Tour #21- Très bien Froome

Mucha expectación existía en los ambientes ciclistas en torno a lo que pudiera acontecer en el transcurso de este Tour, que acaba de concluir en plena apoteosis en los Campos Elíseos de París, en una jornada a todas luces festiva, espectacular y de impacto. Se ha cumplido de todas a todas el pronóstico casi unánime que existía antes de iniciar la caravana multicolor su pedaleo en el grandioso marco que nos ofreció la abadía románica de Mont Saint-Michel, punto de partida de la ronda francesa, que fue final de etapa en los años 1990 y 2013. Los organizadores con buen criterio acertaron en este lugar que reúne una magna tradición histórica.

Froome posee una trayectoria en alza

Este corredor un tanto peculiar por el estilo mostrado o por su manera peculiar de pedalear, acogido a la nacionalidad de Gran Bretaña, nos referimos a Chris Froome, nos ha hecho disfrutar a lo largo de este Tour realmente sugestivo en el cual hemos advertido, con el pasar de las etapas, que ha ido creciendo en intensidad en cuanto a dureza, en especial al afrontar las montañas alpinas, que constituían el último baluarte de la prueba. Una vez más, han tenido su voz y su influencia decisiva en el resultado de la carrera. Es habitual entrar en disquisiciones acerca de la dualidad existente entre los Pirineos y los Alpes. La experiencia nos manifiesta que las cimas alpinas poseen un poder más contundente.

Nunca está de más el exponer que Froome ha llevado en esos últimos años una continuada prestación en esta prueba por etapas como es el Tour. Se estrenó en el año 2012, cuando venció su compañero de escuadra, Bradley Wiggins. Allí, Froome, en algunas etapas de las postrimerías se mostró muy belicoso, dando a entender de manera indirecta que era superior a su compatriota, el futuro vencedor. El hombre de Kenya debió conformarse con ser en definitiva el segundo.

Froome, al año siguiente ganó con entera libertad y contundencia su primer Tour, hecho que ha repetido la pasada temporada y también en ésta. Todo un redondeo. De ahí que se cumpla aquel dicho que nos manifiesta que no hay dos sin tres. En el año 2014 también concurrió, pero sin la suerte de los campeones. Efectivamente, se vio obligado a dejar la carrera tras sendas caídas, que fueron tres, en el transcurso de la 4ª y 5ª etapas. En este apartado queremos dar a entender que Froome es un ciclista de los que aspiran a estas alturas a más. Su trayectoria no puede ser más propicia y esperanzadora. No es precisamente una flor de un día tal como algunos ciclistas algunas veces se hacen acreedores.

Froome ha sido el mejor

El británico Chris Froome, oriundo de Nairobi (República de Kenya), con 31 años, ha sabido defender de manera admirable y con cierta facilidad la posesión del liderato, que pudo lucir nada menos desde la octava etapa, celebrada en el corazón de los Pirineos, con final en la población de Bagneres-de-Luchon. Vale la pena afirmar que Froome supo actuar con una cierta astucia y con un alto sentido táctico. Subiendo el puerto de Peyresourde en la citada etapa, cercano ya a la meta, tanteó a sus compañeros de escapada, que figuraban en vanguardia, con dos severos ataques que no pudo redondear. Lo más llamativo del caso tuvo lugar con decisión en el arriesgando descenso que antecedía a la llegada, consiguiendo su objetivo de marcar una ventaja a su favor, mínima si se quiere, pero que aumentó de manera paulatina en las etapas siguientes, incluyendo por si fuera poco su victoria en la cronoescalada de Megève (18ª), en donde pudo afianzar en definitiva su posición de líder, con cuatro minutos de renta, los suficientes para acomodarse con tranquilidad al triunfo absoluto. Aparte de los méritos cosechados por Froome, día tras día de manera progresiva, es inevitable que debamos nombrar la ayuda primordial prestada por sus compañeros pertenecientes al equipo Team Sky, siempre a su lado amparándole y haciéndole sombra para lo que conviniera.

Lucha cerrada en la conquista de los lugares de honor

Lo más llamativo del caso radicaba en saber tal cómo quedarían encasillados los lugares de honor, cuya decisión definitiva se hilvanó en las últimas jornadas. Recordábamos que entre el segundo y el sexto de la tabla de la clasificación existía un margen escaso de nada menos sesenta y ocho segundos. Las etapas alpinas, con la sombra inamovible del Mont Blanc a lo lejos, pusieron a los ciclistas en su lugar propio.

El francés Romain Bardet, un corredor que nadie pensaba en él antes de iniciarse el Tour, gracias a su tesón y voluntad, pedaleando de menos a más, se hizo con el segundo puesto, mientras que el colombiano Nairo Quintana, el que era en teoría el antagonista de Froome, consiguió al fin ocupar el tercero. Pisaron los dos también el podio, un honor que enorgullece a cualquiera. El británico Adam Yates (4º), otra sorpresa, y el australiano Richie Porte (5º), coparon los siguientes. Digna ha sido la actuación y el elogio que merecen los ciclistas españoles Alejandro Valverde (6º) y Joaquim Rodríguez (7º), que a última hora han forzado los acontecimientos para que fuera así. Tras el abandono obligado de Alberto Contador, nuestro máximo exponente, acosado por sendas caídas sufridas en las dos primeras etapas, nos habíamos quedado en poco a la deriva. Nuestro país figuraba en inferioridad de condiciones, tratando de paliar de la mejor de las maneras en el curso de los últimos compases de la carrera.

Nunca está de más el de que nombremos algunos otros españoles que han resistido la dureza impuesta por las montañas y los kilómetros, señalados en la clasificación general: Mikel Nieve (17º), Haimar Zubeldia (24º), Daniel Moreno (31º) y Mikel Landa (35º), sin olvidar la victoria en la vigésima etapa, lograda en la localidad de Morzine, por el vasco Ion Izagirre, enfrentado con una persistente lluvia. Le cabe la satisfacción de ser el único español que ha conseguido ganar una etapa a lo largo de este Tour, un mérito añadido.

Admiración a favor de Haimar Zubeldia

Nunca está de más el hacer hincapié al triunfo por equipos logrado por el equipo Movistar Team, que se ha caracterizado por su acusada regularidad desplegada a través de las etapas celebradas. Merece también especial mención a favor del guipuzcoano Haimar Zubeldia, nacido en la localidad de Usúrbil y que cuenta sobre sus espaldas 39 años.

Tiene la distinción de haber concurrido en el Tour de Francia nada menos que catorce veces, quedando entre los diez primeros de la general en los años 2003 (5º), 2006 (8º), 2007 (4º), 2012 (6º) y 2014 (8º), resultados que merecen nuestro sincero homenaje de admiración. No tomamos en la consideración estadística el abandono obligado en el Tour de la temporada de 2004. A Zubeldia y de entre los españoles, le sigue el navarro Miguel Induráin, con doce.

Inciso para recordar que han habido tres corredores que han concurrido bajo cota máxima, léase diecisiete veces, ocupando el primer lugar preferente: El estadounidense George Hincapie, el germano Jens Voigt y el australiano Stuart O´Grady.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada del FB del Tour de Francia

Un Tour podado y desenfocado

No sé si Christian Prudhomme, si alguno de sus colaboradores, si alguien en la  organización del Tour de Francia saben de una leyenda que tuvo que Isabel La Católica. Lo mismo va a ser que no. La historia habla de campanarios desmochados, de torres destrozadas. Ningún hombre podía tener un mirador que superara un campanario. Ninguno podía osar estar por encima de Dios.

Este Tour es un poco lo mismo. Está podado por arriba. Sólo dos colosos de siempre emergen en la ruta de esta edición, Izoard y Tourmalet. No sabemos el motivo, pero el recorrido que recién se ha hecho oficial en París es una miniatura de la grandeza de la carrera. El resto de etapas es un sembrado de cimas de tamaño medio que premia la concatenación de puertos por encima de los kilómetros totales de subida. Es como si los experimentos de la Vuelta a España tomaran forma en el hermano mayor.

Nos gusta el recorrido del Tour porque rompe con la imagen de inmovilismo que siempre ha transmitido la organización. Son el Tour, se pueden permitir todas las involuciones del mundo, pero introducen sello de modernidad, un sello que quita, como decimos, grandes cimas, postula las medianas y deja el camino limpio de cronos hasta el penúltimo día.

La carrera sale lo más al norte que lo ha hecho nunca. Estira tanto el mapa por arriba que lo deja sin fachada atlántica. Es un mapa descentrado, cuasi desenfocado. Baja por la izquierda y sube por el centro. Son formas de hacer. Sin embargo no esconde ciertas sorpresas que nos agradan como la dosis justa de adoquines en la primera semana, lo suficiente para putear pero no para cargarse la mitad de los favoritos, por mucho que alguno se dejará sus opciones. Curioso: es como un quiero y no puedo, transitarán tangencialmente por los tramos legendarios de Roubaix –Carrefour de l´ Arbre, Mons-en-Pévèle y Arenberg- pero sin ahondar.

Luego le llaman el Tour de los homenajes, esto que en ciclismo tanto nos gusta. Que si la crono de Bergerac y Miguel Indurain en el 94, que si la salida británica por Froome y Wiggins, que si Ypres por la Primera Guerra Mundial, pero puestos a hurgar, dos siniestros personajes también emergen. La carrera arribará el tercer día  Londres por los mismos paseos que vio ganar el oro olímpico a Alexander Vinokourov, más tarde hará alto en Hautacam, desconozco si Bjarne Rijs estará para recordar tiempos pasados. Incluso se vuelve a la Planche des Belles Filles, allí donde los radares y medidores de watios supieron por primera vez de la potencia de las pedaladas de Froome. Metidos a buscar homenajes, seguramente encontraríamos uno cada día.

Luego está la montaña, o mejor dicho la mini montaña. Como dijimos, de entre las franquicias galas sólo dos grandes colosos, Izoard y Tourmalet. No nos parece mal, ciertamente. Dado que el pelotón ha ascendido grandes mitos a ritmo de cicloturistas en las últimas ediciones, mejor que mancillen puertos de medio pelo antes de jugárselo todo al final, bien al final.

Ya está, ya tenemos recorrido. Defensores y detractores a partes iguales, es lo que hay, nunca llueve a gusto de todos. Este ciclismo de Excel y túneles de viento es insondable y ni siquiera el Tour tiene la llave del éxito.

Foto tomada de Facebook del Tour de Francia