Un “mini Tour de Francia” en Omán

Hay en la península arábica una sucursal del Museo del Louvre. Está en Abu Dabi. No muy lejos de Omán. Es la pequeña franquicia de la gran caja del arte parisina en el corazón de los Emiratos Árabes. Un poso francés en el Golfo Pérsico. Algo parecido pasa estos días en el Tour de Omán. Protagonistas de julio a mediados de febrero. Tratamos una carrera que camina por su edición número cuatro. Sus anteriores ganadores fueron Fabian Cancellara, Peter Velits y Rober Gesink y los que opositan este año estarán a la altura.

Hoy la carrera llegó a la Montaña Verde. Era una de las jornadas clave de la prueba. Los cinco de vanguardia hablan por sí solos: Joaquim Rodríguez, Chris Froome, Cadel Evans, Alberto Contador y Vincezo Nibali. ¿Se puede imaginar más nivel? Esto es un Tour de Francia a cinco meses de la cita gala. Una réplica sin palacetes ni catedrales góticas pero con ocres dunas y opulentos riscos que en cualquier momento se despeñarán sobre el pelotón.

No sabemos qué ha cambiado en la mentalidad de los grandes, pero ver a tantos, de tanta calidad, exhibiéndose de esta manera, quizá haya entendido que el ciclismo, el deporte que les ha dado fama y dinero, les necesita, no uno o dos meses al año, si no la mayor cantidad de tiempo que sus piernas den de sí.

Curiosamente la victoria de Joaquim Rodríguez se simultaneó con el mensaje de que el TAS diría mañana en qué queda el agravio al Katusha. Fuera de entender que esto pudiera o no ser influyente sobre tan imponente tribunal, sí que al menos sirve para recordar que Purito no ha merecido este trago. Quizá algo de sentido común convendría en la decisión.

Imprescindibles ciclistas para 2013

Digeridos los turrones y dulces navideños, desoxidándonos de esas eternas sobremesas, conviene pasar página, y abrir el denso almanaque que al ciclismo le espera este año. Queremos compartir varios apuntes que nos han venido a la mente para este ejercicio que no lleva ni 48 horas vigente.

  • Estos días se habla mucho del abismo fiscal de Estados Unidos, pero para abismo al que se enfrenta la tesorería de la Real Federación Española de Ciclismo a cuyo mando ya navega José Luis López Cerrón con la incertidumbre de saber cómo se cuadrarán unos números imposibles que con toda seguridad afectarán donde nunca se deberían cebar: en la base.
  • Y en esa tesitura, el ciclismo español se la juega. Su masa de estrellas envejece. Oscar Freire ya ha colgado la bicicleta sin relevo asignado, hace un año lo hizo Carlos Sastre y el círculo de aquel “dream team” que corrió Pekín 2008 se empequeñece. Los años pasan y en este caso también pesan. Hay perspectiva de relevo, pero quizá el nivel de éxito alcanzado sea una quimera repetirlo.
  • Todo ello aderezado además con el más pequeño y escuálido plantel de equipos desde que tenemos conocimiento. Sólo dos de ellos en el World Tour y un tercero, el Caja Rural, en el escalón intermedio del cual se ha descolgado el Andalucía, proyecto con suficientes años como para no estar pendiente del maná público.
  • En breve, y a más no tardar, Joaquim Rodríguez debe tener sobre la mesa con claridad y nitidez qué puede esperar de este año, si sigue o no en Katusha, si éste le asegura el World Tour que a su vez le dotaría del calendario que se ha ganado en la carretera, de si éste incluirá el Tour por el que ahora dice suspirar,…
  • La primavera se prevé intensa si Fabian Cancellara plasma su proclama: “2013 será mi año”. En la carretera, en el traqueteo del adoquín, le espera nada menos que Tom Boonen. Sin duda sobre ambos gravitará esta campaña de grandes de un día. El duelo de los duelos.
  • Para la temporada que arranca en Australia varios nombres están en el alero de perfilar si la suya será la carrera de un grande o de un buen ciclista. Obvio en ese círculo es Vincenzo Nibali al frente del Astana, lo mismo que saber si el talento de Boasson Hagen algún día dará el fruto individual que merece. Tejay Van Garderen tiene en su mano los galones para poder relevar a Cadel Evans, mientras que esa cosa rara llamada Blanco, ex Rabobank, la concentración de talento es inversamente proporcional a los resultados: Gesink, Mollema, Boom,…
  • Con Peter Sagan en otra liga, la quinta de 1990 asume que ya deja de ser sub 23 en pros. Aquí se instalan nombres muy interesantes: Moreno Moser, Nacer Bouhanni, Taylor Phinney, Nairo Quintana,…
  • Al Tour de Francia de 2013 en principio deben asistir todos y cuando decimos todos esperamos que también lo haga el campeón vigente, Brad Wiggins, quien a pesar de centrar miras en el Giro, está en la obligación de ejercer la defensa de su título en la mejor carrera sin medias tintas. El cartel se prevé contundente si todos llegan como se les requiere.
  • El año se abre con muchas miras para el segundo hombre de Team Sky, Chris Froome, quien sin duda necesita materializar con hechos, eso es una gran victoria, un categoría como pocas se apreciar en los pelotones de medio mundo. A falta por ver cómo se reparten los roles en el Tour, parece sin duda mejor posicionado que su líder.
  • Sea como fuere la edición 100 del Tour no resulta tampoco prodigiosa en sorpresas si descontamos las ya consabidas salida desde Córcega y doble ascensión de Alpe d´ Huez. Se trata de una carrera mayúscula pero en línea con sus moldes tradicionales. Cabe la esperanza de encontrar un ganador de calidad y exento de sospecha para tan redonda edición.
  • La segunda línea, veterana y curtida pero venida a menos ante el poder emergente, también puede cazar la pieza que en sus mejores años perdieron por motivos varios. Anotar los nombres de Richie Porte, Jurgen Van del Broeck, Michele Scarponi,… y Alejandro Valverde quien se puede convencer de una vez por todas que el Tour le está quitando muchos éxitos.

 

El/la deportista aficionado puede y debe beneficiarse de las virtudes del masaje deportivo para conseguir sus objetivos personales” Jordi Solano Masaje Deportivo 

Serie 12×12: Brad Wiggins, un tipo raro metido a ciclista

Hubieron años que el ciclismo vivió una paradoja enorme en las Islas Británicas. La bicicleta, elemento de modernidad y emancipación caló fuerte en esa sociedad. Un buen número de marcas y enseñas se acuñaban en los grandes nudos industriales de las urbes inglesas como espejo de una fecunda industria. Desde James Moore en el siglo XIX, el ciclismo ha sido hilo conductor de la sociedad británica, pero de puertas hacia adentro.

Esa realidad no tenía brillo en la competición internacional. Mientras la Europa continental saboreaba los años de oro del ciclismo, en el atril cantaban los mejores solistas, Coppi, Bartali, Bobet, Kubler,…, el conjunto insular no tuvo un campeón con cara y ojos hasta que Tom Simpson se proclamara campeón del mundo antes de perecer en el Mont Ventoux, en lo que podemos declarar como la inauguración de la era del dopaje moderno.

Con los años el programa inglés creció y se arrimó al éxito en la pista. Tal fue la explosión de talento en la misma, que irradió buenos competidores en la carretera. El mejor ejemplo de esa tendencia plasmada con hechos es Bradley Wiggins. En 2012, el año que su ciudad de adopción, pues es nacido en Gante, acogió los Juegos Olímpicos, el estirado ciclista cerró el círculo con una temporada memorable.

Arrancó pronto, en París-Niza, luego le unió Romandia y Dauphiné. Tenía frente al Tour todo lo que había que tener: un recorrido suavizado, buenas cronos y el mejor equipo rodeándole. Todo salió como dibujó el celebro de la operación, Dave Brailsford, pero hubieron aristas, en forma de convivencia. Su segundo de a bordo, el mismo que ya había perdido toda una Vuelta a España por serle fiel en el Angliru, Chris Froome, más que indisciplinado le salió contestón.

¿Por qué habría de sacrificarse él una vez más a la vista del poder de su pedalada? Pregunta concreta con jurisprudencia marcada. Froome tuvo que hacer lo mismo que Lemond en 1985, Indurain en 1990, Ullrich en 1996,… es decir joderse y aguantarse. En los televisivos guiones de Team Sky, correcciones las menos, insubordinaciones ninguna. Ello sin embargo obró, en algún momento, en contra del propio Wiggo quien vio destapadas sus carencias en subida por su propio compañero a la luz de que nadie alrededor estaba en disposición de hacerlo.

De cualquiera de las maneras, si algo corresponde a este ciclista es una enorme capacidad de aislamiento. Desoyó las críticas y le dio el valor a su éxito que todo un Tour merece. A los pocos días incluso redondeó el sueño participando de la gala de apertura de los Juegos y emprendió la ruta amordazado por la baza de Cavendish para resarcirse en la crono.

Garante de un british style en vestimentas y aspecto físico se dedicó a brindar por su tremenda temporada en la última parte del año. Ahora apunta al Giro. Ya estuvo en podio de la Vuelta y el Tour. Quizá no lo sepa, o no sea muy consciente, pero está haciendo historia gruesa en su país. Los que allí le sigan siempre pueden decir que Wiggo les inspiró.

 

“El atleta requiere de que su cuerpo esté al máximo para una actividad deportiva, el masaje deportivo ayuda a que todo esto pase” Jordi Solano Masaje Deportivo 

Wiggins & Anquetil tuvieron “el enemigo en casa”

Este último Tour de Francia nos ofreció buenas improntas, aunque ninguna como las de Chris Froome alentando Brad Wiggins en muchas de las subidas decisivas de la carrera. Cuando un gregario anda casi como tú y más que tus propios rivales, tu estrategia reviste riesgos que mal calculados te pueden degradar la imagen y empequeñecer el éxito. Eso posiblemente pensara Wiggins, mil veces reprochado por el respetable ante lo que se consideraba una humillación en toda regla.

Y es que por mucho que los palmarés reflejen un nombre u otro, la retina siempre tiene presente esas imágenes que por inéditas nunca se olvidan e incluso cuando nuestros hijos revisen las hemerotecas verán lo mal que el inglés lo pasó para defender su estatus dentro del equipo y en la carrera.

No es usual ver a un líder en tantos apuros como Wiggins, pero este londinense nacido en Gante siempre puede decir que se vio en una similar a “maitre” Jacques. Releyendo la buena, que para mí no la mejor, obra de “El Ciclista” de Tim Krabbé, nos relata el episodio que Jacques Anquetil tuvo que sortear junto a Rudi Altig en un día de doloroso recuerdo para el segundo grande de la historia.

Fue en el Trofeo Baracchi de 1962. Disputada en una crono por parejas, Altig formó con el fabuloso rodador normando, quien curiosamente lo pasaba mal en las contrarrelojes colectivas. Altig y Anquetil ganaron la carrera, pero al segundo le costó un doble viacrucis. El de su propio límite físico añadido a los gritos, proclamas y empujones de Altig. Derrumbado Anquetil rebasó la línea de sus capacidades. En la imagen lo vemos, Altig empujó a Anquetil, pero le jaleó y poco menos que arrastró hasta meta.

Tal fue su sufrimiento que ya en el estadio en una curva Anquetil se cayó a plomo causándose una brecha que le hizo seguir sangrando hasta meta, si bien el tiempo ya se había tomado al cruzar el zaguán del estadio. Para Altig aquella fue su mejor jornada sobre una bici, y eso que la carrera no era ni mucho menos la más prestigiosa que alimentaba su palmarés.

A pocos días de conocerel recorrido del Tour, viendo lo que ocurrió en el último y repasando las declaraciones de los últimos días, quién sabe si Wiggo tiene presente este capítulo en la espesa historia de Jacques.

Chris Froome, una carrera a contrapié

Hace un año por estas fechas, sí más o menos por éstas, el mundo ciclístico general sabía de Chris Froome. Su primera aparición reseñable aconteció en La Covatilla. Trabajó con denuedo para que Brad Wiggins pudiera realizar su mejor exhibición en esa Vuelta y apenas se descolgó del grupo de los mejores cuando otros de los notables lo pasaban mal.

En la crono de Salamanca, Froome demostraba que su actuación en la estación de esquí no fue casual. Y en el Angliru Team Sky se convenció de que su ciclista originario de Kenia debía ser la mejor opción. Todo perfecto salvo que por el camino se les adelantó de forma decisiva Juanjo Cobo. Luego éste y Froome nos darían en Peña Cabarga uno de los mejores momentos de la carrera.

Pasaron los meses y Froome volvió a estar en forma. En Dauphiné apuntó lo que luego en el Tour confirmaría. Su potencial no sólo se quedaba en gregario de lujo. Incluso en ciertos momentos se le vio más contundente que los propios rivales de Wiggins, en otros demostró estar más fuerte que su líder. Ya en los Juegos subyugado a la baza de Cavendish, se ahogó en un desfonde físico que sin embargo no le privó de recomponerse para colgarse una medalla de bronce en la crono.

Venía a decir el otro día Juan Antonio Flecha que el Team Sky le dijo a Froome antes de arrancar esta Vuelta que si era tan bueno debía demostrarlo ahora. Aunque se detecte un contenido perverso en esa invitación, no dejaba de ser la gran oportunidad de Froome. Hablar con hechos en la carretera lo que en muchas ocasiones dejó entrever, a veces incluso rozando la humillación pública de su líder llamado Wiggins cuando esperándole en las cuestas alpinas y pirenaicas poco menos se ofreció a empujarle.

Sea como fuere a Froome la vida le vuelve a tratar a contrapié. Sí, llegó a la Vuelta con toda la ambición del mundo pero sus piernas no acompañaron y salvo un movimiento desesperado, que en caso de Team Sky no es descartable al 100%, finalizará cuarto.

Que su equipo le ofreciera esta carrera como el premio de consolación a tantos sacrificios por terceros no dejaba de ser una trampa que Froome estaba obligado a accionar aún y a riesgo de pillarse los dedos. Su consistencia se ha venido abajo por una pura ley física que habla de la imposibilidad de mantener un tono tal tantas semanas. Sin embargo Froome acaba cuarto esta carrera y ello es un resultado que habla de su talla profesional. A pesar de lo mucho que hemos leído sobre “la Vuelta, para los españoles”, y que así está siendo, es de recibo reconocer el homenaje que a la carrera le ha hecho este inglés que en su día se dio a conocer en la misma.

 

Foto tomada de www.biciciclismo.com & Zikliamatore

Tres españoles y un inglés, en una habitación

Aquella Vuelta a España de 2012 que se presentaba en el baluarte pamplonés hace ocho meses despertó algunas críticas en lo exagerado de su trazado, lo desproporcionado de sus dimensiones y lo inequitativo para algunos especialistas en liza. El primer tercio de carrera ha demostrado que ese sentimiento inicial no era erróneo. La ausencia de velocistas ha dejado en manos del mismo las tres llegadas masivas que se han producido, mientras que las pequeñas subidas y demás trampas del recorrido nos han descubierto que el recorrido ayuda pero la clave la manejan los corredores y si estos no quieren no hay trazado que valga.

Cuando se juntan tiembla todo

El primer ciclo de la Vuelta, el oriental, ha estado bonito. De verdad lo digo. El reparto de dificultades alternándose con jornadas en apariencia menos duras, pero matadoras en esencia, ha sido acertado. Otra cosa es lo que venga a partir de ahora. En mi opinión es erróneo el continuo reflejo que se hace de la carrera respecto al Tour. Allí se corrió de una forma, con unos ciclistas muy determinados que impusieron su forma de hacer para acabar llamando a la gloria. Nadie en este país dijo que los Tours de Miguel Indurain fueron aburridos y no creo que en muchos pasajes se diferenciaran al que ganó Bradley Wiggins hace cinco semanas.

Este primer tramo de carrera ha dejado a priori el pescado entre cuatro ciclistas, tres del país anfitrión más un inglés, últimamente el perejil de todas las salsas. Cuatro corredores que han corrido a hostia viva, sin escatimar, como si no hubiera una segunda y tercera semana, algo que en el caso de los cuatro ofrece dudas, pues el rendimiento de todos ellos en esas alturas se adivina complicado prever.

Vayamos por orden. Purito Rodríguez encabeza la general con una diferencia de hormiguita cimentada en el convencimiento de sus propias limitaciones. Un minuto, más o menos, sobre sus más directos rivales es un buen arrimo, pero la crono y las grandes etapas de montaña son dos asignaturas que, a pesar del Giro, debe solventar con claridad. Respiro no le van a dar.

El segundo de esta ristra es el inglés. Chris Froome es un ciclista que nos empezó a sonar con fuerza hace un año a estas alturas. Viene de un castigo llamado Tour, pero antes del mismo compitió poquísimo. La tercera semana no creo que debiera serle esquiva, pero su rendimiento tipo “Guadiana” siempre ofrece dudas. No cabe duda de que si está bien me parece un tipo peligrosísimo, tanto como para acabar dando en las narices las aspiraciones patrias.

Tercero es Alberto Contador, un manojo de nervios y precipitación. Oírle que atacó en Montjuïc por que no conocía el recorrido, él que ganó la Escalada y con auxiliares por delante, no es la mejor manera de generar confianza. Excelente ciclista, siempre lo he dicho, pero con muchos “pájaros”, de todo tipo, en la cabeza. Como los dos primeros con muchas incógnitas por resolver.

Y finalmente Alejandro Valverde quien demuestra en esta carrera la madurez que le falta a sus mentores. Salvado el escollo camino de Valdezcaray, me parece en una forma sensacional como nunca quiere admitir. Está obsesionado con la tercera semana, pero ése parece también el problema, por un motivo u otro de sus rivales, por lo cual pensar en el día a día le seguirá reportando alegrías. Ya lleva dos, ambas además muy similares.

Con este cuatro no podríamos hablar de la “Rendición de Breda” de Velázquez pues aunque las diferencias parezcan establecidas por detrás alguno –holandés para más señas- puede dar la opción de ampliar a alguno más el elenco. Con lo que queda, aventurar una carrera exclusiva entre estos cuatro es pillarse los dedos.

 

Foto tomada de www.biciciclismo.com & Zikliamatore

Alejandro Valverde, el “jode etapas”

Me entusiasma la forma en que está corriendo Alejandro Valverde esta Vuelta. De verdad. Aquí muchas veces hemos explicado cuestiones que no nos convencen del fenomenal ciclista murciano. Entre otras, esa obsesión por el Tour. Miren que Vuelta está haciendo. Dos triunfos de etapa, a título individual, más otro en la crono por equipos en siete días de competición.

Llegó hecho un manojo de dudas, sigue de hecho en las mismas. No quiso anotarse el papel de líder de su equipo de inicio y ahora le cae con todo su peso. Sin embargo participó con la cabalgada victoriosa de su equipo en Pamplona y a los dos días ya llevó por delante un triunfo en Arrate logrado de forma inverosímil a Purito. Se acogió a las reglas contrarias a la lógica y sin ser primero en la última curva sí lo fue al cruce de la meta del santuario Eibarrés. En la Collada de la Gallina el damnificado fue Alberto Contador.

Cuando los narradores del ente público celebraban el triunfo de Contador como si España ganara el mundial, “vamos a ganar…” se le escapó a Carlos de Andrés, llegó Purito y con éste Valverde para “zas”. Minutos después el locutor no se lo explicaba. No entendió que esto no es matemático, que hay rivales, desniveles, curvas, contracurvas,… los corredores, por mucho que los admiremos, no corren solos. Están rodeados de lobos.

Pero más allá del éxito, adulador y sencillo de describir, Alejandro Valverde me pareció un grande el día de Valdescaray. Al margen de las injustificadas quejas de su director, Eusebio Unzue, quien sabe que donde las dan las toman, Valverde explotó en meta, por el denodado esfuerzo, y dejó correr el tema. Él se vació en un empeño donde seguro muchos habrían claudicado. Por ejemplo persiguiendo como un león para reducir el daño y dando la cara como sólo a un maillot rojo se le supone.

Con una semana cumplida, la carrera es un Chris Froome vs los tres mejores españoles de su generación. El inglés se bate en un terreno desconocido para él, pues es la primera vez que lidera un equipo, que corre dos grandes en un año y con sólo una crono en el horizonte. Sea como fuere gran acierto esta Collada de la Gallina, en un paraje Andorra, que detesto ciclísticamente hablando. Otra cosa fue al retransmisión y la carencia de medios mostrada. En fin, como siempre lo mejor, los corredores.

Chris Froome anda suelto y es peligroso

Gracioso pero cierto, durante la etapa de Valdezcaray me dijeron estar obsesionado con Alberto Contador. Hay que joderse. El madrileño copa protagonismo cada vez que la carretera se empina y soy yo quien le busca. En todo caso, lo de siempre…

Enemigo público número 1

Volviendo sobre esa facultad de monopolizar el tiro de cámara en las subidas por parte de Contador, no dejo de asombrarme por la calidad y cantidad de acelerones que el de Pinto realiza a cada kilómetro. Una exhibición constante que hizo semi crash en Jaca. Chris Froome no sé si se habrá visto alguna vez igual, yo diría que no, al menos desde que es una figura reconocida, y de eso hace once meses y pico.
Ante la insistencia de Contador me he preguntado si aquí hay algo que se nos escapa y que sólo los corredores son capaces de ver. Una de las impresiones que me queda es que en Saxo Bank están obcecados por cargarse a Froome cuanto antes y sin dilación. Piensan que posiblemente el inglés esté ahora en el peor punto posible de la carrera, fruto quizá del normal respiro que se habrá tomado después de Tour y Juegos Olímpicos.
Por que Froome tiene etapas muy idóneas por delante, aunque un buen puñado que no le son tanto. Todas las llegadas salvajes y violentas le perjudican, pero no tanto aquellas etapas de fondo, duras y con puertos sostenidos, donde se demuestra muy peligroso. Miren la llegada a Jaca. Se descubrió en La Covatilla el año pasado, sobrevivió al Angliru y en el Tour, en el Tour, iba sobrado en todos, daban igual porcentajes. A ello cabe añadirle la crono para tener el coctel perfecto.
Ante la endeblez que la experiencia pronostica en los rivales, el duelo Contador vs Froome toma forma ya desde la cuarta jornada, pero que el inglés lleva ventaja moral. Sólo Joaquim Rodríguez y Alejandro Valverde me parecen en disposición de inmiscuirse. Mi impresión es que ahora mismo si ambos están a tope no hay favorito claro, ni siquiera con el trazado desproporcionado de esta Vuelta.

Fotografía tomada de www.biciciclismo & Zikliamatore