Dinamarca y la reconciliación con el ciclismo

Tour aburrido JOanSeguidor

La salida del Tour recupera Dinamarca en el mapa del ciclismo

 

No es país grande Dinamarca, no al menos en ciclismo. 

Su lista de nombres notables no ocupa gran espacio, pero sin embargo de ella cuelgan buenos campeones.

Rolf Sorensen, qué clase, miembro de aquel mítico Ariostea, un killer en toda regla.

Con él pusimos en el mapa ese pequeño país del norte de Europa que se reparte entre varias islas alrededor de una fina península: Dinamarca en el mapa del ciclismo.

Hubo otros, Bo Hamburguer, buen escalador, Lars Bak, excelso rodador, Matti Breschel, un potencial ganador de Flandes, Michael Michaelsen, una locomotora o Jesper Skibby, un personaje en toda regla.

Nos dejamos muchos nombres, somos conscientes.

Con el tiempo vendrían otros nombres y una cosa en común, el ciclismo danés ha dejado buenos y suculentos escándalos en el camino.

Decir Bjarne Riis, decir Michael Rasmussen es mentar el diablo. 

Estos días anda Jakob Fuglsang en un embrollo de esos que marcan, mientras tenemos el admirable rodador que es Kragh Andersen y el buen velocista de aspecto marinero, Magnus Cort.

 

Y no olvidemos que el campeón del mundo es danés y responde a un nombre tan danés como Mads Pedersen.

El ciclismo en Dinamarca no da una larga lista, pero sí buena, de calidad.

Y en estas que el Tour de Francia se presenta en Copenhague para hablar de la «Grande Départ» de 2021.

Y lo hace con tono conciliador, con ganas de ganarse un público que, por otra parte, tratándose de Le Tour ya está entregado de inicio.

Dice Prudhomome que Bjarne Riis le ha enviado un mail pidiéndole disculpas por todos lo malo que ha hecho en el Tour de Francia.

Añade Prudhomme que le perdona, que pelillos a la mar y sigamos.

En unos días la Girona Gravel Ride abre inscripciones

Patada adelante, otra más, y así el ciclismo avanza.

En el palmarés del Tour, Bjarne Riis sigue apareciendo en el palmarés, no sucede con otros, hay clases y tipos de proscritos e hijos pródigos bienvenidos al redil.

No me extraña que Johan Bruyneel quiera enviarle un mail a Pruddhome, si se muestra arrepentido… 

En todo caso, al margen de la hipocresía evidente, el sistema es también perverso, mucho, como cuando pensamos en los motivos que llevan a sacar lo de Fuglsang con Ferrari no lo de éste con cualquier otro.

En fin, ciclismo y Dinamarca es el kilómetro cero de muchas cosas.

Bjarne Riis ¿sí o no?

Bjarne Riis Featured

El ciclismo que dicen evoluciona sigue confiando en Bjarne Riis

 

«¿Puedo huir del pasado? no. ¿He aprendido del pasado? desde luego que sí» Palabra de Bjarne Riis.

En NTT, el nuevo nombre del Dimension Data, un equipo que viene de campañas horribles, con la esperanza de que el cambio de colores le resulte, apuró entrenamientos y estado de forma estos días por Denia y alrededores, antes de que «Gloria» destrozara el lugar.

Por allí pasó Bjarne Riis antes de sentarse una hora larga con periodistas en los corrillos del Tour Down Under, la carrera que marca su vuelta a los pelotones.

Desde que Oleg Tinkov rompiera peras con el danés, hace cuatro años, Riis ha quedado fuera del radar ciclista, al menos en el World Tour.

 

Segundas, terceras oportunidades se dan en la vida, ¿por qué en ciclismo no?

Pues por que si hay un deporte en el mundo que demuestra vivir en el día de la marmota, ahí está este bendito circo.

Para muchos pasar página se tiene que hacer con una limpia de nombre que ni se ha dado ni se va a dar. 

Ocurre por doquier no sólo en ciclismo, los mismos nombres en los mismos puestos, rotando, de aquí para allá.

Cambia la mentalidad, pero no las personas, se cae en errores del pasado, y la sensación de que no se avanza es patente.

Bjarne Riis tiene consigo un lastre, es el emblema de la época más oscura del ciclismo, de aquella que muchos dicen que estamos lejos, pero que vuelve cada poco, por que sencillamente no hay gente nueva, y si la hay, no se prodiga, como debiera.

El cambio viene de las personas, y está claro que éstas también callan.

Hablar de Bjarne Riis en su entorno es encontrar una enconada defensa, un genio, un tipo que domina la escena, los planes, y eso es así.

Su entrada en NTT ha llegado seguida por un séquito de gente de confianza, que no necesita más que ver su nombre en el móvil para coger las maletas y seguirle.

Michael Rogers es posiblemente lo más mediático de ese listado de incorporaciones.

Tienen trabajo, como dijimos, el NTT viene de años muy duros en el Dimension Data.

SQR – GORE

 

Bjarne Riis ha desembarcado y como podía imaginar no iba a dejar indiferencia a su paso. 

Como dice al inicio del post, el pasado siempre estará ahí, con él, y eso en un deporte cargado de susceptibilidades como el ciclismo no es un buen compañero.

Así se gestó la Ciclobrava

Si nos pedís opinión, y sabiendo que también tiene defensores, los hemos encontrado, sinceramente, su vuelta nos deja fríos, si más.

Al final en el ciclismo, salvo contadas ocasiones, han habido muy pocas cabezas de turco.

Podrá ser un genio en lo suyo, pero esto también es un tema estético, de imagen, y el ciclismo sigue en las mismas manos, por mucho que vendan que las cosas son diferentes.

Es un aroma que conocemos, una música que ya sabemos, repetimos, salvo algunos cabeza de turco, la realidad es esa, no sé si sanciones de por vida se imponen, pero desde luego a veces vendrían bien.

En el caso de Bjarne Riis ha ha pagado los platos rotos, a medias, se lo ha buscado sí, pero siempre ha salido a flote y eso será por algo.

¿Cuál fue el sexto Tour de Indurain?

Cuánto nos gusta especular, cuánto disfrutamos sacando conclusiones propias, personales que luego compartamos o no, nos llenan el rato de forma más tonta. Una de las preguntas generalmente más socorridas para los amantes del ciclismo de mi quinta es Miguel Indurain y qué habría pasado si en 1990 hubiera liderado el Banesto.

En el imposible del sexto Tour, siempre ha habido algo que lo ha impedido. En el caso del campeón navarro, quien 19 años después de su retirada sigue estando tan vigente como entonces, la pregunta reside dónde perdió el que pudo haber sido su sexto Tour y como estas largas horas de invierno nos dejan tiempo libre, qué mejor que emplearlo en hacer cábalas y conjeturas sobre lo que no fue.

Hace un tiempo, ya hablamos del danés que impidió el sexto Tour de forma cronológica. Riis en 1996, consideraciones farmacológicas, fue el verdugo que impidió un registro que muchos veíamos plausible, tras verle ganar la Dauphiné semanas antes, pero que el mal tiempo y cuestiones que un día Miguel quizá cuente, enfriaron, toda vez que la carrera se hizo imposible con el paso de las etapas.

Sin embargo en el análisis de las causas de lo que pudo ser y no aconteció el año 1990 se sitúa de forma privilegiada. Para que nos hagamos una idea, en esas fechas Indurain tenía 26 años, era un tremendo ciclista, con un intersante palmarés en ristre pero muchas lagunas aún en las grandes vueltas. Había ganado su primera etapa en el Tour, Cauterets 1989, pero en el escalafón del equipo era el segundo de abordo con Perico en la capitanía.

En el reparto de roles, Indurain debió disputar la Vuelta, pero ésta, en abril, con frío, más violenta y todo lo que queramos añadirle, nunca le fue bien. Desde la jornada de Ubrique, aquella que situó a Marco Giovanetti lejos de sus rivales, Indurain fue a contrapié, agravado por una gripe que le mermó en la cronoescalada de Valdezcaray. Perico tuvo que tomar el mando, pero se le hizo corto el recorrido y acabó segundo superado por italiano.

En el Tour era al revés, Perico en líder, Indurain en segundo. Las cosas ocurrieron al contrario que la Vuelta. El segoviano en apuros constantes y Miguel socorriéndole. La jornada clave fue Alpe d´ Huez donde Indurain se dejó once minutos tras tirar fuerte del grupo de escapados en el que estaba Perico para acabar con la resistencia de Claudio Chiapucci, líder sólido tras unas fuga bidón.

Indurain lo dio todo, pero Perico no remató. Bugno, Breukink y sobretodo Lemond andaban más, mucho más. A los pocos días camino de Saint Etienne Indurain cogió el corte bueno que Perico no enganchó. Miguel a esperarle. Las cosas se clarificaron en los Pirineos. En Luz Ardiden, con Lemond desmelenado al asalto del amarillo de Chiapucci, Perico reventó e Indurain fue el único en seguir al americano para, no contento con ello, ganarle la etapa.

¿Concusión? Que sin la minutada de Alpe d´ Huez, ni las ayudas varias a Perico, Indurain habría estado en el podio cuando no, complicando el tercer triunfo de Lemond. Eso es algo tangible y demostrable con números en la mano, pero aventurar que hubiera ganado es otra cosa, el ciclismo son muchas cuestiones, y entre otras no es lo mismo ser líder de partida, que sobrevenido y Miguel hasta la fecha no había demostrado lo que Perico llevaba años siendo, uno de los corredores más importantes del pelotón internacional. Por eso, y aunque aquel Tour fue  frustrante para el equipo navarro, hablar a toro pasado nos traiciona a muchos.

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El ciclismo no siempre es el sueño que muchos creen

Como ve la gente una gran vuelta como el GIRO o el TOUR

«La gente no es consciente de lo que implica ganar una gran vuelta»
«Si no eres feliz trabajando no tiene sentido seguir malgastando el tiempo»
«El World Tour no es lo glamuroso que todo el mudo ve por la televisión«

Tres frases, concretas y traducidas rápidamente, para explicar una parte oscura, poco vista y divulgada en la vida del ciclista, de la persona que hay detrás. Son de Campbell Flakemore, ciclista australiano natural de Tasmania, al igual que Richie Porte. Tendríamos por eso que precisar que hablamos de un ya excilcista que ha extinguido su relación laboral con el BMC porque como dice no es feliz haciendo esto.

Todos recordamos a Flakemore en Ponferrada

hace unos catorce meses ganando el Campeonato del Mundo de contrarreloj para sub 23. Aquella actuación fue de las que impresionan, fortaleza y velocidad en uno, un talento como pocos, nos dijimos, un futuro terriblemente esplendoroso, pensamos, pero con nubarrones.

Este último año de Flakemore en Niza

muchas veces solo, le hizo entender que esto no era para él y en un ejercicio de honestidad rara vez visto ha recogido sus bártulos y se ha ido con los suyos a su tierra, esa que, como otros muchos compatriotas, deja atrás para triunfar en Europa, pero esa tierra está lejos, lejísimos, en las antípodas. Ya veis muchos matarían por estar en el WT y éste coge y se va. La vida.

Lo cierto es que la historia de ida y vuelta de Flakemore

nos ha recordado otras que hemos leído. Por ejemplo la de Bjarne Riis, el verdugo que vino del norte, que malvivió en Luxemburgo, en un apartamento de mierda para sacar la cabeza en el ciclismo profesional. La llamada de Laurent Fignon para el Systeme U, las avispas del pelotón, le cambiaría la vida.

También nos recordó a dos estadounidenses de sino muy diferente. Greg Lemond fue agasajado por Bernard Hinault en persona en su país para irse a Francia, pero lo hizo con una mano delante y otra detrás, como se cuenta en “Slaying the badger”.

Le salió bien y ahora vive cómodo y holgado, pero pudo salirle mal.

Tampoco pudo quejarse de como le fue a Tyler Hamilton, que aunque salió con los pies por delante del ciclismo pasó sus penurias iniciales y progresó, lo mismo que David Millar, otro que se aburrió soberanamente en un apartamento en el tedioso norte francés.

Al final, son momentos, muchas lagunas, muchas horas, solo, ante el mundo, lejos de los tuyos. Circunstancias que según Flakemore poco tienen que ver con el sueño que te venden o idealizas.

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El verdugo de Indurain vino del norte

Cinco Tours consecutivos fue algo nunca visto en el ciclismo. Miguel Indurain fue el primero en lograrlo, de 1991 a 1995. En la actualidad, el navarro comparte ese rango con Lance Armstrong. Indurain se bebió un buen sorbo de la historia de la Grande Boucle marcando toda una época en la forma de trabajar la lucha en solitario.

La figura del campeón de Villaba sobre su “cabra” se convirtió en paradigma de perfección. Nadie en muchos años había mostrado tal voracidad en las cronometradas. Mediante una sola crono, Miguel podía sellar tres semanas de competición.

El sexto parecía muy cerca

La decepción en el Tour de 1996 de la parroquia español fue tangible. Miguel Indurain llegaba al que debía ser su sexto Tour en el mejor punto que jamás se le había visto. Con cinco ediciones en su palmarés, cada año que pasaba se mostraba mejor y más completo, más inaccesible en definitiva a unos rivales que se habían sucedido en el tiempo. Desde los Bugno y Chiapucci, pasando por Rominger y llegando a Zulle.

En último Tour de Miguel, un alto calvete de la Gewiss, Bjarne Rijs, había cuajado una excelente actuación culminada con la tercera plaza del podio. Un año más tarde ese danés llegaba al Tour con los colores del Telekom y la manifiesta intención de buscar el triunfo final. La promesa del nórdico no fue en vano.

Les Arcs, la cima maldita

Lo cierto es que el Tour de 1996 tuvo matices muy diferentes a ediciones anteriores. Por encima de todos los condicionantes se ubicaron el frío y la lluvia de la primera semana. Las piernas de Miguel Indurain no rezumaban la chispa de otras ocasiones. Y ello se pudo ver en la primera de las llegadas en alto, Les Arcs, donde una monumental pájara desbordaba al campeón saliente. La condena se traducía en cuatro minutos en unos pocos kilómetros de crisis. No había nada que hacer, Indurain se mostraba día tras días mucho más vulnerable de lo acostumbrado.

Pese a que aún restaban dos tercios de carrera por delante, el Tour se convirtió en un querer y no poder de Indurain, que acabó noqueado totalmente en la doble jornada pirenaica. Atacó en la base de Hautacam a Rijs, pero éste le dejó como y cuando quiso. Jornada negra para el campeón, nefasta, como se vería, para la historia del ciclismo pero convierte recordar que Indurain fue superado por el calvo tramposo y otros nueve ciclistas.

Lo mismo sucedió en la siguiente jornada, una etapa larguísima con final en Pamplona. La que debería haber sido homenaje del quíntuple ganador del Tour se convirtió en un calvario a para Indurain y los suyos que llegaron a la capital navarra con una minutada de retraso. Aquélla fue la última vez que Miguel disputó el Tour, de hecho en los primeros días de 1997, el mejor ciclista español de todos los tiempos anunciaba su retirada.

Carlos Sastre fue la mejor ganancia de Saxo Bank

Cuestiones de mercado, posiblemente internas, e incluso diría que intestinas, han empujado a que Saxo Bank deje, no sé si definitivamente, el patrocinio ciclista. La convivencia siempre complicada con su compañero de cama, el tan excéntrico como imprescindible para el ciclismo, Oleg Tinkov, ha allanado el camino de algo que se barruntaba desde la expulsión de Bjarne Riis, tipo nefasto para este deporte, del equipo hace unos meses.

Saxo es un banco de inversión sito en Dinamarca que desembarcó en el ciclismo hace menos de ocho años. Fue en vísperas del Tour de 2008, junto a la firma CSC, la que apadrinó el antiguo Jack & Jones de Riis, hasta que el propio Saxo tomara las riendas a partir de 2009. Tres años el banco estuvo de primer patrocinador y en estos años ha tenido a su amparo a ciclistas como los Schleck, Fabian Cancellara y Alberto Contador, como hombres destacados hasta que a partir de 2012 entrara en el copatrocinio con Tinkoff.

Sin embargo y a pesar del relumbrón de los citados, creo que es de justicia decir que la mejor ganancia que se ha llevado Saxo del ciclismo tiene nombre y apellidos abulenses: Carlos Sastre Candil.

En efecto, el discreto ciclista de El Barraco, que hoy vive en el calor familiar y los proyectos solidarios de su fundación, fue un día ganador de todo un Tour, algo que fácilmente olvidamos y que sin embargo nunca debemos perder de vista. Fue como sabéis hace siete años, ya, y estos días que apuramos la obra de Alpe d´Huez de Peter Coussins, hemos podido recrear las claves de aquella carrera que un día explotó desde la base de la mítica montaña para traer todo un Tour a Avila.

Porque aquella edición salió sin vigente ganador, Contador, entonces en Astana, no pudo ser de la partida porque su equipo estaba sencillamente vetado. En ese panorama las miradas viraron a Cadel Evans como principal favorito y en una menor escala un serial de ciclistas como Vandevelde, Kirchen o los hermanos Schleck.

En Alpe d´ Huez Sastre atacó pronto, desde abajo prácticamente. Tras un trabajo de manual de Cancellara, Gustov, Voigt, O´ Grady,… la carrera llegaba rapidísima y con la gente tocada. Sastre, segunda baza con Frank Schleck de amarillo, fue el primero en mover pieza porque así obligaba a la reacción de Evans. Aunque Menchov se le soldó a rueda, el segundo acelerón de Sastre fue suficiente para dejarlo y ganar en la cima.

Por detrás de él, un rosario de dudas y nervios. Mientras Frank se desesperaba al ver la horchata que corría por la sangre de Evans, Riis invitó a Andy a saltar, cazar a Sastre y llevarle más arriba aún. Ni Andy quiso dejar a su hermano solo y de amarillo, ni Sastre estaba para esperar a nadie.

Para los hermanos, a pesar de que ganó el equipo, fue un día negro, pues quedaron fuera de toda órbita por el amarillo y la victoria final. En el juego de tronos del CSC, Sastre tenía la carta marcada y se llevó la mano. Todo al rojo e impar.

El abulense logró ese día, prácticamente al inicio del periplo del banco danés en el ciclismo, su mejor rédito en el ciclismo. Hubieron de venir más triunfos, el Tour de rebote de Andy, la Lieja de éste mismo, Flandes y Roubaix de Cancellara, la Vuelta de Contador,… pero un Tour ganado de primeras, con un golpe de efecto como el de Alpe d´ Huez, como el de Sastre, eso sólo lo logró un corredor que encontró la discreción una de sus bazas más consistentes para que siempre le apreciáramos.

Saxo deja el ciclismo y su mejor renglón fue el primero, el más lejano…

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Las velocidades de Oleg Tinkov

Lo que pasó por una pataleta por la carencia de resultados por parte de Oleg Tinkov y su enorme estructura, se convierte ahora en una política de acción y hechos consumados que impone el presente y anuncia cómo debiera ser el futuro. Para el excéntrico ruso el tiempo de Riis, Manolo Saiz y Johan Bruyneel ha pasado. Son historia, y a la historia, a su entender, no hay que tenerla como única e inequívoca guía de acción en la vida. Hay otras formas de hacer, otras vías, otro camino.

En su muro de Facebook el hilarante jefe de Alberto Contador y Peter Sagan apunta varios aspectos que complementan y justifican la decisión de prescindir de Bjarne Riis, una noticia escalonada en el tiempo que llegó a su conclusión este fin de semana. “Riis is over” es el lema que se inscribe el rubio en la frente, tatuado fuerte y profundo, hace un tiempo, cuando le compró al danés su licencia que él lo que debía hacer era dirigir que para eso era el mejor del mundo. Hoy, no muchos meses después, ya no lo es. Curiosa veleta.

No es Riis santo de nuestra devoción, valga la expresión en estos tiempos de procesiones y flagelos. Nunca lo ha sido. Nos ha parecido la viva imagen de lo peor de este deporte. Dopado confeso, altanero, displicente,… autor de serviles estrategias para Lance Armstrong en tiempos de plomo del americano, errático en aquella jornada que le dio un Tour a Floyd Landis, del que luego fuera desposeído. Cierto es que arrancó la historia del Jack & Jones hasta convertirlo en un equipo, no el mejor del mundo, pero sí de los mejores. Contó con medios y con grandísimos ciclistas (los Schleck, Cancellara, Voigt, O´Grady,…), cabe no olvidarlo.

Todo ese bagaje ahora a Tinkov le resulta prescindible. El rubio ruso, preso de una enajenación que convulsiona su equipo y por ende el ciclismo en bloque, no quiere saber nada del calvo danés, como si hubiera perdido su encanto y conocimientos como por arte de magia. TInkov habla de elementos que compartimos, como el que los equipos sean capaces de generar rédito y no sólo impliquen gastar, gastar y gastar. Habla de carreras más concentradas, de estrellas implicadas, de nuevos horizontes,…

Califica de estupidez eso del ciclismo histórico. Quizá no viera cómo el engendro que llamaron Tour de Pequin pasó sin pena ni gloria. Es obvio que hay que buscar nuevos mercados para el ciclismo, pero no al mejor postor, porque estos días en Flandes se hierve con este deporte, es ciclismo de antaño y no por ello muestra síntoma de fatiga y debilidad. Hay carreras prescindibles en el calendario tradicional, pero también en el nuevo. La morterada en algunas carreras que se pone de inicio es apetecible, pero venderla como buena para este deporte es mentir al personal.

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Tinkov habla de ciencia, “la ciencia es el rey”. La da como clave para pasar página al dopaje, él que dijo que “todo vale” cuando aleccionaba a sus chicos en la roulotte del primer Tinkoff hace ocho años. También presenta los nombres de quienes deben dirigir el futuro de este deporte. Habla de Yates, de De Jongh, de Julich, hoy técnicos, en su día corredores que bebieron de las fuentes de Riis, Bruyneel y Saiz, es decir más de lo mismo, pero con el 2.0 acompañado su labor.  Los tres además no aptos en la acera de enfrente, en el Team Sky. Por cierto, acaban de confirmar a De Jong en la cúspide de la dirección, éste fue el año pasado pieza clave para la «resurrección» de Contador, quien a su vez decía confiar ciegamente en Riis. 

Ojalá hubiera más Olegs Tinkov, sinceramente, pero cabe no confundir “la velocidad con el tocino” y este ruso corre mucho, a veces tanto que desborda su propio discurso dependiendo como el sople el viento.

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¿Sobrevivirá el ciclismo a Oleg Tinkov?

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Oleg Tinkov vino al mundo un día de Navidad desde un rincón cualquiera de Siberia. Su infancia no fue sencilla pero rápido aprendió. Aprendió a crecer deprisa, a ganarse la vida pronto, a ser lo que es hoy. Pasó por diversos negocios. Trabajos de media jornada en congelados, electrónica,… hasta fue cervecero. Amasó fortuna para llegar al pelotón ciclista profesional con su Tinkoff Credit Systems.

Estos días Road ha sacado un perfil del propietario del equipo Tinkoff-Saxo. Este perfil, añadido a otro de ProCycling de hace un par de meses, nos dibuja las esencias de este personaje cuya cabellera rubia no disimula las formas y manejos de otro magnate metido en el lodo ciclista. Lo recordarán, se llamó Bernard Tapie, era francés y estos días que todos celebran el 60 aniversario de Bernard Hinault más de uno lo tiene fresco en la memoria.

De Tinkov se dicen muchas cosas y algunas no muy buenas. Volviendo sobre su equipo primero, el Tinkoff Credit Systems, pocos olvidan cómo acabó con Tyler Hamilton y Jörg Jaksche. A ambos los fichó a pesar del estigma que pesaba sobre ellos, les conminó a entrenar y a las puertas de un Giro les dijo que no podían tomar la salida porque la UCI si no le crujía y que no era plan. Entonces le pararon los pies.

Hoy las cosas han cambiado mucho. Tinkov es un declarado actor de la llamada “tolerancia cero” contra el dopaje, pero muchos se acuerdan de aquella frase tan suya: “Haced lo que consideréis pero que no os cojan”. Se dice, se barrunta, que esto se lo dijo a sus chicos y entre la audiencia estaban los mentados Hamilton y Jaksche. ¿Ambiguo? Mucho ¿interesadamente ambiguo? También, porque mientras proclama el castigo al dopaje tiene al volante de su equipo a un personaje como Bjarne Riis, conocido por su altanería y dopaje confeso. Un tramposo en toda regla.

Pero las perspectivas de Tinkov, al margen de este peliagudo tema, van más allá. En Road comparan su equipo a los galácticos del Madrid por mucho que el ruso no tenga la galantería de Ancelotti ni la percha de Cristiano. Hablan de galácticos, sí, y reparan en el daño que esto le hace tanto a la base como a los equipos pequeños y las carreras menores. Instigador de un engendro llamado Velon, todo suena a club privado, a chiringuito de grandes estructuras ciclistas conviviendo por encima del bien y el mal, por encima de la propia UCI.

Porque si una cosa ha demostrado Tinkov es que va muy por delante del organismo internacional. Mientras la UCI vacila en cómo maniobrar en el escabroso tema del Astana –sobre quienes Tinkov no ha escatimado ironía-, el ruso habla de hacer rentable “como sea el patrocinio ciclista. “Lo que haga falta para ganar” aduce, el fin justifica los medios, poco más o menos. Algo así como el famoso “haced lo que consideréis, pero que no os cojan”.

Y mientras el ciclismo vive, como antaño, esas dos velocidades, Tinkov sigue haciendo y deshaciendo. Algunos lectores de Road lo comparan a esos magnates que tanto han comprado por el fútbol inglés y no les falta razón, pero es que ahora mismo el deporte del más alto nivel es esto. O eres amateur con todas las letras o vas a la velocidad de la luz, aseguras tu negocio y lo haces rentable –bien sea ciclismo, fórmula 1 o fútbol-. Esto Tinkov lo entiende a la perfección, quienes deberían encauzarle y ponerle límites no tanto.

Imagen tomada de www.bt.dk

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Conocéis el culote Salopette l1 de Q36.5???

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Hete aquí un comentario de un usuario 

En conclusión: me ha gustado mucho el Salopette… ajusta una barbaridad sin que esto vaya en detrimento de la comodidad. Es más, es comodísimo. No se notan las costuras y según van pasando los kilómetros, la sensación es la de que no pasa nada, que puedes continuar pedaleando sin que tengas sensación de incomodidad. Lo peor del Salopette es que una vez probado no vas a querer ponerte otros