Ciclocross: Torrelavega fue Bélgica

Dice Isaac Suárez, metido en la organización de los Campeonatos de España de ciclocross, que el esfuerzo y el insomnio han merecido la pena. Las imágenes que nos llegan de la cita cántara lo corrobora, imágenes que hablan de una perfecta comunión entre público y ciclistas en un circuito como los que vemos en Bélgica, con esos raíles y surcos por el barro. Un fin de semana precioso, que además ha premiado a una leyenda de esto a nivel doméstico, Javier Ruiz Larrinaga, y a dos chavales como Kevin Suárez y Felipe Orts que hasta la fecha y mientras la situación se sostenga, apuestan por la disciplina como pocas veces vemos.

En la imagen por cierto la parroquia de Orts, prestos y animados ante la carrera sub 23. Ahora queda el mundial y la resolución de los grandes rankings, en manos de Van Aert, por eso no vemos el momento que esta bellísima modalidad vuelva a rodar por nuestras campas.

Foto tomada de 

Sin barro al ciclocross le falta su perejil

Un día leí en un foro que todos los Campeonatos de España de ciclocross debían desarrollarse en el norte, entendiendo por norte la franja más septentrional de nuestra geografía, es decir el tramo bañado por Atlántico y Cantábrico que va desde Tui a Irún comprendiendo las regiones de Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco. Obviamente. La afirmación tenía su fundamento en el calor del público, su forma especial de vivirlo y como no en el medio húmedo y barroso que rodea la competición.

Menudo festival

Omitía aquel aficionado que regiones como Valencia o Catalunya habían dado excelentes especialistas, e incluso campeones que pasaron generaciones y siguiendo siendo recordados. Resulta claro que los Paco Pla, Paco Sala, Ramón Medina e incluso más recientemente José Antonio Hermida no salieron de las campas verdes y bucólicas de la cordillera Cantábrica, aunque por ellas tuvieron que pasar para hacerse grandes en la modalidad.

Estos días el ciclocross patrio anda en efervescencia por la celebración de los Campeonatos de España. Son en Segorbe, provincia de Castellón, y el diseño del recorrido ha generado debate. El principal argumento que se ha replicado ha sido el del técnico valenciano, y actual seleccionador nacional, Pascual Monparler que ha venido a decir que el barro no es ingrediente exclusivo para el éxito del ciclocross.

Aunque puedo estar en parte de acuerdo con él, discrepo porque la tierra mojada es la ciclocross lo que el adoquín a Roubaix. Es decir, el barro es santo y seña de la modalidad, y en ocasiones medimos la belleza que ha alcanzado la carrera por la cantidad de suciedad que acumulan los competidores en el momento de cruzar la meta. Otra cosa es que en el justo reparto geográfico de un evento de carácter nacional,  Segorbe, Castellón y la Comunidad Valenciana no ofrezcan el barro en la cantidad deseada por muchos “puristas” de la modalidad.

Luego está el diseño del recorrido que tampoco ha dejado indiferente. Sinceramente, en los tiempos que corren tener clubes y entidades que quieran entrar a organizar ya me parece suficiente mérito para descargarles de otras cuestiones. Que el circuito es mejorable, seguro que es posible. Yo no lo conozco, pero todo en esta vida es mejorable. Cuestión distinta es que el circuito es para todos el mismo y eso pone en la balanza los méritos que cada aspirante sepa poner en juego.

Porque en ocasiones nos empecinamos en el recorrido y no valoramos que el deporte, como tal, no responde a una fórmula matemática ni a los pronósticos mejor argumentados. Mirad a Isaac Suárez, media vida corriendo y triunfado por el norte, siendo nuestro mejor ciclocrossman en el extranjero y gana el Campeonato de España más seco y menos adecuado a sus características. Lo hizo hace dos años en Gandía, si no me equivoco, tras media vida intentándolo entre fangos y pastos de la turísticamente llamada “España verde”.

Si miramos el perfil de los mejores especialistas españoles de la modalidad apreciaremos su pasado más o menos común en la carretera para saber que, matices aparte, pueden tener similares opciones. Sí, Egoitz Murgoitio preferirá barro, también Suárez lo hubiera preferido, pero Aitor Hernández y Javier Ruiz de Larrinaga tienen un currículo similar al vizcaíno. De hecho si miramos el palmarés de los nacionales, sólo David Seco y el mentado Suárez son auténticos especialistas, el resto procede de BTT, caso de José Antonio Hermida, o carretera (Unai Yus, Ruiz de Larrinaga y Aitor Hernández). Hablamos de un ADN similar sobre un mismo circuito. Hablamos de deporte, dejemos pues que los protagonistas hablen.

El premio que no llega para Egoitz Murgoitio

Hace un año el triunfo de Isaac Suárez en los Campeonatos de España de ciclocross satisfizo a la parroquia. “Se hizo justicia”. Fue el consenso. Muchos años ahí, picando, que si Seco, que si Yus, que si Hermida, que si Larri, y al final cuando pareció más “desconectado” estuvo logró el premio que ya pensaba fuera de su alcance.

En Navia la sensación que recorrió entre los asistentes, además del esa humedad que se clava en el alma, fue de que la justicia deportiva le debe una a Egoitz Murgoitio por mucho que el resultado de la carrera asturiana, no nos engañemos, era previsible. La temporada fue un quiero y no puedo de Egoitz frente a Aitor Hernández. El primero partió con todo para dominar como en pasadas campañas, pero Aitor, como bien ha hecho en Navia, dejó el desahogo para Egoitz –que toma la curva como si no hubiera un mañana-, y cuando esté quedó tranquilo, emprendió el camino al triunfo más significativo del año y a lo máximo que un español opta en esta disciplina este año, pues no habrá expedición nacional hacia Estados Unidos, salvo la que Hirumet costee a sus chicos.

Sin embargo, nos gusta que la gente que apuesta y juega fuerte tenga éxito. Por eso nos habría gustado que Egoitz Murgoitio hubiera sido campeón de España. Y no nos confundan, apreciamos lo mismo al vizcaíno que a sus compañeros de podio, exactamente lo mismo. Incluso diría que con Javier Ruiz de Larrinaga hemos tenido más ocasiones de departir fruto de sus repetidos triunfos en la máxima cita nacional.

Pero con Egoitz también departimos y además en un momento especial para él cuando nos presentó un proyecto bautizado como Hirumet que ojalá cundiera en el futuro. Situémonos, albores de la pasada temporada, es decir la 2011-12. Egoitz plantea su calendario. En el mismo incluye la Copa de España y la primera puntuable, a jugarse en Valladolid se cae en el último momento. Esto es lo que en una entrevista en la extinta Ciclismo en Ruta nos comentó el vizcaíno:

 

“Valladolid era puntuable en un primer momento, en el último se borró y no nos dio tiempo a rectificar. Está todo en el aire. Esa es nuestra realidad. Se hizo una reunión para cuadrar Copas de España con calendario internacional y parece que no se va a respetar del todo lo acordado. Por eso y por que Hirumet nació con esa premisa nuestra prioridad es el calendario internacional y luego objetivos de aquí con los campeonatos de España y Euskadi”

 

Sí, desde el bloque que entonces arrancaba una nueva campaña se tenía claro que a pesar del voluntarismo que rodea la disciplina, a pesar del buenismo y las mejores intenciones, todo pasa por profesionalizar en cierto grado una modalidad que hace diez años no hubiésemos reconocido. Si David Seco levantara la mirada, cuando hace una década ganó en aquella nevera llamada Sotondrio con una eternidad sobre el resto, y viera a cuatro caballos como los que hoy se han jugado los laureles que el calzó tantas veces, se haría cruces y seguro esbozaría gesto de incredulidad.

Pues bien, en esta buena dirección que ha tomado el ciclocross español, en la intensidad que destila y los excelentes augurios que presagia, Egotiz ha sido actor importante pues aglutinó en su persona la estructura del que podremos decir pudo ser el primer “Fidea español” dentro de otros diez años, cuando quizá, y a pesar de la penuria presente, veamos que uno de los nuestros se parte la cara con los mejores.