El rodillo es azul y se llama Deceunick

Florian-Senechal-Le-Samyn-1---_Luc-Claeesen---Getty-Images JoanSeguidor

Sénéchal prosigue la historia que Jungels dejó en suspensivos…

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Qué final más bonito de Le Samyn. 

Es primavera en esencia, carrera con cuatro World Tour, 200 kilómetros, adoquines, muros y en Valonia.

No en Flandes.

Pero poco importó, la primavera, en la ceja que limita Francia con Bélgica, sabe a gloria, su ciclismo es bonito, te quita el sueño y te entretiene como si fuera un monumento lo que está en juego.

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Lo habíamos dejado con Zdenek Stybar ganando la Het Nieuwsblad.

Retomamos la crónica en la Kuurne-Bruselas-Kuurne.

Una crónica que escribe de su puño y letra Bob Jungels, el misil que viste los colores de Lumxemburgo y que rodó como los ángeles en la primera gran exhibición de la primavera, manteniendo el pelotón a distancia durante kilómetros y más kilómetros.

En una clásica de adoquín, triunfó el vigente ganador de Lieja.

Valonia, Flandes, Flandes, Valonia… tanto monta porque en Le Samyn el ganador fue francés.

Y fue un hombrecito de azul, un poderío en la pedalada, y en el control, un eslabón más en el Deceuninck.

Florian Sénéchal no ganó el año pasado pero su nombre asomaba en la segunda línea del wolfpack.

Como los nombres de Cavagna, de Jakobsen.

Es la segunda línea del entonces Quick Step, hoy Deceuninck, que cuando se la reclama sale y juega a ganar.

Porque Le Samyn fue una pizarra que los azules movieron a conveniencia ante una concurrencia nada sencilla.

Entre adoquines descarnados y cotas sin desnivel, Sénéchal se plantó como la carta de Lefevere frente al poderío neerlandés.

Lars Boom y Niki Terpstra se movieron tarde, pero con tiempo que coger la cabeza y hacer trizas lo que quedaba de vanguardia.

En cada movimiento, en cada alarde, Sénéchal, se ponía paralelo, les miraba y desafiaba el poder establecido.

Teníamos expectación por ver a Terpstra fuera de la manada: ya sabe lo que es correr contra tres o cuatro del mismo equipo y no en el tuyo.

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El francés corrió de diez, manteniendo a raya el poder tulipán y guardando las espaldas de Tim Declerq, que nadó y nadó para acabar en la orilla.

Volvió a ganar el Deceuninck, el equipo de las maravillas y aún hay quien dice que no le conviene a Enric Mas.

Pero si es una máquina de ganar y de pertrechar estrategias exitosas, estar aquí es respirar ambición y poner el alma en cada momento.

Y mientras Enric crece y se hace, no puede estar en mejor grupo.

Un grupo que lleva trece victorias, el pleno en las clásicas y amenaza con nuevas conquistas.

Las carreteras blancas escribirán el nuevo párrafo.