Bradley Wiggins pierde los papeles

En el libro que cuenta la rebotica de creación y puesta en marcha del Team Sky se toman en consideración muchos preceptos que hoy se plasman a diario. La retórica de los chicos de negro y sus mentores, valiéndose de la limpieza como gran bandera, les propinó un recibimiento más bien frio por parte del pelotón. Un cierto halo de prepotencia frente a la tradición, el desprecio a formas de hacer –viciadas sin duda- de toda la vida, la imposición de metodología propia, la tecnología a la proa de sus argumentos,… todo colaboró a que este equipo no cayera precisamente de pie entre el gremio.

Un ciclista que es una caricatura

A esa entrada se unió esa citada retórica de limpieza que con los años se hace complicado creer pues Sky ha consumado actuaciones hegemónicas que han recordado a otras similares con final no precisamente feliz. Dígase Festina, ONCE, Saunier,… Aquí siempre hemos defendido la legitimidad de los controles que han ido superando –por difícil que resulte creer en ellos- pues nunca han pitado. Y eso nos debe valer hasta nueva orden. Incluso hemos lamentado que en ciertos ámbitos ciclistas se reza a diario para que un chico de Brailsford dé positivo, en lo que sería, a mi juicio, una hecatombe para este ya de por sí magullado deporte.

Con estos mimbres no es de extrañar que las declaraciones de Bradley Wiggins caigan como una patada en el estómago. Mientras deshoja la margarita sobre su futuro inmediato, Wiggo atesora con acento científico que “los ganadores limpios del Tour se cuentan con los dedos de la mano. En otras declaraciones le oí decir que “no son más de tres los que han competido ajenos al dopaje”. Tremendo. Cabe pensar que en esa trinidad entran él, su compañero Chris Froome –o igual no- y un tercero que va desde Maurice Garin a Cadel Evans. Que escrute en 98 ediciones y nos diga quién, eso sí, descartando a unos cuantos como Lance Armstrong, Laurent Fignon, Jacques Anquetil, Bernard Thévénet y algún otro en el que ahora no caigo y que dijo haber competido con mandanga. Sus declaraciones revisten resquicio de inteligencia, pues abriendo la lista al infito se evita demandas e historias.

Con estas desgraciadas declaraciones de fondo, Wiggins se arroga el papel de pontificador del ciclismo limpio. “Es una responsabilidad que me ha tocado” aduce. Esta empresa de tamaño divino nadie la había acogido con estoicismo tal desde que a “Josemari” Aznar recibió el mandato de salvar a España de las hordas rojas.

No sé si estas soflamas forman parte del ideario de Dave Brailsford o si son del perfil de ganancias marginales. Desde luego no parece lo más inteligente. Te ganas el desprecio de tus compañeros de profesión y escupes en la historia del deporte que dices amar y defender, como si todo por lo que has luchado o creído no haya sido más que un puñetero y nebuloso sueño.

Porque en el fondo Wiggo debería ser consciente de su propia trayectoria. Unos orígenes de pistard culminados como ganador del Tour no son precisamente la concatenación de acontecimientos que inviten a prescindir de la sospecha y que conste que nos duele hablar así porque si en un sitio hemos demostrado respecto por Wiggins ha sido aquí.  De cualquiera de las maneras el ciclismo demuestra una vez más que poco hace falta desde fuera para destrozarlo cuando el enemigo sigue campando dentro.

Imagen tomada de mjmhome.blogspot.com