistas tipos JoanSeguidor

Hay tantas formas de disfrutar de la bici como tipos de cicloturistas

Amigos, compañeros, colegas… todos ellos cicloturistas, como nosotros, que pedalean a nuestro lado charrando por los codos.

O en silencio, chupando rueda.

Los hay que van sobrados o con el gancho.

Los que nunca entrenan o van acoplados, que de todo hay en la viña del Señor.

Entre todos ellos, según su palmarés o historial de digno o memorable currículum cicloturista, vamos a intentar identificar a tres de ellos, ya sea por sus objetivos, su tipología o por su espíritu montando en bici.

Empezamos.

 

Paco, el machaca.

Cara curtida por el sol -lo que nos deja bien claro sus largas cabalgadas en bici- cuerpo de atleta y corazón de multideportista nato.

Igual le da por correr, nadar o pedalear, con la de carretera o con la BTT.

Cincuentón (o cincuentañero) y machaca, con una acusada y marcada personalidad que cautiva.

Amigo de sus amigos y que disfruta de la vida a tope haciendo deporte, que es su lema, su filosofía de vida.

Entrena a diario para competir, con muy buenos resultados, todos los fines de semana del año, en cualquier parte.

Y lo hace en pruebas tan variadas, y duras, como la Maratón, el Triatlón, el Ironman y carreras de BTT, entre otras.

Se puede meter 200 kilómetros en bici de carretera en un día y sin despeinarse, lo que no quita que se vaya fijando en su cronómetro para ver qué media saca.

Gobik: the cold season 2020 

Sube y baja puertos «a saco».

Muy pocos, o nadie, pueden seguirle.

Participa en marchas para «competir» en ellas.

Siempre quiere, e intenta, estar delante.

Continuamente da la cara.

Nunca se esconde.

Es muy combativo.

Ya son muchos años corriendo en casi todo tipo de pruebas aunque modestamente él no se considera ni de los buenos ni de los malos, pero, eso sí, espera seguir de esta manera durante años, porque sí, es de los buenos: muy bueno.

Con total seguridad para muchos cicloturistas sus retos no tengan mucho sentido, pero para él «es la vida».

Paco es un hombre muy constante y muy regular.

Un crack.

DT-Swiss 2019

 

Pepe, el devorador de kilómetros.

A Pepe no lo podemos confundir con Paco, el machaca, porque son dos tipos diferentes.

Primero porque está ya felizmente jubilado y «tiene poco tiempo», ya que está aprovechando para hacer lo que más le gusta, que es montar en bici, «y eso lo requiere».

Pepe no se parece en nada a Paco: no compite, no se machaca, no está obsesionado con marcas, tiempos ni relojes.

Huye de las grandes marchas.

No quiere ni oír hablar de ellas.

Dice que son «carreras encubiertas».

Tampoco se pica y es un tío muy majo que sólo piensa en salir en bici y sumar kilómetros.

Exacto, eso es lo que es: un devorador de kilómetros.

También lo podríamos definir como un viajero en bici, muchas veces con sus alforjas.

Disfruta y aprovecha la mínima ocasión para hacer más distancia de la prevista, aunque luego esto le represente llegar en un estado lamentable de cansancio a casa.

Siempre tiene en mente algún proyecto de larga distancia porque lo importante para él es ir en bici «a donde sea».

Porque Pepe, brevetero y randonneur, se mete entre pecho y espalda miles de kilómetros anuales.

Ha participado en pruebas -varias veces- como la Luchon-Bayonne, la París-Brest-París, y acabando rutas, cómo no, como la de la Plata o el Camino de Santiago.

Su rutina diaria, de lunes a viernes, es desayunar, mirar el tiempo y salir a rodar, sin ataduras.

Claro, porque Pepe ni está casado ni tiene hijos.

Los fines de semana disfruta con su grupeta.

Su objetivo es seguir estando siempre todo el día encima de la bici, su estado «natural», como mejor se encuentra.

 

Toni, el tranqui.

Aunque su estilo de vida ciclista no es el de Paco ni el de Pepe, ni mucho menos, Toni, de esos cicloturistas tranquilos, más sosegado, se toma la bici de otra manera.

Sobre todo saborea los kilómetros y no los devora, aunque esto no significa que por ese motivo no se esfuerce o se motive menos que los otros.

Para nada.

Toni es el más joven de los tres.

Apenas ha cumplido los 30 años pero ya es un defensor del uso de la bici urbana como medio de transporte sostenible, ecológico y saludable.

Eso lo primero.

Ha empezado algo tarde en esto del cicloturismo, apenas hace dos años, demostrando que siempre es buen momento para iniciarse con la «pequeña reina».

Se unió a otros grupos cicloturistas, empezándose a apasionar por el excursionismo.

Con ellos se ha pegado un buen hartón de pedalear, sufriendo, pero disfrutando de la independencia, la aventura y la tranquilidad de visitar lugares en bici.

De esta forma ha conocido a muchos amigos que le han transmitido sus sensaciones compartiendo experiencias.

Pero no creáis que entrena cada día, nada más lejos de la realidad.

 

SQR – GORE

 

Nunca sale entre semana o al menos no es lo habitual en él.

Pero cuando llega el fin de semana, eso sí, su religión es salir sábado y domingo.

Su secreto es saber sufrir que, unido a su motor diésel, le llevan lejos, muy lejos, en sus rutas de no menos de 100 kilómetros junto a sus colegas.

Un fenómeno.

Paco, Pepe y Toni.

Tres maneras diferentes de ver la bici.

Y vosotros, ¿con quién os identificáis más?

Foto: www.rosdemora.com

Los malos hábitos del ciclista (vol I)

habitos ciclista JoanSeguidor

Nuestra humilde guía para dibujar «el buen ciclista»

Gravel Ride SQR – 300×250

Yo voy tirando ¿eh?

Si alguno de nosotros sufre un contratiempo en forma de pinchazo u otra avería, lo normal, salvo muy honrosas excepciones, es que nos quedemos más solos que la una.

Aquello que decimos: “Yo voy tirando ¿eh? Ya me pillarás”, no sirve de nada.

Hemos de pensar que arreglar un pinchazo no es fácil para todo el mundo y el rato que se pierde hace que atrapar al grupo sea a veces imposible, con el agravante de que nos podemos perder sino conocemos bien el recorrido.

Por tanto, seamos solidarios y amigos de verdad, por el bien de todos y del cicloturismo en general.

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¿Y los reagrupamientos?

¡Qué mal los hacemos!

Se supone que los reagrupamientos son para esperar a los que no han corrido tanto, unirse a ellos e ir juntos ¿no?

Pues la verdad, no me parece nada efectivo, ya que cuando por fin se han reagrupado con los que corren menos, los que están más fuertes, evidentemente, en pocos metros ya vuelven a tirar y en poco rato se repite el problema y estamos como al principio, los de detrás sacando la lengua para no quedarse solos de nuevo.

¿Quizás tendríamos que hacer reagrupamientos cada tres kilómetros?

¿Por qué no dejar a cada uno que haga lo que crea más conveniente?

Hay que pensar que, normalmente, son en las vueltas a casa cuando nadie habla de reagruparse y es seguramente cuando más tendríamos que esperarnos unos a otros, porque las fuerzas están ya muy menguadas.

Pero bueno, volvamos a la «salida».

¿Verdad que la hacemos todos juntos?

Entonces, ¿por qué no planeamos bien la excursión?

Ciclobrava, 110% cicloturista 

¿No es mejor ponernos de acuerdo calibrando las fuerzas de cada uno y con buen entendimiento entre los colegas crear un grupo pequeño, o grande, pero compacto?

Marchar unidos, siempre vigilando al último.

Llegar juntos sin tener que esperar a nadie.

Si aquel día nos encontramos bien y queremos correr más también lo podemos hacer pero agrupados, tal y como hemos salido y con el consentimiento de todos y así de esta manera nunca se quedará solo el ciclista que ha pinchado  o ha sufrido algún percance.

Estos consejos, y muchos más, se los debo a mi estimado y recordado amigo Ernest Barba.

Foto: www.todomountainbike.net

Grupeta, esa bonita palabra

No busquéis, no hay palabra más ciclista que «grupeta»

El primer toque de atención que leí sobre el supuesto mal gusto que representa escuchar esta palabra,grupeta,  para algunos de los integrantes de esta pequeña gran familia que somos los ciclistas, fue en un comentario a una entrada publicada en este mal anillado cuaderno.

En el texto hablábamos de que existen grupetas que imponen el saludo entre ciclistas como norma básica, en lo que fue un debate abierto, no exento de algo de polémica, sobre si es cierto o no que se está perdiendo esta buena costumbre entre nosotros.

Pues bien, por primera vez desde que monto en bici, y de eso hace ya más de 30 años, en una de aquellas respuestas al texto al que hago referencia, pude comprobar que a alguien no le gustaba para nada este término para definir a los pequeños grupos de ciclistas que quedamos siempre para entrenar:

Decir “grupeta” es algo despectivo.

En un principio no le quise dar demasiada importancia.

Podría haber pensado que se trataba de una opinión algo extraña, muy rara, de que a alguien le diera por escribir que el uso de este vocablo, que se puede considerar universal dentro del pelotón de ciclistas que formamos, fuera algo peyorativo, ofensivo o hiriente.

Sin embargo, después de meditarlo un poco, decidí preguntar a ese, más o menos, anónimo lector, el porqué de esa reflexión, más que nada porque, hombre, parece que era hilar muy fino criticar algo que parece aceptado por unanimidad por estos numerosos grupos de ciclistas que salimos a la carretera:

-¿Decir “grupeta” es algo despectivo?

La pregunta quedó sin respuesta, y ahí sigue, después de varias semanas, a la espera de que alguien conteste y argumente su comentario.

Así quedó el tema y con el paso de los días me fui olvidando de aquella perpleja advertencia, hasta que hoy, y por eso me he decidido a escribir este texto, he ido a parar, casi sin querer, a un hilo de un reconocido foro en el que se debate precisamente de la conveniencia o no de llamar grupeta a los que habitualmente salimos juntos a entrenar.

El título de este nuevo hilo de discusión, que un forero ha abierto, es bien claro y explícito:

Odio la palabra grupeta”

Con mucha curiosidad, después de aquella primera vez que leí que era un término despectivo, he entrado sin dudarlo para leer que argumentos se han expuesto para sentenciar con una frase tan dura algo tan nuestro, tan del día a día del cicloturista, y que se utiliza, se ha utilizado y se utilizará, siempre, en nuestro diccionario coloquial, tanto a nivel oral como escrito.

No podía ser que alguien odiara esta expresión tan familiar.

Pero sí.

Aquel miembro activo del foro ha entrado a saco en estos términos:

Pues así de claro. Odio esa “palabra”. ¿Alguien sabe quién la inventó? ¿Y por qué no se dice simplemente grupo e incluso grupillo o grupete? No llevo mucho con la bici, pero cuando la oigo me dan ganas de retorcer el cuello a quien la pronuncia…”

Así, de entrada, podría entender que este forero, él mismo, ya se delata diciendo que “no lleva mucho tiempo con la bici”.

Esto podría ser una explicación, pero mi sorpresa ha sido cuando ha empezado a tener apoyo de algunos que han opinado lo mismo, igual que él, si bien también otros, le han recriminado que fuera tan quisquilloso o poco tolerante:

Pues vete al médico del odio… ¿O era del oído?”

Si hasta la mierda del Whatsapp sonríe, tú también puedes hacerlo al oír la palabra grupeta”

Alguno, con mucho más sentido común y sobre todo mucha más coherencia, ha comentado con exactitud, y con mucha razón, que “se dice siempre en el ámbito de las carreras, que se ha formado una grupeta cuando es un grupo pequeño en vez de un pelotón y que viene del italiano “grupetto”, si bien, finalmente, reconocía que a él tampoco le gustaba demasiado referirse así “a los globeros que van en grupo, pues suena a una especie de banda callejera… de cobardes”.

La gente que defiende -defendemos- su uso, sabemos que es una palabra que al oírla cualquier ciclista sabe de inmediato de lo que estamos hablando.

Además, no entiendo muy bien eso de que “no suena bien”.

A mí, y a muchos, nos gusta, sí tiene sonoridad y seguiremos utilizándola.

La verdad es que nos encanta porque es un término más de la jerga ciclista internacional y, como bien decían algunos, aunque no sea una palabra que aparezca en la RAE.

 De hecho, cuando la escribo, “grupeta”, me da error y word me la subraya en rojo, claro 

Algunos han comentado que a ellos también les suena cutre el término, igual que quien llama a su pareja “la parienta”, y que no piensa utilizarla jamás, porque no creen ni que sea necesaria, existiendo voces como “grupito” o “grupete”, pero… ¿grupeta?

A lo que otros replicaban, con toda la razón, que “grupito” o “grupete” suena muy chorra.

¿Es verdad o no?

Gravity by Gobik: El culotte definitivo con menos de 145 gramos de peso 

En fin, por ir acabando el debate, me quedo con una de las últimas respuestas, a favor, que para mí han sido de las más acertadas y que sentencia la discusión sin medias tintas, desarmando a los críticos más acérrimos sobre el uso de la palabra grupeta:

¿Pero qué me dices chico? Grupeta viene de Italia, que es el corazón del ciclismo, y no hay espaguetis sin queso mozzarella ni ciclismo sin grupeta”.

¡Amén!

Amigos y ciclistas

Amigos ciclistas JoanSeguidor

Mov_Gore

Entre los ciclistas, las amistades surgen en movimiento y duran toda la vida

Acabamos de cenar.

Pasta y filete, por supuesto.

Hay nervios, a pesar de que algunos ya somos veteranos en esto, y algunos optamos por tomarnos un menta poleo para calmarlos.

No hay para menos.

Mañana nos vamos a meter entre pecho y espalda una buena kilometrada con no sé cuántos puertos de primera.

Entre sorbo y sorbo, charlamos sobre lo que nos espera en la ruta de mañana, del tiempo que nos hará, de los desarrollos que llevamos,…

Hay un cierto miedo escénico.

Algunos consejos a algún novato, que seguro luego tirará mucho más que yo.

DT-Swiss 2019

Salimos del hotel donde nos alojamos, donde reservamos hace ya… ni me acuerdo.

Paseamos, soltando piernas, con ese ritmo tranquilo y quizás un poco autosuficiente de saber que llegamos bien, que estamos preparados por haber acumulado tantos y tantos kilómetros de entreno junto a los que me acompañan, muchas palizas, muchas batallas juntos.

Como un buen amigo me dijo hace un tiempo, quizás los sueños son los que hacen levantarte de la cama, pero si te espera alguien, ese grupo, tu peña, es todavía mucho más fácil.

Seguimos deambulando por el pueblo.

Esta vez hemos decidido que en la salida de mañana vamos a ir todos juntos, como hacíamos antes.

Nos iremos reagrupando y si hay  alguna avería o pinchazo todos nos vamos a parar.

Las exhibiciones subiendo, los piques o los fuegos artificiales los vamos a dejar para el sábado que viene.

Mañana va a haber una tregua y vamos a salir a saborear los kilómetros y no a devorarlos.

Vamos a disfrutar.

Volvemos a las habitaciones a velar armas.

Son grandes y somos unos cuantos los que las compartimos.

Intentamos dormir.

Difícil.

Hay algunos que aún no han parado de hablar.

Otros que por enésima vez se levantan para echar la “última” meadilla, la del miedo.

Y ya van unas cuantas.

Otros se quejan del calor que hace.

Algunos duermen ya a pierna suelta, pero roncan.

Soy globero, ¿y qué? porque de tan ciego que iba no reparaba en el paisaje, ni en los pueblos, ni en sus gentes. No veía nada.

Son mis amigos y dando pedales pasábamos las horas.

¿De qué me sonará esta frase?.

Por Jordi Escrihuela