Javier Mínguez, me gustaron sus formas hacer ciclismo

Javier Minguez y como es la Real federación española de ciclismo

Con la entrada de Jose Luis López Cerrón y la paupérrima situación de las arcas de la Real Federación Española de Ciclismo, la política de la casa en material de contratación de técnicos se volvió estricta y austera.

La amistad vallisoletana del presidente con Javier Mínguez sirvió para plasmar un acuerdo que dudo se diera en alguna de las selecciones restantes el pasado domingo en Florencia: el seleccionador nacional ejercía sin cobrar un duro.

Esto es el ciclismo en España, el país que pone la mayoría de corredores en el corte bueno de la carrera reina y está bajo las directrices de una persona que no cobra por que la situación económica es horrible.

Javier Minguez

Con esta premisa, nada desdeñable, más otros perfiles dibujados del seleccionador y su afinidad por las grandes vueltas y escaso bagaje en carreras de un día –se adjudica el primer Mundial de Freire cada vez que puede-, lo cierto es que el caldo de cultivo que rodeaba a Javier Mínguez antes del Mundial no era el mejor.

Un entorno enrarecido por la confección de un equipo que no escatimó estrellas y sí trabajadores y que llevó a desdeñar la crono, donde las opciones eran escasas, con un ciclista como Luis León Sánchez que para hacer lo que hizo bien podría haber hecho hueco a algún joven que merece adquirir experiencia.

Pero volviendo al fondo, el devenir de la carrera nos mostró un “savoire faire” muy diferente a sus antecesores.

Si entrar en cada corte, salir a cualquier ataque y controlar la carrera lo máximo hasta el final eran signos del credo de Paco Antequera y José Luis de Santos, la noción de Mínguez hablaba de “laisser faire”, dejar hacer, quemar vueltas y emerger en el momento importante.

Pelotón español

Y así fue. Mientras el desespero por no ver a ningún español con Giovanni Visconti se hizo patente, España tenía hasta siete unidades en un pelotón de donde todos los ingleses ya se habían apeado de la bicicleta.

Luego en el momento clave dos ciclistas de cuatro fue el resultado de tal labor, perfecto, con el añadido de que si el grupo de Cancellara y Sagan entraba por detrás, circulaba Dani Moreno.

Aunque la labor de equipo fuera invisible, aunque España no estuviera con el rol de protagonista que en otras ocasiones marcó su carrera, el resultado fue interesante, tanto como las maneras del técnico.

Mucha gente se ofendió porque señalara a Alejandro Valverde al final de la carrera cuando lo que lamentamos en la mayoría de ocasiones es que lo políticamente correcto se imponga al análisis objetivo.

Javier Minguez dijo que el desenlace del mundial fue culpa de Valverde con toda la razón y sin rodeos.

Obviamente su situación le permite las alegrías que algún antecesor suyo no se habría tomado. Estaba sin cobrar y sin ninguna garantía de que fuera a seguir en el cargo, hablaba como cuando lo hacía por los micros del butano.

Quizá en este nivel algunos prefieran el perfil bajo y ajeno a la autocrítica de Eusebio Unzue, a quien sólo conozco palabras gruesas para otros y nunca para sí mismo. Recuerden la maniobra del Team Sky en Valdezcaray el año pasado. El grado de ofensa que mostró fue tal que no entró en sus errores.

En fin que nunca sabemos lo que queremos, lamentamos que algunas declaraciones atenten directamente contra nuestra inteligencia y cuando se habla claro y en plata nos parece brusco. Como argumenté el otro día: C´est la vie.

Bergen: El Mundial de los grandes bloques

Quizá sea mejor empezar al revés. Hablar del gregario, el tio que posiblemente ejercza de “paralotodo”, Julien Vermote, y recitar de carrerilla la alineación de la selección belga en Bergen, Mundial de ciclismo: Philippe Gilbert, Greg Van Avermaet, Tim Wellens, Tiesj Benoot, Oliver Naesen, Jasper Stuyven, Jens Keukeliere y Dylan Teuns. Esto manejan para el Mundial.

Hay tenemos etapas en las tres grandes, campeones del mundo, ganadores en Roubaix, Flandes, Lieja,… tenemos más capos que currantes, una proporción desmesurada, un equipo que podría entroncar con los más grandes de siempre, con aquel de BCN en el que Maertens y Merckx quedaron fatal.

Dice la selección española que no tiene rematador, pero ¿quién rematará en Bélgica?.

La celeste, el maillot más simple, más bello, tanto que la selección de futbol, en su momento más dulce de hace tiempo lo ha puesto de segunda equitación, será el equipo del mundial, un equipo para mover de lejos, de cerca, de por medio, y casi para disputar el sprint dependiendo cuántos y quiénes lleguen.

Si no hacen la guerra por separado, si no es la selección de ciclocross, Bélgica tendría muchos, muchísimos números en el sorteo del mundial. De lejos Gilbert y Wellens, los valones, al medio radio Benoot Van Avermaet o Stuyven, sin obviar un “ciclistazo” como Naesen. De cerca Keukeliere. La teoría dice que no pueden esperar al final. Sea como fuere qué locura de equipo.

Los belgas, reiterado queda, es el santo y seña, pero recordad, el año pasado reventaron todo cuando viento giró y se quedaron en el bronce de Boonen, gran premio, pero insuficiente al despliegue ofrecido.

Contrasta el poderío colectivo belga con la individualidad por excelencia, Peter Sagan, en la puerta de un triple inédito, acompañado de cinco compañeros en una selección que no acompaña ni en cantidad ni en calidad al mejor ciclista del momento, que curiosamente ya sabe bien buscarse la vida.

Si un equipo se aproxima a los belgas es el italiano: azul más oscuro y como siempre muy pero muy competitivo. El tridente está claro, Gianni Moscon para secar los ataques de penúltima y última vueltas, Trentin & Viviani para jugarlo al sprint. Ojo dos bazas más, Sonny Colbrelli y Diego Ulissi, el verdugo de Herrada en Montreal.

Pasando folio de inscripción, entra el tercer gran bloque en nombres y calidad. Atencion porque un corredor como Rigo Uran está acostumbrado a brillar en recorridos como el de Bergen, aunque el fenómeno Fernando Gaviria es la baza declarada. Los Henao y curiosamente Nairo se suman al carro, un carro que debe tirar para el matador Gaviria, como tirará la parroquia noruega por Kristoff y sobre todo Boasson Hagen, experto en el juego de resurrecciones, especialmente este año.

Sigue el repaso y el embudo se estrecha. Curioso, pero sobre todo inédito a lo que aspira el super clase Tom Dumolin, quien podría encadenar en una semana tres títulos. La suya es una opción a una o dos vueltas, si abre hueco, es posible que lo vean ya en meta, un poco como Lars Boom, que últimamente está inspirado y cargado de razones. Otro nombre que, paradójicamente como Rigo Uran se maneja bien en estas lides: Bauke Mollema.

Caben otras opciones y sobre todo una, la del australiano Michael Matthews, con ganas ya de llevarse algo más que etapas, y el combinado francés con un ciclista también muy hábil en estas lides: Julian Alaphilippe, acompañado del siempre temido Tony Gallopin y el inquieto Lilian Camejane.

Así están las cosas, más de 270 kilómetros les esperan y una nota significativa, la amplia mayoría aquí citada llega con victorias recientes, algo que la verdad pone más presión a la olla.

Imagen tomada de @BELCyclingTeam

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Estaba concurrido el stand de Bkool en Unibike con novedades de las que pronto daremos cuenta…

Cuando el ciclista no entiende nada

El viernes, a esas horas que la almohada te llama con insistencia, entró un mail procedente de Nules, Castellón. Era de José Manuel Rivas, licenciado en Educación Física y Deporte y «padre deportivo» de Oscar Pelegrí, campeón de España de sub 23, y en su mail reflejaba una decepción infinita por la no selección de Oscar, campeón de España, para el Mundial de Qatar (aquí podéis verlo). Puestos en antecedentes, Oscar nos explicó la situación y sus sentimientos… y es que a las complicaciones propias del oficio, se le añaden imponderables, como esas selecciones que levantan ampollas desde el día que se inventaron. Esperemos que al valenciano no le venzan las dificultades.

Mis orígenes ciclistas vienen de herencia de mi padre, el cual compitió hasta la antigua categoría amateur. Esa herencia la recogió mi hermano (3 años mayor) y más tarde, yo. Desde los tres años estoy en este mundillo, al principio acompañando a Rubén, mi hermano, en sus entrenamientos de las escuelas de ciclismo.

Ha sido un camino largo hasta conseguir uno de los objetivos que más ilusión me hace, llevar el maillot de campeón nacional. Para llegar a esta situación he tenido que seguir todos los pasos, uno por uno, hasta tener un buen nivel. En escuelas y cadetes era un juego con sus buenos y malos momentos de los que se aprende. Ya en juveniles lo cogía más en serio y consiguiendo mis primeros resultados relevantes además de formar parte del grupo de seguimiento de la selección española, encabezada por Félix Ugalde. En la categoría sub23 ha sido una constante progresión, pasando momentos difíciles en los dos primeros años, y ya en estos dos últimos he mostrado un buen nivel con resultados importantes. Mis equipos de esta categoría han sido: Koplad-Uni2, dos años en la estructura del Gsport y el último en el equipo Seguros Bilbao.

El campeonato de España es una prueba muy difícil de predecir su desarrollo, por lo que hay que estar muy atento a los movimientos que se realizan en función del recorrido. Este año se decidió a partir de una gran fuga tempranera, ya que en el kilómetro 10 ya había un grupo de casi 25 corredores por delante. En la selección valenciana teníamos una muy buena situación con cuatro corredores delante y fue gracias a mis compañeros y a otras selecciones, que tenían buena representación, que mantuvimos la diferencia con el pelotón hasta que el grupo se quedó en diez. A partir de aquí ya tenía que jugar cada uno sus bazas y fue en la última subida cuando arriesgué y me fui hacia delante en solitario. Unos metros más adelante esperé a los dos compañeros de fuga ya que pensaba que era una situación propicia para mí y así fue, llegando a meta los tres juntos y jugándonos la victoria al esprint.

Después de conseguir el campeonato de España pensaba que tenía opciones para asistir a alguno de los dos campeonatos, tanto el de Europa como el del mundo. Pero para mi sorpresa esto no ha sido así. No he recibido ninguna oportunidad para representar a España en una prueba internacional, lo que es una sorpresa ya que he mostrado buen nivel y regularidad durante todo el año. El momento en el que recibí la noticia del seleccionador (teniendo que llamarlo yo personalmente) que no iba al mundial, tuve una sensación de impotencia. No paraba de preguntarme qué tenía que hacer y qué había hecho mal para no ir.

Las sensaciones que me transmitió el seleccionador han sido malas, pues la única relación que he tenido personalmente con él, hasta antes de llamarle el día 21 de septiembre, ha sido la enhorabuena en los campeonatos de España 2015 y 2016, después de subir al podio en ambos. Las razones de éste para no ir fueron que al campeonato del mundo lleva a corredores que ya había seleccionado, y a mí no me conoce en carrera y por tanto no sabe si trabajo en equipo o no. Estas creo que no son razones para dejarme fuera del mundial, pero lo que me dejó más sorprendido fue que me devolvió la llamada unos minutos más tarde para decirme que me ponía como reserva diciendo “así si pasa algo vas tú”. Esta contestación me dejó todavía más sorprendido porque si no lleva a corredores que no conoce como corren, ¿cómo me pone de reserva si no me ha probado antes? Todavía sigo sin entenderlo.

Esta situación me ha debilitado anímicamente. Era mi última oportunidad de correr un mundial sub23 y además estaba en un gran momento de forma después de haber corrido carreras de nivel 2.1 y 1.1 en Italia y Canadá, concretamente el Tour of Alberta, Coppa Bernocchi, Coppa Agostoni y el Memorial Marco Pantani, mostrando un buen rendimiento en estas pruebas. Además también era una oportunidad de mostrarme a equipos profesionales ya que está muy complicado conseguir un contrato.

Para el 2017 todavía no sé dónde terminaré, pero ahora mismo quiero pensar en que conseguiré un contrato. Estoy en una situación en la que hay puertas abiertas, pero que ninguna se confirma y van pasando los días. Incluso me planteo emigrar fuera de España para seguir en categoría élite. Con el tiempo se aclarará.

Imagen tomada de FB de Oscar Pelegrí

La venganza australiana

Dedicadle los menos de cuatro minutos que dura a la final de persecución por equipos del mundial de Londres. Son eso, cuatro minutos escasos, de perfección sobre la máquina, de cuatro tipos contra otros tantos, que ejercen una obra de orfebrería suiza en tiempo récord y sin mayor dilación. La persecución perfecta.

La mejor carrera de los últimos años, mejor incluso que aquellas que acabaron con récord del mundo y por tanto con monólogo británico. Me decían el otro día que la clave de UK en la pista es la pasta, la pasta y la pasta. “Antes eran más malos que la carne de pescuezo” me decían. Pues menos mal que lo eran, pero «qué dinero tan bien invertido«, añado yo.

Y eso que cuando hablamos de la cuarta británica hablamos de la vigente medalla de plata, sí porque los australianos quisieron ser uruguayos en Brasil y les clavaron un “maracanazo” en toda regla, con el velódromo entregado a las más bajas pasiones y la gente cantando el éxito anfitrión, pues a medio kilómetro comandaban una carrera que había sido austral en su práctica totalidad.

Pero ocurrió lo inesperado, que el durísimo y eterno Ed Clancy reventó, perdió la aspiración de tantísimo dolor en las piernas y lacatato surgiendo por doquier. Explotó al martilleo del ritmo de Brad Wiggins para dejar en dos lo que ya entonces era un terceto. No queremos imaginar los mil cuchillos que agujerearon la resistencia del bueno de Clancy, que poco tiene que demostrarnos, en esos momentos.

Jugada redonda para los finísimos australianos, que se cobraron con victoria a domicilio las repetidas victorias inglesas en los diferentes foros a los que acudían. Llegaban a los juegos de Londres investidos en favoritos y les ganaron los anfitriones, aquí pasó exactamente lo contrario. Luego os preguntáis porqué el Orica es una máquina de ganar cromos por equipos.

Ahora me pemitiréis hablar de Wiggins, un ciclista tan singular, que añade una presea plateada a su increíble palmarés. Nada más apearse de la bici habló de Río y de que allí la historia será muy diferente. Con su edad, su palmarés, su Tour, sus medallas olímpicas, con todo, que siga demostrando ese apetito ganándose la plaza en una cuarteta llena de jóvenes lobos sedientos de gloria, es loable.

Aunque algunos medios hablen de la derrota de UK a pesar de tener a Wiggo, nada más lejos de la realidad. Esto es un trabajo de cuatro, y alguno más, donde la individualidad no se diluye, sencillamente se hace una con otras tres, exactamente lo que hicieron los australianos en casa de su enemigo.

Imagen tomada del FB de los Track Cycling World Championships

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Hoteles RH, en el Special seven de los BikeFriendly. Mira los motivos… 

Mínguez confundió cantidad con calidad

Con el regusto mundialista recorriendo el paladar conviene un balance somero de lo que ha sido la participación de la selección española en la cita de Richmond, un mundial por el que nadie daba un duro y que al final resultó, como viene siendo habitual, un espectáculo sublime.

Quiero antes de meternos en harina sacar estos tres entrecomillados de seleccionador y dos líderes del combinado hispano:

 “Cuando hemos visto que no llovía, que era muy difícil hacer una selección, sabíamos que la única baza era Alejandro al sprint. He decidido ponerme a arrancar, era la única opción, intentar hacer la carrera más dura, hacer un corte pequeño y que se fuera hacia adelante” dijo Purito

Los otros son más rápidos y ya está, no hay que poner excusas, aunque quizá he arrancado un poco atrás” añadió Alejandro Valverde.

No era nuestro terreno y sí hay especialistas que dominan ese terreno. La selección ha estado en su sitio, ha guardado la ropa, ha nadado y hemos esperado a la parte final porque había dos carreras, si llovía o no. Al final ha aguantado mucha gente de lo normal y ha llegado mucha gente al sprint” concluyó el seleccionador Javier Mínguez.

Aunque lo sencillo ahora, sería hacer leña, no creo que aquí nos hayamos preciado de ser carroñeros, o no en la medida que muchas veces se nos cree, no estamos de acuerdo con las versiones que oímos. Sinceramente las palabras de los protagonistas españoles en el Mundial estadounidense no me convencen porque al final, y con Sagan regodeándose, quedó la sensación de que España corrió a ver qué pasaba y con la vaga expectativa de si llovía o no, escasa ambición para un equipo que ha pisado el podio en innombrables ocasiones en los últimos veinte años.

Por un lado se dice que la baza era Alejandro Valverde al sprint, pero al mismo tiempo éste admite que había otros más rápidos. El murciano no sprinta como antaño, tampoco Sagan, y se movió antes. Si Valverde iba fundido es otra historia, pero admitirlo no está de más. Paralelamente existe la confusa teoría de que en el Mundial mientras más ciclistas lleves en vanguardia hacia el final mejor, cuando lo que consigues es acabar la carrera con la sensación de que podrías haberlo hecho mejor o al menos haberte tomado la molestia de mover algo más tus peones, mucho más allá del salto de Dani Moreno en la penúltima vuelta.

España clasificó cinco corredores en el lapso del minuto respecto a Sagan. Valverde fue quinto, a tres segundos del nuevo campeón, pero acto seguido llegaron el mentado Dani Moreno, Luisle Sánchez, Juanjo Lobato y Jon Izagirre. Cantidad, sí, pero calidad, no. Sagan estaba solo y ganó.

Si miramos alrededor vemos que otras selecciones en lugar de bajar los brazos ante un circuito engañosamente fácil hicieron los deberes, no les resultó, pero dieron la talla. Holanda endureció la carrera llevando el grupo al borde de su elasticidad, Alemania quemó las naves cuando Degenkolb no pudo coger el corte bueno, Italia tiró en la última vuelta y los australianos, que colgaron la medalla en el cuello de Matthews, relevaron a los alemanes. Bélgica movió sus ciclistas en un recorrido que les era familiar, los daneses se movieron por Breschel e incluso Polonia volvió a exhibir autoridad defendiendo el título de Kiatkowski.

España quiso estar ahí, “nadando y guardando la ropa” como diría Mínguez, como si esto fuera una carrera por etapas en la que lo que pasa hoy se puede enmendar mañana, cuando fue una clásica con todas las letras, esa modalidad ciclista que algunos en este país ignoran por sistema. Hace diez años la baza era Freire y se actuaba en consecuencia, desde entonces hemos visto como un ciclista como Valverde ha quemado una década en el vacío objetivo de ganar un mundial.

El murciano quizá se consuele sabiendo que Laurent Jalabert y Sean Kelly fueron grandes sin corona… La quinta plaza del murciano es un buen puesto, pero escaso cuando queda la sensación de que se corrió con los brazos bajados, confundiendo cantidad con calidad. La cuarta posición de Castroviejo fue todo lo contrario, a un pasito del podio, unos maltidos segundos lo impidieron, pero el de Getxo lo dio todo, como siempre.

Foto tomada de FB de la UCI

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Sagan llegó, vio y venció

Emoción sin límites para los que tuvimos la oportunidad de vivir de cerca el desarrollo de los últimos momentos de este Campeonato Mundial de ciclismo reservado a corredores profesionales, cuya celebración y apoteosis tuvo lugar en la ciudad estadounidense de Richmond, emplazada en el Estado de Virginia, cumpliendo su LXXXII edición.

Un título con gloria

Oportunismo muy osado el mostrado por el joven corredor eslovaco Peter Sagan (25 años), nacido en la localidad de Zilina, que realizó un feroz ataque a un conglomerado bastante numeroso de oponentes cuando restaban tan sólo dos kilómetros y medio para cruzar la línea de meta, meta que le proclamaría campeón del mundo de fondo en carretera.

Sorpresa mayúscula fue el de que precisamente en una dura subida adoquinada fraguara tan inesperada escaramuza que finalizó en plena gloria, valiéndole el conquistar la codiciada camiseta irisada, con sus colores que tanto atraen al gran público, un alto honor que en realidad nadie olvida. Su acción fue sorprendente cara a sus más temibles adversarios, que no llegaron a imaginar que en aquella temible ascensión se permitiera Sagan el lujo de torpedear tan fulminante ataque.

Si Sagan hasta la fecha ha alcanzado fama dentro del deporte de las dos ruedas, se debe exclusivamente a su gran arma que es la velocidad, en donde siempre han brillado su estrella y sus triunfos. Su fuerte hasta ahora han sido sus continuadas victorias conseguidas en última instancia al enfrentarse a un grupo o a un gran pelotón compacto, una labor a todas luces un tanto arriesgada que no todos los ciclistas se sienten con ánimos a afrontar.

Esta vez, pudo zafarse de los veinticuatro corredores que perseguían, al igual que él, el conquistar tan preciado título. Todo aconteció en los últimos compases de la prueba.

Tal alternativa fue un tanto difícil dado que el circuito por donde discurría este Campeonato del Mundo no poseía obstáculos suficientes para provocar una selección de corredores entre unos y otros. Se sucedieron, eso sí,  algunas escapadas que animaron a la carrera y que no llegaron a feliz término. El pelotón como es costumbre controlaba la situación y los  aspirantes al máximo galardón se mantuvieron más bien a la expectativa dando largas al asunto que quedaba en el aire sin resolver.

Ya esperábamos, esta fue la verdad, que la papeleta del mundial se resolvería en el último respiro bajo un grupo más o menos apretado. Muy poco faltó para ello. Sagán decidió romper los esquemas y los vaticinios, y se nos fue en solitario hacia adelante. Tomó unos pocos segundos de ventaja, los suficientes para triunfar incluso ligeramente destacado.  Era una viva estampa que no conocíamos en él, acostumbrado a disputar la victoria tal o cuál bajo una tumultuosa llegada y mezclado entre ciclistas, unidos todos cual fueran una piña. Perdonen nuestra gráfica expresión.

A continuación se clasificaron el australiano Michael Matthews, el lituano Ramunas Navardauskas, el noruego Alexander Kristoff y nuestro representante español Alejandro Valverde, en este orden. Esta vez no pudo pisar podio, consiguiendo una actuación que le honra una vez más. Aprovechamos para señalar que sus compañeros, el madrileño Daniel Moreno (27º), y el murciano Luís León Sánchez (30º), no pudieron llegar a más arriba, aunque en algunas fases de este Campeonato se hicieron notar dando la cara.

El eterno segundo en el pasado Tour

Recordamos que en el último Tour de Francia, una competición que encierra tanta esperanza, a Peter Sagan no le acompañó la suerte en el transcurso de las etapas. No ganó en ninguna de ellas, aunque lo intentara con mucha voluntad. Fue segundo: en Zelande (2ª etapa), en Amiens (5ª), en Le Havre (6ª), en Rodez (13ª) y finalmente en Gap (16ª). Sin embargo, sí logró ser rey en la clasificación general por puntos, una merecida consolación a su persistente adversidad.

Un poco la historia acerca del Mundial

Se entiende que hacemos referencia a los ciclistas profesionales de carretera en el escenario del Mundial, competición de alto rango que se inició en Nürburgring (Alemania), concretamente en el año 1927, con el triunfo del italiano Alfredo Binda, que luego conquistaría dos títulos más, en 1930 y 1932, marca que ha sido igualada únicamente por los belgas Henri Van Steenbergen (1949, 1956 y 1957) y Eddy Merckx (1967, 1971 y 1974), y el español Óscar Freire (1999, 2001 y 2004). Debemos adicionar en el elenco, aunque fuera por una sola vez el vestir la elástica de arco iris, a Abraham Olano (1995), en Duitama (Colombia) y a Igor Astarloa (2003), en Hamilton (Canadá).

Por Naciones, sigue imperando el dominio ejercido por Bélgica, que ha acaparado veinticinco títulos mundiales de carretera. A continuación anotamos a Italia, con 19, y a Francia y Holanda, con 8. España, figura con cinco medallas de oro, tal como hemos señalado en el apartado anterior.

Por  Gerardo  Fuster  

Imagen tomada del FB de la UCI

Sagan ya no es el principito

Un aviador tomó vida en la mente de Antoine de Saint-Exupéry. Cayó en desierto y conoció al principito, un personaje de otro mundo, pueril y entrañable. Oyó historias inconexas, increíbles, que escapaban a su comprensión, pero aquel enano de dorados rizos le caló hondo. Nunca volvió a ser el mismo.

Sagan era el principito del peloton. Era fantasía, clave suelta. Lo hizo todo rápido y bien, pero le costaba crecer, despojarse de la juventud que su tez anuncia. Este año ha pasado por todos los estadios, ha oído de todo, ha tragado sapos, vía twitter de su jefe. Si hasta una moto se lo llevó por delante en la Vuelta.

Anónimo, ejemplar, sin mayor trascendencia, se disfrazó de fantasma, fácil pues no tiene selección que le trabaje, que le dé notoriedad. Otras veces, alguno le habría tomado la rueda y la habría matado en meta. Esta vez, tras dejar hacer a alemanes, italianos y belgas, tomó el mando muy al final para no soltarlo hasta cruzada la meta. Sublime, ciertamente porque atacó sólo una vez, una, y valió. Greg Van Avermaet, quien le hundió el en Tour, se retorció, pero con 250 kilómetros en las piernas, te rompe cualquier aleteo de mariposa. Van Avermaet crujió.

En meta show. Tiró la bici, lanzó su casco al respetable. Boonen le señaló, le dijo: “Tú, tú”. Chocaron las manos, de igual a igual, de campeón del mundo a campeón del mundo. Sangre nueva, estirpe de grandes, de los mejores. Sagan es como Boonen, una leyenda a los 25 años. Nos alegra que Sagan gane porque se lo merece como nadie, porque no desistió, porque su único pecado fue ser precoz,…

El Mundial de Richmond ha sido precioso porque el recorrido, al margen de las inombrables rectas, tenía su miga, la propia de un itinerario acuñado por la velocidad y el desgaste. Dos apuntes: grandísima defensa de Michal Kwiatkowski, que ha hecho de la carrera un manual de como afrontar una cita así, y Jonh Degenkolg, el ciclista que como Juan Palomo podría decir “yo me lo guiso, yo me lo como”. Alemán y polaco no ganaron, pero no creo errar al decir que un día serán lo harán, o volverán a hacer.

Hubo de todo, y creo que todos hicieron lo que se espera de ellos, incluso del combinado hispano que jugaba en terreno hostil, no hubo para más, otras veces nos quedamos con hambre. Sólo un pero, la cantidad no hace la calidad, y llegar con muchos ciclistas al final, no sirve de nada si no los mueves. Si Valverde quiere ser campeón deberá esperar a tener 37 años porque el año que viene se ha anunciado una mierda de mundial en Qatar.

El mundial que cambió nuestras vidas

Duitama es una ciudad del corazón de Boyacá, la región colombiana que alumbra ciclistas como Nairo Quintana. Hasta allí, a 2500 metros sobre el nivel del mar, se fueron los Campeonatos del Mundo de 1995. Fue una tarde-noche de octubre en España, mediodía allí, exactamente igual que en Richmond.

Aquellos se consideraron uno de los Mundiales más duros de la historia. La vertiginosa altitud del lugar se unía a una subida llamada el Cogollo que superada muchas veces fue un cuchillo en el alma de muchos ciclistas. Acabaron la cita muy poquitos y dejaron en anécdota la legendaria edición de Sallanches, que ganó Hinault, en medio de una deserción generalizada por la complejidad de la carrera.

La selección española, virgen en el palmarés mundialista, era el combinado a seguir. No en vano llevaron lo mejor de cada casa encabezado por Miguel Indurain, aclimatado en Corolado y dorado en la crono de días antes.

La carrera se planteó así, en un duelo de todos, principalmente la selección italiana, contra la hispana. Sin embargo el equipo de Pepe Grande planteó la carrera al revés. Sin dejarse llevar por el pánico de los cortes las agujas de Grande siempre estaban delante, presentes y perennes, algo que evitaba coger el mando del pelotón donde Indurain quemaba y quemaba vueltas imponiendo pero no gastando.
De esta manera Fernando Escartín secó el ataque Felice Puttini y José María Jiménez el de Mauro Gianetti. Los suizos, tan buenos en lo individual, pero tan malos en los colectivo, estaban ahí siempre presentes, si bien fue Italia la que más se mostraba con Lanfranchi, Pelizzioli y Casagrande rodeando a Pantani.

A vuelta y media Indurain pinchaba, pero alcanzaba rápido el grupo. Poco después, con el navarro en punta, pasando revista, atacaba Abraham Olano, ya no le verían hasta meta, exhausto, roto, pero campeón, campeón del mundo nada más, tras pasar por dos trances, uno deportivo, superar en ritmo y cadencia los intentos de Casagrande, Pantani y Gianetti por cogerle, y el otro azaroso, el pinchazo que le obligó a rodar en llanta los últimos metros.

Poco después de Olano, Indurain, que dos años antes había desplazado a gente como Museeuw y Ludwig del podio con un poderoso sprint, no tuvo problemas en imponerse a Pantani y Gianetti. Oro y plata, tras casi setenta años de mundiales, España se estrenaba con doblete.

La actitud de Indurain, protegiendo a Olano, molestó mucho en ciertos entornos y no son pocos los que marcan aquella semana, y el fallido récord de la hora, a los pocos días, como el punto de inflexión en la relación de Indurain con el tándem Unzue-Echárvarri. Olano hizo bien, muy bien, jugó la baza del marcaje a Indurain, le salió ganadora, como le podría haber salido a Chava o Escartín cuento fueron por delante poco antes. Aquello fue sin duda el principio del fin de muchas cosas.

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