Oleg Tinkov es un mal necesario

Qué duda cabe que esta resaca de Tour de 2013 está siendo más larga de lo habitual. Mientras Chris Froome saborea su éxito de critérium en critérium, embolsando un dinero que siendo ciclista no está de más, la red argumental tejida alrededor de lo que aconteció hasta hace diez días en Francia y el informe del senado galo, más sus posteriores “víctimas”. Todo para atesorar un tránsito hacia la tercera grande del año de lo más entretenido.

Al hilo del senado francés y su informe de pesquisas, que no de nombres y apellidos, ya tenemos una última cabeza sobre la bandeja. Sí es la de Erik Zabel, un hombre curiosamente pluriempleado en la UCI y Katusha a pesar de haber reconocido sus historias hace siete, nada menos que siete, años. Para que nos entendamos, hay una diferencia entre las dimisiones “forzadas” de Zabel y Olano. Si el segundo nunca había sido vinculado a nada raro, el primero, al haberlo admitido hace tiempo, digamos que era un personaje zombi de esos que pululan por nuestro deporte sin saber muy bien porqué y a razón de no sé qué vara de medir.

Por que a Zabel nunca se le ha evitado el saludo ni se le ha declarado persona non grata como por ejemplo a Bjarne Rijs, quien en su día recibió la misiva del Tour de cuán más lejos mejor. Y es que el calvo danés saca rédito mediático, que no financiero, a las patochadas que últimamente siembra Oleg Tinkov por la red. A pesar de ese ajetreado día que el magnate ruso se empeñó en retratar en Youtube, tiene tiempo para soltar lindezas, siendo Rijs uno de sus oscuros objetivos. Fulminante fue el expreso deseo de Tinkov para que el danés encontrara la pasta que dejará de percibir por su desvinculación del equipo. No sé, si no me equivoco, hace un año, antes de que Tinkoff Bank entrada en Saxo, los números no cuadraban. Ahora parece que sí, al menos de momento.

Ya puede espabilar el Rijs para encontrar la parte que le falta pues vender los méritos del equipo no será sencillo más cuando Roman Kreuziger suma el único triunfo de tronío, la Amstel, y en el Tour el despropósito en la dirección del equipo estuvo a la vista de todos.

Y luego, al final de todo, está Alberto Contador que se va a hacer una pedalada a los Dolomitas con el equipo en plena ebullición. Si algo está haciendo bien el de Pinto es tratar con total desinterés, al menos aparente, los mensajes de Tinkov pues en el fondo el magnate ruso le está haciendo un favor, dado que nadie o muy pocos valoran su triste rendimiento en la presente temporada. Lo hace Tinkov por todos, y con tan mal gusto que hace bueno al ciclista. Entiéndanme, un cuarto puesto en el Tour es una medida del valor de un ciclista notable pero hablando de Contador es un balance escaso que además no ha entrado a valorar. Si se dice que no pasó un buen invierno, que se le veía hinchado, que pedaleaba agarrotado y esas cosas que significan mucho y nada al mismo tiempo. Nada convincente sobre el tapete.

 

En fin, esto es el ciclismo y así os lo hemos contado estos meses. Ahora viene un descanso, no sé si merecido, juzgadlo vosotros, pero en unos días este espacio estará con la persiana echada. Volveremos en unos días, no muchos, que desconectar del todo es perjudicial. Saludos chicos, y chicas, y muchas gracias por el cariño dispensado.

El atronador silencio de Jan Ullrich

Es lastimoso repasar el palmarés del Tour de Francia entre 1996 y 2010. Se trata de una pradera de cobriza y abrasada hierba trufada de socavones. Un emborronamiento generalizado donde, asómbrense, sólo cuatro ganadores son los originalmente proclamados: Marco Pantani, Jan Ullrich, Carlos Sastre y Alberto Contador. Si finalmente cae sobre Lance Armstrong todo el peso de la ley que el público ávido de sangre solicita el terreno más que horadado estará minado y reventado.

Pero miremos. 1996: el burro hecho caballo de carreras Bjiarne Rijs jugaba a campeón siendo “míster 60”. Pasado el periodo de Armstrong, llegaron terribles nuevas. La caballeresca gesta de Floyd Landis en Joux Plane y posterior positivo que dio a Pereiro su Tour en 2006 y el clembuterol y el chuletón de Contador en Pau en 2010. Por medio quedó la dantesca expulsión de Michael Rasmussen en 2007 cuando tocaba el éxito.

Hace un tiempo, reflexionamos sobre la circunstancia de que muchos ciclistas no se dan por aludidos cuando saltan resoluciones por dopaje de otros que les favorecen. Miremos lo que comentábamos entonces con Carlos Sastre. También Oscar Pereiro quiso quitarle hierro cuando se juzgaba a Landis por pasarle el Tour que en lógica le pertenecía. “Si otros ya han crucificado a Landis, ¿quién soy yo para añadir más leña?” comentó.

En este entorno nos movemos. El ciclismo puede asistir al mayor corrimiento de un palmarés de su historia, le ejecuten uno, dos, tres o todos los Tours a Armstrong, pero todos calladitos y sentados. Sin duda quien más tendría que respirar sobre el tema es Jan Ullrich, rival históricamente maltratado por el tejano. Tres veces quedó segundo el alemán venido del Este en el septenio ganador del yankee.

Sólo conocemos las declaraciones de su mentor Rudy Pevenage. “Todos fuimos víctimas de Lance” concluyó. Nada más. Si Ullrich sacara algo en claro de todo esto, si el Tour ejerciera sin la intención de aplacar sospechas sembrando de nuevas, le corresponderían cuatro ediciones, nada menos que cuatro, y los importes que de ellas se generen. Pues a las tres que perdió en la carretera versus Armtrong se añade la del tramposo Rijs.

Pero claro el Tour en una decisión que en política se diría salomónica dice que puede declarar desierto el concurso de esos años, algo así como decir que si el ganador está podrido no ponen la mano en el fuego por los que fueron segundos. Vamos que poco menos les falta decir que esa pantomima que llaman antidopaje es pura falacia. Una conclusión a la que muchos llegamos hace tiempo incluso cuando se arguye eso de “pasé 200 controles y nunca nada de nada”.

Foto tomada de http://forodeciclismo.mforos.com

Sólo nos faltaba Michael Rasmussen

El colorido puzle de pintorescos personajes que ha tomado la palabra desde que saltara la bomba de Lance Armstrong sigue completándose con inopinado ritmo. Aquí se expresa todo el mundo, con más o menos acierto, y arrojando más o menos dudas sobre el proceso que parece destinado crucificar de por vida el mito Armstrong.

La última apreciación la recoge este artículo en la versión digital de El Mundo y viene firmada por Michael Rasmussen, casi tête à tête con el doctor Ferrari. Ha querido el azar que estas declaraciones lleguen en un momento en que un servidor filtrea con las primeras páginas de “El chivo expiatorio”, un libro denso en pruebas donde el autor Verner Moller desmonta la conspiración que el danés dice haber sufrido en aquella edición de 2007. Es intrigantemente interesante el prólogo, allí hasta donde han llegado mis lecturas.

Moller no esconde antipatía por Alberto Contador, pues celebró un Tour que debió ser para Rasmussen, e incluso esboza una sonrisa cuando el fantasma de ese Tour 07 se cebó en el madrileño en forma de himno danés en los Campos Elíseos, tres años después y poco antes de ser acusado de positivo por clembuterol. Quizá lo más revelador de esas primeras páginas fue cuando el autor, durante el Mundial de Australia, se acercó a un apesadumbrado Mc Quaid en una cafetería y éste le confesó que por tan ridícula cantidad lo mejor habría sido cubrir un tupido veo. Con esta arbitrariedad, está todo dicho.

Pero volviendo a las palabras de Rasmussen, éstas no dejan de ser provocadoras. Y es que cada vez que un danés vestido con el maillot jaune alza los brazos en los Pirineos se lía. Once años antes de tocar la gloria, saborearla y ser desposeído de ella en el Aubisque, Bjarne Rijs apabullaba a la concurrencia en Hautacam. A pesar de ser un dopado confeso, Rijs sigue vigente en el palmarés del Tour, y Rasmussen define aquella actuación de “colosal”. Luego también tiene recuerdo para Lance Armstrong apuntillando lo siguiente: “Para mí, las prestaciones de Armstrong no serán menos fascinantes aunque se demuestre que corría dopado”.

Atención, por que cualquier paseo por cualquiera de las webs de diarios, prensa física e incluso informativos televisivos, ofrece lo que es ahora mismo el ciclismo: un muñeco roto en manos de gestores de información que no escatimarán morbo si en ello les va cuatro chavos publicitarios. ¿Recogieron acaso estos medios  los quejidos del danés cuando poco menos que era la rencarnación de Bin Laden?

Se abrió la caja de Pandora y ahora quien la cierre, debiera se la UCI si no estuviera tan desacreditada, puede salir hasta escamado.

Foto tomada de http://feeddoo.com

El analítico proceder de Saxo Bank-Tinkoff Bank

El mercadeo de final de sesión se impone en agendas de managers, directores, agentes y acólitos. La pugna por los puntos de la UCI que te aseguren un puesto en la mesa de los grandes es casi tan terrible como la que genera miserias y atención en la carretera. Esto sí es un monumento, cada vez patrocinios más parcos y menos ciclistas apetecibles en el punto de mira.

A estas alturas si un equipo ha adelantado faena ha sido el Saxo Bank. Dos hechos acontecen alrededor de la estructura capitaneada por una persona que reconoció ganar un Tour dopado y que sigue ahí, tan fresco. Por un lado el capital ruso de Tinkoff, liquidez indispensable, pues con la aportación de Saxo parecía imposible avanzar.

Sin embargo la llegada de Nicolas Roche, Roman Kreuziger, Oliver Zaugg y compañía responde a un hecho muy anglosajón y si se me permite analítico, casi financiero. Una vez descontado que el camino de Alberto Contador está limpio de polvo y paja, sin TAS ni sanciones por surgir y ejecutar, ponemos encima de la mesa la pasta que sea menester y formamos el bloque que Contador, el mejor vuéltomano ahora mismo, merece. Quizá para llegar a este estadio se podrían haber ahorrado muchas historietas por el camino.

De ahí la lastimosa temporada del equipo de Rijs. 2012, a pesar de culminarse con la victoria en la Vuelta a España, es un renglón y seguido en la historia del equipo. Una transición en la que se espera poder dibujar un mejor horizonte cara al año venidero. Sólo así se explica la nula capacidad adquisitiva mostrada por el cuadro hace un año por estas fechas, donde ya se intuía la suerte de Contador, y por ende la 16º plaza en el CQ Ranking de este año, cuya temporada cierran con siete victorias, tres de ellas de Contador, y las otras cuatro en carreras de muy bajo perfil como el Tour de Taiwan, Tour de l´ Ain y GP Denain. Un expediente pobre solventado por un corredor que sólo compitió 36 días en los dos meses que estuvo hábil.