Bob Jungels: ser polivalente no es un chollo

Bob Jungels

Ciclistas como Bob Jungels son esos regalos que este deporte te da, y que ganen cosas, es un premio compartido.

 

En el ciclismo moderno los corredores como Bon Jungels no lo tienen sencillo, bueno en el ciclismo moderno, y en otros muchos momentos.

Ser bueno en todo, pero el mejor en nada no tiene el premio que, de forma inicial, creemos que merece.

Ciclismo en la intimidad, la Pirinexus 

Lo que hemos leído de Bob Jungels y venimos viendo desde hace tiempo, lo dijimos en su día, por ejemplo de Geraint Thomas.

Sin embargo el coqueteo que algunos mantienen con la excelencia, el caso de Thomas y su equipo propuso que un día, uno, diera el salto más allá y acabara ganando todo un Tour de Francia.

 

En el caso de Bob Jungels las cosas no son sencillas.

Pasan los años, ciclistas, estrellas del Deceuninck entran y salen y él sigue allí perenne, como al principio.

Eso se podría interpretar en clave positiva, siempre tienes hueco en el mejor equipo del mundo, pero también implica que tienes que cerrar huecos.

La marcha de Niki Tersptra hace un año, otro que estuvo siempre al cobijo de Lefevere, aupó a Bob Jungels a disputar clásicas de pavés.

Ganó de forma admirable la Kuurne, voló literalmente y condicionó a favor de Stybar el desenlace de Harelbeke… pero hasta ahí le dio el motor.

El año pasado por estas fechas, incluso en París-Niza, Jungels era un bestia parda que en los abanicos de la «carrera hacia el sol» se bastaba para cerrar los huecos a cuchillo.

Todo eso estuvo bien, pero veíamos a un ganador de Lieja haciendo las veces de favorito en el pavés y al mismo tiempo optando al top ten del Giro de Italia.

Sigue obsesionado con esa sexta plaza en 2016.

 

Claro tanto objetivo, tanta calidad, tantos frentes en tan poco espacio de tiempo no dio para casi nada, y entiéndase que cuando decimos «para casi nada» nos referimos que no sacó un resultado de esos que el motor de Jungels merece.

Ahora cambia el tercio, sabedor que «ser un ciclista versátil no siempre es un regalo», Bob Jungels centra el tiro, entre una etapa y un top ten en el Tour, se queda con lo primero.

Nos gusta la idea, su caso es el de otros muchos que quieren entrar a todo y acaban con nada o bien poco.

Ciclistas como el luxemburgués son esos regalos que este deporte te da, y que ganen cosas, es un premio compartido.

¿Qué hace Bob Jungels en el Giro de Italia?

Bob Jungels Lieja JoanSeguidor

Bob Jungels tiene carreras mucho mejores que el Giro para conseguir deleitarnos

Entre los aficionados al ciclismo creo que existe un intangible para cogerle aprecio a un corredor.

Más allá de la bandera que calce, hay varios elementos que construyen un ciclista querido.

Son variables como la clase, la entrega, el sacrificio, la ambición, las ganas de ofrecer algo diferente.

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En esa confluencia de variables, Bob Jungels es uno de esos ciclistas que cumplen con casi todos los requisitos para no ser un ciclista más en el pelotón.

Es uno de esos corredores que sólo puedes apreciar, por esa imagen, doblado su manillar, en la que destila categoría, clase pero sobre todo trabajo y cariño por su profesión.

No es el ciclista con el palmarés más excelso, pero déjale, que tiene buenas perlas, como la Lieja del año pasado y una maglia rosa de hace tres que debe guardar con mucho cariño.

SQR – Cerdanya Cycle

 

Y digo eso porque es difícil comprender la obsesión que tiene Bob Jungels por hacerlo bien en el Giro, sacrificando, seguramente, otros objetivos más de su perfil.

Es cierto que el luxemburgués firmó un top ten hace tres años y que se llevó, creo recordar, la maglia bianca de mejor joven.

A esa edición debe agarrarse el excelente rodador del Deceuninck.

Ese año vistió la maglia rosa e incluso le recuerdo una etapa excepcional en la que se escapó con Andrei Amador en la que el costarricense iba sencillamente al límite cuando Bob Jungels le tomaba el relevo.

Es complicado transmitir esa sensación de fuerza sobre la bicicleta, más en un llano.

Bob Jungels lo consigue.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Este año se ha estrenado bien en los adoquines.

Él, más centrado en las Árdenas, ni siquiera defendió su dorsal uno en Lieja porque venía cargado de las carreras flamencas y tenía el Giro en capilla.

Sobre el adoquinado de Flandes, Bob Jungels voló especialmente ese día de Harelbeke, que puso a todos al límite, provocando la reacción de Van Avermaet y el posterior triunfo de su compañero Zdenek Stybar.

Ese día Bob Jungels dio uno de esos recitales que salen cuando uno pasa revista al año en las navidades.

 

Bob Jungels es un multiherramienta que vale para reventar carreras, poner rivales al límite, ganar cuando se le pide e incluso tener la ambición de poder hacerlo bien en una grande.

Pero esto último ya no lo tenemos tan claro.

Jungels pisó el top ten hace tres años en el Giro, cierto, pero su progresión parece estancada al punto que este tipo de carreras sencillamente no le van.

 

Puede seguir insistiendo, es su decisión y lícito, faltaría más, pero el aficionado, el buen aficionado que gusta de jamoncito bueno disfruta como un enano viéndole cerrar abanicos en Niza o exhibirse en la Kuurne, ganando tras mantener un pulso él solo con un pelotón.

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El otro día, en la jornada de Anterselva hay una imagen del grupo de escapados, a cuatro de meta, en la que se ve a Jungels abriéndose, dejando ir la escapada, porque no puede más.

Esas imágenes duelen y no se entienden cuando el luxemburgués es un ciclista de un motor extraordinario en ciertas carreras.

SQR – GORE

 

Salir de la zona de confort está bien, pero ser realista se impone

El Deceuninck está haciendo un Giro pésimo, sobre todo viendo los números que les preceden y Jungels está en sintonía con ello.

Quizá, en el futuro, valga más pájaro en mano que un puesto en una grande, que a nivel personal puede saber a gloria, pero que a la postre priva a los aficionados de ver este talento allí donde se desarrolla mejor.

E3 Harelbeke: Zdenek Stybar hace buenas las teorías del Deceuninck

Zdenek Stybar Het Nieuwsblad JoanSeguidor

La teoría de grupo del Deceuninck no se acuerda de Tom Boonen

El otro día divagamos sobre la suerte del Trek sin Fabian Cancellara.

Y no era gratuito, porque un equipo que se deja un buen presupuesto en clásicas y buenos especialistas, no logra una «major» desde que Fabian Cancellara se impusiera en aquel magnifico sprint en Flandes a Vanmarcke y Van Avermaet.

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La suerte del Deceuninck, el equipo histórico de Tom Boonen, ha ido por otro lado

No fueron pocas las veces que nos preguntamos cuán alargada sería la sombra de Tom, una vez colgara la bicicleta, pero tampoco fueron pocas las ocasiones que dijimos que el equipo de Lefevere correría mucho mejor sin Boonen.

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No hace tanto los azules se fueron de vacío de la primavera.

Y creo que el tiempo nos ha dado la razón.

El Deceuninck cuenta las mejores clásicas de lo que llevamos de temporada por éxitos.

No sólo eso, si miramos, veremos que además son tantos éxitos como corredores que los suscriben: desde la Cadel Evans de Viviani a la Strade de Alaphilippe, cuando no su San RemoMilán-San Remo: Julian Alaphilippe, ese corredor que todo lo puede

Sumadle la Het Nieuwsblad de Stybar, también Harelbeke, la Kuurne de Jungels y Le Samyn de Senechal.

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Esta maravilla estadística del sucesor del Quick Step se asienta en el liderato coral y un trabajo en equipo que rara vez se ve tantas veces ejecutado en la carretera.

Hay capos, sí, pero también muchos ciclistas marcados para tener, un día determinado, su oportunidad, y eso les tiene a todos a tope.

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Antes de entrar en el Herelbeke de Stybar, queremos centrarnos en dos corredores que ya no son ni promesas ni exóticos en los primeros puestos.

Porque tanto Bob Jungels como Julian Alaphilippe son el paradigma del éxito en el trabajo del Deceuninck con sus primeros espadas.

Ambos son los vigentes ganadores de las clásicas de las Ardenas, Flecha y Lieja, y ambos han ganado sobre adoquín y tierra este año.

 

¿Qué está pasando en el Deceuninck?

Pues que no se les pone nada por delante y están resolviendo a placer todas y cada una de las situaciones que se les plantea porque corren si corsés, sin ese plomo que era tener que mirar siempre atrás por si venía Tom, por si guardaba opciones para ganar.

Recordamos aquella Het Nieuwsblad en la que Stannard se bastó para ganar a tres Quick Step, y vemos esto para comprobar que han aprendido la lección y sacado lo mejor de aquellas experiencias.

 

Experiencias amargas, sólo cabía ver la cara de Terpstra y Boonen en el podio con el inglés en medio.

SQR – GORE

 

Harelbeke es una de esas joyas del calendario

Le dicen un pequeño Tour de Flandes, como a otras, pero es que se corre, ya, en el cogollo de la primavera flamenca.

Bob Jungels le ha dado una vuelta de tuerca y Zdenek Stybar lo ha rematado

Una estrategia perfecta que provee la victoria que empezamos a dar por descontada.

Una victoria en dos tramos, con sendas rúbricas.

Bob Jungels poniendo todo al límite, obligando a sacar lo mejor de Greg Van Avermaet y Zdenek Stybar rematando su posición privilegiada.

Al checo no le dio el aire al final y eso fue decisivo en el sprint definitivo.

Los últimos cuarenta kilómetros de Harelbeke son para enmarcar

Un compendio de emociones e imágenes que por mucho que veamos cada año, nos llenan como el primer día.

Y una exhibición de recursos por parte de los azules cuyos extremos van, insistimos, de Alaphilippe a Jungels.

Todos los demás quedan en medio,

Cambrils Square Agosto

 

Julian Alaphilippe es el corredor franquicia del pelotón mundial. 

No sé si un día se centrará en una grande, creo que no haría bien, porque por el camino el ciclismo se perdería un corredorazo que regala momentos de ciclismo de nivel.

Es fino, con clase y certero.

Caja Rural, el maillot que recoge más de treinta años de ciclismo 

Bob Jungels por su parte es una fuerza bruta metido a ciclista. 

Recuerdo aquel Giro que llevó al límite a Andrey Amador durante kilómetros y kilómetros.

Su cilindrada no le da para tres semanas, pero sí para trepadas como las de Lieja o Kuurne o para cerrar huecos en medio de abanicos con la carrera enloquecida.

Pensamos que Harelbeke iba a ser de Jungels, le sobraron siete kilómetros.

Los dos son puntas de lanza, sí, pero también, grupo y equipo: líderes cuando se les reclama pero compañeros que saben guardar las espaldas.

Con esa filosofía, el Deceuninck lleva pero que muy bien la ausencia de Tom Boonen.

Imagen: © Tim De Waele / Getty Images

El respeto que merecen San Remo y Lieja

Bob Jungels Lieja JoanSeguidor

Monumentos como Lieja y San Remo casi nunca decepcionan

El domingo en el camino de vuelta de Bastogne a Lieja, Javier Ares empezó, a eso de treinta para meta, a barruntar que la Lieja estaba siendo una decepción.

Decepción porque nadie se movía, porque el tacticismo se imponía en el pelotón, porque había ánimos fríos, escapada de rigor y peregrinaje por los muros.

San Remo es muchas veces algo similar. Hasta se la ha empequeñecido ante la Strade.

El primer gran monumento se critica muy fuerte. A veces con razón, pero en otras muchas no.

Creo que en ocasiones le pedimos demasiado a una carrera, la que sea, por el nombre que lleve.

Cuando hablamos de monumentos hablamos de otro estadio y eso se percibe en la pantalla.

Hay tensión, nervios y responsabilidad, y a falta de elementos que rompan todo, sea el adoquín de Roubaix o los muros flamencos, la igualdad se impone.

Pero es una igualdad vestida de tacticismo que engaña, porque donde vemos que no pasa nada, está pasando.

Según pasan los kilómetros el ciclista se ablanda. El fondo le desgasta, le pasa la lija y las fuerzas empiezan a flaquear.

Hay cosas que sólo pueden pasar en el umbral de los 240 o 250 kilómetros. Hay cosas que sólo pueden pasar en un monumento.

Es un látigo, ni más ni menos, un momento de descuido de unos, mezclado de genialidad de otros y el resultado es el que es.

Nibali en el Poggio

¿Merece la pena toda la San Remo para ver a Nibali levitar en el Poggio?

Pues yo creo que sí. Es la electricidad y trascendencia lo que te tiene pendiente y expectante.

Cuando Nibali ataca en el Poggio y abre hueco fueron necesarios 280 kilómetros para que muchos se abran y otros no salgan.

El látigo ese, el final de la subida, el descenso y el remar por San Remo completan el paisaje. Es un monumento.

Jungels en Roche-aux-Faucons

Dicen que Bob Jungels se fue como quien no quiere la cosa, pero el momento estaba ahí.

A veinte de meta, la Lieja se volvió a decidir, sin necesidad que todo quedara para el final.

Donde veíamos que no pasaba nada, estaba pasando, Valverde, por ejemplo, no estaba bien, se estaba vaciando ante nuestros ojos pero no nos percatamos hasta que llegó la prueba del algodón.

Y así con otros muchos.

El ciclismo no es sólo el ataque, la brecha, el cierre… es otra cosa, es el vacío por el que caminan los corredores, un vacío que en un monumento te traga y te deja seco.

Conviene repasar estos momentos para convencernos que el ciclismo de gran fondo es una partida sin las cartas marcadas, que merece la pena seguir, si se quiere, y respetar, y ello no excluye las nuevas carreras o las que sorprenden por estridencias a las que estamos menos acostumbrados, tierra por ejemplo.

Todo vale, todo sirve, todo suma y la cabalgada de Jungels y Nibali nos demuestra que no estamos tan equivocados.

Imagen: © Quick-Step Floors Cycling Team – © Tim De Waele / Getty Images

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El Giro anestesiado

Qué bonito sprint para cerrar la primera semana de Giro de Italia. Una llegada emocionante, con susto incluido, el enlace que marcaba un seto en medio de la calzada, y sobre todo el éxito de Caleb Ewan, el tercer velocista de la carrera que veía como Fernando Gaviria iba creciendo y André Greipel se aseguraba su pieza sin que a él no le cayera nada. Poco a poco Ewan sigue sumando, pero si os dais cuenta a una velocidad muy diferente a la que nos tenía acostumbrados, porque una cosa es ganar en extremo oriente y otros paisajes exóticos y otra en la vieja Europa, donde el ciclismo adquiere otro rango y la victoria, la victoria, se vende cara.

La primera semana del Giro se cierra sin sobresalto, plácida y si viéramos los parajes por los que ha pasado, casi paradisiaca, con esas vistas sobre Sicilia, la cintura del Etna, los bosques sardos y los pueblos blancos de la suela de la bota itálica.

Nada en el aparato podríamos decir, sin temor a equivocarnos, nada que pudiéramos presagiar de inicio, hace siete días en el Algero. Cuando uno miraba el recorrido y sabía de los recovecos de las islas itálicas, imaginaba eso que tanto nos gusta dibujar en la mente: tradición, emboscadas y dosis de buen ciclismo. Todo lo contrario, la carrera se ha distinguido por la ausencia total de acción, al menos en lo que a los hombres fuertes en la general se refiere. Un solo movimiento de un ciclista que nos encanta, Bob Jungels, pero que no deja de ser un segundo espada, resume lo sustancias de estos días. Fue un látigo, un fustigamiento justo pero eficaz sobre el resto de favoritos que es recordó que la carrera puede empezar en cualquier momento, aunque los momentos de acción real han sido la excepción.

Y lo vimos en el Etna, donde si se nos permite decir apreciamos mucho miedo y poca vergüenza. Hace un año, a estas alturas el Giro había sido excelente ya de inicio. Tras el arranque holandés, tuvimos una primera semana de altura, con Jungels y Amador en plan estelar, las victorias de Ulissi, la jornada del sterrato con Brambilla en Arezzo. Un Giro cinco estrellas que sin embargo no tenía la nómina de éste, era un Giro que se jugaba entre nombres de menos caché, en general, pero con más ambición, porque la segunda línea de las grandes escuadras es digna de liderar cualqueira de ellas.

Y así vemos como en el Etna había miedo: Mollema, Pinot, Nibali, Dumolin, Nairo, Geraint,… si ni siquiera se tentó a Landa cuando éste quedó descolgado por un pinchazo. Hay miedo, respeto, llamadlo como queráis, equipos que guardan la posición en el pelotón, que no están para historias ni sorprersas, que quieren llegar con todo lo más lejos posible. Un ciclista afeado por su forma de correr como Van Garderen fue uno de los hombres del Etna al poner a los suyos a bloquear la carrera, pronto vendrán los Sky a cascar su trote cochinero. Es la “anglosajonización” del ciclismo, ni más ni menos, es lo que hay, no cabe vuelta de hoja y si éstos se imponen, andamos jodidos.

Porque harán del Giro el Tour, su Tour, y ya sabéis qué es el Tour con los hombres de negro, y sus clones al frente, un sopor, la peor manera de matar el ciclismo y su esencia, una esencia que creíamos a buen resguardo en Italia.

Y a ello se le unen los dos del bando latino. Vincenzo Nibali parece el del año pasado, a remolque de los acontecimientos y confiando en su casta y calidad para revertir la situación. Si os acordáis hace 365 días estaba aún peor y remontó. Su ataque del Etna no sé si respondía a la razón o la corazón, esperemos que a lo segundo, porque si es a lo primero, Amador lo secó pero que muy bien.

Nairo Quintana espera mejores días, si el colombiano ya es de sangre espesa y temple frío, de esos que sólo gustan de atacar una vez, dos a lo sumo, porque no regala una alegría, imaginároslo en esa economía de esfuerzos que tiene que trazar en ese doblete que ansía.

En el Blockhaus, el domingo, se le acaba la tontería, o se mueve o llega a la crono con muy buenos especialistas alrededor. Para entonces acabó el tiempo de la anestesia.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

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Pocas marcas presentan una historia centenaria

Gaviria quiere su cuota

El ciclismo colombiano es, en su élite, algo, no sé cómo definirlo, pero que está tocado por la varita. A ver, las cosas no salen por casualidad, hay talento, a raudales, trabajo, a tonelada, y valentía, muchísima, porque esta gente cruza el charco y se meten en auténticos nidos de tradición y sapiencia ciclista para sacar la cabeza en entornos lejanos donde nada les será sencillo.

Muchas veces hemos hablado del Quick Step del Giro del año pasado, ese equipo solidario y conjuntado. Recuerdo aquella etapa en la que Trentin ganó a Moser, con Brambilla sintiendo el éxito de su compañero como suyo. Recuerdo aquella escapada de Jungels con Amador, en la que el costarricense se las vio para no perder la rueda del portento luxemburgués.

Porque Jungels es eso, un portento, un ciclista que no entiende su oficio desde la especulación y mínimo esfuerzo. En un Giro que hasta el momento está resultando tedioso en su 99%, Jungels y los suyos han dado un exhibición de esas manual, de esas que se pasarán a los críos que el día de mañana quieran ser ciclistas y sueñen con reventar un pelotón com hicieron esta tarde de domingo los azules.

Los últimos once kilómetros son un catálogo de recursos. Como Jungels sobrepasa la punta de carrera, mira una vez, sondea y pide un esfuerzo. A los pocos cientos de metros, otra vez, de nuevo a la carga y cuando se da cuenta son unos pocos y de ellos siete azules en diagonal, desprendiéndose de Greipel en rosa y dejando cortados a expertos en la materia, tipo Geraint Thomas.

La plástica del pelotón rompiéndose en abanico, los semblantes turbados de los ciclistas, la velocidad endiablada,… siempre he pensado que romper un pelotón, descolgar rivales en llano es cien veces más bello que una ascensión que ponga cada uno al límite. Llamadme raro, son gustos. Los Quick Step lo han hecho, otra vez, como el año pasado, y han sido solidarios entre ellos, escasa virtud, donde todos guardan. Jungels iba para la general, pero no escatimó para Gaviria.

Y es que, volviendo al principio, Colombia respira ciclismo en mayúsculas. Fernando Gaviria también quiere su cuota, su cariñito del respetable, como esos familiares que le apretaban en meta. Tanto Nairo, tanto Nairo, Gaviria es colombiano y encima gana al sprint, como cerrando el círculo. En el que tiene que ser el segundo Giro de Nairo, el primer rosa colombiano es para Gaviria, joven, muy joven, que ha roto ese techo de cristal que decíamos ayer, y que a Caleb Ewan le lleva a tan mal traer.

Paso a paso, Gaviria crece, saca la cabeza en ese entorno centenario de ciclismo que es Italia, La mala suerte que algunos le atribuyen a Greipel, es la que él sufrió otras veces, recordad San Remo el año pasado. Veremos a dónde le llevan esas maneras, pero su objetivo ya lo ha logrado, y antes de que el Giro saliera de Cerdeña.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

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El nueve del Giro

Excelente, una nómina excelente trae este año el Giro de Italia, el número cien y no sé si será por ese número, pero desde luego que la corsa rosa tiene muchos argumentos, nombres y apellidos para ser seguida con atencion durante las próximas semanas.

Por ser el vigente ganador, el dorsal número uno, dos veces triunfado aquí, y cuatro de grandes vueltas, por ser un corredor indescifrable, que gana vueltas en el sprint final, en pequeños cortes, Vincenzo Nibali debe encabezar el pronóstico, incluso siendo ese ciclista que anda lejos de cuando dominó el Tour, hace tres años, porque cuando no le da el físico, este siciliano coge el mapa, sondea el itinerario, hurga en el recorrido y sabe buscarte las vueltas para que, en un momento dado, las cosas den un tumbo y caigan de su lado. Por todo Nibali es la niña de los ojos de este Giro.

Un Giro en el que no estará con él, su querido y fiel escudero Tanel Kangert, supongo que ajeno al 99% de los pronósticos, pero atractivo a los ojos de este mal anillado cuaderno, por tratarse de uno de los mejores gregarios de los últimos Giros que llega ahora en calidad de líder de un equipo, el celeste Astana, muy mermado por la horrible pérdida de Michele Scarponi y la baja de Fabio Aru, un tipo que debe estar muy jodido viendo como la carrera saldrá de su isla sin él en la contienda.

Y siguiendo con outsiders, nos emociona la baza de Bob Jungels, sexto y mejor joven hace un año con un recorrido interesante para él y un año más de experiencia en el zurrón. Se prevé un Giro clave para la perla luxemburguesa que puede domar su suerte futura si aqui le van bien las cosas, algo similar que ocurre con ese excelente contrarrelojista australiano que se llama Rohan Dennins, quien hace un tiempo dijo querer emprender un camino similar al de Wiggins, de la pista a aspirar al Tour, y que en este Giro llega con galones, más que nada porque el amigo Van Garderen no despierta.

Volviendo al panel fuerte de favoritos, damos un salto y nos quedamos en el segundo peldaño, alegrándonos que Thibaut Pinot se haya decantado por el Giro, consciente que en el Tour ha caído en un bucle difícil de sortear. Se puede ser grande si estar en Francia en julio y Pinot nos lo puede demostrar, la anarquía que reina en el Giro es más sencilla de gestionar desde su indescifrable forma de correr y entender este circo. Va bien contra el crono y escala a las mil maravillas, para mí es el tapado de esta carrera.

Pues Pinot está eclipsado por grandes nombres, y entre ellos, el de Nairo Quintana, que si tuviera que jugar mi dinero se llevaría casi toda mi apuesta. El colombiano está en capilla de algo que veo muy complicado que realice, Giro + Tour casi veinte años después que Pantani, sin embargo en Italia creo que tendrá chance: conoce la carrera, la ha ganado, banderín del Stelvio incluido, y el recorrido le va bien. Otra cosa es el Tour, donde Froome, si está como otras veces, no va a dejar ni las migas.

Si alguien puede evitar que Nairo haga de la carrera un paseo sobre alfombra rosa es Mikel Landa. Sólo con que esté como hace dos años, sería un duelo de altura, rayando el cielo del ciclismo y propinando grandes momentos, ahora bien, el alavés es tal y como lo pintan: una caja de sorpresas que esconde más que enseña y que ni siguiera en su equipo se atreven a fiarlo todo a él, por eso la entrada de Geraint Thomas, como segundo o primero de abordo, quién sabe lo que dirá la carretera y el gerol con el que se levante Landa en los dias importantes.

Tendremos la lupa sobre Adam Yates en la grande que debe confirmar el maillot blanco del Tour y un resquicio de nuestro corazoncito en Steven Kruijswijk, para mí sin duda el protagonista del momento ciclista del pasado año, cuando cayó contra una nevera helada del Agnelo por trazar inseguro en un descenso en el que Nibali demostró el porqué de su fama. No creo que el holandés gane, pero ojo, porque puede ser actor importante y hacer que otro pierda. Me apena ver que sólo brilla en el Giro, como un Hesjedal cualquiera, pero a día de hoy lo situaría en el escalón alto de la gente con opciones a hacer algo importante.

Ahora sentados, cómodos y adelante, porque la carrera más bonita del planeta celebra 100 ediciones, una cosa que pasa una vez en la vida y que seguro que forrarán la bota de rosa y fiesta, siguiendo los pasos de Garibaldi y los suyos cuando cogieron hace 156 años aquella suma de estados independientes para dar forma a lo que hoy llamamos Italia.

Imágenes tomadas del FB de Giro de Italia

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#Top2016 El punto de inflexion de Bob Jungels

No sé si le valdrá el símil, pero la ultima vez que un luxemburgués brilló en el Giro de Italia, fue maglia blanca y pisó el podio se llamaba Andy y apellidaba Schleck. Con el paso de los años, Andy quizá no fue todo lo que esperábamos que fuera, pero sin embargo pisó fuerte mientras pudo, fue protagonista en el Tour, ganó una Lieja y caló en el aficionado medio.

No sé si le valdrá, como digo, el antecedente, pero el Giro de Italia de Bon Jungels puede ser ese punto de inflexión en la trayectoria de un ciclista, esa brizna que tuerce, para bien, el camino de un corredor que viene prometiendo desde hace tiempo, pero que necesitaba ese barniz de resultados que todos acaban buscando en competición.

En el Giro Jungels tuvo de todo y principalmente cosas buenas. Leyó la carrera en torno a dos cronos, la de Chianti y Alpe di Siusi que le dieron aplomo en la general. Sin embargo su reto estaba en las etapas de Dolomitas y Alpes. Salió relativamente vivo de la escacechina de Corvara y se marcó una última semana de excepción. No estuvo con los mejores, aún tiene 24 años, lejos de su mejor punto, pero rodó cerca, cazó la fantástica escapada que se armó el día que ganó Valverde y ya no le quitaron de un top ten que muchos jóvenes habrían dejado escapar ante el tamaño de la hazaña.

Sexto en la general y mejor joven fueron el premio sustancial, pero también el haberse ganado el favor del público con una segunda semana de carrera en rosa y corriendo al ataque, sí, de frente y sin miedo, como sin la carrera acabara esos mismos días. Jungels se enfrentó a la presión, la agarró y se metió en la pelea. Genial el día que se escapó con Amador, lo llevaba tan en el filo que sufríamos por el costarricense.

Jungels cerró 2016 como la temporada que lo situó entre las revelaciones del pelotón, siendo parte del equipo del Etixx que renovó la corona mundial en Qatar, un hecho ya de por sí histórico en esta singular carrera. Su perfil de rodador sí que al menos encontró lo que necesitaba en Qatar. Es curioso, los mejores momentos colectivos del año para el Etixx, llegaron con Jungels: tanto en Qatar como en el Giro, donde los azules fueron auténticos killers ganando, y ganando bien, incluso a veces mostrando complicidades raras de ver en este ciclismo tan moderno, como la del propio Jungels con Brambilla.

Ahora, para el garante del ducado viene lo complicado, refrendar lo prometido y demostrar que por sus genes corre el mismo cromosoma que los pocos pero muy buenos ciclistas que dio su pequeño país.

Imagen tomada del FB de Giro de Itala

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