¿Quién perdió la Amstel Gold Race?

Julian Alaphilippe Amstel JoanSeguidor

Los cálculos de Alaphilippe y Fuglsang no funcionaron en la Amstel Gold Race

La irrupción de Mathieu Van der Poel, así, de esta manera, sin llamar a la puerta, deja nombres, y no pequeños, en la cuneta…

La Amstel Gold Race de 2019 será la carrera del fenómeno neerlandés, pero también recordada por quién la perdió o quién dejó de ganarla.

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Hemos leído el artículo del gato y el ratón que firman Fuglsang y Alaphilippe y llegamos a varias conclusiones.

La primera que, si hubo un perdedor neto, fue Julian Alaphilippe.

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El vídeo que puso el Deceuninck puso tras la derrota de su corredor fue una disculpa sutil que no cuajó entre los aficionados.

Las respuestas que llegaron al equipo azul son elocuentes, señalando la especulación de Alaphilippe como principal culpable del resultado.

El loable esfuerzo del CM no cuaja, porque sencillamente cuenta una versión muy sesgada de lo ocurrido.

No admite, por ejemplo que Alaphilippe se equivoca no siendo lo paciente que otras veces supo ser.

 

Mathieu Van der Poel meneó la colmena, y las abejas salieron en manada

Julian Alaphilippe fue el primero que se armó de valor para atacar a treinta y pico de meta, con unos 230 kilómetros pensando en las piernas.

Lo suyo fue un ejercicio de valentía que sencillamente no tuvo premio porque el físico no le dio.

Pensamos, durante la carrera, que el neerlandés había errado, y que el francés le estaba dando una lección de correr, en vivo y en directo.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Si algo tienen estas carreras es que la lógica queda en el cajón

Pasado el umbral de los 200 kilómetros, cuanto restan perfectamente otros cincuenta o sesenta para meta, cuando quedan muros, giros, bajas y trampas, el cuerpo no responde como uno espera.

«Sufrí calambres» dijo Alaphilippe, un suceso muy común cuando la musculatura se ve sometida a un estrés que no es ni normal ni humanamente sano.

 

Alaphilippe perdió una carrera en la que ya le estaban cincelando el nombre en la base del trofeo

Y un hecho, significativo, fue que el buzón de El Cuaderno de JoanSeguidor no recibió mail alguno del equipo azul reportando lo sucedido en la Amstel Gold Race.

Amstel Gold Race JoanSeguidor

 

Se anuncia el podio de Alaphilippe en la Flecha Brabanzona, la alienación y rueda de prensa previa a la Amstel, la victoria de Jakobsen y el resultado de Evenepoel en Turquía, el siete de la Flecha Valona, hasta la rueda de prensa cara a la Lieja…

Se anuncia todo esto, pero nada del cuarto puesto de Alaphilippe en la Amstel Gold Race.

El resultado escoció, no cabe duda, no puede ser de otra manera, con rampas o no, es indiferente.

Julian Alaphilippe no pisó el peldaño que le parecía reservado

SQR – GORE

 

¿Y Jakob Fuglsang?

El danés está siendo uno de los mejores ciclistas de la primavera, uno de los pocos que cuando se pone serio rompe grupos, hace la selección y pocos le pueden responder.

Cuando se fue con Julian Alaphilippe, Fuglsang ejerció su libre y legítimo derecho de no tirar, de negarse a colaborar con un tipo más rápido en meta y fuerte en las subidas.

 

«Julian Alaphilippe está siendo víctima de su propio éxito«

Eso respondió uno de los aficionados al CM del Deceuninck, y es el tweet más claro y preciso sobre la situación.

El danés tenía en la mente lo sucedido semanas antes en Siena.

Entonces decidió colaborar hasta el final para probar en la rampa hacia Il Campo, en esta Amstel que quita el Cauberg, lugar de mito pero nefasto para el espectáculo, las cosas no son tan claras.

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La proverbial generosidad de Fuglsang se cerró, no dio señal…

Se negó a ser telonero de Alphilippe.

Para el de Astana, el galo es el perdedor, pero…

¿Qué pensaría al saber que Alaphilippe iba con calambres?

Al final el celeste quedó por delante del azul marino.

La Girona Gravel Ride ofrece caminos de ensueño… 

¿Quién fue el perdedor de esta Amstel Gold Race?

En primera impresión, Alaphilippe, veinticuatro horas después, oídas las versiones, Fuglsang.

El ciclón Van der Poel es lo que tiene, que deja víctimas, historias y sensaciones.

Estos dos pueden dar fe de ello.

Foto: ©Vincent Kalut-Pool/ Getty Images

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Mathieu Van der Poel vende experiencias

Amstel Gold Race Mathieu Van der Poel JoanSeguidor

En la Amstel de Van der Poel tenemos todos los motivos por los que amamos el ciclismo

¿Por qué nos gusta el ciclismo?

Enamora, seduce, rompe el corazón, emociona, sincera…

Nos gusta por lo que transmite, por lo que nos hace sentir.

Ciclistas por encima de banderas, de nacionalidades, queremos hechos, experiencias, ojos abiertos, corazones saltarines.

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En el manual de Mathieu Van der Poel no hay renglón seguido

Su cabeza, su cuerpo entiende de un batiburrillo de emociones, de un barullo de ilusiones y se deja guiar y pone las cosas cuesta abajo, rompiendo el pronóstico, dejando la lógica en el arcén.

SQR – Cerdanya Cycle

 

Cuando Mathieu Van der Poel atacó a unos cuarenta de meta, se equivoca de cabo a rabo, pensamos.

¿Dónde va?

¿Qué hace?

¿Qué se cree?

Sacar y rematar el córner, ¿en qué piensa?

 

Sacó a pasear la fiera.

El mal estaba hecho, el veneno corría por el cuerpo de la víctima y hablaron las avispas que todo campeón tiene dentro.

El ciclismo se volvió lógico cuando Julian Alaphilippe y Jakob Fuglsang se fueron por delante.

El dúo del sterrato de Siena sí que tenía razón de ser, barruntábamos.

Se entendieron, como no podía ser de otra manera con el danés, y la carrera fue persecución de dúos en el que Kwiatowski, por detrás con Matteo Trentin, nunca remó con el agua a favor.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Hubo un momento que las cosas parecieron sentenciadas, y atribuíamos la Amstel al listado de Alaphllippe, el mismo que incluye Strade, San Remo, etapas y éxitos allí por donde pisa.

Pero esta vez Fuglsang se hizo el loco, e hizo muy bien

Mejor meter presión por detrás, que llegue gente, que irse el coco de la temporada para que te gane a placer.

 

Fuglsang y su «laisser faire» fue la primera piedra en el ataúd de las opciones de Alaphilippe, cuya sola presencia intimida tanto, que no quieren verle ni en pintura.

El desastre se mascaba en el segundero, con Kwiato entrando casi a un kilómetro.

Muerto el polaco no tuvo más que pasar delante y llevarles pegados a su rueda e incluso frenarles para lo que venía.

 

Y lo que venía era un tipo con el maillot de campeón holandés que pedaleaba por dos, por tres o por cuatro y sprintó como si no hubiera un mañana.

Mathieu Van der Poel salió de las cenizas de un pelotón que pareció desahuciado por el movimiento que él mismo había desencadenado, imprudentemente, pensamos, cuarenta kilómetros antes.

Una jugada que salió perfecta, aunque sobre el papel no lo pareciera, quizá por no ser buscada, pero que pasa a los anales del ciclismo, de los libros, pero también del corazón del gran aficionado ciclista.

Van der Poel es un corredor de experiencias, experiencias de sumum ciclista que se visten de leyenda, por venir de quien viene, y de presente, porque es ahora mismo el ciclista de moda.

Si a Julian Alaphilippe le cuentan esto el miércoles, cuando Van der Poel le ganó en la Brabanzona, le oímos carcajear desde este lado de los Pirineos.

Pero en el ciclismo de Mathieu Van der Poel las matemáticas funcionan a su discreción, como le van bien a él y alienadas a su gusto.

Su victoria en la Amstel Gold Race queda entre lo más increíble que hemos visto en los tiempos recientes.

En el ciclismo acicalado y peinado del World Tour, sale un tipo que corre con el corazón y un sentido del espectáculo que no deja indiferente.

Una vocación que tiene, y ahí está lo complicado, refrendada por números y una estadística brutal.

Una estadística que se queda en foto fija, se va al BTT: Objetivo Tokio 2020.

Las estrellas de la Ciclobrava… 

Su peor puesto, un cuarto, en Flandes y Wevelgem, nada menos.

Si el ciclismo un día soñó con un prodigio así, llegó la hora de la realidad.

El campeón total se llama Mathieu Van der Poel. 

Imagen tomada de FB de Amstel Gold Race

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Amstel Gold Race: cinco historias que queremos leer

Amstel Gold Race JoanSeguidor

En la Amstel Gold Race corren vientos de cambio de ciclo en la temporada ciclista

El paisaje cambia, permuta, de rutas bélicas por la esquina del hexágono, de caminos vecinales por Flandes, a las colinas limburguesas, la región más alta de los Países Bajos.

El preludio de las Árdenas…

 

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Porque si Limburgo es la ceja de las Ardenas o no, se lo dejamos a los geógrafos, pues espiritualmente, la Amstel Gold Races es la carrera que abre la semana de otro tipo de ciclismo de clásicas, que explica la transición hacia las grandes vueltas.

Pero en la Amstel Gold Race confluyen todo tipo de corredores, algunos de ellos cierran aquí el núcleo de sus objetivos para el año en marcha.

Corredores que vienen con las piernas braseantes de Flandes y Roubaix.

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Desde Greg Van Avermaet a Oliver Naesen, pasando por otros como Trentin o Van Aert.

Para muchos de estos las Árdenas están fuera de su radar, pero no la Amstel.

21 de julio: La Cerdanya Cycle Tour

 

Sin embargo en el recorrido por la inscripción, son otros nombres los que nos sugieren la corona.

Como siempre, un respeto para el dorsal uno, el cazador danés Michael Valgren que viene con la aureola de un triunfo, el año pasado, que no tiene brillo en la campaña presente.

Valgren es el reflejo de su equipo, el Dimension Data, que camina anónimo por la campaña ciclista.

El danés vino a enmendar otra mala campaña del equipo sudafricano, pero poco le ha resultado.

Sin embargo, la Amstel Gold Race es perfecta para su potencial: selectiva pero no lo suficiente para llegar de uno en uno, y ello significa que, en grupos pequeños, el danés puede hacer presa.

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Maximilian Schachmann tiene el curioso honor de entrar en este listado con Peter Sagan en la terna

Y así le entroncamos en la lista delos muy top para esta Amstel Gold Race, pues tiene forma y fondo, lo vimos en País Vasco, maravillando con un cuasi pleno de etapas, sólo evitado por Julian Alaphilippe.

 

Michal Kwiatkowski es otro de los fijos en la lista.

Un ciclista mordaz y listo que sabe ganar en este terreno engañoso y traicionero.

Porque 260 kilómetros de mareante y extenuante recorrido abre las quinielas lo que no podemos imaginar.

De ganar al sprint en un grupo mediano, con buenos galgos, vistiendo el arcoíris, a perder el pulso con Philippe Gilbert, el coco del palmarés de la Amstel Gold Race, hace un par de años.

 

Luego tenemos al corredor veloz, resistente y polivalente que sigue ansiando un gran triunfo.

Es un australiano hasta guapete que responde al nombre de Michael Matthews.

El del Sunweb está en fuerte y en los grupos pequeños que acostumbran a decidir la carrera se maneja bien.

Otra cosa es quien se le cruce en el camino.

Como en el caso de Kwiato, en 260 kilómetros de competición, el sprint no sigue parámetros normales.

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Cerramos esta lista tan particular, con Jakob Fuglsang

Otro danés que tiene en su haber una primavera excelente, sólo con una victoria, la etapa de Tirreno, pero con un poderío y madurez que merecen su premio.

A su favor ese golpe de pedal que destroza grupos, a veces en beneficio de compañeros, como Ion Izagirre en País Vasco.

En su contra la carencia de velocidad.

Pero es que ahora mismo, si alguien tiene capacidad de llegar solo, por capacidad, pero también porque los favoritos se pueden bloquear entre ellos, es el danés de Astana.

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Y antes de cerrar la hoja previa a la Amstel Gold Race, un apunte…

¿Cómo se resolverá la bicefalía de Deckeuninck?

Dos ganadores de monumentos en una carrera que Gilbert tiene por cuatriplicado en el palmarés, y que Alaphilippe, en estado de gracia, ansía.

Será bonito verlo…

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Amstel Gold Race: Valgren Andersen, el ciclista bisagra

Dimension Data quiere fichar a Valgren Andersen Amstel Gold Race JoanSeguidor

Otra vez Astana lo ha vuelto a hacer con Valgren Andersen

Decía Paxti Vila que Peter Sagan había movido su temporada, omitiendo la Het Nieuwsblad y Kuurne para estar en la Amstel. De haber estado en ambas, habría visto Valgren Andersen levantar los brazos.

Grande el danés, nada qué objetar, pero permitidnos desahogarnos: No hace mucho, hablábamos de cuando una gran clásica te deja frío. Así nos hemos sentido al final de esta Amstel Gold Race.

Repito, y con todos los respetos para Valgren Andersen, que ha estado donde debía y cómo debía.

Ni más ni menos.

Al margen del Quick Step, a contrapié siempre en el Limburgo, el Astana ha sido el equipo que, cuando se ha terciado, ha sabido ser un equipo.

La Amstel más complicada

Así las cosas, el final de la Amstel, muy divulgado, ha dado los efectos deseados.

La carrera ha sido una ruleta de caminos, estrechos, angulados, revirados pero sobre todo, que es lo que interesa, selectivos.

No querían muchos juntos al final, y sólo Astana con Jakob Fuglsang y Michael Andersen, llegó con dos opciones al final.

Los celestes, kazajos de capital y escudo, en manos de dos daneses.

Como en la Het Nieuwsblad, se veía venir que Astana lo iba a hacer, lo iba a repetir.

Valgren Andersen Amstel Gold Race JoanSeguidor

Preguntarse porqué Valverde no estuvo con Valgren Andersen es pasar por alto la esencia misma de una carrera de 260 kilómetros.

Alejandro Valverde ha sido punta de carrera pero también objeto de las miradas.

El problema, si es que es un problema, del este ciclismo ultramoderno es que hay una igualdad casi lacerante y ello conlleva que la sangre fía y la cabeza amueblada jueguen un papel casi tan relevante como las propias fuerzas.

Alejandro Valverde tenía un problema en la Amstel que no tendrá en Lieja, y se llamaba Peter Sagan y ello le obligó a moverse antes y quedarse quieto cuando los Astana movieron las fichas, no fuera que arrastrara Sagan hacia adelante.

Valgren Andersen atacó cuando debía en una carrera que sinceramente a esas alturas de competición podía ganar cualquiera, principalmente porque Sagan, Wellens, Alaphilippe, Van Avermaet ya tienen la calidad y entidad para hacerlo.

Por eso cualquier corte y cualquier descuido es fatal.

Valgren Andersen o el movimiento perfecto

No es sencillo que un equipo con doble presencia alcance el éxito en las circunstancias del Astana.

Pero Valgren Andersen es sin duda uno de los ciclistas más valiosos en estas circunstancias.

Su olfato pasó por delante de ganadores de la Amstel como Gasparotto y Kreuziger e incluso superando trabajos colectivos como los del Bahrain, sin duda el equipo que mejor y más había apostado.

No tuvimos presente a Valgren Andersen en el balance del adoquín, pero el danés, que sucede, 22 años después a Bjarne Riis, se suma a la lista de los pocos corredores que pueden brillar sobre pavés y por los «bergs».

Sin duda uno de los grandes nombres de la primavera, un ciclista que sale ganador en paisajes verdes y de ensueño, como ese Limburgo que ofrecía una postal en cada estampa.

Imagen tomada del FB de Amstel Gold Race

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Sube el muro de Huy en tu Bkool

Clásicas: Valverde y las Árdenas

Alejandro Valverde JoanSeguidor

Si vuelve a ser el que era, Valverde puede ser el mejor de la historia

Las Árdenas verdes, espesas, gélidas, ásperas, duras, encajadas en el Benelux, son la segunda parte de la campaña de clásicas, menos número, igual emoción, increíble caché, longeva tradición. Aquí está la Amstel, la fiesta nacional neerlandesa, más la Flecha y Lieja, la primera la carrera más valona del calendario, la segunda la más antigua.

Las Ardenas, ese paisaje, esas pendientes, ese amor que dibujó hace un año para nosotros Purito de su puño y letras: como las Ardenas pocos sitios en el mundo. Y eso que tras el adoquín, el listón está alto.

Rara vez pasan inadvertidas las Ardenas en el calendario de Alejandro Valverde, pero en esta ocasión el contexto es diferente, en esta ocasión es una prueba del algodón para un ciclista que viene de las cenizas de una de esas caídas que para más de uno sería una losa y que para él ha parecido una tachuela.

Es difícil adivinar qué suerte correrá Valverde en este periplo valón, complicado saberlo sin haberle visto sobre la máquina, con dorsal en la espalda y compitiendo como a él le gusta, pero ojo, atención, porque hablamos de un ciclista que estando aún en activo está en la antesala de firmar leyenda, de ser una leyenda en materia de las clásicas más longevas y deseadas del ciclismo.

Registros que se salen del marco, ahí está Valverde, superando al maestro Argentin, el ciclista que amargó a Criquielion. Por eso este abril tiene nombre y apellidos murcianos, en el sabor de un ciclista que cerca de su epílogo sigue regalando felicidad y momentos mágicos.

Uno de los grandes atractivos de la campaña en ciernes, Valverde y su prueba en las Ardenas, el terreno más añejo, arraigado y perenn de la historia del ciclismo, el terreno que le puede hacer un ciclista único.

Imagen tomada del FB de Movistar Team

#Topics2018 con Bkool en el muro de Huy

El ridículo debate de las azafatas en los podios

Esta mañana he visto en el perfil de Facebook de nuestro amigo Nando Morenito esta foto de un recorte de La Vanguardia poniendo el foco sobre el podio de la carrera femenina de la pasada Amstel Gold Race, por estar acompañadas las corredoras por dos “azafatos” en el podio.

Sinceramente, me causa pena por lo banal y reiterativo del tema. Tras cien años de historia, o más, resulta que el ciclismo es menos machista por haber retirado las azafatas de los podios. Yo creo que es machista por cuestiones diferentes, entre otras este cartel de Harelbeke. Lo que empezaron por Australia en enero, y fue noticia en bloques que omiten el ciclismo por sistema, ha llegado a nuestras carreras para quedarse.

La Amstel tuvo una idea que además me pareció genial, sacar un par de guaperas a felicitar a las ganadoras, entre ellas la “enrachada” Anna Van der Breggen, que este miércoles le sumó la Flecha a la Amstel. Sin embargo, medios que picotean del ciclismo cuando hay una caída temeraria, un caso de dopaje o ahora esta moda de la mujer en el circo de la bicicleta, ponen en destacado lo que no hacen con carreras más que centenarias.

Ya me sabe mal no hablar casi nunca de ciclismo femenino, y cuando lo hago es desde una óptica negativa, y me sabe mal porque me hablan maravillas del espectáculo que se ve en cada carrera femenina, mucho mejor que entre los chicos, donde los intereses de las grandes escuadras son el cáncer de la modalidad.

Sin embargo meter ciertos debates en este deporte me parece artificial y oportunista. Yo creo que lo realmente machista es ver machismo en que dos azafatas entreguen el premio al mejor, centrar el debate en eso y no en la precariedad de las chicas, sus anhelos, sus mejoras, su seguridad,… eso es realmente triste.

Me ha gustado mucho la idea de la Amstel, que cunda en el futuro y brindo por un ciclismo con azafatas preparadas y profesionales en los podios que eviten al alcalde de turno poner un maillot que ni sabe ni tiene porqué saber cómo se impone.

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Con Valverde nunca nos parece suficiente

Cuando Alejandro Valverde empezó a destacar, allá por el 2003, todos miramos a las Ardenas, ese terreno boscoso por donde Hitler entró a Francia y salió de Bélgica, un triángulo cargado de historia e historias, como el escenario perfecto a ese que llamaban el imbatido.

El ciclismo español, tan afín a esos boscosos terrenos, tenía aquí el caldo de cultivo ideal, aunque la historia no soplara a su favor. Cero victorias en la Lieja, otras tantas en la Amstel y las mismas en la Flecha.

Pero Valverde vino para cambiar el sino de los acontecimientos, y con esa solvencia que demostró los grandes, y no tan grandes, días, nos ha regalado a los espectadores jornadas memorables, ganando a todo tipo de corredores, completando un palmarés envidiable y aunando siete victorias, desglosadas en cuatro Flechas y tres Liejas, desde 2006, logrando el doblete dos veces, aquel mismo año y hace un par, cuando impuso su golpe de pedal ese día que pensamos que Dani Moreno era capaz de ganar en Ans.

La aureola de Valverde arrastró lo suyo y lo de los demás porque desde entonces, en estos parajes también ganaron el citado Dani Moreno y Purito, que tanto aprendió del lugar trabajando para Alejandro.

Han pasado los años desde que aquel Valverde que ganara aquí por primera vez. Hablamos de una década larga. Once años, nada menos. Entonces quien más quien menos decía que este corredor estaba para hacer historia, para escribir la historia y el balance es satisfactorio, sin duda.

Pero con Alejandro cabe una duda, un pero, nunca es suficiente, nunca nos parece suficiente. Son los estadísticos, los que vamos con los números por delante y todo lo leemos en código binario: ceros y unos, como si a veces corriera solo y no compitiera contra nadie.

¿Cuántas veces hemos dicho que si no se obsesionara con el Tour sería una leyenda en estos terrenos? yo creo que cada año, la retórica ha aparecido y quien más quien menos se ha llevado un berrinche, como el no verle en Flandes o no darlo todo en San Remo.

Y sin embargo, con el paso de los años, y haciendo recuento vemos que poco más se le puede pedir a Valverde, quien tendrá que esperar un año si quiere beberse la jarra en el podio de la Amstel y sin embargo opta a registros de lujo en las carreras valonas, incluso, sí, obsesionándose con el Tour.

Vienen días de órdago, que quizá nos metan en la historia, pero tomad nota, no será fácil, Valverde tiene la horma de su zapato con Gilbert, el duelo que llevamos esperando desde hace cinco años y que parece se producirá finalmente. Entre Huy y Ans está el veredicto.

Imagen tomada de FB de Flecha Valona

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Así fue nuestra primera experiencia con Bkool

Cuando gana Gilbert, nos alegramos todos

Amstel Gold Race JoanSeguidor

Recuerdo oír aun ciclista una vez, creo que fue Juan Antonio Flecha, que la clave de un ataque en una cota no es hacerlo bueno en medio de la misma, y sí en la coronilla, en el falso llano que acompaña la última rampa. Eso lo tenían claro Kwiatkowski y Gilbert, cuando con la carrera decantada para los de adelante, dieron la estocada a su grupo, tras ser los que posiblemente más tiraran y mejor trabajaran.

El ciclismo muchas veces es injusto, otras es al revés. Cumple con quienes lo merecen. Hoy ha sido este caso. Hubo dos formas de hacer. Coger el corte de inicio, con Henao se fue Gilbert, o irse del segundo grupo cuando la cuerda está a punto de romperse, como hizo Kwiatkowski, en uno de esos movimientos que definen este polaco: visión, anticipación y perspectiva.

Valverde y cia iban con Kwiatko en ese momento, como Dani Moreno aquella vez en Ponferrada, cuando Michal se fue “inofensivamente” en un descenso, como Cancellara en Flandes, cuando vio partir al excampeón del mundo, con Sagan a rueda. Cuando Kwiatkowski ataca es por algo. Iban con él…

Lo vieron salir Valverde y Van Avermaet, lo vio pasar Wellens. Kwiatko enlazó y la carrera acabó. Con Henao en su auxilio, estaba sentenciado el grupo de atrás. Como siempre flotó el sabor de sentencia sobre todos aquellos que entraron delante con campeón belga y ganador de San Remo en el grupo.

Acabó la cosa como tenía que acabar. Ni Albasini, ni Ion Izagirre,… no hubo manera. Gilbert y Kwiatko se fueron y se ganaron la gloria a partes desiguales. Para el primero la cuarta Amstel de su carrera, para el otro una plaza de plata que no debe satisfacerle nada, habida cuenta que su punta de velocidad le dio para batir un par de veces a Sagan, pero no a Gilbert. Y es que es lo que tienen estas carreras. No ha guión escrito.

Triunfó la Amstel con su nuevo recorrido, sacando del epílogo ese «monumento a dejarlo todo para el final» que es el Cauberg, repartiéndolo por el trazado varias veces. Pero no os engañéis, estas Ardenas pintaban diferentes desde el momento que la abordaban ciclistas en plenitud de forma y con la ambición rebosando. Cuando corredores como los dos primeros, como Valverde, como Henao o como Van Avermaet están bien, es complicado que el espectáculo defraude. Más cuando les conviene evitar el sprint con Matthews, Colbrelli y cia.

Porque esta Amstel ha tenido ciclistas que corren a lo grande, que no especulan y sacan el repertorio en el momento que se les precisa. Su forma de correr dista mucho de los Movistar, que vuelven a irse de vacío con Alejandro en la carrera que como la selección a Messi, “no se le da”. Arguyeron la baza de Rojas por delante, pero eso es pecar de optimismo. Rojas con esos gallos hizo lo que tenía que hacer, seguirles y gracias. Movistar esperó que le arrastraran su baza por delante y le repescaran otros la de atrás. Correr esperando que otros te pongan en orden el jardín es lo que tiene, que no eres dueño de tu suerte y eso acostumbra a salir mal, incluso entre los azules, tan afines a sacar tajada del esfuerzo ajeno.

En fin, primer acto y nos alegramos de que el ciclismo recupere la Amstel, esa carrera de más de treinta muros que por fin no se resuelve en un sprint fruto del bloqueo. Como siempre decimos, cuando gana el ciclismo, ganamos todos.

Imagen tomada del FB de Amstel Gold Race

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El ciclismo es estilo de vida. Rose Bikes es una marca para los ciclistas que dan importancia a la individualidad