Cervinia, el paraíso al pie de la montaña perfecta

Giro de Italia - Cervinia JoanSeguidor

La decisión del Giro está en Cervinia

Cervinia está al pie del Cervino, del Mattehorn por su lado suizo, posiblemente, la montaña más bella de Europa, una pirámide casi perfecta que alcanza los 4.478 metros de altitud, emergiendo desde las mismísimas entrañas de la tierra.

Nosotros nos quedaremos con esta definición, porque hay gente que habla de ella, y de su hermoso Lago Azul en el que queda reflejado el perfil de esta eminencia, como uno de los lugares más bonitos del mundo.

Eso, desde luego, ni lo vamos a discutir ni lo vamos a poner en duda, porque la visión del Matterhorn (para los suizos) o el Monte Cervino (para los italianos) es impresionante y estremecedora, un espectáculo para nuestros ojos que no pueden evitar el mirar hacia otra parte.

Pero nuestra primera onírica visión de los Alpes suizos fue mucho antes, cuando siendo prácticamente unos críos dibujábamos en el cole con los lápices de la clásica caja de colores Caran d’Ache, con la imagen de la pirámide del Cervino en su tapa, mostrándonos un cuadro que no parecía real y que nos transportaba a muy lejos desde aquellas cuatro paredes, soñando quizás, algún día, estar muy cerca de ella y disfrutar de aquel lugar de ensueño tocado por la varita de un mago.

Cervinia es el paraje de los niños

Quizás ninguno de nosotros, tan peques que éramos, podría llegar a pensar que aquel perfil era real, de lo espléndida que se mostraba junto a nuestro cuaderno de dibujo.

Pero aquella montaña tenía que existir, y tanto, sobre todo cuando a la hora de la merienda venían a buscarnos nuestras madres a la puerta de la escuela con un pedazo de pan y un par de piezas de chocolatinas…

¡Toblerone!, por supuesto. ¡Cómo llegamos a disfrutar aquellas figuras en forma de triángulos de chocolate! ¿Verdad?

La mítica marca de confitería suiza ya forma parte indisoluble de nuestro imaginario, y sabor, colectivo, que degustamos de peques…y algunos aún de mayores, claro.

Aquellas porciones envueltas en aquel papel, con la imagen del Monte Cervino, nos seguían evocando un lugar, entre Suiza e Italia, coronado por magníficas cumbres que buscaban el cielo entre glaciares e ibones, torrentes y bosques de pino negro.

Otro icono que también nos recordaba al Cervino era cuando íbamos al cine y la película pertenecía a la distribuidora Paramount Pictures, mostrándonos su inimitable pirámide al inicio del filme. Sin embargo, hay que decir, que en contra de lo que piensan muchos, el logo de la Paramount no está inspirado en la célebre montaña sino que está diseñado a imagen y semejanza de otra no menos bella nevada como es el Artesonraju, en los Andes Peruanos.

Queda dicho.

Pero volvamos al Cervino.

Dicen que el tren es el medio más rápido y eficaz para viajar por Suiza, cómodamente sentados contemplando el montañoso perfil del país. T

ampoco lo vamos a poner en duda, pero para nosotros lo mejor es disfrutar de estas carreteras de altura en bicicleta, por supuesto. No hay nada como la “comodidad” de nuestros sillines para viajar confortables y sin prisas (¿quién quiere ir rápido?) para ir degustando, despacito, los secretos que esconden estos picos que se elevan tres mil metros desde las praderas de Zermatt o Antey-St.André.

También seremos más eficaces en bici, porque la contemplación del Cervino no está al alcance de cualquiera y, enfilando nuestros manillares dirección a la estación de esquí de Breuil-Cervinia, nada nos permitirá adivinar la cercanía de esta montaña divina, sobre todo si, como es normal, amanece rodeado de nubes.

Después de superar los tramos más difíciles de su ascensión, en nuestra travesía pedaleando junto al bello Lago di Maen y el pueblo de Valtournenche, cuando la inclinación de la carretera vaya cediendo poco a poco hasta llegar a un tramo casi llano, será cuando podremos disfrutar del Cervino en todo su esplendor y, si hemos tenido suerte con el día y despeja, será como si alguien hubiera descorrido un telón y dejara “sólo para nuestros ojos” este solemne espectáculo, apareciendo, como si hubiera surgido de las profundidades del orbe, la materialización de la “montaña perfecta”, que cautivará con intensidad nuestras miradas.

Este pasado verano, una delegación de Ziklo fue una de las afortunadas grupetas que pedalearon por esta deliciosa carretera en continua ascensión, hasta coronar a poco más de 2000 metros, para poder contemplar esta postal y gritar a los cuatro vientos, con emoción: “¡viva el Cervino!”.

Un goce no sólo para ellos, sino también para los fotógrafos que les acompañaban en la que según dicen es la montaña más retratada del mundo, si bien, increíblemente, aún no había entrado con derecho propio como etapa mítica del ciclismo y en este caso, claro está, de la carrera más bella por excelencia: el Giro de Italia.

Este sábado lo hará.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de FB de Giro de Italia

 

El «momento Aru»

El que la caravana ciclista multicolor afrontara en la parte final de su itinerario los puertos de Saint Pantaléon y el Cervinia, éste con sus 2.001 metros de altura, término de 19ª etapa, constituía todo un aliciente en las postrimerías de este Giro que nos ha tenido en vilo en le transcurso de estas tres semanas. Tras esta jornada un tanto emotiva en la cual Alberto Contador supo defenderse con éxito sin apurar al máximo sus posibilidades al constatar que el ataque lanzado por el italiano Fabio Aru no ponía en peligro su posición de líder.

Nuestro representante español contaba con una ventaja suficiente de seis minutos, todo un amplio privilegio, con respecto al corredor transalpino en discordia, sumergido, hay que decirlo, en una jornada admirable. A estas alturas, pues, quedan por disputar tan sólo un par de etapas, siendo la última totalmente intrascendente. Es algo así como un día de asueto que se concede a los corredores en cumplimiento de un simple pacto rodado ¡valga la expresión!

La incertidumbre se centra en los lugares de honor

El verdadero interés de la etapa radicaba en saber qué acontecería en la ascensión al collado de Cervinia, en cuya cima estaba situada la línea de meta. En cierta manera nada a decir en torno al comportamiento de Contador, que pedaleó en una actitud de pura defensa, sin arriesgar potencial físico en demasía. El corredor madrileño y su liderato son irrenunciables. No hay más. La cuestión se centraba en los lugares de honor; es decir, a partir del segundo de la clasificación general, una nebulosa que es todavía una incógnita en nuestro fuero interno.

Por de pronto, Fabio Aru, que ha estado algo oscuro o alejado de lo que de él esperaban los miles y miles aficionados italianos, estos aficionados que llevan de tiempo buscando con afán un ídolo del pedal digno para ser admirado y vitoreado. Resulta que Aru, en buena lid, ha podido recuperar el segundo lugar en la tabla en detrimento del vasco Mikel Landa (3º), un ciclista, este, que nos ha sorprendido por su temple. Quedan, pues atrás, siguiendo sus huellas el colombiano Andrey Amador, el checo Leopold König, el ruso Yuri Trofimov y el canadiense Ryder Hesjedal, en este orden, por nombrar a los más cotizados del momento tras la estela dejada por Contador, invulnerable por su capacidad física y superioridad manifiesta ante la campanada final que va a sonar en Milán, la capital lombarda, una llegada final llena de tradición que no muere.

La escapada de rigor y un título en juego

Cabía destacar la fuga inicial compuesta por nueve hombres, todos ellos sin peligro en aras a la clasificación general. Su ventaja llegó a ser algo consistente. El pelotón se desentendió de ellos con cierta evidencia. Quedó impasible ante tal movimiento. La etapa poseía muchas dificultades especialmente en la parte final y una aventura de esta índole no iba a romper los esquemas. Las intenciones de los ciclistas más cotizados en ristre se centraban más bien en la última fase de la etapa en cuestión. Lo demás era quemar pólvora en salvas y nada más.

Con todo cabe destacar la actuación del italiano Giovanni Visconti, que hizo todo lo posible y lo logró, de sumar puntos para la clasificación del Gran Premio de la Montaña, cuya primera plaza pertenecía hasta entonces al corredor norteño Beñat Intxausti. Visconti acumuló lo suficiente para desbancar y colocarse a la cabeza con preferencia para adjudicarse este título que premia a los escaladores.

El Cervinia dio juego a la contienda

Neutralizada aquella escaramuza un tanto agitada pudieron resistir y salvarse al enfrentarse con la última dificultad de la jornada, el Cervinia, el canadiense Ryder Hesjedal, muy belicoso y al que recordamos vencedor del Giro del año 2012, y acto seguido la acción poderosa de Fabio Aru, que parecía recuperado de los sinsabores que ha ido experimentando en la ronda italiana. El corredor transalpino pedaleó con extremo vigor, dándonos la sensación de que era un corredor muy diferente a la sombra difundida días pasados. Su acción, de verdad, nos incluso sorprendió en bien.

También entró en liza el colombiano Rigoberto Urán, que hasta ahora había decepcionado a las perspectivas apuntadas. Fue tercero en la etapa. Distanciados por unos segundos de más, un cómputo algo superior al minuto, hicieron su entrada el estoniano Kangert, el holandés Kruijswijk, los españoles Contador, Landa y Nieve, y el checo König, un conglomerado como se ve de escogidos.
Contador, bueno es afirmarlo, prefirió dejar hacer a los demás sin apurar ni mucho menos a lo máximo. Tácticamente prefería no echar mano a los cartuchos y sí mantenerse en reserva para cuando hiciera falta. No era el día para ello. La vigésima etapa, con final en Sestriere, con sus 199 kilómetros, tiene una concentrada dureza y quizá, Contador, necesite de su poder físico que en esta etapa del Cervinia ha preferido no dilapidar.

Por Gerardo Fuster

Foto tomada del FB del Giro