La otra vida de Carlos Barredo

Habla Laurent Fignon en su extraordinaria e interesada autobiografía de la segunda vida de los ciclistas. Él la empezó el día después de abandonar el Tour de 1993, ajeno a un pelotón que como él decía iba con gasolina súper. El magnífico ciclista rubio abordó ese momento conscientemente aunque comprobó cuán diferente es el mundo real respecto al deportivo. Con Fignon lo hizo con la completa seguridad de que ahí estaba el final.

Carlos Barredo afrontó su última carrera la pasada Dauphiné. Ajeno al desastre personal que se le cernía, el asturiano dejó la carrera alpina con la certeza de que habría un mañana con un dorsal adherido a su espalda. Se equivocó. La UCI le puso en la nevera y como bien se sabe en ésta hace frío y no  conviene exponerse en exceso. Desde que saltara su caso, ha sido un quiero y no puedo. Palabras gruesas han debido salir de ambos lados, el ente sito en Aigle le tiene cruzado desde hace tiempo. Recuerden aquella lista de sospechosos del 1 al 9 donde el gijonés salía en el top.

Seguros de que el tema tiene un intríngulis que nosotros no entendemos ni adivinamos, la sensación de injusticia cuando el organismo internacional imparte justicia es total. A Barredo no sabemos si le han aplicado un arreón preventivo, una sanción ejemplarizante o un simple capricho. Algo así como para entender por qué Katusha no entra en el corte del World Tour. Se les argumentan aspectos éticos, pero, ¿quién está en disposición de situarse como adalid de la ética en esta jungla? Por cierto, nadie repara en la cuota de culpa de esta cuestión en la salida de Rabobank.

Barredo deja el ciclismo con un palmarés digno. Compañero de generación de un grupo que no lo ha tenido precisamente fácil, sabedor de verse señalado muchas veces, ha alcanzado dos cimas, la de los Lagos de Covadonga, que seguro ascendió a diario en sus entrenamientos, y San Sebastián. Por el camino nos quedamos con la imagen de peleón de sus primeros años. Siempre escapado en los monumentos, habrá hecho algo mal, probablemente, pero su salida no se la deseamos ni al peor de los delincuentes. Eso sí sugerimos no dejarnos llevar por posturas y artículos que son más arengas que información. Esto tampoco es ayudar.

Carlos Barredo se va en silencio, por consejo de sus abogados, y por que en el fondo tiene poco que decir. Es otro muñeco atribulado por los golpes que sin saber de donde vienen conllevan que en el ciclismo parece prohibida una salida digna a muchos de sus deportistas.