La lecciones de la Vuelta al Besaya

En el final de la Vuelta a Besaya la gente al final se olvida que hablamos de juveniles

La Vuelta a Besaya ha tenido el final soñado, para los organizadores digo, porque alrededor de ella se ha montado un espectáculo, que dudo pueda serle más beneficioso a una carrera que, por otro lado, sería seguida por la gente del mundillo y del lugar.

En todo caso, el desenlace que nos ha dado la prueba, la presencia del mejor juvenil del momento, Juan Ayuso, con contrato World Tour asegurado y toda la mala suerte del mundo en la jornada final han cuadrado el círculo.

A saber, tras varias averías y percances Ayuso dio un paso atrás en la general para que Arnau Gilabert acabara pisando el primer peldaño de una carrera que es oro para la categoría.

Partiendo de la base que sin la mala suerte de Ayuso no habría habido tema, todo lo demás también fue gracias a la estrategia de los Kometa y el trabajo de terceros corredores que, a la postre, acabaron bastante desencantados con lo que sucedió.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Los balances y demás empiezan tras este tweet.

A continuación desde Kometa se lanza una respuesta en la que se pide perdón por el desenlace de la carrera.

Y se lía la troca.

Al parecer, con Ayuso maldiciendo su mala suerte, la carrera entró fuera de control y por delante Gilabert se soldó a la rueda de Enekoitz Azparren.

Durante algunos momentos, nos cuentan, Gilabert lo pasó mal para seguir a Azparren, pero el catalán arrancó un acuerdo que es más viejo que el ciclismo: «Nos vamos los dos, para ti la etapa, para mí la general«.

Todo iba miel sobre hojuelas hasta que Gilabert entra primero en meta, ganándolo todo, etapa, general y el cabreo consiguiente de Azparren hijo, pero también del padre…

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Por partes:

Arnau Gilabert creo que no sabe dónde se ha metido, sinceramente, que si la emisora, que si esprintó… 

O los corredores van ciegos y no se percatan que la meta está al caer o no lo entiendo, lo de la emisora fue el argumento que Nairo puso aquel día en el Stelvio, al final todo confuso.

Me gustaría pedirle perdón a Azparren. Habíamos hablado, hizo un gran trabajo. Por un mal entendido por la emisora esprinté. Yo iba a por la vuelta, no a por la etapa. Quiero pedirle perdón. Esta victoria era suya” comenta Gilabert en la nota de prensa de su equipo respecto a la carrera.

Sinceramente, al final todos somos humanos, queremos cuanto más mejor y ha caído a su favor, esta vez.

No obstante, no sé si querer amasarlo todo en una vuelta juvenil, con lo que ello implica, es una buena estrategia para el futuro, cuando te veas en una similar, tus rivales se lo van a pensar mucho.

Luego está Mikel Azparren, el director y padre del «damnificado», que le pide explicaciones al rival de su hijo.

 

Sinceramente, la sola imagen me produce una pena inmensa por todo lo que implica: su hijo acaba de recibir una lección de vida como un templo, de la que seguro sacará conclusiones en el futuro, que es lo importante, y eso tendría que valorarlo.

Que vaya a pedirle explicaciones a Gilabert, en medio de toda la gente, es una imagen pésima, un padre en labores que no creo que le correspondan, dando la cara por su hijo cuando igual el año que viene el chaval se cansa del ciclismo y se dedica a cualquier otra cosa.

En el tiempo que trabajé en la Federació Catalana de Ciclisme he visto a tantos padres perder los papeles, poner la mano en el fuego por sus niños y niñas, que sólo cuando pasa el tiempo se percatan del tiempo que han perdido y del flaco favor que le han hecho a sus chavales peleándose como si la vida les fuera en ello.

En fin, que no será ni la primera ni la última vez que lo veamos, igual que un corredor falte a su palabra, porque eso va en el ADN del ser humano.

Egoi Martínez podría escribir un libro.

Imagen: Kometa-Xstra Cycling Team

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