Florencia y el ciclismo, Un desastre mundial ciclista

Florencia y el ciclismo, es la ciudad de los prodigios

Florencia y el ciclismo, cualquier acera que vires, cualquier callejuela que emboques, todo tiene algo que contare, algo que enseñarte. Hoy, esta tarde de domingo, nuestros ojos miraban hacia la maravilla toscana, pensábamos en quién sería nuestro Brunelleschi, nuestro Ghiberti, nuestro Donatello,… queríamos ver a los prohombres del ciclismo darnos una carrera del tamaño de Tony Martin el pasado miércoles y la vimos. Vaya si la vimos.

Hoy el ciclismo ha sido de mayúsculas. Y la resaca densa, casi futbolera. Miremos, desde lo lejos, que esto ha ocurrido tras siete horas, bajo la lluvia, los latigazos de cada cursa y el sopor de cada grito. Y si lo miramos así entendemos que pensar con claridad en esos momentos es complejo, casi imposible. Sin embargo no hablamos de lecturas perfectas de carrera, esas que calzamos desde el sofá, pero sí de ver lo que pasa un poquito mejor que quien tienes al lado.

Nuestro amigo Alejandro Valverde

En el cuaderno de Joan Seguidor nunca hemos escondido afinidad por Alejandro Valverde. Le echaremos de menos cuando cuelgue la bicicleta. En Florencia ha firmado un registro complicado, cinco medallas en un Mundial, algo que dicen nadie había logrado. Chapeau, pero lo siento el oro era la única opción.

Siento mucho decir que quienes argumentan que con esas pulsaciones, cansancio y nervios es imposible pensar con claridad no tienen razón. Entiendo de la dificultad del momento, pero tras siete horas no queremos sabiduría a chorros, y  sí algo de sentido común e instinto.

No se trata tanto de ser clarividente como sí el más listo de la clase. Alejandro Valverde iba castigado pero Rui Costa no lo iba menos. El primero erró clamorosamente, y no es la primera vez, el segundo venía tiempo advirtiendo de que era un hombre de gran peligro.

Un mundial, donde vigilar a los italianos

Con Purito metido en lides de dinamitador en el momento clave de la competición, España tenía dos de cuatro hombres entre los mejores. No había más que dejar hacer a Purito y vigilar a Costa y Nibali.

Si a ello le añadimos que Nibali llevaba un castigo insondable, aliñado por caídas y un “tras coche” que violó cualquier norma, la rueda marcada era una, la de un portugués, la de Rui Costa. Sólo había que fijarse en él.

Cuando Costa abre hueco imperceptiblemente, casi sin quererlo, es obvio que Nibali no va a entrar. A esas alturas es una cuestión de lectura sencilla y clara, pero también un síntoma de respiraciones, de quejidos, de postura sobre la bicicleta: Nibali estaba muerto, soldarse a la rueda de Rui Costa era imperioso.

Claro, cuando salvada la curva cerrada de derechas Costa ha tomado diez metros es imposible cerrar el hueco. Y cuando ves que Rui Costa va cual tiburón a por tu compañero escapado, te temes lo peor.

Hoy piolé que teníamos oro y plata en la mano, lo vi tan claro que no me cabía otra opción, más cuando en Fiesole Costa estuvo a punto de quedarse. Plata y bronce es un resultado honroso, en otros tiempos hubiera sido la hostia, pero en Florencia este resultado es decepcionante.

Ya hablaremos de lo que nos espera al ciclismo cuando esta generación se jubile

Si apartamos un poco la mirada de la emoción y entramos en la carrera, he de decir que el muy cuestionado seleccionador Javier Mínguez no lo ha hecho mal, es más podría decir que me ha gustado su planteamiento, pues la invisibilidad de los nuestros se ha traducido en dos de cuatro en el momento clave. Otros años rezamos por ver un español en cada corte y en cada fuga.

En Florencia y el ciclismo había gran cantidad de españoles en el momento calve  e incluso Alberto Contador cerró la brecha que provocó Italia desde lejos.

Otra cosa es saber a qué han ido algunos, mientras selecciones de pista van con corredores pagándoselo de su bolsillo, vemos que a Toscana algunos van a rodar a la crono para hacer no sé qué en la ruta. En fin, “c´ est la vie” y no la he inventado yo.

Foto tomada de la RFEC

La selección española y la servidumbre del ciclismo

Selección española de Ciclismo

Me quedó en la retina un tweet de Andrés Cánovas de esta mañana de miércoles. Decía algo así como “Selección suiza: Cancellara de líder, Albasini como alternativa y el resto gregarios”.

Disculpe el autor si mi precisión no es literal, hablo de memoria, pero volviendo al mismo, me resulta perfecto: pam, pam, pam.
Una regla de tres redonda, tienes un líder sólido, tienes un comodín luego llena el equipo de currantes, de gente que no tenga más ambición inicial que contribuir al triunfo del equipo.

Recuerden las últimas veces que la selección española trabajó como tal, como equipo, como bloque.

Yo no recuerdo nada en ese sentido desde el trabajo impecable que Carlos Sastre desarrolló en los Juegos Olímpicos de Pequín.
De ello han pasado más de cinco años, largos y tediosos, donde el hacer de los nuestros en la carrera más bonita del año no nos ha dado un arco iris y sí alguna medalla.

Un español en el podium del ciclismo nacional

La última vez que un español subió a lo más alto del cajón fue en 2004, nueve años ya, de esa mágica jornada en Verona donde galgos como Isidro Nozal, Luis Pérez y Alejandro Valverde, cuando más se le requería, le pusieron alfombra a Oscar Freire para estar en la antesala de los récords absolutos en la cita.
Desde entonces, por lo que fuera, nada interesante ha caído, a excepción hecha del oro olímpico de Samuel Sánchez, repito cimentado en la incondicionalidad de Sastre, y las medallas de Alejandro Valverde y Joaquim Rodríguez, como muescas individuales y no colectivas.

España no es efectiva en los mundiales de ciclismo

Por que, España lleva años yendo a los Mundiales con tres, cuatro o cinco hombres para ganar. Eso a priori, y propagandísticamente hablando, es interesante, pero efectivo más bien poco.

Aún resuenan las masacres italianas de Ballan y Cunego, el excelente punto de Hushovd en Australia, el golpe final de Gilbert,… los nuestros sí, eran tropel pero mal situados, mal avenidos. Cabe recordar el bronce de Alejandro Valverde el año pasado. Debía estar con Oscar Freire pero a la vez deseaba la rueda de Gilbert, al final ni lo uno, ni lo otro.

Y ojo, que conste que pensar con claridad en los momentos que Gilbert te pone el lactato por las nubes es hartísimo complicado.

Javier Mínguez se lleva una selección mediática donde no emerge el líder con claridad

y sí los nombres que visten en notas de prensa.

No dudo que el técnico vallisoletano tendrá cumplida referencia de sus hombres, pero destaca, en lo sorprendente, por no decirlo de otra forma, el nombre de Alberto Contador, quien al margen de haberse declarado muy alejado del perfil de ciclista de un día, no atesora el bagaje que sí escolta a otros.

Incluso la presencia de numerosos ciclistas que perfectamente podrían liderar otra selección, dígase Dani Moreno, Luisle Sánchez o Samuel Sánchez, responde a criterios que desde fuera evidencian dictado y necesidad imperiosa de agarrarse a estos nombres.

En la Vuelta hemos tenido trotones como Flecha, Aramendia, Vicioso, Txurruka, Piedra,… y fuera de la misma, David López, congraciado en Sky, o el propio Jesús Herrada, con los mejores en Canadá, igual que Ion Izaguirre.

¿Tenemos la certeza que gallos en toda la acepción de la palabra venderán sus opciones por el triunfo ajeno? En la selección francesa Sylvain Chavanel ha dado un paso atrás para dar opción a otros, pues él no se ve en la pomada. Como aquel Madrid de “Zidanes y Pavones”, queremos más “Castroviejos”, “Herradas” y “Egois” en esta selección.

Purito “Il cuore” italiano bate por Joaquim Rodriguez

Purito – Joaquim Rodriguez

Purito a los italianos siempre se quejan de la falta de cultura deportiva en casi todos los deportes excepto fútbol, deporte del que muchos dicen estar hartos, pero que al final ven en compañía saliendo a cenar o a beber cerveza.

Los italianos aman fútbol, casi en exclusiva, salvo que haya Olimpiadas, entonces les interesan otros deportes. Los italianos no son deportistas, aunque amen la naturaleza y la historia. 

Santuarios ciclistas

No obstante para los italianos ciclismo tiene aires de santidad, mucho más allá de lo deportivo. Italia es lugar de santuarios. Santuarios relacionados con nombres  que van desde de Alfredo Martini y Gino Bartali  a Franco Ballerini.

Este año Italia acoge el mundial, y muchos ven complicado el triunfo azul. Por de pronto siguen considerando el mundial contrarreloj como algo que no es digno de un arco iris.

Los ciclistas italianos tienen miedo

Para esta cita los italianos tienen miedo, porque su gran baza, Elisa Longo Borghini, se cayó hace unos meses y no puede estar en la pelea. Elisa era la esperanza de los fanáticos azules –los tifossi- .

Elisa arrastraba una presión exagerada de toda una nación, pero esta lesión la ha dejado al margen.

No son muchas las veces que Italia no mira a un hombre en el deporte, y Elisa lo había logrado, pero no puede estar entre las favoritas de Florencia.

Los tifossi y Joaquim Rodriguez, PURITO

Y ante la falta de referentes reales como los de antaño, los tifossi miran a Purito Rodriguez, porque los italianos, cuando no tienen un favorito vestido de azul, se fijan en aquél que más les haya emocionado, en aquél que honra la cultura ciclista, en aquél que reconoce la  tradición y la historia de una nación con el ciclismo.

Purito ha ganado muchas veces en Italia, en todo tipo de escenarios, algunos medievales y bellos como Asís. Purito ha ganado en lugares muy vinculados a la tradición italiana, sabe cómo hacerlo y cómo enamorar. Miren el año pasado en Lombardía.

Aquí todo el mundo lo considera uno de suyos porque es bello dejarte la vida en una carrera y ver la pasión que destila, la forma que rezuma, lo agradecido que se muestra cuando descorcha la botella de Uno, el champán de muchos podios.

Y los italianos sólo reservan ese honor a dos españoles: Fernando Alonso y Purito Rodríguez. Pregúntele a cualquiera y te dirá que son italianos.

Por Alberto Celani 

Foto tomada de blog.canyon.com

Muchos novios para la carrera más bonita del año

La coronación del campeón del mundo es el ceremonial más lacrimógeno del ciclismo. Responde a la más genuina lucha entre nacionalidades, en un momento además singular para el ciclismo que, atosigado por la crisis, deja aparcadas por siete horas las marcas comerciales. Es como volver al origen. A los Tours corridos por banderas y no emblemas. Y eso ocurre en un recorrido multicolor de banderas y enseñas patrias, en pelotones que son crisoles de mil escudos, en carreteras donde las pintadas son tan densas que el asfalto es anécdota. Sí, es el mundial.

Si a todo ello le aliñamos que estamos en Italia, en la Toscana nada menos, tendremos de resultado una carrera de las de entre un millón. Porque Italia es el paraíso de los recovecos, los ángulos y la trampa. Es el país hecho para albergar ciclismo, en el fluir de un pelotón por calles sin aceras en medio de gritos ensordecedores por donde estremece pensar que un pelotón de 200 tipos encendidos puede hallar camino para pasar. Italia es, sin rubor a equivocarme, el país que más veces ha acogido un mundial, y no hablo tan sólo de carretera, miremos BTT, BMX, maratón, trial,… salvo en pista, es el ombligo de ciclismo mundial.

Pero es que además pocas veces llegan los Mundiales con tantos aspirantes a conquistarlos. Me preguntaban el otro día, me decían que me mojara y rara vez identifico tantos ciclistas dotados de la virtud del arco iris, si bien, como haría el mismísimo Fabian Cancellara, casi todos ellos presentan una emergencia que les hace acreedores de debilidad.

Y empezando por el propio Cancellara diremos que no es la primera vez que su estado de forma impresiona y que no es la primera vez que cercado y vigilado, acabó diluido en el pelotón. Y es que la baza del de Berna es tan evidente que quizá en Suiza emerja el segundo hombre, y cuando éste se llama Michael Albasini, certerísimo en estos terrenos, entendemos que quizá la obsesión por Fabian quede injustificada.

Porque el alter ego de Cancellara, Peter Sagan es también objeto de deseo de la mayoría. Solo, sin una selección que le haga el papel del Cannondale, Sagan va a tener que afirmar mucho y camuflarse muy bien para ganar. Su reto es mayúsculo y sus bondades grandes, pues demuestra adaptarse a las circunstancias pero no le será sencillo.

En estas que España como bloque presenta el mejor peso específico si bien me temo que no sea suficiente. Adueñarse de la carrera te da un premio moral pero no real. El año pasado fue tremendo el trabajo de la selección hasta que llegó Philippe Gilbert y lo reventó todo. Es ahí donde cabe una mente preclara y donde Alejandro Valverde, siempre llamando a la puerta, nunca ha cruzado el umbral. Queremos el quinto podio mundialista del murciano, pero lo queremos desde el máximo escalón, otro resultado no le vale, y posiblemente lo mismo para Purito.

Y hablando de mentes preclaras nos vamos a corredores que golpean una vez pero es para ganar. Ese listado no es amplio, pero infunde respeto. Sí, nos referimos a Rui Costa y al mentado Gilbert. Ambos no necesitan suerte para ganar, ni suerte ni que la carrera enloquezca de lejos, como sí querrían Vincenzo Nibali, Chris Froome, Nairo Quintana, Rigoberto Uran o Richie Porte, la estirpe de fondistas que amaga por llevarse el arco iris.

Y si me permiten , pongo dos nombres que no están delante en las quinielas pero que veo en el podio. Uno ya ha estado, Eduald Boasson Hagen, es una carrera que quien la hizo lo tuvo en mente, y llega con un hambre atroz, el otro Zdenek Stybar, como buen ciclocrossman, hábil, ratonero y oportunista. Los virajes de Fiesole le van, la violencia de Salvati más. Dudo mucho que no esté delante.

Foto tomada de www.record.com.mx

La recomendable filosofía de Fabian Cancellara

Fabian Cancellara es grandote, corpulento y con el tiempo hasta fanfarrón. Sus declaraciones pasaron de ser obviedades a formar parte de su artillería de competición. Aprovecha cualquier micro para lanzar diatribas y de paso amedrentar a los rivales e impresionar a la afición. Entre tanta sutileza y frase prefabricada un periodista tiene que gozar en una charla con el suizo.

Por ejemplo esta entrevista en la Gazetta dello Sport que reproduce www.biciciclismo.com. No deja títere con cabeza, cada favorito a ser campeón del mundo tiene a su juicio un pero, una tara que le descarta para la victoria. Y sobre todas esas pegas, antepone sus virtudes. Para qué andar con rodeos, si se ve fuerte lo dice, lo proclama y lo airea, al fin y al cabo lo haga o no ya lleva una X sobre la espalda para muchos de sus contendientes.

Pero lo que más se admira del suizo es la teoría que gasta sobre el hoy frente al mañana. Esta opción ya la advertimos cuando inició su racha primaveral. En la primera de las grandes clásicas adoquinadas que ganó, el E3, ya dispuso sobre la carretera todo el arsenal. Atacó a fondo a los mismos rivales que podían amargarle el triunfo en Flandes y Roubaix y no escatimó nada. Tal y como anuncia para Florencia “si estás bien hoy, para qué esperar a mañana”. Lo hiciera bien o no en Harelbeke sabía que era la rueda a vigilar en las grandes. En Flandes ganó a lo bruto, como en el E3, y en Roubaix le pusieron a prueba todos los sentidos tácticos sin hacerle flaquear. Al menos demostró que sabe ganar en todo signo y circunstancia.

Para el mundial toscano anuncia una hoja de ruta similar, más cuando en su selección no se valora otra baza que no sea la suya, por mucho que un tipo con un olfato extraordinario como Michael Albasini le pueda hacer sombra. El resto son currelas a sus designios.

Esperemos a ver qué ocurre, pero así, a priori, optar a ambos títulos de una tacada es cuanto menos singular -desde Ullrich en 1999 no recuerdo algo similar-. Sea como fuere el de Berna llega fuerte, muy fuerte, sobre todo después de pasar por la Vuelta a España, ese camino que señala como imprescindible para llegar bien al Mundial. Y eso que el día que hizo efectivo su anunciado abandono no nos gustó, pero eso en definitiva, son cosas del ciclismo, ese deporte que Cancellara entiende a pecho descubierto.

Foto tomada de www.zikliamatore.com

Lo de Gilbert no tiene que ver con la maldición del arco iris

Hay ciclistas que por más que no queramos a veces nos dan grima. No por su personalidad, ni su forma de hacer en carrera. Es su rendimiento. Son ciclistas de trayectoria asimétrica que uno no sabe cómo interpretar. Desde que Philippe Gilbert viste el maillot del BMC está ahí, en ese estadio de la duda.

Quiero, antes de entrar en materia, recortaros íntegramente una reflexión que realicé sobre el valón justo después de finalizar su increíble temporada 2011:

 

A Gilbert hay que referenciarlo con Laurent Jalabert y Sean Kelly, como exponentes más contemporáneos y con otros del calibre de Rick Van Looy, Freddy Maertens y Roger De Vlaeminck si nos vamos más allá. A Gilbert sólo le ha faltado ganar el Mundial y Lombardía para afirmar que cubrió el 100% de los objetivos en una amplísima gama de retos repartidos entre los diez meses que dura la temporada ciclista regular. Tamaña locura que suscita dudas sólo plantearse repetirla.

 

Las comparaciones entonces establecidas, al margen de igualar registros y méritos de Gilbert frente a los mentados, escondía una segunda lectura: saber si un corredor con su aparente margen podría estar optando a algo más que grandes clásicas y etapas sueltas. Lo comenté entonces por que en ese momento, quizá embriagado por la euforia, Gilbert insinuó poder disputar la París-Roubaix un día.

Philippe Gilbert fichó a finales de ese año por BMC en el marco de un proyecto faraónico del equipo de bicicletas que sinceramente no ha funcionado. El Gilbert que entró en BMC había ganado casi todo lo que se propuso en un año y lo había sumado a lo que ya traía en la mochila, entre otras cosas dos clásicas del relumbrón de Lombardía y Tours, más otra ristra de triunfos. Estábamos ante un destello sostenido de ciclista que ganaba en febrero, memorables sus victorias cuando la Het Volk se llamaba Het Volk, y cerraba la campaña en las hojas muertas y lombardas. Fueron esos años de la FDJ, esas temporadas que el belga se ganó el aprecio del público.

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Sin embargo, no sabemos el motivo, pero el BMC le ha sentado fatal, al punto que acabemos conjeturando con tan desiguales rendimiento y resultado. Miremos el año pasado zanjado con un oro en el Campeonato del Mundo con la forma que tomó de la Vuelta a España, donde se hizo con dos etapas espectaculares. Cuando un ciclista de su categoría se propone ganar lo hace, de ahí quizá más raro y penoso ese largo via crucis que hizo del maillot de campeón belga desde los primeros compases de la temporada pasada.

En la presente el bagaje es coherente. Su ausencia de los grandes podios nos es familiar. Le quedó el consuelo de poner en verdaderos aprietos a Peter Sagan en la Flecha Brabanzona y poquito más. Lo peor fue verle a contrapié en las Ardenas. Su equipo trabajó con denuedo pero sin fortuna. Se espabilaron tarde en la Amstel, donde a su pesar fue el más fuerte en el Cauberg cuando la fortuna había dictado sentencia a favor de Kreuziger. Luego en la Flecha Valona Dani Moreno le ganó con todas las de la ley mientras que en Lieja un mazazo de Alejandro Valverde en San Nicolás le sentenció.

Philippe Gilbert podría decir pues que el maillot arco iris da mal fario, pero en sus circunstancias casi con efecto retroactivo, pues la multicolor prenda le amargó toda la temporada 2012 como le está cegando en la presente. Queda año, queda por ejemplo la cita mundialista y algo más, pues está claro que en las grandes vueltas no opta a otra cosa que no sean triunfos parciales. El sabor de boca ahora mismo es malo. Igual que le sucede a Alberto Contador, qué lejos le queda ese 2011 a Philippe Gilbert.

El año perfecto del ciclismo irlandés

Efectividad es la palabra que define el año de Daniel Martin. Ha competido más bien poco. Hasta la fecha ha saldado con sendos abandonos tanto Amstel como Tour del Mediterráneo. Finalizó Tirreno lejos de los mejores, el vigésimo, luego ganó la Volta, más una etapa, se quedó muy cerca del podio de la Flecha y acabó conquistando la Lieja-Bastogne-Lieja.

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En el pelotón son pocos, muy pocos, los ciclistas irlandeses. En la historia tampoco hubo muchos, sin embargo los que pasaron el corte  fueron muy buenos y en ese estadio sólo podemos acordarnos de dos nombres: Sean Kelly y Stephen Roche. El tiempo les hizo coincidir durante la década de los ochenta. El palmarés de ambos es excelso, pero sus logros en 1987 supusieron un registro por países que creo pocas veces se vio en la historia del ciclismo.

Stephen Roche y Sean Kelly fueron primero y segundo en el baremo de la época, llamado Superprestige Pernod. En el ranking patrocinado por la bebida espirituosa Roche fue primero con 800 puntos por los 560 de Kelly y los 490 de Claude Criquielion. Roche hizo lo que se conoció como el triple, ganar en un mismo año Giro-Tour-Mundial, siendo aún el único ciclista que lo culminó por más que Miguel Indurain lo rozó pero no lo logró, a causa de Lance Armstrong, en 1993.

Los capítulos de Roche ese año fueron intensos, pero ninguno como el primero, el del Giro de Italia. Allí Roche corrió con los colores del Carrera y tuvo enfrente a sus propios compañeros, entre ellos el vigente ganador Roberto Visentini, a los rivales y el pueblo italiano en su extensión que no entendieron que su dorsal uno debía ceñirse al guión que beneficiara a Roche. Sin embargo así tuvo que ser. El irlandés, que ganó una crono en descenso del Poggio a San Remo, tuvo que lidiar con situaciones hilarantes para hacerse con su Giro.

Luego ganaría el Tour que Pedro Delgado acarició hasta la crono final en una de las ediciones más abiertas de los tiempos, con los dos mejores especialistas fuera de carrera, Greg Lemond convaleciente de un accidente de caza y Bernard Hinault ya retirado. Al mes y poco sin embargo vino el éxito más inesperado. Garante de un fair play terrible, Sean Kelly no dudó en ayudar a Roche a pesar de que en un principio éste había reconocido la mejor punta de velocidad de King Kelly. Pero en el corte final de trece ciclistas, donde estaban ambos, Roche burló la obsesión de los rivales por Kelly y consiguió el título por delante del campeón saliente Moreno Argentin.

Antes de ganarlo todo, Roche perdió cosas importantes, como por ejemplo la París-Niza y la Lieja-Bastogne-Lieja. Si en la segunda cedió frente a Moreno Argentin, en la primera Sean Kelly logró su sexto éxito consecutivo que añadió al Criterium Internacional. Enrolado en el Kas, Kelly realizaba interesantes progresos en las grandes vueltas, hecho que sin embargo no le valió para ganar la Vuelta a España de la temporada, una carrera que tuvo en su mano hasta que Lucho Herrera despegó en los Lagos de Covadonga.

26 años después el apellido Roche continúa en el pelotón con Nicolas, quien este año tiene encomendada la defensa de Alberto Contador. Sin embargo es su primo, Daniel Martin, quien con su explosión va camino de emular aquella fantástica y pequeña generación de corredores que deshojaban tréboles de cuatro hojas.

El Mundial de Ponferrada, en un momento determinante

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El Campeonato del Mundo de ciclismo debería celebrarse en 2014 en la capital de El Bierzo: Ponferrada. Así lo decidió en su día la Unión Ciclista Internacional, quien se saltó las costumbres vigentes para premiar el gran trabajo colectivo realizado por todo el equipo que en aquel entonces lideraba la candidatura leonesa. La UCI no esperó al Mundial y mediada la temporada decidió conceder el premio del Mundial de 2014 a Ponferrada… Sin embargo, casi desde aquel día no ha habido mes tranquilo para la candidatura leonesa.

De todos los problemas existentes, el más grave y el primero que hay que solucionar es el del consenso. La candidatura de Ponferrada nació como idea de un alcalde del Partido Popular, pero también con el respaldo incondicional de un presidente del Gobierno del Partido Socialista Obrero Español. Desde ese mismo día, todos los partidos caminaron cogidos de la mano en un proyecto que jamás tuvo color político. La situación ahora es bien distinta. El Mundial de Ponferrada 2014 ya no es un proyecto de todos. La moción de censura y los posteriores problemas derivados de ella han hecho que Ponferrada 2014 se encuentre en punto muerto a la espera de una reactivación que no será fácil. Pero que al mismo tiempo resulta imprescindible para la imagen del ciclismo y para la imagen de la famosa marca España. Si entre todos no somos capaces de recuperar el consenso y volver a remar en la misma dirección, el término Ponferrada 2014 quedará unido a la palabra fracaso. Hay tiempo. Pero no se puede perder ni un segundo más. Ponferrada 2014 debe volver a ser el proyecto de todos… o no será.

 

Por Jorge Quintana