Lieja-Bastogne-Lieja: A Bob Jungels le tocó ganar

Bob Jungels

En Lieja le tocaba ganar a Jungels

No sé cómo lo hacen, cómo lo planean, cómo lo distribuyen, pero el carrusel de victorias del Quick Step es un prodigio. Bob Jungels ganó el «perrito piloto».

Una victoria labrada con calma, cocida a fuego lento, ritmo cansino, Lieja, otra vez decepcionante, hasta que todo se disparó en Roche-aux-Faucons.

Ahí, en la recta empinadísima a 20 de meta, que es un Alpe d´ Huez cuando llevas 240 en las piernas, la cosa se disipó.

Tomó sentido, todo el sentido, que el  Quick Step marcara La Redoute al ritmo de Enric Mas.

Las Redoute, el alto que lo rompía todo, ahora queda como el monumento paisajístico de la grandeza que un día tuvo en la carrera más vieja de entre las más viejas.

Bob Jungels Lieja JoanSeguidor

Un ataque para la victoria de Bob Jungels

Roche-aux-Faucons en una subida que debutó en Lieja hace diez años.

Entonces la exhibición de Purito en favor de Alejandro Valverde, aquel Purito que vestía su icónico maillot de campeón de España, puso en rojo el lugar.

En rojo sobre el mapa, azul en la práctica.

Quick Step maneja pasta, pasta larga, tiene talento e incluso estrellas, pero manejar eso no es sencillo.

Y en esa gestión, los azules son un reloj.

Abrió la fiesta Philippe Gilbert, anunciaba el valón el ataque de Bob Jungels, una leve pero sutil aceleración que abrió un hueco ya imposible de reducir.

Bob Jungels, con su maillot de campeón luxemburgués, ha sido paisaje fijo en la victoria de otros compañeros.

Hoy le ha tocado a él.

Qué prodigio de rodar, de darlo todo en condiciones de cansancio que excede lo normal.

Bob Jungels es un dignísimo ganador de la Lieja-Bastogne-Lieja. Es que sólo decirlo apabulla.

Nueve años después de Andy Schleclk, el mismo que universalizó el tricoloro luxemburgués, Jungels le toma la pista.

Las Árdenas de Alejandro Valverde

Bob Jungels echó el resto, lo que tenía y lo que le quedaba.

Cruzó la meta exhausto, nos recordó a Terpstra en Harelbeke. Llegó con lo justo para celebrarlo.

Jelle Vanendert le exigió e San Nicolás, pero se fundió. Otra vez Wellens de vacío.

Y no era sencillo para el del Lotto, porque el Quick Step cerró el círculo con un Julian Alaphilippe, cuya fama le precede. Verle a rueda le quita las ganas de tirar a cualquiera.

¿Y Valverde? pues como otras muchas veces no ha podido, y no, no hablamos de una derrota, hablamos de una tormenta perfecta sobre él. Todos corren a lo suyo y por medio le llevan a él por delante.

Es más, Movistar esta vez no ha podido estar ahí como otras veces y eso es decisivo.

No creo que se pueda hablar de edad ni nada similar en este resultado, las cosas no han salido, y punto. Como otras tantas veces.

Esta primavera, lo dijimos tras Flandes, ha sido azul, «azul Quick Step».

Imagen tomada de FB del Quick Step

INFO

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El final feliz

Corre cierta euforia, totalmente justificada a mi juicio, sobre la belleza del Giro. Dicen las redes, personas individuales que crean opiniones colectivas, que no hay día que no pase nada, que no hay jornada sin emoción, etapa que no nos deje ojipláticos. Totalmente de acuerdo, insisto, y añado, si a todo eso lo envuelves de ciudades increíbles, arcadas irrepetibles, basílicas de vigías y avenidas que trazaron los maestros barrocos junto a los pedruscos y nieves dolomíticos, tienes el Giro, la carrera más dura en el país más hermoso.

La jornada de Pinerolo era especial porque marcaba el último ciclo de la carrera, la antesala de los Alpes. En medio de la llanura piamontesa, a medio camino entre Turín y Sestriere, la ciudad de Pinerolo, de donde partió la cronoescalada triunfal de Indurain en 1993, tenía la llave de los Alpes, era un antipasto y caso nos ha ofrecido un plato principal.

Tan mal avenidos durante la primavera, y tan centrados en este Giro, los Etixx han dado una lección de correr en equipo, otra más, al estilo de la de Brambilla y Jungels el día que vimos una maglia rosa trabajar para una maglia bianca.

Las comunicaciones, eso que equipos de sello telefónico dicen que a veces no funciona, han sembrado el camino del equipo belga para que un killer con todas las palabras, Matteo Trentin, gane en un desenlace fantástico. “Me dijeron que venía Trentin y dejé de colaborar”. Eso es Brambilla, eso es hacerlo fácil, sencillo, sin complicaciones, ciclismo sin tonterías. Luego, eso sí, había que sufrir, y Trentin lo hizo en el empedrado previo a la meta. Moreno Moser estaba jodido sí o sí.

La victoria de Trentin llega un día después de dos hechos relevantes, que quizá os hayan pasado desapercibidos. El primero en la órbita del propio Etixx, cuyo magnate, Patrick Lefevere ya ha fijado sus ojos en la perla del ciclismo belga, Wout Van Aert, campeón jovencísimo de todo en ciclocross que ganó el prólogo de la Vuelta a Bélgica, algo que no puede pasar desapercibido. Ojo porque tenemos “un Stybar” en ciernes.

El otro hecho es que mientras un ciclocrossman como Van Aert ganaba un prólogo, un pistard, Roger Kluge, como bien me apuntó el seleccionador Salva Meliá, ganaba en otro final antológico del Giro a nada menos que Pozzato de quien pensaábamos que sólo quedaban los tatuajes. Kluge va a ir a Río, estuvo ya en Pekín. Tanto el alemán como el belga demuestran que hay vida más allá de la carretera y que ésta, “manque” les cueste entenderlo a muchos, puede picotear fuera de sus límites porque quien es buen ciclista, puede serlo todos los terrenos.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia