Berria & Polini: las e-bikes que vienen

Manejo sencillo y asistencia decisiva, Berria nos deja probar sus nuevas e-bikes junto a Polini

La bicicleta va suave, desliza por la ciudad, vemos la vida pasar.

Hace calor, ligera brisa, pero calor, un puente aparece ante nosotros, necesitamos asistencia para mantener el ritmo sin aspaviento, sin mayor complicación.

Activamos la ayuda eléctrica de nuestra Berria y notamos la asistencia, es imperceptible, no hay vibración, sin ruidillo, es natural, te permite seguir a buen ritmo, el cuerpo no nota el cambio de ritmo y muy importante no sudas.

La bicicleta eléctrica no vino para quedarse porque su entrada en el mercado venía con éxito por adelantado.

Berria Polini visor JoanSeguidor

La máquina que Berria nos da a probar es una MTB que estará en la gama e-bike de Berria para el año que viene.

La equipa Polini, una forma lombarda, de Bérgamo, que tiene una amplia tradición y presencia en las grandes ciudades con soluciones que equipan cientos, miles de ciclomotores.

La suya es una historia que arranca en los setenta, nos explican, y ven en la bicicleta el reto inmediato.

Si la Belador Aero Hybrid que probamos hace unas semanas viene con Fazua, las versiones de endurance, vienen equipadas con Polini, una aventura que tiene que salir bien, que tiene a José Vitoria sin vivir nadando en un mar de necesidades que alinear: estética, utilidad, sostenibilidad…

«La MTB es una cosa, pero la road exige ser muy precisos, algo realmente bueno» nos explican desde Polini.

Hay que adosar un motorcillo que aporte 500 vatios que no pese en exceso, que dé una autonomía superior a los doscientos kilómetros y que en el llano dé un respiro al ciclista, un respiro que le permita rodar más, explorar más lejos.

Y se ha logrado con la serie de Belador Hybrid y Grava Hybrid: asistencia en la larga distancia con una batería de alta capacidad.

Berria Polini bateria JoanSeguidor

La ayuda viene en cinco niveles, manteniendo un ratio de asistencia-autonomía ventajoso para el ciclista.

Una ayuda de nivel cinco, el máximo, te proporciona un salto del 400% durante unos sesenta kilómetros.

Es un cuadro de dos aleaciones de aluminio que permite nadar con éxito entre la resistencia y el peso.

 

Berria Polino cadena JoanSeguidor

La MTB que probamos saca partido de una transmisión directa de la energía del motor a la rueda.

Su diseño en carbono confiere ligereza y la geometría maniobrabilidad.

Es un diseño compacto en el que Berria prioriza que la conducción sea sencilla y Polini que la batería esté siempre a punto.

Si la bicicleta eléctrica llegó para quedarse es porque ha aterrizado en un mundo lleno de personas que quieren ir lejos, salir con cualquiera y disfrutar de la bicicleta sin la incertidumbre de «y si».

Berria con Polini lo tiene claro.

 

E-bikes: cuando se apaga el motor

E-bikes JoanSeguidor

Mov_Gore

¿Ha llegado el momento de pasarse a las E-bikes?

Son muchos los aficionados que, en el momento de comprar una bici, han ido a las tiendas y han visto unas «máquinas» muy chulas, máquinas que parecían bicicletas convencionales, pero que en verdad son eléctricas.

Las E-bikes es como todo lo nuevo y a veces cuesta ver el concepto y el uso que le podemos dar en la realidad.

Las E-bikes no dejan de ser una bicicleta en el concepto más básico: hay que dar pedales como en casi todas… ¿cierto?

Y es que tras la aparición de los primeros motores con baja potencia y poca autonomía, la evolución ha seguido a mejor no contento con ello y como el ser humano es incansable, a la vez que inquieto, nos hemos puesto ha» trucar» motores, como si nos viniera de hacer una «pole position» para sacar velocidades puntas que no sé a dónde nos conducen.

Algunos quieren E- bikes a 40 km/h

¿Estamos locos o qué pasa?

Vale, es cierto que algunas les falta potencia, que la mayoría de motores cortan la ayuda a 25 km/h.

Es es algo que no le encaja a todo el mundo, pero el motor es para la montaña, especialmente, y fuera de ahí, a pleno rendimiento, muchas veces es incontrolable y provoca que la propia bici se convierta en algo difícil de manejar.

Tras muchos años de salir en bici a entrenar, las mejores medias que hemos conseguido en entrenos o en competición todas están sobre 20-25 km/h.

Sólo en la copa del mundo y lo reyes del mountain bike son capaces de superarlas y no en todos los circuitos.

Si nos proponemos que las E-bikes acaben siendo algo así como una motocicleta tendremos un problema serio.

En las ciudades ya se empieza a oler ese vació legal sobre bicicletas «trucadas» circulando por la acera, por el arcén y por la propia carretera.

DT-Swiss 2019

A día de hoy, para muchos vale todo.

Los carriles bicis se han convertido en el mejor escenario de accidentes porque bicicletas normales, E-bikes, patinetes y todo lo que se pueda llevar con ruedas se junta para dar paso a «carreras de autos locos».

Cuando voy rodando con mi bici no me gusta que me pasen proyectiles silenciosos a 40 por hora: «la que nos podemos pegar es muy gorda»

E-bike vs bicicleta: ¿Una guerra entre dos mundos?

Que hay más bicis es un hecho y muchos han visto cambiada su suerte. El medio ambiente lo agradece.

Me gusta ver más bicis y menos coches por las ciudades.

Pero las E-bikes no han ayudado a muchos a llegar antes al trabajo, aunque sí a otros poder disfrutar de un deporte que habían dejado de banda por lesiones o por la edad y otros simplemente por diversión, por tener un concepto de ciclismo mas relajado.

Por suerte todos cabemos en la montaña y en las ciudades, eso de momento.

Gestionar los pasos de la tecnología es a veces complicado, ese pequeño recelo que se empieza a ver entre los que van a pedalear con su bicicleta «normal» y los «E-bikers», por el simple hecho de pasarlos en una subida por que van con su «motorcillo».

Ese recelo me sorprende y no para bien.

 

Los ciclistas muchas veces chocamos con nuestras propias ideas, pero al final el simple hecho de ir en bici es la satisfacción de todos, y la bicicleta  nos va llevar hasta donde nuestra mente nos deje.

El que mañana tenga la necesidad de coger una E-bike que la disfrute, y el que siga queriendo que su motor sean la piernas, que las desgaste.

La bicicleta eléctrica y la ley del esfuerzo

Es posible que sea la edad, o las ganas de exprimirse cuando uno sale a hacer deporte. No concibo salir a lo que sea, a correr, o en bici, sin sufrir un mínimo, ese margen que da la medida de que has progresado, que mejoras, que vas por buen camino. Ese dolor de piernas cuando pones el pie en el suelo en el primer momento de la mañana, ese cansancio que te acompaña cuando has exprimido la patata, buscando un poco tu límite y ver que eres capaz de cosas por las que no habrías apostado un año antes.

Yo concibo el deporte, nuestro deporte así, un punto intermedio de la competición y el alto nivel, si eso se puede llamar deporte entendido como algo saludable y edificante, y el paso de las horas y los días entre bares, sofás y el ocio más indiscriminado, sin mayor ambición que ver los chuzos de canto desde la ventana de casa.

Hacía tiempo que no salía a correr por la montaña, el horario laboral, las horas de sol, esas cosas que pasan. El otro día lo hice, llegados a un punto, a unos desniveles, ir corriendo sale más a cuenta que en bicicleta. “Buenos días”, “ánimo, queda poco”,… cuatro palabras mal dichas, una mirada de complicidad y a por otro ciclista. No hay más, no había más.

Cuál fue mi sorpresa que un poco más arriba me adelanta un ciclista, una persona de mediana edad ataviada con chándal y chubasquero que iba como un tiro, lanzado a hacer cumbre. “Esto no es normal” me dije. Iba, obviamente, sobre una bicicleta eléctrica. Por el camino había dejado a los ciclistas que acababa de superar y luego él me rebasó a mí. Cuando uno de esos ciclistas «rezagado» me dio caza en un descenso me dijo que era aberrante ver algo así. Yo asentí: «Son los tiempos».

Bicicleta eléctrica por la montaña. Si ya sé, muchos ya la habíais visto, yo no, y el impacto fue sencillamente brutal. Una distorsión para quienes llevamos años saliendo por la montaña y no sólo a correr, también en bici, sufriendo como perros para mantener dignamente nuestra reputación. Un shock que rompe todas las líneas y lo establecido.

Sé que muchos pensaréis por donde voy a ir y no estaréis equivocados. ¿Cunde salir a hacer un par de horas por la montaña en bicicleta con ayuda eléctrica? Sinceramente lo dudo, porque, con todos los respetos para quienes lo hagan, creo que el mínimo esfuerzo que se le supone a un ejercicio así no se cumple, seguro que sudar se sudará algo, pero creedme a la castaña que veo a algunos subir cuestas me da la sensación que van en una de esas motos de velódromo que abren las series de keirin.

A mí una bicicleta eléctrica, cuya implantación es imparable, me parece perfecta para la ciudad, y aunque las cuestas de Madrid no sean el Tourmalet, que un motorcillo te ayude a subir te evitará sobreesfuerzos que con ropa de calle son un poco coñazo, pero, repito con todos los respetos, para salir a la montaña y perderte entre cientos de ciclistas que suben “a pelo” no lo veo.

Ya sé que con la bicicleta eléctrica a muchas personas se les abre un horizonte enorme de llegar a sitios que antes ni siquiera pensarían accesibles, y es bonito, pero hacerlo todo sobre ella no me parece la mejor alternativa, sobre todo si se quiere hacer de la bicicleta tu aliado en una fructífera actividad deportiva.

Imagen tomada de http://fantasiatecnologia.com

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No cargues con tu bici por aeropuertos, estaciones de autobuses, trenes, taxis…

Del #happyflower al Bicing y la bici eléctrica

Allá por la década de los ochenta, un puñado de locos con la estética happyflower propia de la época se manifestaba de forma esporádica por las principales arterias de Barcelona y otras grandes ciudades ataviados con máscaras antigas y pancartas reivindicativas para reclamar algo insólito en la España hija del desarrollismo: menos coches, menos ruido, menos polución y más espacios para la circulación de bicicletas. Esos pioneros en la lucha por ciudades menos agresivas con sus ciudadanos eran vistos como marcianos por sus coetáneos. Ellos simplemente aspiraban a unas urbes como Amsterdam, con miles de ciclistas y con una red de carriles bici que permitieran ir a todas partes a golpe de pedal. Lo que jamás podrían haber imaginado es que por lo menos parte de ese sueño se iba a hacer realidad gracias a flotas de bicicletas públicas financiadas por la administración y a la bici eléctrica.

Los ciclistas debemos ser sinceros. Pese a que todavía queda un largo camino que recorrer para parecernos a Amsterdam o Copenhague tanto en infraestructuras como en conciencia cívica, si miramos atrás a la fuerza tenemos que reconocer que hemos avanzado mucho. Hoy es más fácil y seguro desplazarse en bicicleta por la ciudad, y una parte importante del mérito se lo debemos a quienes protagonizaron esas primeras luchas, pero también a la bicicleta pública.

Allá por 2007, cuando Barcelona se disponía a poner en marcha el Bicing, Pere Cahué, alma mater de la tienda Probike, me confesaba su tranquilidad e incluso alegría por lo que consideraba una iniciativa que a la larga le beneficiaría. Mientras la mayoría de tenderos veían la iniciativa del ayuntamiento como una competencia desleal y estaban convencidos de que les iba a perjudicar, el dueño de una de las tiendas de referencia del estado pronosticaba el empujón que eso iba a suponer para la bici urbana. Habría más bicis en la calle, las condiciones para pedalear por Barcelona mejorarían y muchas personas que se habrían iniciado con el Bicing acabarían comprándose una de más calidad para usarla cómo y cuando quisieran.

Pese a los agoreros augurios sobre el futuro de la bici en Barcelona («no es una ciudad para bicis», «tiene demasiadas subidas», «esto no es Amsterdam»…) el Bicing tuvo un éxito espectacular. El primer año llegó a los 130.000 abonados y el segundo superó los 190.000, para estancarse luego en unos 120.000.

Dejemos clara una cosa. Los sistemas de bicis públicas no consisten en que el ayuntamiento financie las ganas de ir en bici de sus ciudadanos en su tiempo de ocio. El Bicing de Barcelona, el Sevici de Sevilla, el BiZi de Zaragoza o el BiciMAD de Madrid son un engranaje más del ecosistema de transporte público de una ciudad y como tal debe ser considerado, lo mismo que su coste económico. Las críticas que a veces se hacen a las pérdidas que genera su explotación son incompletas si se omite la barbaridad de millones -que nadie discute- que cada año las instituciones deben invertir en mantener o ampliar una red de metro o autobuses.

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Las subvenciones a la compra de bicicletas eléctricas son un segundo paso para facilitar el acceso de los ciudadanos a un vehículo que para los ayuntamientos supone más ventajas que inconvenientes. A saber: libera espacio en vagones de metro y autobuses, desestresa el tráfico, es silencioso, no contamina, ocupa un espacio mínimo, mejora la salud de los ciudadanos…

Las subvenciones que conceden el gobierno vasco o los municipios del Área Metropolitana de Barcelona han funcionado razonablemente bien. Todo lo contrario que los planes PIMA Aire y Movea que actualmente otorga el ministerio de Industria. La tramitación de las ayudas de 200 euros concedidas por el Estado son un verdadero suplicio para los tenderos y en menor medida para los compradores, tienen unos fondos muy limitados y se aplican por igual a una bicicleta destinada a desplazarse por la ciudad o a practicar MTB. No tiene ningún sentido que entre todos paguemos parte del coste de un vehículo que se utilizará para salidas dominicales por el monte.

Todo es perfectible. En cualquier caso, la bicicleta eléctrica tiene un gran futuro en nuestras ciudades porque acorta las distancias sin esfuerzo y tiene un coste económico extremadamente competitivo frente a otras formas de transporte, sea privado o colectivo. Así que estimular su compra mediante subvenciones favorece a las personas que las van a utilizar, pero también al conjunto de ciudadanos.

Cada una a su manera, tanto la bicicleta pública como la bici eléctrica favorecen la movilidad en nuestras ciudades.

Por Gabriel Pernau, fundador de eBici.cat

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Las bicis eléctricas han llegado para quedarse

Hoy me ha llamado a la tienda un señor que, a sus 73 años, ha redescubierto la bicicleta. Es uno de los organizadores de una de las marchas de MTB con más renombre en Catalunya, la Cabrerès. El señor preguntaba por una batería de alta capacidad para la bici con motor Bosch que se compró hace un par de años, y como quien no quiere la cosa me ha acabado contando su vida.

Jordi, así se llama, ha sido ciclista toda la vida pero por cosas de la edad y un pequeño achaque de corazón, los últimos años había ido abandonando su gran afición. Hasta que descubrió las mountain bike eléctricas.

«¡Es fantástico! -se regocijaba al otro lado del hilo telefónico-. Puedo seguir haciendo las mismas rutas que antes sin preocuparme del kilometraje o de lo duras que serán las subidas. Salir en grupo, disfrutar de la naturaleza, del desayuno con la «colla» de amigos… Ahora vuelvo a salir en bici. Y no soy el único. En mi grupo ya somos trece los que vamos en bicis eléctricas. El más joven tiene 70 años, ¡y el mayor ochenta y tantos!«.

Jordi irradiaba felicidad. Este hombre de aspecto desconocido y con el que igual coincidí alguna vez -hace ya muchos años- en la Cabrerès, vive una segunda juventud gracias a su bici eléctrica. Y no es el único. Las bicicletas eléctricas son la solución para el ocio o el transporte cotidiano de millones de personas en todo el mundo.

Permiten a un ciclista como Jordi ,que por la edad o un problema de salud (enfermedad cardiovascular, lesiones de rodilla…) había arrinconado a su querida, seguir montando en bici. Pero también es la solución para las personas que querrían salir con su pareja y no osan porque se sienten débiles, para esos ciclistas con dificultades para seguir el ritmo de un grupo, para los ejecutivos que no pueden permitirse llegar al trabajo sudados, para los que viven lejos de su lugar de trabajo o tienen que afrontar un recorrido con muchas subidas, para los que tienen que cargar con mucho peso…

Quedan muy lejos las primeras bicis eléctricas de fabricación china, equipadas con pesadas y altamente contaminantes baterías de plomo que se empezaron a vender en nuestro país hace quince o veinte años. Gracias al tremendo avance que han supuesto los motores centrales Bosch, a los que han seguido Yamaha, Shimano o Brose, los grandes fabricantes (Specialized, Trek, Lapierre, Cannondale o Merida, y en nuestro país BH y Orbea) han acabado apostando por un subsegmento que hasta hace poco era minoritario pero que en países como Alemania u Holanda ya representa el primero en facturación.

Las bicicletas eléctricas, de pedaleo asistido, ebikes o como se las quiera llamar, han llegado para quedarse.

¿Pero estos motores «tiran»?, me suelen preguntar en la tienda. Y yo suelo explicar siempre lo mismo. «Mira, este motor tiene una potencia de 250 vatios. En sus mejores tiempos, las piernas de Induráin desarrollaban una potencia de 500 vatios, lo necesario para subir cualquier puerto de los Alpes o de los Pirineos a más de veinte por hora. Pues con los 250 vatios del motor y lo que tú le eches, podrás subir por cualquier sitio«.

Claro, no todos se lo creen. «Al fin y al cabo, a mí qué me va a contar éste, que quiere venderme la moto«, se dirán algunos. Ningún problema. Les dejo probar la bici o se la alquilo. Y me quedo esperando tranquilamente a verle llegar con una sonrisa de oreja a oreja dibujada en su rostro.

«Pero esto no es montar en bicicleta«, me discuten los puristas recalcitrantes. Y en parte les doy la razón. Las ebikes representan una forma de hacer ciclismo distinto al que habíamos conocido hasta ahora. «Pero es ciclismo -les digo- y esto que tienes delante es una bicicleta«.

Y les pongo el ejemplo del esquí. «¿O acaso el esquí de pista no es también esquí? La mayoría de esquiadores utiliza unos remontes mecánicos para subir la montaña y así poder hacer tantos descensos como quieran. Porque según tu lógica el único esquí verdadero sería el de montaña, el del intrépido que se tira toda la montaña subiendo a una cima a pie para poder disfrutar de un único descenso al final de la jornada. Pues mira, ahora existe otro tipo de ciclismo que te ayuda a subir, tú decides si mucho o poco, y así llegarás a casa más descansado, podrás hacer rutas más largas o disfrutar de más descensos«.

Lo dicho. Nos gustará más o nos gustará menos, pero las bicis eléctricas han llegado para quedarse, y, gracias a su facilidad de acceso y a los avances tecnológicos que están por venir, ampliarán el abanico de usuarios hasta unos límites que ahora mismo nadie es capaz siquiera de llegar a imaginar.

Por Gabriel Pernau desde 

Imagen tomada de 

La inconcebible política de incentivos a la bicicleta

 Está a punto de lanzarse a nivel nacional la tercera edición del Plan “PIMA AIRE”. Se trata un plan propuesto por el gobierno para la renovación de vehículos con el fin de  reducir las emisiones de CO2. Esto nos afecta, y mucho, por ser la única subvención del estado para la compra de bicicletas, aunque eso sí, deben de ser bicicletas eléctricas y no cualquier tipo de bici eléctrica, por supuesto de unas marcas y modelos determinados.

La verdad es que no sé cómo ha afectado este plan al aumento de bicicletas eléctricas ya que en nuestra ciudad no es el tipo de bici que más se usa. De hecho dudo que la subvención mitigue el elevado precio de este tipo de bicicletas. No hay que ser un genio para ver que en ciudades como Barcelona o Madrid no son los lugares más adecuados para dejar atada en la calle una bicicleta de más de 1000€. Estimo que la inversión en candados estaría cerca  de lo que te dan como ayuda a la hora de comprarla. No habrá más ayudas, esto es todo. El resto va para carriles bici y bicicleta pública.

Si lo miramos con otros países de Europa, no hay color, por extraño que parezca van algo más avanzados en este tema.

Pero vamos a poner algunos ejemplos

En Bélgica, desde el 2006, pagan hasta 0,21€ por kilómetro a la gente que se desplaza a su trabajo en bicicleta. En los Países Bajos esa cifra es de 0,15€ por kilómetro. Los últimos en adherirse a este tipo de medida son los franceses que también están en el 0,20€.

En Inglaterra también pagan por ir en bici a trabajar, allí se cotiza la milla a 0,2 libras. Todo esto se gestiona a través de las empresas que tienen excepciones fiscales aplicadas directamente a los trabajadores que usan la bicicleta como medio de transporte.

Resulta que un ciudadano que se decanta por la bici para ir a trabajar  puede llegar a recibir unos 700€ anuales y esto supone un gasto, en el caso de Bélgica, de unos 43,4 millones de euros. Esto significa que hay mucho movimiento. Y además se calcula un ahorro aproximado de 5,6 millones de euros en sanidad, lo que tampoco está nada mal.

Se cree que los desplazamientos son de entre 4 y 7 kilómetros aproximadamente, distancia factible para cualquier persona sin la necesidad que sea un deportista sin necesidad de una bici eléctrica para recorrer estas distancias a menos que vivas en Andorra, donde no encuentras un llano a menos que quieras poner un campo de fútbol

Hay algunas asociaciones en España como ConBICI que luchan para que en el gobierno haya una persona que se dedique a preocuparse de todo lo referido a la bicicleta y se encargue de mediar con los ayuntamientos el acceso ciudadano a este medio de transporte. También se pretende influir en las decisiones a nivel de seguridad vial, sin embargo seguimos esperando ese alguien que los escuche.

Desde Barceloneta Bikes

Imagen tomada de www.aulamagna.com.es

INFO

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Para poder trasportar correctamente tu bicicleta con el embalaje NACEX BICIBOX, debemos tener en cuenta lo siguiente

– Se debe girar y desmontar el manillar

– Se deben desmontar los pedales y ruedas (una o las dos dependiendo del tamaño)

– Se deben proteger los elementos sensibles (cuadro, tijas) y aquellos que queden desmontados con papel burbuja o similar

– Introducir en la caja cuidadosamente evitando golpes y arañazos

– Transportar siempre en posición vertical