¿Quién haría lo de Bernard Hinault por Mavic?

Mavic Hinault Joanseguidor

Hinault se compromete a arrimar el hombro en el mal momento de una empresa como Mavic

La noticia de la mala salud financiera de Mavic no es algo que venga de hace poco, la bola de nieve de la legendaria marca amarilla ha ido creciendo y creciendo hasta detonar en una época en la que parece que todo lo que estaba a punto de caer, acaba precipitándose.

 

Así las cosas leemos que Bernard Hinault se ha puesto al frente de un grupo de gente de negocios, ahí anda el antiguo CEO de Arkéa, para salvar Mavic.

Entiendo que Hinault presta imagen a la causa, y su imagen, ya sabemos que en Francia es de una potencia cuyo valor no somos conscientes de dimensionar.

Sus motivos son muy loables…

«Como partner mecánico, Mavic siempre ha estado al lado de los corredores en momentos de dificultad en la carretera. Es el momento de ponerme al servicio de los hombres y mujeres de Mavic en tiempos de dificultad. Es un contraprestación razonable»

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No es poca cosa, los coches y motos amarillos de Mavic dan servicio neutral a todos los corredores en el Tour desde 1977, el año que nació un servidor, y dos antes de la primera victoria de Hinault en la «Grande Boucle».

La iniciativa de Hinault sobre Mavic es un ejemplo, el espejo de cuán profundas son las raíces ciclistas en el alma francesa y su gente, una empresa como Mavic merece el favor del más grande ciclista que ha dado este país en los últimos cuarenta años.

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¿Pasaría lo de Hinault con Mavic en España?

No creo quemarme la mano si digo que sería imposible, ya no sólo porque en este lado de los Pirineos los exciclistas con gran reputación no son tantos, cuando digo eso me refiero a ciclistas que pudieran medirse en peso a los Gasol, Nadal y cia, si no que también tendríamos que ver qué empresa sería la «Mavic» española.

No hace mucho pudimos ver muy de cerca como una marca de cascos que lleva media comunidad ciclista en este santo país, Catlike, iba desapareciendo del mapa y poco o nada hemos oído de aquellos que la lucieron en algún u otro momento.

Son esas cosas que marcan la diferencia…

Imagen: Mavic

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Hinault sigue notando aquella Lieja-Bastogne-Lieja

Año 1980, Lieja-Bastogne-Lieja: aquello fue ciclismo en el Averno blanco 

Son muchas horas bajo la lluvia o la nieve y si la temperatura es muy baja, el frío se va metiendo en tus huesos, necesitando varias horas después de la etapa para entrar en calor. Lo más importante en este tipo de días es mantener el calor corporal y la moral alta”.

Perico Delgado

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El invierno había dado una pedalada más en su reinado en el tiempo.

Aquel día de finales de abril en Lieja fue más duro para el ciclista que entrenar un gélido enero a las ocho de la mañana.

La nieve impuso su demarraje en los 260 kilómetros de la decana reina que habita estos lares de las Ardenas. 

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No era invierno pero fue un infierno. 

Una Lieja-Bastogne-Lieja blanca les esperaba

No era enero, repetimos, era 24 de abril. 

¿Primavera? Nuestra querida amiga ni llegó, ni se le esperaba aquella jornada.

¿Seguro que el invierno no había acabado?

La señorita primavera abandonó sus aposentos por un día y dejó que se asentara en su trono el frío general que con mano de hierro azotó al sufrido pelotón ciclista a falta de tan solo cuatro días para entrar en el mes de mayo.

DT-Swiss Junio-Agosto

De nuevo la nieve y el frío iban a ser inmisericordes con los sufridos esforzados de la carretera.

De nuevo bajas temperaturas y de nuevo en una gran clásica belga.

¡Qué extraña relación de amor-odio!

El pelotón iniciaba su cansina marcha. Los ciclistas arrancando en frío, lloviendo y con previsión de cellisca, no parecía un día muy propicio para pedalear.

Lieja-Bastogne-Lieja & Bernard Hinault: No era invierno pero como si lo hubiera sido

El pelotón se resguardaba entre los pequeños valles, remolón.

Hubo 110 abandonos en las dos primeras horas. Una retirada en masa de corredores que se iban quedando por el camino sepultados por la ventisca de nieve.

18 de mayo: hay un desafío por Guadarrama 

Muchos ciclistas seguían cayendo como témpanos de hielo.

Aquel día ni los mejores esquiadores a pedales hubieran podido hoyar unos muros empedrados dignos de un paisaje alpino, de un extremo día hibernal de un mes de diciembre cualquiera.

Bueno, quizás alguien sí.

Bernard Hinault, que andaba por allí, estuvo a punto de abandonar al principio. Pareció por un instante algo humano, y no un tejón  siempre al acecho.

No quería riesgos innecesarios en su inminente participación en el Giro de aquel año.

Pero  el  “champion” bretón se sobrepuso, embistió contra todo (“mientras pueda respirar, atacaré”) y le sacó casi diez minutos al segundo superviviente, el gélido témpano holandés Hennie Kuiper.

El orgulloso y testarudo «blaireau» se puso a tirar en cabeza. Para él, era lo único que valía: seguir, seguir avanzando.

Aquel día cuentan de él que se fue perdiendo entre la multitud que le intentaban dar todo el calor que podían en la cota de Stockeu, donde atacó. 

Hinault parecía un caballo blanco desbocado, galopando entre copos de algodón durante los 80 kilómetros que le quedaban para llegar a meta:

«Los corredores que van tras de mí deben estar en las mismas condiciones que yo, y si ellos pueden soportarlo, yo también» –pensó.

SQR – GORE

Los que lo vimos correr en aquel glacial y nacarado monumento somos la envidia de haber podido disfrutar de la épica y el carácter de un dios de la victoria.

Como Thor,  martilleante.

Entraba en solitario en meta en una memorable jornada.

Bernard Hinault no celebró el triunfo al cruzar la línea de meta de la Lieja-Bastogne-Lieja

Estaba más preocupado de cómo se iba a recuperar de aquella dantesca jornada.

En efecto.

Estuvo más de tres semanas con las manos rígidas como témpanos.

Dicen que hoy en día aún no ha recuperado del todo la sensibilidad en sus dedos.

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Sólo terminaron 21 de los 174 aventureros iniciales. El resto no pudieron llegar.

Los congelados y agarrotados corredores que habían sobrevivido iban llegando a cuentagotas a sus hoteles.

#TBT 'Neige-Bastogne-Neige' – 1980 Bernard Hinault s'impose malgré des averses de neige et un froid glacial 'Snow-Bastogne-Snow' – 1980Bernard Hinault won the race despite snow and freezing cold. #LBL

Publicada por Liège-Bastogne-Liège en Jueves, 23 de abril de 2015

Sus rostros reflejaban el extremo sufrimiento que habían vivido durante la travesía polar.

Fueron unos sherpas de la bicicleta.

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Todo el pelotón pareció una expedición inhumana,  extraviada en la Antártida, derrotados y sepultados por un manto blanco.

En aquella Lieja, los héroes del pedal fueron unos mártires del manillar que lloraron de frío.

Cuentan que cuando preguntan al Tejón por esa carrera echa a temblar con escalofríos.

No es para menos, fue una gesta inolvidable.

Dibujo: Juan Manuel Escrihuela

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Cuando Hinault casi engaña a Lemond

Bernard Hinault

El bretón por excelencia del ciclismo, Bernard Hinault, no escribió su leyenda en el Tour en un periodo tan preciso de años como otros campeones. Su dominio en el tiempo fue algo más difuso, aunque se alargó en casi ocho años: ganó el Tour por primera vez en 1978, y repitió un año más tarde.

Volvió en 1981, se hizo con otras dos ediciones de forma consecutiva, apartándose de la gloria del Tour hasta 1985. Por medio quedó el efímero dominio de Laurent Fignon.

La adicción de Hinault al triunfo

Durante su quinto Tour, Hinault reconoció el valor adquirido en el equipo por el norteamericano Greg Lemond. El concurso de éste fue tal, y tan fiel, que el campeón francés dijo querer tributarle la edición siguiente. Pero el triunfo es goloso e Hinault era un adicto al mismo.

Esas primeras intenciones fueron manifestadas en la salida y desde un principio pareció claro que eran sólo eso, intenciones, pues desde la primera etapa Hinault inició un continuo asedio sobre su delfín que se tradujo en un holgado liderato para el bretón en la primera parte de carrera, con casi cuatro minutos y medio sobre su compañero.

En otro Tour, esas diferencias significaban la sentencia para los rivales del tejón.

El Aspin, donde cedió Lemond

Pero cuatro minutos y medio no eran suficientes. No contento con ello, Hinault siguió su ofensiva en la primera de las etapas pirenaicas. Camino de Superbagneres lanzaba un ataque de larga distancia que no hacía más que sepultar sus opciones. Coronó con 2´20″ el Aspin, pero en la subida definitiva se hundió para ceder cuatro minutos ante Lemond.

Cuando Lemond tomó el poder

En el segundo turno de montaña, en los Alpes, la situación se hizo insostenible para el dorsal número uno. En el Granon, Lemond tomaba un liderato que ya no soltaría hasta París. Pese a ello Hinault no dejó escapar la última opción de probar al nuevo maillot jaune atacando en el Galibier. Sin nervios, con temple, y la clase que siempre le ha caracterizado, Lemond se rehacía del nuevo estropicio de su progenitor deportivo con la ayuda de Bauer.

Hinault se despidió en Alpe d’Huez

La inercia colocaba a los dos líderes de La Vie Claire al frente de la carrera, con una eternidad sobre el resto y con todo el tiempo del mundo para celebrar el triunfo de Hinault en la cima del Alpe d´Huez. Un triunfo bendecido por Lemond que se significaba como el escenario ideal para que Hinault dijese adiós a la carrera de sus amores.

La historia marca el triunfo del más joven

De esto hace ya treinta años, y la historia sigue coleando, pues se considera aquella edición icónica de muchas cosas, entre otras de los valores del ciclismo, de la lealtad y la honestidad. Hinault no ganó porque sencillamente su compañero era muy superior, pero el retrato de campeón frustrado en su ultima gran carrera sin admitir lo que la naturaleza dicta, que el más joven debe reinar un día y otro, fue la imagen del que hoy lleva el protocolo del podio del Tour.

La peli de aquel Tour de hace treinta años es un documental excelente que narra las intrigas intestinas de una edición sencillamente irrepetible.

Imagen tomada de forodeciclismo.mforos.com

INFO

Portabicicletas, cofres de techo, portaesquís, módulos portaequipajes y mucho más…

El primer ciclismo de talonario

El otro día hablamos de la desigualdad de presupuestos entre equipos como la principal causa del espectáculo secuestrado al que nos estamos acostumbrando en las grandes carreras. Vemos Liejas decididas en la ultima subida, Lombardías en las que nadie se mueve por los lagos, Tours que deciden en la coronilla del último puerto,… al final la el 95% de las etapas se transfiere al desgaste propio de un deporte de fondo sin más pinceladas que destacar en la crónica final del día.

A ello contribuye, como decimos, la terrible desigualdad que reina en el pelotón. Por ejemplo el Team Sky y sus manejos económicos son propios del Barça y el Madrid en la Liga española. Como dijo Pinot en una entrevista al Pédale francés: “Al final te encuentras frente a un líder fortísimo que se rodea de otros ocho que podrían ser líderes en cualquier otro equipo”.


El maillot de La Vie Claire vuelve al pelotón

Leemos en Cyclingnews que el maillot de líder del Tour de la Provence será un recuerdo de la pieza de La Vie Claire que vistieron los ciclistas que hicieron suyo el ciclismo durante un par de años.

Tour de la Provence maillot joanSeguidor

El maillot de Greg Lemond y Bernard Hinault vuelve al ciclismo para coronar una de esas carreras del invierno francés que rompen la temporada a ese lado de la temporada.

Dicen que el que fuera alma mater de La Vie Claire, Bernard Tapie, estará por la carrera.

Todo lo ha maquinado el responsable de la carrera, que quiere homenajear ese equipo, desde su increíble colección de maillots que puso a disposición del público una muestra con todos sus maillots cuando el Tour acabó en el estadio del Marsella hace año y medio.

De hecho el Olympique de Marsella fue el único equipo francés en ganar la Champions, en 1993, recordamos a Jean Pierre Papin, entre otros en aquella escuadra que jugaba como los ángeles al fútbol.

Tapie fue el catalizador de todo aquello y puso el ciclismo en audiencias millonarias.

Todo aquello es historia y ahora Mathieu Van der Poel con Barguil, Degenkolb y Gilbert estará el día 14 en la salida de esta carrera de sabor retro.


El ciclismo de talonario tuvo un antecedente, como bien nos hicieron notar el otro día. Fue La Vie Claire del mecenas más peculiar que tuvo el ciclismo hasta la llegada del caprichoso ruso, Oleg Tinkov. Hablo de Bernard Tapie, un tipo que en “la France” de los ochenta quiso tocar el sol por creerse Dios y acabó abrasado. Sin embargo en el camino tuvo historias suculentas y algunas relacionadas con el ciclismo.

En el previo del Tour que Eurosport hizo sobre Bernard Hinault y los treinta años de su victoria, Greg Lemond narra cómo Tapie le fichó. En el hall de un hotel, una mujer enjuta en cuero aborda al talento americano. Le suelta que el señor Tapie quería hablar con él y una vez en la mesa el magnate le escribe una oferta que triplica su sueldo. Obviamente dijo sí.

El plan pasaba por dos fases. Primera estación, 1985, Lemond debía someterse al servicio del tejón y así hizo. Segunda estación, 1986, el francés debía devolverle el favor al californiano. Pareció que Hinault sería serio en su promesa, pero la carretera marcaba otra lógica. En un momento del reportaje, Jeff Bernard explica como en un sprint intermedio lanzó a Hinault y éste le dijo que siguiera, que no parara. “Nos importaba una mierda lo que pensara Lemond, a nosotros nos dijeron que para adelante y eso hicimos” comentó Bernard.

Al final, ya se sabe que la locura que invadió a Hinault, atacando sin descanso en los Pirineos, le pasó factura de inmediato en Superbagneres y Lemond acabó ganando entre la paranoia del sabotaje y la presión del público ansioso del sexto Tour de Hinault.

El resultado de aquella memorable carrera fue que no se habló más allá, de nadie más, que no fuera un vástago de Tapie. La Vie Claire hizo primero, segundo y cuarto con Lemond, Hinault y Hampsten. Urs Zimmermann, el ciclista que tenia fobia a volar, fue tercero y jugaron literalmente con él. Sin más, a Tapie le cayó el peso de la justicia con sus chanchullos, pero siempre podrá decir que un Tour fue literalmente suyo y de su chequera.

Imagen tomada de www.wheelsuckers.co.uk

¿Quién es el mejor «vueltómano» de la historia?

Grande Vueltas JoanSeguidor

Mov_Gore

Entre los más grandes, nada se puede medir a Eddy Merckx

Las grandes vueltas son al ciclismo lo que los arbontantes a una catedral.

Podrán gustar más o menos que las grandes clásicas, ciclismo de un sorbo, cargado como un buen café, pero en las tres semanas de un Tour o Giro o Vuelta salen a flote las miserias y excelencias de los ciclistas.

Nosotros somos más de clásicas, ciertamente, pero el fuego lento también le sienta bien a este deporte.

Hemos visto este listado, este top ten en Facebook y no nos hemos podido resistir a opinar, un poquito sólo, sobre los grandes de siempre en esta historia de tres semanas y mil aventuras.

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Y vemos que el primero, como en casi todo, porque superarle se antoja imposible en un largo tiempo es Eddy Merckx, el corredor que resume su carrera diciendo que lo ganó todo, todo lo importante, salvo la París-Tours.

Eddy Merckx instauró una especie de yugo sobre el ciclismo que conoció que no tuvo muchos más nombres salvo el suyo desde finales de los sesenta a mediatos de los setenta.

El control de Merckx fue tal que en esa lista sólo sale un contemporáneo suyo, el escurridizo Felice Gimondi, protagonista en aquella jornada de Pra-Loup que cantó el ocaso del belga.

Gimondi fue, como Alberto Contador, un ciclista que explotó pronto.

Pero se le cruzó Merckx, como a otros tantos.

A Alberto Contador se le cruzó Chris Froome, a quien pudo ganar netamente una vez, en la Vuelta del 2014.

Alberto Contador en este listado podría haber estado más arriba.

Pero…

Sin embargo, no se puede obviar ese legado de siete grandes vueltas, siendo además uno de los pocos con las tres.

La lista también contempla a Miguel Indurain: si esto fuera un medallero olímpico, el Tour sería la medalla de oro y eso le pone a la estela de los más grandes.

Es curioso porque el desempate de Merckx e Hinault lo provoca la Vuelta que el belga ganó.

El tejón sigue siendo, más de treinta años después, el último campeón de la vieja escuela.

Ese ciclista que no ganaba, que atacaba de amarillo, rosa o lo que fuera, que amasaba triunfos de etapa, que abría distancias de diez minutos sobre los rivales.

Miguel Indurain fue otra cosa, como Jacques Anquetil, un poder contenido, medido en la habilidad contra el reloj.

Luego están los italianos, auténticos pioneros.

Belle époque, inaugurada por Alfredo Binda, ciclista que recibía primas por no tomar parte en las carreras y abrir el pronóstico.

Fausto Coppi y Gino Bartali, cuya rivalidad despierta aún emociones.

¿El mejor de la historia?

Cada uno tuvo lo suyo: su tiempo, sus rivales, sus recorridos.

Medirlos en igualdad es imposible.

Nacex, la bicicleta donde la necesites

Si por algo hemos de fiarnos, más allá de los sentimientos que despertaron esos triunfos, es de la estadística.

Y ésta es inapelable: Eddy Merckx

Mundiales de leyenda: Hinault ganó el más duro de la historia

Mundial ciclismo - Bernard Hinault JoanSeguidor

Mov_Gore

En el imaginario del mundial de ciclismo, Hinault y Sallanches tienen un sitio especial

Aplastando su bicicleta con una potencia descomunal, empujando a fondo los pedales y siguiendo adelante, como una fuerza irresistible de la naturaleza, donde otros habían fallado o no habían podido más.

Así ganó Bernard Hinault, “el Tejón”, posiblemente el Mundial más duro de la historia.

Y lo hizo ganando como un artista de la bicicleta, dando todo un recital en su país y exhibiéndose ante su afición.

Aún muchos recordaremos su victoria como la más memorable de su carrera deportiva, si nos remitimos en exclusiva a pruebas de un día.

Aquel 31 de agosto de 1980, el Mundial de Ciclismo en Ruta consistía en un circuito en el que se tenía que ascender 20 veces al Domency, una cota de apenas 796 m de altitud situada en plenos Alpes franceses, pero que forzosamente se les debería atragantar a más de uno.

Hinault no sólo se llevó la victoria con más de 1un minuto de ventaja sobre su más directo perseguidor, también fue uno de los quince corredores que terminaron entre los 107 que tomaron la salida en Sallanches.

Un dato que habla por sí solo.

Hinault, con todo a favor

Fue un Mundial terrorífico.

Los franceses lo habían organizado todo para que ganara Hinault en su casa y así se lo presentaron sus compatriotas: en bandeja de oro, porque aquel durísimo circuito estaba diseñado para el mejor, más duro y completo, corredor del momento. Era su Mundial.

El comentario generalizado de la prensa, durante aquellos días previos a la competición, hablaba de que el recorrido de aquel campeonato era digno de una auténtica etapa reina del Tour.

Echemos cuentas.

Un circuito de 13,4 km al que habían de dar veinte vueltas; en total, 268 kilómetros que escondían una emboscada terrible: la Côte de Domancy, una cuesta de apenas 3 km al 8% de media muy exigente, pero con rampas máximas de hasta el 15%, en la que se salvaban 220 m de desnivel.

Las matemáticas no fallaron y esta inclinación multiplicada por 20 daba la friolera de 4400 m de desnivel acumulado.

Casi nada.

En su día lo llamaron “el circuito de la muerte”.

No era para menos.

Todas las selecciones que acudieron a inspeccionarlo, incluida la española, barruntaban que allí no iba a acabar nadie.

Casi aciertan.

Sin embargo Hinault, muy seguro de sí mismo, les decía a los periodistas franceses que “fueran poniendo el champagne en la nevera”.

Menudo tejón.

Fueron tantos los abandonos que, por las carreteras adyacentes al circuito, se veían más ciclistas en dirección a sus respectivos hoteles que compitiendo dentro de aquel perímetro.

Apellidos tan ilustres como los de Saronni, Zoetemelk, Moser, Kuiper, Raas o Knetemann, entre otros muchos, no pudieron finalizar la durísima carrera, dando la razón a un profético Cyrille Guimard que dijo, antes de comenzar el Mundial, que todos éstos no ascenderían ni 11 veces al Domancy.

Sólo se equivocó con Saronni, que lo subió doce veces.

El resto, todos, tiraron la toalla más tarde o más temprano.

Hinault, después de algunas escaramuzas previas para ir minando la moral de sus rivales, tomó personalmente el mando de las operaciones en la 13ª vuelta, situándose en cabeza de un pelotón cada vez más reducido de figuras reconocidas.

Estratega como pocos, endurecía cada ascensión sembrando de cadáveres todo el circuito, en una increíble labor de eliminación de sus contrincantes uno a uno. Iba a un ritmo de víctima por mazazo.

En la 17ª vuelta Hinault se quedó tirando de un grupo formado por Baronchelli, Pollentier, Millar y Mascussen. Tras ellos, cinco hombres en los que se encontraban Rupérez y Juan Fernández, que merece especial mención aparte.

A la vuelta siguiente cae de la nómina de candidatos, Rupérez. En la 18ª es Millar el que dice adiós y se descuelga, no pudiendo seguir el ritmo de los mejores.

En la penúltima vuelta ya sólo le aguanta Baronchelli, que bastante hace con seguir ahí, a rueda del implacable verdugo.

Por detrás, a más de 4 minutos, los perseguidores.

Soy globero, ¿y qué? porque hace unos cuantos años, y como decía un buen amigo mío, cuando me ponía el culote no conocía ni a mi padre

Les había metido un verano.

Pero entre ellos seguía aguantando un extraordinario Juan Fernández.

La última vuelta de Hinault

Ascendiendo la temible cota, Bernard ataca a Baronchelli y por fin lo deja fuera de combate.

El italiano había sido tan valiente que incluso le había dado al francés algunos tímidos relevos.

Pero el demarraje del bretón fue tan seco que bastó para que se marchara en solitario en busca de su maillot Arco Iris.

Bernard Hinault hace buenos los pronósticos, no defrauda, y se proclama Campeón del Mundo. El italiano entra en solitario a 1 minuto. A un kilómetro del final vienen el resto de perseguidores.

En el sprint Juan Fernández bate brillantemente a sus rivales, mucho más veloces que él, como De Vlaeminck, Pronk o Marcussen, consiguiendo una medalla de bronce con sabor a oro.

Una gesta inolvidable.

Mundiales de ciclismo JoanSeguidor
Curiosamente Sallanches no sale entre los mundiales más duros de la historia

Hinault, Baronchelli y Juan Fernández, fueron los tres grandes protagonistas, fueron los mejores, en una  larguísima jornada de ciclismo alpino, que hizo de aquel Mundial el más duro de la historia. También el más bello.

¿Conseguirá el Mundial de Innsbruck desbancarlo?

Por Jordi Escrihuela

Hinault no entiende ni quiere entender sobre Froome

Potenciometro FroomeJoanSeguidor

Otra vez Hinault insiste sobre Froome, otra vez azuzando el árbol para que no esté en el Tour. Cuando estaba en la organización, no se le veía tan beligerante.

Chris Froome debe andar estos días sacando notas del recorrido del Tour y trabajando en mantener el estado de dulce con el que acabó el Giro.

Por cuestiones de Mundial de fútbol, tiene una semana más para descansar, más que otra cosa, del salvaje desenlace de la grande italiana.

Y mientras Froome vive en el inopia de saber que el sistema ampara casos como el suyo hasta que no se resuelvan firmemente, Bernard Hinault pide, interesante, una huelga al pelotón de cara al Tour en protesta por la presencia de Froome.

Monsieur Hinault, hay que tenerlos bien gordos

El bretón alimenta la opción de una huelga, una entelequia mil veces sugerida en el ciclismo profesional, nunca llevada a cabo, nunca más allá de aquellas jornadas históricas del Tour del 98.

Incluso con huelga, el caso Froome seguiría ahí…

De aquellos días surgió una realidad dolorosa para muchas personas, que en el pelotón hay de todo menos unión para emprender cualquier cosa.

Como me dijo una vez Carlos Sastre:

“Hay demasiadas personas, demasiadas nacionalidades, demasiados sueldos… como para que surja la unidad”

Y así, es.

Hinault sigue sobre Froome y su positivo no fallado, pero nunca se hubiera atrevido a pedir algo así cuando estaba en el seno de ASO.

Desprovisto de esa servidumbre, para Hinault esto no es más que soltar cuatro palabras y llenar un titular.

Pero no es así, Hinault predispone a “encabronar” más aún el ambiente en las cunetas, con gente en contra de Froome casi desde el minuto uno que piso el Tour de Francia.

Así, lo siento, no se hace deporte, ni se crea un clima de competición.

Lo que fallen los jueces, ya lo fallarán, entretanto, presunción de inocencia, eso que en ciclismo no existe.

Así se enrarece el ambiente y se torpedea más aún un barco que es el ciclismo que parece siempre en la diana de todos los objetivos.

Es curioso que en el que puede ser el quinto Tour de Froome, estemos hablando de Bernard Hinault.

Lo es porque, 33 años después sigue siendo el último francés en ganar su carrera.

Es un tiempo enorme e inmenso, trasladándose la sensación que algunas viejas glorias se agarran al hilo que sea para seguir en boga.

No creo que Hinault le haga un favor al deporte que le ha dado todo y hecho lo que es, como tampoco que el caso de Froome se eternice ante el asombro colectivo, pero todo lo que sea salirse del guión para mear fuera del tiesto, ahonda en la poca credibilidad que tiene este deporte.

Imagen tomada del FB de Giro d´ Italia

INFO

Las llantas ERC by DT Swiss son para rodar y rodar…

Bernard Hinault: nadie en está en disposición de dar lecciones

Giro de Italia - Bernard Hinault sobre Chris Froome JoanSeguidor

Las opiniones de Hinault sobre Froome son muy desacertadas

El caso Froome tiene dos vertientes muy negativas y Bernard Hinault nos lo ha vuelto a recordar.

Por un lado, subyace el propio fallo de su positivo en la Vuelta a España.

Mientras se decide o no qué hacer con el número uno del ciclismo mundial, puede competir e incluso condicionar y ganar por donde pasa.

El Giro es el ejemplo. Tomó la salida, porque la ley le ampara, sus rivales se pusieron a su lado en la salida.

Nada o poco que objetar de entrada.

Veremos si le mantienen lo logrado. Alberto Contador sabe lo que significa que te quiten un Giro ganado en la carretera porque decidió tomar la salida mientras su caso anterior no había sido fallado.

Bernard Hinault y el ruido

La otra parte que odiamos de este proceso, es el ruido que le envuelve mientras se resuelve.

Ruido de todos los lados y opiniones, que si estudios que le avalan, que si se resolverá antes o después, que si tendría que haber evitado el Giro, que si el Tour le va, o le tiene que vetar…

Ruido que aquí también hacemos.

Y en ese ruido, Bernard Hinault se arroga el papel de saber quién entra y quién no en la leyenda de los de la triple corona y el encadenado de tres grandes ganando.

Bernard Hinault, a quien creía jubilado, dice que «Froome no es leyenda».

Toma ya.

Como cuando George Bennett dijo en caliente que Froome hizo un Landis o Tim Wellens criticó el pasado de Alejandro Valverde.

Otra vez el ciclismo se aplica un tiro en el pie, él solito, sin más.

Mientras CR7 habla de «los que se dopan» en la Cibeles y la gente se pregunta qué querrá decir, aquí somos más listos que nadie y ya nos atrevemos a meter y sacar a Froome de la leyenda, a conveniencia.

Bernard Hinault debería pues hablar de su época

Lo cierto es que he leído bastantes comentarios a las palabras de Hinault sobre Froome.

Uno ha sido este hilo de Johan Bruyneel en su Facebook.

Creo que Bruyneel tiene toda la razón: «Todo el respeto a Hinault, pero debería mantener la boca cerrada».

Yo no sé si con estas opiniones Hinault o quién sea quiere ganarse el favor de los medios, o el titular rápido, pero entenderme, esto es pan para hoy y…

El ciclismo actual con sus mil imperfecciones es hijo del ciclismo de los años 90, 80 y 70.

Y no creo que los tiempos de Bernard Hinault la cosa estuviese clara, ahora somos nosotros quienes aplicamos el tiro en el pie.

En el libro de Kimmage sitúa el ciclismo más negro y podrido en un criterium de barra libre.

Precisamente en el hilo de Bruyneel se habla del Criterium de Callas, año 1982, cuando Hinault y unos cuantos, entre ellos Bernaudeau, limpísimo mánager del Direct Energie, boicotearon el trabajo del antidopaje.

En su época, Hinault vio sanciones por dopaje de una semana y un azote en el culo.

Eso es lo que vio Hinault, porque entonces como ahora, la trampa existía, pero entonces aquello era «parte del entrenamiento».

Sin embargo, esto Hinault lo olvida, y se centra en un presente que sin duda no es sencillo ni de gestionar ni de tragar,

Chris Froome no debió tomar la salida en el Giro, pero por iniciativa propia porque él habría criticado a cualquier otro en su misma situación.

Y a partir de ahí, todo es volver sobre lo mismo. Un día de la marmota, un ciclo eterno que un día nos quitará las ganas de ver ciclismo para siempre.

Imagen tomada de FB de Giro d´ Italia

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Entre los portabicicletas de techo tenemos el Cruz Race…