El Sagan suizo

Ayer mismo lo hablaba, de un tiempo a esta parte no sé si es por la carrera en sí, por la inercia de los grandes nombres, por lo que sea, pero la Vuelta a Suiza camina discreta por el ánimo del aficionado que mira y se fija más en lo que pasa en el Dauphiné. Una semana más cercana al Tour, la dureza intrínseca del país alpino por excelencia, y eso que meten etapas al sprint, y que el Dauphiné es el Dauphiné, y quieras que no es una carrera que se desarrolla por donde el Tour pasará a las pocas semanas… Sea por lo que sea Suiza va por un segundo escalón.

Eso no nos impide ver una carrera bonita en desarrollo y sobre todo por el escenario, sea rural, como las colinas hundidas y rectas del Ticino de hoy, o la bellísima y singular ciudad de Berna, un sitio que cualquiera querría para sus hijos.

En el avance competitivo poco hemos visto, pero sí lo suficiente para apreciar que Carlos Betancur no será de la pugna por la general, una de cal y otra de arena, ni Tom Dumolin, al que muchos colgaron el cartel de favorito cuando creo que lo complicado es presentar un estado decente varias semanas después de ganar una gran vuelta.

Sea como fuere nos quedamos con la llegada ticinesa y Peter Sagan, qué final, si no lo habéis visto, hacedlo. Significaba la decimoquinta victoria del eslovaco en Suiza, una de esas carreras que como en California, es una institución. Y esa victoria tan redonda llegó tras un ataque a unos trescientos metros de meta que dejó tocados, y hundidos, a concurrentes del nivel de Trentin, Matthews y Degenkolb, sin obviar al siempre efectivo Albasini, quienes cuando quisieron darse cuenta, Sagan les había reventado.

El eslovaco tiene siempre buenas vibraciones en Suiza. Recuerdo ese puerto en el que destrozó a los rivales a lo “Vandebroucke en Serranillos”, no sé si el año pasado o hace dos. Sagan está a punto para el Tour y agrandar más aún su leyenda verde, empequeñeciendo gente como Erik Zabel o Sean Kelly, que son los espejos donde se mira.

Otra fue la celebración, ahora a lo hawaiano. Juega con fuego Peter, que en alguna ocasión ya le recriminaron su exaltación de la alegría. Obviamente es muy libre de mostrarse como quiera, y de paso el producto, y por supuesto la bicicleta, que buen gasto hace para tenerle contento, pero esas algarabías son envenenadas.

Sin embargo, con lo que yo me quedo es con la imagen del equipo, los compañeros de Sagan entrando en meta en una alegría celebrada al unísono. Hay una toma que habla de tres ciclistas celebrando el triunfo justo en los metros finales, con Sagan delante, a la vista de todos ellos. Es todo como muy suizo, puntual y coordinado, como Sagan en Suiza, donde se transforma en una perfecta máquina de sumar, casi casi como Rui Costa, que como muchos compatriotas, encuentra aquí la fortuna que se le niega en otros lados.

Imagen tomada de Bora

INFO

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