La Factor O2 VAM, sin cables a la vista

En la Factor O2 VAM le quitan peso a un cuadro ya muy ligero

Factor Bikes nos informa del lanzamiento de la O2 VAM actualizada con cableado completamente interno y un nuevo juego de ruedas Black Inc TWENTY: la perfecta combinación de peso ligero.

La búsqueda de la perfección en ingeniería nos empuja continuamente a preguntarnos: «¿Cómo podemos hacerlo aún mejor?»

El año pasado, desafiando el status quo e ignorando las limitaciones, presentamos la O2 VAM, una bicicleta ultraligera con una calidad de conducción y una capacidad de respuesta sin precedentes.

El trabajo comenzó al día siguiente para mejorarlo aún más.

Hoy, nos complace anunciar la Factor O2 VAM revisada con cableado interno completamente integrado, conseguido sin agregar peso al cuadro.

Diseñadas para complementar perfectamente la Factor O2 VAM, también estamos orgullosos de presentar las Black Inc TWENTY, una rueda de escalada ultraligera.

Haga clic en el botón de abajo para descubrir lo que han logrado nuestros ingenieros.

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Desescalada: la bicicleta nos incentivará a conocer lugares nuevos

Conocer sitios es el primer objetivo de la bicicleta

¿Qué es lo que nos lleva, a muchos cicloturistas, a recorrer con nuestras bicicletas cada vez más kilómetros, y más lejos en la distancia, conocer otros territorios, otros países y otras regiones?

La respuesta es, sin duda, la inquietud por conocer, por saber qué hay más allá de nuestras fronteras, de nuestra zona de confort, una vez que ya han caído rendidos a nuestros pedales los recorridos más cercanos a nuestra casa o nuestra tierra, en forma de puertos de montañas, pueblos pintorescos, paisajes de ensueño o carreteras con encanto junto al mar.

Pero existe todo un mundo de posibilidades mucho más allá.

Haber concurrido en bicicleta sitios increíbles pedaleando por los collados que entrelazan cordilleras como Pirineos, Alpes o Dolomitas y haber ascendido sus puertos más emblemáticos como Tourmalet, Alpe d’Huez o Stelvio, por poner algunos ejemplos, habrá sido brillante, extraordinario, una experiencia increíble, pero no sólo de nombres míticos vive el auténtico cicloturista, y éste sin duda siempre querrá más.

La naturaleza y la belleza de muchos de esos sitios pesan toneladas, pero también su cultura, su historia, su patrimonio y tradiciones, estimulando nuestra inquietud y una curiosidad sin límites.

Esto refuerza la idea que, por mucho que sepamos de esos numerosos lugares que hemos visitado a golpe de pedal, nunca nos será suficiente y siempre querremos saber más para mantener el reto del conocimiento permanente.

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Hay muchos ciclistas con cientos de puertos ascendidos marcados a fuego en los músculos de sus piernas y, a pesar de ser auténticos gurús de las montañas o verdaderos locos de las cumbres, son conscientes que no lo dominan todo.

Todo ello nos lleva de manera irresistible a seguir aprendiendo, casi de manera continua, de otras gentes, de otros lugares, recibiendo lecciones constantes de otras culturas.

Somos cicloturistas y el turismo en bici es lo que más nos atrae y llama la atención, pero también podemos, y debemos, abarcar otros ámbitos culturales.

Esta inalterable e imperecedera educación la debemos llevar a cabo como ciclistas turistas durante toda nuestra vida ciclodeportiva, una enseñanza que en muchos casos va mucho más allá de la bicicleta y se convierte en dulce apetito por descubrir: el modus vivendi de toda nuestra existencia.

Todo esto es gracias en buena a parte a la bicicleta, que nos forma como cicloturistas aprendices de la vida de manera inquebrantable sin renunciar a algo tan natural como seguir discerniendo, actualizando nuestros conocimientos y ampliando horizontes, sobre todo en un terreno tan cambiante como el nuestro, porque si no es cada día, al menos sí cada cierto tiempo, la experiencia de muchos cicloaventureros que nos hablan de sus nuevas conquistas nos suscitan estas inquietudes que nos renuevan el ansia por cultivarnos más.

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Este deseo por averiguar aún más, por ir más allá en nuestro pedaleo, lo podemos enfocar en tres direcciones: una al pasado, a la historia ya no sólo de este deporte, sino también la de todo un pueblo; otra, más actual, que nos permita aprender de lo que nos rodea y de las ideas que nos puedan surgir por el camino; y, finalmente, por qué no, otra dirección al futuro, intentando crear una bella utopía, un mundo idílico, dando ejemplo de que el movimiento se demuestra, en este caso, pedaleando, y que de esta manera todo es más sencillo, más humano y sostenible, más eficiente y ecológico.

Se trata de no decaer en nuestro esfuerzo, tanto físico como mental, de continuar añadiendo ideas, experiencias, vivencias y recuerdos que perduren en nuestra memoria toda una vida.

Seguro que tanto nuestro cuerpo como espíritu nos lo agradecerán.

Como siempre decimos, no se trata de devorar kilómetros a lomos de nuestras bicicletas, sino de saborearlos y no dejar que se apaguen nuestras luces, incluso en la oscuridad, al contrario, intentar con nuestras ansias por formarnos que prenda la llama del saber en forma de toma de contacto con otras gentes y otras tierras, empapándonos de sus culturas, dejándonos invadir por la curiosidad, visitando sus monumentos, sus teatros, sus exposiciones y museos, hablando y debatiendo con los lugareños.

Es algo que está en nuestras manos, a nuestro alcance, y que al menos nos evitará envejecer de forma prematura mentalmente.

Lo podemos considerar un estilo de vida, el que cada uno elija, porque habrán cicloturistas -de hecho, los hay y muchos- que se lo tomen como una dulce obligación, una manera de ser, una exigencia con uno mismo, siempre con hambre y sed por seguir instruyéndose, para luego pasar un digno testigo de nuestra memoria a la juventud que nos sigue, contagiándoles estas ganas de vivir que nos produce el mero hecho de montar en bicicleta y el placer que nos supone, a ritmo de pedal, la inquietud por conocer en bicicleta.

Foto: Pau Catllà

Hace 40 años: el «boom» del cicloturismo

Para entender la explosión del cicloturismo hay que viajar lejos

El cicloturismo, tal y como lo vivimos hoy en día, es un legado que ha perdurado en el tiempo de aquellos pioneros cicloturistas en nuestro país que, a finales de los años 70, una vez recorridas una y otra vez sus montañas, sus playas y pueblos más cercanos, decidieron dar el salto para ser verdaderos viajeros cicloturistas.

Lo que hasta aquel momento sólo residía en sus mentes y pensamientos, empezó a hacerse realidad en aquel primer año de la década de los 80.

De esta manera podemos hablar de una auténtica primavera del cicloturismo, aquella de 1980, cuando muchos sin haber dado aún una pedalada como cicloturistas con alforjas, pero con toda la ilusión, se lanzaron a la aventura del conocimiento.

Cada vez eran más las personas que utilizaban la bicicleta como medio de transporte para hacer turismo y ese deseo por mejorar el nivel cultural que fue creciendo entre la población.

No fue fácil en un principio.

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Existían muchos obstáculos que fueron subsanando sobre la marcha, ya que estamos hablando de los primeros ciclistas turistas que se atrevieron, sin complejos, a meter sus bicicletas en los trenes para aproximarse lo máximo posible a sus objetivos y mitigar sus intensos anhelos por conocer.

Inicialmente fueron pocos, pero fueron aumentando considerablemente.

Después de recorrer con sus bicis casi todo el territorio peninsular y gran parte de Europa, hubo quienes cruzaron el charco dando el salto a Sudamérica, siempre con ese afán por descubrir.

El deseo era pedalear por espacios naturales, lejos de los grandes núcleos urbanos, disfrutando de los paisajes, sin dudar en empaparse de los problemas de aquellos lugares, solidarizándose con ellos, porque muchos de estos cicloturistas eran ante todo ecologistas interesados también en el lado antropológico y cultural de aquellos territorios.

Con todas estas experiencias, intentaban transmitirnos el saber acumulado durante años de viajes cicloturistas, en rutas vividas a pie de pedal modificando la percepción de las personas que habitaban en aquellos parajes.

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Sus vivencias nos empujaron a coger nuestras bicis y pedalear, con afán de aventuras y respeto a la naturaleza, por aquellas rutas que eran sólo algunas de las muchas que estas tierras, y otras más lejanas, nos podían ofrecer.

La bicicleta es, sin duda, el mejor vehículo de transporte del conocimiento que podemos adquirir, de manera próxima y amable, sin dejar esos espacios muertos que quedan fuera de nuestro alcance cuando lo hacemos en otros medios.

Nuestra pequeña reina nos permite aprender de forma armónica, integrándonos plenamente en todo lo que nos rodea.

Lo importante era salir y no quedarse en casa ¿y ahora qué?

Ahora que hay que quedarse en casa

¿Os arrepentís de no haber salido lo suficiente lo que llevamos de año?

¿De no haber aprovechado cualquier momento para salir ahí afuera a pasear, a entrenar, a disfrutar?

Seguro que muchos de vosotros os estaréis tirando de los pelos por este motivo.

¿Es así o no?

Los cicloturistas nos hemos de quedar en casa, de mal humor, pasillo arriba y abajo, para de vez en cuando asomarnos a la ventana con tristeza, melancolía y resignación, mientras dejamos nuestro vaho en el cristal.

De esta manera nos encontramos, como enjaulados.

Hace unos días, antes que el maldito Covid-19 pasara a formar parte de nuestras vidas de manera irremediable, hablaba con un buen amigo, ciclista como yo, sobre cómo y cuándo entrenar, qué días eran mejores o qué horas las más idóneas para salir en bici.

Después de charlar un largo rato sobre el tema, me dijo -a modo de sentencia final- que lo suyo era hacerlo siempre que pudiéramos, porque lo importante era salir y no quedarse en casa, aunque dispusiéramos de poco tiempo, ni que fuera media hora, o tan sólo  20 minutos, daba igual: lo suyo era coger la bici y pedalear, lo que fuera. 

En efecto, todo contaba, todo sumaba: 20 kilómetros por aquí, 40 por allá, 1 hora bien aprovechada un día, y otro, y así, casi sin darnos cuenta, seguíamos adelante, seguíamos sumando.

El caso era pillar un pequeño circuito cerca de casa -no era preciso ir muy lejos-, dar algunas vueltas, las veces que quisiéramos.

No era necesario hacer series, ni puñetera falta que nos hacía, se trataba sólo de movernos, de poner en marcha nuestro cuerpo, de no perder los beneficios acumulados en los entrenos digamos “convencionales”, esos que efectuamos junto a nuestros colegas los fines de semana, esas kilometradas que nos metíamos entre pecho y espalda, todas esas horas encima del sillín que nos pasamos sentando las bases de nuestra forma y fondo.  

Los días de cada día, con sus pequeños paréntesis, también contaban.

Los teníamos ahí.

Sólo se trataba de colgar la pereza detrás de la puerta de nuestra habitación, despojarnos de las sábanas que pesaban mucho más de lo que parecía y salir.

En nuestro caso, los cicloturistas, lo teníamos fácil: nuestra bicicleta no cerraba nunca, la teníamos ahí disponible las 24 horas del día, los 365 días del año.

Era así de agradecida.

Siempre preparada.

Salir y pedalear.

Cualquier momento era bueno, por el simple amor a la bici y apta para todos los públicos. 

¿Y ahora qué?

Conozco gente que me comentaba que ellos no salían si no disponen al menos de más de hora y media.

Craso error.

Teníamos que saber ser ciclista en cada instante, que fuera nuestro modo de vida, porque la bici nos hacía sentir bien y nos hacía sonreír, por eso habíamos de aprovechar cualquier ocasión para repetir la experiencia y la aventura de montar en bicicleta una y otra vez. 

Desde estas líneas seguiremos -intentando- trasladaros nuestra visión del ciclismo no sólo como deporte, sino también como un estilo de vida, y si, en cuanto podamos, hemos de pedalear bajo la lluvia, cogeremos nuestros impermeables y saldremos ahí afuera mientras nos dejamos empapar nuestros sentidos, pedaleando firmes atravesando charcos y alzando los pies al aire como niños, bajo la atenta mirada de muchos, bajo sus paraguas, que nos observarán perplejos pero a la vez con envidia de vernos más vivos que nunca.  

Mientras tanto, seguiremos hablando de ir en bici… los 365 días al año, en cuanto acabe esta pesadilla.

Foto: www.rosdemora.com

Así está la industria de la bicicleta

Industria bicicleta Colnago featured

Los cambios que sacuden a la industria de la bicicleta van directos a por los costes

 

Al margen del World Tour, el glamour de los grandes nombres, de estructuras que en la actualidad como oí a uno de los directores de antes «son auténticos multimillonarios», al margen de esas concentraciones a full, esa legión de hormiguitas trabajando entre ciclistas, midiendo, tomando notas, dando instrucciones, al margen de todo eso, hay una realidad paralela pero que va de la mano de lo que vemos, una realidad que habla de una industria, la de la bicicleta, que camina en el filo, mirándose en el espejo, y reconociendo no pocas contradicciones.

Y así leemos cada poco sobre cierre de tiendas, sobre marcas que no van sobradas y continuos cambios que amenazan con dejar un paisaje irreconocible en unos años.

En ese batiburrillo de opiniones, de noticias y demás, siempre es interesante saber qué opina un grande de la industria de la bicicleta, un personaje como Ernesto Colnago, el «materializador» de los sueños más lúbricos, y los hay que son mucho, del aficionado ciclista más exigente.

 

Leer la entrevista a Ernesto Colnago demuestra que la industria de la bicicleta no es tan diferente al paisaje que la rodea.

Es un modelo en el que cada vez más, prevalecen los costes, el ahorro y los márgenes,.

Cuando hace unos veinte años, Asia empezó a ser destino habitual de marcas europeas, maestras en lo suyo, siguiendo el camino marcado por las americanas, cuando el carbono quedó como el material estrella y todos querían una máquina hecha en molde en el otro lado del mundo, emblemas como Colnago quedaron tocados.

Así responde nuestro kit de invierno de Endura el clima flamenco 

Pero sin embargo, ser el primero en entrar y el último en irse en una jornada laboral en «chez Colnago» le  ha dado a Ernesto, a quien a veces se le ve en salidas y llegadas preguntando al ciclista por el rendimiento de su máquina, el aire que necesita la marca, de manos quien lleva el apellido de la misma.

SQR – GORE

 

Y Colnago pone en valor su pasado, que fueron los primeros en experimentar con el carbono -eso dice-, que fueron los primeros en integrar el freno de disco en la bicicleta de carbono, que fueron los primeros en probar la horquilla recta…

Todo eso lo pone en valor, y cierto sabor nostálgico acude a nosotros para recordarnos que en la vorágine en la que vivimos las cosas ya no se hacen como antes.

«Algunas marcas no son conscientes de que están timando a la gente» dice abiertamente.

Tenga o no tenga razón Ernesto Colnago, cuando un histórico así habla conviene escucharle, sabedores de que todos han pasado en algún momento por Asia, que ello no quiere decir que sea malo, darle valor a un trabajo hecho aquí, empleando a gente de aquí y poder competir tiene también su mérito.

La industria de la bicicleta está en una guerra en la que el final no se adivina pero se intuye, y cabrá ver quién ha quedado por el camino en esta locura.

Imagen: FB de UAE Team Emirates

The Draft, «steel made in Spain»

The Draft bicicletas JoanSeguidpr

The Draft sublima el acero hecho en casa para bicicletas elegantes que remiten a los primeros años sobre la flaca

 

Hacía tiempo que sabíamos sobre The Draft, la marca española de bicicletas, ubicada en Leganés, que, como decía el malo de Robin Hood, la de Kevin Costner, presume de sublimar el «acero español».

Toño y Andrés nos reciben en una de sus puestas de largo, una fiesta de amigos de una marca que tiene trazadas ambiciosas metas desde un presente que promete.

Ambos ponen en valor eso que hace un tiempo que se dice que está volviendo, el acero a la bicicleta, como la material primigenia.

The Draft en acero es volver a la bicicleta de la niñez, de aquellos años que seguro tienen mucho que ver en el amor que le tenéis a la bicicleta.

The Draft bicicleta de acero JoanSeguidor

 

Una apuesta que nos describen con pasión, que va por tres años y tiene a bordo un maestro del acero como Andrés Arregui.

Una marca que nos enseña máquinas relucientes, elegantes con acabados que hablan de la calidad de un trabajo que tiene visos de crecer en el custom, pero en bicicletas.

Porque si nos gusta ser elegantes en nuestro día a día, ¿por qué no serlo sobre la bicicleta?

Conoce más sobre The Draft… 

SQR – GORE

 

 

Trek Émonda SL7 Disc: la coleccionista de puertos

Trek Émonda JoanSeguidor

Comodidad con ligereza nos dan la  clave del placer de la escalada con la Trek Émonda SL7 Disc

Tocamos el tubo horizontal de la Trek Émonda SL7 y el ruidido del carbono en nuestras manos hace las primeras delicias.

Esta Trek Émoda SL7 es una bicicleta sobria, de líneas clásicas.

Es de la familia de escaladoras de Trek, la firma de Waterloo, Wisconsin, que nos explicó no hace tanto cómo tratar el carbono para sacarle las mejores prestaciones.

Sacamos la máquina de la baca y apreciamos que la ligereza es un aliado en esta aventura.

Colosos de los Pirineos nos esperan allí arriba, entre las brumas matinales y un fresquito que invita a montar la flaca.

Apoyamos nuestra Émonda en la pared y apreciamos esa geometría sobria que decimos, sencilla, sin altivez.

Buscamos respuestas, rendimiento y la bicicleta se nos abre como un libro.

Trek Émonda SL7 Disc eTap Tourmalet JoanSeguidor

Es una libro de páginas blancas que escribimos en rampas del ocho y nueve por ciento, falsos llanos que conectan tramos duros, hasta llegar a esa paella llena de coches, una curva de 260 grados que nos encara al Pic de Midi.

Es el Tourmalet, y en sus faltas deshojamos las virtudes de una máquina echa para comer kilómetros.

Trek Émonda SL7 Disc eTap potencia JoanSeguidor

Esta Émoda es cómoda, ligeramente reclinados empezamos a subir: mano en la parte alta del manillar, un encintado que permite ir casi sin guantes y un pedaleo cómodo, fluido que trepa por la loma.

Miramos abajo, al asfalto, y nos recuerda su nombre…

Trek émonda horizontal JoanSeguidor

 

El horizontal es un tubo plano, el resto son formas redondas.

La subida es más sencilla con esta burra, está hecha para desniveles que afrontas sin temor a quedarte clavado.

Juegas con las coronas traseras, un cambio electrónico, arriba y abajo, la máquina responde a cada demanda, aprovechas los momentos que la cadena no va en tensión y la cosa fluye.

Trek Emonda SL7 Disc eTap superior JoanSeguidor

Trek emonda SL7 Disc eTap media JoanSeguidor

Trek Emonda SL7 Disc eTap inferior joanSeguidor

¿Su peso? son 7,7 kilos, eso con frenos de disco habla de lo apurado que está el trabajo en esta máquina.

Es como si a este diamante lo hayan lijado por cada recodo que podía ser lijado.

Salvas los desniveles más elevados con el piñón de desahogo, una corona grande pero eficaz.

Dos, tres tramos a lo sumo reclaman ponerte de pie sobre la máquina, lo demás sentando, con esa corona que da un plus en la pedalada, una pedalada que sigue siendo firme, que no es molinillo, que exige vatios, pero que no consume el físico.

Es una sensación placentera, te ves fácil sobre el tapiz de un puerto mítico, subes bien porque la máquina en su entraña está concebida para tirar metros verticales, ganar altura y coger distancia.

Trek Emonda SL7 Disc eTap PEDALEO JoanSeguidor

Su casette de doce velocidades proporciona buena cadencia, armonía con el entorno.

Trek Emonda SL7 Disc eTap casette JoanSeguidor

Y es todo muy de Trek, desde la línea de la máquina, al acople del asiento, ese encaje que le quita sufrimiento al cuadro.

Un cuadro que da la rigidez necesaria en la bajada, ahí donde afloran las grandes prestaciones de preciosidad.

Entras rápido en la curva, y la bicicleta responde, luego, en las rectas te ofrece buenas puntas de velocidad sin necesidad de forzar, es la propia inercia, el devenir de las cosas.

Trek Émonda SL7 Disc eTap acople silin JoanSeguidor

Una pieza para grandes jornadas, que sabes que va a responder, que combina esa comodidad que buscamos los que estamos en esto por puro placer, con las prestaciones de un carbono ultraligero.

Un detalle para todos los públicos: cables por fuera, sin necesidad de esconderlo todo, menos estético, quizá, más funcional, desde luego, cualquier problema o avería se solucionará más fácil.

Trek Emonda SL7 Disc eTap Corbike

La puesta a punto en nuestra tienda de confianza, Corbike

Una bicicleta que demuestra que el trabajo viene de lejos, pues no supone grandes novedades frente a los modelos anteriores.

Los Pirineos nos dieron la medida, la Sierra de Madrid, con nuestro tester Dani Luque, lo corroboró.

Todo sobre esta preciosidad, aquí

¿Cuánta felicidad nos proporciona la bici?

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Anotad en una libreta cuánta felicidad os regala la bicicleta y quizá os llevéis sorpresas

Pensaréis qué preguntarnos ahora, y en este momento, si somos felices montando en bicicleta puede parecer una perogrullada, tan obvio como que ahora estamos leyendo estas líneas.

Pero si algo nos gusta este cuaderno es abrir la página a preguntar sobre alguno de los muchos caminos que llevan a esos destinos en los que el ciclismo y el turismo, unidos de la mano, seducen de tal manera que nos sumergen en ese estado de dicha, esa sensación única que experimentamos de bienestar y satisfacción al hacerlo con nuestro propio esfuerzo.

En una palabra: felicidad.

Pero no por elemental hemos de dejar de recapacitar que nosotros somos recuerdos, y que vivimos de ellos, por eso nuestros deseos van encaminados a que nuestras vivencias sean lo más gratas posible.

¿Acaso no somos felices cuando recordamos aquellas maravillosas vacaciones o aquel día tan inolvidable, aquella fecha tan señalada que quedará para siempre grabada en nuestra memoria?

Puede que aquellos momentos pasaran más rápido o más despacio, felices experiencias que evocamos muchas veces como fogonazos en nuestras mentes, como destellos de felicidad intentando revivir aquellas emociones.

Muchas veces no acertamos en ponernos en nuestra misma piel de aquel día para intentar sentir lo mismo y trasladarnos a aquel momento de felicidad.

No es lo mismo y por eso intentamos ser felices buscando siempre nuevas sensaciones.

La felicidad viene en bicicleta

En nuestro caso, los que montamos en bici, cicloturistas que vamos a la búsqueda de la felicidad en nuestras salidas cotidianas o extraordinarias…

¿Cuántas veces recordamos durante el año lo que disfrutamos sufriendo en aquel puerto tan duro o en aquella marcha tan épica?

Sin embargo, nos queda la extraña sensación de que aquello pasó muy rápido, que el disfrute sólo duró un instante, aunque quedó grabado en nuestra memoria, como consuelo de felicidad, el recuerdo de aquella jornada para poder decir: «lo hice, y el año que viene repito».

Pero sigamos escrutando en los misterios de la felicidad de la bicicleta.

Después de lo expuesto, parece claro que existen de dos tipos si la aplicamos, tal y como estamos haciendo, a nuestras experiencias encima de la bici.

Por un lado tendríamos la felicidad instantánea que nos produce el mero hecho de salir ahí afuera con nuestras bicicletas, y por otro, la memoria de la felicidad, que determinará, en términos generales, en qué grado de la escala del bienestar estamos.

Así, podríamos decir, que sólo encajando nuestras zapatillas en las calas ya somos felices.

Y esto dice mucho de nuestra pequeña reina.

Además, son tantos los momentos de felicidad que nos produce que los podríamos ir apuntando a cada instante.

Por poner algunos ejemplos: notar la brisa fresca en nuestra cara, sentirnos libres para ir adonde sea, el reencuentro con nuestra grupeta, los saludos de nuestros amigos, ponerse en marcha y sentir la velocidad, el ascenso a un gran puerto, compartir una ruta maravillosa, el reconfortante descenso, el almuerzo entre batallitas con los colegas, el retorno atravesando bellos paisajes, la satisfacción de llegar a casa con una sonrisa de oreja a oreja, cansados pero muy contentos…

¿Seguimos?

En efecto, son muchos los instantes de felicidad que nos produce el montar en bicicleta y podríamos poner en marcha un pequeño experimento: se trataría de ir apuntando en una libreta todas esas pequeñas y grandes dosis de felicidad que vivimos cuando salimos en bici.

Podemos hacer la prueba en un día en concreto, o en toda una semana o todo un mes, o por qué no, durante toda una temporada completa, anotando siempre nuestros sentimientos y emociones que experimentemos en todo momento.

De esta manera, si hacemos balance y les vamos poniendo notas a esas vivencias del 1 al 10, nos ajustaremos bastante a la realidad de cuán felices somos como respuesta a la pregunta de por qué disfrutamos tanto montando en bicicleta.

Una media sencilla por jornadas, durante el período elegido, nos daría una aproximación a nuestra nota de felicidad en bicicleta, que podría ser desde un sencillo aprobado (poco, no me lo creo), un bien o un notable (¡no está mal!), hasta un 9 ó 10 de puntuación (¡¿tanto?!) que reflejaría de manera muy clara si disfrutamos sufriendo o sufrimos disfrutando.

Es lo mismo.

Y también, ¿qué decir de la satisfacción que nos da ya no sólo el hecho de vivir una o varias experiencias en formas de montañas de felicidad, sino además el de poder explicarlas luego, ya no sólo a la familia, también a amigos o compañeros de trabajo?

Eso también es felicidad, porque contándolas reviviremos esos momentos y, todo hay que decirlo, con un punto de anti-modestia, presumiremos de nuestras hazañas delante de ellos, pero sin llegar a ser globeros, por favor.

Llegados a este punto, podríamos proponeros un interesante juego para comprobar lo gratificante que es rellenar de buenos recuerdos nuestra memoria, si bien de nuevo os pueda parecer muy básica la idea, nos hará comprender de inmediato hasta qué punto vivimos de ellos.

La propuesta sería que pudierais elegir cualquier destino en el mundo, a placer, cualquier país, para disfrutarlo en bicicleta, ya sea en Pirineos, Alpes, Dolomitas o por qué no, los Andes y hasta el Himalaya, ascendiendo o descendiendo puertos, escalando o desescalando (término que parece se está poniendo de moda), ciclando por maravillosas rutas por Islandia, Escocia o Nueva Zelanda, por poner algunos ejemplos para hacernos la boca agua.

Lo tendríais todo pagado, durante quince días, viaje, estancia, comidas… sólo os preocuparíais de pedalear y ser felices.

Sólo os pondríamos una única condición, «sólo» una: disfrutaríais mucho, seríais muy dichosos, pero no podríais hacer ni una sola foto, ni a la vuelta contar nada a nadie, ni presumir en vuestras redes sociales de estas vacaciones, es más, como si se tratara de un botón automático, al llegar a casa no recordaríais nada de lo vivido, esta experiencia no quedaría grabada en vuestra memoria.

La pregunta es…

¿haríais igualmente este viaje?