Con Dumolin y Wellens, el ciclismo es mayúsculo

Dumolin se escapa con Wellens

Esta domingo, mientras leía los comentarios a nuestro post sobre el corte de mangas de Lars Boom al cruzar la meta, pensaba en lo injustos que somos a veces, porque ese gesto, desafortunado a todas luces, escondía un final de etapa sensacional, pleno de valentía y confianza en un mismo, saltando en solitario en un final revirado, pero llano, ante un grupo lleno de estrellas, que lo único que pudo hacer fue verle partir a poco más de un kilómetro del final.

En todo caso, la llegada que gana Boom es otro ejemplo más de lo que es el ciclismo en agosto, el de Polonia y el Benelux, y de lo que en especial es esta última carrera, una de las mejores vueltas del calendario que se debate entre la emoción e incertidumbre de no saber qué será casi hasta el final.

Y para muestra un botón, la etapa del día siguiente a la de Boom, en un entorno alejado de los calores estivales, que anuncia el incipiente otoño en las Ardenas, dos ciclistas que son de esos que no esconden y dan la medida de sus posibilidades sin interesarse si alguien va a su rebufo, dieron una exhibición de esas que nos reconcilia con el ciclismo, el GRAN ciclismo.

Sí, hablamos de Tim Wellens y Tom Dumolin. El primero siempre inspirado en esta carrera, con un buen palmarés en la misma, que esperemos un día extienda a otras grandes citas. Wellens no supo estarse quieto y se fue a más de veinte de meta, entre densos bosques y trampas en forma de muros de dos dígitos.

Dumolin, que dicen que es croner, pero que se defiende en cualquier corral, salió a por el belga, no fuera que le armara la de hace tres años. Ambos dieron un recital, ante el desespero de Sagan y sus inoportunos pinchados, recordad Roubaix.

Se movieron en un alambre de veinte a treinta segundos durante más de veinte kilómetros y no les pillaron. Colaboraron en los relevos y se pusieron rápido de acuerdo. Para uno la etapa, para el otro el liderato y la antesala de su segunda vuelta por etapas del año, el año de Tom Dumolin.

Esto que parece tan sencillo, es ciclismo a pelo, sin esconder, dando la medida y no escatimando, esto que parece tan sencillo, no lo vemos mucho y problema es la cantidad de veces que nos quedamos con la sensación opuesta, con la rebaba de la siesta y el sopor, con ese deporte casado con la especulación y la carencia de carisma

Imagen tomada de FB de BinckBank Tour

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Lars Boom: la suerte no se pide a gritos, se persigue

Lars Boom haciendo un corte de mangas

La imagen de la semana para muchos será la celebración de Lars Boom en su etapa del Benelux. Con el pelotón pisándole los talones, el neerlandés se cascó una butifarra, que le decimos en Catalunya, lo que vendría a ser un corte de mangas de toda la vida.

Dicen en CyclingNews que es la manera de expresar su cabreo por no ser llevado por el Lotto-Jumbo a la Vuelta. Curiosa forma de airear trapos sucios. Sabido es que Amsterdam se distingue por estrechas pero bien iluminadas casas, con buenas ventanas para aprovechar bien la luz del día, que en algunos momentos del año, debe ser paupérrima, pero no sé si en el equipo amarillo y negro quieren tanta transparencia y sinceridad en sus filas.

A Boom se le fue la mano en su reivindicación, que venía vestida además por etapa y liderato, y le ha caído una multa en los siempre valiosos francos suizos. No es de recibo que cada línea de meta se convierta en un acto de pataleta pública. La gente no va a una línea de meta y lleva a sus hijos, para que un tío adulto la cruce haciendo un corte de mangas.

Lars Boom es parte de esa pléyade de corredores que vieron pronto que el ciclocross se les quedaba pequeño. Aunque muchos pondrían solución a los problemas de la modalidad invernal, lo cierto es que parte del atractivo del ciclocross es eso, pequeñas carreras, reducido coto de estrellas y concentración geográfica, muy concreta. Y en ese atractivo está también su perdición.

Sin embargo Boom no valora las muchas oprotunidades que ha tenido para brillar. Ya no ahora en el Lotto-Junbo, anteriormente el Rabobank, y también en Astana por medio. Tiene más de treinta años, no queda mucho de aquel niño prodigio, portento rodando. Boom ha sido y es un ciclista que no ha dado la medida de lo que prometía. No ha estado en la pomada de las clásicas nunca, o casi nunca, y en el Tour su bagaje se ciñe a la etapa de adoquín que ganó hace tres años.

Magro resultado, como exigir estar en la Vuelta a España. Boom no corre una grande desde hace un par de años y su estrella se apaga. Que gane en la ruta lo que reivindica con cortes de mangas, que busque la fortuna en el Mundial con la orange. Eso sí que sería cargarse de razones en un equipo con pequeño pero selecto palmarés tanto en Giro como Tour.

Imagen tomada del FB del BinckBank Tour

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