Wiggins & Anquetil tuvieron “el enemigo en casa”

Este último Tour de Francia nos ofreció buenas improntas, aunque ninguna como las de Chris Froome alentando Brad Wiggins en muchas de las subidas decisivas de la carrera. Cuando un gregario anda casi como tú y más que tus propios rivales, tu estrategia reviste riesgos que mal calculados te pueden degradar la imagen y empequeñecer el éxito. Eso posiblemente pensara Wiggins, mil veces reprochado por el respetable ante lo que se consideraba una humillación en toda regla.

Y es que por mucho que los palmarés reflejen un nombre u otro, la retina siempre tiene presente esas imágenes que por inéditas nunca se olvidan e incluso cuando nuestros hijos revisen las hemerotecas verán lo mal que el inglés lo pasó para defender su estatus dentro del equipo y en la carrera.

No es usual ver a un líder en tantos apuros como Wiggins, pero este londinense nacido en Gante siempre puede decir que se vio en una similar a “maitre” Jacques. Releyendo la buena, que para mí no la mejor, obra de “El Ciclista” de Tim Krabbé, nos relata el episodio que Jacques Anquetil tuvo que sortear junto a Rudi Altig en un día de doloroso recuerdo para el segundo grande de la historia.

Fue en el Trofeo Baracchi de 1962. Disputada en una crono por parejas, Altig formó con el fabuloso rodador normando, quien curiosamente lo pasaba mal en las contrarrelojes colectivas. Altig y Anquetil ganaron la carrera, pero al segundo le costó un doble viacrucis. El de su propio límite físico añadido a los gritos, proclamas y empujones de Altig. Derrumbado Anquetil rebasó la línea de sus capacidades. En la imagen lo vemos, Altig empujó a Anquetil, pero le jaleó y poco menos que arrastró hasta meta.

Tal fue su sufrimiento que ya en el estadio en una curva Anquetil se cayó a plomo causándose una brecha que le hizo seguir sangrando hasta meta, si bien el tiempo ya se había tomado al cruzar el zaguán del estadio. Para Altig aquella fue su mejor jornada sobre una bici, y eso que la carrera no era ni mucho menos la más prestigiosa que alimentaba su palmarés.

A pocos días de conocerel recorrido del Tour, viendo lo que ocurrió en el último y repasando las declaraciones de los últimos días, quién sabe si Wiggo tiene presente este capítulo en la espesa historia de Jacques.

Francesco Moser en su laberinto de declaraciones

Los abuelos cebolleta sugieren esa figura desfasada, intransigente, venidos a menos por la edad, poseedores de la verdad absoluta y creyentes de que su tiempo fue “el tiempo”. En ciclismo hay un carrusel de ellos. Pasan, entran, la sueltan y con la cátedra de la edad y la sapiencia que se les atribuye omiten réplica. En España tenemos a Federico Martín Bahamontes y la carencia de huevos de los escaladores del siglo XXI. Aún no sé si lo de su helado en la cima fue o no cierto.

Luego a nivel internacional hay varios. Bernard Hinault se despacha a gusto, éste con razón sobre los apolillados rendimientos de los ciclistas franceses. Otro, ahora que viene ciclocross, es Roger De Vlaeminck, quien fijó punto de mira sobre Niels Albert, dos veces ya campeón del mundo, pero también ante Tom Boonen cuando firmó una campaña de adoquines colosal.

En www.Velonation.com han repercutido unas impresiones de Francesco Moser sobre Bradley Wiggins y Vicenzo Nibalil. De éste último apostilla que “es un buen corredor pero no un campeón”. Opina, entiendo con razón, que “en los dos últimos grandes eventos no estuvo al nivel. En el Mundial atacó a destiempo y lanzó a Gilbert y en Lombardía desapareció en el momento crucial”.

Más controvertidas parecen sus palabras sobre Wiggins quien no pasa un día sin que nadie lo enjuicie: “Ganó un Tour perfectamente diseñado para él. No creo que fuera capaz de repetir lo mismo en un recorrido diferente”. Acabáramos, Wiggins ha ganado un Tour, pero no valora su tridente de vueltas HC, que sumadas conforman tres semanas de competición con los más variopintos trazados.

Pero hay más, Moser se atreve a cuestionar las virtudes de Wiggins por ganar en un trazado que, sí, era idóneo para él. Francesco Moser ganó un Giro por la convergencia de todos los sectores de Italia. Apoyado por público, organización y sistema mediático birló de la peor manera la carrera a Laurent Fignon. Hasta anularon la etapa del Stelvio. Y ello sin proclamar sus relaciones con Conconi y Ferrari como médicos de postín.

Eso, querido Francesco, ahora mismo, hoy en día, sería motivo para crucificarte. Lo que entonces era admirable, por recurrir a un médico cojonudo que resucitaba los muertos, ahora mismo te sirve para cavarte tu propia tumba. Con esas cadenas compiten, por ejemplo, Nibali y Wiggins, cosa que tú no.

Los errores semánticos entre Bradley Wiggins y Team Sky

Casi apartado de la competición dura desde que fuera campeón olímpico, Bradley Wiggins da que hablar por cuestiones que aunque relacionadas con el ciclismo no son hechos del día a día en la carretera. En el Campeonato del Mundo mostró cuán grande fue la apuesta del ciclismo británico por Tour y Juegos Olímpicos, pues casi todos sus cartuchos llegaron ya sin pólvora.

Gusta mucho en el mundo anglosajón el término de “leyenda”. Son los creadores intelectuales del “Hall of fame” e incluso han acuñado galerías tan friquis y carísimas de visitar como el Madame Tussaud londinense, donde figuras de cera perpetúan sus celebridades, sus leyendas.

Alrededor de Brad Wiggins crece el debate sobre la idoneidad de estar o no en el próximo Tour. Habla en estos términos un técnico del Team Sky llamado Shane Sutton: “Me gustaría ver a Wiggins abandonar el deporte como una leyenda, los logros que ya ha conseguido le sitúan muy arriba en la historia del ciclismo, pero para tener el estatus de leyenda, y para eso tiene que ganar las tres grandes vueltas”.

Se abre la puerta a que el largo inglés no defienda su privilegiado dorsal y al tiempo que Chris Froome capitaneé la escuadra británica en julio. Que un ciclista defienda sus opciones de ganar las tres grandes a los 32 años es curioso, pero lo es más que sin los tres recorridos en mano, sin las altimetrías definidas al 100% se lancen globos tan pesados como el de decir que un ganador del Tour, totalmente hábil y en edad de merecer, renuncie a defender sus laureles.

Y es que el concepto de leyenda es muy grande como para creérselo ya en Wiggins. O al menos no en la medida de los grandes de todos los tiempos. El inglés aunque profesional y entregado como pocos me parece lejos de ese nivel, incluso me atrevería a decir que ganar las tres grandes no significa ser leyenda. Contador lo ha hecho y me parece también lejos de esa etiqueta. El vocablo «leyenda» encierra como decíamos del de «clásica» un peso específico y arraigo más amplio como para decir que la triple corona es acreedora del mismo.

A Wiggins sí que le calificaría de leyenda en pista, ganando en dos olimpiadas la misma carrera, la persecución, si a ello le sumamos sus mundiales y la perfección que alcanzó en los velódromos añadida a la pasión que los británicos le dispensan, aquí sí podríamos estar hablando de este concepto tan difuso que dependiendo quien lo use en una u otra dirección.

 

Foto tomada de http://www.thefootdown.co.uk

Purito Rodríguez cierra «su» círculo en Lombardía

Joaquim fuma un purito y sopla humeantes círculos. Es pequeño, peleón, un puta. No goza de gran físico. Lo admite. Se esconde en una forma de correr que muchos etiquetan cicatera para suplir los watios de menos que mueve. Pero ama su profesión, vive por y para ella. La bicicleta es su vida. Cuando recogió el bidón con la mano izquierda y lo lanzó al encapotado techo lombardo sin importarle quien anduviera alrededor, era consciente de lo que acababa de lograr: un monumento sí, Lombardía. Soñaba con ganar Lieja y le cayó la clásica de las hojas muertas. Es un monumento al fin y al cabo.

Abrazó a su hermano Jaume Hernández pasada la meta. Demostró que si el Katusha le responde él responde. Qué pasaría en el hotel el día de Fuente De. En el momento que se vio aislado y perdió toda una Vuelta a España. Lombardía fue suya por que como en los buenos días los suyos le rodearon y le dieron las claves para en la subida definitiva abrir el hueco que sólo arriesgando como nunca pudo mantener. Hoy no ha ganado en una cuestarraca. No sé como se hizo con el Valenciaga hace años, pero no distaría mucho de la fórmula empleada hoy. “Samu sabe bajar, Nibali sabe bajar, pero los demás no somos mancos” me repitió muchas veces Purito. Camino de Lecco, en la orilla del hermosísimo paraje lacustre y alpino de cómo, lo demostró.

“No es italiano, es español, pero tiene una excelente relación con nosotros” comentaban en Gazzetta TV recordando sus triunfos en Monte Lupone de la Tirreno. Purito es querido en Italia, pues allí, en el corazón milanés, demostró cuán fuerte y entero se puede ser ante el amargo sabor de la derrota, incluso cuando ésta te llega en el último suspiro y por un puñado.

A Joaquim nada le cae gratis. Es un muy currante. Pone un plus en cada salida, en cada entrenamiento. No sé conoce Andorra sin él exprimiéndose. Con 692 puntos superó finalmente a Brad Wiggins en el UCI World Ranking cuyo podio cierra Tom Boonen. Por segunda vez en tres años Purito ha sido el mejor corredor del mundo puntos en la mano. El Tour de Pekín ya no le puede quitar nada que no se haya logado en el calendario histórico.

Habrá tiempo de analizar lo que ha hecho Purito, pero cinco días después del abandono de Freire, el ciclismo español ya tiene otro poseedor de un monumento. Complimenti.

Foto tomada de www.esciclismo.com

Chris Froome, una carrera a contrapié

Hace un año por estas fechas, sí más o menos por éstas, el mundo ciclístico general sabía de Chris Froome. Su primera aparición reseñable aconteció en La Covatilla. Trabajó con denuedo para que Brad Wiggins pudiera realizar su mejor exhibición en esa Vuelta y apenas se descolgó del grupo de los mejores cuando otros de los notables lo pasaban mal.

En la crono de Salamanca, Froome demostraba que su actuación en la estación de esquí no fue casual. Y en el Angliru Team Sky se convenció de que su ciclista originario de Kenia debía ser la mejor opción. Todo perfecto salvo que por el camino se les adelantó de forma decisiva Juanjo Cobo. Luego éste y Froome nos darían en Peña Cabarga uno de los mejores momentos de la carrera.

Pasaron los meses y Froome volvió a estar en forma. En Dauphiné apuntó lo que luego en el Tour confirmaría. Su potencial no sólo se quedaba en gregario de lujo. Incluso en ciertos momentos se le vio más contundente que los propios rivales de Wiggins, en otros demostró estar más fuerte que su líder. Ya en los Juegos subyugado a la baza de Cavendish, se ahogó en un desfonde físico que sin embargo no le privó de recomponerse para colgarse una medalla de bronce en la crono.

Venía a decir el otro día Juan Antonio Flecha que el Team Sky le dijo a Froome antes de arrancar esta Vuelta que si era tan bueno debía demostrarlo ahora. Aunque se detecte un contenido perverso en esa invitación, no dejaba de ser la gran oportunidad de Froome. Hablar con hechos en la carretera lo que en muchas ocasiones dejó entrever, a veces incluso rozando la humillación pública de su líder llamado Wiggins cuando esperándole en las cuestas alpinas y pirenaicas poco menos se ofreció a empujarle.

Sea como fuere a Froome la vida le vuelve a tratar a contrapié. Sí, llegó a la Vuelta con toda la ambición del mundo pero sus piernas no acompañaron y salvo un movimiento desesperado, que en caso de Team Sky no es descartable al 100%, finalizará cuarto.

Que su equipo le ofreciera esta carrera como el premio de consolación a tantos sacrificios por terceros no dejaba de ser una trampa que Froome estaba obligado a accionar aún y a riesgo de pillarse los dedos. Su consistencia se ha venido abajo por una pura ley física que habla de la imposibilidad de mantener un tono tal tantas semanas. Sin embargo Froome acaba cuarto esta carrera y ello es un resultado que habla de su talla profesional. A pesar de lo mucho que hemos leído sobre “la Vuelta, para los españoles”, y que así está siendo, es de recibo reconocer el homenaje que a la carrera le ha hecho este inglés que en su día se dio a conocer en la misma.

 

Foto tomada de www.biciciclismo.com & Zikliamatore