Holanda y las bicicletas, el equilibro holandés

La pasión de Holanda por las bicicletas no conoce límites

Holanda y las bicicletas. En esta vida nos asombramos muchas veces por lo instaladas que están ciertas cosas y asimilados algunos tópicos en muchos sitios.

Hablamos estos días, los enfermos de todo esto, de la grandeza de Flandes, de Roubaix, de las clásicas valonas, y a veces, con el presente presionando, no nos damos cuenta de que hablamos de cosas ancestrales, tan arraigadas en esos sitios que son parte intrínseca de la gente y el lugar.

Holanda y sus bicicletas

Pasa algo similar con la bicicleta y Holanda, un mito, un eco, que lejos de serlo, es más que nada un rasgo, como otro cualquiera, de la gente de ese país. Muchos de los que lean estas líneas habrán estado el Delft, en Utrech, en La Haya y en Amsterdam.

Yo lo estuve, en rol de peatón y me asombré con lo que vi, allí las bicicletas te arrinconan, literalmente, te dejan en un segundo escalón.

Cuando volví de allí hice un post sobre ellas por Amsterdam, las llamé las “vacas sagradas” porque alcanzan el nivel de deidad que tiene este animal en la cultura de un país como la India.

Estos días estoy leyendo un interesante ensayo francés sobre la bicicleta en las ciudades que habla no sólo del presente, también se va a los primeros tiempos de esta mágica máquina por las calles y la proyecta al futuro.

La bicicleta y la Gran Guerra

En el viaje al primer pasado, a los días originales, este libro cuenta cosas muy curiosas de los Países Bajos. Al parecer la bicicleta se trenza con la idiosincrasia que el país tuvo que adoptar durante la Gran Guerra.

Los Países Bajos, en medio de los bloques alemán e inglés, se declararon neutrales, ni con unos, ni con otros, y e ese inestable equilibrio la bicicleta, siempre en movimiento, representaba mejor que otro objeto la equidistante situación.

A ello se le añadió una red de pistas ciclables realmente amplia, si tenemos en cuenta el tamaño del país respecto a Alemania, por ejemplo, la comparación de 2600 kms holandeses contra 8500 germanos habla del tamaño de apuesta.

Estamos en el año 1938. También influyó la sequía de carburantes en la época, cosa que obligó a dejar los primeros coches por las ciudades bien aparcados en el garaje.

Y por último, y muy importante, como en el presente, la propia actitud de las personas encarnada en las asociaciones de ciclistas holandesas, que fueron muy activas en la promoción de la bicicleta e incluso en el coto a las posibles tasas que las autoridades quisieron cargar sobre la emergente máquina.

Aunque a grandes rasgos, esta pequeña historia es perfecta entender aquello y ver lo lejana que está por ejemplo España en esta materia, aunque sólo sea por la cantidad de años de desventaja que lleva.

Imágenes tomadas de www.dutchjewry.org & www.rionegro.com.ar

El ancestral amor holandés por la bicicleta

Poned un pie en Amsterdam, en los Países Bajos. Si usamos la vía normal será a través del principal aeropuerto del pequeño pais que ganó terreno al mar, Schiphol. Luego cogeréis un tren dirección estación central y allí accederéis a la vida normal de una ciudad que parece no dormir nunca. Y lo veréis, un parking de varios pisos de altura donde se sitúan encajadas que digo cientos, miles de bicicletas, perfectamente acopladas, situadas y alineadas en grandes hileras. Un espectáculo de civilización. Daréis dos pasos y os pitarán por izquierda y derecha, quizá hasta por arriba y abajo, son bicicletas que van y vienen. Gente de todas las edades, chicas con falda, ejecutivos con traje. Todo armonía. Todo simple.

Apreciaréis riadas, continuos movimientos informes de personas sobre su bici, también que el tráfico es menos denso, como más fluido. Atascos habrá, como en todas las grandes urbes, pero mucho más llevaderos. Coger un bus, llamad a un taxi. Comparadlo con Madrid o Barcelona. Aquello va como más ligero.

Coged un tren e id a La Haya, o Delft, ciudades preciosas, modernas con sus enclaves de siempre, acanaladas en algún caso y sembradas, auténticamente trufadas de bicicletas. Disfrutad de los bajos de las estaciones de tren con bicis que van y vienen, mirad el parking para bicis en Delft. Acercaros a la que dicen ser la más católica de las ciudades de los Países Bajos, id a Utrech, la que vio la salida de Tour de 2015. Es una ciudad por y para ciclistas.

Sincemante las flacas abruman aqui, es terrible, son las reinas del paisaje, de la calzada y casi de las aceras, los coches frenan al verlas pasar, son el auténtico motor del lugar y del país. Una isla en medio de países fuertemente motorizados, porque en sus senos crecieron grandes industrias automovilísticas. Al norte Suecia, donde el respeto al ciclista no es la norma, al oeste Francia, al sur Alemania. Ahora estos países y otros se quieren subir a los beneficios de la la bicicleta, pero estos ya se respiran en los Países Bajos desde hace tiempo ¿por qué? ¿de dónde viene ese arraigo?

Pues le viene de lejos, de tan lejos que hay que irse al 1870. Mientras Alemania sueña en grande con Bismarck, los neerlandeses adoptan la bicicleta como elemento propio y diferenciador, un instrumento que además perdura ante la inexistente industria del coche del país, lo que le confiere autonomía en la planificación de las ciudades. En esas fechas surgen las primeras asociaciones de velocipedistas, que hacen un ímprobo trabajo en la promoción de la bicicleta, esa máquina que entroncaba con la época de los grandes navegantes que yacen en las iglesias de Amsterdam, tiempos de esplendor que se recrean a través del equilibrio, libertad e independencia, valores que transmite la bicicleta, hoy la reina del lugar.

Y si no mirad lo que era Amstedam en los años setenta, una utopía que casi cincuenta años después muchas ciudades europeas sueñan con ser. Ellos ya lo eran entonces, nos llevan mucha ventaja.

Foto tomada de Amsterdam Bikes

El paraíso del ciclista urbano no existe

En el portal de nuestros amigos de Madrid en Bicicleta acaban de sacar un post relacionado con la obligatoriedad de sacarse un seguro si eres ciclista urbano para evitarte problemas y encontrar mejores soluciones si te ves envuelto en un buen lío. Entre otras cuestiones que aborda el artículo, me hizo gracia la forma de situar Madrid –y España por ende- en la cultura del ciclismo urbano. Dice que estamos en la Edad de Piedra con opción a pasar a la de los metales.

No sé qué consideramos Champions Leage, si se me permite el símil futbolístico, en el ranking de ciclismo urbano. Cuando pensamos en ello, siempre miramos hacia arriba, hacia el norte. Los Países Bajos son el paraíso. Allí la bicicleta domina, las llamamos las “vacas sagradas” del idilio neerlandés. No creemos equivocarnos. A veces siendo peatón te sientes abrumado, cuando no sobresaltado, ante el tejido de bicicletas que crece a tu alrededor.

También miramos más arriba, hacia el norte. Pero no todo es oro lo que reluce, por ejemplo en Estocolmo en particular, y en Suecia en general, se vive una guerra entre ciclistas y conductores que alimenta hasta soflamas en prensa amarilla. Copenhague es otro cantar, aquí sí que parece que estamos ante una ciudad de gran calado en la bicicleta urbana.

Hemos repescado este vídeo sobre algunas de las cositas que hacen la vida mejor a los habitantes que van por la capital danesa en bici. Son pequeños detalles que ayudan a anclar mejor tu bicicleta con habitáculo para llevar a los niños, pequeñas barandillas al lado del semáforo para apoyar el pie cuando esperas a que se ponga verde sin tener que apearte de la bicicleta, las papeleras orientadas al ciclista que tantas veces hemos visto…

Si España está en la Edad de Piedra, eso debe ser al último paso que aspiramos, pero no se dejen engañar, no todo es tan bonito ni perfecto. Si van al enlace del canal de YT de Road.cc verán que un danés comenta que esas facilidades no son tan usuales como explica el vídeo, que las hay, pero contadas y en el caso de la plataforma para anclar con seguridad la bicicleta, es complicado encontrar una libre.

Es decir, que si Nueva Icaria existiera tendría bicis pero las cosas no son tan perfectas como parecen. Quizá este pequeño ejemplo nos sirva que, a pesar de todo, tenemos margen pero también un buen camino recorrido.

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Nibali existe

Hace dos años Vincenzo Nibali era un ciclista que acostumbraba a disputar en lo que tomaba parte. Ganó una Tirreno memorable, que aún perdura por esa jornada loca camino de Port Sant Elpidio, luego se vistió de rosa Giro hasta el final, con varias etapas marcadas por el nieve y el frío extremo. A grandes rasgos siguió brillando, esta vez en la Vuelta a España, donde Chris Horner se le cruzó, y luego en el mundial, condicionando el desenlace tras un increíble tras coche que le sacó de estar eliminado por una caída y le situó en cabeza en el tramo decisivo.

Sea por lo que fuera hace un año por estas fechas las cosas no iban bien para el siciliano. Acostumbrado a dirigir el equipo como compitió en su día, Alexander Vinokourov no tuvo problema en meter presión a su estrella en la búsqueda de unos resultados que no llegaban. La primavera pasó anónima para el siciliano, sin dar muestras de un mínimo nivel. La cosa pasó de castaño oscuro en el Dauphiné, donde la guerra mundial emprendida por Froome y Contador demostraba que el italiano de Astana estaba lejos, muy lejos de los dos grandes. Luego llegó el Tour y…

El domingo se le vio en la Amstel, delante, mandando e incluso cruzándose de forma poco educada, aunque en el fondo tuviera razón, a Tony Martin, cuando el alemán, entiendo que siguiendo órdenes de equipo, se negó a colaborar con él. Nibali atacó a 36 kilómetros de meta y se mantuvo la mitad de ellos en vanguardia. Es curioso, la Amstel, incluso por delante de Lieja, es la carrera que más gusta a ganadores del Tour. El gusanillo lo probó Lance Armstrong, incluso antes Bjarne Rijs, y ahora el siciliano, un ciclista que como los citados vive con el resoplido de la sospecha en su oreja.

En breve, se fallará la suerte de Astaná en el World Tour. Nibali ha llevado un plan inmaculado hacia la defensa de su victoria en el Tour. Cada poco aterriza en el Teide, la Meca de los campeones, en lo que tiene que ser una superpoblación de estrellas según que épocas. Nibali admite cierto stress, desde hace un tiempo “todos me preguntan” por ello, por la podredumbre que ha rodeado Astana desde tiempos inmemoriales y que Alexander Vinokourov no parece el más adecuado para gestionar.

El plan inmediato de Nibali se centra en Valonia, con el objetivo de ganar al fin un monumento. La Lieja la tuvo cerca hace tres años hasta que se desfondó cerca de meta y se vio superado por Maxim Iglinsky, con el tiempo uno de los “Astanas” que hizo pitar la máquina y auténtico “carbono 14” en las raíces del equipo, pues ya estuvo en aquella edición de 2007 en la que el equipo tuvo que salir precipitadamente del Tour por el positivo de Vino. Iglinsky lo ha visto todo. Lo sabe todo.

Para Nibali luego vendrá Romandía –donde se cruza con Nairo Quintana- y posteriormente retiro de dos semanas largas al Teide. Quizá entonces se sepa la resolución definitiva sobre Astana, equipo que antes o después caerá porque es objetivo de la UCI. Cuando caiga ya se hablará de su futuro, mientras su presente se escribe en azul celeste.

Imagen tomada del Facebook de Astana

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París en el mapa de la bicicleta

La cultura francesa relativa a la bicicleta es innegable. Cuentan con la mejor carrera del mundo sobre la que se han creado mitos universales, grandes espacios e incluso una potentísima industria que ha pasado por diversas fases pero que sigue siendo un motor. No hablo sólo de marcas actuales y pasadas de bicicletas, también de accesorios, viajes e incluso destinos turísticos que viven al calor de la fama y difusión que les ha dado el ciclismo. Arenberg, Tourmalet, Alpe d´ Huez son sitios, lugares frecuentados por masas, pero también franquicias y denominaciones que ponen nombres a modelos de bicicletas, calles y ropa.

Hace un tiempo nuestra amiga parisina Arianne nos describió la cultura francesa respecto a la bicicleta. De todo lo que nos dijo nos quedamos con la salud de este elemento cada vez más usual por las ciudades en su capital París, pues son varias las noticias que de allí nos llegan y despiertan nuestra atención.

De la bicicleta en las ciudades francesas y en especial en París nos contó que “se utiliza mucho, como método de transporte en Francia. En la mayoría de ciudades, los sistemas de bicicletas públicas funcionan bien, y para los desplazamientos urbanos es muy común moverse con ellas. En París, por ejemplo, los abonos anuales oscilan entre 30 y 40€ (precio bastante simbólico) y hay infinidad de puntos para coger y aparcar las bicis. Además, a la hora de circular, la red de carriles-bici abarca casi la totalidad de la ciudad, lo que hace muy fácil moverse por ella sin tener que preocuparse por el tráfico. Tener bicicleta propia en una ciudad, sin embargo, provoca más pereza. El miedo a robos, los problemas de almacenamiento, el mantenimiento, el no poder «deshacerte» de ella cuando estás cansado… son factores que echan un poco hacia atrás a la hora de comprarse una y que hacen que la balanza se incline hacia el lado de las bicis públicas”.

Esa bicicleta pública de la que nos habla Arianne ha llegado congregar unos 285.000 abonados al servicio Vélib, una cifra que habla a las claras del recorrido de la bicicleta en la capital francesa. De hecho, el consistorio parisino quiere pasar de los 700 kilómetros de carril bici a 1400 con vistas a 2020. Esta inversión, que implica doblar la infraestructura, quiere triplicar la incidencia de la bicicleta en el día a día: del 5% al 15% del total de desplazamientos, porcentajes que nos parecen pequeños para lo que podíamos presuponer.

De hecho en España, la ciudad de Sevilla atesora números superiores y otras no le van a la zaga. París, más bien sus políticos, dice querer parecerse a Amsterdam, la ciudad que todos citan en estos casos. No está mal, pero los holandeses montaron el tinglado de bicicletas por doquier hace cuarenta años y no por generación espontánea. París quiere, como Londres, que la bicicleta tome sus calles, quiere bajar la velocidad del tráfico rodado, meter más carriles, implantar “turismo de bicicleta”, pero ¿qué pasa con la mentalidad del ciudadano? ¿hay verdadera voluntad de cambio? ¿hay aceptación por parte de los otros protagonistas de la vía?. Construir y construir es bonito, pero a veces quizá haya que calar primero en el alma de las personas.

Imagen tomada de www.cristinamello.com.br

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2¿Conocéis los beneficios de la radiofercuencia? 

La radiofrecuencia, un sistema que provoca un aumento local de la temperatura que implica la estimulación de mecanismos locales e intracelulares en la reparación del tejido, favoreciendo la activación de las proteínas de choque térmico (hsp) y una mejor vascularización y por lo tanto oxigenación del tejido.
Esta capacidad convierte a la radiofrecuencia en un aliado del deportista, tanto para preparar la zona, como para ayudar a descargar aquellas zonas sobrecargadas tras la práctica deportiva. Pero sobretodo ayuda a disminuir el dolor y a acortar notablemente el periodo de recuperación tras una sesión.

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¿Es Sevilla la Ámsterdam española?

Un día leí un informe del que saqué dos cifras contrapuestas. En Ámsterdam, donde no caben más bicicletas aparcadas, más de un 70% de los desplazamientos por la ciudad se hacen en bicicleta. Sevilla es la urbe española que posiblemente más se le aproxime, y ronda el 20%. Repito, leí eso, no recuerdo dónde, pero me llamó atención por cuanto explica el enorme potencia que tiene la bicicleta bien planteada en nuestras ciudades.

Diversos artículos hablan del milagro sevillano respecto a la bicicleta. Hace una década, no más, hablar de instaurar la bicicleta por las calles de esta maravillosa ciudad era utópico. Sevilla no está hecha para bicicletas” se repetía, pero esta historia tiene ciertos héroes, activistas y arquitectos que defendieron que esto era posible y ahora vemos el resultado.

Hace unos años 6000 bicicletas se movían por Sevilla, hoy la cifra supera las 70.000. Obviamente lejos queda Ámsterdam, pero el camino se hace al andar y Sevilla va a buen ritmo. Las magnitudes así lo explican. La capital holandesa ofrece 500 kilómetros de carril bici, la andaluza está en los 160, si bien Ámsterdam es un 30% más grande y Sevilla computa mucha callejuela del centro histórico que está exenta de coches y que por tanto permite un libre fluir de la bicicleta.

En Sevilla se cuentan unas 2600 bicicletas públicas repartidas en unas 260 estaciones y su canal de ciclovías crece poco a poco, quizá demasiado lento para el boom de bicicletas que vive la ciudad, un boom aliñado por una orografía plana y una meteorología que invita al desplazamiento sobre dos ruedas. Además, al contrario de lo que ocurre en la ciudad holandesa, Sevilla gusta de la bicicleta sin distinguir estilo y modas, se quiere utilizar porque es realmente cómoda y eficaz, el motor es uno mismo, la gasolina se confunde con las propias energías y ganas de cada uno.

Hoy Sevilla es un ejemplo para ciudades atestadas de tráfico, poco a poco crece su parque de bicicletas y desplaza al coche. Nosotros lo hemos visto, Ámsterdam, por ejemplo, a pesar de ser una capital de país, vive muy ajena de los problemas de tráfico. Coches hay, posiblemente más de los recomendables, pero se respira cierta tranquilidad porque la densidad de tráfico no es por ejemplo la de Londres, donde a las obras se le añade una tupida alfombra de vehículos en cada vía.

Además Sevilla se dota de negocios relacionados con la bicicleta, esos espacios otrora tienda al uso que ahora te dan la bienvenida con una bicicleta por sonrisa. Tiendas de recambios, cafeterías tematizadas, clases para adultos, alquiler de bicicletas e incluso turismo sobre bicicleta, como el que ofrece el emblemático Barceló Renacimiento, cuyo vídeo, protagonizado por mi amiga Ana, directora comercial del establecimiento, encabeza este blog. Miren la nota de prensa que han emitido al respecto y miren como la bicicleta es a la ciudad como ese “calabobos” que llaman la lluvia fina del Norte:

El Hotel Barceló Sevilla Renacimiento conecta Sevilla con su servicio de alquiler de bicicletas 

El hotel ofrece a sus clientes el poder alquilar bicicletas con dispositivo que servirá de guía turística por los diferentes monumentos y lugares de ocio de la ciudad. 

Sevilla, 05 de febrero de 2015. El nuevo servicio aprovecha la proximidad del hotel a las principales zonas turísticas a través del carril bici para ofrecer una alternativa de desplazamiento ecológica y saludable. Los clientes podrán acceder al servicio de alquiler de bicicletas desde la puerta principal del hotel y pedalear por el carril bici que pasa justo delante del establecimiento. Circulando por la ribera del Guadalquivir se puede llegar hasta el centro y disfrutar de las vistas de los principales puntos turísticos en pocos minutos.

La capital andaluza es una de las mejores ciudades del mundo para desplazarse en bicicleta debido a su clima agradable y lo llano de su orografía. El carril bici de Sevilla cuenta con 140 km y es considerado el mejor de España y el cuarto de Europa, lo que está consolidando a Sevilla como un referente internacional de la movilidad sostenible.

El hotel también ofrece este servicio a los organizadores de eventos para incluir en sus reuniones, convenciones y eventos actividades en bicicleta o simplemente una alternativa de transporte ‘verde’ a sus asistentes.

Imagen tomada de imd.sevilla.org

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Mira el canal de YT de Santa Fixie y toma ideas

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En Unboxing os mostramos de forma divertida cómo es un producto.

Las vacas sagradas de Ámsterdam

El imaginario que tenemos de la India, aquellos que no hemos tenido la fortuna de visitarla, nos habla de paisajes cargados de personas, en fluido orden y armonía, en torno a su río por donde pululan vacas que gozan de estatus divino y sagrado. Todo pasa por el respeto a estos animales. Sin saber el motivo de tal proceder, no es menos cierto que esta creencia, contada de película en película, de documental en documental, la tenemos bastante asentada.

Este verano tuve ocasión de pasar unos días de Ámsterdam. Ciudad bella, perfectamente trazada, orientada al negocio y bienestar, desprovista de los prejuicios y susceptibilidades que lastran otros lugares. Su milagrosa condición, ser una gran urbe con el mar amenazante de invadirla, no le impide transmitir un aire plácido, tranquilo y plano, muy plano, un lugar perfectamente “ciclable”.

Y así es, si hay un elemento sagrado, quizá por la vinculación comercial del lugar con oriente, en Ámsterdam son las bicicletas, las auténticas vacas sagradas de la ciudad de los canales. La jerarquía que entendemos en España de organizar todo con el peatón como primer elemento, es discutida a cada paso que damos por la capital holandesa. Ser peatón en Ámsterdam no es sencillo, pero no crean que hay conflicto con el ciclista, no, se acepta y punto.

Ríos, sin exagerar, ríos de ciclistas van, vienen, suben y bajan por Ámsterdam. Conocedor de muchos lugares en este viejo continente, incluso algunos dicen con raigambre ciclista, como las ciudades belgas, no he visto nada similar a la urbe neerlandesa. Es una invasión, pacífica sí, si quieren sutil, aunque no tanto, pero una invasión en toda regla que por ejemplo ha sacado el coche particular de su bello y enrevesado centro histórico. Logro que ya quisiéramos aquí.

Llegar a la estación central y al salir ver un parking sin paredes donde se almacenan en minucioso orden y colocación miles de bicicletas, todas candadas y poco menos que apoyadas unas otras es hacer la inmersión en una ciudad absolutamente diferente a todo lo que habíamos visto.

Ya en los años setenta Ámsterdam ofrecía estas pioneras imágenes, pero cualquier paso que se dé en el lugar supera con creces lo que el vídeo refleja. Dicen que aquí un 70% de los desplazamientos se hacen en bicicleta, me parece que el porcentaje se queda corto pues en verano, con una temperatura agradable y una ciudad sin más cuestas que algunos puentes de la zona nueva de canales, nadie se escapa a pedalear por este vergel de la bicicleta. En invierno la cosa cambia, pero no tanto como podamos imaginar. Pregunto a un taxista por las bicicletas con el frío: “Los días que nieva las dejan en casa, pero al siguiente día, una vez ha pasado lo peor vuelven a salir al unísono”. Con la naturalidad de las flores en primavera.

Un vergel por cierto que no muere en las calles, ni en las aceras en las que el peatón acepta con estoicismo puntuales invasiones de ciclistas urbanos, la cultura ciclista de este lugar se impregna en lugares, escaparates, tiendas y librerías, sobretodo librerías, ese lugar al que un servidor quisiera ponerle ruedas parar traérselas directamente a casa por la cantidad de libros, buenos libros, que sus estanterías ofrecen.

Por cuestiones de azar lo pude comentar con Pedro Horrillo, quien por cierto tiene su libro traducido al holandés por la salida que allí encuentra. Si el aficionado belga gusta de chips, cerveza y cuneta, el holandés da un paso más allá, y se entrega al placer de leer ciclismo, algo que en España mucha gente está descubriendo por la creciente oferta que ha entrado en el mercado. Esperemos que esta cultura cale. Hay muchos elementos que invitan a pensar que así puede ser.

PD Este artículo está escrito desde la más estricta ingenuidad. Sabía que iba a un sitio donde la bicicleta se apreciaba, pero no hasta el punto de empequeñecer el rol del peatón como nunca hubiera imaginado.

Imagen tomada de www.disfrutandoelmundo.com

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Si el domingo queréis competir, esta carrera es por una buena causa 

KSIX patrocinador de la 5º edición de la Carrera solidaria Nick Sport, que se organiza dentro de las Fiestas del barrio de Horta el día 21 de Septiembre, en solo 5 años se ha convertido en un referente solidario cuyos beneficios por segundo año consecutivos irán destinados al Instituto de Trasplante de la Vall d’hebron de Barcelona.

En pasadas ediciones los beneficios fueron destinados a la Fundación Josep Carreras contra la Leucemia y Caritas. La intención de esta carrera es crear un acto lúdico y deportivo abierto a todo el mundo para promover el deporte y la salud.

nick

Mª José Moscoso Atleta trasplantada hepática es la responsable de la organización del la carrera.  En Enero del 2013 le diagnosticaron un cáncer hepático y 3 meses después de una operación le comunicaron que tenían que realizarle un trasplante de hígado.

Tuvo que dejar el deporte profesional i comenzó una nueva etapa en su vida, pero con unos objetivos fijos; la lucha contra el cáncer ayudando a personas que estén pasando o que han pasado  por algo similar.

El objetivo de la carrera es colaborar con el IRVH (Instituto de investigación de la Vall d’Hebron), para que la investigación en el cáncer hepático ayude a mejorar los tratamientos y la calidad de vida de los pacientes, otro objetivo es concienciar a la población, afectados o no, de la necesidad de practicar deporte y llevar una vida saludable, para prevenir enfermedades y vivir mejor.

La carrera

– Carrera atlética de 5 Km en su 5º Edición, abierta a todo el público, dentro de las fiestas de Horta.
-Salida desde C/ Tajo y llegada a la Plaça Eivissa. Tendrá cronometraje oficial con Champion Xip y 1 h de tiempo para terminarla.
-Carrera especial  de 1.5 km para niños con síndrome de Down