Este Giro sólo lo puede perder Simon Yates

Simon Yates - Sappada Giro de Italia JoanSeguidor

A una semana de Roma, Simon Yates lo tiene en la mano

Si el ciclismo fuera matemáticas, diríamos que Simon Yates lo tiene hecho.

Le cuadran los números, le dan las cuentas, tiene margen.

Pero queda una semana, montaña, una crono…

Una vez más, otra más, el ciclismo ha demostrado que la liebre salta donde menos lo esperas.

La jornada de Dolomitas de domingo no tenía la enjundia, categoría y estruendo del Zoncolan, pero ha hecho cien veces más daño.

Dice Simon Yates que su ataque fue instintivo.

Pero viéndolo una y mil veces, parece que todo estaba marcado.

Simon Yates en el momento exacto

Ese era el punto de inflexión, el tramo marcado con X para saber que el Giro podía estar ahí.

Sabía Yates que las cosas, como salieron del Zoncolan estaban bien, pero lejos de ser perfectas.

Ahora todo pinta mucho mejor.

Giro d'Italia 2018 | Key Moment | Stage 15

That Moment!#Giro #Giro101

Publicada por Giro d'Italia en Domingo, 20 de mayo de 2018

Porque el del Mitchelton tiene varias jornadas de montaña más, más tendidas eso sí, para seguir haciendo sangre en la herida de Tom Dumoulin.

Pero es que además ha puesto al neerlandés al límite.

Como hacía el bueno de Tom en las cronos, pero al revés.

A más de dos minutos Tom Dumoulin se juega el Giro, todo el Giro, su segundo, en la crono del martes por Trento.

Si no sale de rosa, ya no digo que con una ventaja digna, lo veo muy complicado.

Y para salir de rosa tendrá que medirse a un Simon Yates que está sencillamente en estado de gracia, con un golpe de pedal que  le ha dado ya tres etapas y lo más importante, una maglia asentada en bases sólidas.

Eso es: buena ventaja, terreno favorable en lo que sigue al martes y un equipo que es el más fuerte de la carrera.

Cuando se decía que el Giro tenía un favorito inglés, todos miramos a Chris Froome, pero no, al cuatro veces ganador del Tour le quedará el Zoncolan como el mejor sitio de la carrera.

Porque todo lo demás ha sido correr a la contra, cosa a la que no está acostumbrado.

Froome es duda, ahora mismo, hasta para pisar el podio, una pieza que creo que más allá de Yates y Dumoulin, nadie puede dar por segura.

Pozzovivo, Pinot, el propio Froome, López… muchas novias para una plaza en Roma junto a los dos primeros.

Tres etapas, más de dos minutos, Simon Yates va camino de la historia.

Podemos decir que él salió de la generación británica que no tuvo sitio en el Team Sky y ahí está, con todo a favor para ganar el Giro.

Pero ojo, que es el Giro, la carrera de las maravillas, la carrera que en los Alpes puede reventar para un lado o para otro.

Simon Yates, en terreno desconocido

Simon Yates está en el alero, en terreno desconocido, la tercera semana defendiendo una prenda del valor del rosa.

Que no se le haga largo, porque hasta el momento, y visto lo visto, es quien más merece este Giro 101.

Imagen tomada de FB de Giro d´ Italia

#Top2016 Formigal es el teatro de los sueños

Dicen que la Vuelta a España de 2016 fue una de las mejores de los últimos tiempos, de hecho eso se dice cada vez que la grande hispana acaba y no creo que vayan errados. La Vuelta es de las tres grandes la carrera que reúne los mejores nombres en disposición de hacerlo bien y sin la presión de equivocarse, que es lo que les atenaza muchas veces en el Tour, a donde acuden con las reservas propias de quienes se juegan la campaña en la carrera que da y quita razones.

La Vuelta esta vez, por eso, apostó en los Pirineos a dos etapas de verdad, principalmente la del Aubisque, que acabó siendo un puzzle táctico de primer orden, con un equipo que juega a ganar desde la imaginación y el inherente riesgo, el Orica, y un líder, que no podía distanciar a su rival, Froome, como le gustaría. Al final la jornada francesa resultó un excelente entremés para el día grande, mucho más sencillo sobre el papel, pero a postre decisivo porque los ciclistas así lo quisieron.

Bueno, lo quiso Alberto Contador, quien imbuido en el espíritu de Fuente en Formigal, armó la escapada casi de salida pillado irresponsablemente retrasado a todo el Team Sky, para emprender una carrera contra el tiempo en el que Rubén Fernández y Jonathan Castroviejo apultanaban el movimiento de Contador en beneficio de Nario mientras Froome se desesperaba al verse casi solo en caza.

Al final del día, la general había dado un vuelco sobre todo en el primer escalón, con un Nairo que tomó el aire necesario para afrontar claro y confiado una uñtima semana en la que resultó obvio que sin ese aliento pirenaico no habría podido con su bestia negra, quien en la crono evidenció cuán lejos tiene aún al colombiano, suerte tiene de que las vueltas modernas lastren el noble ejercicio del test individual.

Imagen tomada del FB de la Vuelta a España

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El Movistar de los Schleck

Hubo un momento, hace cuatro años, que el padre de los Schleck comentaba, no sé con quien, la estampa que estaba contemplando en los Campos Elíseos. Mientras Cadel Evans lloraba como una magdalena, el progenitor veía con emoción a sus dos hijos a izquierda y derecha del australiano. Como no podía ser de otra manera, Jonnhy Schleck admitía embriaguez emocional, pero su interlocutor le fue explícito: mejor habría sido ver a uno de ellos -a Andy obviamente- primero, y al otro -Frank en su caso- perdido en la general.

Hoy el Tour ha vivido una de las etapas más frustrantes de los últimos años, frustrante porque la vida nos demuestra que no se puede querer todo. No se puede sacar el córner y rematarlo. Este Movistar ha jugado a los Schleck: si podemos tener dos plazas en el podio, aunque sean segunda y tercera, mejor que mejor y eso que ir a ganar el Tour. Sin embargo, eso no fue lo que se habló al principio, allá por Utrech, hace tres semanas.

A Nairo se le dijo el año pasado que se sacrificara, que dejara pasar el Tour, para que Alejandro Valverde fuera podio de una vez por todas en la mejor carrera. Se le programó el Giro y Valverde para el Tour. El colombiano ganó el rosa, pero Alejandro, otra vez, se quedó a las puertas de su objetivo en el Tour. Para la presente temporada los azules tenían clara la consigna: todo a Nairo, pero esas ideas no se están plasmando.

Aunque Nairo era el líder sobre el papel, el sacrificio de Valverde no ha sido obvio para el colombiano y en ocasiones el Movistar ha jugado a la defensiva cuando atacar sin descanso a Froome era la única opción. Se quiere el podio para Valverde, que se lo merece, pero en esa empresa se perjudica a Nairo. No nos parece un buen negocio. En Colombia están que arden contra el murciano y el equipo, no sé si es la mejor publicidad para la telefónica en un mercado tan obvio.

Porque Nairo y Froome son ciclistas cuya curva de rendimiento en una grande es invertida. Eso resultó claro hace dos años. Si la carrera tiene otro final en alto más, Nairo revienta a Froome. Se quedaron a las puertas y por eso el ataque de Nairo -sólo uno y certero- a cinco de meta se nos antoja pequeño para el objetivo que se persigue, que no es otro que ganar el Tour.

En esta trepidante etapa se ha tenido solo a Froome muchaS veces pero no se le remachó. Lástima que en Movistar no exista la casta de Nibali o la clarividencia de Bardet. Otro gallo le habría cantando a Froome, quien ha estado a punto de sentenciar y ganar con un ataque el Tour, todo un Tour de Francia.

Queda Alpe d´ Huez, veremos si cabe el lamento si no se logra el amarillo.

Imagen tomada del FB de Movistar

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La piedra de Chris Froome

La regla no escrita, pero tangible en la historia reciente, es que quien golpea primero es como si lo hiciera dos veces. La Pierre de Saint Martin, un puerto que deja el Pirineo galo en el umbral de los valles navarros, en la primera y creo que muy importante pieza en este engranaje decisorio del Tour.

La Planche des Belles Filles, Ax 3Domaines,… en el Team Sky cuando están bien y se sienten fuertes parecen suizos, no dejan para mañana lo que puedan hacer hoy y creo que, si Froome confirma las sensaciones de los días clave de la primera semana de carrera, vamos a tener baile de los hombres de negro.

Aunque a algunos les levante ampollas, lo cierto es que la estrategia de golpear en la primera de montaña, más cuando viene acompañada de jornada de descanso, era el primer highlight en los Tours que no existieron porque ganó Lance Armstrong: Sestriere, Hautacam, La Mongie… fueron cimas que creo encontrarán perfectamente con lo que nos depare la piedra de San Martín, una zona amada por espeleólogos y que seguro ofrecerá cargas de profundidad.

De cuán sepan limitar los daños los rivales de Froome depende el futuro del Tour. Sobre los favoritos ya hemos opinado, pero no del puerto en cuestión, una subida que viene precedida de tortuosos caminos vecinales, con trampas diseminadas por el terreno y un primer tramo de ascensión que incentiva el ataque lejano, en caso de querer hacer daño porque de los contrario, las pendientes bajan mucho la dureza al final.

Para quienes no ubiquen la subida, ésta se solapa con el Soudet, puerto tremendo, que enterró las ilusiones de Indurain en 1996 y que un año antes se subió a trote para homenajear a Fabio Casartelli, muerto bajando el Portet-d´-Aspet, un tristísimo suceso que recordamos como si fuera ayer. Hoy esperamos víctimas deportivas, seguramente las habrá.

Tour de Francia #3, la contracrónica

El que la configuración de la tercera etapa que condujo a los corredores a la cima del Muro de Huy, que se situaba en territorio belga, tuviera un perfil más o menos duro con cuatro ascensiones a salvar, no dejaba de ser un aliciente que nos prometía una jornada emotiva. Hubo una fuga de un cuarteto de poca identidad, protagonizada por el checo Barta, el suizo Elmiger, el belga Pauwels y el francés Nauleau, que fue debidamente neutralizada a su tiempo por el pelotón, cuando restaban por recorrer 60 kilómetros hasta la línea de meta.

Caída dramática

El gran grupo plenamente compacto respiraba hasta aquel momento una tranquilidad casi absoluta. Se circulaba por una carretera relativamente estrecha. De repente, en un abrir y cerrar de ojos, acaeció una aparatosa y desagradable caída que afectó en gran manera, por lo menos, a una docena de corredores.

Entre los más perjudicados estaba el holandés Dumoulin, que figuraba en el tercer puesto en la tabla de la clasificación general, y el australiano Gerrans. Los dos se vieron obligados a abandonar la prueba entre algún otro. El suizo Fabian Cancellara, maltrecho también, siguió en carrera sin poder evitar la pérdida de su cotizada prenda de líder, lo que supuso pisar la meta con un apabullante retraso de casi doce minutos con respecto al vencedor de etapa y posterior confirmación de rotura ósea, la misma que en la pasada primavera.

En realidad para nosotros no ha sido novedad este accidente que ha venido a enturbiar la contextura del Tour, una competición de indudable prestigio internacional. No pocas veces hemos denunciado en estas mismas columnas qué es una temeridad el inscribir a 198 atletas del pedal en una competición en la cual se alcanzan elevados promedios y se afrontan dificultades de toda índole y con carreteras que poseen sus límites. La concurrencia de ciclistas debería ser disminuida de manera drástica bajo una elección debidamente contrastada. De lo contrario el alto riesgo que existe en la disputa de una etapa tras otra, no desaparecerá de nuestro ámbito ciclista.

Un electrizante final

De manera un tanto sucinta hemos de congratularnos ante el triunfo magnífico llevado a cabo por nuestro veterano representante catalán Joaquim Rodríguez (36 años), que estuvo a todas luces muy acertado con su golpe de audacia llevado a cabo a última hora, cosa que celebramos ahora con alegría y admiración. Nuestro hombre pudo resistir el ataque del británico Froome (2º), muy incisivo, al que siguieron el francés Vuillermoz (3º), un ciclista desconocido, el irlandés Martin (4º), el francés Gallopin (5º), el estadounidense Van Garderen (6º) y el italiano Nibali (7º).

Como consecuencia de esta llegada vibrante en la cima del denominado Muro de Huy, que se eleva a una altura de 204 metros, con un kilómetro y medio de cuesta y una acusada pendiente del 9,6%, resultó que este ciclista originario de Nairobi (Etiopía), nacionalizado inglés, llamado Christopher Froome, un serio candidato a la victoria final, se ha colocado automáticamente como líder de la ronda francesa, aunque sea con una ventaja mínima de un segundo de tiempo sobre el germano Tony Martin.

Alberto Contador, nuestra máxima aportación española en la aludida competición internacional, perdió un poco de fuelle subiendo el Muro de Huy. Pesaron dieciocho segundos con respecto al vencedor. Es si se quiere poco tiempo, pero el suficiente para entrar en alguna divagación cara a sus posibilidades futuras.

Aunque la cuesta era de longitud corta -mil quinientos metros- nos asalta alguna duda, la lógica que llevamos todos dentro. El madrileño Contador llegó en decimosegunda posición tras la estela del murciano Alejandro Valverde, que le faltó también un poco de empuje en las últimas pedaleadas. Quisiéramos decir que la etapa se corrió a un promedio de nada menos 46,3 kilómetros a la hora, una cifra que no puede caer en saco roto y que es de largo alcance.

La clasificación empieza a definirse

Naturalmente bien sabemos que el Tour tiene muchos días por delante para acabar de definirse de todas a todas. Resulta que el germano Tony Martin, más conocido por sus actuaciones frente al cronómetro, ha quedado retratado con un segundo lugar en la clasificación general, a un segundo de tiempo de Froome, que es el actualmente el que comanda la carrera. En tercer lugar, figura el estadounidense Tejay Van Garderen, a 13 segundos. A continuación figuran el francés Tony Gallopin (4º), el belga Greg Van Avermaet (5º), el eslovaco Peter Sagan (6º), el colombiano Rigoberto Urán (7º) y el español Alberto Contador (8º), a 36 segundos. Los demás ciclistas que siguen en la relación tienen una desventaja que va del minuto a más.

Por Gerardo Fuster

Fotografía tomada del FB de Katusha

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Sólo faltaba Wiggins


California es un estado-país que hace unos años alumbró, con el patrocinio de una farmacéutica que tiene un producto demoniaco para el ciclismo en su porfolio, lo que se conoce como la cuarta grande. Se trata de una carrera especial por ser la mejor de los Estados Unidos, la única situada en el World Tour, reuniendo buena parte de los mejores ciclistas del mundo en carreteras y parajes realmente bellos y originales. Son rutas surcadas por el cine, en la tierra del cine, y transitadas por pelotones diminutos por carreteras anchísimas y preciosos acantilados verdes. En esta rara combinación de ciclismo y plató ha ganado un ciclista llamado Bradley Wiggins, que para cuadrar el círculo viene patrocinado por una empresa muy de la zona, la 21 st Century Fox.

Hace dos años Bradley Wiggins era un ciclista concentrado en una gesta singular, ser el primer británico en ganar el Tour de Francia. Lo logró y además dejando huella. Pero Wiggins, corredor tan de objetivos, infla y desinfla su ambición con la misma facilidad y las exigencias de repetir una temporada como la que cuajó en 2012 fueron tales que el londinense nacido en Gante no se vio capaz de mantener el tono al año. Centrado en un objetivo difuso para su perfil, como el Giro, acabó claudicando y firmando un año 2013 muy lejos del anterior.

Todo ello dio pábulo a constantes conjeturas sobre la suerte y nuevos horizontes del ciclista. Se habló sobre todo de volver a la pista, de clásicas de adoquín, de Juegos Olímpicos,… mucho humo pero nada claro, bueno sí, sólo una osa, que de volver al Tour sería para ponerse al servicio de Chris Froome, el ciclista que bien atado tuvo que acatar su triunfo en el Tour de hace dos años pese a ser claramente superior en las subidas.

En este tiempo Wiggins ha sido algo así como un bohemio sobre la bicicleta. Ha competido aquí y allá, rubricando actuaciones muy alejadas de su caché, anónimo en carreras como la Tirreno, lejos de los mejores en Trentino. Una especie de hippy sobre ruedas, con licencia para hacer un poco lo que le rotara en cada momento. No en vano ese pasaporte que marca un triunfo en el Tour le hizo acreedor a tanta libertad aunque no de forma infinita.

En Team Sky creo que estaban hasta aliviados, Wiggins es un emblema del equipo, pero con esta forma de hacer se evitaban tensiones mayores entre los dos grandes líderes del equipo y al tiempo incluso descubrían las potencialidades del ciclista en clásicas como Roubaix, olvidándose de paso de la pista donde, los británicos trabajan con gente específicamente desde hace tiempo. Sin embargo la forma en la que Wiggins ha ganado una carrera como Californiam despierta el león dormido, ese problema latente que ahora puede tomar forma cuando en menos de dos meses los dos últimos ganadores del Tour puedan coincidir en la salida de la carrera más importante saliendo además desde el Reino Unido, para más inri.

Wiggins lo ha dicho claro: respetará el liderato de Froome. Sin embargo surgen dudas y no pocas. El inicio de Tour es propicio para el ganador de hace dos años y no tanto para un corredor como Froome que no se distingue por su habilidad en terrenos como los adoquines que conducen a la entrada de Arengberg. ¿Qué pasará? Es difícil saberlo pero la experiencia nos dice que un ciclista del tamaño de Wiggins no esconde su ambición de un día para otro y el Tour es goloso y traicionero, una cosa es la idea que lleves y otra lo que allí te encuentres.

Imagen tomada de www.ciclo21.com

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PINARELLO ESPAÑA comercializará el nuevo modelo de casco INFINITY en el mes de junio de 2014. 

El fabricante italiano de cascos KASK, en colaboración con el Team Sky, ha desarrollado un innovador y revolucionario casco de carretera, el modelo INFINITY, un casco de alto rendimiento que garantiza una ventilación y aerodinámica totalmente perfectas.

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El casco INFINITY, es el pionero de una nueva categoría casco. Combina las ventajas aerodinámicas de los cascos totalmente cerrados que el Team Sky utiliza en los sprints o en las cronos, y es además un casco totalmente ventilado que garantiza una refrigeración óptima a altas temperaturas, durante ascensos de montaña, o en las etapas en ruta.

El INFINITY es el primer casco de bicicleta que permite al ciclista cerrar las rejillas de ventilación para obtener el máximo rendimiento aerodinámico, o abrirlas completamente para una óptima ventilación y refrigeración, y todo de forma fácil y rápida desde la posición del sillín sin tener que ponerse en peligro al hacerlo.

El INFINITY nace desde el mismo concepto que el BAMBINO, con un perfil totalmente redondeado sin bordes afilados ni ángulos que aseguran un flujo de aire limpio alrededor del casco.

Incluso cuando las rejillas de aireación del casco están totalmente cerradas, un alto grado de ventilación está garantizado gracias a un par de orificios frontales que hacen que el aire entre en el casco desde la parte frontal y siga a través de los canales internos de refrigeración hasta las salidas de escape traseras. Las salidas de escape traseras están siempre abiertas, por lo que el aire caliente sale libremente en todo momento con independencia de la situación del aireador.

En la parte superior también se refuerza la seguridad, con una subestructura interna que incrementa la protección para mantener la integridad del casco en el caso de un impacto.

Con este sistema, aerodinámica y ventilación están optimizados. Incluso el rendimiento aerodinámico mejora gracias a un rebaje lateral con el que cuenta el casco y al que se ha llegado después de extensas investigaciones y pruebas, que rompe el flujo de aire, de tal forma que el aire que pasa se pega a la superficie del casco en lugar de crear turbulencias descendiendo por la espalda.

 

Disponible en dos tamaños, M: 48-58 cm y L: 59-62 cm.

Dos colores, Blanco y Negro-Rojo.

Peso: 270 gr (Talla M)