Los Schleck no necesitaban a Sastre para quedar retratados

Capital de ciclismo JoanSeguidor

De los hermanos Schleck, si uno se salvaba era Andy

No sé si Carlos Sastre esperaba que su Tour de Francia fuera a ser tan recurrente en estos tiempos que corren.

Mientras el ciclismo se lame las heridas de todas las cancelaciones que el coronavirus le ha propiciado, el Tour de 2008 vuelve cíclicamente a la palestra sin que su ganador hay dicho esta boca es mía.

Hace unos días el documental de Lance Armstrong ya puso el dedo en la victoria de Sastre hace doce años, tono soez, despectivo y macarra para decir que si Sastre ganaba el Tour, cualquiera sería capaz.

 

Esta semana nos despachamos unas declaraciones de Kurt Asle Arvesen, el corredor que evitó que Oscar Freire fuera medalla de oro en el mundial sub 23 de San Sebastián, que muchos años después formó parte de ese equipazo, que era el CSC de Bjarne Riis, desde el que Carlos Sastre se llevaría su Tour de Francia.

Arvesen, que en ese Tour ganó una etapa escapado la primera semana, dice que la victoria de Sastre fue una humillación para los Schleck y que nadie en el equipo sabía de las intenciones del abulense el día que asaltó el liderato en Alpe d´ Huez.

Sobre lo primero hablaremos un poco más abajo, sobre lo otro, describiendo el ambiente del equipo como lo describe, estaba claro que si Sastre quería hacer algo ya podía prescindir del equipo y su consenso.

El ataque de Carlos Sastre en la base de Alpe d´ Huez sería inesperado por los compañeros de equipo, pero se hizo con luz y taquígrafos, los dos hermanos luxemburgueses los vieron, como el propio Dennis Menchov, que trató sin éxito seguirlo, y ojo que no hacía ni un año que el ruso le había propinado una contundente derrota al abulense en la Vuelta.

Lo vieron los Schleck, y también Cadel Evans, nadie pudo seguirle, y luego cuando abrió hueco, voló.

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No cabía ser un genio para ver aquello incomodaba a muchos, especialmente a los hermanos, Andy no paraba de mirar a un lado y otro, Frank, tampoco estaba a gusto, pero Evans les enfriaba cualquier tentativa de ir a por Sastre.

Carlos Sastre tenía una cosa, es que hablaba en la carretera, un par de años antes las dudas de Riis en la monstruosa cabalgada de Landis, le había privado, quién sabe, de ganar el Tour, esta vez no quería prisioneros.

Bien que hizo.

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Pero al margen del glamour de Sastre, de su imagen más allá de los Pirineos, donde parece cundir la necesidad de ningunear su éxito, los hermanos Schleck, pobres, fue la historia de dos talentos que dejaron mucho por hacer respecto a lo que podíamos proyectar desde que supimos de ello.

Muy limitado en la contrarreloj, Frank Schleck fue uno de los ciclistas más sobrevalorados de su generación, tenía clase, tenía calidad, pero verle ganando el Tour era una quimera que el tiempo demostró.

Sus palmarés, con una Amstel, etapas en el Tour, entre ellas Alpe d´ Huez, incluso una en la Vuelta, es bueno, pero cabe decir que Carlos Sastre estaba en otro nivel.

Subió al podio del Tour lastrando las opciones de su propio hermano, porque Cadel Evans no era superior a Andy en aquella edición.

Su padre, profesional en el Bic de Ocaña, dio por buena la foto de un segundo y tercero, antes que uno de ellos de amarillo en París.

Otra cosa es Andy, un ciclista afilado y eficaz en la montaña, que hacía daño con ese estilo bailarín sobre la flaca, acompasado y elegante.

Ganó poco, muy poco, entre otras cosas aquella Lieja con ataque de largo radio, hay que ser muy bueno para hacerlo posible, sólo cabe mirar cuántos llegaron solos a Ans, cuando este muro fue la llegada.

¿Qué decir del Galibier 2011? una de las mejores etapas de la década

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En el Tour lo centró todo, al punto de rechazar gran parte de la campaña, sacrificando un palmarés que podría haber sido mucho más amplio.

Parecía que su duelo con Alberto Contador iba a durar un lustro, pero se resumió a un par de Tours, el primero para el madrileño, el segundo para el luxemburgués.

Es curioso, si Andy no hace gran apología del Tour que ganó por la sanción de Contador, éste muchas veces lo cuenta como suyo.

Sea como fuere, pocos hermanos tuvieron tanto poder en el pelotón, sin embargo, pensar en mayores y decir que si Sastre les privó de algo resulta alejando de la realidad.

Cabe ver un par de carreras para situarlos, al margen de aquel Tour de 2011, en el que corrieron de forma penosa, la Lieja de aquel mismo año, cuando Philippe Gilbert se bastó para escaparse con ambos y ganarles un monumento.

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¿A dónde habría llegado el duelo Contador- Andy Schleck?

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El pulso Contador vs Andy Schleck fue más efímero de lo esperado

La etapa del Mont Ventoux del Tour 2009 que recuerda Teledeporte esta tarde de sábado en el que los ciclistas han vuelto a salir es una de esas fotos que, viéndola ahora, da la dimensión de lo cambiante y complicado que este esto del alto nivel del ciclismo.

Recuerdo que al año siguiente, cuando Andy Schleck y Alberto Contador se iban solos en la ascensión a la Madeleine, Carlos de Andrés acertaba a decir: «Miren esto, es el duelo del ciclismo en los próximos años».

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Todo apuntaba a una rivalidad legendaria entre Contador y Andy… 

Una rivalidad hispano-luxemburguesa que no hablaba de una «deal» automovilístico pero que hundía raíces en historias de dualidades que habían hecho grande este deporte.

Un mano a mano en la mejor carrera que quedó ahí, en esos años.

Para la siguiente vez que el Tour subió el Mont Ventoux, los capos eran otros, respondían al nombre de Chris Froome y Nairo Quintana que llevaron hasta la cima pelada uno de los duelos que mantendrían casi tantos años como Contador y Andy Schleck.

Y es que en dos años, ese pulso memorable que tomó forma en 2009, tocó cénit al año siguiente y languideció en el Tour que ganaría Cadel Evans, quedó en la memoria de los más acérrimos al madrileño.

Si preguntas por el rival antagónico de Contador, seguro que Andy Schleck será la respuesta, una respuesta sin embargo que en los libros no se respalda.

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Por su forma de correr, era complicado competir a tope con el luxemburgués, un talento enorme, una clase afilada, que lo jugó todo al Tour hasta empezó su declive en 2012, con Alberto Contador sancionado por el positivo de 2010 y el Team Sky desembarcando en el Tour.

¿A dónde habrían llegado ambos juntos?

Sin duda mucho más lejos de lo que hemos visto, un dominio que no ha sido tal en el tiempo pero que sigue perenne en nuestra memoria.

Y es que esto es tan complicado que las previsiones quedan en papel mojado al capricho del destino que maneja la voluntad de esta gente.

Por eso, cabe valorar que de ese grupo de grandes que abría camino en el Ventoux hubo quien se perpetuó en el tiempo, Vincenzo Nibali, por ejemplo, imberbe en ese monte pelado y hoy ganador de cuatro grandes y muchos podios.

Estar en este negocio mucho tiempo son años de salud.

Imagen: Pinterest

Lo que pudo ser Andy Schleck

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Hace nueve años se decía que el ciclismo estaría entre Andy Schleck y Alberto Contador pero…

Estos días que hemos presenciado la victoria de Jesús Herrada en el Tour de Luxemburgo, hemos visto a Andy Schleck en alguna imagen de podio…

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Nada que ver con aquel fino ciclista, de afilado rostro, acentuado su cabe, por su corte de pelo.

Andy Schleck es el director de organización de la carrera que acaba de ganar Jesús Herrada.

Sigue vinculado, el pequeño de la saga luxemburguesa, al ciclismo, tanto por su empresa, como por la organización de la vuelta al pequeño país.

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En Luxemburgo no han habido muchos ciclistas, pero los que han pisado en profesionalismo han dejando huella.

Desde el lejano, pero legendario Charly Gaul a los hermanísimos, pasando por Kim Kirchen, quien tuvo que dejar el ciclismo de forma precipitada.

Escuchar a Purito narrar el día que le dio un achuchón al corazón por sus problemas cardíacos, pone los pelos de punta.

Kirchen era un ciclista con un final en subida importante, y en aquella época de Katusha estaba realmente fuerte.

Lo tuvo que dejar prematuramente, como Andy Schleck.

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Lo cierto es que el rubio escalador surgido del ducado fue uno de esos corredores que, vistos hoy, resultan casi icónicos.

Subió y bajó con el mismo estrépito.

Ya estás apuntado para La Cerdanya Cycle Tour??? 

Nadie en el pelotón dudaba que era uno de los corredores con más talento.

Desde el minuto uno que sonó el nombre de Andy Schleck en las grades esferas, desde ese Giro de Italia que acaba en blanco, como mejor joven.

Doce años de aquello ya, nos hacemos mayores.

 

Recuerdo la jornada de Madeleine, Tour de 2010, cuando Andy y Alberto Contador meten tierra de por medio al resto de rivales.

Recuerdo que todos asistían: estamos ante el duelo que marcará el futuro inmediato del ciclismo.

Un año antes Andy Schleck había estado muy lejos de Contador, aunque acabara segundo.

Esta vez era otra historia.

Cuando Andy Schleck atacaba Contador iba tieso, hasta la misma crono de Burdeos no pudo atar un triunfo que le duró poco, por el «caso chuletón».

Así le cayó a Andy Schleck todo un Tour de Francia.

Una carrera que no pudo defender al año siguiente porque sencillamente Cadel Evans apostó todo lo que era por la victoria.

 

Mientras Andy Schleck jugaba al ratón con Contador, el australiano iba haciendo, y no le sirvió ni la antológica victoria del Galibier, previo ataque en el Izoard para ganar el último Tour que tendría a su alcance.

Porque luego vino lo que ya sabemos, una pesadilla de lesión de rodilla y una mente que no parecía lo suficientemente fuerte para aguantar los gajes de este oficio.

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Andy Schleck, el que ahora dirige la vuelta de su país, se retiró a los 29 años, cuando era una estrella, un ganador del Tour en activo y otras muchas cosas más.

En él vemos lo complicado que es todo esto, la miseria que se pasa, incluso cuando eres una rutilante estrella.

El precio no es alto, es elevadísimo y estar a cierto nivel, tantos años reviste un mérito que nos somos capaces a entender.

Lo que pudo haber sido Andy Schleck…

Foto: FB de Skodatour

 

#LeCahier Peter Sagan hace suyo el espectáculo

Peter Sagan logra su primera etapa en el Tour 2017

Sagan, siempre Peter Sagan: 1600 metros de subida que ha dado mucho de sí en un camino que no ha sido igual para todos. Entre el repertorio de triunfos de Peter Sagan surge éste, en el vértice entre Francia, Luxemburgo y Bélgica, un éxito escrito desde el suspense y surrealismo. Peter Sagan se basta y se sobra para controlar, lanzar primero, salírsele el pie derecho del pedal, reponerse y seguir sprintando para entrar haciendo circulitos y carantoñas, mientras rivales exhaustos le miran con cara de póker.

No lo tenía sencillo, era una llegada con muchas novias, entre otras su bestia negra, Van Avermaet, pero ni con esas, a la tercera etapa el eslovaco que sube al podo con gafas de esquiador lleva ya un triunfo y apunta al verde, quiere que la leyenda de Erik Zabel quede en un segundo renglón. Peter Sagan está a una de las cien victorias.

Las caídas de Romain Bardet: segunda jornada en línea y segunda caída de Romain Bardet, quien tuvo que emplear varios compañeros y hasta un coche de equipo para hacer lo que muchos ven bien y normal, un “tras coche” de libro que le devolviera al pelotón. Hace mal en jugar con fuego el ciclista de la Auvernia pues ya arrastra una expulsión por querencia por el coche como medio para su fin,…

Contador en la tierra de Andy: Luxemburgo, ese pequeño país centroeuropeo bendecido por la bondad fiscal para quienes le lleven el dinero, fue atravesado de norte a sur para deleite de los nostálgicos de Andy Schleck, el ciclista rubio con tez de Peter Pan que apareció en varios cortes durante el día. Recordará Contador sus días de rivalidad con quien se dijo iba a ser su oponente durante años. Aquello fue efímero, casi tanto el tiempo que duró Contador a rueda de Richie Porte en el tramo final. El tasmano fue el único grande que puso ritmo, el resto se escondió y el madrileño, haciendo una sonada retirada.

#LaProchaine: 207 kilómetros entre Mondorf-les-Bainx y Vittel, ahí donde el agua, en una etapa llana, sin mayor aliciente que el hueco que el pelotón tenga a bien darle a una fuga. La revancha de los rivales de Kittel en Lieja y día de afilar cuchillos entre los grandes nombres, en capilla para la Planche des Belles Filles.

Imagen tomada del FB de Bora-Hansgrohe

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La renovada fe alemana en el ciclismo

Ya no hay un Schleck en el pelotón

Haciendo un poco de spoiler. Mir, el “bigotes”, habla muy bien de Johny Schleck en su periplo ciclista, cuando coincidieron ambos en el Bic de Ocaña, pero también de Leblanc y Echávarri. Por aquellos años Johny era un buen doméstico que se distinguía por especular poco a favor de sus líderes. Con los años prolongaría la saga con Frank, primero, y Andy posteriormente. Cuando en 2003, Frank dio el salto al profesionalismo, treinta años después que su padre, se cerró el círculo. El apellido Schleck no era uno más en el pelotón, como otros pocos traspasó generaciones y volvió al redil.

En breve ya no habrá Schlecks en el pelotón. Frank deja el ciclismo, unos años después que su hermano. Ambos tocaron la cima en 2011, cuando se contentaron con ser segundo y tercero en un Tour que perfectamente podrían haberle ganado a Cadel Evans, si no fueran los ciclistas más desconcertantes que nos ha tocado disfrutar.

Frank ha tenido una prolífica carrera, sus logros no son muchos, pero sí buenos, una Amstel, la victoria en Alpe d´ Huez, el mentado podio en el Tour, una etapa en la Vuelta, buenas clasificaciones, sobre todo en el Tour, la carrera por la que suspiró a pesar de no tenerla nunca en su radar, porque era un pésimo contrarrelojista.

Mirando atrás, por eso, este luxemburgués de alargada tez y marcadas cuencas oculares ha sido uno de los ciclistas mejor tratados, por un acuerdo tácito que no acierto a entender, por eso que se llama la “familia ciclista”.

A sus nunca reconocidas limitaciones, fue favorito cuatro estrellas al Tour varias veces a pesar de ser, como dijimos, un negado en la lucha contra el reloj, se añadió el exitoso requiebro que planteó a la caza de brujas del ciclismo cuando salió airoso de un pago a Eufemmiano fuentes, que admitió sin más, por el vago, difuso e impreciso concepto de “asesoramiento”.

En un ciclismo en el que esquizofrenia fue moneda de cambio durante mucho tiempo -ahora parece, crucemos los dedos, que las cosas están algo calmadas- salir indemne de una historia así es realmente curioso y deja más preguntas que respuestas. Que cómo lo hizo, pues no lo sé, lo cierto es que su fortuna se escribe con letras bien marcadas y en mayúsculas.

Son estas cosas de este nuestro ciclismo, el que sufrimos y disfrutamos cada día, que nos dejan perplejos, que demuestran que el mundo es imperfecto y que salvo contadas ocasiones estamos muy lejos de saber la verdad de lo que nos rodea. En fin, Frank tomó la senda de su hermano, ya no hay Schlecks en el pelotón,¿hablaremos de una tercera generación en unos veinte años?

Imagen tomada de www.gentside.com

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El Bkool Go está en capilla para salir

Carlos Sastre fue la mejor ganancia de Saxo Bank

Cuestiones de mercado, posiblemente internas, e incluso diría que intestinas, han empujado a que Saxo Bank deje, no sé si definitivamente, el patrocinio ciclista. La convivencia siempre complicada con su compañero de cama, el tan excéntrico como imprescindible para el ciclismo, Oleg Tinkov, ha allanado el camino de algo que se barruntaba desde la expulsión de Bjarne Riis, tipo nefasto para este deporte, del equipo hace unos meses.

Saxo es un banco de inversión sito en Dinamarca que desembarcó en el ciclismo hace menos de ocho años. Fue en vísperas del Tour de 2008, junto a la firma CSC, la que apadrinó el antiguo Jack & Jones de Riis, hasta que el propio Saxo tomara las riendas a partir de 2009. Tres años el banco estuvo de primer patrocinador y en estos años ha tenido a su amparo a ciclistas como los Schleck, Fabian Cancellara y Alberto Contador, como hombres destacados hasta que a partir de 2012 entrara en el copatrocinio con Tinkoff.

Sin embargo y a pesar del relumbrón de los citados, creo que es de justicia decir que la mejor ganancia que se ha llevado Saxo del ciclismo tiene nombre y apellidos abulenses: Carlos Sastre Candil.

En efecto, el discreto ciclista de El Barraco, que hoy vive en el calor familiar y los proyectos solidarios de su fundación, fue un día ganador de todo un Tour, algo que fácilmente olvidamos y que sin embargo nunca debemos perder de vista. Fue como sabéis hace siete años, ya, y estos días que apuramos la obra de Alpe d´Huez de Peter Coussins, hemos podido recrear las claves de aquella carrera que un día explotó desde la base de la mítica montaña para traer todo un Tour a Avila.

Porque aquella edición salió sin vigente ganador, Contador, entonces en Astana, no pudo ser de la partida porque su equipo estaba sencillamente vetado. En ese panorama las miradas viraron a Cadel Evans como principal favorito y en una menor escala un serial de ciclistas como Vandevelde, Kirchen o los hermanos Schleck.

En Alpe d´ Huez Sastre atacó pronto, desde abajo prácticamente. Tras un trabajo de manual de Cancellara, Gustov, Voigt, O´ Grady,… la carrera llegaba rapidísima y con la gente tocada. Sastre, segunda baza con Frank Schleck de amarillo, fue el primero en mover pieza porque así obligaba a la reacción de Evans. Aunque Menchov se le soldó a rueda, el segundo acelerón de Sastre fue suficiente para dejarlo y ganar en la cima.

Por detrás de él, un rosario de dudas y nervios. Mientras Frank se desesperaba al ver la horchata que corría por la sangre de Evans, Riis invitó a Andy a saltar, cazar a Sastre y llevarle más arriba aún. Ni Andy quiso dejar a su hermano solo y de amarillo, ni Sastre estaba para esperar a nadie.

Para los hermanos, a pesar de que ganó el equipo, fue un día negro, pues quedaron fuera de toda órbita por el amarillo y la victoria final. En el juego de tronos del CSC, Sastre tenía la carta marcada y se llevó la mano. Todo al rojo e impar.

El abulense logró ese día, prácticamente al inicio del periplo del banco danés en el ciclismo, su mejor rédito en el ciclismo. Hubieron de venir más triunfos, el Tour de rebote de Andy, la Lieja de éste mismo, Flandes y Roubaix de Cancellara, la Vuelta de Contador,… pero un Tour ganado de primeras, con un golpe de efecto como el de Alpe d´ Huez, como el de Sastre, eso sólo lo logró un corredor que encontró la discreción una de sus bazas más consistentes para que siempre le apreciáramos.

Saxo deja el ciclismo y su mejor renglón fue el primero, el más lejano…

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El desconocido oficio del padre de ciclista

El otro día cotilleando por twtter me encontré esta foto de Andy Schleck aupando a su hijo. Exciclista profesional, de éxito, recién retirado, ganador de un Tour -aunque fuera sin coronarse en París- enseñándole a su pequeño. A ello se le añade el peso familiar, su hermano, el tito Frank, uno de los corredores más sobrevalorados de la historia, y el abuelo, el papi de la colección, también se vinculan al ciclismo. Entiendo que si el pequeño Schleck sale ciclista, tendrá el argumento en los genes.

Hace un tiempo, al calor de la rabia de la muerte de Victor Cabedo, escribí esto:

Esto es el ciclismo de bambalinas. No lo conocemos, pues lo padecen en silencio sufridos padres que asienten ante las obligaciones de sus chavales para con la bicicleta, la carretera y el ciclismo. Suena duro. “Respiras hondo, menos mal”. Momento en que ves al chaval tras llegar de entrenar o cuando le recoges en la carretera porque ha pinchado en medio de la nada.

Así es la rutina en la casa de muchos de los críos que salen diariamente a intentar ganarse la vida sobre una bicicleta. Los que somos padres nos estremecemos cuando oímos relatos así. La carretera, el vivero de ciclistas, se ha convertido en territorio hostil. Quedan otras opciones, surgen circuitos cerrados, pero no son más que apaños para intentar retrasar lo inevitable, que no es otra cosa, que un día cojan su máquina y se lancen al asfalto a hacer kilómetros.

Semanalmente, casi como en la violencia de género, oímos sobre la muerte de un ciclista. El caso de Víctor Cabedo emerge por su condición de ciclista profesional, pero también por los muchos buenos amigos que dejó por el camino. Sin embargo, la cantidad de ciclistas anónimos que alimentan la mortandad es alarmante

Es curioso, el otro día Jesús Ruiz, el presi del Sant Boi, nos explicaba la importancia de los padres. En el libro de Ainara Herrando hay un capítulo, el de Purto, que se basa en los padres, al menos la mitad del mismo con especial atención a su padre, cuyas lecciones y collejas a tiempo dieron resultado: pocos ciclistas demostraron la grandeza del catalán en el momento de perder como lo hizo en la Vuelta de 2012, cuando Contador giró la suerte de una carrera que parecía de Joaquim.

El padre es valedor abnegado, persona cómplice, pero en la distancia, un auténtico sufridor. No quiero saber del escalofrío que recorrió a los Tondo el día que perdieron a su Xavi. Quienes tenemos un enano pululando por el mundo lo podemos imaginar, aunque someramente.

En este mal anillado cuaderno a veces hemos intentado recordarles que el niño, antes que ciclista es persona. Que exprimir a un jovenzuelo con una flaca entre las piernas puede ser erróneo, que los niños nacen, crecen y eligen lo que quieren ser. Si el ciclismo se les impone, lo dejan. Hay gente experta en el tema, personas que no respiran por los críos, viven para ellos, por eso lo mejor es dejar al chaval crecer solo, inculcarle los valores que le hagan digno de respeto y cruzar los dedos para que cada vez que se le vea salir por la puerta no sea la última.

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9.2014 El pelotón de los ausentes

Se llama Dieter Senft. Se le abrevia “Didi”. Le conocemos por ser el diablo que espolea a los ciclistas. Solía ubicarse cerca del triángulo rojo de último kilómetro. Se acompañaba de una bicicleta enorme, uno de sus ingenios, auténticos iconos del ciclismo contemporáneo. Chillaba, enloquecía con la caravana, del primero al último. Le patrocinaba, entre otros, la firma de accesorios automovilísticos de Luk. Precisamente fue la falta de apoyo económico, unido a una salud no tan boyante, el principal motivo para dejar al lado el ciclismo. Muchos le echarán de menos, no son pocos los que se le buscaron en las cunetas para retratarlo o retratarse con él. Sin ir más lejos, el amigo Antonio Alix lo lleva en su perfil de twitter.

Pero el ciclismo pasa página, sigue, con el diablo o sin él, 21 años después de que aterrizara para sembrar de excentricidad cada final de etapa con un dominio del tiro de cámara que ni Jaume Mir, el famoso bigotes que siempre aparecía como el primer utilero de los ciclistas desde los tiempos de Luis Ocaña hasta hace bien poco. El ciclismo sigue sin este personaje y sin un puñado de buenos ciclistas porque si hace un año el recuento de bajas definitivas en el pelotón era de impresión (desde Dennis Menchov a Andreas Kloden) el de este año amasa un palmarés complicado de igualar.

Si echáramos la vista a 2011, sólo tres años atrás, estaríamos pasando revista a un año que estuvo dominado, en lo que al Tour se refiere, por Cadel Evans y Andy Schleck. Entonces ambos eran el faro, hoy reportamos su retirada. En el caso del luxemburgués la retirada está consumada. La hizo efectiva no hace poco dando por finalizada una de las trayectorias deportivas que quedarán para los tiempos como incompletas. En Andy concluyeron muchas circunstancias, pero dos pudieron torcerle del camino: una obvia omisión de los sacrificios que algunos de sus rivales nunca esquivaron, sumada a los problemas físicos que nunca pudo superar desde aquella caída en la Dauphiné.

Andy nos ofreció en el Tour de 2011 la que podemos considerar la última etapa genuinamente legendaria con una cabalgada desde el Izoard al Galibier, que engrandeció esos colosos últimamente tan vilipendiados por la conservadora actitud que embriaga ciertos pelotones. Aquella jornada en el otro lado del cuadrilátero estuvo Cadel Evans, un corredor que colgará la bicicleta en escasas semanas, justo cuando finalice el Tour Down Under que abre la campaña del World Tour. Evans ha sido campeón del mundo, ganador del Tour, podio en las tres grandes, un excelente competidor y sobretodo honrado campeón. No lució como otros, porque quizá nunca quiso jugar con fuego. Eso obviamente se paga, y caro, pues su condición de oportunista le ha valido grandes críticas, sin embargo ha volado alto, muy alto y ha sido un ejemplo de trabajo y constancia.

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En otro orden se ubicó Thor Hushovd, también un excepcional ciclista con una trayectoria que ofrece dudas, y no pocas, pues su forma de hacer, muchas veces agazapado, le ha podido dejar sin más éxitos de los logrados. No obstante es un grande de su tiempo, como querría haberlo sigo el ciclista por tomos David Millar, al fin retirado y sin terceras partes por escribir. Con una sanción y una historia ciertamente recomendable para leer, el cazador cazado ha sido una figura clave para entender la doble moral e injusto rasero que ha marcado este deporte en sus últimos años. Como su director, Jonathan Vaughters, desprende un tufo de arrepentimiento interesado, si bien celebraríamos que su ejemplo sirviera a alguien como sí ha servido el de Jens Voigt, un ciclista con un palmarés curioso pero con honras de leyenda en su retirada.

En España, dos ciclistas de gran recorrido dicen adiós. Por un lado José Iván Gutiérrez, un contrarrelojista de los que no tiene este bendito país que un día amamantara “Olanos”, “Indurains” y “Mauris”. De ellos bebió el cántabro que pisó un podio mundialista, plata en la crono de Madrid 2005, y ha sido fijo en los esquemas de Unzué con Tours en los que más que andar voló, recuerdo aquel de 2007 y su trabajo para Alejandro Valverde. También lo deja Juanma Garate, un corredor que a su retiro se lleva secretos que pagaríamos por saber. Con él cuelgan la máquina un buen ciclista como Juanjo Oroz y un velocista muy querido por estos lares, por lo raro de ser velocista y español, hablamos de Koldo. Están en el alero Samuel Sánchez y el inclasificable Juanjo Cobo. Están pero no están, las semanas darán su futuro.

Y con esta breve descripción de algunas de las figuras que abandonan el pesebre, os dejamos, la próxima vez que entre un post en este blog será 2015, un año que espero os resulte estupendo.

Imagen tomada de avaxnews.net