El ciclismo en el corazón

 

Estos días en Londres es fiesta mayor. En la capital financiera del mundo hacen su “after work” en el precioso anillo olímpico de Lee Valley, el teatro de los sueños. Es el mundial de ciclismo en pista. Ha empezado este miércoles y nos tendrá pendientes hasta el domingo. Dicen que no queda papel para vender, dicen que Wiggo es uno de los causantes de tal furor, pero lo cierto es que esto lleva mucho tiempo causando estragos  como para atribuírselo todo al Sir con mayúscula.

Sea como fuere en esta tierra donde muchos vieron cumplidos sueños y anhelos, algunas ya lo llevan crudo. Tania y Helena, Helena y Tania ya son olímpicas y las veremos el próximo verano compitiendo contra las mejores del mundo en Río de Janeiro. El suyo ha sido un trabajo de hormiguitas, labrado en Copas del Mundo tan lejanas que hasta Nueva Zelanda tuvieron que irse, y otras muchas carreras, pero sobretodo en sesiones de trabajo de esas que nos dejarían muertos a cualquiera de nosotros, con lactato rebosando por las orejas. Creo que un diploma olímpico, a la vista de lo ocurrido en Londres, no es descabellado.

Y luego está Sebastián Mora. Qué tipo, qué carrera. A poco más de veinte vueltas del final del scracth, esa carrera que se corre a tiro fijo y que te marea como una lavadora, estaba todo complicado: cuatro ciclistas con vuelta ganada y todos juntos en el grupo, o lo que quedaba de él. Pero la victoria es de los valientes o incoscientes, o a partes iguales, Sebastián se armó y cogió vuelta muy cerca del final y sin respiro dio el golpe definitivo que le aupó hasta el campeonato del mundo.

Qué grande de vedad, chapeau, espero Sebas que esto te valga el contratazo que te mereces en la temporada de seis días y que este esfuerzo –cuando sonaba el himno en el podio seguía sudando- tenga una recompensa más que la moral. Porque sí, en efecto, Sebastián fue campeón de Europa en otoño y dudo que en una disciplina no olímpica como ésta le haya caído algo más que elogios y palmaditas en la espalda. Con el mundial no sé si el tema cambia, espero que sí, pero que el scracth no esté en el programa de Rio es un lastre.

Ahora cuando a Sebas le presenten en los seis días de Rotterdam, Bremen o Londres dirán que es campeón continental y mundial y todas esas cosas, y posiblemente le acompañe Albert Torres, que lo es de madison, esa bellísima disciplina de relevos en la pista que un inepto un día sacó de los velódromos olímpicos. Esta gente no lo dudéis lleva el ciclismo en el corazón, corazón de poeta, la poesía de ser pistard en España, y lo llevan tan adentro que si no fuera así, lo habrían enviado todo al traste hace mucho tiempo.

Si Eloy Teruel fuera inglés…

Permitidme que os haga una pregunta: ¿Estuvo Eusebio Unzúe viendo a su pupilo Eloy Teruel en la puntuación del Mundial? Sin jugar a adivino, quiero pensar que debería, pero no estoy seguro de que lo haya hecho. Dicho de otra manera, ¿dudaríamos  de Dave Brailsford en caso similar?

Eloy Teruel le ha dado a la selección española su primera medalla en los Mundiales de pista que se celebran en la primera ciudad de Bielorrusia. Sin temor a equivocarme, pocas veces se ha hecho tan magro caso a un resultado notable de un deportista español en el extranjero. Mientras los medios se despacharon con la vacía e inútil intervención de Angel Vicioso –como la de casi todos los ciclistas y exciclistas- en el ruedo de la Operación Puerto, míseras referencias adulaban el éxito del murciano.

A ver hay que ser coherente. Que en Minsk se corre una competición de primerísimo nivel ha pasado ajeno a los rotativos. Por tanto es de cajón que la plata de Teruel pasé desapercibida. ¿Queremos coherencia no? Ahí la tenemos.

Pero otra cosa es la gente del ciclismo. Eso es otro cantar. Es milagroso que un ciclista integrado en un equipo de carretera en España logre lo que alcanzó Eloy Teruel en Bielorrusia. Se sigue pensando, en España principalmente, que velódromo y carretera son términos semánticamente incompatibles y no se repara en la extraordinaria colección de grandes que han salido de las pelousses. Pero si hasta un velocista campeón del mundo como Teo Bos ha logrado ser pro.

No sabemos cuáles han sido las facilidades de Movistar en la labor de Teruel hacia su plata mundial. El murciano dice que han sido todas, obvio, y apostilla que se debería dar más margen en la compatibilización de ambas disciplinas. De cualquiera de las maneras dudamos mucho que el éxito del corredor haya quitado el sueño a su director.

Quizá como me comentaban en la sobremesa de la competición, ahora sea un buen momento para ver si desde el equipo azul se apuesta y se cree en la pista ¿Cómo? Por ejemplo fichando a otro buen fondista de procedencia hispana. Albert Torres, sin ir más lejos, un fenómeno a caballo entre pista y carretera que acumula, al margen de su edad, victorias en ambas disciplinas con un horizonte complicado si en la carretera no se gana las “garrofas” que le niega el programa olímpico.

De cualquiera de las maneras, Teruel no puede estar decepcionado con ese oro que sí es cierto se le fue  el postrero bufido. Y no puede porque su camino ha sido muy complicado y virado, pero ahí ha estado. Sorteó el complicado ómnium con buenos resultados incluso en Mundiales y quizá, sólo quizá, ahora haya encontrado lo que le ha llevado media vida buscar: un equipo que le da tranquilidad y una opción en la puntuación, una carrera que quizá vuelva al calendario olímpico.

 

Foto tomada de RFEC

Los motivos para ver el mundial de pista

Ya ruedan los bólidos por el velódromo de Minks. Jornadas éstas, las que van de hoy al domingo, que ponen en solfa el nuevo ciclo olímpico, entre Londres y Río de Janeiro. Será complejo ver a un español en el podio, pero mantengamos la esperanza. La cuarteta ya ha rodado en tiempos de luchar por el bronce. Esperemos surja algo bueno. Falta nos hace.

La pista es la aristocracia del ciclismo. Quizá porque en ella no sopla el frío sobre la mejilla ni la lluvia empaña la visión. Así se podría pensar, pero no es del todo cierto. La pista es el laboratorio del ciclismo, su génesis. Algo así como el prólogo del libro. ¿Por qué preguntaréis? Pues porque en ella, entre olor a linimento y rodajes de pelousse, han surgido talentos, muchos, y técnicas, las que más, pero también se han explorado límites, tales como el del trabajo en equipo, la coordinación llevada a su punto antagónico, la velocidad sin más, y las mejores tácticas. No lo olviden, un velocista de pista no tiene nada que ver con el de carretera. Pero nada.

Eloy Teruel, una de las bazas más evidentes del combinado español, se ve fuerte ante la puntuación, una carrera que aúna poderío físico pero sobretodo una amplitud de miras y sentido táctico como pocas. Todo pasa rápido, todo en un segundo. Si no estás, no existes, te doblan y para casa. En carretera hay opción de enmienda, aquí no. Suerte Eloy.

Sin embargo a mi entender la esencia de la pista es la velocidad y si me permiten de ésta me quedo con la individual. Sí ya sé, el keirin, siempre esa nipona modalidad, se considera el culmen de la modalidad, y quizá así sea, pero no me convencen, me quedo con la velocidad.

Vean el vídeo de presentación del mundial bielorruso, que seguramente dominen los australianos, como casi siempre. Detecten que hay un momento de quietud, dos ciclistas quietos, manteniendo el equilibrio, sin respirar. No pestañean. Es un sur place, una técnica que una vez se alargó tanto, tanto, que se acotó para evitar que las competiciones se eternizaran. Aquí vemos la raíz del fenómeno. Un mano a mano, dos en el peralte. El duelo en su máxima expresión. Tenemos cinco días por delante. Avanti.