El día mundial de ir #Altrabajoenbici tendría que ser cada día

Más de 180.000 ciclistas urbanos con casi 277.000 actividades registradas se movieron a ritmo de Strava el pasado 11 de mayo, el día mundial de ir en bicicleta al trabajo. Las cifras que a groso modo pueden sonar etéreas tienen en España una innegable realidad, y es que casi un 25% más de personas eligieron ese día la bicicleta como medio de transporte hasta su trabajo, plasmando de forma clara e inequívoca, que las dos ruedas se consolidan en la vida de muchos ciudadanos en urbes atacadas de tráfico y polución con una factura por transporte que no para de crecer. Y ojo que si vas en bici al curro, acabarás usándola en todo.

El mundial de ir en bicicleta al trabajo fue una iniciativa de Strava enmarcada en el Strava Metro, del que ya hablamos aquí y que no es otra cosa que una monitorización de varias ciudades alrededor del mundo. Con los datos extraídos de esa observación, se trazan planes de mejora de vida ciclista en ciudades como Londres, Calgary, Portland o Sydney.

Los países que mejores datos arrojaron fueron UK, USA y Alemania por delante de brasileños y australianos, mientras que Londres fue la ciudad más activa.

Tomad nota de la cifra: la atmósfera se ahorró 1,5 toneladas de emisiones de carbono.

¿Salen los números? Que no haya un día de #Altrabajoenbici porque sean 365 al año.

La imagen de la bicicleta

Seamos sinceros, ahora mismo nadie sabría poner en un sitio exacto e inequívoco dónde se ubica la bicicleta en el imaginario colectivo. No podríamos situarlo la verdad, porque la bicicleta es algo que vemos por la ciudad, en mayor o menor medida, de forma anárquica muchas veces, otras encauzada por los lugares que se le han dispensado, pero sin una opinión clara de qué se piensa de ella o cómo se la ve. Como muchas personas en esta crisis vaporosa, la bicicleta está buscando su lugar en el mundo.

Y lo hace en medio de un debate agrio y polémico, que hace unos años no hubiéramos imaginado. La verdad, a priori, si nos preguntan por la inclusión de algo que no ocupa sitio, no contamina, no hace ruido y contribuye a la mejora de la salud pública, no podríamos haber encontrado argumento en contra. Sin embargo, como las “meigas”, “haberlos haylos”.

La bicicleta no es aceptada igual por todo el mundo. Si miramos atrás, ciento y pico años atrás, vemos que la bicicleta irrumpió en las clases nobles y paulatinamente caló hacia “abajo”. Luego vino el coche y todo lo deshizo, al punto que ser ciclista en la ciudad hace treinta años era una rareza, cuando no, digno de un proscrito.

Sin embargo las tornas han cambiado y la bicicleta se ha convertido en el icono de muchas cosas. En el icono de fresco y saludable, en el icono del cambio,… elites intelectuales la adoptan en campañas de publicidad y la ponen en escaparates, los políticos miden la eficiencia de su gestión en la cantidad de kilómetros de carril bici que construyen bajo su mandato, los alcaldes van en bici a su consistorio, los destinos promocionan el cicloturismo, incluso las ciudades se promocionan en función si pueden o no ser conocidas sobre una flaca.

Ocurre también que en ciertos sectores sociales el coche es una conquista reciente y que la bicicleta está vista como un paso atrás. Ir en bici al trabajo o combinarla con un transporte público suena a muchos les suena a “marcianada”, algo que sólo ocurre en las ciudades que sí están preparadas para ello y ahí no están las nuestras.

A todo esto se le añaden los comentarios de todo tipo, peatones hasta los cojones de bicis por la acera, ciclistas acongojados por los coches y conductores escandalizados por ciclistas que no respetan ni señales ni semáforos.

Como veis, la imagen de la bicicleta es una moneda al aire, pero al menos está en el candelero, se discute y se habla de ello, cosa que no está mal. Quizá ahora sea el momento de dar el siguiente paso, y en esto los políticos, y no la gente que genera modas, tienen la palabra. Y dar el paso, dado que hay mucha gente que está cerca de usar la bici y no se atreve, significa mejorar la seguridad ante los robos, pacificar las ciudades, incentivar ir a la escuela en bici,… esas cosas que parecen obvias, pero que no se hacen para mejorar la imagen de la bici.

Imagen tomada de http://www.bilbaoarchitecture.com/createbike-bicicleta-urbana/

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Tu bici vale un buen candado

Se dice, aunque pocos lo sepan, que el robo de bicicletas es el segundo motivo que la gente arguye para no tener una bici por la ciudad. Lo cierto es que las estadísticas que se manejan en este campo son realmente buenas para ver la poca atención que le prestamos a la seguridad de nuestra flaca por las urbes. Somos por lo general descuidados y no siempre ponemos los mejores medios para evitar la sorpresa de que, cuando vuelves al lugar donde la aparcaste ésta ya no esté. Como dice el vídeo, cada cinco minutos una bicicleta es rodaba en Europa.

En Francia por ejemplo se contabilizan unos 400.000 robos de bicis anuales, y eso que la policía no se entera de todos. La mitad de los ciclistas consultados dice haber sufrido alguna vez un hurto y una parte más pequeña admite que su bici en alguna vez ha aparecido maltratada, en peor estado que la dejó.

Las grandes ciudades, nido de anonimato y discreción para algunos, son el mejor sitio para rebañar lo ajeno, pero muchas personas no son conscientes de ello, pues se calcula que un tercio de los ciclistas no aseguran bien su bici y una amplia mayoría, pero muy amplia, utiliza cadenas y otras sujeciones en mal estado.

Cuando uno denuncia la desaparición de su bici, sólo el 6% acostumbra a recuperarla, porque los ladrones no suelen robar bicis con fines lucrativos, el margen es escaso, salvo que la máquina sea la bomba. Drogadictos y chavalillos suelen ser el perfil más común en el hurto medio, y sus fines distan de querer enriquecerse con este trapicheo. Unos sacan para ir «tirando» para los otros es pura diversión.

No obstante el ciclista medio de las ciudades es relativamente advenedizo con la bicicleta en su rutina, es decir, no es consciente de muchas de las cosas que estamos explicando. A veces un buen candado, algo que lleve más de diez minutos desbaratar a los ladrones más expertos, es el mejor elemento disuasorio para que te lleven por delante la bici. La bici candado de la imagen es un ejemplo…

Imagen tomada de www.losandes.com.ar

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Los irreales objetivos de la Mesa de la Bicicleta

La semana pasada, algunos lo relacionan con un regalo de Reyes en el requiebro del oportunismo, se presentó en Madrid la Mesa de la Bicicleta. Su puesta de largo fue realizada con el patrocinio, moral más que otra cosa, de la municipalidad. Vamos, bajo el paraguas del ayuntamiento de una ciudad que a mi entender, y que cada vez que la visito compruebo, vive con una población de coches muy por encima de la que se puede permitir. Son míticos sus atascos, aunque siendo justos, no dejan de ser en proporción a su tamaño e importancia.

El nuevo organismo aglutina entes de pelaje variado y nombres rimbombantes. No menos nos parece así  ese de Red de Ciudades por la Bicicleta, que si bien sus objetivos son loables, la marca de sus acciones es muy muy muy lenta a mi entender. La ciudad española es una selva para quien aventura sus trayectos, e integridad, en una bicicleta. Es triste, pero es así. Si un día el precio de la gasolina se sitúa en los cinco euros/litro nos daremos cuenta de cuán tontos fuimos y cuánto dinero malgastamos en el empeño de marginar una máquina cuyo único gasto es calórico.

Los objetivos de tan venerable iniciativa, que juro quiero que triunfe aunque me genere muchas dudas, se traducen en cuatro propuestas cuya su redacción no merece tal bombo. Su formulación carece de base lógica dado que la creación de ciudades 30 o querer que la gente se arremangue los pantalones para ir al trabajo, los que aún tienen, suponen hitos que una sociedad arengada en el mínimo esfuerzo no va a asumir en el corto plazo. Medir el éxito de esta iniciativa llevará muchos años por que el cambio no es coyuntural, es estructural, como el de nuestra economía. Y si no vean cómo ciudades en las que nos miramos nos llevan décadas de ventaja. La prueba el vídeo que ilustra la entrada, Amsterdam en la década de los setenta. La capital holandesa ya era entonces un vergel de transeúntes sobre su máquina de aquí para allá. La gente de Ciclosfera nos lo explica.

Como apunte curioso recortamos este párrafo textual de uno de los blogs que crecen en el diario el País alrededor de la bicicleta:

 

La política es necesaria en la promoción de los pedales. Pero en España ese vínculo se ha desvirtuado. La Mesa puede recomponerlo además de actuar como lobby socioeconómico del sector. Van a pedir a los partidos políticos una mayor visibilidad de la bicicleta en los programas electorales y pretenden ser referencia asesora.

 

Sinceramente, y con percepciones más que números en la mano, pensar que el gremio de la bicicleta puede adquirir el estatus de lobby socioeconómico es dimensionarlo frente a otros que irremediablemente deben empequeñecerse si la bicicleta se impone: hablamos del automovilístico o también el de la energía que tan buenos impuestos genera a nuestros gobiernos. Decir eso sí que es cabalgar sobre una utopía y no la mejor forma de vender una idea que aunque genial convive con muchos peros.