Mi 4 + 1 para el Tour de Francia

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Indurain, Lemond, Contador, Evans y Bernal en nuestro 5 para el Tour

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Esta tarde de julio, con el calor avanzando, y las vacaciones acercándose tendríamos el paseo final del Tour de Francia, una ceremonia mil veces vista, sólo rota una vez, aquella que Lemond remontó a Fignon, de ida y vuelta por los Campos Elíseos, Arco del Trinfo arriba, la Defensa más allá, al otro lado la Concorde, antes de circundar el Louvre y tomar la vuelta por la arcada de la Rue Rivoli.

Una cita que este veinte-veinte nos ha privado, al menos en julio, veremos si entrados en septiembre podremos verla.

Una ceremonia cuyo recuero nos trae a la memoria los mejores «hombres Tour» que hemos visto en los más de treinta años que llevamos llenando nuestro julio de Tour, ciclismo y todo lo que más allá de los Pirineos sucede.

 

Una historia que queremos resumir en cuatro nombres, cuatro más uno, en la historia que tenemos fresca de la mejor carrera del planeta, en las tres semanas en las que el ciclismo se mide en importancia a las grandes competiciones, sea de lo que sea.

Cuatro nombres que queremos empezar con lo mejor que hemos visto en treinta años largos de Tour de Francia, la aventura de los cinco leoncitos de Miguel Indurain en las estanterías de su casa.

Nunca vimos nada igual que Miguel Indurain en el Tour, nunca a ese nivel, sin casi altibajos, ni disonancias, en cinco años seguidos

Su dominio del Tour de Francia fue a tal extremo que pensar en algo más que sus cinco años de dominio es complicado.

Su ciclo fue perfecto, con cronos demoledoras que marcaron época, con ataques complicadísimos de resolver que sacaron los colores al pelotón, con jornadas que quedan para la retina, perennes.

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Pero antes que Miguel Indurain, hubo un americano que hizo del Tour un arte extraño, malabarista y casi perfecto

Greg Lemond tuvo la suerte de romper contra Indurain, no sé si habría llegado mucho más allá, de lo que no cabe duda es que su legado es el de un artista del Tour, un corredor que era capaz de enterrar la cabeza bajo tierra semanas y meses y aparecer, espléndido, a su cita en el julio francés.

Él acabo el reinado de Hinault y evitó que Fignon prolongara el suyo, sacó provecho de un equipo paupérrimo, como aquel  ADR, donde lo único potable era un tal, y entonces semidesconocido, Johan Museeuw, que le acompañó en segundo Tour.

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Entre los Tours que vimos, lo cierto es que la victoria de Alberto Contador, año 2009, fue lo más redondo que recordamos

Un Tour de esos de los antaño, con la montaña justa para cumplir, el peligro del viento, unas cronos potables y un ciclista que esa vez tocó el techo, con no muchos años, los justos para no aspirar al blanco de mejor joven.

En ese Tour Contador volaba en la montaña, ganaba cronos a Cancellara y corría al margen, y marginado, de su equipo, completamente solo, soñando improbables conspiraciones, vistiendo de esa épica que el madrileño gustaba, y gusta tanto, de usar en sus hazañas.

El cuarto, nos permitiréis, es una opción muy especial, Cadel Evans, uno de los ciclistas más limitados del palmarés reciente del Tour que hizo virtud de su aparente inferioridad en una edición que ganó porque creyó más que nadie, muy por encima de los Schleck, auténticos inoperantes sobre la pizarra, que salieron colorados de la edición que luce en la vitrina del primer australiano en ganar el Tour.

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Pero caben ambages, y el «bonus track» que nos pedimos es Egan Bernal, el ganador vigente que será el primero en la historia en defender título en septiembre, en medio de un corrido que se deshilacha, el Ineos, para que él pueda seguir con el reinado que justo empieza.

Egan Bernal es un corredor renacentista, que todo lo hace, y bien, que progresa y aprende, que quiere seguir la senda de los más grandes, donde la edad no es problema, en todo caso acicate para hacer del suyo un legado irremplazable.

Quedan fuera de esta pequeña y particular lista varios nombres

Entre ellos Chris Froome, un ciclista que incluso con cuatro Tours en ristre, con todo lo que cuelga de su bagaje, creemos que ha basado tanto su éxito en el equipo y su poder que a veces pensamos qué habría sido de él, si las luces rojas se hubieran encendido sin una rueda amiga.

Tampoco ponemos a Lance Armstrong, por motivos obvios, aunque, según que mañanas, consideremos la suya una cabeza de turco, ni Jan Ullrich, la clase alemana, eterna, como su media sonrisa sobre el esfuerzo extremo…

Son nuestro 4 + 1 de los que vimos, seguro que alguno recuerda otros más…

Los muchos motivos para querer Cadel Evans

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Siempre que se habla de ciclistas conservadores, surge el nombre de Cadel Evans

Es curioso, cuando se habla de corredores conservadores, lapas, ciclistas que están ahí, sin que les dé el aire, pero sacando rédito de lo ajeno, siempre sale el nombre de Cadel Evans, incluso cuando nada tiene que ver con lo que se inquiere.

Pero es así, un hecho claro y nítido en el imaginario del populacho ciclista que un día creció y se asentó y da igual el tiempo que pasé, que siempre surge.

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Hemos hablado con gente del pelotón sobre Cadel Evans y hay de todo, unos respiran mal, otros peor, lo dibujan como un tío introvertido, con sus rarezas poco disimuladas y un carácter complejo.

Fue tras Lance Armstrong, uno de los pocos que se pusieron seguridad en el Tour de Francia, era curioso verle con un gorila, vestido de amarillo, por las metas del Tour que acabaría ganando Carlos Sastre.

Que nadie le tocara el peluche.

Aquella edición le recuerdo también vistiendo una camiseta interior por el Tíbet, cuya bandera se le adivinada en el maillot abierto

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Sea como fuere pocos corredores, desde el punto de vista de aficionado al ciclismo, nos merecen el respeto y admiración de Cadel Evans.

A pesar de esa pose afectada, de esa mirada melancólica, de esa actitud a veces soberbia, nos pareció un extraordinadio profesional.

Y son tres

Por un lado trae hasta aquí una extensa trayectoria, iniciada en las ruedas gordas, llegó a ser subcampeón del mundo, siendo uno de los casos de transición del BTT a la carretera que podríamos tomar de éxito.

Esa habilidad de la montaña la plasmó en dos hechos en la carretera, por un lado con muy buenas cronos a lo largo del tiempo, sabiendo domar el arte de rodar por kilómetros y kilómetros…

Por otro lado, en aquella icónica etapa del sterrato, Giro de 2010, en las que los ciclistas acabaron irreconocibles.

Evans ganó aquella etapa, en arcoíris, tras dejar a los Liquigas, Basso y Nibali atrás. 

Un día para recordar de un Giro para enmarcar en el que Cadel Evans tuvo su cuota de culpa.

Y es que ese ciclista conservador, que nunca se movía, que iba a remolque sacó muy buenas actuaciones en esa y otras carreras.

Fue campeón del mundo atacando sin atacar, sacando petróleo de la empanada de Purito y Kolobnev en el momento decisivo de Mendrisio, un triunfo que le valió un arcoíris que seguro tiene en un marco en casa junto al amarillo del Tour.

Y es que el Tour que gana Cadel Evans fue de todo menos sencillo, supo estar ahí siempre, sacando provecho a la torpeza táctica y obsesión por Contador de los hermanos Schleck.

Ganó un Tour en la carretera, nadie se lo regaló, apretó cuando debía y consiguió escribir la historia del ciclismo australiano, que es la suya.

Evans ganó ese Tour porque dio lo mejor que tuvo, es decir todo, sin dejar nada, recogiendo de cada recoveco de su cuerpo, mientras otros jugaban a no sé qué.

Y no sólo eso, ese corredor lapa que muchos señalan por la calle, dejó la bicicleta hace seis años con un palmarés que incluye Tirreno y Romandía al margen de un goteo de triunfos parciales y una Flecha Valona.

Y no preguntaremos por lo que pasó esa tarde en Monachil y la eternidad que tardaron en atenderle en un pinchazo mientras Valverde volaba hacia la Vuelta 2009.

Imagen: Wikipedia

El genio de Nairo Quintana

El ciclismo y el renacimiento

Hubo en el Renacimiento un símbolo eterno. Fue una persona, se llamó Miguel Ángel. Él se consideraba escultor, el resto de sus habilidades fue por añadidura por premio de la naturaleza.

Un talento sin igual. Un día el papá Sixto le hizo un encargo, pintar su capilla en el corazón de los Palacios Pontificios, al lado de San Pedro, en el Vaticano. Obviamente Miguel Ángel no pudo desistir al deseo del representante de Dios en la tierra y en infames andamios se encaramó para sembrar de fantasía las bóvedas de aquella sala. Lo hizo con desgana, a contrapié, de aquello surgió la Capilla Sixtina.

Permítanme recuerde esta fábula para recrear la situación de Nairo Quintana en el Movistar.

Nario quiere correr el Tour, desea correr el Tour, pero quien paga, el papá Eusebio, le lleva al Giro.

Es lo que hay, al colombiano no le queda otra que hacer caso a quien sufraga su sueldo, pero no desiste, y  se declara en medio rebeldía. Lo dijo desde el estrado en el que se presentó en el equipo azul, se lo asegura a cada medio que le inquiere por la cuestión. “Prefiero el Tour” sacude. No omite la respuesta pero su hoja de ruta está trazada.

Y es por ello que  a Nairo le quedará como a Miguel Angel, cejar en el empeño de repetir algo que le corroe y centrarse, que seguro que lo hará, en un Giro de segundos y primeros espadas que se presenta sencillamente impresionante.

El movistar y Nairo

Porque la peor noticia del plan trazado por Movistar para su estrella colombiana es para los propios rivales del ciclista de apacible aspecto pero ambición indisimulada.

Richie Porte, Purito, Cadel Evans, Rigoberto Uran, Ivan Basso, Chris Horner,… esperan ya su duelo al sol italiano con Nairo en un escenario que mucho nos tememos volverá a deparar el mejor ciclismo de la temporada.

Una carrera que pone a Irlanda como si fuera la tercera isla de la bota italiana, desde Belfast sale, para luego recorrer la península de sur a norte y arribar, si la nieve y el mal tiempo lo permiten, a las tremendas etapas dolomíticas.

Al Giro sólo le faltaba Nairo de quien muchos justifican su ausencia en el Tour por la tremenda etapa de pavés que pincela la primera semana.

Si bien es cierto que trago no le sería sencillo, no menos lo es que Nairo sí mantuvo el tipo el día que su equipo se descompuso en la última edición y es que quizá..

su versatilidad y gran concentración en carrera sean la mejor y peor arma para el ciclista.

La mejor porque le da un innegable plus en la  disputa de cualquier grande y la peor porque su consistencia es el mejor argumento para quienes creen que también lo hará bien en el Giro.

No obstante hay una lectura que un servidor no admite y es esa que habla de Nairo como un corredor tan joven que le quedan muchos Tours por disputar en el camino.

Es como si Cancellara no quisiera exhibir pegada en Harelbeke porque sus rivales le pueden tomar la matrícula para Flandes o Roubaix. Las carreras hay que disputarlas cuando se está en disposición de hacerlo bien y sí Nairo es muy joven, pero también está en disposición de disputar el Tour y lo que se le interponga por eso esperar es abrir la puerta a que el azar  o la mala suerte pueda actuar en el futuro como no lo está haciendo en el presente.

INFO Northwave es maillot oficial de la Polar Gran Fondo La Mussara. Uno de los más importante eventos cicloturistas de la temporada será sin duda la marcha Polar Gran Fondo La Mussara, en la provincia de Tarragona, que se celebrará el sábado 24 de mayo por las recónditas carreteras de la Serra de Prades. El Maillot Northwave PRO ha sido el elegido para que sea lucido por todos los 2.000 participantes en la prueba. Para más detalle podéis clicar aquí. 

Foto tomada de www.elcomercio.com

El escalofrío rosa llamado Giro de Italia

Giro de Italia

Una vez al año, una y no más, hay un escalofrío, una especie de tintineo que mueve la bota itálica.

Nada tienen que ver las charangas sicilianas ni los volcanes especialmente activos por estas tierras, es una sacudida sostenida en tres semanas, una especie de transmisión sísmica que atraviesa la península de arriba abajo y al revés y suele romper en el norte, habitualmente en Milán, el año pasado en Brescia, esta vez en Trieste.

En 2014 el latigazo viene de muy lejos, desde el norte de Irlanda del Norte.

el Giro empezó en Belfast

Hasta Belfast -a los pies del mito del Titanic, hace falta ser cenizo- nada menos se han llevado todo el tinglado rosa para vestir de gala, y en viernes, este Giro que anuncia la época de las grandes vueltas. Si quieren que les diga la verdad, estamos ante la grande más bella porque en efecto Italia fue un país que el creador cinceló para ser surcado por ciclistas, por empedradas calles sin aceras, por hermosísimos rocódromos en el cogollo dolomítico, que en esta tardo primavera se puebla de verde y hermosura, por ciudades bellas a rabiar, por parajes únicos.

Italia es ciclismo, el Giro es Italia, bello, desorbitado, rosa, vivo.

La edición que tenemos sobre el tapete es la primera con Paolo Bellino, como el mito Coppi “un uomo solo al comando”.

Bellino lleva la salida lejos de la madre patria, posiblemente lo más lejos que haya ido nunca una gran carrera, superando incluso esa que el Tour realizó desde Dublín en el infame 1998, pues Francia, por cuestiones tectónicas del pleistoceno cayó más cerca de las islas británicas.

Bellino no contento con el radio abarcado sondea y escucha, próxima parada, quién sabe si Dubái, ahí donde pusieron el huevo no hace tantos meses.

El Giro será una fiesta, pese a quien pese, falte quien falte.

Ser favorito para esta edición se ha convertido en una suerte de estigma para algunos. Richie Porte, eternamente enfermo este año, y Chris Horner, brutalmente atropellado en los lagos septentrionales, no están en la salida irlandesa. Finalmente llegó Purito, que con su semana de pasión entre Amstel y Lieja incluso vio peligrar su concurso. El moreno catalán es la baza hispana, pero así como otras veces me transmitía poder, esta vez no.

También hablan castellano otros grandes pues Nairo Quintana y Rigoberto Uran tienen importantes opciones.

Si este Giro viaja a Colombia

no se extrañen, sería un paso natural en un país que ciclísticamente es una potencia. Completa el vértice de la pirámide el admirable Cadel Evans, que corre en una cuenta atrás, ahora acompañado de su apreciado Samuel Sánchez.

La clase media del Giro incluye a los italianos, algunos también con pocas opciones de hacer algo grande si aquí no lo logran: Ivan Basso, Michele Scarponi –quien fue fichado para ayudar a Nibali en el Tour- y  Domenico Pozzovico.

Luego está Daniel Martin, bueno, abnegado pero difícilmente regular en una cita tan exigente, y también su compañero Nicolas Roche, que bien podría estar en la parte noble de este pronóstico. Muchos años después de Stephen Roche, el Giro sale desde Irlanda y tiene un par de bazas desde las islas.

Mikel Landa y el Giro

Interés tenemos por ver a Mikel Landa, no esperamos mucho de Pierre Rolland, tan dado a su Tour, y cuidado con Robert Kiserlovski. Salvo los cuatro o cinco grandes nombres, el Giro se compone de muchos equipos liderados por segundos espadas que pueden salir de Italia como gallos. Una participación muy mejorable.

¿Y del recorrido qué? Pues como siempre está concebido como una bola de nieve que se hace grande según pierde altura. La carrera atravesará rauda de sur a norte y en este estrecho pasillo continental se frecuentarán cimas con sabor a ciclismo de mayúsculas: Oropa, donde Ugrumov cercó a Indurain, Montecampione, donde Pantani acometió mil veces,  y Zoncolan, una subida por entre pistas de esquí.

Se retoma la anulada etapa de Val Martello –con Stelvio y Gavia, veremos qué pasa con la nieve- y se incluyen dos cronos, la de Baroli, 42 kilómetros de culebreo y toboganes, y la del Grappa, en una subida que otea el horizonte donde crece tan afamada y fortísima bebida. Todo acuñado por numerosas llegadas para velocistas. La alta montaña cayó en saco roto.

Por cierto se cumplen diez años del Giro de Damiano Cunego, el ciclista veronés que nunca más dio el tono de entonces dando pábulo a un reguero de preguntas que este ciclismo loco de un tiempo a esta parte nos impide descifrar.

Pantani Figura del Giro

También es el primer Giro diez años después de la pérdida de Marco Pantani, el símbolo de cómo la inmundicia pudo consumir un mito y una persona al mismo tiempo. Paradójicamente le quieren homenajear en la carrera que fue su punto de inflexión… hacia abajo. En ciertas cosas Italia se parece mucho a España.

 

INFO

Llega la Marcha Desafío Puertos del Guadarrama

El 8 de Junio a las 8:00h en el Polideportivo Martín Colmenarejo (Avenida de los Remedios) en Colmenar Viejo (Madrid) dará comienzo la cuarta edición de la Marcha Desafío Puertos del Guadarrama. Como bien dice el lema de esta edición de 2014 «Los Puertos de Madrid y tú frente a frente«, será una prueba dura con 161,9 km de distancia y eso ya son palabras mayores. Sin duda un gran reto para todos los participantes que se animen a formar parte de esta marcha que seguro que gusta a todos, como ha ocurrido en ediciones pasadas. Contará con el sello organizativo de la Federación Madrileña de Ciclismo que pondrá todos los medios disponibles para que sea todo un éxito tanto de participación como de organización y seguridad.

¿Pero qué pasa con las contrarrelojes?

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Sin una buena contrarreloj, el ciclismo no está equilibrado

Es curioso que en el ciclismo más tecnológico, la modalidad que más prestigia la tecnología, la contrarreloj, no tiene apenas presencia.

No en la medida que sería deseable.

Hace veinticinco años, kilometradas de contrarreloj decidían y condicionaban carreras, las grandes carreras.

Pero el ciclismo de 2019 no las quiere, no las premia, no las pone en el recorrido.

Y se olvida, como siempre en esta desmemoriada sociedad, que sin la contrarreloj no hubiéramos conocido en todo su esplendor a Indurain, Cancellara, Wiggins, Anquetil, Hinault.

La contrarreloj es la base misma de la competición ciclista

En una contrarreloj hay un pulso interno, individual, uno a uno, sin más distorsión que llueva antes o después, que sople el viento.

El descenso de kilómetros en las grandes vueltas, especialmente en el Tour, la carrera que se precia de ser la mejor del mundo, ha desequilibrado la balanza.

Sin una buena contrarreloj no ha incentivos al ataque en la montaña.

Los escaladores pueden correr con menos agobio, sin la necesidad de arriesgar.

El riesgo es una palabra que crea aversión en el ciclismo moderno y sin una buena contrarreloj no hay posibilidad de poner al límite a los escaladores.

Si miramos los tiempos recientes cada vez que ha habido una buena crono ha habido emoción.

Incluso vuelcos finales y dramáticos.

El Giro 2012 que pierde Purito frente a Hesjedal en la misma plaza del Duomo de Milán.

O la caída de Denis Menchov en la recta del Coliseo, año 2009, sin mayor consecuencia más allá del impacto de ver la maglia rosa por los suelos.

Una buena contrarreloj siempre ha puesto negro sobre blanco los mejores duelos.

Recordad la jornada de Guadarrama, Vuelta de 2015, cuando Fabio Aru tuvo que poner a full su Astana para derribar el Dumoulin que le puso contra las cuerdas en la crono de Burgos.

O el ataque lejano de Carlos Sastre en Alpe d´Huez, para desespero de los Schleck, poniendo metros sobre Cadel Evans ante la crono final.

Son ejemplos, pillados al viento, pero muestras tangibles de que los recorridos equilibrados traen espectáculo y meten a todos en el pastes.

Que Tom Duloulin haya privilegiado el Giro sobre el Tour, que otros le pueden seguir la pista, que la mejor carrera del mundo no tenga a los mejores, eso debería hacer reflexionar a sus mentores.

Por muy alta que sea la atalaya desde donde aprecian el paisaje.

¿Torcerá su suerte Richie Porte?

El circuito ha descorchado y el ciclismo habla inglés, un inglés matizado, de las antípodas, un inglés que tiene acento insular, de la isla continente, de Australia, ahí, como desde hace unos años, donde empieza cada año el concierto de flacas por rutas que otrora frecuentaran esos canguros que siempre alguien retrata en alguna señal de tráfico al paso de los ciclistas.

Habla australiano por dos ciclistas, principalmente, porque el Tour Down Under ha sido una merienda de los locales. Ambos hicieron pleno. Caleb Ewan cuatro sobre cuatro posibles al sprint. Richie Porte dos sobre dos posibles cuesta arriba más la general. Un balance tan redondo que impresiona, porque no tenían presas fáciles, el velocista relegó a Peter Sagan al puesto que se le hizo eterno en 2015, el segundo, el tasmano pudo con Esteban Chaves, que es colombiano, pero que está tan integrado por esas latitudes que podría pedirse la doble nacionalidad.

Hoy nos trae aquí por eso, la figura de Richie Porte, un corredor sin igual, con una calidad y talento al nivel de los mejores del mundo para las mejores carreras del mundo que sin embargo, nunca ha dado el tono cuando se le espera en campañillas.

Porte no ha ganado nunca por ejemplo una etapa de una gran vuelta, no ha pisado un podio, sólo ha vestido de líder en el Giro, cuando era un querubín en el Saxo Bank pre Contador, y sin embargo, su valor es, a todas luces, mucho mayor que esos resultados que luce en el palmarés.

Siempre fino en el Tour Down Under, Porte al menos tiene el consuelo de haberse llevado la carrera de su tierra cuando años atrás siempre se le cruzaba alguien, principalmente Simon Gerrans, sin duda el corredor más avezado que ha dado el país continente, cuando no Rohan Dennis, quien sufrió lo indecible para aplacar a Richie. Sin opción al fallo, Porte basó todo en las dos jornadas en alto con sendos ataques, sólo dos, que le valieron coger el liderato y apuntalarlo. No hubo más historia, porque esta vez no quiso sorpresas.

No sé si Porte entenderá de corazonadas, pero lo de Adelaida puede ser una, abrir el grifo a una realidad que desconoce, la de culminar todo lo que promete, el Down Under no es el Giro ni el Tour, pero si hay corredores con capacidad de hacer daño de verdad a los grandes, entre ellos está el Porte que ataca una vez y sostiene tanto y tan bien el “ritmo de brecha”.

Porte lleva años tentando la suerte. 2017 es una nueva estación, no sé si la última, no sé si la definitiva, pero mantenerse en sus trece de optar al Tour creo que está justificado, más cuando el año pasado le persiguió el mal fario al punto que el embudo del Ventoux le pilló a él antes que a nadie. Siempre soldado a Froome, sólido en las cronos y con un punto de ofensivo en las subidas, Porte se ha ganado en tres semanas el estatus al que su compi Van Garderen no ha optado en la vida.

Siguiendo con las corazonadas: Ya sabéis, australiano vestido de BMC, que triunfa cuando quizá menos lo esperaba, a mí me suena a la leyenda de Cadel Evans, ¿torcerá su suerte Porte?

Imagen tomada del FB de Tour Down Under

INFO

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#BonjourTour etapa 20

Poco más de un minuto entre Romain Bardet y Richie Porte, con Nairo Quintana y Adam Yates en medio, marca el pulso de la disputa del podio, en su última entrega. Sólo un accidente o desmoronamiento imprevisto de Froome quitaría al inglés de su privilegiada posición por eso centramos el foco en la segunda y tercera plaza que ahora mismo es una moneda al aire, aunque no me extrañaría que Nairo y Bardet mantuvieran su presencia en el podio.

Jornada es típicamente digna de cierre de montaña en el Tour, porque pasa por un puerto habitual en estas etapas, el Joux Plane, lugar de mil historias, subida muy dura y descenso de los que exigen agallas. Todo lo que no pase aquí no tendrá vuelta de hoja en vísperas de París.

El lugar

Morzine, lugar de deportes de invierno, es uno de los puntos más frecuentados por el Tour desde hace treinta años, siendo visitado con cíclica frecuencia. Enclavado en la frontera suiza, no está lejos de las llegadas y salidas de estos días en un bucle casi interminable del Tour por estos parajes en su fase final.

23 de julio de 2011

Cadel Evans fue un ciclista que generó sentimientos muy encontrados en el aficionado, rara vez atacaba y cuando lo hacía, sus consecuencias no eran las de otros ciclistas dotados de un talento obviamente superior. Segundo dos veces, ambas superado por ciclistas españoles, Sastre y Contador, cambió el chip ese día que Andy Schleck le atacó hacia la cima del Galibier y le puso contra las cuerdas. Esa jornada no cayó en los errores de antaño, Evans cogió la cabeza del grupo y se vació para que el luxemburgués no sentenciara el Tour en una de las mejores etapas de los últimos años.

Agarrado a ese hilo, el superviviente Cadel Evans haría historia al convertirse en el primer australiano en ganar el Tour. Lo certificaría en la crono de Grenoble, que cae en manos de Tony Martin, pero que corona el australiano con un amarillo que pudo haber conservado Voeckler de no haber enloquecido en el Galibier. “Mi Tour ha sido coherente, he tomado la responsabilidad cuando me tocaba” dijo Evans al final del día en medio de una cortina de lágrimas cayéndole de los ojos. Acababa de ganar nada menos que el Tour.

Imagen tomada de inrg.com

INFO

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Los pormenores del BMC

En el BMC tenemos un caso curioso y ciertamente representativo de que en el ciclismo no siempre el Tour es lo más importante, aunque desde luego su peso es innegable. El equipo de factura suiza está completando este año, y especialmente en las ultimas carreras, el mejor ejercicio desde su sonada irrupción en el ciclismo.

BMC es una marca de bicicletas que mantiene desde hace unos años una estructura ciclista enorme con una inversión que sólo se justifica y se alarga en el tiempo si eres un loco del ciclismo, como lo es su dueño. Dicho esto, la colección de campeones del mundo que ha pasado por la escuadra “rossonera”, al estilo de los balones de oro del tito Florentino, no ha dado los resultados que podría esperarse de aunar a Evans, Hushovd, Ballan y Gilbert.

Sólo de ellos, Evans ha dado buenos resultados, y cuando hablo de buenos resultados, me refiero al caché que aterosan porque Gilbert nunca rindió en BMC como en el Lotto año 2011. Sin embargo volviendo a Evans, el australiano le dio al equipo su mejor resultado de siempre, el Tour de hace cuatro años, pero en medio de una temporada gris en el conjunto del equipo pues sólo lograron trece triunfos.

Este año, con el cambio en la dirección del equipo asentado, las cosas se muestran mucho mejor. Ya no sólo por la cantidad de triunfos, si no que también en el numero de ciclistas que los ofrecen. 2015 ha sido la temporada de la explosion de Rohan Dennis, un purasangre de verdad, de la recuperación de Tailor Phinney y el de los buenos momentos de Ben Hermans y sobretodo Greg Van Avermaet, un ciclista por quien nunca hemos escondido admiración.

Sin embargo, la imagen de conjunto no siempre ha sido tal y a veces la llegada de victorias dio la sensación que provenir del talento individual de sus ciclistas. Así lo vemos en gran parte de los 31 éxitos que se computan, entre otros, tres etapas en el Tour, una de ellas la crono por equipos.

En el debe del equipo sigue estando Tejay Van Garderen y su «desmembramiento» ciclista cuando se le exigen responsabilidades mayores. El americano dejó el Tour enfermo y la Vuelta accidentado, eso es cierto, pero transmite la sensación de que le cuesta rematar lo mucho y bueno que se dijo de él. En casa, Alan Peiper, el mandamás directo, parece tener la solución. Si tu líder no acaba de carburar, ponle otro al lado y Richie Porte ya ha anunciado su fichaje