Chris Horner y el estigma de la Vuelta a España

Anda el ganador titular de la última grande del año sondeando las redes sociales en el empeño de conseguir equipo. “Hombre blanco, majo y despoblado de cabellera ofrece un triunfo nada menos que en la Vuelta a España para seguir su trayectoria profesional,…”.

Muchos ven en el caso de Chris Horner la toma más plausible del mal momento que vive el ciclismo. Yo veo un poco de todo. A obvia crisis, importante a nivel internacional e insufrible en clave doméstica, se le suman elementos varios como la edad, la solidez del corredor, sus argumentos ante ese llamado desgaste de la edad, su pasado con gente de poco esplendor, su presente sorprendentemente bueno,… y una cosa en la que pocos reparan pero que seguro tendrá que ver, el estigma de la Vuelta.

Hace unos años, cuando Álvaro Pino, Lucho Herrera, Eric Caritoux y otros buenos ciclistas se enfundaban el entonces último maillot amarillo de la gran carrera hispana tenían un pasaporte si no a la felicidad económica, sí muy próximo a ella. Eran corredores que una vez ganaban una grande como la Vuelta recibían un status que entonces se consideraba muy por encima de la media. A la abundancia de equipos en la época, se unía el éxito para que acabaran siendo ciclistas indiscutiblemente deseados en el mercado.

Pero con el cambio de siglo, sí curiosamente  a partir del año 2000, las cosas no han resultado sencillas para el ganador de la Vuelta a España. Vemos que desde entonces quienes han portado la última prenda de líder no han sido ciclistas caídos en gracia. Antes la carrera era en abril y existía la conciencia de que se disputaba con todos los ases a tope, ahora en septiembre parece que son los restos de la temporada, larga y ancha.

En un caso similar al de Chris Horner se hallaron dos corredores. En 2001 Angel Casero ganó la Vuelta en el descuento a Oscar Sevilla con aquella historia jamás aclarada de las bielas de Eufemiano Fuentes. Casero se creyó Dios y jugó a serlo, quien quisiera ficharlo debía rascarse el bolsillo y acabó casi por accidente en un engendro llamado Coast en el que sus integrantes cobraron mal y tarde, si es que cobraron lo que se les adeudó. Luego estuvo el sonoro caso de Juanjo Cobo, innombrable ciclista que hace dos años fue reclutado para Movistar a precio de saldo, una vez se vio que ni tenía sitio en el pelotón por mucho que luciera en la solapa toda una Vuelta.

Pero no sólo eso, Otros ciclistas también probaron la maldición invisible pero palpable de la carrera. Miren Roberto Heras y el positivo, con los años ya no sé si desmentido o no, que le cayó tras ganar en 2005. Un año después Alexandre Vinokourov ganaba la carrera en capilla de dar un positivo como una catedral en el Tour. Alberto Contador ganó en 2008 culminando un doblete con el Giro y producto de la no aceptación de su equipo en el Tour de Francia.

Ya lo ven con estos antecedentes y el nada amable trato que le hemos dispensado, Chris Horner ya puede tirar de historias increíbles y rendimientos indescifrables para perlongar su carrera deportiva, esa que va camino de los 43 añitos, nada menos y contra toda lógica.

Foto tomada de www.ruedalenticular.com

La mancha que llega al Chava Jiménez

Nunca pude escribir sobre José María Jiménez, el Chava. Fue un ciclista que a mí personalmente no me gustó. Hablo en lo deportivo. En lo personal no pude convivir con él más allá de alguna entrevista. No me gustaba por lo errático de su trayectoria. Capaz de lo mejor y lo peor en 24 horas, la regularidad no fue su virtud. Creció a golpe de talegazos de genio. Cuánto gustaba entre la prensa. Entre cierta prensa.

Recuerdo la primera vez que la Vuelta a España subió el Angliru. Decir que hubo expectación, mucha expectación, por ver a los corredores retorcerse en la ya célebre cima astur es quedarse corto. En una etapa calada por la lluvia, la ascensión se hizo casi en la penumbra, pues era imposible ver ciertos tramos de la subida por la niebla y las dificultades de las conexiones. Parecía que iba a ganar Pavel Tonkov, el primero en coronar, pero no. El Chava tuvo uno de esos aires que levantaban la parroquia y superó in extremis al ruso.

Cómo gritaba Manolo Lama, el mismo que le tiró una propinilla a un mendigo alemán, en meta. A los micrófonos de la Cadena Ser, el cortesano narrador de los partidos del Real Madrid, ahora en la Cope, vivió, casi durmió con el Chava esa jornada. “Chava,  hoy he estado más tiempo contigo que tu propia madre” le espetaba en antena. Dios qué torrente de emociones agolpadas. Qué furor. Quizá se ofreció a secarle el sudor confundido con el barro.

Les gustaba llamarle el “Curro Romero del ciclismo”, tardes de gloria sucedidas de miseria deportiva. Un día arriba, al siguiente anónimo y escondido. Anidaban la emoción del momento. Se la pelaba lo que hubiera detrás. Hoy las cosas son muy diferentes y aquel desmesurado trato se torna en conjeturas de vecindario.

Este martes el diario As publica una entrevista con el vecino íntimo de Jesús Manzano. Cualquier siembra de sospecha que sirva para redondear la arista morbosa de un diario es perfecta si se vende un ejemplar más. Al parecer el vecino del exciclista vio al Chava cuando Manzano le recomendó las terapias de Eufemiano Fuentes. Fue en 2001, el año de las famosas bielas de Sevilla y Casero. Al parecer el galeno canario no dio abasto ese mes de setiembre.

El artículo se ilustra con una foto de Manzano con José Luis Montoya, como una de esas que la gente se saca cuando viaja por ahí. Viene firmado por Juan Gutiérrez, autor del serial de Manzano y sus prácticas de dopaje hace nueve años por estas fechas (esos días que el As abrió con una portada donde un defensa del Sevilla decía esperar a Zidane con un cuchillo en la mano o en la piñata, no recuerdo). Todo muy convencional.

El periodista, jefe de polideportivo del As, o lo que es lo mismo de la información residual en un diario de esta calaña, ha sido uno de los mejores informadores del juicio de la Operación Puerto que hoy se tiene a bien dar por concluido. Guti, si me permite que abrevie su apellido, sufrió el vacío de muchos integrantes del pelotón a raíz de sus informaciones con Manzano. Incluso tuvo a bien despachar y discutir de forma somera con algunos aficionados vía Twitter sobre las tenebrosas informaciones de Manzano y sus consecuencias.

Lamentamos que dicho informador dé pábulo a lo que dice el vecino de Manzano con una terrible sensación de descontrol sobre lo que comenta y manchando el nombre de un ciclista ya fallecido, que fue mucho para muchas personas y que ellos mismos, su grupo mediático, cebaron de fama y gloria.

En el país de los ciegos Eufemiano fue el rey

Miremos unos años atrás, sobretodo estos últimos. Se suceden casos de dopaje, surgen nuevos nombres, positivos calibrados, otros soñados, algunos incluso insinuados. El ciclismo es un hervidero, un estercolero, diría yo, donde parece que la artimaña ajena nos conduce a justificar la propia.

Es realmente interesante lo que estos días se está diciendo en la sala donde se juzga la Operación Puerto y entronca con el prólogo de todo esto que fue la entrevista a Lance Armstrong hace ya un mes. Todos pensaban que lo hacían no era delito. Me refiero a reinsertarse su propia sangre. Sin embargo lo hacían a escondidas, en hoteles anónimos, en apartamentos, en sencillas viviendas de discretos barrios.

Lo curioso es que cómo Eufemiano y su red omnipresente sabían tratar a cada chico que caía en sus manos como si éste fuera el único que tuviera en nómina. No sé, pero Jan Ullrich por ejemplo debió pillarse un buen puteo cuando consciente de pagarle una buena pasta al ginecólogo canario, supo que quizá lo hizo en el convencimiento de que Eufe estaba en exclusiva con él, aplicándole un plus a su minuta.

Como bien recuerda Chema Rodríguez recuperando una columna firmada en su querido Meta 2Mil hace poco menos de diez años, la competición estuvo en manos de este médico que dijo mirar por la salud de sus pacientes y sin embargo en ocasiones podios enteros estuvieron bajo su influjo. Recuerden el tema de las bielas y Angel Casero que el semanario ciclista por excelencia sacó a relucir. Esa Vuelta de 2001 donde el mismo galeno administró la suerte de los dos mejores ciclistas, Casero y Sevilla. O la Vuelta a Suiza de 2006 en la que el podio entero, Ullrich, Koldo Gil y Jaksche figuró en las posteriores pesquisas de la Guardia Civil.

De cualquiera de las maneras lo en la sala donde se ciñen las formas e influencias de la Operación Puerto se constata una cosa. En el ciclismo todos están ciegos. Nadie sabe nada de lo que acontece en la habitación de al lado, y lo más preocupante, los directores y responsables de equipo son los primeros. Es decir Ivan Basso emprende una carrera hacia las cloacas del dopaje, Jaksche lo mismo, y costeando los importes él mismo sin que nadie en el equipo sepa o sospeche de ello. Eso sí, entra en contacto con Fuentes por su director, pero ahí acaba todo.

Ni siquiera llega a pensar si sus compañeros emprendieron idéntica decisión que él. Imaginemos que entre ellos no hay diálogo, que no tercia palabra. Una vez más lo de siempre, medias verdades y declaraciones incompletas. Se quejaba Jaksche de que los perjudicados son siempre los ciclistas. Que ellos pasan los controles y purgan el castigo. Sin embargo una vez más creemos que el principal perjudicado es el de siempre: el ciclismo.