Ivan Basso y su colección de medias verdades

Ivan Basso es al ciclismo moderno lo que el Carbono 14 a la historia de la prehistoria. Su camino es un auténtico descenso del Stelvio, revirado y tortuoso, tras pasar por todos los estadios del ciclismo y probar la convivencia con buena parte de los personajillos que pulularon, y aún pululan, por este deporte. Por ejemplo, en su colección de mentores hay un camino de ida y vuelta hacia Bjarne Rijs, con efímero paso por las huestes de Johan Bruyneel, huelgan comentarios. Hamilton describe lo mejor de cada casa…

Ivan Basso es un ciclista paradigmático del ciclismo del siglo XX. Sus colección de medias verdes, o mentiras según se mire, resulta larga, lo mismo que los tweets rosáceos donde describe una vida familiar por la que suspira cualquier suegra agradecida. Cartón piedra. Es tan de fachada que incluso cuando ataca, cuando más se exige, muestra una medio sonrisa, como si la tortura no fuera con él.

El italiano ha sido entrevistado estos días en Biciciclismo y sus respuestas no tienen desperdicio. Valora su rol de telonero con Alberto Contador. Anuncia su próximo calendario y será calcado al del madrileño: Volta, Tirreno y Giro. Deja en suspense su actuación en el Tour. En Andalucía ambos reventaron el pelotón en Haza Llanas. Al día siguiente el poderío del varesino se diluyó por los aguijonazos de los hombres de Chris Froome. Visto y no visto. Un sube y baja infinito.

Para Basso ponerse al servicio de Alberto Contador es “un acto de inteligencia y madurez. Toma. Olvida Basso que el madrileño fue el rey puesto cuando acorralado por la Operación Puerto, Johan Bruyneel le mostró la salida del Discovery. Rey muerto, rey puesto. No recuerdo lamentos de Contador. Como dicen en una afamada serie “para que uno sobreviva, otros han de morir”. Contador ese año vio cómo se cargaron a al líder de su equipo, que venía de ser segundo el Tour, y al líder de la Grande Boucle, Michael Rasmussen, dejándole limpio el camino.

Basso es frío y profesional. No entra a valorar el estatus del Astana, donde corren ciclistas de su confianza, al menos pasada, como por ejemplo Vincenzo Nibali, a quien ha de agradecerle fidelidad extrema en un Giro de Italia, el de 2010, cuando Basso protagonizó uno de los peores descensos que se le recuerdan a una estrella, el del Mortirolo. Si aquello dura un kilómetro más David Arroyo, el líder ese día, les caza y a la mierda el segundo Giro. Sin embargo ahí estuvo Nibali, cien veces mejor bajador, que incluso tentado de hacerle lo que le hizo Aitor González a Oscar Sevilla en una Vuelta se clavó al lado de su torpe jefe de filas. Memoria escurridiza.

El problema que vemos en Basso es que nunca ha admitido, ni admitirá, que tras la sanción siempre fue una versión a la baja de ese ciclista que maravilló en los Tours de 2004 y 2005, un corredor que no sólo subía muchas veces como Lance Armstrong sino que también desplazó a Jan Ullrich de su estela. Miren qué nombres manejamos. En la edición 200 del Procycling describe el Giro 2006 que ganó el italiano como algo «increíble». Y quizá, si se admitieran las cosas como son, podríamos pensar bien y aplaudir su anunciada generosidad. Eso sí que sería un signo de inteligencia y madurez.

Imagen tomada de http://www.vueltaandalucia.es/

INFO 

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No es tan sencillo como cree Oleg Tinkov

Clico en Google “Nico Verhoeven”. Surge el enlace de la Wikipedia. Sondeo. Buen ciclista profesional, a caballo entre los años 80 y 90. Palmares correcto. Le recuerdo buen rodador, el típico caballo trotón que causaba estragos en el pelotón y cronos por equipos cuando enfilaba la cabeza del grupo. Sus equipos así lo confirman, en especial el PDM. En el cuadro de sus actuaciones en las grandes carreras destacan tres abandonos en el Mundial y dos, uno de ellos muy significativo, en el Tour  de Francia.

En concreto me llama la atención su abandono en la edición de 1991 cuando se debía a los colores del mentado PDM. Recordaréis aquella salida por la puerta de atrás. El equipo patrocinado por esas prehistóricas cintas de vídeo se fue en medio de circunstancias muy poco aclaradas. Se arguyó una intoxicación sin embargo recuerdo que entonces, a mis 14 años, fue la primera vez que oí hablar de EPO. Sí la famosa sustancia que en esa época parecía vivir una edad de oro sacando caballos de auténticos podencos.

Dando instrucciones

Sea o no culpable en aquella historia, Verhoeven estuvo allí, puso los pies en polvorosa y se fue del Tour, como Erik Breukink, como Raúl Alcalá. Aquel PDM fue un equipazo y esa mancha fue grande, enorme. De hecho dejó de existir ese mismo año. Hoy Nico Verhoeven es director del Belkin, ex Rabobank, y mentor de Juanma Garate. Hoy Verhoeven dirige un equipo de tremendo potencial y calidad humana. Un día dice que Garate es un gran capitán y al siguiente el ciclista se mantiene en un limbo contractual.

Todo este preámbulo viene a cuento por lo que el otro día argumentó Oleg Tinkov diciendo que “el pelotón terminaría sin directores si se indaga en el pasado”. A mi entender tiene mucha razón el magnate ruso, pues esto no deja de ser una caza de brujas, sin embargo el problema viene cuando muchos de estos directores dan lecciones a sus ciclistas y aficionados. Deslegitimados por su pasado, si su labor se ciñera a una gestión profesional y humilde del grupo humano que les ha tocado en suerte, sería todo mucho más sencillo. Y el propio Tinkov lo tiene sencillo para comprobar lo que decimos cuando su hombre al volante, Bjarne Rijs, ha sido pillado en tantas contradicciones, cuando no acusado directamente como hace Hamilton en su libro, que cualquier cosa que diga será mirada desde la deshonra de ser un ciclista que ganó un Tour hasta arriba de todo.

Por eso, y apreciando el valor de Tinkov al intentar pasar página, el ciclismo debe ser como la mujer del César, es decir: ser limpio y parecerlo. Y mientras algunos sigan pululando el ciclismo contemporáneo podrá ser el más limpio de la historia que no lo parecerá a ojos de muchos.

Ya tenéis vuestro equipo para las clásicas???

La leyenda de Pinarello nació con una linterna roja

En la Italia de los años veinte y treinta había efervescencia ciclista. Eran los tiempos del llamado ciclismo heroico, aquel que según definición no científica, se protagonizaba desde el corazón, con los tubulares al hombro y carreteras inmundas por delante. En esa Italia de entreguerras crecía la pasión con dos nombres como Alfredo Binda y Constante Girardengo. Dos monstruos, gigantes de su momento, que enrolaron una no pequeña militancia de fieles adeptos a la bicicleta.

Luego vino la Segunda Guerra Mundial y de sus cenizas surgieron emblemas de la manufactura itálica que hoy sigue muy vigentes. Encandilado por Girardengo y Binda, un joven chaval nacido en las inmediaciones de Treviso crecía como ciclista. A pesar de algunos triunfos, su salto a la fama se lo propuso una “maglia nera”, sí un jersey negro, el que se daba al último clasificado del Giro de Italia. Esa prenda la vistió nuestro hombre, Giovanni Pinarello, el primero de la saga de “bicicleteros”, el hombre que abrió la historia de uno de los orgullos del Véneto.

Giovanni Pinarello finalizó último el Giro de 1951. Aunque pareciera lo contrario, la “maglia nera” era muy apreciada en la época y ello le reportó a Giovanni un dinero con el que, sí, abriría el negocio que daría lugar a la firma que hoy conocemos como Pinarello. A los pocos años, esa pequeña factoría de Treviso ya patrocinaba un equipo, el Mainetti. Fue a partir de 1960, antes de que Fausto, el hijo de Giovanni y actual mandamás, entrara en la empresa para lanzarla, entre otros mercados, al estadounidense, donde sus cuadros Dogma causan furor llegando a facturar el 20% de esta línea.

Aquella historia que arrancó con una maglia nera, con una nada indigna última plaza en el Giro, siguió su curso. Pinarello entró en el profesionalismo y vivió en la persona de Alexis Grewal su primer éxito de postín: la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Los Angeles 1984. A los cuatro años Perico Delgado calzaba una Pinarello roja en su conquista del Tour y desde 1992 Miguel Indurain alcanzó cuatro Tours sobre esta firma de cuyos  moldes salió la eterna “Espada”, la bicicleta con la que batió el récord de hora.

Luego vendrían los Telekom con Bjarne Rijs y Jan Ullrich. Pinarello copó el podio de Sídney 2000 con Ullrich, Vinokourov y Kloden, oro, plata y bronce en la ruta. Durante esa época la firma equipó tres equipos como Banesto, T Mobile y Fassa Bortolo simultáneamente. En los tiempos recientes, el matrimonio Pinarello- Team Sky parece de los más sólidos, aunque nunca se sabe, Movistar ha pasado de largo y se ha ido a las manos de otro proveedor, tras años de idílica convivencia. No obstante, y de cualquiera de las maneras, la saga Pinarello se mantiene firme y vigente, en un mercado global y tremendamente feroz. Esta historia arrancó, no olvidemos, con una “maglia nera”, un orgullo transmitido de generación en generación. Tal es el orgullo, que esa maglia luce encuadrada, eterna, en lo alto de su tienda de Treviso.

Foto tomada de revistaofftopic.com

Hautacam, la cima de las tempestades

Hubo en 2008 como un punto de inflexión en el Tour de Francia. El ciclismo, un deporte abrasado a controles, cercenado por escándalos, llevaba unos años tormentosos. Se encadenó el escándalo de Festina, una década antes, con la destrucción, total además, de mitos como Marco Pantani, el plomo de los años de Lance Armstrong y un sprint final que rompió en la expulsión de Michael Rasmussen, el positivo de Alexander Vinokourov y la explosión de la Operación Puerto.

2008 fue año olímpico. En ese Tour donde muchos luego acabarían yendo a Pekín, las cosas parecieron diferentes. No dejaron de haber escándalos, con ellos el ciclismo nunca se había divorciado. Positivos de Moisés Dueñas, Triqui Beltrán,… luego también los casos del Gerolsteiner con Kohl y Stefan Schumacher. Sin embargo la sensación fue de que los protagonistas absolutos no caminaban con el brío de antaño. Recuerdo una llegada en Italia, esa en la que Gerrans retrató la candidez de Egoi Martínez, en la que los favoritos se miraban y se miraban y nadie golpeaba. Los Schleck, Sastre, Menchov, Evans,… pánico casi total, nadie destacaba, todos subían con exasperante lentitud, todo parecía congelado. Dio la impresión de que en esos momentos la química no estaba haciendo los milagros a los que el ciclismo estaba acostumbrado. Dio la impresión de ver un espectáculo limpio.

Pero aquella edición tuvo días de la infamia. Mucho más allá incluso de los propios positivos en manos de corredores de perfil medio. Los días de la infamia se produjeron en los Pirineos. Riccado Riccò reventando el pelotón en el Aspin como si su máquina fuera enganchada a la moto de carrera, asustando incluso a los mentores de Saunier que desde el coche veían que o el cuentakilómetros iba mal o Riccò se convirtió en Cancellara en el llano que iba a meta.

Y luego estuvo Hautacam, ay Hautacam. Otro día para el póster de la vergüenza. En la única y efímera aparición de Juanjo Cobo en el Tour, acompañado de Leonardo Piepoli se fue como y cuando quiso del resto. Frank Schleck, la última víctima de su ritmo infernal, no dio crédito. Saunier iba de exhibición en exhibición y a los pocos días acabaron todos fuera de carrera, expulsados, invitados a salir, da igual, pero fuera de carrera. Hautacam les descubrió.

Doce años antes, también aquí, vimos lo que los libros franceses titulan “la actuación imposible” de Bjarne Rijs. Fue el día que Miguel Indurain sucumbió del todo en su empeño de ganar el sexto Tour y el día que abiertamente el mánager de Saxo Bank reconocería fruto de un nivel de hematocrito indecente. Hautacam por eso había debutado dos años antes en la historia del Tour, con victoria del magnífico, e intermitente, ciclista llamado Luc Leblanc. Un día entre la niebla en el que Miguel Indurain pasó a cuchillo a sus rivales, entre ellos un italiano de poco pelo llamado Marco Pantani.

Y nos queda el año 2000. En medio de una lluvia incesante, Javier Otxoa culminó su mejor etapa de profesional, poco antes de sufrir el tremendo accidente que le dejó sin su hermano Ricardo y con graves secuelas físicas. Aquella jornada Lance Armstrong hizo la presentación en sociedad del molinillo apabullando a todos y sentenciando el Tour el día que esperábamos a Jan Ullrich como su gran rival.

Como ven nombres de todo pelaje y exhibiciones imposibles. Hautamcam ha querido el destino que sea un lugar maldito en la historia reciente del ciclismo. Para el próximo Tour tendremos nuevamente este topónimo en el mapa de la carrera y como bien cuenta Ciclismo de Verdad más de uno irá con los radares a medir lo que allí se cueza y al ritmo que se suba. A veces nos rebelamos ante la masacre de controles y cercos que se establecen sobre los ciclistas, pero mirar la historia de Hautacam demuestra que muchas veces el ciclismo se lo ganó a pulso.

Foto tomada de www.arueda.com

Gracias, Michael Rasmussen

No pocas cosas hemos dicho aquí sobre Michael Rasmussen. Casi ninguna buena. Nos ha parecido un interesado, un mentiroso, un oportunista y obviamente un tramposo. Por contra creemos que la forma en la que fue tratado en el Tour del que fue expulsado fue muy injusta, pues se le puso una alfombra roja de salida a una persona que con la ley en la mano no había hecho nada diferente al resto. Luego ha hecho esfuerzos para volver por diferentes vías pero el peso de su estigma salió siempre a flote como esas boyas en alta mar.

Quizá en el hecho que no haya podido volver resida ahora parte de su utilidad. Igual que la saña y verborrea que gastaba en las carreras que disputaba, Rasmussen es peligroso para muchos. Sí ahora mismo, en estos momentos. El ciclismo amanece con otro libro de traca, el del danés, que sabedor que las puertas del teatro se le han cerrado para siempre parece dispuesto a obrar en consecuencia. «Fiebre amarilla» se titula. A alguno ya le habrá dado fiebre, sin duda.

Y en esa nueva sinceridad dos personajes aparecen marcados en rojo. El primero de ellos ya caído y sólo el beneplácito e hipocresía de su equipo le mantienen en la palestra. Hablamos de Ryder Hesjedal, el hombre que ganó el Giro de 2012 proclamando a los cuatro vientos su total limpieza. Resulta que, empujado por la obra de Rasmussen, ha tenido que admitir que hace diez años el dopaje formaba parte de su vida.

 

He visto lo mejor y lo peor de este deporte y creo que ahora está en el mejor lugar que ha estado nunca. Miro a los jóvenes ciclistas de nuestro equipo y de todo el pelotón, y sé que el futuro de este deporte ha llegado

 

Sí, Hesjedal habla de jóvenes, de futuro, de esperanza, pero oculta su pasado pobre y negro con la misma retórica que le mantiene en nómina del Garmin, ese equipo que amamanta un buen grupo de exdopados y los mezcla con grandes talentos. Con tal caldo de cultivo qué hemos de pensar. ¿Crecen sanos los chavales en medio de una nómina de demagogos como Jonathan Vaughters, David Millar, Christian Vandevelve o Tom Danielson? Es que hablamos de la guardia pretoriana del equipo, tanto en lo deportivo como en lo moral.

Porque el proceder de Hesjedal es curioso. Canta ahora que el libro de Rasmussen empieza a estar disponible, sin embargo en Garmin dicen que Hesjedal hace un año que ya colabora con la verdad. Hablamos pues de manejos velados, cuestiones privadas,… en fin. No sé qué habría de decir Purito Rodríguez sobre el corredor que le sopló un Giro a la sombra misma del duomo milanés.

Pero parece que con Hesjedal el tema no va a acabar. En el horizonte otro de los personajes más negros de este deporte: Bjarne Rijs. El domingo mismo, La Gazzetta apuntó la posibilidad de que el técnico haya vendido sus responsabilidades en Saxo Bank a Oleg Tinkov porque el libro de Rasmussen es concluyente sobre su “savoir faire” en tiempos del CSC. Igual Tinkov no deberá esperar un año para tener su juguetito ciclista, lo puede tener ya y no crean que para Alberto Contador debiera ser malo, pues el magnate puede serle un acicate al tiempo que una extraordinaria excusa para esconder un rendimiento que hasta la fecha no ha sido el de antaño.

Aunque las partes nieguen el posible, el rio agua lleva y si es para empequeñecer un tipo que ha medrado hasta lo insospechado como Bjarne Rijs, a pesar de su tremendo pelotazo de hace 18 años, nunca estaremos lo suficientemente agradecidos a Michael Ramussen.

Foto tomada de www.zimbio.com

Un Tour podado y desenfocado

No sé si Christian Prudhomme, si alguno de sus colaboradores, si alguien en la  organización del Tour de Francia saben de una leyenda que tuvo que Isabel La Católica. Lo mismo va a ser que no. La historia habla de campanarios desmochados, de torres destrozadas. Ningún hombre podía tener un mirador que superara un campanario. Ninguno podía osar estar por encima de Dios.

Este Tour es un poco lo mismo. Está podado por arriba. Sólo dos colosos de siempre emergen en la ruta de esta edición, Izoard y Tourmalet. No sabemos el motivo, pero el recorrido que recién se ha hecho oficial en París es una miniatura de la grandeza de la carrera. El resto de etapas es un sembrado de cimas de tamaño medio que premia la concatenación de puertos por encima de los kilómetros totales de subida. Es como si los experimentos de la Vuelta a España tomaran forma en el hermano mayor.

Nos gusta el recorrido del Tour porque rompe con la imagen de inmovilismo que siempre ha transmitido la organización. Son el Tour, se pueden permitir todas las involuciones del mundo, pero introducen sello de modernidad, un sello que quita, como decimos, grandes cimas, postula las medianas y deja el camino limpio de cronos hasta el penúltimo día.

La carrera sale lo más al norte que lo ha hecho nunca. Estira tanto el mapa por arriba que lo deja sin fachada atlántica. Es un mapa descentrado, cuasi desenfocado. Baja por la izquierda y sube por el centro. Son formas de hacer. Sin embargo no esconde ciertas sorpresas que nos agradan como la dosis justa de adoquines en la primera semana, lo suficiente para putear pero no para cargarse la mitad de los favoritos, por mucho que alguno se dejará sus opciones. Curioso: es como un quiero y no puedo, transitarán tangencialmente por los tramos legendarios de Roubaix –Carrefour de l´ Arbre, Mons-en-Pévèle y Arenberg- pero sin ahondar.

Luego le llaman el Tour de los homenajes, esto que en ciclismo tanto nos gusta. Que si la crono de Bergerac y Miguel Indurain en el 94, que si la salida británica por Froome y Wiggins, que si Ypres por la Primera Guerra Mundial, pero puestos a hurgar, dos siniestros personajes también emergen. La carrera arribará el tercer día  Londres por los mismos paseos que vio ganar el oro olímpico a Alexander Vinokourov, más tarde hará alto en Hautacam, desconozco si Bjarne Rijs estará para recordar tiempos pasados. Incluso se vuelve a la Planche des Belles Filles, allí donde los radares y medidores de watios supieron por primera vez de la potencia de las pedaladas de Froome. Metidos a buscar homenajes, seguramente encontraríamos uno cada día.

Luego está la montaña, o mejor dicho la mini montaña. Como dijimos, de entre las franquicias galas sólo dos grandes colosos, Izoard y Tourmalet. No nos parece mal, ciertamente. Dado que el pelotón ha ascendido grandes mitos a ritmo de cicloturistas en las últimas ediciones, mejor que mancillen puertos de medio pelo antes de jugárselo todo al final, bien al final.

Ya está, ya tenemos recorrido. Defensores y detractores a partes iguales, es lo que hay, nunca llueve a gusto de todos. Este ciclismo de Excel y túneles de viento es insondable y ni siquiera el Tour tiene la llave del éxito.

Foto tomada de Facebook del Tour de Francia

¿Quién correrá para Oleg Tinkov?

 

El círculo vicioso que Oleg Tinkov sembró en los prolegómenos de Tour, cuando les dijo a los de Saxo que ellos pasarían a segundo sponsor, se cuadró aquellos días que, por separado, se refirió a las tácticas de Bjiarne Rijs y el rendimiento de Alberto Contador. Ocurrió lo que según parece buscaba el adinerado ruso. Jugada redonda. Fue jugar a rojo y negro, par e impar y a la mitad de la ruleta, todo en la misma jugada. Si Contador dio la respuesta por callada –la verdad es que hizo lo que mejor podía hacer-, Rijs trazó una línea, dijo que hasta aquí y que cada uno por su lado.

Fran Reyes recoge con mino el repertorio de TInkov este último mes. No sé en cuánto habrá variado su cantidad de followers en Twitter, pero el controvertido mecenas ha rociado de color e hilaridad la red con palos para todos, empezando por el Team Sky y abriendo el frente hasta sus propios hombres.

Es curioso que una vez ha culminado el divorcio, Tinkov siga pensando en invertir en el ciclismo, pues como bien cuenta Fran, Katusha fue el nombre de su primer desencanto una vez integró su Tinkoff Systems en la megaescuadra rusa. Va a ser cierto que sí quiere el ciclismo, y no mueve la pasta por él cuál enfermizo jugador de casino. Busca su sitio, aunque lleve años en ese empeño, no desiste.

En su facebook anuncia un nuevo equipo. Del mismo se conocen mínimos detalles, el más importante es que no puede ser Pro Tour, al menos a priori. Estará sondeando el mercado, entiendo. Quien corra para él sabe que se expone a ser vilipendiado por la red de la forma más indiscriminada si el señor no le ve la “profesionalidad” suficiente, incluso el director que tome su volante es posible que lo lleve de copiloto discutiéndole cada movimiento.

Monsieur Tapie

Cuando Oleg Tinkov se despidió públicamente de Rijs le deseo suerte en la “desafiante labor” de encontrar dinero para sacar adelante sus estructura. No sé si el vil metal y la obvia crisis de patrocinios que pasa el ciclismo son el mejor caldo de cultivo para que estos personajes sacados de una película tipo Batman, en otras circunstancias parece complicado verles, si bien en años dorados tuvimos a Bernard Tapie, una celebridad del chanchullo en el país vecino. Esperemos que de toda esa pléyade de multimillonarios caprichosos que pululan por el mundo sean los menos que se fijen en el ciclismo, pues al final es éste, y no otro, quien paga los platos rotos. 

Fotos tomadas con toda la mala baba de Parlamento Ciclista y www.rue89.com

Si Oleg Tinkov quiere influir que prescinda de Bjarne Rijs

Oleg Tinkov es el presidente de Tinkoff Credit Systems. Con amplia experiencia en el mercado ruso, su trayectoria se inicia en 1993 y desde entonces ha pisado varios sectores. El anterior al que le ocupa actualmente, el financiero, fue una cervecería. Todo ello para tomar conciencia de su abanico de actividad. En 2005 vendió su negocio cervecero y entró en el mundo de los servicios financieros poniendo el foco en el negocio de las tarjetas de crédito.

Cuando hablamos de él, tenemos prueba tangible de lo bien que le va a  algunos rusos. Sin embargo Tinkov lleva en el ciclismo un buen tiempo. Tuvo su equipo en exclusiva hace unos cinco años. Pavel Brutt y Vasili Kyryienka estuvieron a su sombra. Con la llegada del Katusha es equip se descolocó, pero hace un año volvió con el copatrocinio del Saxo Bank que dirige Bjarne Rijs.

La cuota del Tinkoff Credit Systems en el maillot ha sido la de segundo sponsor. Oleg Tinkov quiere revertir esa situación, llevando a la entidad danesa al papel de copatrocinador y emergiendo su marca como denominación primera del equipo. Antes del Tour dio alguna pincelada, ahora en plena carrera y con dos de sus ciclistas en el top ten –Alberto Contador y Roman Kreuziguer- dice que quiere ser primer sponsor y que los daneses, si eso, pasen a comparsas.

Dice Oleg, que se asemeja demasiado a esos presidentes de clubes de primera en España que un buen día deciden sentarse en el banquillo, que no puede influir como le gustaría. Que discute con Rijs, pero que no siempre se ponen de acuerdo y que el calvo siempre se sale con la suya, aunque se equivoque. No se puede ser más directo. En este enlace de www.cyclingnews.com lo explica.

Desde 2009 Saxo Bank es primer mecenas de Rijs, tomando el testigo de CSC por donde pasaron todo tipo de ciclistas y personajes, muchos por uno u otro motivo salpicados (desde Tyler Hamilton a Ivan Basso, llegando al recientemente manchado Laurent Jalabert). Sin embargo ninguno de los mentados repugna al nivel de quien les dirigió, el exganador del Tour de 1996.

Y es que sólo en un deporte como el ciclismo personajes como el apodado “mister 60” pueden seguir a flote a pesar de haber sido declarado persona non grata por doquier. No se explica de verdad que un personaje de esta catadura continúe en liza. Y ya no sólo por su oscuro pasado, haciendo bueno eso de que con dopaje se puede pasar de podenco a galgo, sino también por las calamitosas decisiones que toma al volante. Recuerden las servidumbres de Ivan Basso a Lance Armstrong cuando Jan Ullrich buscaba darle una pizca de emoción o el Tour que perdió por no defender a Carlos Sastre como el abulense se merecía, o las patéticas estratagemas de los Schleck a sus órdenes. Estrategias que en el caso de los luxemburgueses calaron hondo. Si hasta podemos decir que Floyd Landis ganó el Tour por su carencia de visión.

Estos días ha hablado el director de Astana, Guiseppe Martinelli, de la falta de profesionalidad de Andrey Kashenchkin, uno de los primeros abandonos de este Tour. Lo increíble es que el kazajo siguiera en liza, lo mismo que Erik Zabel, un dopado confeso, asesore a éste o aquel. El ciclismo necesita pasar página y aquí tenemos tres ejemplos perfectos de que así es imposible. Quizá cuando esto amenace ruina total es cuando se percaten que su presencia no es requerida. Puede que sea tarde.