Lo importante era salir y no quedarse en casa ¿y ahora qué?

Ahora que hay que quedarse en casa

¿Os arrepentís de no haber salido lo suficiente lo que llevamos de año?

¿De no haber aprovechado cualquier momento para salir ahí afuera a pasear, a entrenar, a disfrutar?

Seguro que muchos de vosotros os estaréis tirando de los pelos por este motivo.

¿Es así o no?

Los cicloturistas nos hemos de quedar en casa, de mal humor, pasillo arriba y abajo, para de vez en cuando asomarnos a la ventana con tristeza, melancolía y resignación, mientras dejamos nuestro vaho en el cristal.

De esta manera nos encontramos, como enjaulados.

Hace unos días, antes que el maldito Covid-19 pasara a formar parte de nuestras vidas de manera irremediable, hablaba con un buen amigo, ciclista como yo, sobre cómo y cuándo entrenar, qué días eran mejores o qué horas las más idóneas para salir en bici.

Después de charlar un largo rato sobre el tema, me dijo -a modo de sentencia final- que lo suyo era hacerlo siempre que pudiéramos, porque lo importante era salir y no quedarse en casa, aunque dispusiéramos de poco tiempo, ni que fuera media hora, o tan sólo  20 minutos, daba igual: lo suyo era coger la bici y pedalear, lo que fuera. 

En efecto, todo contaba, todo sumaba: 20 kilómetros por aquí, 40 por allá, 1 hora bien aprovechada un día, y otro, y así, casi sin darnos cuenta, seguíamos adelante, seguíamos sumando.

El caso era pillar un pequeño circuito cerca de casa -no era preciso ir muy lejos-, dar algunas vueltas, las veces que quisiéramos.

No era necesario hacer series, ni puñetera falta que nos hacía, se trataba sólo de movernos, de poner en marcha nuestro cuerpo, de no perder los beneficios acumulados en los entrenos digamos “convencionales”, esos que efectuamos junto a nuestros colegas los fines de semana, esas kilometradas que nos metíamos entre pecho y espalda, todas esas horas encima del sillín que nos pasamos sentando las bases de nuestra forma y fondo.  

Los días de cada día, con sus pequeños paréntesis, también contaban.

Los teníamos ahí.

Sólo se trataba de colgar la pereza detrás de la puerta de nuestra habitación, despojarnos de las sábanas que pesaban mucho más de lo que parecía y salir.

En nuestro caso, los cicloturistas, lo teníamos fácil: nuestra bicicleta no cerraba nunca, la teníamos ahí disponible las 24 horas del día, los 365 días del año.

Era así de agradecida.

Siempre preparada.

Salir y pedalear.

Cualquier momento era bueno, por el simple amor a la bici y apta para todos los públicos. 

¿Y ahora qué?

Conozco gente que me comentaba que ellos no salían si no disponen al menos de más de hora y media.

Craso error.

Teníamos que saber ser ciclista en cada instante, que fuera nuestro modo de vida, porque la bici nos hacía sentir bien y nos hacía sonreír, por eso habíamos de aprovechar cualquier ocasión para repetir la experiencia y la aventura de montar en bicicleta una y otra vez. 

Desde estas líneas seguiremos -intentando- trasladaros nuestra visión del ciclismo no sólo como deporte, sino también como un estilo de vida, y si, en cuanto podamos, hemos de pedalear bajo la lluvia, cogeremos nuestros impermeables y saldremos ahí afuera mientras nos dejamos empapar nuestros sentidos, pedaleando firmes atravesando charcos y alzando los pies al aire como niños, bajo la atenta mirada de muchos, bajo sus paraguas, que nos observarán perplejos pero a la vez con envidia de vernos más vivos que nunca.  

Mientras tanto, seguiremos hablando de ir en bici… los 365 días al año, en cuanto acabe esta pesadilla.

Foto: www.rosdemora.com

Así está la industria de la bicicleta

Industria bicicleta Colnago featured

Los cambios que sacuden a la industria de la bicicleta van directos a por los costes

 

Al margen del World Tour, el glamour de los grandes nombres, de estructuras que en la actualidad como oí a uno de los directores de antes «son auténticos multimillonarios», al margen de esas concentraciones a full, esa legión de hormiguitas trabajando entre ciclistas, midiendo, tomando notas, dando instrucciones, al margen de todo eso, hay una realidad paralela pero que va de la mano de lo que vemos, una realidad que habla de una industria, la de la bicicleta, que camina en el filo, mirándose en el espejo, y reconociendo no pocas contradicciones.

Y así leemos cada poco sobre cierre de tiendas, sobre marcas que no van sobradas y continuos cambios que amenazan con dejar un paisaje irreconocible en unos años.

En ese batiburrillo de opiniones, de noticias y demás, siempre es interesante saber qué opina un grande de la industria de la bicicleta, un personaje como Ernesto Colnago, el «materializador» de los sueños más lúbricos, y los hay que son mucho, del aficionado ciclista más exigente.

 

Leer la entrevista a Ernesto Colnago demuestra que la industria de la bicicleta no es tan diferente al paisaje que la rodea.

Es un modelo en el que cada vez más, prevalecen los costes, el ahorro y los márgenes,.

Cuando hace unos veinte años, Asia empezó a ser destino habitual de marcas europeas, maestras en lo suyo, siguiendo el camino marcado por las americanas, cuando el carbono quedó como el material estrella y todos querían una máquina hecha en molde en el otro lado del mundo, emblemas como Colnago quedaron tocados.

Así responde nuestro kit de invierno de Endura el clima flamenco 

Pero sin embargo, ser el primero en entrar y el último en irse en una jornada laboral en «chez Colnago» le  ha dado a Ernesto, a quien a veces se le ve en salidas y llegadas preguntando al ciclista por el rendimiento de su máquina, el aire que necesita la marca, de manos quien lleva el apellido de la misma.

SQR – GORE

 

Y Colnago pone en valor su pasado, que fueron los primeros en experimentar con el carbono -eso dice-, que fueron los primeros en integrar el freno de disco en la bicicleta de carbono, que fueron los primeros en probar la horquilla recta…

Todo eso lo pone en valor, y cierto sabor nostálgico acude a nosotros para recordarnos que en la vorágine en la que vivimos las cosas ya no se hacen como antes.

«Algunas marcas no son conscientes de que están timando a la gente» dice abiertamente.

Tenga o no tenga razón Ernesto Colnago, cuando un histórico así habla conviene escucharle, sabedores de que todos han pasado en algún momento por Asia, que ello no quiere decir que sea malo, darle valor a un trabajo hecho aquí, empleando a gente de aquí y poder competir tiene también su mérito.

La industria de la bicicleta está en una guerra en la que el final no se adivina pero se intuye, y cabrá ver quién ha quedado por el camino en esta locura.

Imagen: FB de UAE Team Emirates

The Draft, «steel made in Spain»

The Draft bicicletas JoanSeguidpr

The Draft sublima el acero hecho en casa para bicicletas elegantes que remiten a los primeros años sobre la flaca

 

Hacía tiempo que sabíamos sobre The Draft, la marca española de bicicletas, ubicada en Leganés, que, como decía el malo de Robin Hood, la de Kevin Costner, presume de sublimar el «acero español».

Toño y Andrés nos reciben en una de sus puestas de largo, una fiesta de amigos de una marca que tiene trazadas ambiciosas metas desde un presente que promete.

Ambos ponen en valor eso que hace un tiempo que se dice que está volviendo, el acero a la bicicleta, como la material primigenia.

The Draft en acero es volver a la bicicleta de la niñez, de aquellos años que seguro tienen mucho que ver en el amor que le tenéis a la bicicleta.

The Draft bicicleta de acero JoanSeguidor

 

Una apuesta que nos describen con pasión, que va por tres años y tiene a bordo un maestro del acero como Andrés Arregui.

Una marca que nos enseña máquinas relucientes, elegantes con acabados que hablan de la calidad de un trabajo que tiene visos de crecer en el custom, pero en bicicletas.

Porque si nos gusta ser elegantes en nuestro día a día, ¿por qué no serlo sobre la bicicleta?

Conoce más sobre The Draft… 

SQR – GORE

 

 

Trek Émonda SL7 Disc: la coleccionista de puertos

Trek Émonda JoanSeguidor

Comodidad con ligereza nos dan la  clave del placer de la escalada con la Trek Émonda SL7 Disc

Tocamos el tubo horizontal de la Trek Émonda SL7 y el ruidido del carbono en nuestras manos hace las primeras delicias.

Esta Trek Émoda SL7 es una bicicleta sobria, de líneas clásicas.

Es de la familia de escaladoras de Trek, la firma de Waterloo, Wisconsin, que nos explicó no hace tanto cómo tratar el carbono para sacarle las mejores prestaciones.

Sacamos la máquina de la baca y apreciamos que la ligereza es un aliado en esta aventura.

Colosos de los Pirineos nos esperan allí arriba, entre las brumas matinales y un fresquito que invita a montar la flaca.

Apoyamos nuestra Émonda en la pared y apreciamos esa geometría sobria que decimos, sencilla, sin altivez.

Buscamos respuestas, rendimiento y la bicicleta se nos abre como un libro.

Trek Émonda SL7 Disc eTap Tourmalet JoanSeguidor

Es una libro de páginas blancas que escribimos en rampas del ocho y nueve por ciento, falsos llanos que conectan tramos duros, hasta llegar a esa paella llena de coches, una curva de 260 grados que nos encara al Pic de Midi.

Es el Tourmalet, y en sus faltas deshojamos las virtudes de una máquina echa para comer kilómetros.

Trek Émonda SL7 Disc eTap potencia JoanSeguidor

Esta Émoda es cómoda, ligeramente reclinados empezamos a subir: mano en la parte alta del manillar, un encintado que permite ir casi sin guantes y un pedaleo cómodo, fluido que trepa por la loma.

Miramos abajo, al asfalto, y nos recuerda su nombre…

Trek émonda horizontal JoanSeguidor

 

El horizontal es un tubo plano, el resto son formas redondas.

La subida es más sencilla con esta burra, está hecha para desniveles que afrontas sin temor a quedarte clavado.

Juegas con las coronas traseras, un cambio electrónico, arriba y abajo, la máquina responde a cada demanda, aprovechas los momentos que la cadena no va en tensión y la cosa fluye.

Trek Emonda SL7 Disc eTap superior JoanSeguidor

Trek emonda SL7 Disc eTap media JoanSeguidor

Trek Emonda SL7 Disc eTap inferior joanSeguidor

¿Su peso? son 7,7 kilos, eso con frenos de disco habla de lo apurado que está el trabajo en esta máquina.

Es como si a este diamante lo hayan lijado por cada recodo que podía ser lijado.

Salvas los desniveles más elevados con el piñón de desahogo, una corona grande pero eficaz.

Dos, tres tramos a lo sumo reclaman ponerte de pie sobre la máquina, lo demás sentando, con esa corona que da un plus en la pedalada, una pedalada que sigue siendo firme, que no es molinillo, que exige vatios, pero que no consume el físico.

Es una sensación placentera, te ves fácil sobre el tapiz de un puerto mítico, subes bien porque la máquina en su entraña está concebida para tirar metros verticales, ganar altura y coger distancia.

Trek Emonda SL7 Disc eTap PEDALEO JoanSeguidor

Su casette de doce velocidades proporciona buena cadencia, armonía con el entorno.

Trek Emonda SL7 Disc eTap casette JoanSeguidor

Y es todo muy de Trek, desde la línea de la máquina, al acople del asiento, ese encaje que le quita sufrimiento al cuadro.

Un cuadro que da la rigidez necesaria en la bajada, ahí donde afloran las grandes prestaciones de preciosidad.

Entras rápido en la curva, y la bicicleta responde, luego, en las rectas te ofrece buenas puntas de velocidad sin necesidad de forzar, es la propia inercia, el devenir de las cosas.

Trek Émonda SL7 Disc eTap acople silin JoanSeguidor

Una pieza para grandes jornadas, que sabes que va a responder, que combina esa comodidad que buscamos los que estamos en esto por puro placer, con las prestaciones de un carbono ultraligero.

Un detalle para todos los públicos: cables por fuera, sin necesidad de esconderlo todo, menos estético, quizá, más funcional, desde luego, cualquier problema o avería se solucionará más fácil.

Trek Emonda SL7 Disc eTap Corbike

La puesta a punto en nuestra tienda de confianza, Corbike

Una bicicleta que demuestra que el trabajo viene de lejos, pues no supone grandes novedades frente a los modelos anteriores.

Los Pirineos nos dieron la medida, la Sierra de Madrid, con nuestro tester Dani Luque, lo corroboró.

Todo sobre esta preciosidad, aquí

¿Cuánta felicidad nos proporciona la bici?

Mov_Gore

Anotad en una libreta cuánta felicidad os regala la bicicleta y quizá os llevéis sorpresas

Pensaréis qué preguntarnos ahora, y en este momento, si somos felices montando en bicicleta puede parecer una perogrullada, tan obvio como que ahora estamos leyendo estas líneas.

Pero si algo nos gusta este cuaderno es abrir la página a preguntar sobre alguno de los muchos caminos que llevan a esos destinos en los que el ciclismo y el turismo, unidos de la mano, seducen de tal manera que nos sumergen en ese estado de dicha, esa sensación única que experimentamos de bienestar y satisfacción al hacerlo con nuestro propio esfuerzo.

En una palabra: felicidad.

Pero no por elemental hemos de dejar de recapacitar que nosotros somos recuerdos, y que vivimos de ellos, por eso nuestros deseos van encaminados a que nuestras vivencias sean lo más gratas posible.

¿Acaso no somos felices cuando recordamos aquellas maravillosas vacaciones o aquel día tan inolvidable, aquella fecha tan señalada que quedará para siempre grabada en nuestra memoria?

Puede que aquellos momentos pasaran más rápido o más despacio, felices experiencias que evocamos muchas veces como fogonazos en nuestras mentes, como destellos de felicidad intentando revivir aquellas emociones.

Muchas veces no acertamos en ponernos en nuestra misma piel de aquel día para intentar sentir lo mismo y trasladarnos a aquel momento de felicidad.

No es lo mismo y por eso intentamos ser felices buscando siempre nuevas sensaciones.

La felicidad viene en bicicleta

En nuestro caso, los que montamos en bici, cicloturistas que vamos a la búsqueda de la felicidad en nuestras salidas cotidianas o extraordinarias…

¿Cuántas veces recordamos durante el año lo que disfrutamos sufriendo en aquel puerto tan duro o en aquella marcha tan épica?

Sin embargo, nos queda la extraña sensación de que aquello pasó muy rápido, que el disfrute sólo duró un instante, aunque quedó grabado en nuestra memoria, como consuelo de felicidad, el recuerdo de aquella jornada para poder decir: «lo hice, y el año que viene repito».

Pero sigamos escrutando en los misterios de la felicidad de la bicicleta.

Después de lo expuesto, parece claro que existen de dos tipos si la aplicamos, tal y como estamos haciendo, a nuestras experiencias encima de la bici.

Por un lado tendríamos la felicidad instantánea que nos produce el mero hecho de salir ahí afuera con nuestras bicicletas, y por otro, la memoria de la felicidad, que determinará, en términos generales, en qué grado de la escala del bienestar estamos.

Así, podríamos decir, que sólo encajando nuestras zapatillas en las calas ya somos felices.

Y esto dice mucho de nuestra pequeña reina.

Además, son tantos los momentos de felicidad que nos produce que los podríamos ir apuntando a cada instante.

Por poner algunos ejemplos: notar la brisa fresca en nuestra cara, sentirnos libres para ir adonde sea, el reencuentro con nuestra grupeta, los saludos de nuestros amigos, ponerse en marcha y sentir la velocidad, el ascenso a un gran puerto, compartir una ruta maravillosa, el reconfortante descenso, el almuerzo entre batallitas con los colegas, el retorno atravesando bellos paisajes, la satisfacción de llegar a casa con una sonrisa de oreja a oreja, cansados pero muy contentos…

¿Seguimos?

En efecto, son muchos los instantes de felicidad que nos produce el montar en bicicleta y podríamos poner en marcha un pequeño experimento: se trataría de ir apuntando en una libreta todas esas pequeñas y grandes dosis de felicidad que vivimos cuando salimos en bici.

Podemos hacer la prueba en un día en concreto, o en toda una semana o todo un mes, o por qué no, durante toda una temporada completa, anotando siempre nuestros sentimientos y emociones que experimentemos en todo momento.

De esta manera, si hacemos balance y les vamos poniendo notas a esas vivencias del 1 al 10, nos ajustaremos bastante a la realidad de cuán felices somos como respuesta a la pregunta de por qué disfrutamos tanto montando en bicicleta.

Una media sencilla por jornadas, durante el período elegido, nos daría una aproximación a nuestra nota de felicidad en bicicleta, que podría ser desde un sencillo aprobado (poco, no me lo creo), un bien o un notable (¡no está mal!), hasta un 9 ó 10 de puntuación (¡¿tanto?!) que reflejaría de manera muy clara si disfrutamos sufriendo o sufrimos disfrutando.

Es lo mismo.

Y también, ¿qué decir de la satisfacción que nos da ya no sólo el hecho de vivir una o varias experiencias en formas de montañas de felicidad, sino además el de poder explicarlas luego, ya no sólo a la familia, también a amigos o compañeros de trabajo?

Eso también es felicidad, porque contándolas reviviremos esos momentos y, todo hay que decirlo, con un punto de anti-modestia, presumiremos de nuestras hazañas delante de ellos, pero sin llegar a ser globeros, por favor.

Llegados a este punto, podríamos proponeros un interesante juego para comprobar lo gratificante que es rellenar de buenos recuerdos nuestra memoria, si bien de nuevo os pueda parecer muy básica la idea, nos hará comprender de inmediato hasta qué punto vivimos de ellos.

La propuesta sería que pudierais elegir cualquier destino en el mundo, a placer, cualquier país, para disfrutarlo en bicicleta, ya sea en Pirineos, Alpes, Dolomitas o por qué no, los Andes y hasta el Himalaya, ascendiendo o descendiendo puertos, escalando o desescalando (término que parece se está poniendo de moda), ciclando por maravillosas rutas por Islandia, Escocia o Nueva Zelanda, por poner algunos ejemplos para hacernos la boca agua.

Lo tendríais todo pagado, durante quince días, viaje, estancia, comidas… sólo os preocuparíais de pedalear y ser felices.

Sólo os pondríamos una única condición, «sólo» una: disfrutaríais mucho, seríais muy dichosos, pero no podríais hacer ni una sola foto, ni a la vuelta contar nada a nadie, ni presumir en vuestras redes sociales de estas vacaciones, es más, como si se tratara de un botón automático, al llegar a casa no recordaríais nada de lo vivido, esta experiencia no quedaría grabada en vuestra memoria.

La pregunta es…

¿haríais igualmente este viaje?

De los tópicos a las excusas ciclistas

Mov_Gore

Una buena colección de excusas ciclistas

Si hace unos días dimos cuenta de los tópicos ciclistas, ¿qué podríamos decir de las excusas ciclistas?

Si no que levanten la mano los que nunca han oído en la salida de una importante prueba cicloturista el manido: “esta semana no he podido entrenar, ya veremos cómo ando” o “llevo unos días que no me encuentro bien, estoy fatal y además me duele la rodilla”.

No hay más que pasarse por uno de estos grupos de amigos, que esperan al petardazo inicial, para darse cuenta que, lo que charlan entre ellos, es lo más parecido a lo que se puede oír comentar a los jubilados en la sala de espera de un ambulatorio. ¿Es verdad o no?

Si es que son la pera, porque luego sabéis que estos que dicen que “no entrenan, que no han dormido bien o que no han podido tocar la bici en varios días”, luego serán los primeros en ir como un tiro, que en cuanto den la primera pedalada se olvidarán de todos su males e irán a por vosotros, a sacaros los ojos.

¡Ah! Y si alguien el día anterior os dice que hace un mes que no sale, ya os podéis echar a temblar porque a la mañana siguiente lo vais a pasar mal de verdad. Y lo sabéis.

Puede que, por el contrario, se vayan quedando a rueda argumentando que “no saben lo que les pasa hoy, que no tiran” o que incluso os preguntarán si es que llevan la rueda descentrada porque se sienten frenados. De risa, vamos.

Cualquier excusa es buena para hacerse el remolón, no dar relevos o digamos quedarse a rueda o descolgado dignamente: “yo me quedo a esperar a Pepe que se ha quedado para que no vaya solo”, después de que la grupeta haya puesto un ritmo incendiario.

O el que intenta disuadir aquel día a su grupo de colegas para que no haya batalla con un “hoy vamos a ir tranquilos, todos juntitos, y subiremos como amigos”, cuando sabéis que en el minuto uno de afrontar el primer repecho de la jornada aquello se convertirá en territorio comanche y cada uno hará la guerra por su cuenta.

«Hoy todos juntos» te dicen y luego…

Si es que no os podéis fiar de ninguno de ellos…. sí, de vuestros “amigos”.

Y lo sabéis, sabéis que os preguntarán ¿cómo vais?, y pobre de vosotros que les contestéis que vais mal porque aún os apretarán más. ¿Es así o no?

Vigilad también con esos terroristas que dicen que no pueden entrar a relevos porque van muertos.

Huid de ellos porque a bien seguro en la primera cuesta os pegarán el hachazo.

Algunos intentarán deciros, a los que vais tirando en cabeza, que bajéis el ritmo infernal que estáis poniendo, que hay gente que se queda, que no puede ser y que van a petar, intentando que haya clemencia y a los delante se os ablande el corazón (y de paso también la frecuencia cardíaca) y levantéis el pie para suspiro de los que van muertos.

Más excusas ciclistas 

Cuando alcanzáis la cima de un puerto, seguro que el que se ha quedado nada más iniciarse la subida os dirá, después de haberle esperado todo un verano arriba: “no, si no os tenía tan lejos, os iba viendo todo el rato”.

Si es que para echarse a reír de verdad.

Luego los hay que van provocando a los de delante: “un poco más rápido que me voy a caer de lo despacio que vamos”, o el que se pega toda la salida a rueda y cuando llega os suelta “menuda media hemos sacado”, mientras vosotros os lo miráis con cara de pocos amigos.

La bici es lo de menos, lo importante son las piernas”.

Cuántas veces habremos oído esta frase ¿verdad?

Otro topicazo.

Como aquel que un día no entra en la lucha por baja forma, o por lo que sea, y se excusa con un “hoy voy regulando y haciéndole caso al pulsómetro” o bien “subid a vuestro ritmo que yo voy a subir a mi marcha sin forzar”.

Lo peor de este último caso puede ser que incluso así sea una excusa barata y cuando empecéis a subir enseguida os deje de rueda y con cara de pasta de boniato.

Luego está el bravucón, normalmente batallador veterano que, a parte de sus batallitas, os irá explicando aquello de “yo a vuestra edad subía el Tourmalet con lo que había, con el plato de 42 y el piñón más grande de 21”.

Luego está el típico listo que en la parte más dura de la ascensión y cuando ya vayáis cocidos os diga:“esto es duro, ¿eh?” o que presuma de “yo esto lo subo a plato” y luego, pocos metros después, se quede y ya no lo veáis en toda la subida.

Después está el modesto o el que siempre se queja: “eso yo no lo subo”, cuando luego sabéis que se comportará como todo un campeón, o que os suelte con un “claro, con esos pedazos de bicis tenéis que subir como un tiro, porque lo que yo llevo es un hierro y hago lo que puedo” o “con vuestros años, con lo jóvenes que sois, cómo no vais a subir bien”.

Para ir acabando, una de las mentiras que más nos gustan es el de la mentira piadosa, cuando vamos ascendiendo un largo y duro puerto y nos van comentando la jugada: “venga, dos kilómetros y estamos arriba” o bien “tranquilo que en la próxima curva se acaba”, cuando luego pasan y pasan los kilómetros y ni por asomo se ve el final del puerto.

Es que sería para darles hasta cansarnos.

Luego al final, como dijo un buen amigo: “a los puertos hay que quitarles siempre mil metros de longitud, porque el último kilómetro ya lo haces por cojones”.

Los cicloturistas no son como maletas

Mov_Gore

Los buenos cicloturistas también saben de los lugares por donde pasan

Esto es una historia real…

Era mayor, pero no aparentaba para nada sus 83 años muy bien llevados.

Erguido, luciendo pelo largo blanco y una poblada barba también nevada, se acercó a mí, mostrándome su rostro labrado por el sol y sus arrugas que lo surcaban, en donde se podían leer la historia de su vida, en forma de recuerdos impregnados en su piel.

-¿Qué tipo de cicloturista eres? -me preguntó, dirigiéndose a mí.

Estaba tirando unas fotos a las murallas que rodeaban aquella espectacular población medieval escondida en el fondo del valle, un lugar parado en el tiempo, inmerso en la pasmosa tranquilidad de una comarca de vino, aceite y agua.

Le contesté que ya eran muchas las visitas realizadas a tan emblemático e histórico sitio, y entablé una animada conversación con aquel lugareño, pintor por devoción de esta tierra, nacido y criado en este enigmático pueblo, divorciado después de 35 años de matrimonio y uno de los poco más de 160 habitantes de los que constan como censados en este pintoresco priorato.

Es que son muchos los que ven la bella vista del pueblo desde la carretera, bajan de sus bicis, hacen una foto y marchan enseguida. ¡Luego dirán que estuvieron aquí sin haberlo visitado! -me dijo algo disgustado.

Asentí con la cabeza mientras escuchaba sus atentas explicaciones sobre la construcción de estos misteriosos edificios enclavados en la tierra.

 

Me habló de sus calles, su iglesia, sus puentes, sus rincones ocultos empedrados, donde aún se oyen ecos del pasado.

¿Sabes qué pasa? Estoy un poco harto de los que vienen aquí, miran cinco minutos, casi no paran ni hablan, son como maletas, viajan arriba y abajo pero no ven nada.

Me gustó su reflexión y he querido compartirla con vosotros.

Dejemos de ser cicloturistas maletas y empapémonos de los lugares que visitamos, impregnémonos de las tierras por donde pedaleemos y aprendamos de sus gentes.

Si tienes necesidad de enviar tu bicicleta, ahí está Nacex

Paremos y charlemos con ellos.

Quedan pocos lugareños así pero aún podemos hallarlos en forma de guías voluntarios y desinteresados, aprendiendo y disfrutando de su sabiduría popular.

Los tópicos más ciclistas del mercado

Mov_Gore

Más de uno siempre acaba echando mano de los tópicos ciclistas

Siempre intento huir de los clichés en el ciclismo, pero estos me persiguen. 

No es que considere un error el echar mano de expresiones muy trilladas o que hayan sido utilizadas en exceso, pero creo que quizás es bueno el contar nuestras batallas de un modo diferente, algo de aire fresco para un mundo como el nuestro en el que es difícil dejarnos sorprender por algo nuevo.

A veces lo consigo y otras, muchas, no.

Pero el empeño sigue ahí.

Por eso hoy me vais a permitir la licencia de caer de cuatro patas usando todo tipo de frases muy manidas, aunque no por esto dejen de ser intrascendentes, a la hora de describiros a golpe de tópicos nuestras aventuras encima de la bicicleta.

Muchas de estas expresiones relacionadas con el mundo del ciclismo nacieron en un principio con fuerza inusitada, notoriamente poderosas e innovadoras y que han sido utilizadas durante décadas a la hora de narrar las sufridas peripecias de los esforzados de la ruta.

Ahí va el primero de mis tópicos ciclistas

Vaya, me acabo de dar cuenta que acabo de escribir el primer topicazo. 

Es cierto que el haber abusado de estos estereotipos puede que muchos de ellos hayan perdido la eficacia de la novedad inicial o que quizás, también, el usarlos haya provocado un cierto miedo escénico al escritor que tema ser criticado como poco creativo o que no ha hecho el suficiente esfuerzo de formular una idea propia o nueva.

Sin embargo, para lo bueno y lo malo, se siguen utilizando, con más o menos acierto, enunciados poco originales que por repetidos se han vuelto triviales o vulgares.

¿Seguimos con los tópicos ciclistas?

Claro.

Vamos a disfrutar de ellos.

Dejadme que os cuente y os hable del pelotón ciclista como de una maravillosa serpiente multicolor, formada por auténticos gigantes de la carretera que intentarán coger la rueda buena desde que se dé el banderazo de salida.

Héroes del pedal que salen disparados sin cadena, afilando el cuchillo, preparando el terreno para emboscadas.

Bien es sabido que todas estas trilladas frases, muchas de ellas, nacieron a la par que las primeras competiciones disputadas a principios del siglo pasado, una época en la que se sentía y se palpaba la verdadera fiebre por la bicicleta y por aquellos auténticos chalados en sus locos cacharros que eran los ciclistas, que se levantaban después de caer, aún ensangrentados, y seguían pedaleando en sus bicicletas de casi 20 kilos, líderes rodeados de gregarios de lujo, consumados corredores, cuya deportividad y estilo llamaban la atención del público que abarrotaba las cunetas.

Más tópicos ciclistas por favor…

Pinchazos, averías, cadenas rotas, desfallecimientos, pájaras… aquello era ciclismo, señores.

Aún podría seguir con algunos tópicos más, hablando de los combativos ciclistas, de los ataques de peseta, corredores que hacían la goma subiendo aquellos malditos puertos, donde en sus curvas decían que vivía el hombre del mazo que les golpeaba sin piedad y les dejaba sin fuerzas en el momento más inoportuno.

Hasta aquí, un empacho de los tópicos dedicados sobre todo al mundo de los pros, pero existen otros…

Hay que reconocer que, en nuestro particular universo cicloturista de Globeros Élite, existe todo un mundo de topicazos fácilmente reconocibles en las conversaciones que se producen dentro del seno de nuestro club o grupeta.

A veces se tratan de mentirijillas piadosas, o de verdades a medias, otras de disimulo, distracción o excusas baratas para tratar de desviarnos del foco de atención, y quitarnos presión de encima, delante de nuestros compañeros de marcha, rivales por un día, o bien de consejos poco o nada productivos a novatos o poco avezados globeros iniciados que luego, indudablemente, tirarán mucho más que nosotros.

Foto: www.rosdemora.com