Mikel Landa debe ser capo

Tres o cuatro días después de finalizar la Vuelta a España en Madrid, de cumplir con el equipo, de haber sembrado el camino de Aru hacia el triunfo final y sacudirse las críticas que le señalaban como traidor, Mikel Landa adelantó en el cuerpo de una entrevista que se va al Team Sky, incluso antes de que los ingleses que visten de negro dijeran esta boca es mía.

Landa es un tipo que así de primeras enternece. Tiene tez de niño. anchas cejas, negro cabello y angulado rostro que no esconde la juventud que aún fluye por sus venas. Hay quienes gustan compararle con Marco Pantani en las subidas, por eso de que coge el manillar por la parte de abajo. Yo no acabo de verles similitud, sobretodo porque el alavés parece mover mucho más desarrollo que el malogrado escalador romagnolo.

Viendo la temporada del aún corredor del Astana es ciertamente para quitarse el sombrero. Cuatro triunfos parciales a razón de uno en País Vasco y Vuelta, más dos en el Giro, parecen números de buen llegador y no de un escalador de los que pocos surgen. Sumadle el tercer puesto en la ronda italiana. Balance redondo.

Competitivamente chapeau. Tiene calidad, eso es innegable, ésta se riega de ambición y rebeldía en un 70-30. Lo primero porque creo que no se esconde en carrera e incluso en momentos de mano a mano, sobretodo los que coincidió con Alberto Contador en el Giro, salió airoso. Lo segundo porque lo de Andorra fue una de las mayores muestras de ir a la suya que hemos visto nunca. Su poco disimulo desde el minuto uno de la fuga se coronó con el tema del pinganillo cerca de meta. Y luego sus declaraciones. Todo hace indicar que en ese equipo las relaciones estaban calcinadas desde hacía tiempo.

El trabajo final en la sierra de Guadarrama maquilló un poco el malestar pero no escondió el hecho de que este ciclista estaba en las antípodas del equipo celeste. Y de ahí su anuncio, de viva voz, del paso al Team Sky saltándose el potente servicio de comunicación de la escuadra británica.

Dice Landa que le ofrecen proyecto deportivo en el equipo inglés. Queremos creer que es así. Posiblemente el año pase por el Giro, carrera que por cierto anuncia una crono que le puede significar un lastre. Como digo, espero que sea así, porque en el Sky hay mas gallos que objetivos a repartir, y alguno tendrá, hablando en plata, que joderse. Entiendo que Landa lo habrá atado, porque viendo cómo se las gasta y como reacciona a la no preselección de Javier Mínguez, quien parece contemplar unos nombres y a esos se ciñe, los ingleses pueden tener el enemigo en casa.

Imagen tomada de www.teinteresa.es

INFO

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Hace mucho que el deporte dejó de ser deporte

En los últimos años muchas personas me han preguntado por el dopaje, las trampas y triquiñuelas que rodean el ciclismo. Siempre respondo lo mismo, con tal rutina, que escrito en un papel pegado mi frente haría las veces de portavoz. Lo que vemos por la tele, en un estadio de fútbol, en una cuneta de una carrera o dondequiera que os sentéis es un “espectáculo deportivo” y nada tiene que ver con deporte. Se trata de un negocio que exprime, retuerce y sofoca cuerpos y mentes.

A pocos días del Campeonato del Mundo de atletismo surgen dos positivos que hacen temblar por su magnitud. Que hayan pillado a Tyson Gay y Ashafa Powell me recuerda tanto a esa salida del Tour en la que el 90% de los favoritos se tuvieron que marchar por la explosión de la Operación Puerto que me parecen historias escritas por el mismo guionista. Querría saber qué ha de decir Usain Bolt sobre lo acontecido.

Navegando por las páginas de algunos diarios generalistas, y también deportivos, se toma conciencia de cómo el gran público, ese que al final debe comprar el producto que anuncia tu maillot para que el patrocinio sea rentable, se da cuenta de que el deporte profesional es un espejismo y que quizá sea hora de cambiar los guarismos y percepciones si no queremos ver que cada competición se convierte en un intríngulis de conjeturas sobre si lo que consigue el atleta responde a rendimientos convencionales o si se salen de norma. Sin embargo ese gran público que asimila la realidad sigue viendo deporte.

Ayer por ejemplo Chris Froome se fue dando un portazo en la sala de prensa del Ventoux atosigado por sus registros. Los periodistas le inquirían sobre el tiempo que empleó en ascender un puerto que, entiéndanme, si nosotros comemos lo que los ciclistas no lo haríamos igual de rápido. La comparativa con el tiempo que le llevo a Armstrong se puso en la mesa, e incluso mecenas de este deporte, como Oleg Tinkov dijo que él no aseguraba que Froome se dopara pero que sus tiempos se parecen mucho a los del Armstrong que termino confesando en Oprah.

El otro día hablamos de los radares de “Le Monde” y de las escalas que establecen para ver si los rendimientos son asumibles o no. No se trata tanto de ver si esas actuaciones son humanas o no, pues no lo son. En el fondo está claro que hablamos de universos paralelos y que a pesar de lo obvio del asunto seguimos incurriendo en numerosos errores. El planteamiento merece una pregunta de base: ¿Nos gusta el deporte o el espectáculo deportivo? Una vez tengamos clara nuestra respuesta empecemos a valorar las cosas como merecen.

A un servidor le gustan ambas cosas. Me gusta el deporte por que te oxigena, que ya es mucho en estos tiempo, y te da un punto de autoestima. Me gusta el espectáculo deportivo por que me entretiene y me permite elucubrar en este espacio. A partir de ahí llamemos las cosas por su nombre. Deporte es lo que hacemos millones de aficionados en nuestros tiempo libre, conciliando nuestra vida normal con la deportiva sin más pretensión que mejorarse a sí mismo. Espectáculo deportivo es ver a Tony Martin escocido en la entrepierna y la espalda abrasada por las heridas tras una contrarreloj, es comprobar las animaladas que hacen los pilotos de motociclismo que toman la salida con la clavícula rota por que no se pueden permitir perder puntos, son futbolistas infiltrados para que no les duela el cuádriceps en un partido,… eso es espectáculo deportivo, y en ese monstruoso negocio las cosas son muy diferentes a como las concebimos.

Foto tomada de www.dna.fr