Lance Armstrong y el mejor homenaje a Carlos Sastre

Tour de Francia - Carlos Sastre JoanSeguidor

El desprecio de Lance Armstrong a Carlos Sastre es gratuito e innecesario

Si Lance Armstrong quería poner en el mapa a Carlos Sastre lo ha logrado, no sé si queriendo, o si sólo con la simple intención de mofa.

 

El comentario, que no es la primera vez que lo hace, se enmarca en ese documental que el americano propicia para prodigar su verdad y se replica por cientos en las redes, y deja claro que si Carlos Sastre puede ganar el Tour, él podía volver perfectamente.

A pesar de vivir en un entorno global, ser uno de los primeros padrinos de twitter y todas esas cosas, el tejano nunca ha escondido su curiosidad por el carácter mesetario en más de una ocasión, obviamente el otro actor en esta ecuación es Alberto Contador.

Carlos Sastre no es un prodigio de popularidad, a un servidor, por ejemplo, no le entusiasmaba escucharle en la televisión, pero como ciclista y persona, lo cierto es que está a años luz de Lance Armstrong.

Cinco minutos con la voz calmada del abulense, hablando de sus cadetillos, de la fundación, dedicándote su tiempo, su mirada y atención, desentrañan un cariño por el ciclismo que dudo haya tenido nunca el americano que se pica hasta con su sombra.

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Y no sólo eso, es cuestión de clase y modales, también de humildad, Lance Armstrong no ha conocido todo eso, Carlos Sastre le podría dar lecciones.

Pero no creo que lo haga, ni siquiera creo que le ofenda lo que ha dicho, él será feliz con su gente, en su entorno, sacando rédito a una, entiendo, cómoda vida que se ha granjeado en la carretera y ganando un Tour con total merecimiento, porque de los que corrieron ese año, en ese momento, fue el mejor y punto.

Dicen que el hombre es la persona que tropieza dos veces con la misma piedra, Armstrong no ha sacado nada en claro de cuán cara le costó su altanería dejando enemigos por el camino.

Pensamos que el americano no hizo cosas muy diferentes a sus contemporáneos, pero él ha sido cabeza de turco, conejillo de indias, y pagó los platos rotos, quizá no le dé el coco para pensar por qué él y no otros..

Y sí, Sastre ha corrido con Manolo Saiz, con Riis y otros ¿ha pitado? ¿tenemos pruebas de su trampa? no, pues circulen…

Lance Armstrong le ha regalado una cuota de protagonismo a Carlos Sastre que el aludido no necesita para continuar como si tal cosa, el que ofende, sin embargo, necesita el foco como quien bebe el agua de los floreros.

¿Pero qué pasa con las contrarrelojes?

osteopatia ciclismo JoanSeguidor

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Sin una buena contrarreloj, el ciclismo no está equilibrado

Es curioso que en el ciclismo más tecnológico, la modalidad que más prestigia la tecnología, la contrarreloj, no tiene apenas presencia.

No en la medida que sería deseable.

Hace veinticinco años, kilometradas de contrarreloj decidían y condicionaban carreras, las grandes carreras.

Pero el ciclismo de 2019 no las quiere, no las premia, no las pone en el recorrido.

Y se olvida, como siempre en esta desmemoriada sociedad, que sin la contrarreloj no hubiéramos conocido en todo su esplendor a Indurain, Cancellara, Wiggins, Anquetil, Hinault.

La contrarreloj es la base misma de la competición ciclista

En una contrarreloj hay un pulso interno, individual, uno a uno, sin más distorsión que llueva antes o después, que sople el viento.

El descenso de kilómetros en las grandes vueltas, especialmente en el Tour, la carrera que se precia de ser la mejor del mundo, ha desequilibrado la balanza.

Sin una buena contrarreloj no ha incentivos al ataque en la montaña.

Los escaladores pueden correr con menos agobio, sin la necesidad de arriesgar.

El riesgo es una palabra que crea aversión en el ciclismo moderno y sin una buena contrarreloj no hay posibilidad de poner al límite a los escaladores.

Si miramos los tiempos recientes cada vez que ha habido una buena crono ha habido emoción.

Incluso vuelcos finales y dramáticos.

El Giro 2012 que pierde Purito frente a Hesjedal en la misma plaza del Duomo de Milán.

O la caída de Denis Menchov en la recta del Coliseo, año 2009, sin mayor consecuencia más allá del impacto de ver la maglia rosa por los suelos.

Una buena contrarreloj siempre ha puesto negro sobre blanco los mejores duelos.

Recordad la jornada de Guadarrama, Vuelta de 2015, cuando Fabio Aru tuvo que poner a full su Astana para derribar el Dumoulin que le puso contra las cuerdas en la crono de Burgos.

O el ataque lejano de Carlos Sastre en Alpe d´Huez, para desespero de los Schleck, poniendo metros sobre Cadel Evans ante la crono final.

Son ejemplos, pillados al viento, pero muestras tangibles de que los recorridos equilibrados traen espectáculo y meten a todos en el pastes.

Que Tom Duloulin haya privilegiado el Giro sobre el Tour, que otros le pueden seguir la pista, que la mejor carrera del mundo no tenga a los mejores, eso debería hacer reflexionar a sus mentores.

Por muy alta que sea la atalaya desde donde aprecian el paisaje.

El ejemplo de Carlos Sastre

De entre todos los ganadores españoles del Tour de Francia, el más discreto ha sido Carlos Sastre. Su timidez espontánea, su forma de hablar y la manera de hacer las cosas –expresarse con hechos- le han conferido un cariño inversamente proporcional a las veces que le gusta prodigarse.

Varios años después de su triunfo en el Tour, muchas veces me pregunto, como se hace con Indurain o Perico, si debió ganar algun Tour más. Desde luego, hace diez años, por esas fechas, pocos habríamos apostado por un solo triunfo y sin embargo, su tesón y constancia, valores heredados de la cultura que pregona su padre en la escuela de ciclistas de la zona, le han hecho llegar altísimo.

Y en esas pajas mentales, que a veces nos hacemos, entendemos que Sastre, con un poco de suerte debía haber ganado al menos otro Tour, el de 2006, que lo perdió porque en la famosa etapa de Morzine, esa en la que Landis le tomó el pelo a todo el mundo, la cortedad táctica de Riis le privó de estar más arriba.

Como en Contador, Riis ha sido clave en la trayectoria de Sastre, y al menos cabe agradecerle al técnico danés que dejara carta blanca a  sus líderes en el Saxo cuando los Schleck y el mentado Carlos estaban en disposición de ganar el Tour de dos años después. Ese día de Alpe d´ Huez fue muy de Carlos, discreto, apoyado en la confianza en su trabajo, arrancó desde abajo y en dos zarpazos logró desprenderse de uno de sus rivales de generación, Denis Menchov, un ciclista que meses antes fue inabordable en la Vuelta.
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Sastre ganó el Tour en Alpe d´ Huez, solo, ajeno a los tejemanejes y el aparente nerviosismo de sus compañeros luxemburgueses por detrás. Ese día Sastre impidió un tropelía histórica mayúscula: que Frank Schleck, uno de los ciclistas más sobrevalorados de la historia moderna, hubiera ganado el Tour.

Retirado hace unos años, viendo ahora su trayectoria, sus años mozos en la ONCE, el periplo con Riis, aquel chupete cuando ganó en Ax 3 Domaines, las Vueltas que disputó, su ímprobo trabajo en los Juegos de Pequín, los que coronaran a Samuel Sánchez, sus últimos Giros y el hecho de que nunca estuviera vinculado a ninguna trama ni investigación de dopaje, todo, nos invita a pensar que estamos ante un ciclista modélico y al que siempre tendremos en gran estima.

Dibujo de @Zapa9MFS 

INFO

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El gran Marino Lejarreta será la estrella invitada en la Pedals de Clip, la marcha de ciclismo clásico que abrirá inscripciones el próximo 15 de enero y que se celebrará el fin de semana 21 y 22 de mayo con llegada en el bellísimo complejo de castillo e iglesia románica de Sant Martí Sarroca (Alt Penedès) ​ con actos y exposiciones de ciclismo clásico más la  marcha en sus dos versiones: una de 75 y la corta de 45 kilómetros.

El jardín de la evolución

Cincuenta años exactos separan el primero y último de esta serie. De Toledo a Pinto, poquita distancia sobre el mapa, pero un abismo en todo, en concepto, en tiempo, en circunstancias, en rivales, en material. Cincuenta años que en el ciclismo es poco menos que a mitad de su historia, una cuña representativa de la evolución de la especie, de la especie ciclista.

España tiene siete ganadores del Tour de Francia, una historia que arrancó en 1959, curiosamente el año que el país fue intervenido económicamente. En esa España que intentaba remontar una depresión terrible y pobreza extrema, Federico Martín Bahamontes fue el primer gran ídolo que trascendió con sus éxitos más allá de los Pirineos. Largo, famélico, hijo del hambre, abrió la cuenta y aún permanece como uno de los mejores escaladores de siempre.

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Del agonístico hombre de la montaña, tenaz, sufrido, a la pasión desmedida, a la clase incontenible, Luis Ocaña, “enfant terrible” nacido en Cuenca, pero afrancesado desde la médula, desde una infancia cargada de miseria y frustración. Ocaña ganó un Tour, pero pudieron ser dos, Ocaña ganó una Vuelta, pero pudieron ser dos, sin embargo su magia sigue intacta…

Pedro Delgado, Perico, como un día a uno se le ocurrió a uno llamarle, fue el tercero, escalador de raza, de rompe, limpio ataque, irreprochable y un carisma incuestionable. El cuarto habría de ser el mejor de todos, y uno de los tiempos, Miguel Indurain, la perfección de la bici y cinco Tours sobre cinco posibles.  Sus cronos las cinceló Cellini.

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El primero y el cuarto de la cadena

Pasó una década y poco más para que llegara quien más se aproximó al mejor, Alberto Contador, un compendio de virtudes en muchos terrenos, el más fuerte subiendo, sólido en la crono, dos Tours en medio de tormentas que sus antepasados en la linea real nunca habrían imaginado.

Fruto de esos malos tiempos, de las tormentas, de las limpias, Oscar Pereiro llegó y pescó un Tour primero con una» escapada» bidón de manual y luego con la descalificación de Landis, el protagonista de una de las historias más grotescas de la historia, aunque por desgracia, una más.

Y Carlos Sastre, quizá el más desapercibido en la vitrina de la evolución pero en el pedestal tras una actuación certera, con un ataque, sólo uno, pero el bueno. Continuará…

Imagen de @Zapa9MFS

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Carlos Sastre fue la mejor ganancia de Saxo Bank

Cuestiones de mercado, posiblemente internas, e incluso diría que intestinas, han empujado a que Saxo Bank deje, no sé si definitivamente, el patrocinio ciclista. La convivencia siempre complicada con su compañero de cama, el tan excéntrico como imprescindible para el ciclismo, Oleg Tinkov, ha allanado el camino de algo que se barruntaba desde la expulsión de Bjarne Riis, tipo nefasto para este deporte, del equipo hace unos meses.

Saxo es un banco de inversión sito en Dinamarca que desembarcó en el ciclismo hace menos de ocho años. Fue en vísperas del Tour de 2008, junto a la firma CSC, la que apadrinó el antiguo Jack & Jones de Riis, hasta que el propio Saxo tomara las riendas a partir de 2009. Tres años el banco estuvo de primer patrocinador y en estos años ha tenido a su amparo a ciclistas como los Schleck, Fabian Cancellara y Alberto Contador, como hombres destacados hasta que a partir de 2012 entrara en el copatrocinio con Tinkoff.

Sin embargo y a pesar del relumbrón de los citados, creo que es de justicia decir que la mejor ganancia que se ha llevado Saxo del ciclismo tiene nombre y apellidos abulenses: Carlos Sastre Candil.

En efecto, el discreto ciclista de El Barraco, que hoy vive en el calor familiar y los proyectos solidarios de su fundación, fue un día ganador de todo un Tour, algo que fácilmente olvidamos y que sin embargo nunca debemos perder de vista. Fue como sabéis hace siete años, ya, y estos días que apuramos la obra de Alpe d´Huez de Peter Coussins, hemos podido recrear las claves de aquella carrera que un día explotó desde la base de la mítica montaña para traer todo un Tour a Avila.

Porque aquella edición salió sin vigente ganador, Contador, entonces en Astana, no pudo ser de la partida porque su equipo estaba sencillamente vetado. En ese panorama las miradas viraron a Cadel Evans como principal favorito y en una menor escala un serial de ciclistas como Vandevelde, Kirchen o los hermanos Schleck.

En Alpe d´ Huez Sastre atacó pronto, desde abajo prácticamente. Tras un trabajo de manual de Cancellara, Gustov, Voigt, O´ Grady,… la carrera llegaba rapidísima y con la gente tocada. Sastre, segunda baza con Frank Schleck de amarillo, fue el primero en mover pieza porque así obligaba a la reacción de Evans. Aunque Menchov se le soldó a rueda, el segundo acelerón de Sastre fue suficiente para dejarlo y ganar en la cima.

Por detrás de él, un rosario de dudas y nervios. Mientras Frank se desesperaba al ver la horchata que corría por la sangre de Evans, Riis invitó a Andy a saltar, cazar a Sastre y llevarle más arriba aún. Ni Andy quiso dejar a su hermano solo y de amarillo, ni Sastre estaba para esperar a nadie.

Para los hermanos, a pesar de que ganó el equipo, fue un día negro, pues quedaron fuera de toda órbita por el amarillo y la victoria final. En el juego de tronos del CSC, Sastre tenía la carta marcada y se llevó la mano. Todo al rojo e impar.

El abulense logró ese día, prácticamente al inicio del periplo del banco danés en el ciclismo, su mejor rédito en el ciclismo. Hubieron de venir más triunfos, el Tour de rebote de Andy, la Lieja de éste mismo, Flandes y Roubaix de Cancellara, la Vuelta de Contador,… pero un Tour ganado de primeras, con un golpe de efecto como el de Alpe d´ Huez, como el de Sastre, eso sólo lo logró un corredor que encontró la discreción una de sus bazas más consistentes para que siempre le apreciáramos.

Saxo deja el ciclismo y su mejor renglón fue el primero, el más lejano…

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Españoles por la vida de Cadel Evans

La semana pasada, aunque no era la despedida definitiva, el Tour Down Under abrió la recta final para la trayectoria deportiva de Cadel Evans. El ciclismo australiano tantos años en el circuito europeo, desde aquellos canguros que aterrizaron hace más de treinta años y dejaron de ser elemento raro en la gran más grande, el Tour, echará mucho de menos a este ciclista tachado por algunos de perfil bajo y miras modestas.

Sin embargo Evans deja huella en su país que ahora se pregunta por el relevo y en su despedida son muchas las personas que empiezan a reconocerle el mérito de haber hecho lo que ha hecho y de la forma que lo ha hecho. Porque este ciclista tan reservón en muchos pasajes, se ha batido en una época de guerra total por cuestiones relacionadas con el dopaje y la lucha contra el mismo. Sólo ha cabido ver cómo, en el momento en que se limpió el panorama de ciertos nombres, el australiano fue fijo en las plazas de vanguardia.

Andy Schleck fue segundo en el Tour que ganó Evans, igual que Alexander Kolobnev fue subcampeón en el mundial embolsado por Cadel, sin embargo si con alguien se las ha tenido que ver Evans ha sido con la hornada española que tan buenos resultados ha arrojado en tiempos recientes. Veremos en este breve repaso, que la singladura de Evans podría haber sido incluso mejor de no haberse cruzado con los españoles y veremos también lo caprichosos que a veces son este ciclismo y su devenir.

En la etapa final de Romandía 2006 aconteció una jornada premonitoria. Cadel Evans ganó la general tras superar en la crono de Lausana a Alberto Contador y Alejandro Valverde. El canguro ganaba delante de dos ciclistas con las que se las vería no pocas veces en años sucesivos.

Por ejemplo Alberto Contador ganó su primer Tour con Evans en segunda plaza. En aquella carrera influyó mucho la expulsión de Rasmussen quien en su mano a mano frente a Contador le dio un tiempo al madrileño que al final el australiano no pudo remontar. Y es que Evans y Contador han sido rivales recurrentes, entre otras carreras País Vasco y casi siempre con el hoy líder del Tinkoff-Saxo como ganador.

El principal duelo de Evans con Alejandro Valverde llegó en la Vuelta a España de 2009 y un incidente que nunca fue aclarado, aquella avería en la cima de Monachil que le costó a Evans el tiempo suficiente para alejarse del murciano en la lucha por la general. Ese día Evans mostró disgusto pero tampoco se le oyó respirar excesivo cabreo para el daño causado, incluso meses antes de que a Valverde le cayera la sanción por la Operación Puerto.

Carlos Sastre fue otro español que dejó a Evans con las ganas. Fue en 2008, en medio de un Tour desconcertante en el que el abulense plasmó el dominio de su equipo, con los Schleck por detrás, en el Alpe d´ Huez. Fue precisamente ese día en el que Evans comprendió que corriendo a contener nunca lograría nada importante. Esa lección la aplicaría camino del Galibier cuando Andy le puso contra las cuerdas y le obligó a reaccionar a tiempo.

Y finalmente Purito Rodríguez, quien cuenta por derrotas sus pulsos directos con el australiano. La primera en el mundial de Mendrisio 2009, cuando el catalán fue tercero toda vez se le fue Evans a poco de meta. Al año siguiente, y con el arco iris en ristre, Evans le levantaría la Flecha Valona en un excelente reprís final que dejó a Contador tercero.

Actor perenne, concienzudo, Evans se va y deja muescas. El ciclismo español puede dar fe.

Imagen tomada de http://www.theepochtimes.com/

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Un respeto para los que han de venir

Mirad lo que escribe Juan Gutiérrez, jefe de polideportivo en el Diario As, en su último escrito de su blog:

 

Me temo que a Flecha le vamos a echar mucho de menos, como ya hemos añorado este año a Freire. Ellos han expandido el universo de las clásicas a los aficionados, han demostrado que hay ciclismo más allá de las grandes rondas, y han marcado el camino a unos potenciales sucesores que, paradójicamente, no se adivinan en el horizonte. Porque el problema actual del ciclismo español es precisamente ese: ¿dónde están los sucesores para evitar la extinción de la Edad de Oro? Unos se van, otros no llegan

 

Lo que aquí plasmamos es el epílogo del texto firmado por el periodista del diario madrileño. Es una muestra tangible, reciente y humeante de la línea editorial que se ha adoptado frente al presente y futuro inmediato del ciclismo español.

Llevamos años en la cresta de la ola. Esta historia de éxito sobre ruedas finas va más allá de lo que muchos imaginamos en un primer momento. Yo la ubicaría hace treinta años y en el histórico podio de Angel Arroyo en el Tour de Francia, pues con él se abrió la puerta y se derribaron muros mentales para el resto. El talento hispano no tardaría en adueñarse de la mejor carrera y la hoja de servicio está ahí.

Pero diría incluso más, porque los éxitos han llegado en una época convulsa de dopaje, trampas y redadas en las que nuestro ciclismo ha sido castigado, no quizá del todo, pero sí con rigor, mucho más rigor que otros deportes. Mucha gente importante ha caído en operaciones puertos y demás, y sin embargo la capacidad de regeneración ha sido impactante.

Pero como digo todo toca a su fin. El último ciclo de éxitos españoles, situado a partir de los Juegos Olímpicos de Pequín ha sido cuajado por una generación que más bien que mal ha sorteado las historias relacionadas con el dopaje. Algunos cumplieron sanción, como Alberto Contador o Alejandro Valverde, y otros compitieron, y compiten, con el expediente blanco. Sea como fuere este periodo ha sido inolvidable, la auténtica modernización de este deporte en España, universalizando éxitos y perfiles. No en vano en este ciclo cayeron hasta tres monumentos en diferentes años. Eso sí, quedan las grandes adoquinadas, y en ese empeño a Juan Antonio Flecha sí que lo echaremos de menos, casi tanto como las tácticas imposibles que le movían en la obsesión de ganar en Roubaix.

Sin embargo es triste que muchos periodistas se percaten ahora de que vienen vacas flacas. La lectura de la prensa española del estado de su ciclismo es esa, se avecina un periodo complicado, escaso en triunfos y lejos de las mejores empresas. Lo dicen los mismos que despachaban éxitos mayúsculos con breves y escaso espacio.

Porque la prensa deportiva en España es el fiel reflejo de una mal llamada afición. Sólo les interesa el éxito y quien lo rubrique, nada dicen de la belleza de ese deporte, nada cantan de su plasticidad y mucho menos reconocerán el campeón, si éste no es español. Es lo que hay, me dirán, pero es triste, casposo y zafio.

Ahora que muchos plumillas dicen que el ciclismo español no será lo que fue hasta hace bien poco –y ojo porque a algunos de esta generación dorada les queda cuerda- y emplean un tono casi de desprecio para lo que ha de venir. Hablan de que nadie podrá sustituir a Purito, a Freire, a Samuel,… y quizá tengan razón, posiblemente no rayen a su altura, pero son profesionales, darán lo que sus piernas les permitan y defenderán el pabellón con dignidad, pues muchos de esos que están llamados a coger el testigo de la mejor generación de ciclistas españoles de la historia se han curtido en la adversidad y con una carencia de medios brutal respecto a quienes serán sus rivales.

No he de imaginar qué mérito reviste el triunfo de Rubén Fernández en el Tour del Porvenir, rodeado de auténticas potencias como Australia, Reino Unido y Francia. Es cierto que rodar al nivel de Valverde, Contador y Sastre será complicado, pero la nueva generación merece más crédito y menos desprestigio. El tiempo les pondrá en su sitio y si lo hacen con el convencimiento de haberlo dado todo, nada habrá que reprocharles.

Foto tomada de www.teinteresa.com

¿Qué puede acabar con el ciclismo?

La imagen que ilustra esta entrada, la última cena ciclista, cuando yo le llamaría la penúltima merienda de negros sobre ruedas, es sencillamente reveladora y nos da la medida de cómo este deporte a pesar de todo es y seguirá siendo querido por una masa de aficionados cuya fe parece a prueba de bomba. Y si dudan de lo que decimos vean el dibujo, a Alberto Contador y sus doce apóstoles y valoren uno por uno su pasado, presente y futuro para explicar las complicaciones que surgen alrededor del ciclismo.

El dibujo demuestra cuánto cambian las cosas en tres años, pero sobretodo evidencia que en el ciclismo el panorama de estrellas nada tiene que ver en tan pequeño lapso de tiempo. Algunas de ellas, como veremos, están fuera de concurso por asuntos turbios y poco claros, por otro lado algunos convivieron con algún affaire y los menos son los que nada han tenido que declarar. A veces me pregunto cuántos deportes resistirían tantos cambios, y no precisamente para bien, en tan escaso tiempo.

A la izquierda de todo sale un discreto, y raramente fino, Cadel Evans con el maillot arco iris que meses antes conquistara en Medrisio. Acompañan a Evans dos ciclistas ya retirados y compañeros de generación, por mucho que el australiano alargue su carrera: Carlos Sastre y Denis Menchov.

Manoseando un saquito de dinero, y en el más genuino papel de Judas, Lance Armstrong, el auténtico demonio del cuadro inspirado en la obra suprema de Leonador Da Vinci. Le sostiene por detrás su compatriota Chris Horner, un ciclista tan desgraciado en las caídas como en las sombras que le merodean. Éste solicita la atención de un dopado confeso, Christian Vandevelde, a quienes muchos que echan pestes de las trampas siguen poniendo por las nubes.

Alberto Contador es el eje de la pieza, de amarillo, poseedor de la prenda más importante del ciclismo internacional, aunque como se demostraría más tarde desposeído de tal privilegio por el tema del solomillo. Le acompañan a su izquierda –derecha para el espectador- los hermanísimos, uno, Frank, suspendido por dopaje, el otro, Andy, no se encuentra.

Señalándose a sí mismo como solución a todos los males, de negro Sky, y fino como acostumbra, Bradley Wiggins quien da paso a un tridente del Liquigas. Sinceramente no reconozco al primero de ellos, a quien le sigue Vincenzo Nibali, el personaje de todo el cuadro a quien los años quizá mejor hayan tratado pues no se le ha involucrado nada raro, no se le ha desposeído de lo que ha logrado y se ha ganado el cariño del público. Al final, cierra Ivan Basso, ligeramente separado, pero no distante, en ese efecto que nos transmite de una persona que vive al margen de todo.

Ya lo ven, de lo que era noticia hace tres años, de los trece ciclistas más destacados de ese momento, sólo perviven de cara al Tour Alberto Contador y Cadel Evans. El ciclismo que tan rápido gira es también esto, un rodillo de consumir personajes y no todos de la mejor manera.

Imagen tomada de @amantes_cycling