Los listos del carril bici

Carril bici JoanSeguidor

Algunas políticas del carril bici han dado argumentos a sus detractores

Hacía tiempo, lo lamentamos, que no hablábamos de ciclismo urbano, pero esta vez nos llegó en bandeja el tema: el carril bici. Si duda uno de los temas estrellas cuando se habla de bicicletas por ciudades.

Uno de los economistas que se popularizó en la no tan lejana crisis del euro y esos días que mirábamos la prima de riesgo como comprobamos la temperatura por la mañana, Jose María Gay de Liébana le ha dedicado un rato al carril bici, como podría habérselo ofrecido al sexo de los ángeles.

Ya veis el percal.

El problema no es que Gay de Líebana, a quien he leído muchas veces, cuando la corbata no nos llegaba al cuello en tiempos de caída en picado, hable así, que también, el problema es quien ha hecho del carril bici el centro de su delirio.

Y nos explicamos.

Gay de Líebana se despacha contra el carril bici de forma tan injusta como oportunista, porque antes hubo quien se lo puso en bandeja.

El slogan del carril bici en unas elecciones puede ser atractivo y proporcionar un buen puñado de votos. El problema viene cuando se plasma un plan desordenado, provocando molestias en terceros –viandantes, trabajadores de reparto y vecinos, principalmente-.


En El Velódromo…


En esos momentos el carril bici es lo más contraproducente para la bicicleta y su profusión, porque provoca ira y odio hacia ella, consiguiendo que todo el mundo generalice con tanta ligereza como la que muestra Gay de Liébana.

Podemos compartir parte del discurso de un economista metido a urbanista, sobre todo la percepción de ver carriles bici desprovistos de ciclistas porque no respondieron a un plan preconcebido.

El carril bici mal planificado desprestigia la bicicleta

Carriles bici que impiden acceder a los vecinos, o les dificultan, así como esas vías de doble dirección que han dado un susto a más de uno, porque nadie explicó que se iban a poner. Eso sí que ha sido una tragedia, y podríamos estar hasta de acuerdo.

Sin embargo, es triste hablar de “matar a alguien” cuando se gira, porque la tragedia de los ciclistas alcanza límites intolerables, como aducir que se perjudica a la industria del coche.

Es decir que, en ciudades como Madrid y Barcelona, que están apestadas de contaminación y congestión, que un carril bici desplace a los coches es una tragedia para la economía del país.

Si el carril bici saca los coches del centro, mejor

Si la clave de la viabilidad de las fábricas de coches es que estos puedan campar a sus anchas por los centros urbanos pues no sé yo si es un buen negocio.

Es más si el carril bici es disuasorio para los coches, incluso lo daríamos por bien empleado, porque sólo cabe ver las boinas de mierda que coronan algunas ciudades.

Y ya que no habla de economía, que valore el modesto, pero creciente potencial de la economía que surge de la bicicleta por las ciudades.

Porque al final todo suma y no creo que sacar los coches de centros urbanos sea la tragedia de la fábrica de coches patria.

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El carril bici no mata

Carril bici sí vs carril bici no

Puede que a raíz del accidente que hace unos días ocurrió en la capital, con el fatal resultado de la muerte de un usuario de Bici Madrid que circulaba por el carril bici de la calle Alcalá y el cruce de Marqués de Cubas, hayáis leído en diversos medios que los carriles bicis son peligrosos, que el resultado de ese accidente se podía haber evitado si hubiera circulado por la calzada en vez del carril bici y que ese sitio, por donde circulan muchas personas con su bicicleta, es un engendro del demonio.

Se tardó poco desde diversos colectivos de la bicicleta, de esos que dicen que representan a los ciclistas (a mí no y me muevo en bici todos los días), en criminalizar el llamado «Corral Bici».

He leído de todo, desde que en el centro vale con pararse cinco minutos para ver un accidente a que los defensores del carril bici no pensamos nada más que en apartarnos de la circulación, incluso hay un video publicado en TV en el que «explican» lo que se sufre en un carril de esos.

Por cierto os doy un consejo, tanto si circuláis en carril bici como por la calzada, hacerlo por el centro, no lo hagáis por la derecha, aunque queráis demostrar que podéis tocar un auto bus con la mano y quedar de lujo ante la TV. Repito por el centro.

Resulta curioso que tras el accidente en marzo del año pasado y que también costó la vida a otro ciclista de Bici Madrid, no se sacaran tantos artículos, reportajes y consejos de cómo circular en bici. No quiero pensar por qué aquel accidente que ocurrió en la calzada no llamó tanto la atención de los «anti carril bici».

Yo soy ciclista y como ya dije en otro texto no me pongo etiquetas, voy al trabajo en bici, me muevo en bici y mi deporte es el ciclismo. Al parecer y según vi en un programa de TV en un pequeño debate, los ciclistas de carretera como estamos acostumbrados a tener que ir por la derecha cuando hacemos ciclismo pues en ciudad nos creemos que debemos circular igual.

Eso me dio a entender que por eso los que nos vestimos de Contador y demás queremos carril bici. De repente se creó el debate de ciclistas urbanos, de carretera, de “carril bici sí o carril bici no”, de si Landa debería ser el líder de Sky para este Tour,.. desviándose del tema principal, que no es otro que el del culpable de la muerte de este ciclista: un camión que giró y no lo vio por no las medidas necesarias para hacer ese giro con seguridad.

Podemos recalcar que el sitio del accidente tiene poca visión, pero el causante del accidente sigue siendo un vehículo a motor de gran peso que a cierta velocidad, en caso de impacto contra un ciclista, puede matar.

Desde mi punto de vista, que es personal y no tiene que agradar ni ser compartido, y como a mí no me dejan publicar en el ABC ni ir a programas de TV a dar mi opinión, me mantengo en que un carril bici no mata, nos puede gustar más o menos, puede que haya que mejorar la forma de crearlos y demás, pero el carril bici sirve para que mucha gente que usa la bicicleta a diario salga y se desplace con ella.

Yo soy “calzadista”, voy por la calzada y por el centro del carril, pero si debo utilizar un carril bici lo haré sin ningún reparo y jamás se me ocurrirá señalar ni criticar ni pedir explicaciones a alguien que quiera usarlos.

Desde esos colectivos de la bici que he comentado al principio se señala y se pide explicaciones a muchos usuarios que van por los “corrales bici” como los llaman ellos. Todos esos textos pueden crear miedo y alguien que quiera usar la bici para empezar a tenerla como medio de vida y rodar por esos carriles le pueden crear dudas.

Y aunque me repita, lo repito, los carriles bici no matan, los coches y sus imprudencias, sí.

Por @Chicho2_0

El ciclista no es peligroso aunque os cuenten lo contrario

El otro día vi en el muro de Facebook de nuestro amigo José María Caroz este recorte de La Vanguardia, un diario que no sé si por ideología o por ADN burgués no acaba de ver bien la bicicleta por la ciudad.

Leyendo el título “Bicicletas peligrosas por la ciudad” en una de las dos gacetillas que dedican a opinar de lo humano y lo divino a título de diario, que no personal, me vino a la mente el post con el que Pedro Bravo nos obsequió en la despedida del 2015 y del cual me animo a traeros el primer párrafo:

Montar en bici es algo que no sólo calma el tráfico, también relaja el carácter. Es bueno para la salud física pero también es beneficioso para la mental. Uno, cuando va habitualmente a pedales, se cabrea menos por según que cosas, por muy tontainas y molestas que sigan siendo. Pero, aún así, alguna hay que, al menos a mí, me sigue poniendo de los nervios. Por ejemplo, este axioma que parece que dan con el carné de identidad: ir en bici por ciudad es peligroso.

El post de Pedro sigue sobre este tema, regala datos a quienes quieren leerlos y demuestra que a pesar de los pesares la bicicleta no entraña el peligro que se le supone.

Sé, me puedo hacer una idea, que lo que se publica en papel ya no tiene la pegada de antaño, por internet y el descrédito generalizado de nuestra prensa, pero aún sigue habiendo un público que goza de tocar el papel, hojearlo e ir mirando qué se pone. Yo, por ejemplo. Y por eso me entristece una editorial de ese calibre en un medio que tiene su predicamento.

El artículo es un despropósito a medias. Por un lado toca la fibra y lo hace bien sobre los ciclistas que se empeñan en ver la acera como la extensión de tu territorio. Yo por ejemplo estoy en el papel de transeúnte mucho más tiempo que en del ciclista y cansan, por no decir que irritan, algunos elementos, que no ciclistas, que te pasan cual rodillo a lomos de su bicicleta. Es de vergüenza es desdén y la poca falta de tacto que exhiben, carentes de decoro y de la sensibilidad de alguien que en ese momento habla por todo un colectivo, pues con su actitud consiguen dar mala imagen de la bicicleta por la ciudad.

Ahora bien, dicho esto, el artículo es ejemplo de los tópicos y las banalidades que Pedro Bravo denuncia y no hacen más que complicar la convivencia que tan mal está, según quien lo escribe. El número de incidentes se ha multiplicado, normal, pues es cada vez más gente la que toma la bici para moverse por la ciudad. Toman el informe del Síndica de Geuges de Barcelona para escudarse en lo que para mí son opiniones personales.

Hablan de la red de 130 kilómetros de carril bici como elemento central para sacar al ciclista de la acera, cuando no pone el dedo en los miles de conductores impresentables que pueblan nuestras ciudades, creyéndose, estos sí, los amos del cotarro y la circulación porque siempre hubo coches. Esos conductores sacan al ciclista de la calzada, que es por donde debería ir. No hablan de la conveniencia de que en esos 130 kilómetros de carril bici, más los ya existentes, no haya obstáculos, ni rutas hacia ninguna parte, ni tramos inconexos, ni peatones que crucen por donde les rote, ni coches esperando en rojo en medio del carril (iros a la Diagonal, es un espectáculo de ciclistas esquivando coches en el jodido carril bici),…

Eso no toca, para qué. Mejor hablar de carnets, de cursos para ciclistas –como si los otros actores viniesen enseñados de serie- y seguros, porque un seguro amortigua la hostia de un ciclista arrollado por un coche.

Hay cosas que no cambian. La verdad, sigue el lobby, el lobby del automóvil escribiendo de su puño y letra cosas que luego visten de rigor y periodismo centenario. Hay un problema con los ciclistas por las aceras, totalmente de acuerdo, pero estos se buscan la vida en ellas porque salir ahí fuera te puede costar la vida, y ahí no hay segundas oportunidades.

Imagen tomada de Acera Peatonal

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La burbuja del carril bici

Seguramente, si hiciéramos una estadística más o menos fiable del tema tocado en cada jueves que dedicamos al ciclismo urbano, la palabra “carril bici” sería el tag más utilizado. No sé si ello es bueno o malo, o en todo caso acreditativo de algo, pero de lo que no cabe duda es que este término es una constante, que vuelve cíclicamente a estas líneas, porque como en la vida real todos lo tienen muy por la mano.

Carriles bici en España ya hay unos cuantos. Cuando se ejecute lo que a día de hoy está prometido, la geografía amenaza con teñirse, como se colorea cuando arrastras el hombrecito por el street view. Eso es bueno y es malo al mismo tiempo.

Por un lado es bueno porque constata la instalación efectiva de la bicicleta en las ciudades. Que se hable de ellos da a entender de la necesidad de atender un colectivo, el ciclista, que mucho me temo tiene la llave para que las ciudades sean algo más habitables. No sé qué ocurre, pero la mierda que tragamos últimamente, gentileza de los coches, es exageradamente grande.

Es bueno como digo, pero también es malo, o no al menos tan positivo como se cree. Raro es el programa municipal que no promete una kilometrada de carriles bici. Promesas a veces adornadas de planos e imágenes que recrean auténticas Itacas de la bicicleta, planos e imágenes que plasmados no son ni tan útiles ni tan bellos, al menos con el paso de tiempo.

El carril bici forma parte de la pancarta de los políticos y ya se sabe que cuando cuestiones de interés público caen en sus manos, corren el riesgo de convertirse en banales. Hay sencillamente una burbuja de carriles bici, se pone acento en la infraestructura, que al estar en periodos de crisis, viste la ciudad y es “low cost”. Hace diez años todo aspirante a alcalde prometía pujar por el AVE, situar un palacio de congresos en su término, instalaciones deportivas y si fuera menester buscar complicidades para crear un aeropuerto en las cercanías. Las bicis entonces eran del inframundo.

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Como aquel modelo fue insostenible, seguimos pagando aquellas enajenaciones, se ha pasado a la estrella de las infraestructuras de perfil bajo en el gasto, y ahí el carril bici es la vedette que todos quieren en su cartel. A veces es un garabato de un tipo montando en bici pintado en el suelo, otras veces está lleno de mierda, otras conduce a un container de basura, o a una valla, o a una zanja, o a un arbol. Pero da igual, en el dossier municipal esa porquería computa como kilómetro construido de carril bici.

Por cierto, nadie ha reparado en que el ciudadano de a pie no tiene porqué saber que en su ciudad un día le van a plantar un carril bici de doble sentido en calles que siempre han tenido uno. Eso es como ir por Londres y UK a ciegas para muchos que no nacimos aprendidos…

Como siempre, la apuesta a medio y largo plazo no interesa, no vende. Más allá de la creación de carriles bici, quizá estaría bien una campaña de concienciación de que la bicicleta le puede ir bien a la ciudad, de que los ciclistas deben respetar las normas y los conductores a los ciclistas y que llevar el niño al cole puede hasta acabar desgrava…

Eso si sería hacerle un favor a la bicicleta a los ciclistas, aunque llevará un tiempo, porque en definitiva, como nos comentaba Sergio Palomar hace un par de meses, el carril bici lo que hace, de forma sutil, es sacar al ciclista de la carretera, allí donde debería acaba yendo con total legitimidad y armonía.

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¿Por qué no me convencen los carriles bici?

Dos años y medio viniendo a trabajar de forma más o menos habitual en bici me han hecho ver cómo ha ido evolucionando el uso de la bici en la ciudad, por otra parte son también muchos años viendo los distintos engendros de vías ciclistas con los que los ayuntamientos intentaban atraerse un buen puñado de votos en cada cita electoral.

Salvo infraestructuras muy específicas, amplias, completamente separadas del tráfico y con un número limitado de intersecciones, aspectos prácticamente imposibles de cumplir en una vía de carácter urbano, los carriles bici resultan claramente ineficientes y en ocasiones añaden más peligrosidad de la que restan. Son varios los motivos, por su estrechez, por las innumerables intersecciones, por la presencia de peatones, etc.

Sin embargo, el verdadero problema de estos carriles bici es que sacan a la bicicleta de la calzada, restándole esa legitimidad que nos da el código de circulación al ser considerados como vehículos de pleno derecho. Es algo que he podido vivir de primera mano en países de tanta tradición en el uso urbano de la bici como puedan ser Alemania o Bélgica. Allí existen multitud de vías ciclistas de mejor o peor factura, pero en el momento que te ves obligado a circular por carretera os aseguro que se pasa bastante tensión, incluso para alguien acostumbrado como yo a circular por Madrid.

La separación lateral por parte de los vehículos en estos países es inexistente, los arcenes por lo general ínfimos, en resumen, somos elementos extraños a la carretera. En España, pese a la problemática con el aumento de accidentes nos podemos considerar bastante privilegiados y sinceramente, por lo general el respeto es bastante amplio. Lamentablemente sólo hace falta un cafre para causar un accidente grave. Sin embargo, por lo general en zonas transitadas por ciclistas, y cuanto más lo son más patente resulta, los conductores mantienen un comportamiento razonablemente respetuoso.

Volviendo a Madrid, es algo que he podido apreciar en los últimos años gracias a la proliferación de bicis que ha supuesto el servicio público de bicis eléctricas BiciMad. El dato es que no recuerdo la última vez que tuve un incidente con un conductor por mis recorridos habituales, algo que sin embargo contrasta con la situación cuando entro en Leganés, la ciudad periférica en la que resido. El mero hecho de convertir a la bici en parte de la circulación, algo a lo que han ayudado los ciclocarriles, esencialmente el carril de la derecha señalizado como tal, ha hecho que para los conductores seamos ya parte habitual del tráfico.

Como pescadilla que se muerde la cola esto ha hecho que aún haya más bicis presentes en la circulación y que a su vez éstas se sientan cada vez más seguras como parte de la circulación. De hecho, yo incidiría en hacer ver esto a los muchos ciclistas que aún siguen haciendo uso de la acera y que suponen un punto al que agarrarse los críticos con la bici en ciudad.

El otro es el respeto a los semáforos, por suerte un mensaje que poco a poco va calando entre los ciclistas (no así entre los usuarios de bici más ‘casual’ o de moda pasajera o que consideran la bici como una expresión alternativa). De hecho en mi grupeta antes era raro parar en un semáforo y ahora se para en todos.

¿Significa esto estar en contra de los carriles bicis?. Como toda herramienta de regulación del tráfico si se usan bien no. Si cumplen las características mencionadas arriba pueden ser un buen elemento vertebrador, por ejemplo para conectar la ciudad con la periferia en los tramos interurbanos que en las grandes ciudades a menudo están surcados por autovías o amplias rondas en las que la alta velocidad de los vehículos desaconseja la circulación de bicis.

Aunque quedan muchas cosas que hacer, pienso que hemos avanzado bastante en la normalización del tráfico de bicis en las ciudades. Obviamente la crisis ha sido un acicate para que muchos dejen de lado el vehículo a motor. Es el momento de aprovechar este aumento de bicis en nuestras ciudades para seguir favoreciéndolo con medidas que ha probado su funcionamiento como los ciclocarriles mencionados, dar más facilidades al transporte intermodal o incluso introducir beneficios fiscales a quienes acudan en bici como se ha hecho en otros países.

Por Sergio Palomar, director de Bicisport

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Peligro: carril bici

No, no estoy en contra de los carriles bici, al contrario, creo que son útiles y necesarios, al menos en la mayoría de los casos, si están bien hechos. Esto está claro. Con esto quiero decir que estoy a favor de carriles-bici lo suficientemente amplios para que puedan circular, al menos, un par de bicis en paralelo, pero que existan en ambas direcciones, tanto de ida como de vuelta, que estén bien delimitados y señalizados, pero sobre todo que estén limpios.

Cuántas veces hemos tenido que circular por alguno en un estado lamentable: lleno de vidrios, barro, aceite de coche e incluso algún animal muerto. No voy a pedir que los carriles-bici, además, estén pintados de rojo y segregados de la circulación por algún tipo de señalización o balizamiento luminoso. Sería demasiado. Tampoco me sirve que pinten una parte de la acera y me lo vendan como carril-bici.

Y todo hay que decirlo, están muy bien cuando se trata de dar un paseo, una vuelta tranquila con la bici, porque si lo que queremos es darnos un poco de “caña” nos sirven de bien poco, por no decir nada.

Todo esto viene a cuento por una nueva anécdota que paso a explicaros. Sucedió en una de mis salidas estando de vacaciones y quería que quedara como pequeña denuncia y crítica constructiva.

Entre L’Escala y Sant Pere Pescador, dos encantadores pueblos de la Costa Brava, existe un carril bici (por llamarlo de alguna manera) que une ambas poblaciones por una tranquila carretera interior, llena de campos de cultivos y de campings. Durante los meses de verano se convierte en todo un hervidero de turistas y campistas que lo utilizan para desplazarse en sus bicis a la playa, a comprar el pan o el periódico, o simplemente para darse un paseo. Os podéis imaginar que durante esas fechas el carril bici va a tope de familias enteras pedaleando o bien andando, cargados con todos sus artilugios de playa.

Este carril bici, más bien estrecho y sucio, lleno de gravilla y en muy mal estado, está en un solo sentido de la marcha, pero es apto, y así está señalizado, para las bicis tanto de ida como de vuelta, con lo que si vas circulando en bici por la calzada, te encuentras con un doble peligro: por un lado estar atento a los vehículos que te puedan adelantar por la izquierda y por otro, a las bicis que te puedes encontrar de cara, ya que incluso, en un momento dado, hasta uno que llevaba su caña de pescar como Quijote con su lanza estuvo a punto de tirarme al suelo.

De todas maneras, siempre será menos peligroso ir por la calzada, si lo que queremos hacer es un recorrido ciclodeportivo, en la que nuestra velocidad no baje de 30-35 km/h, ya que en este caso el terreno es completamente llano, que no hacerlo en medio del carril bici.

Pues así iba yo, huyendo del carril bici y ocupando, lógicamente, un poco de la parte derecha de la calzada cuando al llegar a un cruce con semáforo, de los pocos que existen en este tramo de unos 12 km, había un policía local regulándolo ya que aquél no funcionaba. Al llegar a su altura me paró y me dijo que yo tenía que ir por el carril bici, que qué hacia circulando por la calzada. Horrores me costó convencerlo, con los argumentos que os he expuesto, de que yo no podía ir por allí, que era un peligro. Después de discutir un rato con él, finalmente me dejó seguir mi camino, pero la pregunta que dejo en el aire es: ¿podría haberme multado?

Por Jordi Escrihuela, desde Ziklo

Imagen tomada de ca.santpere.cat

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Los carriles bici deben sacar los ciclistas de las aceras

Hace un tiempo asistí a un debate formado por arquitectos, urbanistas, ciclistas, conductores, peatones, administradores de lo público,… un variopinto, pero interesante auditorio, por ser muy plural, ni más ni menos lo mismo que la vía pública en la que comparten espacio todos estos actores. Entre otros temas una de las estrellas de la tarde fue el carril bici y su implantación en las ciudades.

La palabra carril bici se ha convertido en el mantra de muchas cosas. Ya hemos hablado varias veces de ello: Aparece en las ciudades ideales de cualquier estudio, se utiliza como reclamo en programas electorales, se exhibe en colectivos de usuarios como emblema de evolución de las ciudades, se considera muy oportuno para sacar a los ciclistas de la acera según los peatones,… ya ven muchas posturas, diferentes y complementarias al mismo tiempo. En otros lares se diría que el carril bici sirve “pa un roto y un descosío”.

Sin embargo en el foro que dije presenciar, el carril bici se puso en la balanza según dos percepciones: ¿es la solución final a todos los problemas o sin embargo una forma de evolucionar hacia ciudades totalmente normalizadas? Yo sinceramente oyendo lo que oí creo que hay un poco de todo, si bien conviene ir al principio.

Se comenzó comentando que el carril bici es algo así como el calzador de la bicicleta en las ciudades. Es ese espacio íntegro para las dos ruedas que las deja al margen del tráfico rodado y les aleja del peatón. Pueden haber de diferentes tipos, pero creo que el más genuino es el segregado, sobretodo en España, donde tan poco acostumbrados estados a ver ciclistas por nuestras ciudades. Un carril bici segregado significa que está tan bien señalado y visible a todos que se sabe perfectamente que van bicis y otros elementos rodados, como los patines.

Con esta especie de “calzador” la bicicleta podría ganar adeptos y llegar a una cifra de usuarios lo suficientemente interesante como para la ciudad tome conciencia de la importancia que adquiere la bicicleta por sus calles y de los beneficios que le aporta. Sin embargo esta solución no es sencilla porque muchas veces estas vías llegan de iniciativas políticas basadas en el calor y la moda y no son perdurables. En su caso dicen que el carril bici es una situación transitoria hacia algo mejor.

Existe no obstante otra postura sobre la importancia y trascendencia del carril bici. Se esgrime que con una buena red de carriles bici, Amsterdam y Copenhague es el ejemplo, suben los traslados en bicicleta en la ciudad, se pone por ejemplo la pujanza de la bicicleta en Sevilla por la creación de carriles bici, considerando una red de carriles bici fundamental para que la bicicleta circule con total normalidad en la ciudad. Es decir consideran que los carriles bici es la solución.
Esta segunda opción a mi entender es buena pero complicada pues la política de carriles bici está muy sujeta a los vaivenes públicos y por ello es muy complicado tener un plan integral y válido de carriles para bicicletas que una barrios y sea realmente útil. El gestor del momento monta y desmantela un carril bici en cinco minutos, incluso aquellos que se demostraron eficaces.

Con todo, un servidor cree que el carril bici debe ser el paso intermedio, el “calzador” dicho comúnmente. Una forma de meter la bicicleta en la ciudad, ganar adeptos y público y acabar en un escenario de normal convivencia en la calzada, que no acera, entre bicicletas y coches. Es decir, al carril bici le corresponde esa labor de introducir la bicicleta.

Es curioso por eso el debate que el carril bici genera. Tiene defensores, pero lo que llama la atención son sus detractores, que no dudan en descalificar a quien escriba o diga algo a favor de ellos. Rozan lo insufrible cuando no comparten tu opinión. Sorprende, de verdad lo digo, que algo tan innocuo sea así.

Como he dicho yo no estoy a favor del carril bici más allá de su papel de introductor de la bicicleta. Eso sí, donde haya uno debería estar multado que la bicicleta fuera por las aceras, porque, y me consta pues lo veo a diario, empieza a existir sensación de asco y repulsa respecto a la bicicleta por parte de los peatones. Y lo mejor es que, en lo que a la acera se refiere, tienen toda la razón.

Imagen tomada de http://www.dream-alcala.com

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La imagen de la bicicleta

Seamos sinceros, ahora mismo nadie sabría poner en un sitio exacto e inequívoco dónde se ubica la bicicleta en el imaginario colectivo. No podríamos situarlo la verdad, porque la bicicleta es algo que vemos por la ciudad, en mayor o menor medida, de forma anárquica muchas veces, otras encauzada por los lugares que se le han dispensado, pero sin una opinión clara de qué se piensa de ella o cómo se la ve. Como muchas personas en esta crisis vaporosa, la bicicleta está buscando su lugar en el mundo.

Y lo hace en medio de un debate agrio y polémico, que hace unos años no hubiéramos imaginado. La verdad, a priori, si nos preguntan por la inclusión de algo que no ocupa sitio, no contamina, no hace ruido y contribuye a la mejora de la salud pública, no podríamos haber encontrado argumento en contra. Sin embargo, como las “meigas”, “haberlos haylos”.

La bicicleta no es aceptada igual por todo el mundo. Si miramos atrás, ciento y pico años atrás, vemos que la bicicleta irrumpió en las clases nobles y paulatinamente caló hacia “abajo”. Luego vino el coche y todo lo deshizo, al punto que ser ciclista en la ciudad hace treinta años era una rareza, cuando no, digno de un proscrito.

Sin embargo las tornas han cambiado y la bicicleta se ha convertido en el icono de muchas cosas. En el icono de fresco y saludable, en el icono del cambio,… elites intelectuales la adoptan en campañas de publicidad y la ponen en escaparates, los políticos miden la eficiencia de su gestión en la cantidad de kilómetros de carril bici que construyen bajo su mandato, los alcaldes van en bici a su consistorio, los destinos promocionan el cicloturismo, incluso las ciudades se promocionan en función si pueden o no ser conocidas sobre una flaca.

Ocurre también que en ciertos sectores sociales el coche es una conquista reciente y que la bicicleta está vista como un paso atrás. Ir en bici al trabajo o combinarla con un transporte público suena a muchos les suena a “marcianada”, algo que sólo ocurre en las ciudades que sí están preparadas para ello y ahí no están las nuestras.

A todo esto se le añaden los comentarios de todo tipo, peatones hasta los cojones de bicis por la acera, ciclistas acongojados por los coches y conductores escandalizados por ciclistas que no respetan ni señales ni semáforos.

Como veis, la imagen de la bicicleta es una moneda al aire, pero al menos está en el candelero, se discute y se habla de ello, cosa que no está mal. Quizá ahora sea el momento de dar el siguiente paso, y en esto los políticos, y no la gente que genera modas, tienen la palabra. Y dar el paso, dado que hay mucha gente que está cerca de usar la bici y no se atreve, significa mejorar la seguridad ante los robos, pacificar las ciudades, incentivar ir a la escuela en bici,… esas cosas que parecen obvias, pero que no se hacen para mejorar la imagen de la bici.

Imagen tomada de http://www.bilbaoarchitecture.com/createbike-bicicleta-urbana/

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