Clásicas: Valverde y las Árdenas

Alejandro Valverde JoanSeguidor

Si vuelve a ser el que era, Valverde puede ser el mejor de la historia

Las Árdenas verdes, espesas, gélidas, ásperas, duras, encajadas en el Benelux, son la segunda parte de la campaña de clásicas, menos número, igual emoción, increíble caché, longeva tradición. Aquí está la Amstel, la fiesta nacional neerlandesa, más la Flecha y Lieja, la primera la carrera más valona del calendario, la segunda la más antigua.

Las Ardenas, ese paisaje, esas pendientes, ese amor que dibujó hace un año para nosotros Purito de su puño y letras: como las Ardenas pocos sitios en el mundo. Y eso que tras el adoquín, el listón está alto.

Rara vez pasan inadvertidas las Ardenas en el calendario de Alejandro Valverde, pero en esta ocasión el contexto es diferente, en esta ocasión es una prueba del algodón para un ciclista que viene de las cenizas de una de esas caídas que para más de uno sería una losa y que para él ha parecido una tachuela.

Es difícil adivinar qué suerte correrá Valverde en este periplo valón, complicado saberlo sin haberle visto sobre la máquina, con dorsal en la espalda y compitiendo como a él le gusta, pero ojo, atención, porque hablamos de un ciclista que estando aún en activo está en la antesala de firmar leyenda, de ser una leyenda en materia de las clásicas más longevas y deseadas del ciclismo.

Registros que se salen del marco, ahí está Valverde, superando al maestro Argentin, el ciclista que amargó a Criquielion. Por eso este abril tiene nombre y apellidos murcianos, en el sabor de un ciclista que cerca de su epílogo sigue regalando felicidad y momentos mágicos.

Uno de los grandes atractivos de la campaña en ciernes, Valverde y su prueba en las Ardenas, el terreno más añejo, arraigado y perenn de la historia del ciclismo, el terreno que le puede hacer un ciclista único.

Imagen tomada del FB de Movistar Team

#Topics2018 con Bkool en el muro de Huy

La tragedia de las Ardenas

Las Ardenas, ese pegote verde y frondoso, son un lugar importante en la historia moderna. La suerte que corrió aquí el ejército nazi marcó el inicio y epílogo de la Segunda Guerra Mundial en suelo europeo. 70 años después las batallas del lugar son muy diferentes, menos trascendentes, pero importantes y simbólicas para la gente del ciclismo.

En este enclave fronterizo se ha producido el último acto de la primavera 2015. Tras un ciclo de adoquines más largo y consolidado, con la rareza del asfalto liso y veloz hacia San Remo, vino el de las Árdenas, el lugar donde se desarrollan las tres carreras de final de curso primaveral. Aunque el debate se genere para toda la primavera en su conjunto, lo cierto es que separar ambos escenarios es justo y necesario, primero porque las carreras no tienen nada que ver y segundo porque los protagonistas son radicalmente diferentes.

De hecho si miramos ambos tramos, veremos que sólo Zdenek Stybar –decisivo para Valverde en Lieja- y en menor medida Greg Van Avermaet se pueden significar en ambos periodos con algo de suerte. En el pelotón no hay muchos más que puedan hacerlo, quizá Philippe Gilbert, que un día optó a ganar Flandes, y el campeón del mundo Michal Kwiatkowski, quien con su perfil ratonero y batallador sería un buen elemento en el adoquín flamenco como vimos en A Través de Flandes, donde le hicieron la pinza, pero bien.

Hace poco sacamos punta a nuestra opinión respecto a la parte gruesa de la temporada de adoquines, en líneas generales muy bonita, con un evidente relevo generacional en marcha, exagerado por las caídas de Boonen y Cancellara, y pasajes ciertamente interesantes como la machada de Stannard, la épica de Wevelgem y la caza de Degenkolb en Roubaix. Además ciclistas como Stybar y Geraint dieron el paso al frente que se les reclamaba, mientras que a los lagunares Vanmarcke y Boom no se les vio donde presumíamos.

En las Ardenas el hombre ha sido Alejandro Valverde que se ha quedado a un paso de lo alcanzado por su rival generacional, Gilbert, hace un año. Valverde ha estado casi perfecto en el cómputo de las tres carreras, y digo casi porque dejar con vida a Kwiatkowski en el Cauberg le costó la victoria en la Amstel, esa carrera que se le resiste.

A groso modo el ciclo de estas tres carreras nos deja un ciclista de grandísima proyección como Julien Alaphilippe, quien atesora un nivel inaudito para su edad, casi como Tiesj Benoot en Flandes. Otro que no le va a la zaga fue Michael Matthews, inscrito en esa hornada de velocistas que tragan kilómetros, aguantan subidas y ruedan como los ángeles. Queda el cabreo de Purito Rodríguez que salvo su Flecha Valona de hace tres años no rasca el triunfo en lugares donde siempre, siempre, se le cruza alguien que le amarga la primavera.

Sea como fuere, para las Árdenas  y las carreras de su perfil no son buenos tiempos. A veces vemos mejores espectáculos en carreras de segundo nivel, como la que ganó Hermans, la Flecha Brabanzona, que en los grandes foros. El motivo, a mi modesto entender, es uno y  principal y no es otro que las desniveladísimas plantillas del World Tour. Tenemos auténticos equipazos con dos o tres bazas más los mejores gregarios capaces de ahogar cualquier atisbo de espectáculo.

Cuando los mandamases de este ciclismo crearon Velon dijeron que lo hicieron para evitar el tedio de la Lieja o Lombardía del año pasado. Propusieron algunas soluciones cosméticas, pero ninguna que les obligará a soltar buenos ciclistas para que pudiera equilibrarse un poco la competición. Echamos de menos los tiempos de Bartoli, Jalabert e Hinault, si me apuran, pero a ver quién es el guapo que rompe el pelotón con éste circulando a mil por hora en trazados que ponen al límite al ciclista.

Imagen tomada del FB de la Lieja-Bastogne-Lieja

INFO 

Hablando de carreras centenarias, volvemos sobre una marca que es más que centenaria…

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Orbea comenzó haciendo armas en Eibar hace 175 años. Con el tiempo fabricó también carritos de niño y finalmente bicicletas, a partir de 1930. Desde entonces, su actividad se ha centrado en la fabricación de bicicletas, a lo que en la última década se le han unido cascos, ropa ciclista, mochilas, al margen de numerosos eventos en los que tratan de estar lo más cerca posible del apasionado ciclista.

Con motivo de esas 175 primaveras, y si Orbea te ha acompañado alguna vez en tu vida, puedes ponerte en contacto con ellos y enviarles alguna foto o contarles alguna historia. Es pieza puede completar la historia de Orbea y tú, formar parte de ella.

Hazlo en el mail 175@orbea.com.

En las Árdenas no se hacen prisioneros

La “sobeteada” Wikipedia nos sitúa la región de Ardenas entre Bélgica, Luxemburgo y Francia, es decir se excluyen los Países Bajos, siendo incorrecto decir que la Amstel es una carrera de las Ardenas por disputarse en la región del Limburgo, si bien por su carácter quebradizo se podría englobar en el concepto de Ardenas, aunque por su itinerario ratonero podría asemejarse más a Flandes.

Las Ardenas en Bélgica se pronuncian el francés, pues recorren una parte sustancial de Valonia, la región francófona de un país sumamente atomizado. Las Ardenas son un territorio duro, áspero. Sus inviernos resultan gélidos, una sensación acrecentada por una vegetación densa y poblada que rara vez dejará el filtrado de un rayo de sol en muchas zonas.

Un terreno quebrado, sorteado de pequeñas subidas, que algunos aciertan a señalar como “minipuertos”. Sus altitudes son escasas. No sobrepasan los 500 metros y el río Mosa sirve vertebra el territorio.

Las Ardenas tienen un indudable matiz bélico pues ambas guerras mundiales las tuvieron por escenario. Fueron muy relevantes en la Segunda Guerra Mundial marcando además dos tiempos muy importantes en su desarrollo. En la primavera de 1940, con el invierno languideciendo, el ejército alemán de Von Manstein dio un golpe de efecto a las defensas francesas que derrumbó la integridad total del país vecino en cuestión de horas. Con una triste y anticuada línea de protección, llamada Maginot, Francia preveía un ataque clásico de su belicoso vecino, sin embargo, los nazis entraron a porrillo por la en teoría intransitable región “ardenesa” para llegar a Dunquerke y hacer caer, desde allí, en cascada todo el país.

Luego, en 1944, con el invierno apretando y los aliados cercando a Hitler, éste ideó un plan desesperado para contratacar a los americanos. Aunque el golpe inicial fue duro, la carencia de efectivos y material por parte de los alemanes era ya clamorosa siendo reducidos hacia su país en lo que fue ya una toma de posiciones directa en el terreno del agresor. En este capítulo fue especialmente relevante la toma de  Bastogne, ahí donde vira “La Doyenne”.

Viene todo esto a cuento por lo que nos llega este domingo. Estamos ante la gran carrera de la primavera por muchos motivos. Es cierto que causan furor, incluso estragos emocionales, Roubaix y los festivales de Flandes, pero es la decana, la primera, la que surgió cuando el ciclismo no era ni siquiera ciclismo, y se hace en una región como Valonia que no goza, quizá merecidamente, del glamour de Flandes, pero que sin embargo puebla en hileras de cuatro y cinco personas toda la ruta regalando imágenes que muchas veces son portada de anuarios ciclistas.

Es una carrera de grandísimo fondo e imprevisible que no está al alcance de cualquiera y que se suele decidir siempre entre capos con una importancia relativa de la labor de equipos en las últimas cotas. En el momento de travesar el kilómetro 200 se camina sobre el abismo, lejos de la normalidad que dicta cualquier otra prueba. Este año además se ha añadido Roche aux Faucons, es decir más madera. Cuando la Lieja atraviesa un nivel, pasan cosas extraordinarias como que gente de la calidad de Purito o Nibali se vengan abajo pues la gasolina no les da para más. A su vez aquí aconteció el tremendo recital de Hinault en la nieve y una de las victorias que a mí siempre más me marcó, la que Michele Bartoli le impuso a Zulle & Jalabert en un mano a mano a tres antológico.

Y si mis argumentos nos les valen piensen sólo en otra cosa más, estamos en la edición 100.

 

INFO

Las instalaciones del Resort La Costa disponen de 2 almacenes guardabicicletas separados, con capacidad total para 45 bicicletas, entre otros muchos servicios al ciclista. Seguidlos en @lacostapals

#RadioVuelta – Semana 9

#Trend La Amstel cambió el paso

Con la llegada del último ciclista al velódromo de Roubaix se tiene la triste sensación de que otra primavera se nos escapa. La Amstel Gold Race abrió la última semana de este vibrante periodo que si por algo se distingue es por el adoquín y las carreras que lo incluyen en su recorrido y esto ya es historia de 2014. La Amstel marca el paso cambiado, dejamos a los especialistas del norte y nos centramos en un perfil más agonístico, menos intenso pero más sostenido. Entre la Flecha y Lieja rodarán corredores que en los meses próximos con el ciclo de las tres grandes que abre el Giro serán los protagonistas.

#Click Una pequeña gran carrera

Mientras el foco y las miradas estaban en el Limburgo neerlandés, en la Bretaña, en la esquina del viejo continente, se desarrolló una de las carreras más singulares del calendario, el Tro Bro Léon. Tras dejar atrás caminos y sembrados de césped por en medio de las estrechas carreteras, una vez se transitó por densos y verdísimos bosques, el ciclista del Cofidis Adrien Petit sacó su mejor versión para batir a Flavien Dassonville, toda vez ambos se fueron del grupo intermedio a unos veinte kilómetros de meta, veinte kilómetros que recomendamos rescatar si podéis pues se trata de una continua sucesión de ataques, parajes y situaciones realmente insólitas en este ultraprofesionalizado ciclismo.

#Profile El comeback de Philippe Gilbert

Cuando uno firma una temporada como la que cuajó Philippe Gilbert hace tres años es presa segura de conjeturas e insinuaciones cuando al ejercicio siguiente no rinde igual. Desde entonces, y siempre con los colores del BMC, Gilbert fue una sombra de ese ciclista que maravilló con la camisola del Lotto, con tres etapas de la Vuelta a España y un Campeonato del Mundo, cuajado en el mismo escenario que la Amstel, como único bagaje  para un corredor que llegó a superar larguísimamente la veintena de éxitos en 365 días, dejando lejos y muy empequeñecido el registro de tu compañero, y asiduo anotador, André Greipel.

#Clipping 

El corazón de Robert Gesink. Sin saberlo, pero intuyendo que algo no iba bien, Robert Gesink, el mejor ciclista holandés de los tiempos recientes ha sido apartado de la competición por problemas con su corazón. Este largo y escuálido ciclista centró muchos focos tras ganar una etapa al propio Cadel Evans en una jornada copada de nieve en la París-Niza, sin embargo sus resultados nunca acompañaron tanta expectativa y ello pudo contribuir a una ansiedad que finalmente le ha lastrado la salud.

La motivación de Oleg Tinkov. Curiosas declaraciones del magnate que posee el Tinkoff- Saxo que afirma haber criticado abiertamente a Alberto Contador para provocar su reacción. El rubio se arroga el papel de revulsivo para el ciclista madrileño que a tenor de las declaraciones que se reproducen en 20 minutos deja al ciclista en papel de estoico masoquista. Mientras más “le pega” mejor rinde.

La realización del Tro Bro Léon. La carrera francesa, eclipsada por la Amstel, de segundo orden, poblada de equipos medianos y ciclistas desconocidos goza de una cobertura digna de Roubaix con un despliegue de medios, tomas cenitales y tiros desde la moto que son la envidia. No olvidemos que hablamos de una prueba del nivel de Klasika Primavera y Murcia y un peldaño por debajo de Almería. ¿Cómo no ha de crecer esta carrera con tales mimbres?

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La maldición del arcoíris se cebó con Philippe Gilbert

La vida en ocasiones te da momentos únicos. Parece, eso lo que dice el propio interesado, que Philippe Gilbert tuvo el suyo en 2011. Esa temporada vimos algo que no veíamos en mucho tiempo ganando el tríptico de las Ardenas, como punta de lanza, pero acumulando éxitos en el largo y ancho del ejercicio. Hasta fue el primer líder del Tour de Francia. No vimos cosa similar desde que Laurent Jalabert colgó la bicicleta.

Con todo, el retrato cronológico del año en arcoíris de Gilbert se impregna de un quiero y no puedo. A la semana de ser campeón del mundo no finalizó el Giro de Lombardía. Ya con el 2013 en curso fue tercero en una etapa del Tour Down Under, luego haría segundo en una jornada de la París-Niza y pasaría de puntillas por las clásicas en las que sólo tuvo a tiro la Flecha Brabanzona, en la que su alter ego, Peter Sagan, le puso por detrás en zaguán de meta. El tríptico de las Ardenas no lo resolvió mal, pero siempre lejos de reverdecer laureles. Pisó el podio de la Vuelta a Bélgica, corrió el Tour sin adivinar qué rol desempeñar en medio de un equipo desnortado con líderes sin objetivos y tras incrementar su ansiedad por triunfos durante el mes de agosto, al final pudo levantar los brazos y sacudir el puño de rabia en Tarragona cuando batió con solvencia a Eduald Boasson Hagen en la duodécima etapa de la Vuelta a España.

Eso y sólo eso se ha llevado Gilbert al zurrón de su periodo de campeón del mundo. Una regencia más bien pobre que poco parece entroncar con ese ciclista tocado por la gracia del éxito hace tan solo dos años. Es más si me apuran el multimillonario fichaje, y entiendo que no modesta ficha del corredor con BMC, se ha resuelvo en cuatro victorias, sólo cuatro en dos años. Curiosamente tres etapas de la Vuelta más el consabido Mundial.

Saben de la leyenda sobre el maillot arcoíris. Que es una prenda no es propicia. Dicen que hay una maldición que rara vez no surge cuando vemos corredor al portado de tan singular maillot. En Cycle Sport realizan una excelente retrospectiva que permite apreciar cuán mal se ha ido a Gilbert. De las ultimas quince temporadas Gilbert ha cuajado un bagaje similar al de Igor Astarloa, Alessandro Ballan, Thor Hushovd y Paolo Bettini, sí Paolo Bettini tras su segundo mundial consecutivo.

Resulta curioso lo mucho que les costó ganar a los mentados, tardaron más de 250 días en todos los casos, si bien en honor a la verdad, Hushovd enganchó dos etapas del Tour de Francia vestido con esta preciada prenda, algo que también logró Mark Cavendish el año pasado cuando se debatía si el Team Sky debía apoyarle más o dejarle en medio del mar de enemigos.

Desde 1980 el mejor ciclista campeón del mundo, numéricamente hablando, fue Tom Boonen en 2006 pasando de la veintena de triunfos. En 1980 Bernard Hinault llegó a los 18 éxitos y Mark Cavendish probó 15 victorias. El mejor año del tricampeón Oscar Freire con el maillot de campeón del mundo fue curiosamente el primero de Mapei, a pesar de su insolente juventud y la no sencilla convivencia en un equipo plagado de estrellas.

Algunos se quedaron sin ganar nada como fue el caso de Freddy Maertens en 1982 y Stephen Roche en 1988, preso de todas las lesiones del mundo tras redondear un año inolvidable con Giro-Tour-Mundial. En este capítulo de la desgracia en arcoíris hubieron nombres que tuvieron muy mala suerte como el caso de Luc Leblanc y aquel proyecto fallido de Le Groupement, Laurent Brochard, expulsado con Festina del Tour, Igor Astarloa y la historia de dopaje que noqueó Cofidis y la inexistente campaña lograda por Alessandro Ballan en 2009.

Sea como fuere a Gilbert se le espera, aunque barrunte que quizá 2011 fuera su gran temporada, quienes amamos este deporte quisiéramos que no fuera así. Al astro valón al margen de unos rivales que crecen y le complican la vida, le haría falta algo más, quién sabe incluso si cambiar de equipo y buscar uno donde le volviera el apetito por ganar.

Foto tomada de www.zimbio.com