Souvenirs des Champs Elysées

En 1974 el Tour de Francia dejó el emplazamiento típico en su epílogo. La demolición del Parque de los Príncipes y posterior paso por el velódromo de la Cipalle dieron paso a la primera llegada a los Campos Elíseos, la inmensa recta que une los grandes símbolos de París, desde las Tullerías y el Louvre hasta el Arco del Triunfo y de ahí recto, emulando uno de los rayos del Rey Sol, hasta la Defensa y su armatoste de arco cuadrado.

Las gestiones se hicieron rápido. En 1975, hace ya cuarenta años el capo Félix Lévitan hizo caso de la sugerencia del periodista Yves Mourousi y se fue directo al presidente de la República, Valery Giscard d´ Estaing, para solicitar que el Tour aterrizara por primera vez en la que los franceses llaman avenida más famosa del mundo, cosa que no les discutiré, aunque por bellas hay un puñado más bonitas.

#DiaD 20 de julio de 1975

Tras 4000 kilómetros y la célebre etapa de Pra-Loup en la que Bernard Thevenet dio cuenta del ciclo Merckx, el Tour celebró la última etapa con salida y llegada en la capital marcando una tradición muy pocas veces rota, la llegada al sprint que cayó en manos del belga Walter Godefroot quien acompañó en el podio a su compatriota, el ya mítico Merckx que subió al cajón para recoger el premio del segundo en el que muchos apuntaron sería su sexto Tour.

Imagen tomada de velonews.competitor.com

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Y si Landa atacara a Bardet…

Landa es cuarto del Tour

Supongo que esto será tema recurrente cada final de Tour, Vuelta o Giro entre aficionados al ciclismo y gente de su entorno que no acaba de entender porqué cada final de carrera se toma como un festival sin más trascendencia que el triunfo parcial y los brindis del ganador.

Supongo que esta escena os sonará, porque a mí me toca vivirla cada año. “Entonces ¿para qué cojones corren la última etapa?” me repiten y yo, aunque tengo asimilado que es de recibo no atacar, también pienso, pues en el fondo tienen razón, aunque en parte. Es como si dos equipos de fútbol firmaran el resultado antes del tiempo añadido.

Son las cosas del ciclismo, ese reglamento no escrito, esas normas que flotan en el ambiente, que se transmite yo creo verbalmente y todos respetan casi más que el esperar a un rival en un percance, dependiendo cómo se haya producido.

Lo cierto es que las cosas, más o menos, han llegado claras en tiempos recientes, tanto que no parecía necesario un último duelo al sol para dilucidar un ganador, un podio o un top ten. Recuerdo que en una última etapa de a Vuelta, Valverde le rebañó un maillot verde a Purito en un sprint intermedio, pero poco más.

Ahora las cosas, sin embargo están en el alero, y aunque yo no me lo planteé en un primer momento, la insistencia de los que estaban viendo la etapa conmigo me ha hecho pensar. ¿Y si mañana Landa buscara la sorpresa, cosa improbable, aunque real? ¿Y si Landa quisiera sondear el podio ?, ¿y si el Team Sky en su ánimo de innovar quisiera dos blancos en el podio?

Y si…

En este caso, nada mejor que el castizo dicho del rabo del toro y que todo cuenta, incluso en entornos que sugieren todo lo contrario.

¿Sería reprochable que Landa le quitara el podio a Bardet en la etapa de París? yo creo que no, otra cosa es cómo se lo tome el persona y en especial los franceses en un Tour que, por otro lado, ha marcado el nivel de su recuperación.

No creo, repito, no creo que Landa lo intentará, aunque también digo, torres más altas han caído. Los tres últimos grandes vuelcos que se han dado en una general en la jornada final han sido en epílogos contra el crono. Angel Casero quitándole una Vuelta a Oscar Sevilla en 2001 y Aitor González, ciclista que me recuerda en algunas cosas a Landa, haciendo lo propio con Roberto Heras un año después.

Sin embargo el vuelco más espectacular lo firmaría Lemond frente a Fignon en el Tour más descacharrante de la historia, el de 1989. Ese año los franceses probaron el amargor de la bilis subiendo por el esófago, en su avenida más ilustre, en el corazón de la ciudad de la luz. Aquello también fue una crono.

Landa posiblemente hará de tripas corazón, mirará a otro lado y deseche la opción de un juego de velódromo en el colofón del Tour, pero os seré sincero, no cabría mejor guinda para la carrera que un juego de gato y ratón en el anodino deambular de los corredores por los campos parisinos.

Imagen tomada del FB de le Tour de France

INFO

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#BonjourTour etapa 21

El episodio final del Tour devuelve la carrera a París en un día que supongo que no será sencillo en la capital gala, con tantos recuerdos y episodios duros tan cercanos, y un gran evento, otro tras la Eurocopa, visitando sus calles. Sea como fuere la carrera que hubo de sobreponerse al terrible atentado de Niza pone hoy punto y final a tres semanas de pasión contenida en las espaldas de ocho hombres, los ocho gregarios de Chris Froome que bien pueden decir eso de «well done».

Froome se coronará por tercera vez ganador del Tour y busca inquilino que le acompañe en el podio más codiciado del año, el ganador de etapa en los Campos Elíseos. Será quizá el momento de ver si alguien burla el control de los maltrechos equipos de velocistas -Vinokourov y Seigneur fueron los últimos en logrado en más veinte años-. Sin el renacido y brillante Cavendish en la palestra, esto parece un juego de alemanes, Kittel vs Greipel, quienes tienen mucho que dilucidar en esta llegada, entre otras cosas, corregir un malísimo Tour para su intereses.

El lugar

No nos equivocamos al decir que hoy el pelotón rodará por uno de los lugares más importantes del mundo, al menos uno de los de mayor confluencia y miradas del planeta. En el menú: varias vueltas a ese tesoro al aire libre que es París, la vía real, que une en linea recta el Louvre con la Defensa, previo paso por el Arco del Triunfo más grande del mundo, como de si de un rayo del Rey Sol se tratara.

24 de julio de 1997

El Tour de 1997 tuvo dos partes muy definidas, la primera, hasta la crono de Saint Etienne, en la que Jan Ullrich tiranizó la contienda, y la posterior, en la que el alemán flaqueó en Alpe d´ Huez, cometiendo la osadía de salir a por Pantani, y en los Vosgos, donde Richard Virenque tuvo la ocasión de voltear una general que tuvo perdida muy pocos días antes.

En la jornada por el macizo que lleva a la Alsacia, Virenque se ve a ochenta kilómetros de meta en un corte acompañado de dos compañeros y los seis mejores de la general, salvo Jan Ullrich que titubea por detrás. Situación ideal, casi soñada que Virenque echa por tierra cuando el resto de la fuga se niega a colaborar con él. Con temor a intentar una empresa mayor, el francés le dice a su compañero Didier Rous que ensaye, con éxito, el triunfo de etapa. Ullrich salva el match ball, Virenque no se vería en una igual en su vida.

#ChampsElysées El duopolio Cavendish & Kittel

Desde 2009 la avenida más reconocida de París, con el Arco del Triunfo detrás ha coronado las victorias de Alberto Contador, Cadel Evans, Bradley Wiggins, Chris Froome y Vincenzo Nibali. En más de 100 ediciones del Tour, Australia y Reino Unido se han incorporado al mapa de ganadores de la Grande Boucle. Hubo otro vencedor que no pudo celebrarlo in situ, Andy Schleck, quien recibió la visita del patrón del Tour en Luxemburgo para recibir el maillot que le quitaron a Contador por su positivo en 2010.

#DiaD 21 de julio de 2013

El Tour de Francia celebra cien ediciones para coronar a Chris Froome y llega por primera vez de noche a los Campos Elíseos. En el ocaso, Marcel Kittel lograba su cuarta victoria en esa edición. El robusto alemán completaba su venganza sobre Mark Canvedish, quien era segundo en la misma línea de meta que habái cruzado tres veces primero, desde 2009, hecho que sitúa al de la Isla de Man como el mejor velocista en la llegada más codiciada del mundo.

Imagen tomada de www.aldia.cr

#ChampsElysées El hostión del califa

1991, 24 años ya. El Tour de Francia entraba sin saberlo en un ciclo: la era de Miguel Indurain. Tras una carrera de tiempos muy marcados, decidida en dos pasajes muy concretos y principalmente en Val Louron, el navarro pasaba por primera vez por el podio de los Campos Elíseos. Cabrían otras cuatro.

#DiaD 28 de julio de 1991

Djamolidine Abdoujaparov había sido uno de los hombres del Tour. Sus ojos vivarachos, cara afilada y morenísima tez le definieron como un ciclista irrepetible, de esos que marcaron a fuego las llegadas de la primera mitad de los noventa. En esa edición llevaba dos etapas ganadas y el maillot verde, pero quería la bendición en la avenida más famosa de París.

El uzbeco lanzó el sprint y su rueda delantera dio contra la pata de una valla dándose uno de los costalazos más tristemente célebres de la historia reciente del ciclismo. Al poco rato, con la clavícula destrizada cruzó la meta a pie y la bicicleta en la mano para mantener el maillot de los puntos. Al menos le cabría el honor de ganar dos veces en tan preciado lugar.

#ChampsElysées El increíble Lemond

No son pocas las voces que dicen que el Tour de Francia de 1989 fue el mejor de la historia reciente. Yo no sabría decirlo, pues hemos tenido carreras bonitas, instantes mágicos, sin embargo con perspectiva sí que vemos que aquella edición fue especial, sobretodo porque fue la última que disputaron íntegramente ciclistas de los que entroncaron con grandes mitos de los 70 y 80.

Hablo de Fignon, de Lemond, de Marino, de Perico,… pero es que además la dosis de emoción sostenida hasta la última etapa, el intercambio de golpes de Lemond y Fignon y el desenlace, el más increíble visto nunca, hacen de aquellos días algo ciertamente irrepetible.

#DiaD 23 de julio de 1989

La crono final del Tour se corría entre Versalles y la avenida más parisina del mundo. Con Pedro Delgado descartado y Laurent Fignon instalado en una cómoda ventaja de 50 segundos parecía improbable el vuelco. Sin embargo, Greg Lemond desempolvó su inédito manillar de triatleta –autorizado pero no homologado- para sacar lo mejor de sí y ganarle el Tour por ocho jodidos segundos a Fignon. Tras 3300 kilómetros, unos ochenta metros decidieron el ganador.

Imagen tomada de janheine.wordpress.com 

#ChampsElysées Hinault, “le patron”

En su libro de Etape, Richard Moore describe, en un pasaje, muy fidedignamente quién fue y cómo fue Bernard Hinault. El tipo educado que veis a la izquierda del podio, presentado las autoridades del lugar a los ciclistas, fue, en su época de ciclista, Stalin, Hitler y Julio César en la misma persona”, un tipo con un carácter indómito, que ya desde tierna infancia buscó su suerte y acabó siendo, treinta años después, el único ciclista que se puede medir con Eddy Merckx en cantidad y calidad de palmarés.

#DiaD 22 de julio de 1979

Bernard Hinault, en amarillo, por París, todo hecho, la carrera ganada, el Tour en el bolsillo, pero no había suficiente. Presto a entrar en la historia el bretón atacó en el corazón de la ciudad de la luz. A su rueda, a duras penas, el segundo en la general, Joop Zoetemelk, le siguió para llegar ambos con dos minuticos sobre un pelotón conducido por la impotencia de Dietrich Thurau y Lucien Van Impe.

El viejo Joop solicitó ganar la etapa e Hinault lo miró incrédulo: “En los Campos Elíseos no hay regalos.  A los tres años, el tejón volvió a ganar, esta vez por delante de velocistas como Adri Van der Poel y Rudy Pevenage. Quiso demostrar quién era “le patrón”.

Imagen tomada de forodeciclismo.mforos.com