#Rio2016 La carrera del siglo

La cuarteta de persecución es un engranaje tipo reloj suizo, donde cada pieza suma y se acopla en pos del bien común. En estos Juegos, la persecución por equipos alcanza estatus de prueba estrella, no sólo del ciclismo, de evento en general, porque en ella hay un tipo con aspecto desgarbado que deja perfume de leyenda por donde pasa.

Pero al margen de Brad Wiggins, tenemos uno de los duelos de los juegos, Australia vs Team GB, es decir el duelo de los continentes, de los tiempos. La cita llega aderezada por el “maracanazo” aussie en el velódromo de Londres hace unos meses.

¿Habrá “macanazo” precisamente en Río?

Ahí va el pronóstico de Jaume Mas, auténtico adalid de la especialidad, emocionado por el espectáculo que veremos en el anillo peraltado de Río

Creo que ganará Australia. Me gusta más como trabajan la cuarteta, incluso más que los ingleses. Los australianos cada poco cambian los nombres. En diez años que les he estudiado, es increíble la cantidad de gente que ha participado, quizá hasta veinte corredores. Cuando ves la cuarteta de los ingleses, los cambios son menos, incluso ahora que no están Kennaugh y Geraint, tampoco tienen mucho más. Los australianos podrán los cinco mejores, como en el mundial cuando subieron al podio seis a por la medalla de oro.

Al querer hacer todas las series a tope, creo que se rodará muy cerca, si no por debajo, del récord del mundo, y para ello se necesitan reservas. Por ejemplo no creo que Wiggins falle en ninguna serie. Estos pequeños cambios pueden marcar la diferencia. La base australiana será la misma que la del mundial

Hasta juniors trabajan a tope esta especialidad, luego pasan a la carretera a Europa. Vuelven por la llamada de la selección, con la lección aprendida, porque lejos de su casa no descuidan la pista y acuden a la convocatoria. Los ingleses no tienen tantos ciclistas para escoger sobre el papel. No descarto que Australia baje de 3´50´´. El campeón deberá batir seguramente el récord del mundo. El bronce estará entre Nueva Zelanda, Italia y Dinamarca.

En chicas me decanto por USA porque trabajan por y para la persecución por equipos. Están poniendo todo, todo, todo, en esta prueba. Les da igual todo lo demás. Material, medios, preparación,… lo tienen todo destinado a esto. Poner la biela a la izquierda en la bici quizá les ayude en la arracada, todo suma, todo es un poquito más. Las otras dos plazas de podio las veo entre Australia y GB.

Imagen tomada de British Cycling

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Froome sigue las miguitas que deja Wiggins

Hace cuatro años por estas fechas Bradley Wiggins lograba la temporada ciclista más original jamás vista. Aunó en un mismo ejercicio triunfos en París-Niza, Romandia, Dauphiné y Tour antes de coronarse campeón olímpico en Londres, modalidad contrarreloj. Fue el jackpot del ciclismo. Algo tan excepcional, algo que le exigió tanto que no estuvo dispuesto ni a repetir la mínima parte del esfuerzo que ello le significó. No volvió al Tour, probó efimeramente con el Giro y acabó haciendo un back to basics, volviendo a la pista, su hábitat original.

Chris Froome emula, pasada una olimpiada, periodo de cuatro años entre juegos y juegos, el camino de Wiggins. Ambos estarán en Río, como en los viejos tiempos. Posiblemente me equivoque pero creo que desde Londres ambos no han coincidido en tiempo y lugar defendiendo los mismos colores. Una relación imposible, como se comprobó con el paso de los años, que sin embargo no deja de retroalimentarse. Es muy brit, para dos ganadores de Tour que tienen, mejor enemistados.

Para Froome llega la hora de regar el Tour con el oro olímpico, algo que en UK es convertirse en leyenda nacional, al estilo de los exploradores y expoliadores que se retratan en las plazas londinenses. Para el largiducho ciclista de origen keniata ni la crono ni la ruta serán sencillas, e incluso surge un debate en el seno del conjunto británico, con Geraint Thomas principalmente, sobre la capitanía del quinteto.

Wiggins por su parte puede que esté en el tiempo añadido de su prolífica carrera. Dicen que la cuarteta ha entrenado a un nivel que los récords del mundo han caído en los ensayos. Eso ha sido de puertas hacia dentro, por eso creo que en el velódromo de Río estará uno de los grandes focos de los juegos en general porque si Wiggo hace buenas esas fanfarronadas sobre el nivel de sus entrenamientos estaremos ante una leyenda, y no una cualquiera, una que superará todos los registros británicos en la cita de los cinco aros. Si antes era singular, entonces sería único.

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#BonjourTour etapa 6

La carrera se aproxima a los Pirineos pero antes un pequeño receso tras la criba del Macizo Central con una etapa que no llega a los 190 kilómetros con final en Montauban. El primer tramo accidentado se sigue de otro más llano que no debería suponer complicaciones.

Si no toma relevancia una fuga de largo radio podemos estar ante una nueva ocasión para los velocistas que tantas cuentas pendientes tienen entre ellos. La llegada de Limoges nos dejó con ganas de más y en especial de ver a Couqard delante de la plana mayor. No será fácil porque si bien Cav y Kittel ya han mojado, hay una importante presión sobre Andre Greipel, quien hace un año las tenía a manos llenas y esta vez ve pasar las oportunidades.

El lugar

La carrera parte cerca de un sitio que suena a ciclismo de los años ochenta, Aurillac, y acaba en plena cuna del catarismo, Montauban. La carrera entra en la región de Midi- Pyrenees. Si en el Limousin las reverencias a Poulidor fueron la tónica, ahora tocaría recordar el gran campeón que fue Laurent Jalabert, el corredor que hizo suya una época y que tanto nos decepcionó hace un año.

7 de julio de 2012

Si hubo una fecha clave en el ciclismo moderno fue ese 7 de julio. Hace cuatro años ya. La caravana del Tour de Francia se aprestaba a subir a La Planche des Belles Filles, casi seis kilómetros de ascensión salvaje en los Vosgos que abría la puerta a la parte decisiva de la carrera.

Rápido asoma la imagen que sería un clásico en los años venideros. El negro del Team Sky toma la punta. Boasson Hagen, primero, Michael Rogers, segundo, Richie Porte, tercero, Chris Froome, cuarto,… es el «treno» de Dave Brailsford, la perfección de la pista plasmada en la carretera. Rivales aturdidos aguantan el chaparrón como pueden. Cadel Evans, en posesión del dorsal uno, ve que reeditar el éxito será una quimera, Vincenzo Nibali se contenta con seguir la rueda, Alejandro Valverde se descuelga. La etapa la gana Froome, su primera en el Tour, pero Bradley Wiggins accede al liderato que ya no soltará hasta el final, incluso con su compañero de origen keniata cuestionando galones en cada subida.

Foto tomada www.20minutes.fr

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La ratonera británica

El domingo pasado Jordi Évole dedicó su programa al deporte y el precio que algunos están dispuestos a asumir por conseguir la medalla. El testimonio de Carolina Pascual, plata en Barcelona, es de traca, asumiendo todo lo que llegó a asumir por ese premio y creyendo, hoy aún, que volvería a hacerlo en caso necesario. El de Juan Mata estuvo a la altura de uno de los pocos futbolistas que tienen dos dedos de frente y el de Virginia Berasategui, de ese mejor no hablemos, porque fue vergonzoso.

Dicho esto, y volviendo a las penurias de Carolina Pascual, queda patente que lo que entendemos por deporte el 99% de los mortales es muy diferente a lo que contempla ese uno por ciento que es la élite. A menos de cien días para que empiece el festival olímpico en Río de Janeiro, en el Team GB, el auténtico coco del ciclismo en pista, e incluso si se me permite para la carretera, han perdido la persona que se considera clave en su éxito, un éxito que habla de un porrón de medallas entre Pequin y Londres.

Shane Sutton es esa persona, que se va en un momento crucial, en la recta final del camino hacia la cita brasileña, con muchos interrogantes e incertidumbres en el camino, una selección australiana que le ha tomado la aspiración a los ingleses y muchísimas medallas que revalidar. Al parecer el éxito inglés, como no podía ser de otra manera, se basaba en una presión sin igual en una olla que ha acabado de estallar.

Con ese culo no pretenderás entrar en el equipo de velocidad

Esa y otras lindeza que nos recuerdan a las que se contaron de la selección de sincronizada aquí en España, suenan sobre la gestión de Sutton, que además es acusado de haber priorizado la parte masculina a la femenina, incluso hasta en el staff.

Es el precio del éxito, del todo vale, y eso pasa allí, aqui y en la China popular, y en este caldo encontramos parte de los motivos del éxito británico, que cuando invierten en algo, aparcan sentimentalismos y arrinconan plañideras.

El precio de triunfar en el Team Sky es también alto, tanto que Sir Brad Wiggins no quiso pasar por lo mismo otra vez tras ganar el Tour. El Sky, ese modelo en muchas cosas, es un cuello de botella para todo el talento inglés que dijo querer sacar adelante. Entre los que allí no han podido triunfar están los Yates. Uno de los dos hermanos acaba de dar positivo. Simon es el “agraciado” y aunque en su equipo, el Orica, se esfuerzan en decir que todo ha sido un error y que su ciclista no ha incurrido en la trampa, lo cierto es que las palabras «positivo» y «Simon Yates» se multiplican de la mano por las redes.

Estará aliviado Dave Brailsford de no tenerlo en casa. Si lo de Yates se suma a las cosas raras que atosigan a Henao, ya no habría explicaciones para tantas historia difíciles de explicar.

En fin, que nuestro admirado ciclismo allá en las islas no pasa momentos dulces, aún agradeceremos la tranquilidad que se respira a este lado de los Pirineos…

Imagen tomada de British Cycling

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Dentro de la madison

El jueves vimos la trepidante final de persecucion por equipos como el primer capítulo de la doble entrega de Brad Wiggins en los mundiales de su casa. La segunda parte de este díptico, viene el domingo con la americana junto a Mark Cavendish, metido en pleno omnium, en lo que será, tenedlo por seguro, una explosión de emociones como pocas veremos en un velódromo.

Hubo por eso otra vez que Wiggo & Cav corrieron juntos un madison. Fue hace ocho años, en una experiencia doble, porque entonces la americana era una carrera mundialista y olímpica, porque ese año fue la cita de Pequín.

El mundial de 2008 fue en Manchester, la catedral del éxito británico en pista y Wiggins le dedica un capítulo en su libro bajo el título de “Madchester”, como síntoma de la locura que aquello implicó. Para Wiggo, para aquel Wiggo, la pista entonces le implicaba partirse en tres: persecución por equipos, persecución individual y americana.

La carrera de parejas estaba programada también con Cavendish y era la tercera de todas. En las dos anteriores, Wiggins había sido campeón del mundo, pero le quedaba un ultimo esfuerzo, que además implicaba complacer a Cavendish, un manojo de nervios el día de antes por inoportunos dolores que desaparecieron en el momento precio a la carrera. Cuenta Wiggo que esos dolores estuvieron a punto de apartar al de Man por Geraint Thomas.

Pero al final salió a la pista la pareja prevista que además actuó como un solo entre a las órdenes de Shane Sutton. Rápido Bélgica, Alemania y Dinamarca cogieron vuelta. Aquello se estaba cociendo poco a poco, siendo clave la marca de persecucionista que llevaba Cavendish en el ADN para mantener viva la esperanza y desgastar los rivales.

A cuarenta vueltas del final Wiggins saltó la carrera por los aires e igualan vuelta. Luego, en un sprint clave, Cavendish evitó el oro seguro de Alemania en un golpe de riñón que puso final a la competición. Sin estar seguros los dos se miraron y miraron al puesto de la BBC donde la sonrisa de Jamie Staff delataba que los números salían: eran campeones del mundo en el último momento.

La felicidad, el delirio del momento se convirtió en un amargo trago en Pequín. Con Wiggo investido en doble campeón olímpico, sus piernas no recuperaban el tono de Manchester. Esa americana se convirtió en un todos contra la pareja inglesa, eso dicen los protagonistas. Argentina fue oro, la pareja española Tauler-Llaneras, plata. Cavendish, que había dejado el Tour con cuatro triunfos de etapa, se fue furioso de Pequin, su sueño olímpico, otra vez frustrado. Wiggo insiste que no tiene nada que reprochares de aquello, pero la relación quedó tocada. ¿Habrá enmienda en Londres?

Imagen de British Cycling

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La venganza australiana

Dedicadle los menos de cuatro minutos que dura a la final de persecución por equipos del mundial de Londres. Son eso, cuatro minutos escasos, de perfección sobre la máquina, de cuatro tipos contra otros tantos, que ejercen una obra de orfebrería suiza en tiempo récord y sin mayor dilación. La persecución perfecta.

La mejor carrera de los últimos años, mejor incluso que aquellas que acabaron con récord del mundo y por tanto con monólogo británico. Me decían el otro día que la clave de UK en la pista es la pasta, la pasta y la pasta. “Antes eran más malos que la carne de pescuezo” me decían. Pues menos mal que lo eran, pero «qué dinero tan bien invertido«, añado yo.

Y eso que cuando hablamos de la cuarta británica hablamos de la vigente medalla de plata, sí porque los australianos quisieron ser uruguayos en Brasil y les clavaron un “maracanazo” en toda regla, con el velódromo entregado a las más bajas pasiones y la gente cantando el éxito anfitrión, pues a medio kilómetro comandaban una carrera que había sido austral en su práctica totalidad.

Pero ocurrió lo inesperado, que el durísimo y eterno Ed Clancy reventó, perdió la aspiración de tantísimo dolor en las piernas y lacatato surgiendo por doquier. Explotó al martilleo del ritmo de Brad Wiggins para dejar en dos lo que ya entonces era un terceto. No queremos imaginar los mil cuchillos que agujerearon la resistencia del bueno de Clancy, que poco tiene que demostrarnos, en esos momentos.

Jugada redonda para los finísimos australianos, que se cobraron con victoria a domicilio las repetidas victorias inglesas en los diferentes foros a los que acudían. Llegaban a los juegos de Londres investidos en favoritos y les ganaron los anfitriones, aquí pasó exactamente lo contrario. Luego os preguntáis porqué el Orica es una máquina de ganar cromos por equipos.

Ahora me pemitiréis hablar de Wiggins, un ciclista tan singular, que añade una presea plateada a su increíble palmarés. Nada más apearse de la bici habló de Río y de que allí la historia será muy diferente. Con su edad, su palmarés, su Tour, sus medallas olímpicas, con todo, que siga demostrando ese apetito ganándose la plaza en una cuarteta llena de jóvenes lobos sedientos de gloria, es loable.

Aunque algunos medios hablen de la derrota de UK a pesar de tener a Wiggo, nada más lejos de la realidad. Esto es un trabajo de cuatro, y alguno más, donde la individualidad no se diluye, sencillamente se hace una con otras tres, exactamente lo que hicieron los australianos en casa de su enemigo.

Imagen tomada del FB de los Track Cycling World Championships

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Cavendish debe priorizar

La ubicuidad de Mark Cavendish ha sido un hecho estos años de atrás. El ciclista de la Isla de Man genera todo tipo de opiniones, aquí por ejemplo, no hemos escondido que muy bien no nos cae, pero sin embargo las percepciones personales no impiden que admitamos que estamos ante un ciclista de los que han marcado época, y digo «marcado», con toda la intención porque desde hace unos tres años su aureola no brilla como anteriormente por la sencilla razón de que ahí arriba hace mucho frío y siempre tienes a alguien dispuesto a comerte la tostada.

Cuando un corredor pasa de dominar, cuando no monopolizar las llegadas masivas del Tour, a ser derrotado en un sprint hasta por Fabian Cancellara, sin ser manco en estas artes, manifiestamente inferior que el inglés, pues te planteas si realmente eres el que eras, por mucho interés y pasión que le pongas. Valverde por ejemplo, a su edad, a su palmarés, le añade ganas y pasion, pero es que además, los resultados le acompañan, en el caso de inglés, las cosas no parecen tan sencillas.

Sea como fuere todo indica que tras este 2016, la vida ciclista de Cavendish será muy diferente. En SkySports el responsable máximo de British Cycling, Shane Sutton, habla del corredor insular y lo hace en tono crítico.

Debe priorizar” viene a decir. Cav ha arrancando bien el año, aunque en sus duelos con Alexander Kristoff ha salido derrotado. En lo sucesivo Cav quiere hacer una buena primavera, un buen Tour, ser campeón del mundo en Qatar, mundial similar al truño que ganó en Dinamarca hace cinco años, y quiere además una medalla olímpica.

Descartado para la ruta, porque sencillamente es como una etapa de montaña del Tour, Cav quiere emprender el camino de Wiggins y volver a los velódromos. El problema es que si Wiggo ha hecho una apuesta en exclusiva, Cav quiere navegar en dos mares, pista y ruta, y eso no es sencillo de compatibilizar.

La carrera de Cavendish en Río deberá ser el omnium. La suerte de este empeño pasa por Londres y el mundial de la semana que viene. Si el resultado no es bueno, posiblemente desista, pero si acompaña, entonces podrá tener un problema, porque estar seleccionado para el omnium le comportaría ser el quinto ciclista de la persecución por equipos y eso, eso, son palabras mayores.

Es una trabajo “brutal”, casi inhumano, como lo define Wiggins, quien centrado en la disciplina describe entrenos insufribles porque además del oro, los británicos quieren la guinda del récord del mundo en la elipse brasileña. Rizar el rizo, la excelencia, en definitiva. Si Cav quiere eso, sus ambiciones se darían de bruces contra su calendario en carretera y las ilusiones que el Dimension Data ha puesto en él.

Es loable que un corredor de su caché siga teniendo tantos frentes abiertos, pero ser realista se le impone a tener pájaros en la cabeza…

Imagen tomada de British Cycling

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A vueltas con el motorcillo

Nuestro amigo Nacho Labarga tiene el singular honor de haber estado en todas la ediciones, tres de tres, del Dubai Tour. Aquí el año pasado dio cuenta de la opulencia que ha rodeado esta carrera, hace dos habló del artificio que la rodea. Desde entonces el Dubai Tour pone ciclistas por una de las urbes más espectaculares del planeta. Ciclistas pequeños, como hormiguitas entre auténticas moles de hormigón que este año han coronado a Marcel Kittel, en lo que esperamos sea un regreso exitoso.

Pero más allá de Kittel, sus venturas y cómo le vaya, nos llamó la atención este artículo de Nacho en Marca sondeando varias voces de importancia sobre el motoricillo en la bicicleta, su uso y el precedente de la ciclista belga en el mundial de ciclocross.

Sinceramente creo que a estas alturas de la película, decir que el mundo se acaba en el ciclismo porque encuentren o no más motores no es ajustado a la realidad de un deporte que camina en el filo desde hace muchísimo tiempo. El ciclismo ha sobrevivido a temblores que habrían barrido barrido cualquier otro deporte, temblores como el caso Festina, las redadas del Giro, la leyenda negra de Lance Armstrong y el perenne estigma que siempre le acompañará con el tema del dopaje.

Pensar que los motores pueden ser una puñalada en la débil credibilidad de este deporte es normal, pero de ahí a decir que desaparecerá, hay un trecho. Entre los que opinan me quedo, como no podía ser de otra manera, con Brad Wiggns, que habla con una seguridad que asusta:

Ya tienen la sospecha desde hace cinco años, porque han estado controlando las bicis, pero creo que es la primera que han encontrado. Así que estoy seguro de que ha ocurrido en el pasado pero no lo han visto»

A mí me suena a mensaje envenenado a su enemigo-compañero Froome, uno de los más acosados en este tema. Wiggo nunca deja indiferente y al vigente ganador del Tour le tiene tan poco aprecio que ni lo disimula. Con compañeros así para que quieres rivales.