Il Lombardia: Bauke Mollema siempre está ahí

Bauke Mollema Lombardía JoanSeguidor

Para Bauke Mollema el favoritismo se demuestra en la carrera y en Lombardía no esperó a terceros

El tramo final del Giro de Lombardía, lo decíamos antes, es una trampa que entra y sale de la orilla del Lago de Como que si algo tiene es que es de dominio público, entre otros de Bauke Mollema.

Se sabía que el Giro de Lombardía del presente año presentaba una nómina interesante e igualada sobre el papel.

En una carrera de gran fondo como ésta, las cosas acostumbran a quedar entre los capos, los grandes favoritos -en este caso Roglic, Valverde y Bernal, quizá por este orden- dándose la circunstancia que tener o no un compañero puede decantar las cosas cuando el escenario aparece tan igualado.

Bernal contó con el Ineos, en la resaca de Kipchoge, de lejos, Roglic tuvo a Kuss especialmente en un tramo final que no le trae buen recuerdo, pues aquí mismo hace cinco meses vimos que no iba a ganar el Giro.

 

La carrera demostró que, de los que partían en cabeza en las apuestas, Alejandro Valverde era el más fuerte.

En la cresta de Sormano, en el cambio de carretera ya tentó, luego vendría Civiglio, y el ataque que no vimos porque se fueron a publicidad.

Alejandro Valverde tenía la chispa de los grandes días, pero el compañero que podía decantarle la carrera le faltó. 

¿Necesitas un portabicicletas de techo?

Si miramos atrás, veremos que el monumento que reluce en la vitrina de Valverde, la Lieja, necesitó habitualmente de la complicidad del equipo.

En este Lombardía, salvo Rubén Fernández, el Movistar se diluyó como se expande la su nómina de ciclistas en salida cara el año que viene.

Cabría preguntarse por el final de temporada y alineación de Mikel Landa para esta carrera por ejemplo.

Por lo que han hecho otros corredores, Carapaz desde el Giro, por ejemplo, y por el abrupto final de Nairo en el equipo celeste.

 

La clave, el equipo, y mientras nos preguntábamos por ello, uno de los ciclistas más admirables del pelotón, Bauke Mollema saltaba para ganar Lombardía.

Un triunfo de esos merecidos porque pone una perla más en la trayectoria de un corredor de pocas pero buenas victorias: etapas en Tour y Vuelta, la Clásica de San Sebastián.

Como en Donostia, Bauke Mollema supo leer la carrera para ganar Il Lombardía.

Un monumento, ni más ni menos, y como esos triunfos que señalábamos, fruto de una mezcla de esfuerzo sin igual y lectura singular.

SQR – GORE

 

Y que le quinten lo bailado a Mollema, que se va del año 2019 con un monumento, Lombardía, y un mundial, el de crono por equipos que ganó porque fue uno de los pocos top que se atrevieron con la fórmula mixta por equipos, que gustará más o menos, pero le pone en el palmarés de los Campeonatos del Mundo.

Mollema le da a Trek el triunfo más grande del equipo en el plano colectivo, si no contamos el de Pedersen, con los colores daneses, en el mundial de fondo.

Es imposible no querer a Bauke, un tío que siempre está ahí y que hay que tomárselo en serio, incluso cuando las estrellas vacilan y no salen a por él en Civiglio, porque este tipo de afilada nariz quizá no tenga el talento más inmenso del pelotón, pero tiene olfato y don de gentes, y su triunfo alegra a muchos.

Imagen: FB de Il Lombardia

El ejemplo de Bauke Mollema

Bauke Mollema - joanSeguidor

Pocos ciclistas aprovechan el descanso para conocer una ciudad como ha hecho Bauke Mollema en Salamanca

A veces las cosas son más sencillas de lo que parecen, y Bauke Mollema lo ha demostrado. 

El neerlandés se quedó a las puertas de coger a Ben King en La Covatilla

Esa es la imagen que tenemos de él en la carretera. 

Pero ayer, en la ciudad vieja de Salamanca se le vio paseando con una bicicleta eléctrica de Trek para conocer una ciudad que no descubriremos ahora.

Y vemos en el perfil de Mollema en twitter imágenes de la catedral nueva y de la preciosa calle de la Compañía. 

Cambrils Movil 300×100

A Bauke Mollema le siguen más de 186.000 personas. 

Entre otros nosotros, que hemos empezado a seguir a un corredor que no se distingue por ganar mucho pero que sin embargo ofrece algo diferente. 

Muy diferente. 

La Émonda de Trek prima la ligereza

Verle ayer por medio de Salamanca, en el patio de Universidades, donde la fachada de la famosa rana, es un raro ejemplo que ya quisiéramos ver más a menudo.

El ciclismo absorbe, consume personas, pero precisamente en el refugio de la cultura hay un excelente asidero para gestionar lo que este deporte regala y exige. 

Un excelente ejercicio que vende la ciudad que se ha gastado una buena pasta en acoger la Vuelta, que vente la bicicleta eléctrica de Trek y abre la mente más allá de la calzada… 

Por cierto que ver a Bauke Mollema por Salamanca, nos trae a la memoria Jaime Rosón, quien estudió por estas calles y sigue esperando saber qué pasará con él.

Y es que hay cosas que ni con la mejor preparación, con muy complicadas de entender. 

Kwiatkowski y los que no especulan

Michal Kiatkowski wins San Sebastian
Premio gordo en Donosti, premio mayúsculo en la Klasikoa, una recompensa en forma de nombres y corredores que no saben el significado de la palabra especular. Los cinco de adelante que salieron disparados de la cima que antecede el Igueldo eran un regalo, amantes de un desenlace incierto, del pelear la victoria, sin escrúpulos, ni cortapisas.

Delante al final quedó Michal Kwiatkowski, recordando viejos tiempos por Euskadi, completando un julio de ensueño, tras contribuir al éxito de Froome en el Tour, sumado a un 2017 que habla de su dimensión. De San Remo, ganando a Sagan, a San Sebastián haciendo lo propio con Gallopin. Kwiatko, se veía, que les iba a dar para el pelo, que iba a poner Donosti en su selecta lista, que iba a llevarse otra clásica del máximo nivel.

 

Kwiatko tuvo premio, y no es sencillo, tenía rivales que no especulan. Tom Dumolin, por ejemplo, no pudo seguirle en los descensos que el polaco toma rectos. El neerlandés es otro que cuando entra en liza no acostumbra a fallar, no escatima, no esquiva relevos ni ataques, otro lujo de corredor.

Mikel Landa: hace un tiempo que dijimos que no entiende de triunfos sin alma. Jugó su baza, obligó a reaccionar a los rivales y acabó llegando delante. Landa fue parte del engranaje de Sky, otra vez de negro, como Gianni Moscon, “what a rider”, el italiano que rueda como los ángeles y va camino de ser un castigador en estos terrenos, no sé si llegará al palmarés, palabras mayores, de Bugno, con quien le comparan, pero sigue creciendo…

Toni Gallopin, segundo en el Boulveard, que tiene pequeño pero valiosísimo palmares, incluso San Sebastián. En el Tour dio lo que tenía, pero no le quedaba tanto como para una etapa, cogió compañeros de escapada de nivel, y mucho. Bauke Mollema sí tuvo suficiente, ganó una etapa y en Donosti estuvo defendiendo con honor la corona que defendía en San Sebastián, un dorsal número uno que cedió a su compañero Haimar, el último día de su trayectoria pro.

Son ciclistas que por lo general no saben especular, ciclistas que nos remiten a aquellos que corren para la victoria sin esperar nada a cambio del de al lado, que no racanean, porque llegan a meta vacíos, sencillamente rotos. Dumolin, Kwiatko, Gallopin,… pero también Peter Sagan, el mismo que ganaba en Polonia al tiempo que el polaco en el córner guipuzcoano. Sagan es otro de esos que se quedaron con las ganas, quizá por dar más de lo que el rival merecía.

Eso le pasó mucho a Greg Van Avermaet, mucho tiempo plata y bronce, hasta que dijo voy a por el dorado y acabó siendo el máximo anotador de la primavera, algo que ansía Tim Wellens, pero que no encuentra, porque el valón quiere dar el salto que sabe le falta para ser un grande como Philippe, Philippe Gilbert, el corredor que si se siente fuerte y se ve bien no espera componendas, entra a degüello y salta a cincuenta kilómetros de la meta de Flandes, con intención de ganar.

Y Contador, Alberto, un corredor que no deja pasar la opción para bajar su impronta, buscar el máximo, aunque a veces con esos «ataques de peseta», dícese de esos que se hacen con el convencimiento de que no van a ninguna parte, pero con otros como los de Foix y Formigal, que sí que hacen camino y daño.

Son los ciclistas que no escatiman, que se parten el espinazo para seguir a flote, que logran lo suyo por méritos propios, a veces desaviniendo las leyes de la dosificación de esfuerzos. En su mano está en buena parte que nos siga gustando el ciclismo.

Imagen tomada de FB del Team Sky

#LeCahier Cada día es fiesta en casa de Froome

Froome en amarillo en Le Luy
Sin tregua: si a Froome le gusta la tranquilidad, este Tour les está dando dosis de fiesta casi a diario. la jornada del Macizo Central fue definida por “le régional”, Romain Bardet, como una especie de Lieja. Quizá embebido por el lugar, tan cercano, tan familiar, quizá llevado por un estado de forma excepcional, acompañado por el mejor equipo de la carrera, excepción hecha del Team Sky, quizá empujado por la necesidad de arañar segundos que le pongan a seguro antes de la crono de Marsella, el mismo Bardet volvió a ser el «precipitador» de las cosas, en el momento que tenían que “precipitarse”.

Fue a cuarenta kilómetros de meta cuando los blanquiazules sacaron la artillería y pusieron, como en el Jura, en un brete al Sky. Hablamos del Jura, también del Macizo Central, podríamos decir que son las cordilleras menores, ni Alpes ni Pirineos, pero en este Tour están dando el brillo, que los grandes clásicos no conseguían regalar.

Tras varios años de un pelotón escupiendo sobre la grandeza del Col du Tourmalet, Galibier y Croix de Fer, entre otros, llega un primera duro, estrecho, arraigado y humanizado en las cuentas, como el Peyra Taillade, y desgaja el pelotón como quien estruja una mandarina. Un puerto empinado, corto en medio de una trampa de etapa, que resultó casi mortal para el líder cuando la mecánica como en Mont du Chat, como en la salida de curva de Peyresourde, le volvió a jugar una mala pasada.

La gestión del Team Sky: tenía interés en saber cómo iba a resolver las diferentes crisis que en este Tour se le suceden al Team Sky y no podemos menos que elogiar cómo lo están haciendo los ingleses. Si camino de Foix creo que hicieron un buen negocio con Landa delante y Froome en el top, esta vez la escalera hacia el grupo bueno del líder fue efectiva. Resolver, hay que resolver, pero si se hace sin estridencias mejor, incluso mejor para el portador del amarillo, Froome, que cuando algo se tuerce se afecta en exceso.

Kwiatko le cambió la rueda, Mikel Nieve lo arrastró hacia delante y Mikel Landa lo metió y acompañó en el grupo de los grandes. Gestión muy buena de los ingleses, que demuestra que no sólo saben ganar con la corriente a favor, también en momentos adversos.

Público impertinente: hemos leído en varias crónicas que el pasillo humano que guió a la caravana del Tour estuvo perfumado de mucha pasión pero también poblado de algún gilipollas que se despachó con Froome, un corredor que está teniendo que soportar tanto frustrado en las cunetas, que su estoicismo es admirable.

Mollema, sin el puestómetro: el holandés ya despachó su puestecito en el Giro llegando al Tour con la cuota cubierta. Sin Contador en la pomada –nos quedará saber si el neerlandés habría trabajado al 110% para él de requerirlo- Mollema era un outsider a cualquier etapa que exigiera un mínimo de calidad. Su triunfo en Le Puy ha sido el sueño cumplido a una carrera llena de buenos resultados pero sin la guinda, un sueño que además culminó en una fuga de un nivel y exigencia importantes.

#LaProchaine La carrera se toma el segundo día de descanso y saldrá mañana desde Le Puy a Romans-sur-Isère, unos 165 kilómetros que no se esperan muy duros más allá de que es la tercera semana y pondrá el Tour en la puerta de los Alpes.

Imagen tomada del FB del Team Sky

INFO

Hasta el próximo 24 de septiembre, los Bkoolers podréis disfrutar de una Gran Vuelta

Dumolin: Las virtudes superaron sus debilidades

Lo admitimos, lo pasamos por adelantando, no metimos a Tom Dumolin en el nueve del Giro, y eso nos pesó durante estas tres semanas, porque el holandés ha desmentido punto por punto todas las debilidades que le preveíamos.

La primera, estaba claro, era su mal día, esa tara que por los siglos de los siglos ha acompañado a muchos ciclistas hasta que llegó un día que no pasaron por esa fase. A Dumolin muchos le situaron en el margen cuando la carrera tenía que subir hasta los 2700 metros del Stelvio, esas cotas que algunos de sus rivales tenía por la mano y no sé hasta que punto que esas alturas influyeron en el estómago de Tom y la salida por la tangente que tuvo que hacer apurado en la base del Umbrail.

Sea como fuere, si no fue que le sentó mal algo, o la propia altitud, quizá también podrían ser los nervios, algo que Tom no pudo disimular en alguna ocasión. Que el estómago te apriete puede ser también por eso, la tensión de empuja todo hacia abajo hasta que tienes que ausentarte en el peor momento. El neerlandés, discreto él, no pudo contener su enfado el día que se quedó con Nibali y Nairo viendo la vida pasar, mientras Pinot se metía de nuevo en la carrera.

Ese día, el imperdutbable Tom demostró que la situación pesaba, como para no pesarle, se jugaba todo un Giro, una carrera en la que entró de forma irremediable el día que muchos pensamos que para Nairo esto podía ser un paseo, el Blockhaus. La reacción de Tom, dejando hacer a los de adelante y poniéndolo todo al final, fue la mejor tarjeta de presentación que puso sobre la mesa el ganador final del Giro.

Incluso mejor que en la propia crono, donde Tom demostró cuán necesarias con esas pruebas en este ciclismo moderno que se atiborra de montañas sin ton ni son, cuando en el equilibrio está, yo creo, la clave. En circunstancias normales esa crono era más que suficiente para ganar el Giro. Una exhibición así merecía el premio gordo, fue tan sobrado su triunfo que establecimos comparaciones obvias que en Oropa fueron corroboradas, es líder ancho y alto, pesado a la vista, que deja a hacer en las subidas hasta que pone el rodillo y va cogiendo todo aquel que se mueve.

Oropa fue otro salto, no sé si grande o pequeño, pero salto, porque el golpe se producía en terreno ajeno. Y es que en este ciclismo para que triunfe un tío como Dumollin necesita algo más que estirar hasta el infinito cada oportunidad que tiene pues se juega los cuartos en recorridos muy alejados a los que tuvo en su día Indurain. ¿Os imagináis que estropicio haría Dumolin con cronos de 60 kilómetros?

Sea como fuere Tom fue saliendo de todas y cada una de las pruebas que muchos pensábamos que no superaría. El tema del equipo por ejemplo, lo solventó con un poquito por aquí y otro poquito por allí. Tuvo siempre alguien al lado con la necesidad de ayudarle para beneficio suyo. Si un día era Trek, al siguiente FDJ e incluso Bob Jungels en la ruta hacia Asiago. No cupo duda que Dumolin en esto sacó el Lemond que tenía dentro, siempre aprovechando lo mejor de cada situación, leyendo la carrera en positivo, incluso cuando perdió a Kelderman en esa caída contra la moto.

Dumolin ha exhibido flema, en ocasiones excesiva, como en la etapa de Piancavallo donde como ese niño que nunca escarmienta de llevarse sustos, va y se pone en la retaguadia de grupo para facilitar el corte a favor de sus rivales, un corte que le llevó en el límite todo el día y le acabó costando el liderato.

Pero todo eso son lecciones, vivencias y encima con el premio de un Giro de Italia, un premio que mereció, como merecía su país, Holanda, que vive esto como un asunto de estado y no tenía la suerte de cara en las grandes citas, mirad el propio Dumolin hace un par de años en la Vuelta o Kruijswijk y Mollema en Giro y Tour pasados. Desde Joop Zoetemelk ha llovido mucho, viendo a este ciclista creo que no tendrán que esperar tanto tiempo.

Imagen tomada de FB del Giro de Italia

INFO

El nuevo Jan Ullrich y su vida presente

Dumolin dibuja el límite

Llevo unos cuantos años viendo ciclismo, apreciando lo bueno, distinguiendo lo que me gusta. Ver un tipo sobre una bicicleta, acoplado a una máquina, rodar al unísono es un placer, un deleite y motivo de admiración. Rodar, burlar el tiempo, la tiranía del reloj, avanzar… tíos con clase hemos visto un puñado, pero si me obligaseis a escoger, me quedaría con Tom Dumolin.

Al neerlandés todos le comparan con Miguel Indurain, tiene semblanzas, qué duda cabe, pero a éste le ha tocado una época muy jodida, mucho peor que para el navarro, le ha tocado convivir entre escaladores finos, pequeños, auténticos rodillos cuesta arriba. Y le ha tocado ganarse los cuartos en una época en que la montaña ha retomado el escenario con grandeza y casi desplazando los test cronometrados.

Sin embargo, la historia, circular ella, vuelve a los orígenes a veces, y repite lo que un día experimentó. Cuando presentaron este Giro nos percatamos de la crono que salía de Foligno, del corazón de la Umbria, como elemento diferencial en el recorrido del #Giro100, pues situada en pleno ecuador de la carrera, tras la jornada de descanso, la resaca del Blockhaus y el penoso vagar hacia los Alpes, nos parecía una pieza clave en el engranaje de esta carrera que se pone emocionantísima.

Qué bien le hace una buena crono a una carrera, una buena crono de unos 40 kilómetros, que obligue a rodar, a sacar potencia y mostrar dotes, pero que también juegue a romper la cabeza del ciclista, a jugar con desarrollos, a trazar con inteligencia –menuda mediana sobre el kilómetro diez, por cierto, criminal es poco-.

Qué bien le hace una buena crono a una grande, un acto que obligue a ser imaginativo, a ver más allá de muros y subidas imposibles ideadas por necios que creen que en su repetición está el grial del ciclismo. Una crono así pone las cosas en su sitio, alinea el espectáculo a la emoción y sitúa a límite a muchos nombres importantes.

Dumolin, lo habéis visto, poco añadiré, lo ha bordado, con ese estilo en el que parece que la clase pedalea por él y la fortuna le sonríe porque no le queda otra que sonreírle. El gigantón holandés tiene lecciones aprendidas, de la Vuelta que perdió por ese tramo entre puertos en la Sierra Madrileña o de la preparación insuficiente que le llevó al pasado Giro, porque pensaba en los Juegos. Dos cosas cuelgan en su debe: el día malo que todos le vaticinan y un equipo que no tiene su mejor resorte, Kelderman.

Pero este Tom piensa ahora en el Giro, sólo y exclusivamente en el Giro, tiene piernas y forma, y cabrá ir a la contra si se le quiere quitar de ahí. No sé si Nairo contaba con el varapalo de la crono, pero haría bien el colombiano si valorara las dos últimas grandes cronos que ha realizado. La del año pasado en la Vuelta casi le deja sin aliento ante Froome y no perdió la carrera porque Contador le hizo un gran servicio en Formigal, mucho más que ese equipo al que siempre agradece lo primero su entrega. Esta vez Dumolin le ha quitado las pegatinas y le pone en una situación límite, en la tesitura de tener que atacar varias veces y gastar cartuchos que seguro cada noche mide sobre el edredón con la vista puesta en el Tour.

Nairo se la tiene que jugar, queda otra crono de Monza a Milán cual encefalograma plano, pero también los que tiene en el lapso de los menos tres minutos, y en especial Nibali, quien quizá no gane, pero que quizá decida quién calza la maglia en Milán. Por ahí están también Pinot, imprevisible, y Mollema, quien ya acuña el discurso del “puesto en la general”.

Más allá el vacío, nos gustaría ver que el Team Sky es capaz de voltear situaciones tan adeversas como las que se les ha dibujado, Geraint está rayando la excelencia, y que los Orica se sequen los lamentos de las motos y el Movistar y se pongan a jugar sobre la pizarra.

Hay Giro y lo que queda será apasionante.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

INFO

WD-40® Producto Multi-Uso lubrica cualquier mecanismo, asegurando así su correcto funcionamiento. Lubrica cerraduras, puertas, rejas o ventanas, acabando con los molestos chirridos.

Las mentiras piadosas de Nairo

La verdad sólo tiene un camino, ni izquierda, ni derecha, sólo un camino y ahora mismo es la que marca el pelotón guiado por el Team Movistar con Nairo Quintana en su punta de lanza. Genial, no cabe otro calificativo, este colombiano cuando se pone, se pone. En el Blockhaus, el colombiano ha roto el guión, ha atacado más de dos, más de tres, ha atacado cuatro veces, las necesarias, ni más ni menos que las necesarias.

Estaba obligado Nairo, por varios motivos. Su equipo ha sobrevivido al hackeo de la empresa madre, el viernes, terrible, pantallas azules y esas cosas, y ha sacado lo mejor de sí mismo. Veinticuatro horas después de la victoria de un tipo que derrocha clase y calidad, a partes iguales, Gorka Izagirre, el equipo trabajó perfecto, sin tacha. Trabajó tan bien, que el Team Sky no podrá, ni por asomo, escudarse en la caída que provocó la moto, hace falta ser desgraciado condicionar así la carrera.

No sé si Geraint hubiera estado con Nairo, no lo creo, con Dumolin, lo más posible, o Nibali, que algo tendría que decir, seguro, pero no le deis vueltas, esto es ciclismo, a veces ayuda a unos, en ocasiones a otros, Movistar había lanzado la carrera, no cupo duda, tuvo en su mano la carrera, la moldeó, la cinceló a su gusto y ponerlas en su orden.

Porque Nairo ha ganado por la mano, le empujaba el paisaje. Su equipo trabajó a la perfección, rompió la carrera a su favor y tuvo dos gregarios que podría capitanear cualquier otro equipo.¿Qué tuvo hoy Mollema que no tuvieran Amador o Anacona? es que es así, cuando se emprenden aventuras mayúsculas, se necesitan compañeros superlativos, Nairo los tuvo, y Nairo remató.

Le hicieron falta cuatro ataques al capo colombiano, a quien a día de hoy no veo en apuros en este Giro, pero claro, es el Giro, y a un minuto escaso está Vincenzo Nibali, y éste, por tomar un ejemplo, es capaz de reventarlo todo si le place, como Contador, no ganara él, pero puede impedir que otros lo hagan.

Nibali al margen, hay otros nombres que apuntan maneras en un Giro que en la segunda llegada en alto, la primera en la bota, la principal de los Apeninos, amenazan con sacar la cabeza. Tom Dumolin, el tipo que camina con diésel, que en la primera rampa se descuelga y cinco kilómetros después sigue con la misma merma.

No sé si Dumolin saldrá líder o no de Foligno, pero ahí está, y le convendrá a Nairo eliminarlo antes de la crono que sale de Monza, donde cuatro keniatas rompieron los límites del maratón hace. Con todo lo que hay por delante complicado será que no lo haga, no convendrá, por eso, que esperen al final.

El otro tipo para la general es francés, que recoge las cenizas de Laurent Fignon, y se postula. Lo celebramos, fantástico, Thibaut, el humilde y discreto pastor de los Vosgos, me parece un perfecto aspirante y uno de los pocos diques que le quedan por derribar a Nairo, un ciclista que encandila dentro de su sobriedad, aunque a muchos les repateé.

Nairo tiene el Giro donde quiere, que venía a preparar el Tour era una mentira piadosa que sólo se creía él. Tiene el Giro donde quiere porque si su equipo responde, como hasta la fecha, con esos gregarios que andan mejor que los rivales, un saludo a Tejay Van Garderen, Nairo puede enfriar, puede matar el Giro para nuestra desgracia y beneficio suyo, pues en el horizonte cualquier valoración que hagamos de su carrera incluye el Tour.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

INFO

Corre una clásica digna de la Vuelta por los puertos de Somiedo

La inquebrantable fe holandesa en el ciclismo

El otro día Juan M. Clavijo me presentó el fenomenal trabajo que ha hecho la gente del Diario Marca en la guía que han dedicado al Giro de Italia. Una obra genial, sinceramente, me ha gustado mucho, porque da la medida de lo que pasa cuando se pone cariño y detalle y porque eleva al ciclismo a la categoría de algo más, no sé si como hacen con el futbol muchas veces, pero desde luego sí que le da ese qué que tantas veces extrañamos en nuestra prensa.

De entre la secciones, me llamó la atención la dedicada a los ciclistas neerlandeses y su apuesta por la carrera rosa. Son hasta cuatro los nombres que ven para brillar en este Giro 100. Distinguiendo entre ellos, y sabiendo cómo estará de cara la victoria este año, me parece buena la segunda oportunidad que Steven Kruijswijk le da al Giro, a sabiendas de que Bauke Mollema es una moneda al aire, habrá que ver cómo le merma Italia si quiere estar a tope en el julio junto a Contador. Otra cosa es Wilco Kelderman o Tom Dumolin, el primero camino de ser la eterna promesa del ciclismo holandés y el segundo un poco a vivir el día a día, como el “cholismo”, y ver qué da la carrera de sí.

Sea como fuere la fe inquebrantable de los holandeses por este deporte nos levanta el ánimo. El año pasado Kruijswijk tuvo en la mano la victoria, sin duda, pero un mal paso en el Agnelo dio con todo al traste. Sinceramente, no era nuestro preferido, con Chaves, Valverde y Nibali en liza, pero se hizo acreedor de mejor suerte, sobre todo porque creo que cayó con entereza, mucha, y eso hay que reconocérselo y mira que llegó perjudicado a la cima de Risoul, donde Nibali comenzó la reconquista del rosa.

Y es que si miramos hacia atrás, los Países Bajos nunca han ganado el Giro, lo más cerca que estuvieron fue con aquel lagunar ciclista, cargado de clase y fragilidad, Erik Breukink, que pisó dos veces el podio, una de ellas aquella famosa edicion del Gavia en medio de la tormenta de nieve, etapa que precisamente ganó, anticipando un porvenir que nunca cumplió al 100%.

Holanda como país que va en bicicleta, que siente la bicicleta y lee un montón sobre ciclismo, que se lo digan al “best seller” Pedro Horrillo, no gana el Tour desde tiempos de Joop Zoetemelk, el entrañable y eterno abuelo del ciclismo, que competía mucho porque no quería aguantar a su mujer en casa. En este periodo han optado a cosas, Rooks, el controvertido Theunisse, más adelante Gesink, también Mollema…. al final todo tiros al aire.

Humo o llamarlo como queráis, encima con un equipo bandera, el Rabobank, tocado por los escándalos de dopaje… y con todo eso, sigue al pie del cañón, viviendo este teatrillo sobre ruedas como un asunto de estado y esperando que un día, uno de los suyos se beba una cerveza del tirón como Gilbert en el podio de la Amstel. Si ese día llegara, los Países Bajos decretarían fiesta nacional.

Imagen tomada del FB de Giro de Italia

INFO

Entra en Biciescapadas para saber más de cómo se trata a un cicloturista