#Top2016 Mollema: un pasito adelante, otro atrás

Sabida es la querencia neerlandesa por el ciclismo, lo suyo con este deporte, y su principal elemento, la bicicleta, es casi una cuestión religiosa y eso que un holandés en lo más alto del ciclismo mundial es algo que hace muchísimo tiempo que no se da, desde el viejo Joop cuando ganó el Tour.

Desde entonces buenos corredores siempre ha habido, pero por lo que fuere las cosas nunca han salido como se esperaba. Prometer han prometido mucho, pero en el momento de plasmar todas las expectativas, los cachorros del país ganado al mar no daban el tono esperado. Rabobank, ese dios omnipresente para ese ciclismo de estado, siempre ha sido el hilo común a muchos de estos corredores: Bos, Boom, Gesink,…. Mollema.

Sabemos que en los Países Bajos, que no Holanda, escuece ver a un tío de la solvencia de Wouter Poels en el corral de Chris Froome. Poels es lo que vendría a ser un gregario de super lujo, pues así se debe entender tener a tu servicio al vigente ganador de Lieja, sin ir más lejos.

Con Poels en esos menesteres, quedaba Bauke Mollema como corredor franquicia, el hombre en quien confiar en las grandes citas, el Tour especialmente. Y Mollema cogió el guante, pasaron ediciones y ediciones, y ese destello no llegaba. Se le veía un ciclista preocupado por el puesto, tanto, que sacrificaba grandes metas, metas que quienes le veíamos pensábamos que podía tener más cerca de lo que parecía.

El destello llegó en el Tour, especialmente en la jornada del Ventoux, siendo con Porte el único capaz de seguir a Froome, y eso es mucho decir. Luego le sobrevino a caída y el desmoronamiento en la general. Es curioso su peor puesto en el Tour desde 2013, el onceavo, no refleja el paso adelante que este ciclista ha dado. Cosas de la estadística.

Aunque siempre nos aferraremos a la Clásica de San Sebastián que un día ganó con la grandeza que le suponiamos, saliendo del grupo de los grandes en el momento que había que hacerlo y con la contundencia requerida. Al menos ese día le sirve de argumento para pensar que tiene margen y que merece el premio por el que tanto se retuerce sobre la máquina. Ojo que no lo tendrá fácil, con Alberto Contador en liza, el Trek deberá priorizar y Bauke, de inicio, parece tener el papel de segundo de abordo.

Imagen tomada del FB de Trek Segafredo

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#Top2016 En el Ventoux no existe la indiferencia

El monte ventoso que enamoró a Petrarca, desprovisto de arboleda, pelado, se ve kilómetros a la redonda, ese terreno provenzal suave, sin grandes protuberancias, limpio y fino, paraje que atrajo a grandes de siempre. El monte ventoso es al ciclismo la pimienta y la sal. No es un cualquiera, no deja indiferente.

Cuenta Jaime Mir en “Secundario de lujo” como el periodista del Mundo Deportivo, Joan Plans, le traducía de Radio Tour la gravísima situación en la que se hallaba Tom Simpson, el simpático inglés, que acababan de dejar metros allá inconsciente en el zaguán de la muerte. Eso ocurrió en el Ventoux, como también ocurrió aquella vez que Merckx se vio imbatible, quiso derrotarle y salió doblado, medio groggy.

Como también ocurrió que Lance Amstrong quiso tener un detalle con Marco Pantani y le ofendió hasta lo más profundo de sus ser: “ A mí nada de regalos” espetó el romagnolo. Como también ocurrió que en su descenso Miguel Indurain casi pierde el apellido en un mal paso que corrigió con la maestría que demostró cuando carretera miraba hacia abajo, como también ocurrió…

…que un maillot amarillo apareció ante la gente como Moisés en los mares, corriendo, aturdido y desorientado porque su bicicleta se había roto en el colmo de todos los embudos.

Fue Richie Porte quien conducía el grupo del líder, desprendido del pelotón de los mejores, cuando una moto, completamente bloqueada ante el amasijo de personas allí citado tuvo que frenar violentamente y ver como el australiano literalmente estampaba su mejilla contra el cristal del cámara montado en la motocicleta bloqueada.

Porte al suelo, Froome también, Mollema con ambos dos. Así es la vida, eternas promesas como Porte y Mollema contra la marabunta en el momento de explotar como se les anticipaba. Luego vino el descontrol, Froome corriendo monte arriba, monte cuya cima no se podía hoyar, por el viento existente, la moto que le dice que debe esperar una bici que no llega y el peso de la duda de cómo se resolverá la situación.

Tres cosas quedaron claras ese día: que el Tour a veces rebosa su propia capacidad y que no se sabe como ponerle coto, que en el Team Sky no sólo se mueven bien en la carretera porque antes que Froome cruzara la meta yo creo que ya habían movido los hilos para que su ciclista saliera indemne en la general, aunque la decisión que se tomó fue la mejor posible, si bien no siempre eso le da jerarquía ante las otras opciones, y que en Ventoux siempre pasa algo…

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#TourProfile El antes y después de Bauke Mollema

Había cierto retintn el sábado por la tarde cuando en el boulevard donostiarra Bauke Mollema se proclamaba ganador de la Klasikoa. Había retintín respecto a quien firma en este mal anillado cuaderno. Nunca nos ha gustado Mollema ¿nunca? bueno hasta este ultimo Tour de Francia.

Siempre he oído hablar muy bien de Mollema en lo personal, de hecho un servidor ha tenido ocasión de conocerle y es buen tipo, en lo “ciclístico” es otra cosa. Surgió de la escuela del Rabobank, con el tiempo Team Blanco y Belkin. Pareció uno de tantos de esa hornada de cachorros neerlandeses que acomodados y entre algodones nunca acaban de explotar el talento que muestran de jóvenes. Tenemos ejemplos, desde los tiempos inmemoriales de Breukink a los más recientes de Gesink o Teo Bos.

Mollema parecía llevar el mismo camino, pero incluso con recalcitrante obsesión por los puestos. En el pelotón puebla todo tipo de especie, los hay arrojados como Kwiatkowski que corrieron el Tour como si fuera una clásica diaria y otros que amarran y amarran un séptimo puedo como si les fuera la vida, un año sí, al otro también, haciéndose acreedores de una notable regularidad aunque sin brillo alguno.

Mollema sin embargo en este Tour dio el salto, cambió el chip. Mantuvo el nivel en los Pirineos y se echó a los leones en el Ventoux, antes del desastre que aconteció con el público y las motos. Mollema se soldó a la rueda de Froome y Porte, cuando el resto hacía aguas. Mérito tuvo, y mucho. Luego hizo una buena crono y se puso firme para ser segundo.

Por eso su caída camino de Saint Gervais nos pareció el vivo ejemplo de lo injusto y terrible que puede ser este deporte que todo te lo da y todo te lo quita en cuestión de segundos. Mollema cayó en picado y desapareció del top ten, dolorido yo creo más en el alma que en lo físico. Pudo ser el siguiente holandés en el podio de París tras Rooks y Breukink, fijaros qué lejos suenan esos apellidos.

Por eso también nos alegró que ganara en San Sebastián, porque en el diente de sierra que es el ciclismo oportunidades para desquitarse siempre hay y Mollema ha visto que su sentido táctico vestido de valentía puede darle más alegrías que la racanería que se ha gastado desde que es ciclista. Esperemos éste sea ese punto de inflexion, ese antes y después de Bauke Mollema.

Imagen tomada del FB del Tour de Francia

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Se acabó el tiempo de las excusas

La semana final del Tour de Francia empieza en domingo. Lo hace con una etapa de esas que llaman a la grandeza y altura de miras, ahora que se pide tanto estas cosas a quienes nos dirigen. Entre Bourg-en-Bresse y Culoz una tortuosa carretera por entre altos y más altos que deben poner orden en el desorden que ha tomado el Tour de Francia.

Dos tercios de carrera cubiertos y diferencias de final de carrera. Chris Froome ha sido el mejor con diferencia en este primer gran ciclo de la carrera. Arañando de aquí y allá, dio a entender que necesitaba de todo para seguir vivo en la carrera. Nada más lejos de la realidad, cuando la situación se puso a huevo dio el golpe, en compañía de su equipo, para dejar por sentado que el dorsal uno no sólo se lleva en la espalda, también se impone en carrera.

Cabrá ver lo que quieren los que vienen por detrás. Bauke Mollema es un ciclista desconocido hasta la fecha. Capaz de dejarse la piel por un top 7 en la mejor carrera, esta vez está en el podio, y ojo, con mucho margen. Casi un minuto le separa de su inmediato perseguidor, Adam Yates, en lo que supone un hito para el maltrecho ciclismo neerlandés que no pisa estos niveles desde Erik Breukink.

¿Se conformarán Mollema y Yates con lo logrado hasta la fecha? yo creo que sí, por dos motivos, porque nunca se imaginaron a estas alturas de carrera, pisar plazas de podio y porque tampoco se les ve tan distanciados del resto de sus rivales como para tomar riesgos. Ahora bien, ya sabéis, basta que digo esto, para que Mollema nos deje mal. Lo hizo en el Ventoux siendo valiente y andando pero mucho. Sinceramente lo mejor de la carrera al margen de Froome.

Por detrás debería estar la traca, la gente con ganas de algo más. Nairo Quintana no puede conformarse con ser podio, ni siquiera con ser segundo otra vez, serían tres ya, una etiqueta dura de digerir, cuando siempre dices que quieres ganar el Tour. Porque expresar un deseo es sencillo plasmaro es otra cosa. Lo llaman el #SueñoAmarillo, algo que suena erótico, pero que no vale con mamporrear cada poco con ello en twitter, hay que materializarlo. Valverde, contrariamente a lo que dijo antes de empezar, sigue vivo en la general a estas alturas. Habría que jugar, digo yo, con las dos bazas y a lo que dé, otra cosa sería tirar por la borda una nueva edición.

Nairo ya no es un crío, ha explotado tan pronto que se espera lo mejor de él en cada momento, pero no olvidemos que éste es el primer año que no opta al blanco. Los años pasan para todos. Ya no caben absurdeces, como las quejas de Unzue del peligro en la jornada de Monntpellier. Si son grandes, como proclaman, es el momento de demostrarlo. Morir con las botas puestas se dice. Otra cosa será el resultado.

Como Movistar, BMC debería no conformarse con lo obtenido hasta ahora, que ha venido principalmente de su “tercer hombre”, Van Avermaet. Siempre frío, Tejay Van Garderen es su mejor hombre en la general, pero la pegada la tiene Richie Porte, un corredor casado con la mala suerte, un tipo que en este Tour está demostrando la madurez otrora perdida por el camino. Hará algo grande o no, pero Porte no claudica, sigue ahí, lucha y trabaja su fortuna y a ciencia cierta que la merece.

El resto es una moneda al aire. Más allá de los cuatro minutos es terreno desconocido, es complicado pensar que Bardet, Aru y Martin se vean con opciones reales de hacer daño, pero cosas más difíciles se han visto.

Esperamos, deseamos, que un equipo sea el Astana de este Tour, ese equipo que, aunque todo parezca sentenciado, no desista, luche y volteé las cosas. Nibali demostró que es posible sin cascar tanto como otros. ¿Podrán demostrar lo que se espera de ellos?

Imagen tomada del FB del Team Sky

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Tour #13- El día de la verdad

La decimotercera etapa del Tour, celebrada bajo la exigente modalidad individual de contrarreloj con llegada a la localidad Valle de Pont d´Arc, que cuenta con apenas 2.000 habitantes, acabó de situar las cosas más en su sitio por lo que se refiere concretamente al rendimiento que nos va ofreciendo el corredor Christopher Froome, día tras día, el actual líder, tras la disputa de este sector de configuración más bien intrincada con dos cuestas incómodas que se dejaron sentir a lo largo de su recorrido.

Por ahora, si las cosas no cambian sensiblemente en el curso de las etapas alpinas que se avecinan, la conclusión que entresacamos es que el ciclista británico nos está demostrando que posee casi todas las cartas a su favor para adjudicarse con holgura la actual ronda francesa, cosa que reafirmamos a estas alturas con cierta contundencia a pesar de que quedan por delante todavía ocho etapas por disputar, algunas de las cuales ofrecen evidente dificultad con sus consiguientes puertos de alta montaña. Cabe señalar que los 37 kilómetros en liza bajo las manecillas del cronómetro en un itinerario más o menos sinuoso y con dureza, Froome, salvo un accidente inesperado, nos demostró que está en órbita para adjudicarse esta prueba de todas a todas. No hemos visto hasta la fecha alguien que pudiera hacerle sombra, incluyendo su oponente más directo, el colombiano Nairo Alexander Quintana.

La influencia de la etapa de contrarreloj

Por lo demás, en la jornada de contrarreloj, rubricó de manera espectacular la actuación este ciclista oriundo de Maastricht, llamado Tom Dumoulin (25 años), un consumado contrarrelojista que ahora últimamente, además, ha mejorado su rendimiento cuando aparece el terreno empinado. La montaña se ha convertido en su aliado predilecto y complementario. Cabe recordar el triunfo de Dumoulin en el transcurso de la novena etapa de este Tour, que finalizó en la cima de Arcalís (Andorra). No sonó precisamente la flauta por casualidad con ese antecedente.

La gran novedad del día -comentamos la decimotercera etapa- fue que el holandés Bauke Mollema superó al inglés Adam Yates en la clasificación general, mientras que el murciano Alejandro Valverde, descollante, pasó a ocupar la quinta plaza en la tabla, siendo el español mejor clasificado. Joaquim Rodríguez perdió fuelle en el esfuerzo individual frente al reloj, una modalidad que nunca le ha aportado satisfacciones a lo largo de su bien reconfortante historial deportivo. Actualmente el ciclista catalán ocupa el décimo tercer lugar, a casi seis minutos del líder Froome, que constituye nuestro punto de referencia. Tampoco el irlandés Daniel Martin ha dado de sí de lo que de él se esperaba. Va perdiendo posiciones y empuje. En cambio nos sube algunos puestos el australiano Richie Porte, que parece que ha encontrado su camino hacia el éxito, hacia la esperanza. Con paciencia podría conseguirlo en esa semana y media que aún resta de Tour.

¿Quiénes ocuparán las plazas de honor del Tour?

La gran incógnita que encierra la ronda francesa es saber quiénes podrán copar los lugares de honor, lugares que transparentan por ahora una marcada incertidumbre, en especial dejando aparte el primer puesto bastante asegurado a favor Chris Froome. Tras esta decimotercera etapa que hemos expuesto, se vislumbran a varios aspirantes que pueden optar a la conquista de tan codiciados puestos. A primera vista, pasada la jornada de contrarreloj, se evidencia la consiguiente relación de ciclistas que son portadores del protagonismo desde la fecha en que este Tour inició su periplo al pie del conocido y atractivo Santuario de Saint-Michel, con su silueta a todas luces inolvidable, inconfundible.

A continuación esbozamos tal como está hoy la tabla de la clasificación, que encabeza invariablemente de días el británico Chris Froome (1º) y al que siguen, según un orden establecido de méritos, el holandés Bauke Mollema (2º), que constituye toda una sorpresa, que veremos si será capaz de resistir a manos de sus otros contrincantes. En un orden específico, se sitúa después el ciclista Adam Yates (3º), a dos minutos con 45 segundos; el colombiano Nairo Quintana (4º), a dos minutos con 59 segundos; el español Alejandro Valverde (5º), a tres minutos con 17 segundos; el estadounidense Tejay Van Garderen (6º), a tres minutos con 19 segundos; el francés Romain Bardet (7º), a cuatro minutos con 4 segundos, y el australiano Richie Porte (8º), a cuatro minutos con 27 segundos. No deja de ser un gran aliciente cara a lo que podrá suceder en este periodo de Tour que queda por correr.

Punto final

En Francia es conocida la región denominada de Ardèche, por donde circula el río del mismo nombre en un terreno sumamente laberíntico e intrincado, acompañado por una vegetación de aspecto agresivo y hasta asilvestrado, en la parte sur de nuestro país vecino. Se da la circunstancia de que en la época veraniega la población crece y se multiplica por diez. Tiene un gran atractivo turístico. En aquel lugar se erigen las cuevas del Valle de Pont d´Arc, cuya fama se debe a unas muy antiguas y famosas pinturas rupestres, descubiertas por pura casualidad por unos expertos en la materia en las proximidades del año 1994. Se encuentran medio escondidas en un acantilado de piedra caliza sobre el antiguo caudal de agua aportado por el río Ardèche.

Si se quiere por difundir o por propagar las excelencias turísticas del país galo a las gentes, los organizadores del Tour han considerado oportuno visitar este rincón de mundo al objeto de revalorizar un patrimonio casi ignorado, pero que constituye una gloria artística del pasado que convenía poner abiertamente a la luz de las gentes. De ahí que la ronda gala haya rendido visita a este lugar como homenaje al tesoro que allí se encierra. Por vez primera, la caravana multicolor ciclista se ha aventurado en aquellos contrafuertes un tanto inéditos.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada del FB del Tour de Francia

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Mar & montaña, ¿te atreves?

#BonjourTour etapa 13

Y llegó la crono, una prueba que desde el principio se supo que haría tándem con lo que pasara en el Ventoux y que amenaza con poner tierra de por medio entre Chris Froome y el resto. Con una general aún agrupada por lo poco que ha pasado hasta la fecha, Ventoux inclusive, parece que es el momento idóneo para que el líder lleve las ventajas hasta el umbral de lo imposible para sus rivales.

Salir con opciones y vivo será el principal reto de Nairo Quintana, que podría ver como Richie Porte, en excelente forma, podría acercársele en la general, amenazando los escalones de París. El resto de ciclistas de vanguardia deberá nadar y guardar la ropa, en especial Bauke Mollema que está en la mejor disposición que le recordamos.

El lugar

Por las bancadas del Ródano, no lejos del perfil pelado del Ventoux, transcurrirá una crono que seguramente ofrecerá grandes paisajes de las gargantas del Ardèche que circundan un lugar famoso por sus pinturas prehistóricas, sobre las que hay toda una infraestructura turística.

15 de julio de 1997

Jan Ullrich era un portento de la Alemania del este que dejó más dudas que certidumbres el año que explotó en el Tour, 1996. Sumiso gregario, todo hizo indicar que aquel pelirrojo teutón de generosas mejillas iba un punto por debajo para no ofender el liderato de su calvo jefe de filas Bjarne Riis, fichado por el T Mobile expresamente para ganar el Tour.

Pero 1997, era otro cantar, Ullrich se había ganado los galones y no iba precisamente a responder ante el danés que ya en la primera jornada de montaña, Val Louron, se vio fuera del círculo de los mejores, en ese momento formado por el trío Ullrich, Pantani y Virenque. Sin embargo hizo falta una segunda muesca para que Ullrich marcara las diferencias de verdad, fue en Andorra, también en Arcalis, y aquello quedó como un solar.

Tras seis puertos y 252 kilómetros el alemán arrancó como un obús en terreno que le era extraño, se le suponía contrarrelojista, sin que nadie salvo Virenque pudiera tomarle la rueda. Al siguiente cambio, el francés también se descolgó. Ullrich ponía la primera piedra de su primer y único Tour, pues entonces pocos imaginaban que ese fenómeno sólo ganaría una edición de la mejor carrera del mundo.

Hoy, como no podía ser de otra manera,el corazón del Tour estará con Niza y la gente normal que falleció por hacer vida normal. DEP.

Imagen tomada de www.letour.fr

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Diez ciclistas para no perder de vista

Al margen de la lógica quiniela de favoritos, no hemos querido dejar de lado nombres que despiertan nuestra curiosidad y que seguramente darán que hablar estas tres semanas de movimiento contrario a las agujas del reloj por el hexágono francés. Ahí van esas diez perlas.

Bauke Mollema, la eterna promesa del eterno prometedor ciclismo holandés. Un ciclista de esos que aún no ha roto, y eso que ya camina por los 29 años. Su tacticismo, con actuaciones de traca defendiendo sextas o séptimas posiciones, creo que no debe ser el tope de un corredor que todo lo que generó de joven, en expectativas, quedó por el camino. Veremos si tuerce ese destino.

Jesús Herrada, el vivo ejemplo de la desgracia de un ciclismo, el español, que con sólo un WT es imposible que garantice las oportunidades que su talento tiene. Aunque esté superditado a Nairo, sabemos que una carrera así da tantas vueltas, son tres semanas nada menos, que se nos hace muy complicado pensar que un día no tenga su oportunidad. Su victoria en el Dauphiné es un arma de doble filo, le da confianza y le marca ante los rivales. Un lujo para el Movistar tenerle de doméstico.

Frank Schleck, aunque se nos olvide este garante de la estirpe más ciclista de los ultmos años fue podio en el Tour no hace tanto, hace sólo cinco años. Obviamente está muy lejos de hacer algo sonado en la general, pero atención a él en jornadas puntuales. Sin Mollema reclamando los servicios de otros líderes más sólidos, puede hasta pasárselo bien pillando escapadas e incluso ganando alguna etapa. En la Vuelta lo hizo y aunque siempre le hemos considerado un ciclista sobrevalorado, hasta nos gustó verle ahí arriba.

Pierre Rolland, el ciclista francés en el que casi nadie repara pero que casi siempre lo suele hacer bien en el Tour. Enrolado siempre en el Europcar, ardemos en deseos de ver si su eminente director, Jonathan Vaughters, es capaz de sacarle de los sistemas de entrenamiento de antes de la guerra y hace de él el portento ciclista que anunció durante su fichaje.

Greg Van Avermaet, aunque en su equipo se parta con dos bazas para la general, es obvio que un corredor de esta categoría tiene carta libre en las no pocas etapas que le van como anillo al dedo. Esperamos ansiosos nuevos episodios de su rivalidad con Peter Sagan en el lugar, el Tour, donde abrió el año pasado su historia de “bestia negra” del eslovaco.

Mark Cavendish, siempre disperso, con el sueño olimpico en el horizonte, no sé qué gracia les hará a los de su equipo, el hombre de la isla de Man es sin duda un manojo de dudas: ¿Se le habrá pasado el arroz?. Tiene varios velocistas por delante de él desde hace ya tres años, Kittel especialmente, pero sigue siendo uno de los grandes de siempre en la recolección de etapas en el Tour y sólo por eso tiene el beneficio de la duda.

John Degenkolb, la alegría de volver a verle en el máximo nivel compensa cualquier exigencia deportiva. Las personas se miden primero por su calidad humana y luego viene lo demás y en ese sentido a este extraordinario competidor se le reconoce una calidad fuera de duda, con una filosofía de vida, después de su accidente de invierno, que debería ser un libro de consulta obligada en las universidades de la vida. Ojalá, y digo ojalá, ganara una etapa.

Purito Rodríguez, un grande en todos los sentidos que llega descolocado al Tour, vacío de victorias y con cantos de sirena de fondo. No sé si optar a la general, aunque el recorrido le sea favorable, será una buena opción por cuanto el año pasado ya vio que en la tarea de etapas resuelve como los ángeles y engrandece su caché. Poco le queda por demostrar.

Adam Yates, para mí el gran favorito a ganar el maillot blanco. Mientras su hermano se desespera en la nevera, Adam tiene todo para seguir progresando, casi ninguna responsabilidad en su equipo y calidad a raudales. El recorrido ratonero le beneficia y creo que no estará lejos de los mejores, eso si no los aguanta y se solapa a ellos.

Rui Costa, creo que hace tiempo que se percató que el Tour a nivel de general es una utopía de la que se debería desprender. Sea como fuere parece que insiste, no sé si con el convencimiento de antaño. En la presentación asustó lo delgado que se le veía, su cabeza era la perfecta forma del esquelto, como si la carne entre el hueso y la piel se hubiera desvanecido. A pesar de su olfato le cuesta horrores ganar y es posible que, como una vez me dijo una persona, en Movistar sabes lo que hay, debes obedecer la jerarquía y acatar, porque fuera de los azules la vida es mucho más complicada.

Imagen tomada de FB de Giant-Alpecin

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Tirreno, la crontracrónica

La Tirreno-Adriático, que cumplimentaba esta vez su 50ª edición, medio siglo de existencia, ha sido seguida y muy de cerca por los aficionados italianos, que llevan años alentado su prestigio ante la temporada ciclista en carretera que entrará en órbita de manera oficial próximamente con la clásica Milán-San Remo. Hasta ahora, en lo que llevamos de año, las competiciones celebradas no ha pasado de ser un mero preámbulo, o una preparación, sin que por ello desmerezcamos las clasificaciones puntuales que se han ido anotando.

El contraste de los acontecimientos: el Monte Terminillo

La carrera que nos ocupa enlaza dos mares. Se inició en las aguas del mar Tirreno para concluir en las orillas del mar Adriático, en la población de San Benedetto del Tronto, con una etapa de contrarreloj individual de una decena de kilómetros: distancia mínima y una configuración completamente llana.

Ante estas perspectivas era de esperar, como así fue, que la clasificación absoluta no sufriera apenas alteraciones tras la etapa reina, la quinta, en donde el colombiano Nairo Alexander Quintana , nacido en Cómbita, departamento de Boyacá, y 25 años, nos dio una bella demostración en su lucha y duro esfuerzo sostenido frente a las inclemencias de un tiempo turbulento acosado por la nieve, un ingrediente inesperado que no suele predominar en su país de origen, en donde el astro rey suele dominar la situación.

Las consecuencias inmediatas apuntadas en la última jornada fueron que las diferencias de tiempo registradas entre los corredores fueron mínimas, escasas. En vía lógica no sirvieron para alterar la tabla de la clasificación tal como había quedado establecida en la etapa trascendente vivida en el Monte Terminillo, con su cima colocada a 1.675 metros de altitud y que se salvó un par de días antes. Los Apeninos, con sus cimas diseminadas y cubiertas con anterioridad, fueron más que suficientes para delatarnos a las claras cuál iba a ser el desenlace de la carrera. La etapa de contrarreloj valía para poco, repetimos.

El de que el ciclista Fabian Cancellara se adjudicara el dinámico sector tutelado por el cronómetro de San Benedetto del Tronto y alrededores no constituyó ninguna sorpresa, dado que el suizo es un especialista consumado en esta modalidad. Pero su actuación, importante en la jornada de referencia, en último capítulo, no tenía trascendencia cara al resultado final. Cancellara estaba algo alejado de los primeros puestos de la general de la misma manera que lo estaban otros varios entre los cuales incluimos a los españoles Alberto Contador y Joaquim Rodríguez, que iban en plan de estrellas, o lo que es lo mismo: lucir siquiera su aquilatada categoría como atletas del pedal que son.

Mollema quiso dar la sorpresa

El resultado de la prueba, léase clasificación general, se fraguó de la siguiente manera: Quintana pudo más que el holandés Bauke Mollema (2º), aunque su desventaja a la hora de echar cuentas quedara reducida a tan sólo 18 fructíferos segundos. Cabe consignar a título de curiosidad o noticia que en el sector comandado por el cronómetro del último día, el ciclista del país de los tulipanes le comió al sudamericano ¡valga la palabra! nada menos que 21 segundos en una corta distancia de una decena de kilómetros. No está mal y vale la pena el consignarlo. A continuación en la clasificación quedaron en definitiva Rigoberto Urán (3º), otro colombiano; el francés Thibaut Pinot (4º), sorpresa; nuestro representante Alberto Contador (5º), que no pudo paladear las mieles del triunfo habidas en la pasada edición (2014), y el británico Stephen Cummings (6º), identificado por su regularidad, mostrada día tras día.

Revisando el pasado y su historia

Repasando un poco la historia que encierra la Tirreno-Adriático, la denominada la Carrera de los Dos Mares, nunca está de más que digamos que el número absoluto de triunfos lo posee muy de largo el belga Roger De Vlaeminck, que se llevó seis coronas consecutivas, de entre los años 1972 y 1977. En este sentido nadie le ha podido pisar los talones ni de lejos. Desde el inicio de esta prueba, allí por el año 1966, con victoria de Dino Zandegù, han sido un total de veinticinco los ciclistas extranjeros que han conseguido vencer frente al conglomerado sólido dominado por los ciclistas italianos.

En cuatro ocasiones los españoles han sido agraciados al figurar en el historial de la prueba como vencedores. Veamos: Herminio Díaz Zabala (1991), Abraham Olano (2000), Óscar Freire (2005) y Alberto Contador (2014). Son éxitos que no debemos olvidar y que debemos conservar en nuestra mente, que siente atracción por las estadísticas.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada del Facebook de la Tirreno-Adriático