Entre Froome, Cavendish y Wiggins, no sabría elegir

Froome, Cavendish y Wiggins son historia viva del éxito británico en ciclismo

Pasa cada cierto tiempo que en un sitio, en un país, bajo una misma bandera se da una confluencia como la que se dio hace unos ocho años en UK con Froome, Cavendish y Wiggins.

Una circunstancia que no pasa por alto la gente…

¿Qué sucede?

Que cuando se propone ordenarlos por importancia o trascendencia no das pie con bola.

¿Cómo puedes elegir entre Froome, Cavendish y Wiggins?

Es obvio que en este lado de los Pirineos rápido te pondrían los cuatro Tours de Chris Froome y todo lo que le sigue, pero eso sería injusto e incompleto.

Es todo mucho más complicado.

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Cuando Chris Froome corría en el Barloworld, cuando no era conocido, Wiggins ya había abierto el melón olímpico en la pista y Cavendish amasaba triunfos por doquier.

A saber, la cosa empezó aquel día que alguien desde UK comprendió que el ciclismo podría ser una buena inversión para trepar puestos en el medallero olímpico y se pensó en el patrocinador de loterías y esas cosas.

Entonces, un larguirucho londinense nacido en Gante llamado Brad Wiggins entró en la órbita de la selección británica para Sydney.

Ganó un bronce hace ya veinte años pero fue a más, incrementó la apuesta en Atenas y lo ganó todo en Pekín.

Ese ciclista inexpresivo con aire hippie y despreocupado ya era una leyenda en UK, pues pocos valoran un metal olímpico como un país anglosajón

Wiggins creció en el Tour, mientras Dave Brailsford lo visitaba de incógnito hasta llevárselo al Team Sky, pagando la cláusula de Jonathan Vaughters, hace once años por estas fechas.

¿El objetivo?

Que un británico ganara por primera vez el Tour… ya sabéis qué pasó a los dos años.

Mientras Mark Cavendish crecía a golpe de riñón apabullando  aquí y allá, pero en especial en el Tour, donde cimentó un legado de etapas que ahora mismo sólo mejoran Merckx e Hinault.

Podríamos decir que Cavendish y Wiggins abrieron el camino que con el tiempo Froome seguiría y perpetuaría hasta la excelencia.

Quedarse con el palmarés sería por tanto una parte de la historia, más cuando viajas a UK y te percatas de la perenne admiración que le tienen a Cavendish y el constante recuerdo a Wiggins, al parecer algo agobiado por las deudas.

Por eso, aquí, ahora, no nos atrevemos a elegir ni priorizar entre ellos tres.

«Son demasiado importantes para tener que escoger» nos dijo uno que corrió con ellos tres, por lo dejamos a gusto del consumidor.

Imagen: Pinterest

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¿Qué día supimos de Chris Froome?

Chris Froome

Aún recordamos la jornada de La Covatilla que puso a Chris Froome en el mapa

Permtidnos irnos siete años atrás, entonces estábamos en la antesala del primer monumento, Milán-San Remo.

Mientras Brad Wiggins corría en el anonimato alimentando su esperanzada de ganar el Giro y hacer una digna defensa del Tour, el otro gran puntal del Team Sky había despertado rápido esa temporada.

Con la general, más etapa del Tour de Omán, y una segunda plaza, y otra etapa de la Tirreno-Adriático, Christopher Froome sí que era un producto cien por cien Team Sky.

Los compañeros suyos que ganar y dotan de prestigio al equipo venían de otros lares donde ya dieron la nota por su rendimiento, en el caso de Froome empezó, creció y llegó a lo que es dentro del mismo equipo.

Lo que son las cosas, aquella Vuelta de 2011 le supuso una especie de ultimátum para el ciclista de origen keniano.

Llegó a esa carrera en un mar de dudas y la certeza de que podría ser su última carrera con los ingleses y salió de la misma como rutilante estrella y potencial ganador de cosas grandes.

Gran Fondo World Tour: un circuito de ciclismo que nos espera x medio mundo

Supimos de Froome, al menos el gran público, ese día de La Covatilla, donde su líder de equipo, siempre Wiggo, realizó el primer test de fuerza que evidenció madera de vueltómano en ese pistard. Froome apareció raudo al día siguiente en la crono de Salamanca y entonces se solapó a la vanguardia de la carrera.

Las estrecheces tácticas de su equipo le condenaron a la segunda plaza.

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Si en el equipo rival, Matxin tuvo la certeza de que Cobo era su hombre frente a nombres más consagrados, el Sky dudó y para cuando quiso apoyar a Froome, una vez superado el Angliru, era demasiado tarde.

Ocho años después le darían aquella Vuelta. 

La campaña 2012 fue para Froome muy diferente a la 2013.

Ausente durante el primer tercio, sólo asomó el morro en el Dauphiné, antesala del Tour.

Luego en éste corrió frenado por Wiggns.

En esta ocasión los galones pesaron y los momentos de incertidumbre que no les propinaron los Sky, llegaron desde dentro.

Aquel Chris Froome nos recordaba mucho a aquel talento desbocado y furibundo llamado Alex Zulle.

Sus requiebros y torcido gesto en el umbral del esfuerzo marcaban el carisma de un corredor que en los descensos ofrecía dudas.

De aquel Froome al actual han pasado muchas cosas, siete grandes, siete años, visto ahora es un regalo de corredor.

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Ciclismo británico, una crisis silenciada

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La base del ciclismo británico pierde equipos a un ritmo importante

El ciclo olímpico que se corona en un año en Tokio 2020 puede ser un cambio de paso en la dorada historia del ciclismo británico.

Una historia que arrancó en Atenas, hace quince años, que copó las medallas del velódromo y de ahí al Tour de Francia, Team Sky e Ineos, y nombres que son el olimpo de las dos ruedas por las islas, de Froome a Geraint, pasando por Bradley Wiggins.

Éste último ha apadrinado su equipo, el Team Wiggins estos años.

Una muesca más en el dulce momento de este ciclismo británico que ha marcado el paso en el Tour, como punta de lanza, pero también en otros escenarios.

 

Y así el Team Wiggins ha sido cantera y trampolín de corredores como Owain Doull, Scott Davis, Chris Lawless, James Knox, Gabriel Cullaigh, y Mark Donovan, sin obviar el polifacético Tom Piddock, quien muchos esperan verle como alternativa al dominio de Van der Poel y Van Aert en ciclocross.

Bradley Wiggins, estos días por la Vuelta ejerciendo de comentarista para Eurosport, dice que esto no da más de sí.

Su imagen no es suficiente y no tiene tiempo para sacar dedicarle a un equipo que por otro lado, leemos que pone su día a día en manos de otros técnicos.

Wiggins en definitiva da la imagen, que no es poco. 

 

 

Si el equipo no crece no merece la pena seguir, parece argumentar Wiggins.

Su enseña en un maillot tiene los días contados hasta el final del Tour de la Gran Bretaña.

Y es que el goteo de equipos británicos que dejan el ciclismo no está siendo pequeño.

Equipos icónicos como el Madison también echan la persiana, equipos cuyas fotografías han prendido como la pólvora, con esos diseños, esos aspecto retro que han sentado escuela entre otros ciclismos y aficionados.

 

Y así vemos que lo que se dijo un día sobre el ciclismo y la financiación de los equipos empieza a pasar una factura importante, casi decisiva, al punto que muchos caen en el camino.

Quizá ahora quede mirar hacia arriba, hacia el Team Ineos, y preguntarse los motivos por los cuales la escuadra más poderosa del mundo, financieramente hablando, no se la juega montando ellos una estructura vertical que contemple la base.

Más de uno en UK se pregunta qué hace el Ineos picoteando joyas de uno y otro y no se pone él mismo a pulir corredores.

Ahora que caen las piezas de la base del ciclismo británico, el Ineos podría echar la red bajo un ciclismo que pierde actores a un ritmo que asusta, sobretodo teniendo en cuenta el vergel que creemos que es ciclismo británico.

Los que vienen tras los pasos Doull, Piddock y compañía necesitan aire hasta llegar a la elite.

El ciclismo británico ha sido un ejemplo de gestión cuyos resortes ahora están comprometidos.

De cómo salga de ésta, va el futuro de la potencia que pasó de ser emergente a hegemónica, no en vano, el año pasado ganaron las tres grandes.

Imagen: FB de Wiggins

 

Si Froome hubiera atacado a Wiggins…

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A Froome las cosas no le han ido mal tras respetar el mando de Wiggins en el Tour 2012

En el mapa del dominio que ha dibujado el Team Sky esta última época del ciclismo, el Tour de 2012 fue la puerta al infierno.

Hubo una precuela curiosa, que ganó un tipo singular del que rara vez se volvió a saber, Juanjo Cobo, quien tuvo el «honor» de ser el último y único que dejó a dos Sky en la parte baja de un podio.

Eso fue en la Vuelta 2011, al año siguiente las aguas bajarían por el cauce normal, por que hemos visto desde entonces, año tras año, Tour tras Tour.

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El tren negro de entonces ya se pergeñó en el Dauphiné de antes: Boasson Hagen, Rogers, Porte y Froome debía secundar la gran y multimillonaria apuesta que Dave Brailsford había hecho por Wiggins.

Así fue durante el Tour, pero Froome, que entonces era joven e inexperto, tuvo dudas del plan trazado.

Aquella jornada que Bradley Wiggins caminó por el filo, etapa con final en La Toussuire, el propio Froome tuvo dudas, admite hoy dudas.

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Unas dudas que venían fundadas de la debilidad de Wiggins en la montaña de la Vuelta, diez meses antes, y también por que Froome, como todo hijo de vecino, tenía sus ambiciones.

Ambiciones que se disparan cuando, te pones a tirar o haces un cambio de ritmo y ves gente sacando el cuello por encima de la camisa.

El 18 de mayo tienes dos desafíos por Guadarrama 

Aquel Froome, el del molinillo, el anterior a su primer Tour, aquel del Ventoux y las mil teorías sobre sus aceleraciones, era una máquina de matar.

 

Chris Froome admite la tentación pero para su bien y el del equipo no quiso saltarse el plan establecido.

Al final, por eso, e incluso con la debilidad mostrada, Bradley Wiggins ganó esa carrera con más de tres minutos porque aquel Tour, posiblemente, fuera el último que tenía contrarrelojes decentes.

 

 

Froome pensó entonces en los Tours que habían de venir

Él tenía margen y Wiggins estaba en la cresta de su madurez física en la carretera, madurez física, y también mental, porque con el tiempo vimos que lo que el largo Sir logró ese verano ni se lo plantearía de nuevo.

Fueron tantas las servidumbres, el sacrificio y el dolor de aquellos meses que una y no más.

 

Sin embargo, nadie puede escapar al escenario lúbrico de un ataque de Froome que desarmara a Wiggins.

Froome pensó entonces en muchos Tours por disputar.

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Hoy ha ganado cuatro, y opta a un quinto, pero verte en la pomada de la mejor carrera del mundo es algo que, o coges muy fuerte, y luchas por ello, o a veces no te vuelves a ver en una igual.

 

Chris Froome fue frenado entonces, le hicieron volver al redil.

En el Team Sky no hay vaciles sobre liderazgos y jerarquías, y se han mantenido incluso en circunstancias desfavorables.

Hoy, siete años después, Chris Froome podría contar cuántos corredores han tenido que echar el freno por ayudarle a él.

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«Hoy por ti, mañana…» Chris Froome tuvo las luces entonces de parar, como han parado por él grandes corredores tipo Richie Porte, Wouter Poels, Geraint Thomas, Michal Kwiatkowski o Mikel Landa.

Corredores que muy posiblemente nunca llegarían al nivel de su líder, pero que sí demostraron tener piernas para hacer algo bonito.

Algo que para desgracia del espectador siempre quedará en la imaginación que este ciclismo del Team Sky ha empequeñecido.

Un Team Sky que desde ya se llama Team Ineos.

¿Qué hubiera pasado en el Team Sky si Froome no hubiera esperado a Wiggins?

Imagen tomada: Eurosport

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Una crono que es una obra de arte

París-Roubaix de 1997

Cuando describo la tensión y calambres que recorre un ciclista en los momentos de frenesí deportivo, siempre recuerdo una imagen de la París-Roubaix de 1997. Llegaban los mejores al velódromo, era un grupo numeroso. En un momento Andrei Tchimil lo prueba.

El buen velocista francés Frédéric Moncassin salió a por él.  Estuvieron un trecho, no recuerdo cuánto, quizá algún kilómetro, separados por escasos metros en una invisible tela, un punto de no retorno que finalmente no se rompió

Las imágenes hablaban por sí solas, las caras deformadas, el torso inclinado, los gemelos rehundidos,… todo indicaba eso, que se estaban dejando la vida.

Una crono ciclista diferente

Hoy hemos visto una de esas cronos que marcan una época. Rara vez, por no decir nunca tuvimos la sensación que un mundial contrarreloj llegaba con dos o tres aspirantes del calibre de Fabian Cancellara, Tony Martin y Bradley Wiggins en buena forma.

Todos por separado habían dado muestras de la virtud que alcanzan sobre una cabra, sin embargo, juntos y revueltos no los habíamos visto muchas veces, pues por lo que fuere uno de los tres acababa por descorchar la crono desde los primeros instantes.

Pero en el trayecto de casi sesenta kilómetros entre Montecatini y Florencia apreciamos lo que puede ser calificado de crono perfecta, engrandecida incluso por la sutil remontada  de Brad Wiggins.

Está claro que, aunque no sea el año del inglés, la competición es un plus, y la Vuelta a España lo da, pero al parecer Gran Bretaña también, sin embargo un tipo como Wiggins, con todas las objeciones que le pongamos, hay que tenerlo muy en cuenta.

Pero de salida, materializando el duelo, estuvieron Zipi y Zape, dos corredores que se buscan, se tantean y se encuentran con una cabra entre las piernas. En la Vuelta a España Cancellara le arruinó una etapa y le ganó una crono a Martin.

El alemán, callado, tímido, cual silbido calló.

Martin es un superclase

un ciclista de una categoría atemporal, no bate la bicicleta, la acopla a su ser, redondea su perfil y talla una figura que, puesto que estamos en Florencia, inspiraría al propio Benvenuto Cellini, el hombre que dijo haber logrado la escultura perfecta (justo la de aquí abajo).

El Mundial contra el reloj cumple 19 años.

Recuerdo la primera edición, en la italiana isla de Sicilia, donde ganó un prohombre llamado Chris Boardman y asomó por el podio un pecoso  y juvenil Jan Ullrich.

Al año Miguel Indurain lograba nuestro triunfo más sentimental y a los cuatro Abraham Olano superaba a Melchor Mauri en Valkenburg. Desde entonces hemos visto ganar cuatro veces  a Cancellara y tres a Michael Rogers, las mismas que a Martin.

Buenos triunfos, qué duda cabe, pero alejados de la intensidad que visitió la performance de esta tarde. Cancellara y Martin, Martin y Cancellara, gracias por el momento, por la hora larga, de esfuerzo, entrega e incondicionalidad.

Sois grandes, y Wiggins, también, “of course”.

Mientras España vivía en la ignominia de culebrones y putiferios televisivos, habéis dado un espectáculo maestro, ni más ni menos que al nivel de los grandísimos nombres que soñaron Florencia y dieron la ciudad que hoy me perturba.

Bradley Wiggins nunca nos deja indiferentes

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Las palabras de Wiggins sobre Armstrong demuestran que todos miran por lo suyo antes que por el ciclismo

El otro día Bradley Wiggins, en intensa promoción de su libro, habló de Lance Armstrong como no lo hubiera hecho esos días que era vigente ganador del Tour.

Ya sabemos que hablar o no de Lance Armstrong da rédito y te pone en titulares.

Entiendo que a Wiggins le mueve eso, porque de otra manera, rara vez tal cambio de opinión en tan poco tiempo.

Bradley Wiggins sufrió el legado de Lance Armstrong

Las palabras amables de Wiggins hacia el americano, que le han valido reprimenda del presidente de la UCI, no se pueden entender si no es en el contexto de una promoción.

El inglés tuvo que sortear, y sigue embrollado en cierto modo, miles de insinuaciones sobre su triunfo en el Tour.

Y muchas de ellas venían en medio de la tormenta de Lance Armsntrong, en los días previos de su confesión con Oprah.

A Wiggins se le cuestionó todo, desde su frágil físico, a su condición de pistard…

Y con esa cruz siempre ha cargado.

Él que habló y habló de ciclismo limpio, campeón olímpico en Londres, en los juegos de la renovación…

Entonces dijo que hoy admite tenía que decir: que el americano fue un fraude, una pesadilla para este deporte, un cáncer…

Pero hoy vira y cambia el criterio.

Y al mismo tiempo no escatima púas contra su Team Sky, que tendrá mil defectos, pero que fue el equipo que le puso en la cima del mundo.

Así envía Nacex tu bicicleta 

El ciclismo inglés, tan idílico en apariencia, tiene también lo suyo, como todo hijo de vecino.

Bradley Wiggins ha sido posiblemente el corredor mas singular que hayamos visto nunca, pero esto no es de recibo.

Al final, lo de siempre, cada uno mira por lo suyo y casi nadie por el ciclismo.

Bradley Wiggins justifica a Lance Armstrong

Bradley Wiggins JoanSeguidor

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Para Wiggins, Armstrong es icónico, no un icono

La vida caprichosa, azarosa, cada día en un sitio, en un lado del burladero, si nos permitís un símil taurino.

Bradley Wiggins, por ejemplo. 

Hace unos años despotricaba contra Lance Armstrong.

Sobre todo cuando la confesión con Oprah.

En parte porque a él le tocó lidiar con parte del pesado legado que el americano le dejo a su deporte.

Dice, ahora, que opinaba influenciado por la «máquina de lavar» cerebros que es el Team Sky.

Recién ganado el Tour de Francia no era de recibo hablar bien de Lance Armstrong.

Era mancillar el triunfo nada más logrado.

Wiggins sin embargo, en ese laberinto por el que parece vagar eternamente, ahora ve el lado humano de Lance Armstrong.

Si entramos en el imaginario ciclista, si buscáramos un tío en las antípodas de Wiggins, pensaríamos en el americano.

Pero no, para Wiggins, Lance Armstrong «te guste o no, es icónico, lo que no significa que sea un icono«.

A veces hay un poco de lo de siempre, prensa que acosa, prensa que escribe lo que la gente leer u oír, et voilà, derrumbe de la figura de Lance Armstrong.

Es curioso leer a Wiggins defender a Lance Amstrong. 

Recurriendo a la intimidad de sus recuerdos: admitiendo incluso que él cuando el americano se coronó campeón del mundo en Oslo, él quería ser lance Armstrong.

Entonces Wiggins tenia 12 años y muchos después estuvo a punto de sacar a Armstrong del podio del Tour, aquel de 2009.

El gravel es para macharse 

La vida y las vueltas que da, Wiggins, acosado por ese pasado que todos parecen tener en el ciclismo se ve defendiendo lo indefendible.

Al final, es lo de siempre: «Nunca digas nunca…»

Imagen tomada de Wikipedia

Qué caro resulta ganar el Tour

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Malos tiempos para quienes han logrado ganar el Tour

Hay un relato muy divulgado sobre un ciclista que consiguió ganar el Tour.

Fue Roger Walkowiak, uno de los campeones más tristes de la historia del ciclismo.

Como sabéis, su triunfo en el Tour se produjo contra todo pronóstico, por un escapada bidón y una suma de factores que le situaron de amarillo en París.

Acababa de ganar el Tour, y ahí empezó su condena.

Nunca más se volvería a ver en una igual. Aporreado por la prensa, la gente, el aficionado medio, dejó el ciclismo, maldiciendo el deporte en la que había tocado la cima que todos, mayores y menores, un día sueñan en conquistar

 La historia de Walko es la de ganar el Tour sin quererlo

Con el paso de los años ganar el Tour era síntoma de vivir de rentas, ser tratado como un VIP de por vida y caer en el olimpo de las celebridades.

Para ganar el Tour por eso hay que pagar un peaje tan elevado que nosotros, simples mortales, no somos capaces de imaginar.

Peajes personales, profesionales y casi de ser humano, porque tienes que llevar tu persona, tu ser, tu cuerpo y a los tuyos, los que más te importan, al límite de lo exigible.

Hay un corredor que expresa como nadie el camino de espinas que se atraviesa para optar al Tour.

Sí, hablamos de Bradley Wiggins, que acabó tan colapsado ese verano de 2012 en el que dobló Tour y Juegos, que nunca más se le vio rendir a tal nivel. Nunca más quiso pagar esos peajes.

Se recluyó en sus vicios más mundanos, y confesables, la cerveza con los amigos, y nunca más volvió a Francia en julio. No al menos para situarse un dorsal en la espalda.

Lo que yo no tengo tan claro es que Wiggo imaginara que muchos años después de ganar la mejor carrera del mundo, estuviera realizando un segundo “Tour” por los medios para defender su inocencia sobre lo mucho que se está diciendo sobre él.

Wiggins tiene ahora mismo un dossier parlamentario que le acusa de doparse. No es cualquier cosa, incluso en el supuesto que el tema quedara ahí. Y ojo porque cuando hablamos de Wiggins lo hacemos de…

«Eres nuestro mejor atleta olímpico, fuiste el primer británico en ganar el Tour de Francia, descrito como un tesoro nacional en el pasado, ¿sientes que todos esos logros y tu legado ha quedado permanentemente manchado por todo esto?«

Así se dirigen a él en la entrevista que dio a la BBC

¿Qué tienen en común Wiggins, Froome y Walkowiak?

No le van mucho mejor las cosas a Chris Froome quien tuvo distancia y frialdad por parte de todos, y en especial de Tom Dumoulin, en los prolegómenos de la Tirreno-Adriático.

Hay un clamor que no es ni ciego ni sordo en el pelotón: no quieren a Froome compitiendo hasta que se resuelva lo suyo.

Chris Froome, ganador de cuatro Tours, no es un ciclista cualquiera, está señalado y los suyos cada vez más estigmatizados.

Hecho todo este preámbulo, podemos concluir que ganar el Tour no es cualquier cosa, pero que la historia en este ciclismo de caza de brujas no acaba con el maillot amarillo que te imponen con vistas a los Campos Elíseos, que ahí empieza una segunda carrera y un cruzar de dedos ante lo que pueda suceder.

Ganar el Tour es un privilegio que tiene espinas.

Lo ha sido siempre, pero especialmente desde hace más de dos décadas o si no mirad la suerte que han corrido la amplia mayoría de los titulares del amarillo.

Leyendo, viendo sus historias, podemos concluir lo caro que resulta ganar el Tour.

Imagen tomada del FB de la Tirreno-Adriático

INFO

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