La resurrección de los seis días

Si me pidieseis definir los Seis Días de Londres diría que son una mezcla de deporte élite y entretenimiento general con música, luces, negocios y mucha diversión.

La empresa que hizo posible su vuelta, tras 35 años sin celebrarse, quería crear un relato, una especie de historia que se alargara durante toda la temporada en pista mediante varias mangas con diversas sedes que pudieran organizar en propiedad o con con permiso del dueño de los derechos.

Está claro que han elegido mercados donde hay mejores condiciones económicas, más cosmopolitas, y donde el ciclismo está de moda. No en todos los sitios las cosas están igual. En algunos casos se ha permitido que eventos históricos sigan vivos, como el de Berlín.

En Palma de Mallorca sin embargo el evento será algo nuevo, eso siempre genera dudas, pero ojalá lo respalde una comunidad que vive del ciclismo día a día gracias al turismo. 

La clave del espectáculo está también en el programa que se ofrece. Si se estudia lo que quiere el mercado, se puede lograr un programa completo y capaz de atraer a los mejores atletas y tener entretenido al público, tanto del velódromo como de la televisión.

Ademas de la tradición de los Seis Días basados en carreras a la americana, los sprinters montan el espectáculo con sus 200 metros, sprints cara a cara y los keirin… hasta bailando en el escenario con el DJ, mención especial para el estadounidense Nate Koch, que se trajo un traje de dinosaurio, sí, de dinosaurio para bailar ante el publico. El ciclismo femenino también tiene su cuota igual que los sub-21, mostrando lo que ha de venir.

Todo contribuye a montar un evento que podríamos definir como “fiestero”. La pista en UK hace estragos, porque empieza a ser un deporte accesible a cualquier ciudadano. El éxito olímpico influye enormemente. Todo deporte pequeño necesita medallas y cobertura profesional para poder crecer al nivel base.

A raíz del éxito del centro nacional de ciclismo (Velódromo construido en Manchester con motivo de los Juegos de la Commonwealth de 2002) se han construido pistas en Derby, Glasgow, Newport y Londres – todas abiertas al uso público. Ahora todo el mundo puede probar una pista relativamemnte cerca de casa

Todo contribuye. El público británico empieza a hacerse notar en el el ciclismo. Vimos el fervor de las masas en el Tour en Yorkshire hace un par de años, y el que haya visto las ultimas Tour of Britain (y posteriormente Tour de Yorkshire) sabe que las carreteras se llenan de gente como en las grandes Vueltas. En pista es igual. El Velódromo de Londres genera un buen ambiente y un ruido que dejaba a todo corredor visitante impresionado. A Cavendish y Wiggins, los recibieron como héroes. 

No obstante estamos ante unos meses importantes que podrían cambiar la imagen pública del que es hasta ahora, un mito del deporte británico, Brad Wiggins. Tras las filtraciones de los Fancy Bears, hay una investigación independiente de la federación y del Team Sky, y hasta el mundo político ha credo un comité para investigar los supuestos hechos. Hasta que sepamos los resultados, no sé si cambiará o no la opinión del publico.

Lo que está claro, es que tanto Wiggins como Chris Hoy SON EL CICLISMO para la mayoría de la gente en UK, que no entiende ni sigue el deporte de cerca.

Por Rob Hatch, narrador deportivo. En su currículo ha contado en inglés algunas clásicas para varias televisiones del mundo en inglés, el Giro en Eurosport y el Tour con la BBC. También ha narrado fútbol y voleibol y ha estado en varios juegos olímpicos, paralímpicos, juegos asiáticos etc…

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Yo vi correr a Bradley Wiggins

En los Seis Días de Londres Bradley Wiggins corrió su ultima carrera en el velódromo de su ciudad. Aunque nacido en Gante, por cuestiones laborales de su progenitor, Wiggins ha instalado siempre en la capital británico su ánimo y espeíritu. Aquí debutó en aquel Tour de 2007, aquí fue campeón olímpico de contrarreloj en 2012 y aquí batió el récord de la hora hace poco más de un año.

Wiggins es por muchos motivos un ciclista que admiramos y nos atrae. Por muchos motivos, pero quizá uno por encima de todos, nunca habíamos visto nada igual. Hablamos de un persecucionista de éxito que se midió, entre otros, a la mejor generación de fondistas españoles, que acaba pisando la carretera y se embolsa todo un Tour de Francia, con todos los matices que queráis ponerle, pero que lo ganó y eso está en la historia.

Estas cosas creo que se ven muy pocas veces en la vida, como su perfil perfecto sobre la bicicleta, como un críptico carácter que contiene las pasiones más inesperadas vestidas de la última pieza que saquen los de Fred Perry, como la vida que le ha tocado vivir, como…

Estos días le hemos visto en esos Seis Días que describimos hace poco y cuesta creer que esté en la antesala de su retirada, mostrando tal poderío, entrega y calidad. En unas dos semanas colgará la bicicleta en otro de los grandes foros de la materia, en Gante, el lugar donde nació, el lugar donde su padre se hizo un nombre, en el corazón flamenco, esa tierra en la que muchos se miran cuando hablan de ciclismo, de ahí viene él, aunque su pasaporte ponga «brit».

Wiggins perdió los seis días de su ciudad por un absurdo error en un relevo en la americana final con Cavendish. No se pasaron el testigo bien y eso dio alas a la pareja belga Kenny de Ketele y Moreno de Pauw, que iban con unos metros por delante. En el último suspiro de la competición, los celestes le ganaron todo a los campeones del mundo de americana, en un epílogo que os sugiero, si podéis, lo miréis, porque es un jarro de agua fría para un velódromo lleno hasta los topes celebrando por anticipado el triunfo de sus dos “preferiti”.

No sé qué hará Wiggins en lo sucesivo, tiene su equipo con buena parte de las mejores promesas de ese ciclismo británico que se ha convertido en una mina de talentos. No obstante espero que alguna vez nos regale alguna muesca de su calidad, incluso ya retirado, sobre una bicicleta. Como dije es complicado verle al margen de todo esto, con un oro olímpico colgando sobre su cuello, dos récords del mundo vigentes y una forma abrumadora, como la que exhibió en la elipse londinense. Sebastián Mora puede dar fe de ello cuando reventó en una suerte de “tras Wiggins”.

Los grandes, dicen, se van desde lo alto, Wiggins lo tuvo claro, Fabian Cancellara ha seguido el mismo camino y lleva vida de exciclista casi desde el momento que fue campeón en Rio, cabrá desentrañar en qué queda el culebrón de Purito y lo enrarecido que vemos todo. Pasan los años, corren los tiempos, pero podremos decir que vimos correr a Wiggins.

Fotografia tomada del FB de Six Day Cycling

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Los Juegos Olímpicos en octubre

Menudo ambientazo recorre esta semana los alrededores del velódromo de Lee Valley, el anillo olímpico de Londres, con la celebración de la primera manga de la liga de los Seis Días, esa competición que nuestros mayores nos narran como el sumum hace cincuenta años en este mismo país.

Hablas con Bahamontes, con Esmatges, con Iturat, lo hacías con Poblet,.. te cuentan veladas cargadas de humo y pasión, hasta altas horas de la madrugada. Los tiempos de los hermanos Timoner, que vivían en el velódromo de Mataró, los tiempos de carteles por las pastelerías, bares y buses, los tiempos que sólo leer Miquel Poblet aseguraba el llenazo. No era raro ver los ciclistas más alejados al velódromo, batirse el cobre allí: ni Bahamontes, como dije, pero tampoco ni Loroño, ni Pérez Francés, ni Karmany… nadie dejaba de lado sus bolos en el peralte.

El espíritu pervivió en ciertas plazas, Gante, Grenoble, Berlín, Rotterdam,… pero ahora revive en su máxima expresión en Londres, como primera ciudad de unas series que luego irán a Copenhague, Berlín, Amsterdam y Mallorca, sí Palma, donde la legión internacional que allí reside seguro que dará el llenazo que los Campeonatos de España nunca han logrado.

El evento en sí es mayúsculo. Al margen de una logística brutal, quien hace los programas puede estar satisfecho porque saca de las parejas de americana que se juegan el premio todo el jugo que se puede aprovechar, montando toda suerte de pruebas: cronometradas, eliminaciones, americanas sin sprint, con sprint, tandas, series, especie de velocidades a dos, a tres, carreras tras derny… Es un no parar envuelto en luces de discoteca y adornado con música de un Dj que comparte tiro de cámara con las estrellas.

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Y hablando de estrellas, hay un runrún, una especie de delirio, cada vez que Mark Cavendish y Brad Wiggins, patrocinados por el Santander además, toman la delantera. El manillar de Wiggins es total, ancho, grueso. El inglés sigue reventando grupos en la americana con la cadencia que le dio un récord de la hora en el mismo lugar. Sebastián Mora sabe bien de la tortura que es rodar al rebufo del campeón olímpico.

Recién coronados campeones de Europa, Torres y Mora buscan sacar la cabeza entre tanta vedette y copa de champagne brindando en la pelousse, un lugar donde cientos de personas charlan mientras picotean o degustan espumosos. No sé si verán mucho la carrera, como los VIP´s de las carpas de Flandes, y lo que acontece en la elipse, ver ciclismo en pista desde la pelousse no es lo más cómodo, pero al menos dan ambiente y prestigio al lugar.

Ya veis, ciclismo 12 meses por 365 días. Cuando languidece la campaña de carretera, emerge otra, que no es tan prestigiosa sobre el papel, pero que tiene recorrido, mucho recorrido. Son los Juegos Olímpicos de otoño.

Fotos del FB de Six Day Cycling

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Pusimos a prueba el Spartan by Suunto, y esto dio de sí

El respeto del Team Sky por sus orígenes

El domingo, a una semana del mundial que empieza a generar rechazo, se celebrará una edición redonda de la París-Tours, la 110 nada menos. Son 252 kilómetros que posiblemente sean los más rápidamente cubiertos de la temporada, desde Dreux hasta la ciudad del Loira. Una flecha en el corazón del hexágono que tendrá entre sus corredores un debutante que pasa de puntillas por los titulares.

Hablamos de Owain Doull, un joven ciclista inglés que fue parte del engranaje de precisión que fue la cuarteta británica que batió dos veces el récord del mundo y fue campeona olímpica de Río. Un ciclista que ha crecido estos años en el Team Wiggins y que en la Vuelta a Gran Bretaña, su primera piedra de toque para llegar a punto a largan clásica francesa.

Doull aparece en la alineación del Team Sky, liderado, por cierto por Elia Viviani, otro campeón olímpico. Doull aparece el último de esa lista, pero quienes seguimos más o menos de cerca la actualidad de los hombres de negro británicos sabemos que la Doull es una historia que hemos visto ya.

Para muchos el Team Sky es Froome rodeado y blindado por Poels, Porte, cuando era su gregario, Henao y cía. Sin embargo, el equipo que surgió del éxito de la pista británica nunca perdió sus raíces y en su staff son varios los que tienen raigambre en los velódromos. Y sí la historia de Doull reproduce la de tres ciclistas de la importancia de Bradley Wiggins, en el otoño, nunca mejor dicho, de su carrera, Geraint Thomas y Peter Kennaugh, el perfecto hombre Sky.

Al Sky se le puede acusar de muchas cosas, de manejar un presupuesto infitintamnete superior a sus rivales, de no ser claros y pedagógicos explicando las cositas de sus líderes –mirad la filtración de Fancy Bears con Froome y Wiggins– y de otras muchas cosas, sin embargo siguen por el camino que en su día trazaron, interrelacionado el peralte con el asfalto y ahí son coherente. Anotad el nombre, posiblemente pase inadvertido este domingo, pero Owain Doull amenaza con volver a hacer los que otros ya han hecho.

Imagen tomada de www.deportesrcn.com

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En breve tendremos nuestra primera review del Spartan de Suunto, aquí tenéis algunas notas previas

El descrédito del antidopaje

El otro día vi “El informe Robinson” que hablaron de los límites en el deporte. Uno de los que intervinieron dibujó cómo habría de ser el primer atleta que bajara de las dos horas en la maratón, así que imaginados que, como no podía ser de otra manera, se habló de dopaje y trampas, porque sencillamente hay cosas que con sólo mencionarlas, el sub 2 horas en la distancia de Filípides, se te va la olla.

Y habló uno de los pesos pesados de la AMA, la Agencia Mundial Antidopaje. No sé si fue el CEO, el vice-CEO o el tercero, pero era una voz autorizada y representativa. Su discurso obviamente iba encaminado a la caza del tramposo y su camarilla, reconociendo que incluso con todos los esfuerzos del mundo, hay un porcentaje de tramposos muy significativo en el deporte que sobrevive por encima de las reglas y los controles, sin concretar en ninguno por eso. Convino que el futuro éxito de su agencia pasa por los gobiernos y sus aportaciones por un deporte limpio, cosa que no deja de horrorizarme, viendo las arcas de ciertos estados que no tienen para lo prioritario, como para pensar en cazar dopados.

Estos días la AMA ha sido objeto de varios ataques informáticos. Dicen que son rusos. Cabrear a éstos es lo que tiene y esta gente no vacila en el momento de entrar sin llamar. Se ve que han sacado jugosa información de atletas, principalmente estadounideneses, con TUE, ese certificado que te permite tomar algo ilegal por motivos de salud.

En esa documentación va el historial de dos ciclistas, los faros del dominio británico, Chris Froome y Brad Wiggins, que también tuvieron sus avisos y pertinentes TUE que les permitieron seguir compitiendo. El caso de Froome es del 2013 y 2014, año en el que fue filmado en el pelotón del Dauphiné inhalando algo, ¿el qué? él sabrá, pero es como si la sucesión de piezas se empeñaran en encajar.

De esta historia por eso se sacan dos moralejas. Por un lado la expedición de TUE y la seriedad de la misma. Cuando hablo con gente de a pie no da crédito que la población de deportistas tenga un porcentaje mucho más elevado de enfermos que la población normal. Dolencias varias, y principalmente respiratorias, son las más usuales y que se argumentan para tener el certificado que permite según qué cosas. Esa política y la imagen que se da la misma debería preocupar a la AMA, y a quienes velan por el antidopaje, casi tanto como las vulneariblidades de su sistema.

Un sistema que ahora mismo es un elemento de incertidumbre más en la vida de deportistas de elite, como si su vida fuera sencilla entre sospechas, obligaciones y sacrificios. ¿Con qué tranquilidad vive Froome ahora mismo sabiendo que sus datos están en manos de saber quién y con qué objetivos?. Ya e pillaron los del Ventoux y ahí hubo tantos juicios como personas los emitieron. Al final, esto es el pez que se muerde la cola y así es realmente complicado estar tranquilo y confiar en el establishment. Dice que estamos mucho mejor que antes.

Imagen tomada de http://en.espn.co.uk

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No hay milagros en el ciclismo británico

Existe en el deporte un explicación muy común a muchos éxitos. Se habla de milagro, cuando no de suerte y azar. Sin embargo quienes conocemos las entretelas de la industria ciclística de Gran Bretaña, sabemos que de eso hay poco en su éxito en Río de Janeiro.

Sólo cabe mirar el medallero ahora mismo. Gran Bretaña es la segunda nación, sólo superada por Estados Unidos. Le iguala un gigante como China. El Team GB se mantiene en esas cotas porque seis oros que cuelgan de sus vitrinas han llegado desde el velódromo. Sin esa aportación, ahora mismo les superarían los chinos y alemanes y rusos, estos muy diezmados, les pisarían los pies.

Lo que hoy es todo oro y candeletas en el ciclismo británico tuvo un inicio lejano, nada menos que finales del siglo pasado, cuando los planificadores del deporte británico estudiaron el medallero y las modalidades viendo en el ciclismo en pista uno de los filones para crecer. Instigaron un sistema financiado por la Lotería Británica que tuvo generosos sueldos para los integrantes de la selección nacional de ciclismo. Charles Wegelius lo cuenta en su libro, tenía un sueldo en 2001 muy superior a la media del peloton profesional.

Ahí empezó todo. Las cosas empezaron a marchar en Atenas 2004, explotaron en Pekin 2008 y arrasaron en sus juegos hace cuatro años. En Río de Janeiro hemos visto la prórroga de su dominio, un dominio que no sólo se plasma en la competición. También pesan en la segunda línea, allí donde entran en juego decisiones arbitrales. Mark Cavendish provocó una caída en la puntuación del omnium, no del todo intencionada he de admitir, no hubo castigo. Jason Kenny se llevó un keirin polémico, los jueces no fallaron en su contra. Se colgaría su tercer oro.

Kenny es la punta del iceberg de este dominio. Como digo tres oros, eso le convierte en el ciclista de los juegos, ni mucho menos tan mediático como el de Wiggins, o incluso de Cavendish, que formó parte del equipo de persecución, aunque no en la final. El de Man sale con oro y plata, qué balance. Muy lejano a lo que le habíamos predicho.

El Team GB ha dominado los equipos, salvo la velocidad femenina, en la que las chinas corren en otra liga. Han ganado sendas persecuciones y la velocidad masculina, todo adornado con récords del mundo, algunos por partida doble, como la cuarteta. Prorrogar el dominio en el tiempo se llama excelencia, en ella acabala este grupo.

Las chicas aportaron lo suyo. La magnética Laura Trott, la pareja de Kenny, menudos genes para sus hijos, fue la reina del fondo. Becky James se colgó dos platas. Su derrota ante Vogel en la velocidad fue otro de los momentos del anillo de Río, con la alemana compitiendo sin sillín como Fonta frente a Hermida en las ruedas gordas de Londres.

Sobrevuelan suspicacias. Los franceses están que trinan: se borran toda la olimpiada para arrasar en los juegos. ¿Dónde están los pistards británicos en copas del mundo y mundiales? pues sencillamente hivenando para cuando llegue el deshielo de la llama olímpica. ¿Criticable? tal vez, pero es lo que hay. ¿Se dopan? no nos corresponde a nosotros juzgarlo. Ellos simplemente dicen que son “increíbles” y añado, han sido capaces de llevarlo a la carretera, el Team Sky es el ejemplo.

Imagen tomada de www.elleuk.com

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De pie, hablamos de Wiggins

Decía la Gazzetta el otro día que Wiggins volvía a su primer amor, la pista. Lo que en su día llamamos “back to basics” del ciclista más original que jamás hayamos conocido. Brad Wiggins lo hizo en Río, cerró el círculo, dieciséis años después se colgó el metal que le pone como el deportista británico más laureado de la historia en unos Juegos, no es cuestión baladí en un lugar donde el tema olímpico es cuestión de estado y el deporte la manifestación del poder que por otros lados ya no pueden ejercer. Si a la reina, si al imperio le queda un resquicio de su esplendor, en esta cita lo plasman.

Sir Bradley Wiggins: Cuando nuestros nietos nos pregunten por él hablaremos de un tipo que hizo de su singularidad el signo de su universalidad. Dicen que el velódromo de Río estaba entregado a su persona. Cualquiera que siga esto más allá de los números, más allá de los oros, platas y bronces, sabrá que en la persecución por equipos estaba una de las grandes citas de los juegos. Comparan a Wiggins con Bolt y Phelps, dede luego si un ciclista se puede medir con esa vara, es éste.

Leyenda sobre ruedas, para el ciclismo el triunfo de Wiggins tiene valor doble: lo proyecta en todos los juegos y lo consolidad en UK, donde esto ya pasa de pasion pasajera para convertirse en deporte nacional. “The hall of fame” del lugar no para de inscribir nombres ciclistas, Chris Hoy el abanderado de Londres, Chris Froome no para de crecer en el Tour, los velocistas siguen produciendo éxitos y Wiggins es la guinda, la joya de la corona, el corredor que ha hecho del ciclismo algo más, una forma de plasmar la rebeldía, el ir contra las formas, asentada en la ambición más admirable. Una manera de escapar, no sé, pero desde luego de proyectar un talento innato que va más allá de los límites del velódromo o de la montaña más alta de Francia, desde luego que sí.

Wiggins es un tipo que tiene una complicadísima vida, y él, en sí, es el resultado de ella. Su padre fue pistard de cierto éxito, si nació en Gante, donde dice que se retirará durante los Seis Días, es porque su progenitor andaba haciendo bolos en los velódromos flamencos esos días. Desposeído de la figura de padre, se rehizo, soñando con triunfos del West Ham cuando sus amigos animaban al Arsenal mientras crecía en los velódromos donde alcanzaría la fortuna.

No tardó en destacar el categorías inferiores y ganó su primera medalla en Sydney 2000. A partir de ahí creció el mito, Atenas y Pekín le consolidaron como rey de las persecuciones. Se animó y probó el Tour, quedó cerca del podio en 2009. Aquel era un ciclista desconocido en los anillos, deslgadísimo, fino y muy centrado, puso el foco en la mejor carrera hasta que la ganó, incluso transmitiendo la sensación de que Froome iba esperándole en cada subida. Al poco sumó otro oro olímpico, en la crono.

Ganar el Tour no fue gratuito, exigió un esfuerzo que nunca más quiso asumir. Volvió a la pista, a su origen y en ella ha puesto el colofón, en medio de una cuarteta en la que se combina el talento que él mismo gestiona en su Wiggins Team con un histórico como Ed Clancy, el multiherramienta de la poderosa selección británica.

Wiggo lo deja, como Cancellara, siendo una leyenda, sabiendo que como él sólo ha habido uno, él mismo.

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La carrera del siglo fue la del siglo

Cuando Bradley Wiggins se apeó de su bicicleta en el pasado mes de marzo era la viva imagen de la ansiedad. Enojado por la derrota ante la cuarteta australiana, no veía el momento de estar en Río de Janeiro para jugar la revancha contra esos intrépidos del cono sur. Pasaron lo meses, Wiggins y los suyos, Edward Clancy, Steven Burke y Owain Doull, hicieron lo de la avestruz, trabajaron a destajo, deslizaron que los récords del mundo se estilaban en sus entrenamientos y volvieron a Río con todo para cobrarse el “maracanazo”.

Por todo eso, hay momentos que deberían pararse en el tiempo. Pasan muy deprisa, son intensos, breves y memorables, son momentos tan especiales que duran diez segundos menos de cuatro minutos y se dan cada cuatro años. ¿Os parece suficiente singularidad?.

La final de persecución por equipos era uno de los momentos fuertes de los Juegos Olímpicos de Río. Lo llamamos la carrera del siglo y lo fue. Una final con mayúsculas donde los aussies, muy flojos en las rondas previas, pusieron todo y todos sus efectivos para derrotar el Team GB que venía de certificar la final con un récord del mundo, metiéndose en la escala del 3´50´´. Aboslutamente demencial.

Un WR en una fase previa es un arma de doble filo, marca terreno pero pesa en las piernas. Producir algo similar en tan poco tiempo, algo menos de dos horas exige una recuperación bestial. Pero lo hicieron, estiraron patas, cogieron resuello y se enfrentaron a los oceánicos en un ejercicio antológico de esfuerzo supremo y nervios de acero. La persecución perfecta BIS. Australia dominó la carrera durante los primeros kilómetros y algunos tuvieron el velódromo de Londres en el recuerdo. La situación se descompuso y los británicos sacaron lo mejor en la recta final. Campeones olímpicos y otro récord del mundo.

Menuda carrera, no había manera de contener las formas. Río vio en primera persona dos récords del mundo en la misma carrera en un intervalo ridículo. Dijeron que rodaban a ese nivel en los entrenamientos en la isla, reproduciendo las condiciones de humedad y temperatura del escenario carioca, pensamos que era una fantasmada, ya sabéis, los británicos y su repelencia habitual pero qué va. Ahí estuvieron, ahí lo clavaron. Ni los australianos, jugando a los cambios de fichas que vaticinó Jaume Mas, pudieron.

Dije el otro día de Cancellara, los grandes se retiran cuando quieren, las leyendas con medallas de oro rebotando en el pecho. Valga idéntica aseveración para Bradley Wiggins, qué ciclista, qué leyenda, qué hombre, Ambición pura, intacta desde el primer día. Hablaremos de él en breve, por de pronto dedicadle esos 3´50´´que dura la final a verla y reverla, es extraordinario.

Imagen tomada de @RobayoColombia

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Gandía, destino de cicloturistas