Armand de las Cuevas, nunca habrá otro como él

Armand de las Cuevas JoanSeguidor

Con cincuenta años muere Armand de las Cuevas, uno de los ciclistas más singulares que recordamos

Hace sólo 25 años Armand de las Cuevas era uno de los ciclistas más seguidos del momento.

Hoy tenemos que lamentar su pérdida…

En los tiempos que el casco no era obligatorio la melena que surgía de su evidente alopecia fue uno de los iconos en el pelotón.

Eso y su historia de amor imposible con el boxeo.

Porque como una vez contamos, Armand de las Cuevas fue el ciclista que quiso ser boxeador.

Recuerdos de Armand de las Cuevas

Lo cierto es que en el recorrido de la vida deportiva de Miguel Indurain, Armand de las Cuevas es uno de esos nombres que se escribe con trazo grueso.

Su calidad le permitió ser segundo en la grandísima contrarreloj de Luxemburgo, por delante de Bugno, Lemond y compañía.

Y su calidad le llevó a rebelarse en el Giro de 1993, al año siguiente, cuando su actuación en la cronoescalada de Sestriere se exprimió al punto que le valió una reprimenda.

Pues Armand debía guardar y trabajar para Indurain en la famosa subida a Orpa.

  

De aquella se fue al Castorama, con idea de tomar él el mando de un equipo en grandes carreras.

Llegó a ser líder del Giro, entró al trapo de Pantani en el Mortirolo pero acabó descolgado.

Ese año se le recuerda una tremenda victoria en la Clásica de San Sebastián.

 

En la víspera de la gran jornada ciclista donostiarra, Armand de las Cuevas se ha ido.

Leímos que trabajaba en la isla de Reunión, perteneciente a Francia. Lo hacía para un club ciclista.

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Armand de las Cuevas ha vivido rápido, pero no queremos especular con los motivos de su pérdida.

Nos quedamos con ese talentoso ciclista que un día dijo que si no le pagaban, en el Amica Chips, mejor colgaba la burra.

Equivocado o no, fue un tío de férreas convicciones.

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Armand De las Cuevas, el ciclista que quiso ser boxeador

Armand de las Cuevas JoanSeguidor

En la remembranza constante de Miguel Indurain, sus tiempos, sus gestas, sus rivales, hay espacio para un nombre que no pasa desapercibido: Armand de las Cuevas. Segundo en la famosa crono de Luxemburgo, por delante de todos los rivales del rey Miguel, este francés de mirada profunda y cabellera que siempre le conectó, aunque de lejos, al intelectual Laurent Fignon.

Se dijeron muchas cosas de De las Cuevas, una leyenda que siempre corre es que él fue el único corredor cuya expulsión del equipo fue prescrita por el mismo Miguel Indurain. Preguntado por su relación con el campeón navarro en una edición especial de la magnífica revista francesa Pédale, De las Cuevas afirmó que nunca tuvo problema alguno con Miguel.

Sin embargo, muy posiblemente, los problemas del francés con el ciclismo vinieran de raíz, desde el inicio, porque Armand siempre quiso ser boxeador, de hecho lo fue puntualmente cuando, hastiado por no cobrar un duro en el Amica Chips, dejó el ciclismo. Sin embargo su padre, le quiso en el ciclismo, desde joven y no le dio muchas otras opciones.

De las Cuevas fue parte muy presente en los primeros años del reinado de Miguel Indurain. Campeón de Francia cuando nadie se lo esperaba, estuvo en el doble del Giro y Tour de 1992, donde se encumbró en Luxemburgo. Al año siguiente saltaron las chispas con la dirección del equipo que acabarían por llevarle fuera del mismo.

Fue en la cronoescalada de Sestriere. De las Cuevas, muy confiado, pide disputarla a tope, sin reservar nada para el día siguiente, la famosa llegada a Oropa en la que Ugrumov pondría al borde del colapso a Indurain. Tranquilizado por los directores, Armand tomaba la salida con la certeza de que estaría para disputar la cronoescalada, sin embargo los síntomas de salida no fueron los buenos, el desarrollo no era el acordado, según comenta el ciclista.

Traicionado por Echávarri, así se sintió, se desentendió en la defensa del rosa de Indurain en Oropa. Su salida del Banesto estaba servida, aunque habría una segunda parte, tampoco de final feliz. por medio ganaría San Sebastián y sería líder del Giro con Castorama, un bagaje de calidad pero escaso, muy escaso para quienes se atrevieron a nombrarle el nuevo Laurent Fignon.

Foto: Cor Vos

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