Cuando la bicicleta es la «otra»

Ya está aquí de nuevo. Ahí está mirándome como si nada. Lo que tengo que aguantar. Ha entrado en la habitación acompañada por él. Casi entra antes que yo. Y ella viene tan contenta abrazada del tonto del otro. Y le digo tonto porque así lo tiene: atontado perdido. Yo entro cargada con las maletas. Él no. Con abrir la puerta del coche a su amiga, cogerla en brazos y agarrar su bolsa con todos sus complementos ya tiene suficiente. Ya le vale. Y ahí la deja, junto a nuestra cama, mientras la acaricia y le pasa la mano suavemente, para comprobar que se encuentra perfectamente, lista para el día siguiente, que se marchará con ella y a mí me dejará aquí tirada, como casi cada fin de semana.

Antes aún les acompañaba con el coche, pero de un tiempo a esta parte he decidido no hacerlo y quedarme en la habitación. Ya estaba bien de hacer la tonta y encima seguirles a todas partes mientras ellos se lo pasaban bien tan juntos ¿no? Suficiente hago con venir con ellos los fines de semana que se van de marcha, no les iba a dejar solos tampoco. Cualquiera se fía de estos dos. Son capaces de marcharse juntos y no volver.

Lo que tengo que aguantar ¿verdad? Siempre con ella, nunca nos abandona. Así no se puede tener nada de intimidad. Si al menos le diera la vuelta no le tendría que ver la cara, pero ni eso, ahí la coloca de frente a nosotros, así el tonto éste la tiene controlada. No sé para qué vengo. Me parece que la próxima vez me quedo en casa. Total, para lo que tengo que hacer aquí… Esta tarde él se la va a pasar mimándola, preparándolo todo para que no le falte de nada al día siguiente. Sólo le falta darle un beso al tonto éste. Creo que si yo no estuviera le haría un hueco en la cama y se acostaría con ella. Incluso la arroparía para que no pasara frío. Eso es amor, eso es pasión.

Él me dice que esté tranquila que no me cambia por nadie, que me quiere como el primer día y que sigue enamorado de mí, pero cuando estamos con la otra sólo tiene ojos para ella. ¿Tendría que estar celosa? La verdad es que ella le hace muy feliz y me gusta verle contento pero creo que la situación me está superando. Ya hace mucho tiempo que nunca quiere salir conmigo la noche anterior al día que él tiene compromiso con su amiga. Dice que no puede trasnochar, que ha de descansar bien para poder rendir con ella al día siguiente. ¿He dicho rendir bien? Ahora que lo pienso, conmigo no se preocupa tanto por esto. Siempre me viene con la misma historia, que lo disculpe, que se quiere acostar pronto y que no está para muchas fiestas.

Sólo está concentrado en que al día siguiente va a disfrutar con su compañera y que tiene que estar a la altura de las circunstancias, que no le puede fallar porque le llevará hasta el límite. Y conmigo… ¿no puede estar a la altura de las circunstancias? Cuando los sábados una quiere marcha, salir por ahí, pasárselo bien, viene el otro y te chafa los planes: «¿hoy no habrás quedado con nadie, no?», «no, no me apetece salir de fiesta, mejor vete con tus amigas, cariño», «prefiero quedarme en casa viendo una peli o leyendo».

Debe ser también la edad. Hace unos años, unos cuantos, no le importaba compartirme con su querida amiga. Por la noche nos íbamos de «marcha» con nuestros amigos y aunque llegáramos tarde, él al día siguiente se levantaba y se iba también de «marcha» con su compañera. Pero de un tiempo a esta parte afloraron sus excusas y ya los sábados no hay manera de poder contar con él. Ni los domingos. Se marcha de buena mañana y sólo sé que se acerca a mí, sigilosamente, y me da un beso en la mejilla. Ya no lo volveré a ver hasta el mediodía, comerá, me explicará cuatro batallas y se irá a echar la siesta, cansado del tute que le habrá dado la otra y con mucho sueño por la paliza y el madrugón que se habrá pegado.

Y yo, pues nada, a esperar a que se levante a ver si al menos quiere dar un paseo vespertino que es a lo único que parece estar dispuesto: «me vendrá bien para estirar piernas», me dice. Esto es cuando nos quedamos en casa, porque cuando salimos de fin de semana para que él pueda disfrutar de su particular vicio en no sé dónde, tenemos que coger el coche y pegarnos una kilometrada para que luego no me haga ni caso, es bastante peor la situación.

El domingo, como estará cansadísimo, me pedirá que conduzca yo. Así que encima los tengo que llevar a los dos, resacosos perdidos. Me parece que es la última vez que los acompaño. Estoy aburrida de esta situación. Como dicen, mejor «ojos que no ven, corazón que no siente». Que hagan lo que quieran. No me gustaría ponerme en la disyuntiva de decirle que tiene que elegir: o a mí o a la otra, porque no sería la primera pareja que conozco que se rompe porque el otro contesta: «pues la otra». De verdad, palabra. Y cada uno ha tirado por su lado.

Sé que, en uno de los casos, ella estaba buscando pareja y que lo primero que les preguntaba, así como quien no quiere la cosa, era si practicaba algún deporte. Y él, que ya casi no le he vuelto a ver el pelo, se dedicó a viajar y a viajar con su única compañera como testigo en busca de nuevos retos y nuevas fuertes emociones. Se ve que la pobre chica no le daba las satisfacciones que le daba su flaca, como él la llamaba.

Eso sí, la última vez que lo vi estaba mucho más delgado, más chupado. Se ve que su amiga lo estaba dejando en los huesos y se estaba gastando casi todo el poco dinero que tenía en sufragar todos los gastos que suponía darle todos los caprichos que le pedía, aunque él lo hacía con mucho gusto y no paraban, siempre de aquí para allá. La verdad es que no tenía otra cosa que hacer. Eso y trabajar. Y con los hijos ya mayores no se tenía que preocupar de nada, sólo de buscar los mejores destinos para disfrutar con su amiga, solos los dos y la montaña. Así ya eran felices.

Porque ese es otro tema, con lo que a mí me gusta ir a la playa en verano… Él ya no la soporta. Sólo quiere ir a la montaña, siempre a la montaña. La cabra tira al monte, claro. Y a mí que me pasa igual que a él pero al revés: cuando me habla de ir a los Pirineos o a Asturias a mí se me ponen los pelos de punta, sólo de pensar en que si le digo que sí siempre nos va a acompañar la otra ya se me quitan las ganas de vacaciones.

He de admitir que muchas veces es él el que accede y me lleva a la playa, pero siempre se queda debajo de la sombrilla («yo ya tomo bastante sol durante todo el año») con su moreno paleta y con pocas ganas de bañarse («el agua está fría»), mientras mira a lo lejos sus montañas, entre melancólico y resignado.

Ahora de nuevo se acercan las vacaciones y ya estoy mirando alguna isla donde llevarlo, que tenga muchas playas pero sobre todo que sea casi llana, así no le dará palo no llevar a su compañera de fatigas. Ya sé dónde iremos y no me podrá decir que no. Será sólo una semana, pero al menos estaremos juntos: él, yo… y sin ELLA.

Por Jordi Escrihuela, desde Ziklo

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Probamos el Spartan de Suunto…

La bicicleta en el internet de las cosas

Voy a Google pongo “Internet de las cosas Bicicleta” y no veo mucho, es más, veo relativamente poco para lo que debiera ser. Esta semana por motivos profesionales he podido asistir como una empresa de máquinas de café para bares, ha incorporado sus productos a esta red que si nos tenía controlados ahora amenaza con marcar nuestros pasos. Se podrá controlar hasta el agua y la cantidad de café ideales que se tienen que emplear para cada unidad que se saca en la barra. A partir de ahí, lo que querais.

Escuchando las explicaciones, pensé en las posibilidades de la bicicleta y el campo que que se abre es realmente enorme, en todos los aspectos y variantes. Este artículo, admito de antemano, está escrito desde la más absoluta ignorancia sobre el tema, porque no persigue ser empírico ni resumir lo que ya está funcionando, que algo obviamente hay, y sí abrir la imaginación al universo de posibilidades que se destilan de estos dos conceptos: Internet de las cosas y bicicleta.

Tratándose de jueves, ya sabéis que en este día central en la semana nos movemos siempre en las ciudades y el encaje de la bicicleta en las mismas. Hace un tiempo nos hablaban desde Strava de cómo ayudaban a las urbes a mejorar sus infraestructuras según las rutas que la gente que iba en bici al trabajo subía a sistema. Con esa información, nos comentaban los de Strava, ayuntamientos habían hecho mejoras concretas en la red a fin de ayudad a que la gente se animara a seguir yendo a su trabajo en bicicleta.

Imaginad por un momento, miles de bicicletas conectadas dando esa información sin intermediarios, apareciendo en la pantalla de quienes tienen el presupuesto y la capacidad de decidir dónde gastarlo. Sería la bomba.

Pero imaginad también si esas bicicletas un día son como el ADN del ciclista que va por la ciudad. Es decir, que sus rutas queden memorizadas, pero también sus comportamientos a través de geolocalización e incluso que por cálculos X se supiera si se han saltado uno, dos o tres semáforos en su trayecto, si han abordado la acera, si no han sido respetuosos, si han causado un incidente.

O si por el contrario, han sido atropellados por un coche, saber dónde, cuándo e incluso cómo ha sido, emitir una señal de petición de auxilio, tramitar una denuncia al momento, poner sobre la pista del conductor negligente,…

Poder grabar al momento tus impresiones del tráfico, de la congestión del lugar, poder compartirlo, por tus redes sociales o por plataformas más privadas que seguro surgirían a raíz de la evolución del invento. Dar tus impresiones de la bicicleta, un 2.0 simultáneo a tu pedaleo, contando tus sensaciones, recomendado la ruta más adecuada para ese momento, ese día, por ese lugar,… se nos va la olla pensándolo.

Son muchos los estudios que señalan que uno de los factores que más retrae a un ciudadano a adoptar la bici como medio de transporte es la seguridad de la misma, vamos que los amigos de lo ajeno hacen el agosto entre flacas. Con la bicicleta enchufada a la red, se pondrán las cosas más complicadas, como tener la situación de la bici al instante.

Ya os digo, son voces, impresiones desordenadas, como he leído en algún sitio, si un objeto se adapta bien al internet de las cosas ese es la bicicleta… entonces ¿por qué se habla tan poco de ello?

¿Cómo aprovechar el valor icónico de la bicicleta?

El otro día me pasaron esta noticia desde la Comision de Cicloturismo de la Federació Catalana de Ciclisme. Era un homenaje al pintor Ramón Casas, autor del famoso cuadro “El tándem”, una de las obras de arte más universales con una bicicleta como eje, un espejo de la importancia que hace cien años tenía la bicicleta en la sociedad, en una sociedad que asistió con alarma e incredulidad como esos locos sobre dos ruedas, trepaban por doquier, en maltrechas y bacheadas calles, que poco tienen que ver con las actuales.

El encaje de la bicicleta no fue sencillo, de ahí la importancia de Casas y su obra. Pasó de la gente pudiente a a plebe. Como cuenta la gente del cicloturismo catalán, Casas fue uno de los muchos intelectuales del momento que practicó ciclismo y lo divulgó, como hicieron Santiago Rusiñol, Miquel Utrillo y Pere Romeu, el personaje que pedalea con Casas en el famoso tandem.

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Casas fue miembro de clubes ciclistas y en el 150 aniversario de su nacimiento se le honra con este cartel. De hecho, y para rematar todo lo dicho, hojeando uno de los primeros boletines de la UVE (Unión Velocipédica Española), germen de la actual RFEC, Casas figura como socio número 88, residente en el 96 del Paseo de Gracia, en los años que este emblemática vía estaba creciendo hacia la montaña para unir la ciudad vieja, con el barrio de Gracia. A Casas se le atribuyen muchos dibujos y bocetos con la bicicleta como elemento central.

La sinergia que Casas y sus contemporáneos alcanzaron con la bicicleta, entonces un elemento que como tal era reciente y joven, la podemos apreciar, yo creo, hoy en día. El valor de icono que tiene la bicicleta sigue intacto desde entonces, y con altibajos en el tiempo, ahora lo veo más potente que nunca.

Hoy la bicicleta está por doquier, completa carteles, cuadros, fotos, magazines y fotos de instagram. Es símbolo de reciclaje y medio ambiente, los partidos políticos la incorporan, visualemnte, a sus programas para decir que el mundo que quieren para sus nietos debe ser sostenible y toda esa cantinela. En una bicicleta se apoyan cartas y menús a la entrada de restaurantes, la bicicleta acompaña a modelos en sesiones fotográficas, en bicicleta van muchos protagonistas de ficción e incluso alguno de la vida real, la bicicleta aparece en la publicidad Hilgihe, de Mango, de Zara, de Furest,… hasta Shakira va con Carlos Vives en bicicleta.

El valor icónico de la bicicleta es indudable, y se complementa con las que cada día circulan por la ciudad, como para acabar de completar el círculo. Ahora bien ¿cómo aprovechar a nivel de colectivo estar en la cresta? Esa es la pregunta y ahí deberíamos encontrar la solución que, como queremos comentar un día, no pasa por poner kilómetros de carriles bici en los programas electorales, y sí en mentalizar a la gente de que un elemento nuevo ha entrado en la vida de la ciudad, un elemento más amigable, cercano, dulce y respetuoso. El caldo de cultivo está ahí, falta darle salida.

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Los horizontes de la bicicleta

La semana pasada Ifema, el recinto ferial de Madrid, un lugar que conozco pero muy bien, fue presa de bicicletas, ciclistas, aficionados y todo el mundillo que engloba este universo que cada vez tiene más adeptos, contra todo pronóstico y a veces lógica. La invasión fue a causa de Unibike y creo que otra vez pudimos apreciar que hay ganas de hacer cosas, que el sector se mueve aunque también, en conversaciones de pasillo, se admite que la guerra tan bestia que se ha instalado en los canales de distribución también se cobra víctimas y la salud de muchos profesionales.

Al margen de la impresión que nos llevamos del evento, la que básicamente acabamos de describir, creo que es interesante ordenar un poco lo que la Ambe, la asociación de marcas de bicicletas de España, nos pone encima de la mesa. Un cuadro que suena bien pero que esconde matices que aprovechamos en este jueves de ciclismo urbano para describir.

Que el informe de la Ambe sea el tercero de su historia habla de que el fenómeno bici como lo apreciamos ahora mismo es relativamente tierno en España. Dicho esto llama la atención el florecimiento de empresas del ramo, llegando hasta las 337, en un momento económico que no es el más halagüeño. En concreto, además, la asociación destaca la creación de hasta 18 empresas de carácter industrial relacionadas con la bicicleta, mientras que el número de tiendas también sube, más de un 8%, superando las 3000, aunque aquí hemos de señalar que entra de todo, desde venta a reparación y alquiler de bicicletas. Si nos pedís impresión creo que precisamente son estos dos últimos tipos los que deben crecer más, por el sencillo motivo de que por internet aún no te arreglan la bicicleta on line.

Las marcas instaladas en España son de todo un poco y revelan el crecimiento de ciertos subsectores que, relacionados con la bicicleta, siguen su propio camino. En ese sentido ganan peso componentes, accesorios y textil, eclipsando la propia bicicleta, mientras que alimentación y electrónica también tienen su cuota, lo que perfila un usuario que no sólo sale en bici sino que se preocupa de todo lo que le rodea. No obstante la venta de bicicletas sigue siendo la primera fuente de ingresos, destacada además, del gremio.

En la venta de bicicletas un dato curioso, bajan las unidades vendidas a través de grandes superficies, signo que creo se explica en que la gente las percibe como de menor calidad y que el gusto se va refinando por momentos. Sube por encima del 12% la venta en tiendas especializadas. Más del 23% de lo que se vende en una superficie o local deportivo está relacionado con ciclismo, superando incluso al fútbol.

En tipos de bici, crece la bicicleta eléctrica casi tanto lo que desciende, curiosamente, la de ciudad. La gente se anima a salir en bici, pero con un extra que les ayude en las no pocas pendientes que por ejemplo las dos grandes ciudades españolas tienen, Barcelona y Madrid. La bici de montaña es la estrella, significando casi la mitad de unas ventas que tienen el precio medio por encima de los 600 euros, lejos de los 1500 de la carrera, que sin embargo se queda en un modesto 6% del total. Esperanzador es que el 35% de las bicis vendidas hayan sido para niños, viendo la cultura que crece en las ciudades ¿tendremos aquí futuros ciclistas?

Y por último lo laboral, el tema del empleo. Se estima que el ramo da trabajo a casi 19.000 trabajadores, entre empresas y comercios. Este año se ha contratado a más de un 13% más de personal, listón que está por encima de la media de los sectores en la creación de empleo.

Ya veis, poco a poco, en todos los campos el tema parece que avanza, con sus complicaciones, como os dije, las cosillas propias a cada sector, sin embargo hecho una cuestión de menos, ¿para cuándo la bicicleta y su gente tendrán la medida real de lo que influyen en la política y diseño de infraestructuras?.

Imagen de la Factoria Orbea

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El amor por la bicicleta

Nunca me ha gustado el día de San Valentín, me parece otra incursión soez y simple del mundo anglosajón en nuestra permeable sociedad. Una forma de vender habitaciones de hotel, mesas de restaurantes con petalos y esas chorradas, escapadas, como si no hubieran otros fines de semana,… es decir otra manera de que la rueda no pare y los bolsillos sigan castigados al capricho de cuatro ideólogos.

No obstante, en este mal anillado cuaderno, los que por aquí pasan tienen algo en común y ya que nos ponemos un poco ñoños, entramos al trapo: el amor por la bicicleta

Flaca, burra, el hierro, compañera,… llamadla X, cada uno como quiera, pero es eso, la bicicleta, el elemento que para muchos constituye una historia transversal a los tiempos. Todos la recuerdan como el regalo más ansiado en los Reyes, no olvidan cuando la dominaron si problemas la primera vez, en el mágino equilibro del movimiento, cuando lograron que su hijo o hija salió adelante a su empujón inicial entre gritos y emoción.

Nudo en la garganta, cosquilleo en el estómago, la bicicleta nos emancipó, nos llevó a esos sitios que muchos años después seguimos teniendo en el recuerdo, amarillentos, distorsionados, como esas fotos envejecidas, pero en la entraña de la memoria. Un privilegio.

Crecimos con la bici, en todos los sentidos, hicimos la ruta que más nos llena, conocimos gente que ama el deporte, el paisaje, la vida, el viento en la cara, los lugares recónditos. La bicicleta se hizo democrática hace mucho, entrelaza vidas, generaciones, abuelos, padres, hijos, parejas, todo.

La bicicleta trenza nuestra vida, y ahora hasta nos lleva al trabajo. Quemamos un puñado de calorías nos mantiene esbeltos, conserva las ganas de movernos, de sentirnos vivos.

Por eso este pequeño canto el día del amor a la bicicleta. Y no sólo lo pensamos nosotros, hay gente muy importante que nos da la razón:

«Quienquiera que inventara la bicicleta merece el agradecimiento de la humanidad» Lord Charles Beresford

«Adán y Eva, después del desayuno, se pusieron el chándal, cogieron las bicicletas y salieron a pasear»

«Cuando veo a un adulto en bicicleta, no pierdo la esperanza en el futuro de la raza humana» H.G. Wells

«El progreso se tendría que haber detenido cuando el hombre inventó la bicicleta» Elisabeth West

Aún con el viento en contra, un día en bicicleta es un gran día” Daniel Behrman

La bicicleta no discrimina por edad” Georgena Terry

Quien monta en bici es mi amigo” Gary Fisher

«En la bici la verdad está desnuda» Laurent Fignon

Al fin y al cabo ir en bici va bien para el corazón.

Imagen tomada de  es.dreamstime.com

En ocasiones veo bicis…

Este martes ya tuve bastante con ver la cabalgada de mi pueblo, como para presenciar otras por la tele. Sin embargo, supe, por ecos de prensa, que en Madrid no acabó de gustar lo que salió a la calle y que a la alcaldesa le llovieron las críticas. Entre otros elementos de innovación que Carmena quiso introducir, había bicicletas, sí bicicletas, en una cabalgata de Reyes, cuando lo más habitual ha sido que durante años la bici fuera el regalo más ansiado cada seis de enero.

Y es que, más allá de valorar si lo que hizo está o no bien, la bicicleta se ha convertido en algo así como el “comodín del público”, algo cuya sola presencia arregla o explica mejor que ninguna otra cosa un desaguisado. Pon una bicicleta y serás chic, cool, ecológico, modernillo, saludable, respetuoso, amigable,…

 

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Cada vez más escaparates en nuestros comercios incorporan una bici, para vender quesos, porque el lechero iba en bici, o para colgar unos tejanos, cuyo estrecho patronaje les hace ideales para ir sobre una flaca. Las modelos se fotografían con una bicicleta, encima de ella o aguantándola, con un cesto de flores frescas colgadas de su manillar, la cabalgata de Reyes de Madrid llevaba bicicletas, no sé si el desfile del orgullo gay también, porque los carnavales seguro que sí.

Los políticos son los últimos en sumarse a la corriente. Ana Botella montó en un BiciMad el día que inauguró el servicio, aquello era obviamente postureo, pero quizá no lo sea que el alcalde valenciano entre en bici desde el primer día en su ayuntamiento. Se ha instalado el axioma de que el éxito de una política municipal se mide en los kilómetros de carril bici que el edil inaugura, muy por encima de si la bicicleta se normaliza o no. Eso son políticas a largo plazo, pensarán, y cada uno tiene cuatro años en el convento.

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Si algo lleva una bicicleta incorporada a la solapa es que se recicla y en estos tiempos, en los que el invierno parece una primavera fresca, ser ecológico y respetuoso con el medio ambiente también cotiza en bolsa, e incluso influye sobre la compra de algunas personas que se percatan del pésimo legado que le estamos dejando a nuestras generaciones venideras.

Cuando un medio saca Madrid tupido por una boina de porquería en el ambiente, todos piensan en la bicicleta, ¿cómo no?. “Debo ir al trabajo en bici” se dicen, aunque luego la realidad de nuestras mal diseñadas ciudades nos inviten a dejarla plegada en un rincón.

En fin, que la bicicleta florece, está en su primavera, no sé si será coyuntural y en unos años el lugar de la bici la ocupe un botijo, mientras tanto disfruten, que las flacas se llevan y están de moda. Qué dure.

Imágenes tomadas de www.josemanuelvega.com

¿Qué tiempo de vida útil le dais a una bicicleta?

En España cada vez se venden más bicicletas. Según la Asociación de Fabricantes de Bicicletas, el año pasado se vendieron más de un millón de bicis en nuestro país. La cifra sube año a año y parece que la tendencia va a más. ¿Tanto nos gusta a los españoles estrenar bici nueva?

Cada vez es más frecuente ver a deportistas amateurs cambiar de bicicleta cada año. En algunos casos, especialmente entre triatletas y ciclistas de gran fondo, incluso más de una vez por temporada. Las ‘cabras’ y ‘flacas’ que dejan de usar son vendidas en el mercado de segunda mano.

A la vista de esta situación surgen varias preguntas: ¿Por qué los españoles cambiamos de bici cada vez con mayor frecuencia? ¿Cuál es la vida útil de una bicicleta? ¿Cada cuánto tiempo es necesario cambiarla?

En Tuvalum, intermediando en la compraventa de bicicletas de alta gama de segunda mano, hemos observado de tres factores que determinan la vida útil de una bici.

El primero es el uso que se le haya dado.

El segundo es el mantenimiento que haya recibido

El tercero es la actualización de componentes

 

Una bicicleta que haya sido sometida a unas condiciones de uso extremo, como por ejemplo una mountain bike de descenso con salidas frecuentes por zonas pedregosas, está expuesta a un mayor número de de accidentes y daños estructurales, tales como golpes o fisuras.

Una bicicleta que no haya recibido revisiones periódicas ni haya recibido los cuidados pertinentes también verá acortada su vida útil, especialmente en lo que respecta a la mecánica de sus componentes.

En cuanto a la actualización de componentes, hay ciclistas y triatletas que deciden cambiar sus hábitos de entrenamiento y competición (por ejemplo pasarse al gran fondo o realizar rutas por carreteras de montaña). Esto les lleva a buscar bicicletas equipadas con componentes mejor adaptados a sus nuevas prácticas, como pueden ser grupos de cambio más sensibles y rápidos o cuadros más ligeros. El caso más representativo es el de las bicicletas de montaña con ruedas de 26”, que han quedado totalmente desfasadas ante la moda de las 29”.

Ahora llega la gran pregunta: ¿cuál es la vida útil de una bicicleta bien cuidada, que haya sido sometida a reviciones exhaustivas y que haya tenido un uso adecuado? Nosotros creemos que un correcto mantenimiento, vigilando el desgaste de los componentes y con revisiones periódicas puede hacer que tu bicicleta se mantenga mecánicamente como el primer día durante décadas.

Con las bicicletas sucede como con los coches. Si no las cuidas, en pocos años necesitarás invertir mucho dinero en el taller para que funcione correctamente. Pero con un buen cuidado y mantenimiento puede rodar miles y miles de kilómetros como el primer día. Tan sólo hay que saber sustituir las piezas desgastadas a tiempo para evitar una avería que pase a mayores”.

A la hora de vender un coche en el mercado de segunda mano existen procesos que permiten al comprador saber el estado de mantenimiento que ha tenido ese vehículo, como la ITV al día y la tarjeta con las revisiones oficiales en la casa o talleres homologados. Con una bicicleta no existe un procedimiento estandarizado, salvo que el comprador la lleve a su taller de confianza, donde puede encontrarse sorpresas ocultas.

Por eso nosotros estamos probando una funcionalidad: la revisión y puesta a punto de bicicletas de segunda mano previa a su compra, siguiendo un exhaustivo proceso que incluye más de 100 puntos de inspección, desengrase, desmontaje, ajuste, montaje y limpieza. De esta forma quien compra una bicicleta de segunda mano podrá saber si esa bici se encuentra como el primer día o tiene daños ocultos que deba conocer.

Por Ismael Labrador, desde Tuvalum 

¿A dónde nos lleva la bicicleta?

En los últimos 100 años, el universo de la bicicleta ha experimentado muchos cambios en muchos aspectos. Hemos visto como en sus inicios, la bicicleta pasó de medio de transporte a elemento deportivo y desde este punto se ha ido abriendo el abanico para tocar todos los palos del ciclismo y volver a ser un puro un medio de transporte. Sin embargo, este rápido resumen no esconde una interesante una evolución tecnológica que ha sabido responder a cada una de las necesidades que se han ido planteando.

De forma somera podemos decir que las bicis que estaban pensadas para moverse por las ciudades en los primeros años del nuevo siglo, del siglo XX, ese que marcó a tanta y tanta gente. Las personas cubrían trayectos entre pequeños pueblos y para ello no necesitaban una gran complicación: sobre un cuadro más o menos pesado unos pedales, unos frenos, un par de ruedas, un piñón y poco más.

Pero llegó un día en que un grupo decide que esto es poco, que sabe a poco, y esta pléyade de locos se lanza a crear las grandes gestas ciclistas, surge el Tour, el Giro, las maratonianas clásicas, la competición. Y fruto de las exigencias crece la necesidad de evolucionar las bicicletas hacia maquinas más ligeras, con más rango de piñones y con mejores frenos.

Muchos más años después aparece otro tipo de bicicleta. Nacen con las nuevas modalidades: cicloturismo, BMX, trial y MTB.  Estas disciplinas aportan cosas nuevas, aparecen nuevos materiales, nacen los pedales automáticos, llegan los grupos de cambio y los tipos de freno. Todo se va adaptando a las nuevas disciplinas. Por cambiar, cambia hasta la posición en la bicicleta: nuevos manillares, nuevas geometrías en los cuadros, nuevos diámetros de ruedas, nuevas relaciones de desarrollo.

Esta evolución llega en todas las direcciones, incluso desde dentro de las propias disciplinas. Del BMX sale el freestyle y la modalidad de race –las carreras de toda la vida. En BTT  se bifurca hacia el descenso y el cross country. En la carretera aparecen las bicis de crono cuyo manillar de triatleta pusiera en ristre Greg Lemond hace 25 años. La pista también evoluciona. Todo tiende a ser cada vez más específico.

Hoy, cuando parece que la cosa ya está tocando techo, ya tenemos frenos de disco hidráulicos, cambios electrónicos que se pueden programar para que cambien solos, parece que sólo nos falta que estos sean inalámbricos. Cuesta imaginar por dónde pueden ir los tiros.

¿Qué está por venir?

Como en toda evolución, lo que toca es la fusión. Parece que las diferentes disciplinas se empiezan a mezclar ante la fuerte influencia del ciclismo urbano: todo tiende a hacerse uno. Podríamos decir que lo nuevo se llama “gravel”, algo así como una versión renovada de la apolillada palabra de “cicloturismo” aunque con matices. Hoy, la bici más polivalente para un ciclista es la bici de gravel, sino la de ciclocross, de la misma manera que en la montaña ha aparecido el enduro.

¿Por qué tienen tanto éxito las bicicletas de gravel o ciclocross?

La respuesta es muy sencilla: lo tienes todo en una. Son máquinas cómodas y versátiles, puedes ir por asfalto y tierra por las ciudades. Las puedes sacar de viaje colgándolas unas alforjas e incluso acoplarlas mil cosas útiles para el día a día. Son bicicletas robustas y agradecidas a la hora de conducirlas. Con un simple cambio de neumáticos, la conviertes en una bicicleta para explorar caminos boscosos o pistas forestales. ¿Qué más se puede pedir?

¿Estamos ante la bicicleta perfecta? ¿Es el último eslabón? Abran sus apuestas.

Desde Barceloneta Bikes

Imagen tomada de www.gravel.cc

 

El nuevo pack de Tigra de Ksix es un excelente elemento para llevar fijadísimo tu Smartphone al manillar de tu bicicleta. Con un recubrimiento fuerte y robusto te evitas que un golpe perjudique tu móvil y con una fina capa puedes interactuar con el mismo sin problema. Este pack existe también para correr a pie. Te ajustas el brazalete –tema que no resulta conflictivo ni siquiera en invierno cuando salimos con más capas- a través de un sistema de rosca que te permite desenganchar tu móvil sin problema y comprobar el ritmo y los kilómetros al momento. Incluso para los que más en forma estén, responder al teléfono si se diera el caso.

Mira más detalle aquí.