El nuevo encaje del Tinkoff-Saxo

Maratonianos de grandes vueltas ahora sólo hay uno, es un australiano excéntrico, Adam Hansen, que brinda con cerveza en la curva de los holandeses en Alpe d´Huez y diseña curioso calzado ciclista. De él hablaremos en breve. Mientras la apuesta de «grand slam», tres grandes a tope el mismo año para el G4, lanzada por Oleg Tinkov, se escurre como los relojes dalinianos en manos de Gala.

Nibali ni la consideró y le recomendó al multimillonario ruso invertir el millón de dólares a repartir en juventud ciclista. Chris Froome está muy desilusionado con el Tour, tanto incluso sondeó no correrlo. Nairo Quintana y su mentor ni dicen ni desmienten, afirmaron que parecía interesante sobre el papel pero ahí quedó todo. Deben estar en fase de estudio todavía si bien las reacciones de los otros implicados les están dejando limpio el camino de salida.

Y está Alberto Contador que quizá por la sensatez que inspira el paisaje del Kilimanjaro prefiere dejar el reto en dos episodios, es decir Giro y luego Tour. Aunque la oferta del otrora odiado jefe pueda encajarle en el futuro, aceptarla no es a mejor forma de optar al premio que ansía y que no es otro que el tercer Tour.

Estos días los chicos del Tinkoff pasaron una plena expedición en la cima más importante de África, al menos la más alta y una de las pocas que deben guardar unas cada vez más pingües nieves perpetuas. Esta forma de hacer, estas concentraciones originales y fuera norma se instalaron hace unos años gentileza de Bjarne Riis en el CSC cuando se llevó a Ivan Basso, Carlos Sastre y Tyler Hamilton de connivencias al límite dándose pelotazos y buscando orientación en medio del monte. Curiosa forma de hacer grupo y generar complicidades.

En dicha expedición estuvieron Contador y Peter Sagan, el niño prodigio que busca superar a los que muchos les lleva una trayectoria entera. El eslovaco será la segunda cabeza en el escudo de dos reinos de Tinkov. Dicen que le meterán caña en el tema de los monumentos. Es ciertamente lo que le falta, si Sagan quiere hacerlo bien de San Remo a Roubaix quizá mejor que prescinda de Tirrenos, “Parisesnizas” y otros entremeses como el maillot verde. El Tour para Contador, veremos el encaje de Majka.

Para ello ya tienen listo un grupo de trabajo ciertamente reputado. El staff del equipo de Contador se parece cada vez más a lo que fue un día la plana mayor del Team Sky. los resultados ya los vimos el año pasado, con De Jongh al frente el madrileño hasta logró batir a Froome. 2015 llama a la puerta.

Imagen tomada de www.podiumcafe.com

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Andalucía Bike Race, de nuevo con Bioracer, abre sus inscripciones 2015

Andalucía Bike Race, de nuevo con Bioracer, abre sus inscripciones 2015

La mejor prueba por etapas de España en bicicleta de montaña, la Andalucía Bike Race, que cuenta con el patrocinio de la ropa Bioracer, acaba de abrir su período de inscripción, que estará disponible hasta el 29 de enero 2015 o hasta agotar sus 800 plazas (400 equipos). La prueba continuará disputándose por parejas y dará comienzo el 22 de febrero 2015 en Jaén. Tras seis intensas etapas maratón, finalizará el día 27 en Córdoba. Todos los participantes tendrán la oportunidad de comprar la ropa oficial que Bioracer ha diseñado específicamente para este importante evento.

Se han establecido tres períodos de inscripción, manteniéndose el precio básico (390 € por persona), reduciéndose el superior (ahora 510 € por persona) y creando uno nuevo intermedio (420 € por persona):

Primer período: hasta el 2 de diciembre 2014 = 780 €/equipo.

Segundo período: del 3 de diciembre 2014 al 7 de enero 2015 = 840 €/equipo.

Tercer período: del 8 al 29 de enero 2015 = 1.020 €/equipo.

Otra novedad para la quinta edición es la posibilidad de contratar un paquete Premium, diseñado para quienes sólo quieren preocuparse de pedalear y además busquen un trato más personalizado. Tendrá un precio único durante todo el período de inscripción y estará limitado a sesenta participantes (treinta equipos).

Andalucía Bike Race además ofrecerá una amplia variedad de servicios disponibles para todos los participantes: múltiples avituallamientos, aparcamiento de bicicletas vigilado, lavadero de bicicletas, mecánica, seguimiento de la prueba en directo, fisioterapia, alojamiento, traslados, etc.; así como numerosos regalos y premios, siendo el más codiciado el de Finisher.

Todo el detalle en  www.andaluciabikerace.com

¿Qué valor tiene la palabra de Alberto Contador?

Abordado, nada más cruzar la línea de meta, a Nairo Quintana le preguntaron por Alberto Contador y la confirmación de su presencia en la Vuelta a España. Nairo acababa de ganar en las Lagunas de Neila, una vez más, siendo el mejor en la Vuelta a Burgos, el único eslabón competitivo del ciclismo español antes de la tercera gran ronda por etapas. Nairo solventaba rápido la pregunta: “Seguro que será un rival temible”.

Nairo, diplomático, hombre de dos caras, opuestas y antagónicas. Amable y humilde fuera de la bicicleta, insaciable y voraz sobre la misma. Sabe perfectamente que Alberto Contador no viene a rodar a la Vuelta por mucho que las premuras de su caída en el Tour inviten a pensar que su punto de forma no es el idóneo. Poco después de la misma, quizá caliente por los dolores, dijo que no correría la carrera. Riis terció y dijo que tranquilidad que ese descarte no estaba decidido. Luego, el silencio, pasaron los días, un par de semanas y Alberto Contador cita a la hinchada en Jerez.

Habla el amigo Luis Román de partida de póquer. Yo veo muchas conexiones con el pasado, declaraciones, desmentidos, vídeos posteriores,  notas de prensa, interpretaciones. No hay plan y si lo hubiere no lo parece. Improvisación. Desde tiempos inmemoriales Alberto Contador ha estado instalado en una retórica insostenible, declarando cosas que la realidad inmediata se encargó de desmontar. No es raro decirle que va a rodar a una carrera y a las primeras de cambio saltar a por todas cuando la carretera se le pone favorable. Esta forma de hacer, que podría considerarse estrategia pura podría serle útil si no se le hubiera visto el plumero mil veces. Su primer y único Giro lo ganó interrumpiendo unas vacaciones gaditanas. Dijo que iba a probar pero se agarró a la carrera desde el principio.

Es impensable que Contador venga a rodar a la Vuelta, con la mente en una etapa y el final de temporada. Pero ¿final de qué? ¿ganar dónde? ¿En el mundial?, carrera en la que el madrileño se siente incómodo y descolocado, más cuando el liderato de Alejandro Valverde parece incuestionable. Otra vez, una más, a Contador le chirrían los planteamientos. Al final, como siempre, hay que tomarle el sentido opuesto  a todo lo que dice.

La versión de Bjarne Riis

Hace unos días sacamos un extracto íntegro escrito por Bijarne Riis en el que narra su ascensión a Hautacam en el Tour de 1996. El relato es bueno, bien escrito, detallado, con impresiones personales y percepciones sobre los rivales. Aquel día Riis jugó a ser Dios, voló alto y su alas se derritieron por el sol del triunfo. De aquella infausta jornada mucho se ha dicho. La expectación que levantó el post en cuestión y los comentarios generados son testigo.

Antes del Tour, Cultura Ciclista sacó el libro “Nubes y claros” firmado en solitario por Bjarne Riis. Es la historia de quien hoy maneja los destinos del mejor ciclista español de la actualidad, Alberto Contador. Es una historia contada desde el principio y para quienes hayan leído los libros de Guimard y Fignon les resultará familiar. Joven emprendedor, decidido por su carácter y circunstancias a sacarse las castañas de fuego desde bien joven que no duda en coger el macuto e irse a un inmundo apartamento de Luxemburgo desde el que construir su imperio.

Riis narra directamente sus frustraciones, éxitos, fracasos y momentos dulces. El gran sabor del primer sueldo generoso, la escalada al estrellato  mezclada con sus intrigas personales y la llamada que le cambió la vida. Es el retrato desde diferentes puntos de vista de una persona que mal que nos pese tiene mucho que ver con el ciclismo que vemos en la actualidad. No en vano está al mando de una de las mejores estructuras del mundo desde hace unos doce años. Por sus manos han pasado grandes ciclistas e incluso se han dado circunstancias complicadas, como la gestión de los problemas de cadena de Andy Schleck en Balès frente a Alberto Contador cuando sabía a ciencia cierta que el madrileño sustituiría al luxemburgués al frente del equipo.

Es curiosa la reiterada admiración que le dispensa a Laurent Fignon, de quien narra en primera persona su derrota en el Tour de 1989 frente a Greg Lemond, y digo que es curiosa porque el francés no admiró precisamente al danés, de quien siempre dijo que es el vivo ejemplo de cómo el dopaje puede hacer un caballo de carreras de un podenco.

En la obra Riis da su versión, entra en ciertos detalles e incurre en manifiestas contradicciones con otras obras, con las de Tyler Hamilton. Sería bonito un careo entre ambos un día. Pero hasta que ese momento llegue, juguemos a utópicos, nos quedaremos con su versión, la leeremos y la creeremos más o menos. Juzguen ustedes mismos.

 Imagen tomada de www.bt.dk

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“Hautacam”, por Bjarne Riis

Veía a Zülle nervioso, mirando a su alrededor, inquieto, como si estuviera a punto de atacar. Estábamos llegando al pie de los 13,5 kilómetros de subida que conducen a Hautacam, con una pendiente media del 7,8%. Allí se iba a decidir el Tour de Francia: en tan solo 13 kilómetros de escalada, durante los cuales tenía que batir a mis rivales lanzando el ataque decisivo que demostrara que aquella carrera era mía y que yo merecía llevar el maillot amarillo.

El inevitable ataque de Zülle no tuvo otro efecto que estimular a Indurain, quien aumentó el ritmo para intentar deshacerse de los corredores más débiles del grupo. Puse a Bölts y a Ullrich a marcar un ritmo aún más elevado. “A tope hasta que no podáis más”, les dije, “luego llegará mi turno”.

Me descolgué hacia la parte trasera del grupo para observar los rostros de mis rivales. Estudié sus desarrollos, qué piñón estaban moviendo, y me fijé en si cambiaban muy a menudo, un buen indicador de si les estaba costando encontrar su ritmo. ¿Se ponían de pie más a menudo de lo que solían? ¿Les quedaban balas en la recámara? Me di cuenta de que todo el mundo iba casi fuera de punto, al máximo de sus pulsaciones, cosa que genera mucha tensión y te lleva rápidamente al límite. No parecía que pudieran aguantar mucho antes de que el ácido láctico empezara a agarrotarles las piernas. Había llegado el momento de poner en práctica todos los trucos que Fignon me había enseñado a la hora de analizar el estado de mis rivales. Sabía qué síntomas tenía que acechar. Una parte importante de mi trabajo era estudiar la competición. ¿Se sentaban en el sillín de forma rara? ¿Tensaban los músculos del cuello? ¿Apretaban los dientes? ¿Resoplaban? Deduje que lo estaban pasando mal. Rominger sin duda, así como Berzin.

Lancé un ataque, obligándolos a exprimirse todavía más. La joroba de Rominger se hizo más prominente. Olano se sentó todavía más en la punta de su sillín, y Berzin se las veía y se las deseaba para mover un desarrollo demasiado grande. Los hombros de Induráin parecían hundidos. Era un buen síntoma de que estaba a punto de explotar, tal y como yo pretendía. Los cambios de ritmo habían hecho mella en el defensor del título, quien hacía un buen rato que iba al límite. Yo no había lanzado todavía un ataque al cien por cien de mis posibilidades, así que todavía me quedaban balas en la recámara, pero yo era el único que lo sabía. Volví a atacar enseguida, cosa que bastó para soltar a Olano y a Berzin. Ya llevaban demasiado rato fuera de punto. Tras unas cuantas aceleraciones más aflojé hasta casi detenerme y puse el plato pequeño para dar a entender que yo también estaba sufriendo. Pero inmediatamente volví a poner el plato grande y aceleré otra vez, y en aquella ocasión fue Indurain el que se quedó.

Mi desarrollo secreto los había hundido. Podía verlo en sus miradas. Cada vez que había atacado lo había hecho con el plato grande, mientras que ellos sufrían para mover el pequeño. Aquello les hizo creer que yo iba cómodo con el plato grande y que estaba demasiado fuerte. Con mucha gasolina en la reserva y con las riendas de la etapa en mis manos, aceleré por última vez y me marché en solitario. Nadie pudo seguirme. Se había acabado. Habiendo roto a mis rivales con mis ataques previos, me dediqué a darlo todo, seguro de que ninguno iba a poder alcanzarme.

Subí en solitario los últimos siete kilómetros. Tenía el Tour en mis manos. Virenque, Leblanc, Laurent Dufaux y Leonardo Piepoli intentaron organizar un grupo perseguidor, pero era demasiado tarde, y estaban demasiado agotados como para tener alguna posibilidad de echarme el guante. Aunque mis esfuerzos también me estaban pasando factura, y los últimos kilómetros se me hicieron eternos. Lo había dado todo, y mis piernas empezaron a arderme mientras resoplaba agitadamente. Tuve que autodisciplinarme y concentrarme en pensar que cada segundo ganado me acercaría más a la victoria final. Tuve que hacerme amigo del dolor, aceptarlo y no dejar que se impusiera en mi cerebro ni en mi cuerpo. Lo aparté a un lado, me convencí a mí mismo de que podía mantenerlo a raya durante un par de minutos más.

De hecho, durante los últimos cinco kilómetros continué aumentando mi ventaja porque pude mantener la velocidad, hacer caso omiso del dolor y obligarme a seguir hacia arriba. Al llegar a la pancarta de los últimos 500 metros me invadió un sentimiento de euforia, y el subidón de adrenalina mitigó el dolor de mis piernas. “Llevas más de un minuto de ventaja”, me gritó Godefroot desde el coche del equipo. Dejé que me invadiera la alegría y el orgullo y me permití hacer una verdadera celebración, besando mis índices y señalando con ellos al cielo. “Ahora sí que puedo considerarme el mejor”, me dije. Había conservado el maillot amarillo e incrementado mi ventaja sobre el segundo clasificado, Olano, hasta los dos minutos y 42 segundos.

Miguel Indurain había sido hasta entonces el jefe indiscutible del pelotón, gracias a sus cinco victorias consecutivas en el Tour, entre 1991 y 1995. Para mí siempre será un gran campeón. Su derrota de 1996 la asumió con dignidad. Otros corredores con menos clase en una situación similar habrían dado rienda suelta a su ego y a su orgullo, y habrían abandonado la carrera en vez de prolongar su sufrimiento, pero Indurain no era de esa calaña y prometió continuar luchando. Al día siguiente llegábamos a su ciudad, Pamplona, y yo quería reconocer en público la categoría de aquel hombre. Indurain hablaba un poco de italiano y de francés, así que no teníamos muchas posibilidades de comunicarnos, pero siempre me pareció una persona excelente.

Extracto del libro “Nubes y claros”, la autobiografía de Bjarne Riis (Cultura Ciclista)

Imagen tomada de http://www.temquesuar.com.br/

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Hablando de Hautacam, os presentamos Cucu Barcelona…  

maillot-hautacam… una marca que reúne moda, elegancia y pasión por el ciclismo en todas sus prendas. Una bocanada de aire fresco con la cultura ciclista como centro de gravedad y la idea de permitir a los amantes de este deporte lucir su pasión tanto encima de la bicicleta como en su día a día.

Cucu Barcelona no cree en ese maillot únicamente funcional y usado como pancarta publicitaria, quiere ir un paso más allá. Para nosotros los diseños cuidados y sobrios son la mejor manera de transmitir la belleza del ciclismo, y el toque retro de nuestros maillots homenajea los primeros años de este deporte, donde la épica era una constante.

Alpe d’Huez, Hautacam, Galibier, Tourmalet, Mont Ventoux, Angliru… los puertos más míticos de la historia del ciclismo colman los diseños de nuestros maillots y la línea de ropa urbana. De este modo, el sello distintivo de Cucu Barcelona resulta ser la cultura ciclista sumada a la elegancia de la moda convencional. Una apuesta diferente, una apuesta por la pureza del ciclismo.

Toda la información: www.cucubarcelona.com