¿Te gusta perderte entre mis curvas?

La carretera pone a prueba la fidelidad del ciclista

 

Una conversación entre una carretera y un ciclista cualquiera…

Soy tu amiga.

O al menos intento serlo.

Tuya y de todos tus amigos que a veces te acompañan.

Y es que ya hace mucho que nos conocemos ¿verdad?

Son muchos años de intensa relación, con sus lógicos altibajos y sé que aún me quieres.

Hemos reído.

Hemos llorado juntos.

También ha habido espacio para la sangre y el sudor.

Hemos tenido momentos buenos, como la primera vez que nos conocimos.

Nuestros primeros años juntos.

¿Los recuerdas?

Yo creo que te llegaste a enamorar de mí, aunque no lo quieras reconocer.

También hemos tenido ratos no tan buenos, o realmente malos.

No te los quiero recordar, pero pienso que tuviste días en los que me llegaste a odiar.

Tú lo estabas pasando mal y me culpabas a mí.

 

No querías darte cuenta que era culpa exclusiva tuya.

Sin embargo, te empeñabas en que yo me sintiera culpable, renegando de mí, insultándome.

Llegaste incluso a escupirme.

Yo lo único que hacía era acompañarte, como siempre he hecho desde que nos conocemos.

Otras veces has preferido simplemente ignorarme.

Tú y tus amigos.

Pero yo te perdono.

Como te digo, sé que en el fondo me quieres y te quedas con todos los ratos buenos que hemos pasado juntos.

Sé que disfrutas de mis curvas, de mis repechos.

Te encantan, lo sé.

No te gusta que me ponga recta contigo.

No me soportas.

Cuando lo hago, prefieres esconderte detrás de tus amigos.

No quieres que te vea.

No quieres que te diga lo que pienso a veces a la cara.

Pero también sé que en el fondo te gusta que sea exigente contigo.

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A veces eres un poco masoquista y prefieres que me ponga dura contigo.

Necesitas que te ponga a prueba y superarme, vencerme y decirme “aquí me tienes”. Necesitas poseerme, hacerme tuya y prefieres que no te lo ponga fácil.

Te gusta perderte entre mis curvas.

Tú y tus amigos.

Me compartes.

Aunque yo prefiero que vengas tú solo.

Me encanta verte pasar y que me acompañes durante horas y horas en largos paseos.

Me gusta que me acaricies.

Aunque no siempre te puedo dar lo que me pides, no me acuses de estrecha.

Yo soy como soy.

No me gusta cuando todos tus amigos y tú os vais de marcha.

Me hacéis sufrir.

A veces también me dices que puedo ser muy peligrosa.

Si ves que sí, que me vuelvo agresiva, por favor, ¡huye de mí!

Deja que me calme y búscame en otro momento.

Yo también tengo mis ratos malos.

Compréndelo.

No quiero que mis enfados te hagan mal, que algún desliz mío te suponga una caída de la que luego no puedas recuperarte.

O que pagues mi enojo, con algunos hombres más poderosos que tus amigos y tú, con algún revolcón.

No quiero hacerte daño.

A veces, también me exiges tanto que me quedo cortada y no sé qué responderte.

Tú te das la vuelta y te vas, desilusionado.

Pero yo me quedo allí, esperando a que vuelvas.

Y es que, a pesar del tiempo que llevamos juntos, no me conoces del todo.

No sabes hasta dónde soy capaz de llegar.

Ni tú ni tus amigos.

Pero siempre me tienes ahí.

Siempre procuro complacerte y mostrarte mis encantos.

Puede que a veces me encuentres fría y distante, pero otras, seré tan fogosa contigo que te haré sudar de lo lindo.

Dices que soy muy larga, que aprendes mucho conmigo.

Será la experiencia.

También muchas veces me dices cosas muy bonitas, como que soy muy bella y entretenida, que soy “guapa”, que te encanta que te lleve al límite, que te haga disfrutar tanto que subas hasta el cielo.

Yo soy así.

Luego te gusta relajarte en mi regazo, después del esfuerzo, y te dejas caer en mis brazos.

Sé que a veces no me eres fiel.

Cuando me encuentras fría prefieres buscarte a otras.

Tú crees que no me entero, pero te veo, siempre te veo, aunque tú no lo sepas.

Cambias mi fina piel por otras más rugosas.

Será que te empiezan a gustar las maduras.

Tú sabrás lo que haces.

Pero al final siempre vuelves a mí.

¿Mi nombre?

Yo soy la carretera.

¿Por qué se ignoran los beteteros y los ruteros?

Tanto beteteros como ruteros hacen lo mismo: disfrutar de la bicicleta a su manera

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Andaba yo el otro día, como un domingo cualquiera, pedaleando sobre mi flaca ascendiendo el pequeño puerto que tengo más cerca de mi casa.

Era un día frío, gris, de cielo plomizo, de esos que no invitan mucho a salir en bici a la carretera, pero lo hice porque tengo que aprovechar uno de los pocos días de fiesta que tengo durante la semana.

Entonces fue cuando me di cuenta.

Esta carretera, tan frecuentada por ciclistas de fin de semana -en su mayoría ruteros-, en invierno se suele llenar de beteteros que van buscando el abrigo de las pistas y senderos que cruzan de lado a lado esta frondosa sierra.

Es en este momento del año cuando más coinciden los ruteros con los beteteros en esta asequible ascensión dominguera.

El caso es que iba yo subiendo, acompañado por algunos otros con sus bicis de carretera, cuando empecé a ver numerosos beteteros que descendían en grupo.

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Yo, ya lo sabéis, saludo a todo el mundo, pero ese domingo me fijé en el detalle de hasta qué punto beteteros y ruteros se ignoran mutuamente.

Será porque tengo la piel más fina desde que me dijeron que exageraba cuando escribí que entre los ciclistas ya no nos saludamos como antes.

Por eso me di cuenta, mucho más, en aquel instante.

Los ruteros no saludaron ni a uno solo de los beteteros, y éstos, por su parte, hicieron exactamente lo mismo, vamos, que ni se los miraron.

A mí tampoco me saludaron.

Ya cuesta que entre ruteros nos saludemos como para pedir que nuestros amigos de las ruedas gordas también lo hagan ¿no os parece?

Este hecho me hizo pensar: ¿tan diferentes somos?

¿Tan extraños nos vemos entre ruteros y beteteros como para pasar olímpicamente los unos de los otros?

Al fin y al cabo, ambas familias andamos en bicicleta, aunque una sea flaca y la otra gorda, y más o menos buscamos en ella lo mismo: divertirnos, pasárnoslo bien, disfrutar del aire libre, hacer ejercicio, admirar el paisaje, montar nuestras batallitas…

Nada que no sepamos ¿verdad?

Entonces ¿qué es lo que sucede?

En un momento dudé y quise echarles la culpa a los beteteros de que son ellos los que no quieren saludar a los ruteros -al fin y al cabo éstos estaban en “su terreno”-, porque quizás sí se vean diferentes y que pertenecen a otro tipo de ciclistas que poco o nada tienen que ver a sus homólogos de carretera.

Y puede que sea así.

Sin embargo, indagando por las redes sociales y escrutando los foros de los más variados bajos fondos de carretera y de mountain bike, me di cuenta que son los beteteros los que se quejan más amargamente de los ruteros, alegando que estos últimos ni los saludan ni quieren saber nada de ellos, incluso que muchas veces se sienten molestos porque dicen que los miran con desprecio.

Vaya, me dije.

Aquí había más conflicto del que podía imaginar entre carreteros y bikers (lo siento, ya no sé cómo llamar a unos y otros).

Mira cómo Oreka ayuda a los biomecánicos 

Leí a foreros -bastantes- que se encargan de que así sea, de marcar esos límites, esas distancias entre ambos colectivos que en principio tienen los mismos objetivos comunes, las mismas inquietudes y preocupaciones, las mismas reivindicaciones.

Reparé en que muchos beteteros ven a los ruteros como ciclistas fríos, que les reciben en carretera con caras de pocos amigos, como diciendo: “¿dónde vais pringaos? ¿Cómo os atrevéis a saludarnos? ¿No veis que somos casi pros?”.

Así los ven, como si ellos se sintieran superiores, y si una mountain se les pone a rueda se lo toman como una ofensa, mientras aprietan los dientes, siempre con la vista fijada en la línea recta, con caras de mala leche, creyéndose los dueños y señores de la carretera, más preocupados por la competición y el pique, siempre asfixiados.

No van pedaleando, van entrenando.

Ni siquiera se miran los unos a los otros.

Los bikers creen que ellos, los “carreteros”, les tienen envidia porque disfrutan más de la bici, de la montaña y del buen rollo, y por ese motivo son más extrovertidos, porque son más divertidos, más excéntricos, más ordenados y prudentes, porque cuando salen a la carretera toman más preocupaciones y lo hacen sin entorpecer a nadie.

Algunos bikers creen que esta cara de mala hostia que tienen los ruteros es sin duda por la postura que llevan, por ir sobre una horquilla rígida y porque sólo oler el asfalto, y estar tan cerca de los vehículos a motor, les ha forjado ese agrio carácter.

Seguí investigando más en la internet profunda, comprobando cada vez con más argumentos, que existe un abismo entre ambos mundos de ambas bicicletas, llegando a conclusiones como que los bikers no ruedan a piñón como los ruteros y están más acostumbrados a aceleraciones fuertes y cambios de ritmo.

Son más explosivos.

Son más jóvenes.

Por eso existen pocos jubilados beteteros, ya que se ven muchos más en la carretera, donde el fondo es más importante que la fuerza o la velocidad y, aunque lógicamente la ruta sea más peligrosa, quizás la prefieran antes que los senderos y las pistas de los montes donde pueden tener más riesgo de caídas.

Eso puede echar a la gente mayor de 60 años o más del mountain bike.

Los carreteros ven a su vez a los beteteros como esos ciclistas raros que se meten por cualquier sitio, con esa imagen que les puede chocar con viseras en los cascos, zapatillas de montaña, protecciones en muslos, tibias, codos, rodilleras, hombreras y sobre todo portando mochilas o los reconocidos camelback, llevando el agua en sus jorobas, con lo obsesionados que están los ruteros con el peso de la bici como para llevar paquetes encima.

Por eso los beteteros a los ruteros los ven como a unos pijos, siempre cuidando su estética, sus piernas definidas y depiladas, con sus bicis siempre a punto, limpias, relucientes, dispuestas siempre a pedalear, muy diferente de la imagen que los carreteros tienen de ellos, con sus patas peludas, sus bicicletas sucias y embarradas, con un look mucho más agresivo.

Otra cosa que no soportan los beteteros de los ruteros es que les pregunten siempre por qué no hacen carretera… ¿acaso ellos les dicen que por qué no se suben a una mountain bike?

Podría seguir pero lo vamos a dejar aquí.

Como alguien dijo por ahí “amaos los unos a los otros y al prójimo como a ti mismo”.

Y yo añadiría: “sobre todo si va en bicicleta, sea del tipo que sea”.

Y disfrutad.

Disfrutad de ambas modalidades.

La bici de carretera os aporta cosas buenas para la mountain bike, y viceversa.

Y que así sea.

Foto: https://carrascoesciclismo.es/