Angliru: cinco motivos para el desamor

En el Angliru nunca hay unanimidad

Cada vez que la Vuelta sube al Angliru deja una resaca de comentarios en todas direcciones, desde quien se emociona con lo que ve, a quien lo considera lo más alejado al ciclismo profesional de toda la vida.

En todo caso nosotros vimos este tweet…

…e Iker ha aceptado darnos sus cinco motivos para pensar así:

1. Ver a ciclistas profesionales subir entre 10 y 12 km/h, y eso que sólo vemos a los de adelante, durante bastantes tramos, que no es una única rampa, haciendo equilibrios sobre la bici, no es lo que entiendo como ciclismo profesional.

2. A esas velocidades es imposible atacar e irse de nadie, o plantear subida táctica. El que ataca va a 12, imposible subir más rápido, y el que se «queda», si regula sin cebarse, iría a 10-11 kmh. En otro puerto duro (10-12%) el que ataca y va con piernas puede ir a 20 km/h, el que se desfonda iría a 15km/h, ahí hay posibilidad de más diferencias entre los de la general.

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3. Te bloquea la carrera desde jornadas anteriores, como se vio en Farrapona, y nadie gasta nada por miedo a reventar en Angliru. Incluso el mismo día impide tácticas como mandar gente por delante. Más este año con un kilometraje tan corto (109,4 km) donde es más fácil que uno o varios equipos controlen.

4. La realización se ve muy penalizada debido a las grandes pendientes, lo que dificulta la labor de las motos TV. Aun sin público, como este año es complicado subir al ritmo de los ciclistas, es por eso que se adelantan, esperan, arrancan, vuelven a parar… y así no es fácil hacer seguimiento de la subida. Nos quejamos de que no se cuenta bien, o se ve la subida de muy pocos, pero es que la orografía del puerto dificulta mucho.

5. ¿Espectáculo? No comparto los que ven espectáculo en un ataque a 3,5 km de meta donde el atacado regula y está siempre a 10″, que equivale a unos 20 metros, hasta meta.

En fin, para gustos colores…

Por Iker Gallastegui

Imagen: © BORA – hansgrohe / Bettiniphoto

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Ciclismo de desnivel: En el Angliru empezó todo

El Angliru lleva poco más de veinte años en el ciclismo y ya es una leyenda

Las subidas imposibles tomaron el ciclismo hace un tiempo y en el Angliru empezó todo…

Después de todo lo que se ha escrito sobre el coloso asturiano ¿qué se puede decir que no se haya dicho ya? Un artículo del maestro Mario Ruiz, de 1996, con fotos de sus terribles rampas y bajo el título: Atrévete con el puerto más duro de España: La Gamonal, un coloso de espanto, causó una fuerte impresión entre nosotros, los cicloturistas.

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Un par de años después, en 1998, se creaba una nueva y durísima marcha cicloturista al muro asturiano, en la que antes se subían la Cobertoria y el Cordal.

El espaldarazo definitivo vendría dado por el anuncio, por parte de la organización de la Vuelta, de que la cima sería final de etapa en la edición de 1999.

Esta decisión, encabezada por Enrique Franco y Alberto Gadea, fue gracias a una carta, la que les escribió Miguel Prieto, director nacional de informática de la ONCE, casi ciego (sólo con un 10% de visión), que fue el que descubrió el puerto para el ciclismo. También ayudó el interés mostrado por el Ayuntamiento de Riosa, invitando a todo aquél que se atreviera a desafiar sus rampas, como fue el caso de la primera incursión en la montaña riosana que realizara, el 3 de octubre de aquel año 98, nuestro recordado José María Jiménez, al que tuvieron que dejar una rueda de 28 dientes para poder subir.

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A partir de aquel momento toda una peregrinación de ciclistas del momento, ex-ciclistas y cicloturistas anónimos (el minero, y malogrado, Eladio Llanos -el que le dejó la rueda al Chaba- lo había escalado más de cien veces), fueron a conocer sus duros desniveles con los comentarios de todo tipo que ya conocemos.

El puerto había sido asfaltado recientemente ya que en realidad había sido una pista forestal por donde subía el ganado, para abrevar en el pequeño lago que hay en la cima, conocido popularmente con el nombre de Angliru, al pie del majestuoso Pico Gamonal, en la bellísima Sierra del Aramo.

El Angliru es un puerto increíble para el ciclismo, o lo odias o te enamoras de él para siempre.

No hay término medio porque no deja indiferente a nadie. Se puede decir que la subida (12,5 kilómetros a una media del 10,2%) tiene dos partes bien diferenciadas: la primera no pasaría de ser un segunda, hasta el llano del Área Recreativa de Víapará, que es lo que dicen los ciclistas cuando ven las líneas rectas que se disparan hacia el cielo: voy a parar. Es broma.

Los últimos 7 kilómetros (con una media terrorífica del 13%), dan inicio a la auténtica escalada a la pared asturiana.

Una pintada en el suelo nos lo recuerda: Empieza el infierno. Todo este tramo hasta la cima es terriblemente impresionante, irreal, se ha de ver para creer. Hay varios muros con nombre propio: primera curva al 20% llamada Les Cabanes, después vendrán Los Picones (al 18%), pero el más increíble, cuando vas pedaleando por la Curva Cobayos (al 17%), giras y la ves, la sorprendente rampa de lanzamiento de La Cueña Les Cabres, con sus 800 m al 18% de media y un desnivel máximo del 23,5%. Después dos rampas más, Piedrusines (19%) y l’Aviru (20%), hasta llegar a la campa del Angliru.

Entre estos muros encontraremos desniveles más “normales”, entre el 10 y el 14% -como Llagos-, que sirven para recuperarse, aunque parezca mentira.

Aún recuerdo mi primera ascensión en la que tuve la enorme satisfacción de poder escalar esta fantástica montaña. Fue bajo el orbayu que llora a esta tierra, retorciéndome en la Cueña de les Cabres pero sin llegar a poner pie a tierra.

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Fue el 12 de septiembre de 1999 -ya ha llovido-, coincidiendo con la etapa de la Vuelta que ganara nuestro querido Chaba después de superar a Tonkov que iba escapado entre la niebla, -sin negarnos y sin miedo a decir que fue perjudicado claramente por las motos-, en el último kilómetro casi de descenso a meta, en la que en una de sus carpas el también recordado Pedro González narrara con emoción la por otra parte merecidísima victoria de José María Jiménez, un escalador de leyenda que inscribiera para siempre con letras de oro su nombre en este nuevo Olimpo del Ciclismo.

Seis cosas que le dio el Angliru al ciclismo

Grandes vueltas

Cuando el Angliru entró en el recorrido de la Vuelta, ésta no volverá a ser la misma

Ya lo dijimos, con el Angliru cambió todo. 

Pero aquella tarde de septiembre, cuando el pelotón se puso rumbo al Angliru desde León para ver al Chava en su día de más gloria, el ciclismo inició un camino de retorno por que iba ruta de la cima que iba a romper las reglas.

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En breves cuentas el Angliru le dio al ciclismo…

1. Un símbolo, otro más para el ciclismo, el Angliru fue un regalo, como el día que se descubrieron los Lagos de Covadonga, o se holló por primera vez el Tourmalet, sitios clave en la historia de este deporte más que centenario.

2. Una historia narrada por los grandes, por los que trascienden al deporte, recuerdo estrellas de la radio en directo, Manolo Lama, que no será santo de nuestra devoción, pero que estuvo ahí dándole jabón al Chava, el corredor que en ese momento cargaba con el peso de una fama que excedía cualquier lógica.

3. Un día para encumbrar el Chava, un ciclista que nunca nos apasionó, pero que rompió el corazón por media España. En su leyenda siempre quedó la remontada en el Angliru, el premio in extremis, adelantando a Pavel Tonkov en el descenso previo a meta, entre la niebla y los coches.

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4. Un nuevo ciclismo, un ciclismo que premiaba los desniveles, que buscaba las paredes, una tendencia que con los años se acentuó, pero que parece más contenida, los muros se frecuentan, pero no tanto como .

5. Un puerto mediático, el Angliru fue el primer puerto que ocupó portadas, por sus pendientes, curvas, dureza y dificultad, llegando incluso a superar a los ciclistas.

6. El faro de la Vuelta que en su desafío logístico apostó por irse a un sitio que le diera lustre y proyección, entre todos los colosos asturianos, tuvo que aterrizar en éste.

Desde entonces el Angliru ha coronado a grandes escaladores como Heras, Simoni o Contador, el único que ha ganado dos veces aquí.

Siete veces ha entrado en la ruta de la Vuelta, se prevé volver este año si la situación se normaliza.

Si nos pedís uno, aquella subida de 2002, cuando ganó Heras con Aitor González y Oscar Sevilla tirándose los platos por detrás… esa tarde fue caliente, a pesar de la lluvia que todo lo empapó.

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El señor del Angliru

Decir Angliru es para muchos de vosotros decir Chava, Heras, Aitor, Simoni,… la cima asturiana, que debutara e la Vuelta hace ya dieciséis años entre niebla, lluvia y asfalto resbaladizo, es sin duda el icono del ciclismo moderno, el lugar donde se doblegó la tradición para entrar en el ciclismo de pendientes imposibles y puertos mediáticos.

Sin embargo me vais a permitir irme un poco del tema. Seguimos en el Angliru, en la cima que sombrea Riosa y su vega, pero no hablamos de ciclistas, y sí de corredores a pie, por eso que ahora llaman “running”, una de las actividades que llena horas y horas de mi semana. Y si hablamos de correr y Angliru, lo hacemos de Andrés Acuña, un atleta chileno, olímpico y afincado en Barcelona, muy popular en las carreras de por aquí, porque lleva unas cuantas en el palmarés, que conozco poco, pero del que todos dicen lo mismo: es un encanto.

Acuña conoce la subida al Angliru corriendo, con los pies en el suelo, sollozando en la intimidad y mareado por el vértigo de sus pendientes Aquella carrera se hizo durante unos ocho años con figuras de la talla de Agusti Roc, Cristofol Castañer, Vicente Capitán y su hermano José Luis.

El amigo Acuña la ganó dos veces de tres participaciones, en la tercera “pinchó” y quedó quinto, poco pelaje para un ganador, aunque en su descargo admite que la preparación que no fue la mejor.

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Y ¿cómo se sube el Angliru corriendo?

Impresionado, la verdad. Mientras estábamos compitiendo pensé más de una vez lo duro que debe ser hacerlo en bicicleta. Saliendo del pueblito de Riosa, el único falso llano lo encontrabas en el quinto kilómetro, a partir de ahí, en el suelo de la carretera alguno escribió: “Aquí empieza el infierno».

No se equivocó, pues de ahí en adelante tenias que dosificar muy bien tus fuerzas pues había trozos del recorrido en los que te ibas a seis minutos el kilómetro.

El cielo se abre cuando afrontas los últimos 500 metros, que son en bajada, lo cual, como comprenderás, era un alivio. Una de las cosas que me llamó la atención fue la implicación de la gente en la carrera, la vivían como algo propio pues estábamos trepando por su montaña. El ambiente, el lugar, todo, tenían algo mágico y pese a todo lo dura que resultó, te animaba a querer volver por su gente tan amable y generosa atendiendo a los corredores.

Esa carrera me enamoró. Desde entonces siempre digo que si tuviera que volver a nacer me gustaría hacerlo en Asturias.

Imagen tomada de www.fusionasturias.com

 

 

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La bicicleta en destino con Nacex 

Todo empezó con el Chava Jiménez

Hace unos veinte años la Vuelta a España era algo así como un guion cuyo final podíamos imaginar, pero con un nudo centrado en las tres o cuatro cimas de siempre. Rara era la vez que la carrera no frecuentaba Cerler, El Naranco, Navacerrada, Sierra Nevada, Alto Campóo, Lagos de Covadonga,… se imponía un golpe en la mesa, un cambio de rumbo. Meter nuevos nombres, savia nueva, cimas inéditas, que equipararan la carrera con las otras dos grandes. Se supo de un lugar, en el corazón de Asturias. Le llamaban, recuerdo, la Gamonal, pero pasó a la historia como Angliru.

#DiaD 12 de septiembre de 1999

La Vuelta a España abordó hace 16 años la que desde entonces se ha situado como legendaria cima asturiana. La carrera partió de León en una jornada marcada por el buen tiempo inicial y las terribles condiciones de la llegada. Antes del Angliru el pelotón salvó el Cordal, en cuyo descenso Fernando Escartín, de cuya suerte supo su madre por Supergarcía, se dio un golpe de consideración quedando fuera de la carrera. La caídas también afectaron a Abraham Olano, líder, que subió las paredes del coloso astur con fractura de costilla y sin saberlo.

La carrera llegó rota a la base, en la vega de RIosa, y saltó por los aires en las primeras rampas. Pavel Tonkov tomó metros y aseguró su triunfo hasta que el Chava Jiménez, surgido de entre la niebla, cual duende del lugar, le cogió en la última curva para superarle y ganarle. Aunque Olano mantuvo el entonces maillot oro, lo perdería a los pocos días ante Jan Ullrich, ganador de aquella carrera. El dorsal uno no acabaría la carrera por las lesiones del Cordal.

El Angliru y su primera ascensión, con la victoria in extremis del Chava, abrieron el melón de las cimas inéditas de la Vuelta, que llegaron poco a poco al principio, y en cascada en las últimas ediciones. La cumbre astur, que coronó a Heras, Simoni, Contador, Cobo –verlo para creerlo- y Elissonde, se bautizó con tal estruendo que asistimos al nacimiento de los puertos mediáticos, esos de 20% en algunas curvas, en cuya búsqueda la Vuelta medra por la geografía.

Imagen tomada de forodeciclismo.mforos.com

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La Vuelta a España dejó de ser “patrimonio” hace tiempo

El concepto de patrimonio es selecto, indica diferencia, marca la diferencia. Pocos quizá lo sepan pero España es el primer país del mundo en lugares “patrimonio de la humanidad” por la calidad y singularidad de muchos sus monumentos. Supera en la lista países que muchos creerían mejor dotados de monumentos, por ejemplo Italia.

El otro día se celebraron los ochenta años de vida de la Vuelta a España. Fue un cumpleaños cargado de historia, con la presencia, entre otros, de ganadores como Pedro Delgado -30 años de su primer éxito-, Agustín Tamames, Bernardo Ruiz, Álvaro Pino y Angelino Soler, una persona entrañable que si no me equivoco sigue siendo el ciclista más joven en ganar la Vuelta.

Entre otras prebendas lanzadas en el acto, tan raro en esta nuestra España, se proclamó que la Vuelta es patrimonio de este país. Sí, patrimonio, con todas las letras. La Vuelta es la Alhambra, es Cervantes y su Quijote, es el Obradoiro. La soflama para un titular es buena, se leyó en varios rotativos y ediciones digitales, y visto en cierta perspectiva tiene un grado de razón. La Vuelta es un ejemplo muy tangible de redistribución del terrotorio, se mueve, caracolea por la geografía y da voz a zonas que de otra manera no podrían tenerla.

Con los años muchos lugares son lo que son gracias a la Vuelta. Los Lagos de Covadonga por ejemplo, el Angliru y Riosa, también en Asturias. Las llegadas andaluzas de La Pandera, incluso Sierra Nevada. Destilerías como las de Dyc, hace muchos años. Orduña, Urkiola,… La Vuelta ha puesto en el imaginario no pocos sitios.

Sin embargo cabe reconocer con pena que la Vuelta fue, y no es, patrimonio. Lo fue porque nació en un país que se paró para verla pasar y así sucedió muchos años. Lo fue en los tiempos en que “loroñistas” y “bahamontistas” discutían a muerte. Lo fue el año que Hinault reventó Serranillos, el ciclo de Fuente,…

Hoy la Vuelta vive muy lejos de sus homónimas de Italia y Francia. Nadie pide vacaciones como allí para verla pasar, para seguirla algún día. Las agencias de viaje internacionales no venden Covadonga como Ventoux o Tourmalet, ni tampoco como Stelvio o Mortirolo. Los mismos medios que la etiquetan de patrimonio la despachan en breves y columnas de salida e incluso las realizaciones televisivas no hacen justicia al patrimonio de España, ese que se podría medir a cualquiera y que no luce como por ejemplo la televisión turca hace lucir Efeso en la llegada en la que Peio Bilbao le dio otro triunfo a Caja Rural.

La Vuelta sigue buscando el modelo con recorridos que distorsionan el auténtico gusto ciclista, de fondo y largo recorrido. Dicen que ganan público, y no lo discuto, pero qué tipo de público, principalmente aquel que vea la carrera un día, por el morbo de un 25% y luego se olvide del ciclismo. Una Vuelta que escoge un toro como mascota.

Y no hablemos de bibliografía. La Vuelta que cumple 80 años no tiene en el mercado más que un puñado de libros donde destacan el que hizo Chico Pérez, personaje con todas las letras,  hace unos 30 años y el de Cultura Ciclista hace dos. Pobre bagaje se nos antoja, pobre y lejano a la grandeza que implica decir que algo es “patrimonio”.

Foto tomada del FB de La Vuelta

A nadie le amarga Igor Antón

En el momento previo al descuento, cuando la temporada languidecía y la ola de los fichajes parecía haber pasado, cayó el traspaso más sonado del ejercicio y quizá no tanto por el tamaño del protagonista, Igor Antón, pues han habido otros movimientos interesantes, sino por el simbolismo que su llegada al Movistar reviste.

Siempre naranja, Antón pasa a ser azul. Cambia de compañía, la suya de toda la vida, Euskaltel, dejó de tener cobertura. Buen escalador, prometedor desde sus inicios, desde aquella victoria de Calar Alto con la bendición de su padre deportivo, Samuel Sanchez, Igor Antón ha sido lo más parecido a un futbolista del Athletic en lides ciclistas. Desposeído de la lógica competitividad de las grandes escuadras, por el cartel netamente vasco de su equipo, Antón ha crecido cómodo en las huestes de Madariaga e Igor González. Siempre ahí, alcanforado, tranquilo, en el abrigo de una escuadra sostenida por dinero público hasta que se desarraigó.

Los últimos meses han sido complicados para Antón. Deportivamente no sabemos qué queda de ese ciclista que maravilló en el Zoncolan o logró su “bilbainada” hace tan sólo dos años –por cierto poco se habló del papel de Marzio Bruseghin en aquella victoria de Antón en Bilbao-. Antón ha sido ese corredor que en el umbral de su Gloria con mayúsculas acabó besando el suelo como le ocurriera en el Angliru hace cinco años o en la Peña Cabarga hace tres.

Si el carácter funcionarial ha definido su periplo en Euskaltel, el de Galdakao llega ahora a otro equipo no menos funcionarial. Esto es ”chez Unzué”, es el mejor sitio donde podía ir a caer, visto ese carácter no siempre fuerte y robusto que otros sacan al menor desafío. La diferencia radica en el estatus. Antón pasa de ser cabeza de ratón a cola de elefante. Aquí se tendrá que ganar los galones y ni siquiera así puede tener la certeza de que las circunstancias le sonrían porque las servidumbres hacia Nairo Quintana, con quien se dice que podría correr el Giro, y sobre todo hacia Alejandro Valverde podan cualquier atisbo de crecer.

Como conclusión final subyace el auténtico estado del ciclismo español. Con la honrosa excepción del Caja Rural, quien parece que anunciará a Luisle Sánchez en enero, Movistar es el principio y el fin y eso significa muy posiblemente una reducción, otra más, a la calidad salarial del pelotón español. Hace dos años ficharon casi de saldo al ganador vigente de la Vuelta a España, ahora hacen lo propio con Antón. Unzué lo hace bien, la suerte le sonríe y las cosas le vienen rodadas, pero ahora mismo ver la plantilla del Movistar indica cuán pobre es la situación. El esperado rebote de la misma se hace de rogar pero quizá cuando llegue poco haya que reflotar.

Foto tomada de www.esciclismo.com

Horner & Nibali, Nibali & Horner, tanto monta

 

Bonita foto que recorre los muros de facebook y los time line de twitter que fue tomada en la intimidad de las carpas del Angliru. Los dos ciclistas cuyo esfuerzo nos enervó durante la ascensión al coloso astur mano a mano en lo que entendemos el repaso de la jugada. Y sí, a pesar de que Horner no despierte sensaciones encontradas, es en momentos como éste cuando valoramos que el tipo que se ha llevado el rojo a su casa merece mucho la pena.