Carlos Betancur: Los campeones necesitan fuerza, pero también carácter

Carlos Betancur JoanSeguidor

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Pasan los años y Carlos Betancur no es aquel fenómeno que se dibujaba hace cinco años

A Carlos Betancur le decían “La Ronca” porque tenía una voz de abuelita fumadora, vibrante, y también le decían “Bananito” porque se comió un racimo de bananos completo cuando era niño.

Bananito Betancur fue el gran descubrimiento del Giro de Italia de 2013 donde ganó la clasificación de los jóvenes, un Giro donde los colombianos fueron protagonistas de principio a fin con el subcampeonato de Rigoberto Urán, quien iba a ayudar a Wiggins y acabó al frente del Sky.

Betancur fichó pronto por el equipo francés AG2R con el que corrió y ganó una París Niza donde apabulló a rivales de la talla de Geraint Thomas.

Regular y potente también en carreras de un día, Bananito era un verdadero derroche de talento con apenas 23 años, un muchacho campesino del occidente antioqueño que había crecido cogiendo café y montando en bicicletas de hierro por los caminos sin asfaltar de esas montañas.

Nunca mejor dicho: derroche de talento.

O más bien deberíamos decir un desperdicio de talento.

Las increíbles capacidades físicas de Bananito –y sus mejores años– se perdieron por su propia culpa.

El perfil de Betancur

Desordenado, indisciplinado, “disipado”, como dirían las abuelas de su tierra, cada que regresaba a Colombia Bananito malgastaba su tiempo jugando billar, bebiendo en parrandas, mientras descuidaba la dieta y los entrenamientos.

El resultado, naturalmente, fue una catástrofe: volvía a Europa con diez o doce kilos de sobrepeso (“ciclista con papada” lo llamó alguien en este mismo cuaderno hace unos años), con un pésimo estado de forma, a veces incumplía obligaciones y compromisos.

Así, “mal salido” como dirían las abuelas de su tierra, abandonó el AG2R.

Los del Movistar lo reclutaron en 2016 pero ya se sabía que aunque a Bananito quizá le sobraba la fuerza, no contaba ni con el talante ni con la disciplina para liderar un equipo, no digamos ya para aspirar al título de alguna vuelta siquiera mediana.

En Movistar se repitió la historia: un deslumbrante inicio con etapas en Asturias y Castilla, y luego la decepción, la indisciplina, las quejas de Unzué que en alguna entrevista dijo que su principal rival era él mismo, así hasta terminar ocupando un humilde papel de gregario más o menos relevante, un piñón flojo y averiado en ese engranaje del Movistar.

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Y poco más.

Si alguien lo hubiera convencido de que con unos pocos años de ascetismo y trabajo duro podría ganar tanto como para pasarse el resto de la vida tomando cerveza, comiendo chicharrón y jugando billar en ese pueblo cafetero donde nació.

Los campeones necesitan fuerza, pero también carácter.

 

El pobre balance de Carlos Betancur en Movistar

Carlos Betancur Movistar JoanSeguidor

Parece que Carlos Betancur deja los azules

Hemos leído hoy que Carlos Betancur puede dejar en breve el Movistar.

Al parecer no acabaría ni la temporada, porque Fabio Aru lo ha solicitado para que el acompañe en la Vuelta a España.

Betancur, Carlos Betancur, sin duda hablamos de uno de los talentos más salvajes y volátiles del ciclismo actual.

Aquel corredor omnipresente del Giro de 2013, que brillaba y dominaba, siempre un paso por delante.

Ganador, estas cosas las olvidamos fácil, de la París-Niza al año siguiente, arrancando en los muros sin respuesta.

Pero aquel genio un día se apagó, y en AG2R, sitio que no parece el más adecuado de inicio para un latino, se cansaron de él.

El Betancur de Movistar

Eusebio Unzúe le recogió para el Movistar y le hizo debutar, ahí es nada, en una Milán-San Remo. Movistar y querencia por ciertas clásicas.

Como decimos, el talento siempre lo tuvo ahí, pero su aspecto desaliñado, a veces un poco pasado de peso, sobre el papel, acababa por pesarle.

Sin embargo, cuando Betancur se ponía a ello, no había manera.

Ahí estuvo su exhibición en la jornada inaugural de ese evento con buenas hechuras y poca cobertura que son las Hammer Series.

Aquel día, en el día de los escaladores, Betancur iba dos puntos por delante, no había forma de contenerle.

Apareció esa jornada, «bananito» pues así le apodan, fino y afilado, tanto que llamaba la atención. Antes había sido un buen apoyo para Valverde en las Ardenas.

En este Giro de Italia, Betancur estuvo ahí delante, acabó decimoquinto pero Richard Carapaz le ha adelantado por la derecha.

La imagen que se nos viene a la cabeza es la de Betancur desbordado por Mohoric en Imola en unas carretera difícil de negociar y tras un ciclista que corre al 101% en todo momento.

Ahora llega la posibilidad de que Betancur deje el Movistar, ciertamente el balance de sin ser bueno, tampoco diría que ha sido malo.

Ha mostrado una vez más potencial, pero el problema es que debemos dejar de hablar de potencial cuando éste no se plasma con los años y Betancur no puede estar prometiendo hasta el día de su retirada.

¿El motivo?

No sabemos bien cuál, hace un tiempo la parroquia se nos encendió por este post sobre el corredor, un post que podría dar alguna pista cuando afirmó tan ancho que nunca imaginó que el peso fuera tan importante.

Eso lo dijo un pro con varios años a la espalda.

También nos dejaron este comentario…

Carlos Betancur comentario JoanSeguidor

Si Betancur vino a liderar algo en el Movistar, no puede tener un buen balance, si vino a auxiliar y hacer equipo, en ocasiones lo logró.

De lo que no cabe duda es que este ciclista al final ha salido muy diferente a como lo habíamos soñado…

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¿Cómo valorar el año de Betancur?

Carlos Betancur deja la Vuelta a España

Pasan los años, las estaciones, el tiempo y seguimos expectantes con Carlos Betancur. ¿Qué hará? ¿A dónde llegará? Esas preguntas que surgieron de aquella maravilla de corredor intrigando en el Giro de hace cuatro años siguen vigentes, sin respuesta ni atisbo de la misma.

Carlos Betancur ha dejado la Vuelta a España muy maltrecho y con cirugía. Roto, desde luego, las fotos que han seguido a su accidente hablan de lo que es este deporte: Arriba de repente, entre los siete que aguantaron a Contador, hasta que un mal paso en el descenso de Garbí te envía para casa.

Una pena, desde luego, en un corredor que nos ha tenido expectantes desde que destacara. No ha sido una balsa de regularidad, pero tiene algo, un don, una chispa que no es común ni paisaje habitual, incluso diría algo que le diferencia de los demás. Cuando está enchufado, es irresistible.

Su segundo año en Movistar, a la vista de sus heridas en la Vuelta, creo que ha tocado a su fin. Si en el primero se embolsó un par de triunfos parciales que sinceramente no hablan ni de su potencial ni calidad, creo que este año las cosas han sido diferentes.

Top 20 en el Tour al que fue para ayudar a Nairo y acabó nadando en tierra de nadie. Luego abandono en una Vuelta a contrapié para su equipo que sin embargo no le estaba resultando nada mal, cosa que viendo a la “hostia” que se ha corrido tiene su mérito.

Este es Carlos Betancur, el ciclista que recuperó la figura propia de un ciclista, fino, cual sílfide, se despachó en la serie montañosa de la Hammer Serie, con calidad y contundencia, con ese don que heredó y surge cuando el trabajo le resulta. Esto es así.

Entonces ¿cómo valorar a Betancur? No hay respuesta, pues cuando ha podido hacerlo bien, de azul digo, no ha sido posible verle. Con dos grandes en el porfolio, al menos nos alegramos que haya aprendido que el tema del peso es importante en esto del ciclismo. Y es que, sin dudar de la calidad del corredor, éstas son esas cosas con las que siempre nos sorprenderemos.

Imagen tomada del FB de Movistar Team

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Qué curioso es Carlos Betancur

Esta mañana he podido leer la entrevista con uno de los fichajes más singulares, y mira que tienen unos cuantos, del Team Movistar. El foco estaba sobre Carlos Betancur, cuando se cumple una semana de su sonora exhibición en las subidas de las Hammer Series, una exhibición que vino además aliñada por la presencia de Tom Dumolin, aún con el viento a favor del Giro.

Las declaraciones de Betancur son un poema, y más en pleno siglo XXI. Viene a admitir que nunca pensó que el peso podría ser tan importante en el rendimiento de un ciclista. La sola aseveración de esto, por parte de un profesional del ciclismo, ensancha las órbitas de cualquier aficionado y medio entendido.

Que el peso es capital lo podemos ver en cualquier cena de un equipo ciclista en un hotel en una carrera cualquiera, después de una jornada cualquiera. Ver esas personas, que se apagan con el paso de los días, pierden el ánimo por los kilómetros, el sol y la lluvia, y se quedan en alambres andantes, es la mejor foto para entender esa realidad.

Dice Betancur que Alejandro Valverde es su referente, pues el murciano está fino fino, al punto que a veces da pena. Como lo recoje Escámez en la meta de Eibar o en la cima de Huy y lo aúpa como los entrenadores lo hacen con sus gimnastas en las paralelas, es un vivo testimonio de lo que decimos, y nos asombran aún más las palabras del colombiano.

Dice Betancur que le dicen que sus números impresionan, se agarra al argumento científico, a la ciencia pura y dura, sin tener claro que esa tez afilada que lucía en la entrevista de las Hammer Series era la clave de su grandísimo rendimiento: a más vatios y menos peso, eso implica que cada vatio arrastra menos lastre y por ende se avanza más.

Sabemos que el ciclista, en una amplia mayoría de casos, no es un derroche de intelectualidad, pero este paisaje la verdad es que tiene tela, no sé si alguien puede o no asesorarles cuando hablan o a quien les escucha debería hurgar en ese pensamiento, pero es terrible que un llamado pro se sorprenda de esto ahora.

Por cierto, que parece que no correrá el Tour. La selección de un nueve como el Movistar para la mejor carrera no es tarea sencilla, Unzue necesita nueve miuras “finos” y motivadísimos, en una carrera que te funde por dentro y por fuera. Betancur está muy fuerte, pero el respeto a quienes han llevado el plan trazado desde un principio tienen prioridad. Faltaría más.

Imagen tomada de Hammer Series

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El martillo es Betancur

Curioso ciclista este Carlos Betancur y por curioso me refiero a incalificable, porque hablamos sin dudarlo de uno de los talentos más abrumadores del panorama que por lo que sea, aunque nos lo podemos imaginar, no explota.

Carlos Betancur ha hecho historia este viernes ganado el ciclo de subidas de las Hammer Series que han empezado en Holanda. El tiempo dirá si es historia duradera o no, porque cabe ver si la competición acaba siendo lo que sus promotores auguran: un nuevo formato con más ediciones que dé la medida de un nuevo ciclismo, casi de salón, con puntuaciones y clasificaciones novedosas.

Pero volviendo a Betancur, nos dejó impresionados en la primera de las Hammer, el colombiano no era un competidor más, era un martillo a la moral de los rivales, y entre ellos Tom Dumolin, supongo que resacoso de las celebraciones. La facilidad con la que Betancur acumulaba puntos, vuelta tras vuelta para acabar ganando nos remite a ese corredor que hace cuatro años andaba sobrado entre primavera y Giro.

Betancur se descubrió entonces como uno de los nombres marcados en rojo en la agenda colombiana, pero su caída fue sonada. Tras la París-Niza que ganó, esa que no tuvo cronos, no volvió a ser el ciclista omnipresente, que podía brillar en tres semanas, ganar a cabezazos en País Vasco y abrir gas en la Flecha Valona.

Descolgado del imaginario, el Team Movistar se trajo, en uno de esos movimientos que tanto sorprenden en “chez Unzue”, al sudamericano que no era precisamente una sílfide cuando le llevaron a debutar a la Milán-San Remo. Sea como fuere, hay corredores que no deben, o no necesitan, lucir finos para brillar, por eso Betancur debió andar como un tiro en esa Lieja que corría helada.

Ganó etapas en Asturias y Castilla y León, cosa que corriendo en Movistar, no reviste gran mérito, pues los azules tienen monopolio a este lado de los Pirineos. Es decir podemos decir que si los otros ganan, es porque Movistar pierde.

El año corriente para Betancur es curioso por lo poquísimo que ha corrido: el trítptico de las Ardenas, San Remo, donde ya es un fijo, más Romandía. No sé si por lo descansado que debe estar o porque le habrán incitado a ponerse las pilas, lo cierto es que en la apertura de las Hammer estaba que daba gusto, y no sólo eso, en la entrevista posterior, se le veía afilado como un lápiz.

Desconozco si Betancur cuenta para el nueve de Movistar en el Tour. No sé si su mejor versión daría para más ambiciones individuales que ganar una etapa, pero que bien llevado puede serle muy útil a Nairo y Valverde. Betancur no estuvo en ninguna grande el año pasado y ahora se le ve en su mejor momento, que lo plasme dependerá de lo que haga él, demuestre y le confíen. Si este año, que ya es el segundo, el colombiano no asoma por Tour y Vuelta, no sabría entender qué motivó su fichaje.

Sobre Betancur, Intxausti, Landa y Antón

Hace un año por estas fechas hacíamos cábalas sobre los numerosos fichajes y cambios que el pelotón iba a ofrecer en la presente campaña. Nos fijamos en varios que cambiaban las tornas y los colores, incluso algunos dejando equipos a los que históricamente se vincularon durante mucho tiempo y en sus momentos más dulces, como Ryder Hesjedal, que ha colgado la bicicleta sin poder nunca volver a rendir como en el Giro que acabó ganando, o Daniel Martin, que también dejaría las huestes de de Vaughters por el Etixx firmando una temporada acorde a lo que ha hecho otras veces, ganando poco pero bueno y siempre dejando sensación que podría haber rayado algo más alto.

Sin embargo, son cuatro los nombres en los que ponemos el foco porque son sin duda cuatro ciclistas que dan para un serial con el año que han protagonizado. Hace un ano por estas fechas barruntaban sobre su cambio de equipo, y ahora ven que, a mitad de camino, porque les queda otra temporada de contrato, las cosas no han salido como esperaban.

A nadie se le escapó desde el minuto cero de su fichaje que el paso de Carlos Betancur al Movistar era una apuesta con riesgo alto. Tras ser uno de los mejores talentos de hace tres años, Betancur se fue diluyendo hasta salir por la puerta de atrás en el AG2R. Unzué le abrió la puerta, en uno de esos movimientos que muchas veces obedecen a algo más que lo deportivo, así al menos lo vemos nosotros, y 365 días después no sabemos qué conclusión extraer. Betancur estuvo bien en las Ardenas, siendo un comodín para Valverde. Curiosamente debutó en San Remo y no pudo acabar el Giro de Italia. Ahí se acabó el colombiano que siempre muestra pero nunca enseña.

Si Betancur entró, Intxausti salió del Movistar para formar parte de la colección de talentos que siempre gusta reunir en el Team Sky. La temporada del vizcaíno simplemente no ha tenido lugar. Podio en Valencia, donde ganó Wouter Poels, Intxausti ha sido neutralizado por una mononucleosis que le ha dejado con quince días de competición esta temporada. Bagaje escaso, concidionado por la enfermedad, que ahora ya no tiene vuelta de hoja, pues en el siguiente año, a Beñat no le queda mucho más margen.

También lastrado por las enfermedades, Mikel Landa pareció entrar con el pie cambiado en el Sky. ¿Cómo valorar la temporada del alavés? complicado, la verdad. Ganó rápido, en el País Vasco, tras varios debuts frustrados por temas de salud. Luego se impuso en Trentino como aviso que iba en serio para el Giro.

Aqui las cosas fueron cruzadas, sencillamente no salieron. Partía, yo creo, con un merecido favoritismo, tras lo de 2015, pero otra vez su frágil salud se nubló cuando todos le esperaban, cuando incluso había superado una crono complicadísima entre viñedos por Chianti. Se rehizo y fue parte del engranaje en torno a Froome en el Tour. Sin embargo él no vino a Sky para eso, él vino para triunfar y ahora ganarse otra vez el liderato no será sencillo con la cantidad de buenos corredores que visten de negro. Si Froome es intocable para el Tour, veremos qué pasa para el Giro, a priori su carrera…

Y por último Igor Anton, otro ex Euskaltel, y un ciclista que no se reconoce desde hace tiempo. El año pasado por estas fechas ni sabía qué suerte iba a correr, entró en el Dimension Data in extremis y poco o nada se le ha oído o visto. Perfil bajo, lejos de las cómodas huestes del Euskaltel o incluso Movistar, Anton está en la prórroga de su carrera, todo lo que muestre el año que viene puede ser el final a una de las trayectorias mas curiosas, por decirlo de alguna manera, del ciclismo español.

Imagen tomada del FB del Team Sky

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Un grano llamado Sergio Henao

La temporada va razonablemente bien para el Team Sky, acaban de lograr su primer monumento, algo que les ha llevado más de seis años, y ahora apuntan al Giro de Italia con un ciclista como Mikel Landa, que anda ávido de liderazgos y responsabilidad. Al margen de otros triunfos, la escuadra británica estaba también satisfecha de la vuelta al redil de Sergio Henao, el fino escalador colombiano que, oh sorpresa, está caído del tren del WT porque sus valores no acaban de convencer a los adalides del ciclismo limpio.

Veamos porque la historia tiene miga, lo que pasó hace dos años viene en segundo capítulo con el mismo ciclista y la misma historia. Es un día de la marmota pero vestida de Sky, es decir de “ganancia marginal”: nosotros tenemos un ciclista que no hace pitar las máquinas, aunque las pone calientes, y le apartamos, le cobijamos porque creemos en él y sus circunstancias. Lo que en otro equipo habría supuesto la expulsión inmediata, con Henao se matiza, no vaya a ser que la mácula de Brailsdord se vea corrompida.

Hace dos años Henao presentó valores anómalos, se dijo que era por su residencia el altitud, allá en su país, como si no hubiera otros colombianos con la misma problemática y nunca han dado que hablar. Se dijo también que al ciclista se le haría un estudio en profundidad y un seguimiento. Se dijo que ambas cosas se harían públicas a su debido momento.

A día de hoy no hay nada de aquello, ni de aquel estudio ni del seguimiento. La escurridiza memoria del aficionado juega a su favor hasta que, pam, vuelven a apartar al ciclista. Poco claro todo y muy alejado de las teorías de limpieza extrema que el equipo se precia de aplicar.

Henao, por cierto, protagonizó una curiosa llegada hace tres años en la Vuelta al País Vasco con Carlos Betancur, llegaron apoyados el uno en el otro al final de una cuesta habitual por esos parajes. Betancur ha sido curiosamente protagonista estos días, primero en Castilla y León y luego con un estelar papel en la Lieja. Le llaman “bananito” y viéndole delante de esa manera habrá que acostumbrarse al «ciclismo con papada».

No es tan raro, Mikel Landa ganó en Euskadi luciendo prominentes mofletes, igual es lo último en ganancias marginales, ese rollo que un día se nos vendió como la panacea y que vemos que no evita que el Team Sky acabe teniendo los mismos problemas que cualquier hijo de vecino.

Imagen tomada de www.ciclo21.com

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Los extremos del poder colombiano

Valiente discusión se ha armado hoy camino de San Remo, cuando se corrió la certeza de algo que sólo dominan los estadísticos, que Carlos Betcancur debutaba con Movistar y corría su primera carrera desde el pasado Giro. Betancur, con una figura de discutible finura, debutando en la Milán-San Remo un hecho que se trenza con la ya de por sí curiosa apuesta del equipo azulón por el controvertido colombiano. El reguero de reacciones se sucedió y hasta el propio Eduardo Chozas, siempre conciliador, se extrañó de verle en una carrera así, con esos nervios, con esa longitud, de buenas a primeras.

Con esta decisión, que ni el propio Chente supo justificar en antena, el equipo, viendo su trayectoria en este monumento, vistió de cierta trivialidad su presencia en la mejor clásica de la primavera. Algo que casa con las difusas apuestas que han situado en la ruta hacia San Remo, algo que no decimos por este año, pues en definitiva vinieron con todo lo que había que traer, con Vaverde & Lobato.

Entendedme, Betacur fue un corredor que en sus buenos momentos nos encantó, dio color al Giro de 2013 y acabó ganando con brillantez nada menos que la París-Niza, sin embargo las pruebas que ha dado de falta de profesionalidad contrastan con el fichaje y este estreno, un estreno de casi 300 kilómetros, que algunos nos tomamos como una perfecta forma de quemar las obvias lorzas que amanecen en la parte baja de su maillot.

En el otro extremo, Fernando Gaviria, un ciclista que crece al ritmo que castiga las bielas de sus pedales. No hace ni dos semanas que era campeón del mundo de omnium, una carrera mil veces criticada pero que si algo premia es la polivalencia, pues estos tipos deben hacer un persecución, una eliminación y un kilómetro, entre otras, a morir en muy poco tiempo. En el camino a la Classicissima ganó incluso una etapa de la Tirreno y estuvo con los mejores el día que con la tontería de un sprint Sagan casi la lía.

Gaviria es un ciclista de los de antes, es colombiano pero vestido de Etixx parecería un Patrick Sercu cualquiera, rápido, aguerrido y ambicioso, otro nombre a tener en cuenta para Río de Janeiro, y eso que hasta entonces optará a muchas otras cosas. Aunque sea joven, rápido y algo, es colombiano y es otra muesca más del momento dulce que se vive en ese país, donde como nos dijeron un día, con una buena gestión y mejor vountad podrían surgir varios equipos WT.

Imagen tomada de FB de Giro de Italia

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La costa de Levante desde Gandía, Benidorm y Vinaros