Los activos de Chris Horner

Pasan los días, las semanas y, si se me permite, los meses, y no hay acuerdo de equipo alguno con Chris Horner. El rumor que apunta a hecho de su posible fichaje por el Caja Rural no se plasma si bien creo que la gente de Ciclo 21 tendrá más que datos fiables para pensar que esto pudiera ser así. Según reza la nota del citado medio, la marca Vivelo Bikes, marca que se ha apresurado a mover la información,  puede mediar en el fichaje del longevo ciclista estadounidense por un equipo, el navarro, que no cabe duda es un embudo donde han ido a romper interesantes corredores en un tiempo de una crisis canina.

No sé si Horner acabará en Caja Rural, las vueltas que da el mercado, los vientos que soplan en el ciclismo son tan cambiantes que lo que hoy parece seguro al día siguiente se convierte en quimera y al otro vuelve a ser plausible. Caja Rural ha sido descartado para el Giro, entiendo que es algo que pesa, pero no sé hasta qué punto.

De cualquiera de las maneras la forma de operar en la posible adquisición del Caja Rural habla de la importancia que está alcanzado el gremio en su sector objetivo y de las muchas e interesantes vibraciones que sugiere el vigente ganador de la Vuelta a España.

Porque ahora mismo el fichaje de Horner, lejos de ser perjudicial por lo raro que parece todo alrededor suyo, y de sus logros, es un golpe de efecto. Sí, sin duda. A pesar de los pesares, de todos los escarmientos, este deporte sigue teniendo adeptos, y en Estados Unidos no pocos, pues las singularidades de Horner, su edad y ese buen humor –y eso que no le habrán oído su macarrónico castellano en las entrevistas- venden y mucho, tanto que un departamento de marketing como el de Vivelo está presto a sufragar su paso al equipo de matices verdes por el potencial que ejerce sobre un mercado como el norteamericano.

Pero ¿cuáles son los activos para Chris Horner resulte aún atractivo? Yo creo que son muchos y van más allá del propio vilipendio que sus mentores de Trek le dedicaron cuando fueron preguntados por él. Horner representa el milagro, el imposible, el más allá en un país que acaba de sufrir el tremendo escarmiento de Lance Armstrong. Sí, suena increíble pero es así. No obstante, valoremos el hecho de que si Armstrong sembró su camino de minas en forma de compañeros agraviados e intimidados y periodistas ultrajados, Horner ha sabido ser más diplomático y al menos no transmite esa prepotencia. No tiene porqué temer, a priori, que un compañero le canté sus vergüenzas en público.

A su ya de por sí singular edad para triunfar en una gran vuelta, se une el hecho de que su éxito en ésta no le haya valido contrato alguno e incluso valore dar un paso atrás. Si para muchos esto sería un lastre, creo a Horner hasta le añade más a una singularidad que ya de por sí es redonda. Veremos, pero Horner sigue en el mercado y es una “perita en dulce” a la baja, con caché menguante y pocas o ninguna servidumbres a la espalda. Esto nos suena a adquisición bomba, de última hora y golpe de efecto. Al tiempo.

Foto tomada de www.colombia.com

 

3 x 13. La condena no escrita de Chris Horner

La sonrisa de Chris Horner no disimula la persona que está de vuelta de todo. Horner tiene kilómetros, muchos, y no sólo de carretera. Su vida es un diente de sierra, arriba, abajo, arriba, abajo. Vuelta a empezar. Hastiado en sus años mozos de que nadie le ofreciera una oferta digna en su país, con viajes de ida y vuelta a Europa, la cotidianidad en una caravana, la familiaridad de las hamburgueserías. Un hippie de vida, corazón y apariencia difícil asustar pues el alambre es su hábitat.

Un alambre fino fino, como sus famélicas piernas que amenazan quebrar de delgadez. Ahora ese alambre anuncia romperse, a una semana de sentarse en la mesa de Navidad, la primera tras ganar una Vuelta a España y nada que llevarse a la boca con cara y ojos, algo que le recuerde en cifras lo que el caché de ganador de una gran vuelta merece. Se descuelgan rumores, se apunta la órbita del Vini Fantini, se borran candidatos, como el Lotto, pero nada, “nothing”, y uno ya no sabe qué pensar. Nadie afirma, nadie escribe, no hay documento que medie castigo, pero hay algo intangible, que no vemos, que impide que el corredor prosiga su normal trayectoria.

Hubo una carrera que rompió la mentalidad doméstica de este corredor. Fue en 1997, en el Grand Prix de Plouay. Finalizó tercero y se convenció de sus opciones. Hablamos de hace más de 16 años, un periodo que vale dos generaciones y que para Horner ha sido el purgar de un lado a otro. Nunca encontrando la estabilidad hasta que entró en el círculo de Lance Armsntrong, un círculo que es un estigma, un círculo que unido a su “singular” éxito le blande como espada al fuego.

Y quizá ahí resida el doble argumento, su doble verdad. Por un lado, la falta de estabilidad necesaria y el paso del tiempo le han hecho triunfar a una edad a todas luces antinatural, sin embargo el entorno, creciendo en el seno de un equipo cuyas figuras han acabado derrotadas por la espada del dopaje, le hunde cual losa. Malas compañías diríamos.

Horner definió su victoria en la Vuelta a España de esta manera:

 

Para ser claros, lo que hice en la Vuelta es algo nunca visto. No miren lo que gané antes de la Vuelta, no es necesario, pues hablamos del logro más importante en mucho tiempo jamás visto. Con decirte que en cien años de historia de este deporte nadie lo  había logrado, está todo dicho. Ya la edad lo hace épico, diría incluso que legendario y creo que la gente, a pesar de quienes no creen en mí, lo ha percibido así

 

Estas declaraciones están sacadas del Procycling cuya portada le saca vestidito de “rojo Vuelta”. Sí esa biblia del ciclismo limpio, nuevo. Del “ciclismo Sky”, que viste blanco inmaculado, no roto, a sabiendas que el personaje no deja indiferente y el camino que se le adivina es complejo. Horner es un proscrito del ciclismo del siglo XXI, pero es que además no goza de prescriptor, de aquella figura que diga “yo pongo la mano por éste”. No hay padrinos, no se les espera. Su mentor en Radio Shack lo dijo clarito, ellos son los primeros en no mojarse por el ganador de la Vuelta. Esas declaraciones pesan.

Horner vive esa pesadilla que acompañó a corredores como Angel Casero o Juanjo Cobo tras ganar la Vuelta a España. Son los signos del tiempo. Hace quince años ganar una gran vuelta te granjeaba un futuro más o menos sólido, ahora todo depende en qué circunstancias rubriques el éxito. Si son proclives a sospecha  te condenan, te clavan el cartelito de “no interesa por ser excesivamente sospechoso”. Horner no desesperará y posiblemente encuentre acomodo, pero el “efecto Vuelta”, ése que te pone en el mantel medio kilo de euros como mínimo, pasó por delante de él como pasan esos platos en plan carrusel en muchos japoneses. A Horner le tocó la más fea, pero que la más fea del baile.

#13×13 es el relato de perfiles, paisajes y momentos que describen el año que se nos escapa.

Foto tomada de www.eitb.com

Los primeros en no creer en Chris Horner son los suyos

Teniendo en cuenta que nunca volveré a poner la mano en el fuego por nadie, puedo decir que la victoria de Chris también puede explicarse de esta manera. Chris ha corrido muy poco este año, debido a una lesión y una operación de rodilla posterior. Además, sus rivales directos, desde Nibali a Rodríguez para llegar a Valverde, estaban más castigados por haber llevado una temporada muy difícil y costosa. Si se evalúan bien los datos, nos damos cuenta de que el nivel medio tiende a la baja. Yo no he visto cosas increíbles

 

Luca Guercilena es el mánager de Trek y hace pocos días daba esta entrevista a Tuttobici que luego Ciclo 21 nos tradujo. Cuando un mentor de su calibre empieza hablando de un ciclista suyo diciendo que “no pongo la mano en el fuego por nadie”, malo. Está todo dicho. El ciclismo se ha convertido en un deporte donde ya no sólo cuentan los hechos sino también las palabras y cuando se habla con tal claridad es obvio que ni siquiera los de tu entorno creen en ti.

Veremos qué suerte le depara el futuro a Chris Horner pero no parece claro que este ciclista record vaya a tenerlo fácil. Sea como fuere de las palabras de Guercilena extraemos otra lectura, y no es otra que en pleno siglo XXI los ciclistas siguen viviendo totalmente al margen de sus directores y que estos continúan sabiendo más bien poco de lo que hacen sus asalariados en la intimidad, eso que es inviolable en cualquier otro trabajo, pero que en ciclismo muchos la husmean porque la sospecha es máxima.

Hace unos días cuando hablé del estigma del ganador de la Vuelta a España y de la dudosa suerte que le acompaña una vez ha pisado lo más alto del cajón madrileño, tuve muchos comentarios punzantes sobre la integridad de Horner. Me espetaron algo así como “ficharle es una auténtica bomba de relojería” y cosas similares. Obviamente el propio manager de Trek admite que su victoria es origen de muchas conjeturas.

Tras la Vuelta a España sólo unos flecos parecían distanciar al corredor y su equipo. Dos meses después no hay nada, ni con Trek ni con nadie. Angel Casero y Juanjo Cobo tuvieron que esperar bastante, pero resulta claro que el caché es de un coche recién sacado de un concesionario, cada día que pasa baja un poquito.

El cambio de Trek y la estructura que lo gestiona es curioso. Dice Guercilena que deben centrarse en los jóvenes dando carpetazo a las exigencias económicas del ciclista que les ha regalado su mejor resultado. Si por algo se ha caracterizado este equipo desde su creación ha sido de todo lo contrario, no olvidemos que Radio Shack fue obra de Lance Armstrong, que con él se fueron Kloden, Leipheimer,… unos críos precisamente no. Ahora giran su filosofía, no sé si empujados por el mecenas, una vez el “abuelo” histórico del pelotón logra el mejor resultado de un equipo que sigue creyendo en Andy y Frank Schleck. Si los hermanísimos. Con eso está todo dicho.

Foto tomada de www.zimbio.com

El ciclismo no puede dejar vertederos a su paso

Hacía tiempo que quería comentar esta noticia publicada hace unas cuatro semanas, pero la densidad de los momentos que nos ha tocado vivir no lo ha permitido. Hoy es un buen día. Atención a este entrecomillado.

 

“Pero este deporte no era el más ecologista del mundo, lo mismo que los del botellón que no hacen nada no manchan no hay peleas…. Todo lo pagamos las ciudadanas que tenemos nómina”

 

Este comentario lo he recogido de un lector de La Nueva España el día después que la Vuelta a España pasó por El Angliru. Esa jornada de bello ciclismo y duelo entre la niebla con Nibali y Horner en artistas estelares, la montaña astur fue inundada de aficionados que en estrecho pasillo vitorearon la caravana de la Vuelta hasta la cima más complicada de la carrera.

El comentario en concreto hace referencia a una parte del artículo que al margen de cantar las bondades que el ciclismo trae a una zona que difícilmente sería conocida si no fuera por este deporte, da cuenta del trabajo de los servicios de limpieza en la montaña. De arriba abajo, escudriñaron de mierda las cunetas y prados en lo que uno servidor no acierta a comprender.

Como comenta la lectora del diario asturiano se pregunta por la ecología inherente a la bicicleta para describir el pasaje y tiene toda la razón. Las caravanas ciclistas y sus carreras se han convertido en un vertedero donde la mierda más variopinta puebla lo que horas antes fue una fiesta de ciclismo y deporte. No puede ser que a un admirador del ciclismo y que a un defensor de la bicicleta se le quede frío el cuerpo cuando deja la montaña que moró para ver a sus héroes sembrada de porquería. En todo caso, quien mancha así no es digno de llamarse buen aficionado.

Seguro que muchos me invitarán a visitar el Alpe d´Huez tras el paso del Tour y pensaría exactamente lo mismo. Esto no es un problema de nacionalidad, es una cuestión de educación y gente como la del ciclismo debería velar por estas cuestiones, tan espurias en apariencia, más que nadie.

En el Tour de Francia, y no sé si en alguna otra carrera, se habilitó un sistema para recoger los bidones y desperdicios que los ciclistas dejan a su paso, sinceramente ante el arsenal de desechos que deja la hinchada es casi hasta anecdótico lo que dejen los corredores a su espalda. Desconozco si en las pruebas que concitan una gran masa de seguidores se dan algunas instrucciones, pero poner un poco de orden en esta cuestión no estaría de más, sobre todo si queremos que los lugareños que a veces braman por los inconvenientes del ciclismo, acaben apreciando este deporte. De lo contrario tendremos más de lo mismo, malos rollos, peor recibida y una percepción social que no es la mejor para luego reclamar ser tratados como el resto.

Foto tomada de www.bikezona.com

Chris Horner y el estigma de la Vuelta a España

Anda el ganador titular de la última grande del año sondeando las redes sociales en el empeño de conseguir equipo. “Hombre blanco, majo y despoblado de cabellera ofrece un triunfo nada menos que en la Vuelta a España para seguir su trayectoria profesional,…”.

Muchos ven en el caso de Chris Horner la toma más plausible del mal momento que vive el ciclismo. Yo veo un poco de todo. A obvia crisis, importante a nivel internacional e insufrible en clave doméstica, se le suman elementos varios como la edad, la solidez del corredor, sus argumentos ante ese llamado desgaste de la edad, su pasado con gente de poco esplendor, su presente sorprendentemente bueno,… y una cosa en la que pocos reparan pero que seguro tendrá que ver, el estigma de la Vuelta.

Hace unos años, cuando Álvaro Pino, Lucho Herrera, Eric Caritoux y otros buenos ciclistas se enfundaban el entonces último maillot amarillo de la gran carrera hispana tenían un pasaporte si no a la felicidad económica, sí muy próximo a ella. Eran corredores que una vez ganaban una grande como la Vuelta recibían un status que entonces se consideraba muy por encima de la media. A la abundancia de equipos en la época, se unía el éxito para que acabaran siendo ciclistas indiscutiblemente deseados en el mercado.

Pero con el cambio de siglo, sí curiosamente  a partir del año 2000, las cosas no han resultado sencillas para el ganador de la Vuelta a España. Vemos que desde entonces quienes han portado la última prenda de líder no han sido ciclistas caídos en gracia. Antes la carrera era en abril y existía la conciencia de que se disputaba con todos los ases a tope, ahora en septiembre parece que son los restos de la temporada, larga y ancha.

En un caso similar al de Chris Horner se hallaron dos corredores. En 2001 Angel Casero ganó la Vuelta en el descuento a Oscar Sevilla con aquella historia jamás aclarada de las bielas de Eufemiano Fuentes. Casero se creyó Dios y jugó a serlo, quien quisiera ficharlo debía rascarse el bolsillo y acabó casi por accidente en un engendro llamado Coast en el que sus integrantes cobraron mal y tarde, si es que cobraron lo que se les adeudó. Luego estuvo el sonoro caso de Juanjo Cobo, innombrable ciclista que hace dos años fue reclutado para Movistar a precio de saldo, una vez se vio que ni tenía sitio en el pelotón por mucho que luciera en la solapa toda una Vuelta.

Pero no sólo eso, Otros ciclistas también probaron la maldición invisible pero palpable de la carrera. Miren Roberto Heras y el positivo, con los años ya no sé si desmentido o no, que le cayó tras ganar en 2005. Un año después Alexandre Vinokourov ganaba la carrera en capilla de dar un positivo como una catedral en el Tour. Alberto Contador ganó en 2008 culminando un doblete con el Giro y producto de la no aceptación de su equipo en el Tour de Francia.

Ya lo ven con estos antecedentes y el nada amable trato que le hemos dispensado, Chris Horner ya puede tirar de historias increíbles y rendimientos indescifrables para perlongar su carrera deportiva, esa que va camino de los 43 añitos, nada menos y contra toda lógica.

Foto tomada de www.ruedalenticular.com

Horner & Nibali, Nibali & Horner, tanto monta

 

Bonita foto que recorre los muros de facebook y los time line de twitter que fue tomada en la intimidad de las carpas del Angliru. Los dos ciclistas cuyo esfuerzo nos enervó durante la ascensión al coloso astur mano a mano en lo que entendemos el repaso de la jugada. Y sí, a pesar de que Horner no despierte sensaciones encontradas, es en momentos como éste cuando valoramos que el tipo que se ha llevado el rojo a su casa merece mucho la pena.

Chris Horner es el ganador legal pero no ideal

 

“Me siento como un jovencito, tengo la ilusión de un chaval” dijo Chris Horner tras ganar en el Mirador de Lobeira, en los primeros días de la Vuelta a España que acabó ganando. Eran esos días en que le veíamos de rojo y hablábamos de lo pintoresco de un líder que supera los cuarenta años, que nunca se había dado y todas esas cosas que a los amantes de la estadística tanto les pone.

Luego cuando la llegada a Hazallanas debutó con el nombre del estadounidense, la cosa pasó a mayores pues era evidente que Chris Horner no vino para ganar una etapa y redondearla con un liderato que heredó de la gran crono por equipos que culminó su Radio Shack el día de las bateas. Horner quería pescar en serio. Con todo, y a pesar de su consabida veteranía cierto calambre recorrió su cuerpo en la crono de Tarazona, donde no rindió al nivel esperado.

Sin embargo la debilidad que Nibali destapó en Formigal fue un paulatino recorte de tiempo que en El Naranco le llevó hasta la prenda roja que no soltaría, ni siquiera por el acoso del Angliru donde tuvo la lucidez de descolgar a Nibali, una vez encajó con solidez sus golpes y la bajada final amenazaba arruinarle el sueño bonificación mediante.

Sí es Chris Horner, el abuelo de los abuelos del pelotón. El hombre que hace jóvenes a Jens Voigt, Pablo Lastras y compañía. Para que tomen conciencia de la longevidad que arrastra debió competir contra los que fueron rivales de Oscar Freire en su primer mundial, allá por 1999. Hablamos de Francesco Casagrande, Jan Ullrich, Frank Vandenbrocuke. Es compañero de generación del fallecido Marco Pantani, el desmejorado Eugeni Berzin, el denostado Abraham Olano. Hasta Michele Bartoli tiene sus primaveras. Es dantesco. Como si una reminiscencia de la segunda mitad de los noventa se hubiera metido en la nevera de Walt Disney y se mantuviera vigente en el lugar y tiempos errados.

Pero es el ganador a la fin. El hombre que como Moisés frente al Mar Rojo abrió en canal la afición ciclista y la no ciclista. Esa afición que no cree en los milagros, ni en los rendimientos sorprendentes, ni en la regeneración del ciclismo, por mucho que en Horner se den particularidades como su muy tardía explosión y una forma de ver la vida, en palabras de sus mentores, le hacen inmune al desgate habitual a un ciclista.

Con todo me apena mucho, y lo digo con el corazón en la mano, no sentir vibración cuando veo a este tipo aficionado a las hamburguesas sonreír con la tibieza de un crio que se esfuerza por complacer a la audiencia de TVE, hablando un cómico castellano que a fuerza de verse incapaz acabó abandonando por su nativo inglés. Y me apena no emocionarme con este ciclista que ha desafiado las leyes de la física del rendimiento sin haber sufrido el carrusel de insinuaciones que Chris Froome, en unos parámetros más “creibles”, tuvo que sortear en el Tour.

En esto hemos convertido el ciclismo del siglo XXI  y está claro que un ganador longevo, con compañeros de viaje nada edificantes y encina estadounidense no es de agrado de muchos, y de un servidor el primero. Lo lamento, de veras, pero este ciclista no me emociona,  y como a mí a muchos. Es lo que hay.

Foto tomada de Zikliamatore