#Top2020 Arnaud Démare y la virtud de saber escoger

Para Arnaud Démare el 2020 ha sido intenso y rentable

En el CQ Ranking de victorias del año que languidece, Arnaud Démare domina con catorce victorias, lo hace en solitario, en un lote de triunfos logrado en menos de cinco meses de competición real.

Todo un logro.

Le sigue de cerca Primoz Roglic, el mejor ciclista del mundo, a un par, cinco por detrás aparece la avanzadilla de la nueva generación, Pogacar & Evenepoel.

Quinto es otro velocista Pascal Ackermann.

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Muy posiblemente si hablamos de velocidad a pelo, ni Pascal Ackermann ni Arnaud Démare sean los mejores de la especie, posiblemente pensemos en los que se repartieron el premio gordo del Tour Caleb Ewan y Sam Bennett, y también nos acordaremos de los dos de Polonia, Jakobsen y Groewevegen.

Sin embargo la vida no sólo consiste en ser el mejor a pelo, hay otros factores, abrir el foco, ser más completo y también inteligente.

Arnaud Démare entra en nuestro top de 2020 por un compendio de todo lo expuesto.

No creo que gane a pelo a Ewan o Bennet, pero el francés de Groupama sabe elegir bien y es más completo y eso le vale para ser el ciclista más laureado de la campaña y el velocista que hemos incluido en esta lista.

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Por que ya sabemos que una victoria el Tour vale por diez de las otras, sobretodo en lo mediático, pero en este ciclismo ganar es complicadísimo, en cualquier sitio, una victoria tiene su mérito, imaginaros catorce.

Arnaud Démare prescindió del Tour por que no veía claro su encaje con Thibaut Pinot en el equipo y al mismo tiempo le sobraban dedos de una mano para contar las oportunidades que detectaba.

No se presentó en el Tour ni siquiera con un triunfo en el nacional francés sencillamente memorable, donde sacó partido al equipazo que le rodeaba, pero también a un estado de forma brutal que le sirvió para entrar en el cuerpo a cuerpo y ganar a Alaphilippe.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Ese estado de dulce lo perpetuó hasta que dejó de competir, hasta la misma llegada del Giro a Milán.

Antes de la grande italiana hizo fortuna en Valonia, Poitou-Charentes y Luxemburgo, y en Italia se llevó cuatro etapas y peleó por el ciclamino contra el mismo Peter Sagan.

Arnaud Démare prosigue así un palmares que no será el más grande, pero sí uno de los más selecto, un gourmet de Beauvais que tiene el mismo gusto para escoger que la catedral que corona este pueblo al norte de París.

Imagen: FB de Giro d´ Italia

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El impecable maillot tricolor de Arnaud Démare

Arnaud Démare Giro Joanseguidor

Sólo puedes querer el maillot tricolor de Arnaud Démare

Sobre los maillots de campeón nacional en el Groupama en este artículo son muy nítidos:

«If you become a national champion then look like a national champion» – «Si eres campeón nacional, debes parecerlo»

Nada más lejos de la realidad.

Ayer, jueves, cuando Arnaud Démare ganó su segunda etapa en el Giro, en Brindisi añadió una tercera, pero esta vez con la ciclamino, preguntamos por el maillot tricolor del francés limpio, ni marca ni nada.

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Se comentó que la Federación Francesa obliga, cosa que no nos acababa de encajar, por que dudamos mucho de la fuerza que un ente nacional pueda tener sobre un bloque World Tour.

Pero no, la francesa nada tiene que ver, es un tema de Marc Madiot, el folclórico máganer del Groupama-FDJ, que quiere precisamente eso que decíamos, que un campeón nacional proclamado lo parezca también.

 

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Así es, una decisión que no es muy compartida, cada vez más minoritaria, y que el maillot de Arnaud Démare deja plasmado en las llegadas que gana del Giro de Italia, una tricolor que es más francesa que la propia prenda azul oscuro de la selección.

La decisión de Marc Madiot además no sólo se ciñe a Démare, se extiende a otros, y hasta ahora no nos hemos dado cuenta.

Por ejemplo el buzo «full red» de Stefan Küng donde la estrella suiza ocupa su enorme pecho, con protagonismo limitado para Groupama.

Exactamente igual que el canadiense Antoine Duchesne o el otro tricolor que llevó Anthony Roux, uno de los pocos corredores capaz de romper un sprint en los últimos años.

A ver, esto es como todo, a Marc Madiot le podemos tener el cariño justo por muchas cosas, por ser tan amanerado, por gritón, por decir cosas que muchas veces no compartimos… pero aquí creemos que le asiste toda la razón.

Los maillots de campeón nacional son un premio que hay que explotar, como el arcoíris, en definitiva es una distinción que tu ciclista lleva doce meses y que lo pone en el ojo del espectador, que lo distingue mejor.

Ver un equipo en bloque tirar con dos maillots diferentes, o una crono por equipos con buzos distintivos, como a  veces hemos visto al Team Sky con dos o tres campeones de contrarreloj, es una bendición, un premio que de aprovecharlo se puede volver a tu favor.

Recordamos a Eusebio Unzue quejarse de lo complicado que era encajar la bandera española en el azul del Movistar y en el Groupama le quitan toda publicidad al maillot de Arnaud Démare, logrando que la gente pregunte, intrigada, por él, por qué lo lleva, logrando el efecto que quizá se persiga desde un inicio, pero que casa perfectamente con un sentido de estética y reconocimiento que merece la pena poner el valor.

Y tiene mérito, es convencer al mecenas que desaparezca del maillot y ojo que por ejemplo la FDJ, la lotería francesa, no lleva pocos años en este tren.

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Giro: Arnaud Démare pinta a registros inéditos

Arnaud Demare Giro

Este Démare apunta a un buen puñado de etapas ganadas en el Giro

Sobre Arnaud Démare, dos etapas ganadas en el Giro, decíamos justo antes del Tour…

Arnaud Démare, no es la primera vez que lo decimos, es uno de los ciclistas más valiosos del pelotón.

Sin una punta de velocidad que rivalice con los más grandes, Greipel y Kittel hace tres años, Ewan y Bennet, ahora, pero muy veloz y sin la contundencia de los grandes clasicómanos, pero siempre en las quinielas, con una San Remo bajo el brazo, Arnaud Démare ha granjeado un pequeño pero lujoso palmarés que incorpora un trío de Campeonatos de Francia.

El campeón de Francia sin publicidad en su tricolor, muy curioso, como decimos, ya ha doblado en el Giro y apunta a registros inéditos en una grande, siendo un sprinter y en los tiempos corrientes, con llegadas masivas cada vez más recortadas, en número, y una igualdad entre velocistas que hace del sprint casi un lujo.

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Arnaud Démare es el pichichi de la campaña, por delante incluso de los eslovenos y Remco Evenepoel, sin embargo, se le achacaba que todos sus triunfos han sido fuera del gran circuito el World Tour, en carreras como Valonia o el mismo campeonato francés.

Ahora entra en el máximo nivel por la puerta del Giro amasando un palmarés que ojo rivaliza con el que consiguió su rival por antonomasia hace unos años, Nacer Bouhanni, cuando ganó tres etapas en el Italia.

Sea como fuere, si una cosa tiene el francés de Beauvais, bellísima catedral gótica por allí, es que sabe elegir bien donde poner sus moneditas, sin caer en el tópico que podría merodear cualquier estrella francesa, pensando que lo suyo empieza y acaba en el Tour.

Precisamente en Francia sabía que con Thibaut Pinot en el equipo, más una cantidad limitada de llegadas al sprint y la presencia de cocos como Ewan o Bennet, las cosas iban a estar más crudas.

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Por eso ha elegido el Giro, como otras carreras hacia el mismo para seguir engrosando un palmarés que no es grande en cantidad, pero sí abulta en calidad.

Arnaud Démare junta con esmero las perlas que le definen como uno delos corredores más valiosos del pelotón, capaz de ganar en llegadas masivas, pero pasar puertecillos, ahí donde Gaviria no encuentra el punto, y aspirar, como lo ha hecho alguna vez, a disputar una Roubaix.

Y es que en la apuesta por el Giro que tan bien les está saliendo a Démare, Roubaix es una de las damnificadas en el calendario del francés que si todo sigue así, mucho me temo que tire con más etapas e incluso el ciclamino que parecía llevar el nombre de Peter Sagan en la solapa.

Ojo, que a estas alturas de Giro hayan dos corredores, Ganna & Démare, con dos etapas cada uno, habla con nitidez de una cosa: que en este Giro las victorias pueden quedar en manos de unos pocos.

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El Tour se permite el lujo de prescindir de Démare

Arnaud Démare

Arnaud Démare no lucirá la tricolor en el Tour de Francia

Arnaud Démare, no es la primera vez que lo decimos, es uno de los ciclistas más valiosos del pelotón.

Sin una punta de velocidad que rivalice con los más grandes, Greipel y Kittel hace tres años, Ewan y Bennet, ahora, pero muy veloz y sin la contundencia de los grandes clasicómanos, pero siempre en las quinielas, con una San Remo bajo el brazo, Arnaud Démare ha granjeado un pequeño pero lujoso palmarés que incorpora un trío de Campeonatos de Francia.

Lo cierto es que viendo cómo ha ido la jornada de los campeonatos nacionales, a una semana del Tour, como mandan los cánones, el de Francia es otro que ha resultado espectacular.

Si podéis verlo, dedicadle veinte minutos: Groupama quemando naves en plan rodillo, el destrozo de Florian Sénéchal y los ataques de Julian Alaphilippe.

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Ataques que pusieron la resistencia de Arnaud Démare al límite, y la del polifacético Bryan Coquard, para una llegada en tres de riqueza táctica inmensa, los perseguidores estaban pisándoles los talones, y un sprint imperial.

Un sprint lanzado por Alaphilippe en el que Démare no dejó que le tomarán ni un tubular de ventaja para acabar con la tricolor en el podio bretón.

Una victoria redonda, cargada de responsabilidad, porque Démare llevaba a sus espaldas el trabajazo de su equipo.

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Tercer maillot tricolor para el de Beauvais, un maillot que no va a lucir en el Tour que empieza el sábado en Niza

Groupama formará de salida con Thibaut Pinot, David Gaudu, Stefan Küng, Valentin Madouas, Rudy Molard, William Bonnet y Sébastien Reichenbach, faltando el octavo nombre.

Démare, ya en la presentación de octubre, dijo que con él no contaran, que ese recorrido no le ofrecía opción alguna de brillar.

A ello se añade el «todo por Pinot»…

No es la primera vez que Démare prescinde del Tour.

Y es que el Tour se va a permitir el lujo de dejar su campeón nacional en casa, un lujo que demuestra cuán dogmático se ha vuelto en el diseño de recorridos que niegan oportunidades a todo tipo de ciclista.

Arnaud Démare ganó aquella etapa famosa que acabó en trifulca entre Cavendish y Sagan, lo hizo con la tricolor en ristre.

Ahora no hay vuelta de hoja, se ha caído del ocho del Groupama uno de los ciclistas más valiosos del pelotón que aún siendo francés, se irá a buscar fortuna allí donde le den opción…

Imagen: FB Equipe Cycliste Groupama

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Decir que el Giro ha sido aburrido es quedarse en la superficie

Pascal Ackermann Giro JoanSeguidor

En diez días de carrera, el Giro ha dado de todo para todos

Esta mañana de viernes hemos leído este comentario de Mónica Marchante sobre lo visto en el Giro de Italia hasta la fecha…

Doce etapas después se acabó la siesta en la que nos tenía adormilados el Giro de Italia hasta ahora. Salvo en la crono inicial y en la del pasado domingo, no ha habido en las 10 etapas tediosas e interminables que han transcurrido hasta ahora mayor aliciente que el de acertar el sprinter ganador. Un tostón impropio del prestigio que acompaña a la corsa rosa, por mucho que las volatas dejen sin respiración unos segundos al espectador.

¡Cuántos días hemos recordado los finales de la Vuelta donde cada día es una aventura nueva y cada año descubrimos finales inéditos, cuestas de cabras o etapas nerviosas que en sí mismas entrañan un espectáculo diario que hemos echado de menos en la primera parte de la carrera italiana!

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Lo dice en El Periódico de Catalunya.

Como todo en la vida tiene gente que la secunda y otros que discrepan.

Nosotros nos alineamos con los segundos, no podemos estar de acuerdo.

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Y menos en la comparación con la Vuelta, cuyos recorridos llegaron a un punto de exageración que incluso, en las últimas ediciones, ha reculado para racionalizar muros, dureza y ciclistas hechos polvo en las líneas de meta.

Así las cosas la primera parte del Giro ha tenido sus minutos de la basura, como toda competición y deporte que se precie, y momentos impagables, que son los que en definitiva sostienen el tenderete.

Minutos que por cierto desgastan y propician desenlaces…

Por que es en la apuesta por esos momentos, por la expectación, por el nerviosismo latente donde se encuentra parte del espectáculo.

El Giro de Italia tiene siempre el don de tenernos expectantes

DT-Swiss Junio-Agosto

 

La llegada a Pinerolo, y esa trampa que no por conocida se hace menos apetecible, es una muesca de tantas que hacen de esta carrera atractiva de principio a fin.

Que los primeros diez días de carrera iban a ser así era más que previsible.

Pero es un tema de justicia deportiva, de oportunidades para todos, y los velocistas merecen su cuota.

Sólo cabe ver la lista de velocistas que acude al Giro y la que va a la Vuelta.

 

Son como el día y la noche.

El sprint es la culminación por la que merece esperar, como esperamos que todo explosione en el final de la Milán-San Remo.

Negar que eso es también bello es desmerecer el trabajo de corredores y equipos por acumular etapas en este tramo de carrera.

Que le digan a Pascal Ackermann con esas quemaduras por el costado que la carrera ha sido aburrida.

 

Que se lo digan mientras el sol le quema y las sábanas se vuelven lijas.

Que se lo digan a Elia Viviani en la vaga lucha por cazar una etapa, aunque sólo una fuera, él que el año pasado se hinchó.

En los matices está el atractivo, y el primer tercio del Giro nos ha dado una lucha sin tregua por el trono de una velocidad que jubila nombres (desde Cav a Kittel, pasando por Greipel) con la misma eficacia que suma nuevos adeptos.

El portabicicletas de techo Cruz Race Dark presenta una remozada versión para este año 

Los que esperábamos todos, Viviani y Gavia, tienen la pólvora mojada.

El italiano en este Giro, el colombiano casi toda la campaña.

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Ha vuelto Caleb Ewan, un tío al que queremos ver ya en el Tour.

Y ha irrumpido en las grandes Ackermann, quien recuerda mucho a Kittel: corpulencia, certeza y cierta altanería.

Si el duelo por la general se presume interesante, qué decir por la maglia ciclamino.

Veremos interesantes episodios entre el mentado Ackermann y el talentoso Arnaud Démare: un coche de trenes en toda regla.

Ya podéis bien jurarlo.

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Pero estos diez días han sido más: el fastuoso prólogo de Bolonia, esas multitudes al cobijo de los pórticos hacia San Luca, el abandono de Tom Dumoulin, el salto de calidad de Richard Carapaz en una llegada jugada a la ruleta, el mal disimulado apetito de Fausto Masnada, la durísima jornada de L´ Aquila y la victoria de Pello Bilbao, la crono de San Marino, tan remojada como decisiva, habrá que verlo.

El Giro ha sido todo esto, que no es poco, un «antipasti» para una edición que promete llenarnos.

Y un último motivo, cuando los escaladores atacan a saco como Mikel Landa es también porque les precede un terreno poco exigente y menos desgaste.

Se han pasado guardando muchos días para llegar a full en su terreno.

Por que el prestigio también se granjea en los matices y el Giro ya va dejando esquirlas por el camino.

Imagen: © BORA – hansgrohe / Bettiniphoto

Velocistas: una especie en extinción

Ciclistas velocistas - JoanSeguidor

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La bajada de las llegadas al sprint deja a los velocistas sin opciones en las grandes carreras

El otro día en la París-Tours, carrera que resultó preciosa al espectador a costa de traicionar su linaje de grandes velocistas, despertó las críticas de algunos ciclistas.

Entre otros recuerdo la de Arnaud Démare, quien, a pesar de ser el velocista que se adapta bien a otros terrenos, tipo tierra o adoquín, comentó que el experimento no le gustaba.

Ahora, a la luz del recorrido del Tour de 2019, Arnaud Démare admite abiertamente que ir al Tour no es una obligación…

«A primera vista, es un recorrido particularmente de resistencia.

Definitivamente haremos malabares entre la montaña y la media montaña con escasos finales para el sprint.

No va a ser fácil, en comparación con años anteriores, esta edición de 2019 no será en absoluto favorable para los velocistas.

Pienso que las etapas de media montaña llegan pronto para los que no son escaladores, antes de que lleguen esas pocas etapas llanas donde es probable que todos estemos cansados.

Todavía no conozco mi calendario para 2019, lo discutiremos en noviembre y debemos ver si el equipo piensa apostarlo todo por Thibaut Pinot.

Por lo tanto no estar en el inicio puede resultar ser una posibilidad.

Ya me había pasado en 2016 y no es una obligación estar allí el próximo año»

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Que el mejor velocista francés, ganador de sendas etapas en las últimas ediciones, opine esto es el ejemplo de que el ciclismo camina hacia los recorridos descompensados y poco justos.

El velocista es una, otra diría yo, especie en extinción 

De siempre se ha sabido que el corredor rápido las pasa canutas para sortear la montaña con mejor o peor suerte.

Sin embargo había premios, incentivos que le hacían seguir en la brecha.

A veces, con mala fama, como la de Mark Cavendish y los coches.

El capo del Tour, Chistian Prudhomme, admitió sentirse impresionado por los infiernos que pasaron corredores como Peter Sagan o el mentado Cavendish para seguir vivos en la carrera, el año pasado.

A su vez enumeró tres etapas para velocistas la primera semana, dos en la segunda y otras tantas en la tercera.

Para Prudhomme, París es la gran jornada de los velocistas.

Sin embargo cabe preguntarse si les merece la pena vagar por todas las montañas de Francia para jugarlo todo a una jornada, a una avenida.

En invierno, probad Endura 

Sabemos que las carreras que acaban al sprint no tienen buena reputación, pero un buen sprint, el momento del látigo, es una de las esencias del ciclismo.

Y cada vez son menos las opciones que tienen los grandes de la velocidad, que casi tendrán que centrar su tiro en las carreras de inicio de temporada, por las planísimas Abu Dhabi y Dubai.

 

En Francia se habían acabado los monumentos… ciclistas

Monumento Arnaud Demare JoanSeguidor

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Thibaut Pinot sumó un monumento al exiguo palmarés francés

Al menos durante estos últimos 25 años en los que en Francia prácticamente no se ha levantado ningún monumento del ciclismo.

Así es, los ciclistas franceses lo han tenido muy difícil, por no decir imposible.

No es sencillo alzar los brazos en estas las cinco grandes clásicas del calendario, carreras que dan un prestigio y distinción especial para el que las consigue.

Pero como en toda norma, en esta negativa dinámica del ciclismo francés que se remonta desde los años 90, encontramos siempre una excepción.

Esta no es otra que la solitaria victoria de Arnaud Démare en la Milán-San Remo de 2016. Un oasis en un desierto.

Para encontrar algo parecido nos hemos de transportar en el tiempo hasta nada menos que 1997 para distinguir a un ganador francés en lo más alto del pódium de un monumento.

Hablamos, naturalmente, de Laurent Jalabert que se alzó con la gloria en el Giro di Lombardía de aquel año.

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Fue un final de temporada en el que los aficionados franceses han tenido que esperar 21 años que se repitiera, para ver de nuevo a un compatriota suyo salir vencedor ya no sólo de una prestigiosa prueba como la de las hojas muertas, sino también de un monumento.

Estamos hablando, por supuesto, de la enorme recompensa de Thibaud Pinot en Il Lombardía del pasado fin de semana, que ha hecho reverdecer los laureles del ciclismo hexagonal, precisamente en una carrera donde predominan las hojuelas marrones secas.

Thibaut Pinot - Il Lombardia

Este hecho ha sido el que ha propiciado que, por curiosidad, mirásemos hacia atrás en el tiempo para encontrar una conquista final de un corredor francés en un Monumento.

Hemos tenido que rebobinar bastantes temporadas, salvando la de Démare en San Remo, para ver que durante todos estos años, que nos han llevado desde Jaja hasta Pinot, han sido para el ciclismo francés una gran y desolada travesía.

Esto si hablamos de la gran clásica de primavera que, por cierto, el penúltimo logro francés fue también para el de Mazamet en la temporada 1995.

Porque si miramos con detenimiento el comportamiento de los ciclistas galos en el resto de monumentos, nos tenemos que remontar hasta los años 92 y 93 para disfrutar de las grandes cabalgadas del inolvidable Gilbert Duclos-Lassalle, un ciclista que estaba hecho para pedalear sobre el adoquín como demostró con sus sendas victorias en la París-Roubaix de aquellas dos consecutivas temporadas.

Monumentos de primavera

Un año antes, en 1991, otro francés consiguió vencer en el Infierno del Norte.

Nos estamos refiriendo a Marc Madiot y desde aquellos resultados hasta hoy en día, nada, el vacío, ningún apellido del otro lado de los Pirineos ha conseguido inscribir su nombre en la recta final del velódromo de Roubaix.

La bicicleta en destino con Nacex

Buscando un poco más allá y enfocando nuestro objetivo ahora en el Tour de Flandes, podremos comprobar que este desierto se remonta hasta nada menos que 1992 con el prestigio que se ganó Jacky Durand en la Ronde.

La cosa se complica bastante más a la hora de buscar un triunfo francés en este caso en la Liège-Bastogne-Liège.

Nos tenemos que trasladar hasta la década de los 70, en una época que marcó “el Tejón” con un dominio casi tiránico del ciclismo internacional, para encontrar una victoria francesa en “La Decana”.

Nada menos que 1977 y 1980, son los años en los que Bernard Hinault consiguió grabar su nombre a fuego en la gran clásica valona. Ya ha llovido.

Por todos estos motivos, la honra de Pinot en Il Lombardía ha sido considerada por toda la afición y prensa francesa como de excepcional, que han vuelto a vibrar con uno de los suyos y han alabado el formidable comportamiento de su corredor en el quinto y último monumento de la temporada.

Son muchos los franceses que, ante esta formidable victoria, hablan ya de un ciclismo francés completamente desacomplejado, poco habituado a este tipo de escenarios desde hace mucho tiempo.

Este triunfo les autoriza a esperar que este éxito se repita muy pronto porque además es cierto que, visto el número de talentos de los que dispone el ciclismo francés, tarde o temprano tendrán que llegar los resultados y que no serán fruto del azar.

Esto no lo decimos nosotros, lo dice un experto en performance como Frédéric Grappe, entrenador de la FDJ que dice, textualmente: “los grandes premios llegarán porque reflejarán el potencial de nuestros atletas cuando eclosionen las grandes figuras favorecidas por la eficaz lucha antidopaje, añadida a una evolución de mentalidad ganadora”.

De sus palabras se desprende que piensa, como la mayoría de franceses, que los negros años del dopaje han expoliado grandes victorias a sus corredores nacionales más íntegros.

¿Vosotros qué pensáis?

¿Estamos ante la típica boutade dicha por un francés?

¿Se trata de una fantasmada exclamada en el éxtasis de la gloria?

¿O quizás estamos ante el renacimiento de una época que marcará un antes y un después en el ciclismo galo?

Por Jordi Escrihuela

Tour: Démare responde en la carretera

Tour - Arnaud Démare JoanSeguidor

Otra vez Arnaud Démare no se va de vacío en el Tour

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Me alegra mucho el triunfo de Arnaud Démare en Pau.

Primero porque es uno de los ciclistas más adorables del pelotón, con un palmarés curioso y una polivalencia fuera de toda duda.

Démare evidencia un palmarés interesante, con dos etapas ya en el Tour, una San Remo y siendo un espectáculo en ciertas carreras con pavé.

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Es por tanto un ciclista que se nota, bebe de una cultura de la bicicleta arraigada y sólida.

 

 

La dedicatoria de Démare a Greipel

Pero me alegra más por motivos revanchistas.

Como sabéis las dos jornadas de Pirineos no han sido sencillas para Démare.

En la jornada corta, en la que gana Nair0, iba descolgado casi de salida.

Se pasó la jornada persiguiendo y llegó penúltimo a meta.

Con muchos tramos en solitario. El año pasado recordaréis que medio equipo se fue a casa por esperarle.

 

Tour de France – Montée du Col de Portet

Nous avions une caméra dans la voiture de Fred Guesdon suivant Arnaud Démare dans le Col du Portet. Ça donne ça ⤵️

Publicada por Équipe cycliste Groupama–FDJ en Miércoles, 25 de julio de 2018

Pero lo que más duele es leer ciertas cosas, cosas que tienen que ver con el sempiterno problema de la envidia.

  

 

En la jornada reina de los Pirineos André Greipel opinó de cómo Arnaud Démare se salvó de la quema del cierre de control.

Feo, muy feo, horrible.

 

Greipel, fuera del Tour, tras dos Tours de vacío, opinando de Démare y cómo salvó los muebles.

Lamento decirlo pero el alemán se equivoca, la caga, mete la pata, mea fuera del tiesto.

Estas cosas no se dejan entrever en twitter, estas cosas se denuncian ante quien convenga.

 

 

El ciclismo no puede estar constantemente tirándose los platos entre sus personajes.

Es patético leer ciertas cosas, y de la cola de la carrera en las etapas de montaña hemos escuchado y leído mil historias de trampas, de remolques, de velocistas buscando acabar como sea.

Pero nadie muestra vídeos, fotos o pruebas concluyentes.

Si Démare, que además él responde a Greipel que estaba rodeado de comisarios, hizo trampas que lo denuncie y se pongan pruebas sobre la mesa.

Sembrar de mierda es sencillo y triste, aunque lo es más el daño que se hace al deporte que te emplea.

André Greipel ha errado, se ve que quitó el famoso tweet, pero al menos admita que Démare ha ganado sin trampa ni cartón.

 

Imagen tomada de FB de Groupama-FDJ

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24 horas en Cheste, ese ciclismo que no entiende de horarios